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01 junio, 2016

10 años y un vino: Mas Doix 1902 2009


Agosto de 2003. Tumbados cerca de un olivo centenario en Ultramort, nos absorbe la lluvia de estrellas de la noche de San Lorenzo. No a todos... Valentí Llagostera (Mas Doix) ha sido ya abducido y rompe la noche con sus ronquidos. De la espontaneidad nacen amistades verdaderas. De ese ronquido estrellado nació una, junto con la promesa de una vendimia futura.

Septiembre de 2004. Tras una vendimia muy compleja en 2003 (esos malditos calores que azotaron Europa...), 2004 se presenta con unas maneras, unas frescuras y unos puntos de maduración históricos. La promesa se hace realidad y a pesar de las lluvias que en el Priorat septembrino no son infrecuentes, disfrutamos de nuestra primera vendimia entre Poboleda y Escaladei.

Mi relación con el mundo del vino cambia radicalmente desde ese momento. Estar en el campo a los pies del Montsant, vendimiar en viñedos de cariñena y garnacha de costers históricos (no sabía en esos momentos que uno de ellos era, además, más que centenario), entrar la uva, seleccionar y empaparte de los aromas de la fruta y de ese inicio de fermentación que todo lo llena y todo lo puede... La parte más auténtica y profunda de la cultura del vino muerde mi alma. No hay posible vuelta atrás. No la ha habido ni la habrá ya. Me dedique a lo que me dedique, el vino está ya en mí y forma parte de mi manera de ser. Por primera vez me siento integrado en la naturaleza hecha paisaje con vides, no soy un mero espectador. Ya no me conformo con descubrir y beber. Quiero entender y formar parte de esa comprensión y de su transmisión.

Octubre de 2005. Tras otra vendimia muy buena (en la DOQ Priorat, 2004 y 2005 son dos grandes añadas, aunque por razones distintas), volvemos con Valentí de Poboleda a Barcelona. Conduce él y como quien no quiere la cosa (es discreto en sus proposiciones), me dice "oye... a ti que te gusta tanto la literatura" (él conoce bien mi formación y mi trabajo) " y también escribir, y ahora estás empezando a estudiar y a conocer el mundo del vino, ¿por qué no escribes un blog de vinos?" "¿Un qué...?!", pregunté yo. Él (siempre muy en la última tecnología) me contó de qué iba la cosa. Llegué a casa y empecé a investigar. Desalentadora búsqueda al principio... Blogs que parecían libros, mínima presencia de fotos, nula atención a qué requería el medio, a la compaginación entre texto y fotos, al tiempo que una persona dedicaba a leer un post...

Junio de 2006. Aprendí la técnica, seguí estudiando y bebiendo y el 1 de junio de 2006, hoy hace 10 años, me lancé. Gracias a Valentí, me lancé. No pienso hacer ninguna reflexión sobre los blogs ayer y hoy: prometí dejar ese camino. Sólo quiero decir que este blog se ha convertido, con los años, en una fantástica herramienta de aprendizaje para mí: de aprendizaje de lectura y de escritura, de vinos, de maneras de hacerlos y de personas que los hacen y los disfrutan. Este blog ha sido la mano abierta y tendida que ha estrechado quien ha querido. Ha sido la aldaba que ha llamado a las puertas de tanta y tanta gente del vino sin encontrar jamás un "no" por respuesta ni pedir una publicación a cambio. Quizá algún "vuelve mañana, hoy no puedo" y algún "no estoy", pero jamás un "no". Ha sido, además, la puerta a una enseñanza de vida que jamás hubiera soñado tener. Me ha hecho disfrutar, vivir, cambiar, viajar, escuchar, mirar y ver, charlar, sufrir y reencontrarme, ser otra persona. Me ha permitido integrarme, confundirme, compartir, emocionarme, percibir las cosas de otra manera. También ayudar. Ha sido una bonita herramienta de transmisión, de información, de colaboración, de ayuda. Pasiones compartidas con tanta gente...

Junio de 2016. No se me ha ocurrido mejor manera de celebrar estos 10 años de vida que abrir y beber la botella que Valentí nos regaló de las uvas que crecen en el coster centenario que alguna vez habíamos vendimiado. Ahora el vino tiene nombre, Mas Doix 1902 (el año de plantación de esa cariñena). Y 2009 fue la primera cosecha que embotellaron. He tenido la suerte de poder beber alguna de las "pruebas de autor" que los Doix-Llagostera habían hecho antes de esta primera botella comercializada, 2005 por ejemplo. Desde el primer momento he pensado que es un vino único, nacido en un lugar muy especial, que explica como pocos la historia del Priorat (la importancia capital de Joan Doix y de su padre) y transmite como pocos los sabores y aromas de una parte de esta tierra. 2009... Año de nieves en invierno y de lluvias en primavera. Año de calores extremos en julio y agosto, aunque con noches frescas. Año de lluvias y temperaturas más moderadas en septiembre. 2009: un año muy bueno... Doble mesa de selección, fermentación a temperatura controlada con sombrero sumergido, 16 meses en barricas de roble francés de grano extrafino, embotelladas 850 botellas en mayo de 2011 sin clarificar ni filtrar. La mía ha sido la número 372. 15%.

(29 y 30 de mayo de 2016) Muros de piedra seca rodean el monasterio. El scriptorium huele a anochecer, a pergamino y a piel de ternera, a tinta azul bien oscura. Los ojos de este vino están en las manos, las manos en la tierra. En la tierra se hunden las raíces viejas de cariñena, en la cariñena está el cielo. El olfato sigue las huellas de los dedos del monje. Finura y elegancia. Intensidad y atención. En la copia existe la lectura previa; en la memoria, la traición. Hay que leer siempre con ojos nuevos, aunque sean los de la memoria antigua, intuitiva. Este vino huele a Virgilio, huele a pureza intacta, huele al final de las Bucólicas. (Apolo en Baco: vino coronado de laurel.) Humo a lo lejos en el anochecer del Priorat. Sombras redobladas por el sol que se oculta. Las hogueras señalan el camino al que vuelve del campo. Hierro y fuego. El pozo de agua fresca da la bienvenida. Laderas de llicorella, tierra de austeridad. Cuando bebes este vino, el silencio se impone como norma: la palabra precisa, el sentimiento, no tienen por qué pronunciarse. Siempre están contigo para quien quiera entender. Y volver a la ley del poeta, que es la de la observación, la de la sabiduría discreta, la de las sensaciones sin filtros y sinceras. En la naturaleza está la medida de todas las cosas, también las que no se entienden. Y su transmisión.

Gracias de corazón a todos los que me habéis ayudado a llegar aquí, hoy.

13 mayo, 2016

Nin-Ortiz, Planetes de Nin blanc 2014

La cariñena blanca de Ester Nin y Carles Ortiz surge de la profundidad de la tierra para enamorarse de la luz. Tiene la capacidad de mostrar cómo es la tierra del Priorat en forma de vino blanco. Quizá sea ésta su naturaleza perdida. Puedes leer la página completa (en línea) en El País Semanal de 6 de mayo de 2016.
Ester Nin

05 enero, 2016

Vall Llach 1998 (y dos)

Vall Llach 1998 dos
El 2 de diciembre de 2013 publicaba una nota sobre una botella de 0,75L de Vall Llach 1998. Hoy quiero empezar el año 2016, que será un año distinto y muy lleno de cosas interesantes (algunos indicios y mi olfato apuntan a ello), con un comentario sobre una botella mágnum de Vall Llach 1998. No voy a repasar mi archivo histórico del blog pero creo que es la primera vez que publico una nota sobre el mismo vino en una misma añada. Se lo merecen tanto el vino como el viñedo del que, de forma destacada, procede la cariñena que le da el alma (Mas de la Rosa), como los actuales propietarios de la bodega (Llach y Costa), que están dando a su proyecto un espíritu renovado. Es reconfortante ver cómo la reflexión sobre la tecnología en el campo y en la bodega hace dar algunos pasos atrás a quienes, desde siempre (por lo menos desde la llegada de los "young ones") y aunque se les reconozca menos que a otros, han marcado tendencia en la DOQ Priorat.

Vall Llach está ahí, sin duda, y ver cómo ahora los animales están volviendo a arar alguno de sus viñedos y cómo los tratamientos se reducen y adaptan a una escala que la naturaleza pide para poder sobrevivir con dignidad y sus cepas bien altas, es gratificante. Como lo es, claro, seguir y comparar las primeras añadas de la bodega con las que están saliendo ahora para hacerse una idea de hacia dónde pueden ir las cosas. Sobre el vino, las uvas y la vinificación ya hablé en el post de diciembre de 2013. Me voy a concentrar, pues, en este mágnum de Vall Llach del 1998, primera añada en que la bodega embotelló su portaestandarte. Juego con ventaja... Bebo el vino en mágnum y la botella no había salido de la bodega hasta el día en que llegó a casa.

A diferencia de lo que hice con la botella anterior, tuve que decantar: el corcho se estaba deshaciendo, los aromas del vino prometían (el corcho no olía a TCA) y hacía falta preservar el genio que parecía querer despertar de su letargo de más de 15 años en botella. Lo tomé con 24 horas de decantación y seguí bebiéndolo a lo largo de los siguientes tres días. El vino se mostró entero y perfecto y evolucionó sobre todo en su densidad y cuerpo: se aliaba con el oxígeno no sólo a través de las moléculas de aroma que liberaba sino también a través de la estructura de sus polímeros. Aquí me matarán los químicos orgánicos,  claro, pero daba la sensación de que la masa del vino iba cambiando con los días, aumentando y ganando, en efecto, en cuerpo y densidad.

El vino empezó con pequeños aromas terciarios que iban asomando a mi nariz y paseando por mi paladar sin pausa, discretos pero tenaces. Con rapidez, algunos aromas primarios (me atrevo a proponer que entre éstos no sólo hay que contar con los de las frutas sino también con los de las tierras donde éstas se alimentan), se mezclaron con los terciarios y el paisaje que mi cabeza recompuso fue el de la emoción y el vértigo que produce una copa que contiene el alma de una tierra. El cálido almacén de las hojas de tabaco que maduran. La pizarra con hierro y siglos de intemperie, mojada y secada por un sol que no azota. Las aceitunas negras muertas y el aceite de primera prensada con un poco de sal. El palo mascado de regaliz. El vino se muestra íntegro, perfecto, profundo, con una boca redonda, unos taninos suaves y nobles. El corazón de los troncos que ardieron y que mantiene el rescoldo de la llama en el hogar. La pureza del monte bajo: tomillo y orégano secos, un poco de laurel. Bouquet garni.

El vino muestra una profundidad de escalofrío. La cariñena del Mas de la Rosa es fina y delicada, penetra el corazón de la tierra y lo transporta a la copa. Y el corazón palpita y se agita todavía en un vino que apenas ha llegado al otoño de su vida. El hueso de la ciruela seca pasea por mi boca. Hojarasca y humus. El alma del bosque habita este vino. El ratón husmea... Ratatouille y sus hermanos y primos saltan alborozados. La mina del lápiz. El grafito. La mermelada de cerezas con las horas y los días: la otra uva clave de este vino, la cabernet sauvignon, muestra su grandeza. Otoño en estado puro, de nuevo: paz y alegría por el trabajo bien hecho. Tierra y paisaje en la botella. Un punto goloso y casi tánico de las variedades francesas (un buen porcentaje de merlot hay también), los años y la excelente conservación dibujan el perfil de un vino fino y ágil en el trago, complejo y, al mismo tiempo, de una mediterraneidad que enamora. Con más horas: algarroba madura, chocolate negro a la taza con algo de agua, el fresco sótano excavado en la roca de llicorella, la madera y el reposo. Esencia y corazón de una tierra que amo, el Priorat, que he tenido el renovado privilegio de poder beber. Uno puede llegar a tener un vino vivo en la botella de mil maneras distintas. Una, entre todas, es la imprescindible y la que no puede fallar jamás: la mejor fruta de los mejores viñedos posibles es la que más años se mantiene. Vall Llach 1998 es otra deliciosa e innecesaria prueba de la existencia de este axioma.

20 octubre, 2015

Terroir al Límit Les Manyes 2013

Terroir al Límit Les Manyes 2013
Una de las mayores singularidades del Priorat es, también, una de sus mayores riquezas: la diversidad de suelos, de alturas, de orientaciones de los viñedos combinada con la riqueza de variedades de uva plantadas en ellos, hace que las posibilidades al alcance del viticultor avisado sean casi infinitas. Una garnacha tinta típica de esta DOQ plantada a 350 msnm sobre una llicorella ferruginosa tendrá muy poco que ver con otra plantada a más de 700 msnm sobre suelo de arcillas rojas, cantos rodados y sedimentos marinos. Y ambas son Priorat auténtico. Ésta es una de las cosas que más me gusta de la zona: la capacidad de sorprenderme que sus tierras, uvas y viticultores jamás agotarán.

A nivel de gustos, ya se sabe, no hay nada escrito, pero confieso que uno de los sitios donde mejor percibo una parte del alma de esta tierra es en las alturas. Cuenta la leyenda que los cartujos encontraron esas alturas gracias a unas escaleras. Yo, que creo en otros dioses menores, me conformo con los viñedos altos del Priorat y confieso que las garnachas de Les Manyes, de Masdeu, de Sant Antoni me dan unos aires entre la solemnidad, la rotundidad y la sencillez, que me enamoran. Por supuesto: hay otras garnachas de altura en los montes centrales de la DOQ que me gustan mucho, pero éstas me parecen sublimes...

Les Manyes 2013, 13,5%, de Terroir al Límit. Donde la infusión parece, casi, extracción. El poder de la tierra y de la uva en esta añada se manifiesta más a través del suelo y de la vinificación que de la sutileza de la fruta. En octubre de 2013, claro...porque éste es de los vinos que irá mejorando con los años, muchos años... Cae en la copa como las lágrimas de María en la Piedad de Miguel Ángel lo hacen sobre el cuerpo del hijo muerto: suavidad, ritmo, cadencia, sentimiento. Es un vino de culto. Noche en el monte bajo las estrellas, avanza el otoño. El recuerdo de la brasa en el hogar, sí, pero el espectador no pierde su puesto seducido por un cielo puro, cautivado por los aromas frescos del monte, la arcilla roja tras la lluvia... Majestuoso y lento: el vuelo del aguilucho sobre el Montsant. Intenso: la oscuridad e intensidad de la cueva del ermitaño. Sencillo: manojo de hierbas del campo sobre una mesa de madera en la cocina. Puro y fuerte: crines de caballo percherón al trote. Redondo y limpio: el globo aerostático se recorta sobre el cielo de enero. Un vino en las alturas.

04 septiembre, 2015

Vall Llach 1999

Mas de la Rosa de Vall Llach
De Porrera a la vinya del Mas de la Rosa hay un desnivel de 400 metros. Y para llegar a la cima de la viña, un poquito más. Una anciana, Rosa su nombre, andaba y desandaba este camino cada día. Era su viñedo de cariñena, plantada en 1900: un patrimonio del que vivir y que había que preservar. Historias poco conocidas, quizá, del Priorat: quienes se quedaron cuando el trabajo fácil estaba en las ciudades y lo más complicado era no romper el vínculo con la tierra y sobrevivir con lo que ella te diera (y en Mas de la Rosa da uva extraordinaria pero escasa...), salvaron muchos viñedos del abandono. El Priorat histórico nos ha llegado gracias a ellos y hoy podemos beber algunos vinos extraordinarios porque ese esfuerzo silencioso, ese sueño improbable, fue recogido, entendido e interpretado.

Por Lluís Llach y Enric Costa, por ejemplo, socios fundadores del Celler Vall Llach. Una mañana la anciana salió de casa. Había decidido que no subiría más a ese viñedo imposible...Se cruzó con Lluís y le preguntó si querría comprar su viña. Imagino una cierta mirada de sorpresa de él, pero reaccionó enseguida: "¡vamos a verla!" Ese mismo día, el viñedo de Mas de la Rosa pasaba a Vall Llach. Ellos, LLuís, Enric y ahora el hijo de Enric, Albert, sabían ya cómo era esa fruta. Una de las niñas bonitas del Priorat, una de las cariñenas orientadas al sur en viñedo de 700 msnm que sólo se puede trabajar con azadón por el tremendo coster en el que vive suspendida. Un viñedo centenario y, con los años, aislado. Entre brumas, soles impenitentes, garbinadas salvadoras y atardeceres amables, esta cariñena madura lenta como pocas. Su concentración y el momento de vendimia son sus secretos. Y en Vall LLach esto lo saben desde 1998 cuando el que, en aquel momento, era su vino emblemático, el Vall Lach protagonista de este post, recibía ya la mayor parte de su uva de los viñedos de Finca Cabacés y de Mas de la Rosa (50%).

En un atardecer mágico, en el que Lluís y Albert obsequiaron a algunos amigos con una extraordinaria vertical de este vino, desde 1999 hasta el ya presente 2008, yo me quedé con dos en mi corazón. 1999 Y 2005. Hoy recupero mis recuerdos de este 1999 (era la tercera vez que lo bebía y todo seguía encajando en mi álbum mental de vinos preferidos) para deciros de él que es un emblema, un símbolo de un Priorat que la gente parece casi rechazar. Enric Costa, LLuís LLach y el agrónomo que les acompañaba en ese momento, Ricard Pasanau, creían no sólo en la bondad infinita de esta tierra del Priorat y en sus uvas más enraizadas. También creían en que una mezcla equilibrada de cabernets sauvignons y merlots (entre otras...), podía hablarnos del alma de esta tierra desde la copa. No se equivocaban. Puede que no piense yo como ellos, pero siempre he reconocido (ante botellas como ésta) que el tiempo les ha dado la razón. No a todos, cierto. Pero a ellos, entre otros, sí.

Es un vino que muestra la finura y la elegancia propia de los inmortales. No está evolucionado ni en color ni en aromas ni en sabores. La cariñena histórica aporta profundidad y sentido de campo: suave perfume de llicorella oscura, ligero anís estrellado, frescura, avidez de las cerezas en su punto junto con la calidez de la ciruela del fraile. La altura y el reposo en la maduración de la uva dan cosas así. El merlot y el cabernet sauvignon (35 y 15%) siguen envejeciendo de maravilla y aportan equilibrio al conjunto y un aire bordelés, también. ¿Quién, amante de los vinos sin más, puede criticar esto si el vino que bebes es extraordinario? El Priorat era así en 1999 y este Vall Llach es una de las mejores muestras de que se hacían vinos finísimos, pensados para un largo goce y una vida placentera. El merlot trae recuerdos de fruta más roja de septiembre (madroño) y el cabernet sauvignon se ha integrado tan bien que permite, sin más, beber en la copa final de otoño y primer invierno: rescoldos, ceniza, calor de hogar. Humus. Recogimiento y reflexión. No hace falta añadir mucho más...

Es un gran vino y siempre lo ha sido por más que la añada sea una de las poco apreciadas en la DOQ... El auténtico valor que tiene para mí este Vall Llach 1999 llega cuando lo comparo con otros 1999 que he bebido estos últimos años  y me doy cuenta de que se ha convertido, a la chita callando casi (hablar de 2000, 2001, 2004 ó 2005 es más sencillo y agradable), en un clásico inmortal del Priorat. Afortunados los que tengan alguna botella de las 9748 que se prepararon en abril de 2001: les esperan largas horas de placer. Elijan bien con quién la comparten...

29 mayo, 2015

Finca Dofí y Palell de Orto: la vertical


La última feria del vino de Falset (siempre alrededor del primer fin de semana de mayo) vio el nacimiento de una actividad singular, atractiva y poderosa. Estoy seguro que crecerá con los años y nos seguirá dando placeres e información, como sucedió a raudales en esta primera edición. Se trata de una vertical a dos bandas que se organiza desde el VITEC, el Parque Tecnológico del Vino, y que reúne a un viticultor de la DO Montsant y a otro de la DOQ Priorat. Busca conocer a fondo un vino de cada bodega (y cuando digo a fondo, quiero decir a fondo: no faltó ni una sola información relevante) que se cata en paralelo y en vertical a lo largo de unas cuantas añadas. El estreno fue de lujo: maestro y discípulo (en la Escuela de Enología Jaume Ciurana de Falset); iniciador y continuador (en Álvaro Palacios); muy amigos los dos y magos del vino ambos con enorme fundamento técnico, Joan Assens (Orto Vins, en el Masroig, DO Montsant) y Oriol Castells (Álvaro Palacios, en Gratallops, DOQ Priorat) propusieron una vertical 2011 a 2014 de Finca Dofí y de Palell de Orto.

El Palell es una finca muy pequeña, de media Ha, en El Masroig, plantada con garnacha peluda. En palabras de Joan, sale de ella "un vino de gama natural". La definición tiene su origen en el trabajo que hacen en el campo: sobre suelo de arcilla blanca en la parte superior del viñedo, y de arcilla roja-negra en la inferior, hace cinco años que no se labra y se ha logrado una cubierta vegetal estable y espontánea (por ahora: habrá selección a partir de este año). En ecológico pero con prácticas biodinámicas también y siguiendo el calendario de trabajos (en viñedo y en bodega) que marca la luna, la arcilla limita el crecimiento y alimentación de la planta porque bloquea el hierro, le provoca clorosis férrica que produce uvas más bien grandes pero con una intensidad de sabores inusitada. Finca Dofí es un viñedo que se encuentra entre Gratallops y Bellmunt del Priorat, plantado con garnacha del país. Sobre suelo de llicorella de una antigüedad de 350 millones de años, su poca capacidad nutriente modela la capacidad de supervivencia de la planta. Hay más metales a su disposición (hierro, magnesio, manganeso) y la disposición en bancales y la estructura de la piedra en betas, permite (con la ayuda del contraste enorme de temperaturas entre el día y la noche) que opere una suerte de ósmosis en la tierra que hace que el agua profunda suba y nutra a las raíces.

Siempre he disfrutado estos vinos sin saber mucho de lo que nos contaron Joan y Oriol, pero conociendo ahora la intimidad de su trabajo, se comprende mejor por qué los vinos son como son y saben a lo que saben. Ambos seleccionan mucho la uva, ambos utilizan sólo levaduras autóctonas, ambos se sirven de las cantidades mínimas de SO2, ambos usan grandes volúmenes de madera (la garnacha consume poco oxígeno), aunque los de Orto son siempre de 500L mientras que los de Palacios son también de 600L y alguno de 2000L. En lo que más se diferencian es en la maceración: en Palacios suele ser siempre más larga (unos 40 días), mientras que en Orto todas las vinificaciones duran un ciclo  lunar (28 días). 2011 y 2012 fueron años muy secos en ambas denominaciones, pero 2011 lo fue especialmente  en Palell (297 mm!!!) y 2012 en Finca Dofí (329 mm). 2013 dio un respiro de agua a las cepas y 2014 todavía fue más benévolo (en este caso, también en temperaturas). El mayor grado se alcanzó en la añada más seca (2012: 14,85% Dofí, 14,6% Palell) pero con una acidez y un pH equilibrados en relación con añadas anteriores. Palell, por el tipo de garnacha, por su suelo, por el cultivo, por las pieles y mosto que genera, tiene siempre menos grado y coloración que Dofí y, en mi opinión, suele generar un placer y una comunicación más inmediatas con el bebedor. Finca Dofí és más intenso, tiene más color y grado porque la garnacha del país es así y porque el suelo que la alimenta plantea unas exigencias de concentración y supervivencia mayores a la planta y a su uva. Necesita más tiempo en botella y más paciencia con la botella abierta. En ambos casos: cuando llega su momento y uno sabe acertarlo, los vinos se disfrutan con una intensidad propia de Noé embarrancado tras el diluvio en el monte Ararat (o por ahí...).

2011. Finca Dofí: intensidad. Cerezas maduras, algarrobas, ciruela deshidratada. Hierro y sequedad. Densidad y enorme concentración. Palell: más floral y hetéreo. Violeta y primera cereza. Arándano negro, fresco y ligero. Cítricos.

2012. Finca Dofí: poca uva, pequeña, estresada pero muy fina y delicada. La máxima pobreza en agua y el estrés producen un vino más fino y elegante, más sedoso que nunca. La planta se autorregula y su fruta se hunde menos en las raíces. Romero, regaliz. En boca es más intenso que en nariz. Palell: Assens destaca que es un año con 13 lunas, vinos concentrados pero con buena acidez. Más color que en 2011, más larga vida. Cítricos de nuevo, pomelo. Enebro. Ambos vinos son, en 2012, muy complejos y profundos, intensos pero finos. Elegantes.

2013. Finca Dofí: la garnacha no cuajó bien y la planta tuvo que luchar. Ciruela madura. Producción menor por el problema del corrimiento, pero a cambio, menos tensión en el viñedo, más ligereza en el vino final, más frutosidad. Muestra una frescura tremenda y es más "accesible" de lo que suele ser un Dofí tan joven (lleva dos meses embotellado). Taninos redondos y maduros. Palell: la garnacha peluda no tiene problemas de corrimiento, siempre cuaja bien. Un año bueno para el payés y para la bodega. Probamos un vino todavía por embotellar: corteza de naranja. El tanino está todavía por pulir pero la frescura que muestra es tremenda. Zarzamora, arándanos, más naranja. A ratos casi aires de Cointreau. Mermelada de naranja.

2014. Para ambos viñedos: fue el año de las garbinadas y las nubes diarias. El ceret seca y es el mejor fungicida matutino. El garbí, por la tarde, es fresco y húmedo. Cuando un verano entero se presenta así, el riesgo de oidio sobre todo es grande. Un año que se presentaba complicado pero que ha acabado siendo muy bueno para no pocos. Maduraciones lentas pero constantes. Ambos vinos están muy por definir todavía, pero ambos muestran una frescura y una floralidad enormes. Tienen una acidez tremenda, además, y vivirán muchos años. Los probamos en plena maloláctica (Palell) o recién terminada (Dofí). Finca Dofí muestra ahora (botellas de una sola bota, no de ensamblaje!), una intensa, profunda mineralidad, cono de hollín. Oriol comenta que se trata de la expresión primera de la llicorella que, cuando es joven, se manifiesta a través de este aroma. Palell muestra de nuevo sus credenciales botánicas. Joan y Oriol están muy esperanzados con este 2014, tan complicado para tantos en la zona...Quien tiene vino sabe que éste avanza bien y promete mucho. El resto, ya se sabe...por desgracia se quedó en el viñedo.

Finca Dofí de Álvaro Palacios y Palell de Orto son dos vinos extraordinarios de los que no me atreveré a destacar añadas porque cada una tiene su atractivo y su gracia: hay que saber encontrarlos. El resto es ya una cuestión de gustos personales.  Su existencia ennoblece y prestigia las denominaciones en las que se amparan. Joan Assens y Oriol Castells son dos enólogos más extraordinarios todavía. Su trabajo, su sabiduría, su quehacer humilde y afable, incluso su sentido del humor, hacen grande a su profesión y felices a sus amigos. Y yo tengo la suerte de contarme entre los bebedores de sus vinos y de considerarme amigo suyo. Mucha suerte es y doy gracias a los dioses por habérmelos puesto en el camino.
Orto Palell i Finca Dofí 11 a 14

22 marzo, 2015

Ferrer-Bobet Selecció Especial 2006

Ferrer i Bobet selecció especial vinyes velles 2006
2006 en la DOQ Priorat. Una añada muy buena con un "unico probema": en el calendario llega después de dos añadas extraordinarias, 2004 y 2005. En 2003 pasó lo que pasó en toda Europa. En 2004 y 2005, las condiciones del clima y la reacción de las cepas a ellas, en suelos tan pobres como los del Priorat, pusieron en manos de los elaboradores dos cosechas (sobre todo, para mí, la de 2004) de gran impacto. 2006 fue muy buena paro no tanto: de promedio llovió menos que en 2004 y 2005; la temperatura media fue más alta y la media de las temperaturas más altas y mínimas fue más alta también; la humedad relativa fue muy parecida y la irradiación solar, también. En resumen: una muy buena añada pero no tan equilibrada ni perfecta como las dos anteriores.

Bodegas como Ferrer-Bobet viven estas circunstancias (por lo menos en 2006) con una cierta tranquilidad. Las cepas de las que procede el vino de su Selecció Especial (viñedos centenarios de cariñena de Porrera en su casi totalidad) saben cómo autorregularse; el tipo de cultivo con que las trabajan (orgánico, sin insecticidas ni pesticidas ni herbicidas) promueve la autodefensa de las plantas; el PH, la acidez y el grado del vino (15%) producen una protección natural que tiende a una excelente evolución de sus vinos; en fin, su sistema de vinificación (poco intervencionista: fermentación alcohólica en grandes volúmenes, como se hacía antaño en el Priorat; maloláctica, en maderas de tostado ligero; estabilización natural y embotellado sin clarificar ni filtrar) ayuda a que estos vinos encuentren su mejor momento pasados los años. El impacto de la añada, por así decir, disminuye un poco con esos años, mientras que el resto de circunstancias que acabo de describir, provoca una evolución muy positiva en botella.

La he abierto dos horas antes de empezar a beberla. A unos 13-14ºC. Ya en sus primeros aromas se ofrece como un "clásico": su belleza no pasará de moda, siempre habrá quien la sepa apreciar, y sabrá mostrar el carácter de una tierra y de su uva. Los terciarios son los que dominan al principio: humo. Rescoldos en el hogar. Ceniza de sarmientos. Invierno y recogimiento. Pendientes frescas y húmedas. Hierro. Llicorella en estado puro. Ciruelas pasas. Café, copa y puro. Con las horas, surge su figura estilizada, perfumada de musgo y de pizarra. Llegan entonces la fruta y la frescura. Ciruela cárdena. Profundidad. Agilidad y poderío. Amabilidad y atracción por la tierra: las raíces llaman, te llevan con ellas. Frescura casi cítrica: corteza de naranja confitada. Regaliz. Boletus edulis y laurel. Sangre y metal. Energía amable. La discreción del otoño cuando han caído ya sus colores más vivos. La discreción del otoño cuando se deja acariciar por las frías manos del invierno. La belleza del otoño cuando lo arrastra el olvido de las primeras brumas. Un clásico hermoso y delicado: da la bienvenida a una primavera que se resiste a perder sus aires de invierno. El círculo nunca se rompe, tampoco en la botella.

25 enero, 2015

Pedra de Guix 2011: fiesta y placer

Pedra de Guix 2011
Mañana es el cumpleaños de mi madre. Mujer imprevisible donde las haya, abierta y directa, sólo me pidió una cosa: que propusiera vinos que sirvieran para todo...para entrantes con pescado, para platos principales con pescado y carne, para un postre con chocolate (su pastel): la única precisión que tenía. Le gusta de veras cocinar y mucho de lo que sé lo he aprendido en años de ver y de comer con ella, con su madre y con mi abuela paterna. Pero hoy, que ha sido cuando nos hemos encontrado para celebrarlo, hoy...lo único que le apetecía era estar con y para nosotros. Y pensó que cocinar se lo impediría. Para gran sorpresa nuestra, se ha descolgado con los cocineros "pret-à-tout" de Pamboli, Jordi Llobet y Sergi Costa. Reputados profesionales que ejercen su arte de los fogones en Mont Sant Benet y en la Fundació Alícia, reparten también horas y talento en cocinas particulares. Juro (y no lo hago nunca) que ha sido un espectáculo emocionante ver, cómo con la complicidad de mi madre y de Joan, su esposo, preparaban, cocinaban, remataban emplataban, servían explicaban, recogían...Una gozada de alto nivel que nos ha dejado a todos con la sonrisa en los labios, el estómago reconfortado y la sensación de haber vivido una experiencia única.

Por el hecho de ser un cumpleaños que mi madre quería celebrar de manera especial y porque ha sido la primera vez en que he podido ver cómo unos grandes profesionales trabajaban con la sonrisa en la boca en cocinas que de profesionales no tienen nada...Experiencia única. Habrá sido casualidad, pero Baco estuvo hoy conmigo...y sin saber en absoluto de qué iba el menú, los platos y los vinos han ido desfilando con una sintonía notable de aromas y sabores. De todo lo comido y bebido, a pesar de los pesares, una combinación ha destacado para mi gusto por encima de las demás. Una crema de boletus suave y delicada, con tropezones de gamba de cuerpo entero, jamón ibérico crujiente y setas shimeji ha triunfado con una de las 300 botellas magnum de Pedra de Guix 2011 de Terroir al Límit (DOQ Priorat). Me gusta beber vino de los amigos en las ocasiones importantes... Y este es, para mí (en 2011), uno de los grandes blancos de la DOQ: 1/3 de Pedro Ximénez de El Lloar, 1/3 de garnacha blanca de Poboleda y 1/3 de macabeo de Torroja, con uvas sin despalillar y muy suavemente pisadas, que serán prensadas (vertical, de madera) con rapidez y sutileza para terminar su fermentación y su educación (durante casi 24 meses) en fudres. 13% de alcohol. Me gusta beberlo fresco, no frío: esencia del mejor Priorat. Romero, hinojo silvestre, miel, aceitunas arbequinas, almazara, sol y sal. Acidez y cuerpo. Agilidad y presencia. Con los minutos, auténtico buqué garni y, por encima de todo, laurel y hierbabuena.

Sutil mineralidad que ha acompañado de maravilla el bocado de shimeji; discreta salinidad que ha sintonizado con el cuerpo prieto de la gamba; aromas de sotobosque que han hecho su buen guiño al boletus. Y la amabilidad de la crema que ha hecho intuir un suave atardecer en el Priorat de octubre, con el recuerdo del sol sobre la piel sedosa del membrillo. Qué fiesta la de la buena compañía (presentes y ausentes), qué placer el de la buena gastronomía. Qué mujer y qué ideas, las de mi madre: per molts anys poguem celebrar el teu aniversari!
Crema de ceps

19 noviembre, 2014

Josep Ll. Pérez: las horas del otoño


Con las Hores de la tardor (del otoño), se completa el ciclo de las estaciones en Cal Compte. La uva reposa ya en las bodegas y las texturas del rojo y del ocre ocupan tierras y espíritus. Es el momento de combinar alegrías y decepciones, energía y reposo, efervescencia y bondad. Lenta pero tercamente tierra, cepas y personas adaptamos nuestro ritmo  a una luz menos intensa y a una temperatura más baja, que invitan al reposo. Es el momento, también, de la reflexión que lleva a la renovación constante. Nadie como Josep Lluis Pérez y Montse Ovejero para compartir, con los afortunados que pudimos estar con ellos, estas horas de otoño. Nadie como ellos para mostrarnos, con el pretexto (si así se le puede llamar porque es mucho más que eso) de los nuevos vinos naturales que han hecho en 2012 y 2013, su camino de experiencia, su manera de aprender, de comprender que para vivir hay que reflexionar y prosperar, hay que observar y escuchar, hay que comprender, proponer y avanzar. La renovación, la idea de que nada muere sino que todo se transforma, está en la base de su trabajo en el campo como lo estaba en la de nuestros antepasados, que centraban su vida en una discreta relación con la naturaleza y en la comprensión de lo que sucedía en ella a lo largo de las estaciones del año.

Los cuatro elementos fundacionales de cualquier civilización (aire, agua, fuego y tierra. Añadiría la luz, sin la que nada puede existir) servían para que un grupo de arriesgados se estableciera en un nuevo lugar, servían para crecer y para alimentarse de lo que la tierra quisiera ofrecer a través del cultivo. Existía un pacto entre dioses y hombres. Gracias a él, quien se establece por primera vez en una tierra, la habita en paz; por él, se obtiene la necesaria protección a cambio de ofrendas con las cosechas; y gracias a él, realizando con respeto y cuidado estas acciones, no sólo se cultiva la tierra para poder comer. El cultivo proporciona, también, alimento para el espíritu. De aquí procede la palabra "cultura". El alimento físico que proporcionan los elementos seminales de una civilización se convierte, a través del culto a las cuatro estaciones, en alimento espiritual, en camino que los hombres tienen que recorrer para superar la muerte física que saben que ha de llegar. La transformación de las uvas en mosto y del mosto en vino gracias a la metamorfosis de las levaduras te devuelve la tierra, el paisaje, el clima del año y la mano del hombre en una copa y es el símbolo que utilizaron nuestros antepasados para formular su deseo de inmortalidad.
Sortida de sol sobre el Priorat BY Rafael López-Monné
El invierno (cuanto más frío y duro, mejor) garantiza el reposo que anuncia una mejor cosecha. Todo parece muerto, pero no es así, todo reposa para renacer en forma de primavera. Las flores, la luz cada vez más intensa, el calor llaman a la naturaleza al renacimiento anual. La semilla crece, algunas se convierten en frutos que serán recogidos en verano o en otoño. Las que nuestros antepasados identificaron más intensamente con su relación con la tierra y con su deseo de pervivencia se recogen a finales de verano y en otoño. Las uvas. Baco preside, Baco es la simiente que todo lo puede, fertiliza y se convierte en fruta. Baco es la levadura que convierte al mosto en vino para decirnos: nada muere, todo se consume y transforma. Nada muere, todo renace.

Séneca lo explica tan bien como toda la iconografía de las cuatro estaciones vinculada a la muerte en la Antigüedad, que repasamos en Cal Compte.  Ad Lucil. 36, 9-12,  "La muerte no representa incomodidad alguna....Porque si tanto deseo tienes de prolongar tu vida, piensa que todas las cosas que desaparecen de tu vista y vuelven a la naturaleza de su ser, de la que salieron y a la que retornan, se reciclan: dejan de ser pero no mueren, y la muerte, que tememos más que nada y a la que rechazamos, interrumpe la vida pero no la quita. Fíjate cómo el mundo está formado por elementos cíclicos: verás cómo en él nada se extingue sino que desciende y asciende alternativamente. El verano marchará, pero el año siguiente nos traerá otro; el invierno ha muerto, pero los meses correspondientes nos traerán otro..."
Homo Vitruuianus
Josep Lluís Pérez es un hombre vitruviano en el siglo XXI. Él representa la medida de todas las cosas y de su observación atenta de la naturaleza y del trabajo con su fruto más emblemático, la uva, nace una visión y una reflexión que los demás vemos gracias a él. Vitruvio, en su libro III del tratado de arquitectura, decribe en qué consisten la proporción, la belleza, el equilibrio y la armonía de un templo. Lo hace, pero tuvimos que esperar a Leonardo da Vinci para comprender de verdad, gracias a ese Homo Vitruuianus de 1490, que lo que Vitruvio nos explicaba era algo tan sencillo como “el hombre es la medida de todas las cosas”. Se trata de que el hombre (algunos hombres...), con sus decisiones sobre las cosas que ve, con su actitud, con su reflexión sobre ellas, interpreta y ofrece una perspectiva renovada de las mismas. Josep Lluís Pérez y Montse Ovejero, en el mejor momento de sus vidas, recogen no sólo el fruto de sus viñedos sino, sobre todo, el fruto de su aprendizaje con un “nuevo” tipo de vinos…Diez años de observación y de trabajo, diez años que les permiten llegar a la conclusión de que trabajar la naturaleza no es intervenir en ella. Es observar y entenderla. Es actuar lo menos posible y cuando la acción se hace necesaria, es aplicarla de la forma menos intervencionista posible. Ellos hablan de agricultura regenerativa, otros usarán otras palabras...Se trata de que los viñedos reciban los ingredientes que la propia naturaleza proporciona para curar sus enfermedades, sólo si las hay. Se trata de que aquello que la propia naturaleza produce, consume y degrada (vegetación espontánea, cubiertas vegetales...) no se mueva de ella y dé su retorno en el mismo sitio en el que ha nacido. Se llama humus...Lo más importante sucede bajo tierra. Se trata de que actuemos lo menos posible porque hemos entendido lo más posible.

De ese trabajo fundamental en el viñedo y de un proceso tan complejo como lógico en la bodega (parten de la menor inversión en dinero y de la máxima invención posibles: de ahí que vea a Josep Lluís como a uno de nuestros leonardos contemporáneos) nacen vinos extraordinarios y, en apariencia, inverosímiles: el trabajo de la química ajena es radicalmente sustituido por el de la física del movimiento de las partículas (la enología de la cinética, me atrevería a llamarla). Nacen vinos por completo naturales que harían palidecer a los portaestandartes de las catas con analítica en la mesa. Nacen vinos que expresan como pocos las características de la añada, de las uvas en su combinación (garnacha, cariñena y syrah), de la tierra y del vigor de las cepas. Y que hablan como pocos de las personas que los hacen. 22 afortunados pudimos beber esa síntesis en sus añadas 2012 y 2013, tanto hechos en volúmenes grandes de madera o de inox como en barricas de 225L. Soy consciente de que me dejo en el tintero la mayor parte de detalles técnicos (Josep Lluís mismo los explica constantemente y me consta que piensa publicarlos en breve) pero hoy no son lo más importante. Lo que es importante (por lo menos, creo, para los que no pudieron estar en esa sesión) es que sea capaz de transmitir el valor que tienen este trabajo y estos vinos. Que sea capaz de deciros que nunca, como en esta ocasión, había sentido cómo puede llegar a cambiar el equilibrio de sabores un ensamblaje u otro de variedades de uva: en estas condiciones de máxima expresión de la fruta y nula intervención química en la bodega, la cariñena potencia los sabores de la syrah de forma increíble...y la combinación de garnacha, cariñena y algo de syrah transmite como pocas el sabor de las tierras de Mas Martinet. Que sea capaz de contaros que nunca como en esta ocasión había sido capaz de notar y describir el alma de un vino en su añada: sin la menor duda, los vinos que bebimos del 2013, con garnacha, cariñena y syrah, eran báquicos. Fijaos en la pompa triunfal del hijo de Zeus en la penúltima foto del post: eran vinos llenos de energía, de insultante alegría, de voluminosa y explosiva fruta, de abigarrada composición, llenos de música y de triunfo. Llega la tierra y nos anuncia, con el fruto de su fermentación más espontánea, que podemos llevárnosla al corazón con una copa. Rojo de Príapo, morado de Sileno. En cambio, los que nacieron de la cosecha de 2012, con garnacha y syrah, eran rotundamente apolíneos: ved la estatua de Apolo, llena de majestuosa serenidad, de clásica belleza, de equilibrio constante, sin perturbación alguna. Vinos rectos, serios, casi azules. Así fueron las añadas. Así supieron transmitirlas Josep Lluís y Montse. Así se mostraron esa noche los vinos.
Apollo of Belvedere by Dennis Jarvis
Todo esto vivimos en las Horas de otoño de Cal Compte. Todo esto aprendimos. Todo esto sabemos ahora: estamos en constante observación de la naturaleza y de nosotros mismos dentro de ella. Nada muere, todo se renueva y de la observación, aprendizaje y progreso que generan nuestro conocimiento, vivimos para no morir. De la íntima necesidad de compartir cuanto aprendemos y sabemos nace, en verdad, nuestra superación de la mortalidad. Hacerlo en la naturaleza del Priorat, entenderlo con los elementos clave que la Antigüedad nos legó, beberlo y asimilarlo en nuestros cuerpos y almas gracias a los vinos que hacen ahora Josep Lluís Pérez y Montse Ovejero en Mas Martinet, fue la mejor manera de completar un ciclo de cuatro estaciones que, no puede ser de otra forma, renacerá con otra apariencia. ¿Muere un ciclo? No: nace uno nuevo. Esperemos con expectación y alegría: a ver dónde nos lleva.
Thyasos báquico con 4 estaciones
La foto del Apolo del Belvedere es de Dennis Jarvis.

28 junio, 2014

Roc d'Aubaga 2013


Fue uno de mis vinos de Sant Joan de este 2014. Abrí dos botellas, lo confieso: una, para los amigos en la verbena. Otra, para la familia durante la comida. No sé la razón, pero de la primera botella pude conservar un tercio que he terminado hoy, cinco días más tarde. No tenía decidido que fuera a escribir sobre este vino porque se me puede criticar con facilidad. Pero en realidad me da igual...y decido hacer lo mismo que hago con todos los vinos que me gustan  de verdad (sí, me gusta...) y conozco a fondo. Escribir con algo de detalle sobre cómo se hizo el vino y transcribir con literalidad mis notas mientras lo he ido bebiendo.

Este vino nace de la amistad entre Dominik Huber y yo. Si no fuéramos amigos, él no habría intuído que una de mis mayores ilusiones era poder hacer el vino que tenía en la cabeza y no me habría dejado hacerlo en su casa. Este vino nace de mi amor por el Priorat. Si no llevara más de treinta años dando vueltas por la comarca, puede que no hubiera imaginado el vino (uno de ellos, vaya: en 2014 me preparo para las sorpresas) que me hubiera gustado beber en ella. Este vino, por fin, nace de mi pasión por los vinos rosados, con y sin burbuja. Si unimos todo, nace Roc d'Aubaga 2013 (en 2012, Rosat). Es y no es un rosado. Lo es por el azar de las uvas que se encuentran, todas ellas juntas, en dos viñedos en una de las zonas umbrías y frescas (no de las más altas pero casi), en La Morera, cerca del antiguo monasterio de Nuestra Señora de La Serra. Cepas en ecológico entre 16 y 30 años, en suelos de arcilla y grava, unos algo más arenosos que los otros, algunos con sedimento marino, guijas y cantos rodados. Orientados al norte y con la activa presencia del espadado del Montsant muy cerca. El vino recibe el nombre del sustantivo catalán para las zonas donde toca poco o nada el sol ("obaga, aubaga" en el Priorat), que es además un topónimo de la zona (la Serra d'Aubaga) y de las piedras ("roc, rocs") que, en semicírculo, están cerca del monasterio.

Tres de los cuatro tipos de garnacha más frecuentes en el Priorat forman parte de este vino. En ese viñedo no hay garnacha peluda. Vendimiados el mismo día (7 de octubre de 2014) de buena mañana y llevados a la bodega, donde entraron por la tarde, con la temperatura y todo lo que llevaban del viñedo. Las dispuse en una "vasija" de plástico de la forma que la intuición me dictó pero teniendo bien presente qué tipo de color quería para mi vino. Seleccioné sobre la marcha y quité los pocos racimos que no estaban sanos y las hojas y las tijeras que se colaron. Con raspón entero. Sin posibilidad de oxígeno entre los racimos, enteros, y sin otra acción que un mínimo pisado para que la parte más baja del plástico soltara algo de mosto. No hay pie de cuba. Se tapa con un plástico y se deja a su aire. La fermentación arranca espontánea a las 48 horas y con una temperatura de 20,3ºC. No hay control alguno. No hay sulfitado más que el que proporciona al mosto la fermentación alcohólica.

Control a diario del color del vino en esa vasija de plástico que no tiene ni grifo. Al quinto día la cosa se pone muy cerca de lo que llevo en la cabeza. La densidad está sobre los 1020. Lukas, Yuki, Jaume y yo descubamos a mano (brazadas, vaya) y prensamos en una prensa de madera vertical de 9 a 11 de la mañana. El quasi-vino pasa a otra vasija de plástico idéntica, prensado a 1 Bar de presión. Y una segunda prensada, que no saldrá a la venta (y que es la joya de la corona), a 1,5 Bar va a damajuanas (que no tienen contacto alguno con la luz), en las que todavía sigue su evolución. El 24 de octubre el vino está ya seco por completo y pasa a depósito de inox (su único movimiento) donde reposa durante el invierno. Embotellamos el 25 de febrero y decidimos que el vino termine de hacerse en botella por lo menos tres meses más. Que empiece a circular en junio. El alcohol final roza el 13% y los niveles de sulfitos están por debajo de 20 mg/L.

Abrí las botellas media hora antes de empezar a beber y un amigo (de unos 50 años), a primer golpe de nariz y sin saber qué bebía, dijo "huele a las prensas de mi casa, cuando hacíamos vino de pequeño". Pensé que ese comentario me gustaba. "Fruta, fruta y más fruta. Zumo de granada. Brezo y espino. Amabilidad y rusticidad. Muchos secundarios. El corazón de la fruta fermentando ha llegado a la botella. Frambuesas y fresas del bosque. Goloso en nariz. Seco y austero en boca. madroño y la frescura del bosque tras la lluvia de verano. Naranja sanguina. Se nota la presencia del raspón, aunque las horas y los días redondean y apoyan su presencia. Vino amable que acaricia cuando lo tomas, pero cuando es debido. No hay empalago. Sigue la fruta: ahora cereza de secano de tierra adentro. Largo y zalamero en boca. Huele a huerto. Huele a tomate fresco. Mucha infancia y recuerdos de aromas hay en este vino. Pan, levaduras. Más fresas y grosella. Fruta intacta a los cinco días. Más amable y redondo. La penumbra del bar cuando entras a ver cómo lo mayores toman su vermú. El sol de mediodía, abrasador, queda tras la cortina. Frescura y penumbra en el interior. Aromas de vermú en los vasos de los mayores. Sirope de grosella y sifón en el mío." Así es este vino y estoy contento y muy agradecido de haber podido hacerlo. Me he acercado bastante a lo que tenía en la cabeza...

08 junio, 2014

Las horas de la primavera: la luz


Las Horas de la Primavera transcurrieron amables en Cal Compte. Parecía como si el cielo del Priorat conociera aquellos versos de Lucrecio en los que el poeta describe el cielo de primavera. Se los leímos de nuevo y nos regaló un atardecer que nos hizo comprender de otra manera cómo es la naturaleza de las cosas en su íntimo contacto con ellas.

...tibi rident aequora ponti
placatumque nitet diffuso lumine caelum. 

...para ti, Venus, sonríen las aguas del mar
y brilla el cielo amable con una luz que se alarga.

Venus tenía que ser nuestra introductora, la protectora que, como ya sentían y escribían los Romanos, favorece la creación de cuanto surge de la tierra. Se funden las nieves en lo más alto de los montes, los ríos sienten cómo el agua vuelve a bajar alegre por su cauce, los árboles visten de nuevo sus hojas y Venus, la patrona virgo de Catulo, asegura que todo pueda ser disfrutado por más de una generación de mortales. Porque la belleza del espectáculo de la primavera se abre ante nuestros ojos con la nueva luz y la diosa, favorecida por el viento que sopla amable y cada vez más cálido, hace crecer de nuevo todo aquello que había sido sembrado. Agua, luz, calor, Venus, capturan al hombre con su suave encanto y lo llevan de nuevo allí donde sucede todo: a la naturaleza.

Los animales se mueven inquietos en el establo, las aves llegan de nuevo siguiendo su impulso seminal y las personas no podemos dejar de escuchar esa llamada. La pálida Muerte pisa con la misma fuerza la taberna del pobre y la torre del rico, nos cuenta Horacio, y la suma de breves momentos felices nos impide pensar en una esperanza que vaya más allá del día que vivimos. Hay que huir de preguntarse qué nos traerá el día de mañana, hay que poner el bienestar económico en su justo sitio y hay que perseguir al dulce amor. Es el momento de escuchar al campo, es el momento del trabajo en las eras, es el momento en que los suaves susurros que surgen de la oscuridad delatan la cita pactada.

El suceder de las estaciones nos enseña que no hay que esperar cosas propias de inmortales. El día nos alimenta y las horas marchan con rapidez. Los fríos del invierno pierden fuerza gracias al Céfiro, el verano acabará pisando a la primavera y todas acabarán cediendo su paso al otoño que trae los mejores frutos, las uvas del viñedo. No nos daremos cuenta y el invierno, que adormece todo, volverá enseguida.

Supimos, pues, de la mano de Sara Pérez, de Dominik Huber y de René Barbier qué es lo que hace que la tierra sea más feliz, qué es lo que hay que hacer para que la fruta de la cepa crezca, suba, explote en nuestras bocas en forma de vino. Con la protección de Venus y la ayuda de Ceres y de Baco, comprendimos por qué los Romanos celebraban la Fiesta de las Flores, el momento en que las fuerzas de la tierra, tras el reposo del invierno, se concentran en el nacimiento de la flor que será fruto que será mosto que será vino. Celebramos y bebimos, charlamos y escuchamos, mientras otra Venus (Héspero) empezaba, discreta, a asomar por el horizonte y nos regalaba su tenue luz. Vesper adest...

Sara nos esperaba con una explicación inspirada directamente por la diosa. Poseída por esa energía única que saca, entre otros lugares, de su finca Els Escurçons, contó la naturaleza expansiva, amable, llena de matices, aérea y poderosa de la garnacha. Y explicó en qué momento se dio cuenta de que, además del cultivo del viñedo, esa fruta le pedía a gritos un barro que la elevara de la tierra, más que hundirla en ella. La cariñena pide lo contrario: concentración, austeridad, profundidad, encerrarse en si misma y desarrollar otras cualidades. Las que le permite, precisamente, la madera. Pero la garnacha dels Escurçons 2013 de Sara, que probamos a medio hacer..., fue un momento de iluminación, de explosión de fruta en la boca, de cerezas, de flor de violeta, de pimienta roja...Un cultivo, desde 2013, que cambió su vida. Un vino, cuando podamos beberlo todos, que nos dará otra dimensión de la relación seminal de esta mujer con la garnacha y con la tierra que la vio crecer.

Dominik y René no habían hablado entre ellos pero coincidieron en proponer dos blancos. La coincidencia fue al azar? Me lo pregunto porque las cosas no suelen suceder porque sí...Ellos nos mostraron de nuevo, casi sin buscarlo, que el Priorat es la tierra de los grandes blancos que ya están llegando, Partida Bellvisos blanc 2011, uno de los monovarietales (garnacha blanca) que nace de un viñedo que René se empeñó en comprar. Apenas 300 botellas de la parte más alta de la partida, que él ya entiende y trabaja, sin más, como a él le gusta el vino: 2011, añada complicada y compleja, sequía y miedo. Da un blanco que, con 14 meses de madera, muestra una frescura sin complejidades y todos los matices de la almendra, desde que nace, verde e inmadura, hasta que se tuesta. Un vino para muchos años...quien encuentre una botella. Dominik mostró la otra cara del 2011, con uno de los grandes polivarietales del Priorat: Pedra de Guix 2011. Un vino que combina la frescura de la parte más alta de Poboleda (garnacha blanca de extraordinaria calidad) con la inquietud y calor del Lloar y la textura amable de Torroja (PX y macabeo). Un vino que gana lo que no está escrito en mágnum, un vino con todos los aromas de la garriga, de la flor del tilo, con cierta oxidación que hace que evolucione horas y días en copa y en botella abierta.

Fueron tres lecciones de vida. Tres momentos de humildad de tres personas únicas que sienten la fuerza de esta tierra y, tras muchos años observándola y trabajando en ella, están empezando a comprender cómo embotellarla. Tres maneras, tres vinos, tres momentos para una primavera que, por unas horas, acudió a la cita del epigrama de Marcial: Si conoces el dulce homenaje a Flora, juguetona, y conoces las fiestas y el divertimento y la frescura del pueblo, por qué has entrado a este teatro de la vida, Catón severo? O quizá tan sólo lo has hecho para volver a salir?

No queremos rostros severos en la celebración de la primavera, en las horas de la flor que será fruto que será vino. Queremos a Venus, queremos a su fuerza protectora para que la semilla fructifique de nuevo y nos permita, con las pequeñas cosas compartidas de cada día, ser mejores y hacer un poco más felices a quienes nos rodean. Eso aprendimos ayer. Con la tierra y desde la tierra del Priorat y con los vinos y las historias de Sara, René y Dominik.

04 junio, 2014

Las horas de la primavera: presentación


Pasaron las horas del invierno...junto al hogar, con buenos amigos y vinos nobles, René Barbier y un servidor repasamos historias y vivencias que explicaban el por qué del renacimiento del Priorat a partir de la narración del Laocoonte, desde Virgilio hasta Julio II. Llegan las horas de la primavera y la tierra vuelve a llamar con fuerza a sus cultivadores: terminó hace ya días el reposo y conviene estar ahora atento. Nosotros también lo estamos. En  Cal Compte vamos a proponer este próximo sábado, a las 19 horas, algunos textos que nos expliquen cómo se vivían en Roma estos momentos del año: Catulo, Lucrecio, Horacio, Virgilio y Marcial nos ofrecen sus versos para entender qué era la inmortalidad para un Romano. Y vamos a oir cómo se cuida a la tierra, cómo se la protege, cómo son llamadas a la fruta de la uva sus fuerzas más sinceras. Con los vinos de Sara Pérez y René Barbier. Con los vinos también de Dominik Huber. Vamos a proponer, en la hora más amable del anochecer del Priorat, otra manera de entender la celebración de la fiesta dedicada a Flora. Ella es la que rompe, con su energía y la luz, el reposo y nos llama de nuevo, como cada año, como siempre, al inicio de una nueva fecundación, la de la tierra que nos da de comer y nos hace entender por qué y para qué estamos aquí.

06 mayo, 2014

Priorat y Montsant Tast del decenni 2004


Hace ahora 10 años, en 2004, se publicó uno de los libros más bonitos sobre el Priorat: Priorat. El territorio y el vino de la DOQ Priorat, con textos de Anna Figueras, Rafael López-Monné, Toni Orensanz, Mauricio Wiesenthal y Xoán Elorduy y fotos de López-Monné (Lunwerg Editores-Consell Regulador DOQ Priorat, Barcelona). Textos que cuentan la historia, textos que ofrecen los datos, fotos que revelan el alma de un territorio. Un libro hermoso, que releo con frecuencia. Un libro útil, además, porque da los datos de la actualidad en 2004. En la DOQ Priorat, en 2004, había 51 bodegas inscritas y más de 600 viticultores. Y veníamos de un 2001 (año de la fundación de la DO Montsant) en que existían 40 bodegas y 554 viticultores. Lo más importante: las Ha por bodega habían pasado de 30,7 en 2001 a 35,4 en 2004 y la evolución de la producción por Ha había tocado techo en ese 2004 (11,35 Hl).

Estas serían razones suficientes para considerar que 2004 fue un año especial para la DOQ Priorat. Probablemente lo fue menos para la DO Montsant que todavía estaba dando pasos (que poco a poco se van confirmando como certeros) en la construcción de una identidad propia, aunque también por eso, quizá, año significativo porque no pocas bodegas empezaban a sacar sus botellas al mercado con, precisamente, la cosecha del 2004. No tengo los datos exactos del año para la DO Montsant pero puede que el total de bodegas que trabajaban en el territorio prioratino y en esas DO y DOQ ese año fuera alrededor de sesenta y pocas. De éstas, 24 (había un vino tapado que sumaba el 25: un ÀN 2004 de Felanitx), con mayoría de dos tercios (por razones obvias) para la DOQ Priorat, ofrecieron sus botellas (es un acto voluntario, organizado por los consejos reguladores y el  VITEC) para un Tast del Decenni que se prometía de gran interés. Estar en una sala llena de grandes profesionales, muchos de los cuales habían hecho los vinos que se cataban y comentaban a ciegas, es una oportunidad única de aprendizaje. Y quiero agradecer con sinceridad y de corazón que me invitaran a participar en ella. 2004 también fue un año especial para mí en el Priorat: aunque visitaba la comarca dese 1979, mi primera vendimia fue la del 2004.

2004, además, fue especial porque vino después de 2003...El 3 de mayo de 2013 se hizo el Tast del Decenni 2003-2013 con 17 vinos y unas conclusiones de la sala bastante claras: un año muy complicado, con un proceso general de maduración de la fruta muy difícil, tres picos de calor en tres meses, agua en septiembre y octubre y  gente vendimiando en noviembre. Una añada muy heterogénea e irregular. 2004 se  convirtió en la gran esperanza de la zona y el paso de los años por las botellas así parecía confirmarlo. Quisiera aportar algunos datos para enmarcar la sensación general. En ese año las cosas fueron sucediendo cuando tocaba y bien, con una lluvia por debajo de la media 2004-2010 (excluyo 2003), pero bien caída; con calor cuando tocaba (aunque con dos picos importantes en julio y agosto); con una humedad relativa media que ayudó mucho a llevar bien la temperatura; y con unas diferencias térmicas día-noche en julio y agosto que llegaron a los 14ºC. En resumen: calificación de Excelente.

De las 24 botellas probadas, 8 eran de la DO Montsant y aunque se notó alguna diferencia, creo que se puede afirmar (hablaré de algunos vinos en concreto, pero casi me interesan más las ideas de conjunto sobre lo que percibí y anoté), que, en general, los vinos evolucionan bien o muy bien y muy pocos mostraron estar ya en una fase final de su vida activa. Seguramente, el que más mostró ese estado fue el tapado. Me sorprendió, con todo, que algunas de las características que, a lo largo de los años, había anotado sobre todo para 2001 y 2004, o no existían ya o se mostraban con mucha timidez, como si el proceso de vinificación, primero, y de evolución en botella, después, las hubiera metabolizado y absorbido en estos diez años. Poca presencia de aromas de los distintos tipos de pizarra, poco grafito y una paleta menos evidente de lo habitual en el resto de lo que era más característico de la zona en la época: poco sotobosque (hojarasca, raíces), pues, poco balsámico (cedro, eucalipto, regaliz, incienso), pocas hierbas de secano (hinojo, romero).

Digamos que se está produciendo, en estos momentos de 2014, una síntesis de sabores en los destaca más un buqué general que no elementos intensos y por separado. Sólo algunas zonas, más frescas quizá y con menos presencia de llicorella, siguen ofreciendo fruta fresca y trazos de aromas primarios. En una cata como ésta, además, y aunque los vinos llevan horas decantados y todas las botellas se han homogeneizado, se es esencialmente "injusto" con los vinos porque los minutos (pocos...) en copa les hacen ganar a todos en intensidad y profundidad. Algunos vinos, muy pocos, siguen mostrando una hermosa combinación de notas florales (violeta), un poco de alcohol, un mucho de frescura (las volátiles más medidas, en mi gusto, por supuesto)  y alguna pequeña nota empireumática (cacao y café). Notas habituales en otros momentos de la vida de estos vinos, también se han atenuado de forma notable en mi percepción: las especias, sobre todo (clavo, nuez moscada, pimientas) y en buena medida, las notas animales (cuero y reducciones). En cambio, las notas a fruta confitada (cassis, melocotón o albaricoque) y a fruta seca, todavía más (higos secos, pan de higos y ciruelas secas), se mantienen en muchos de los vinos.

Los vinos del 2004 que más me gustaron el pasado 2 de mayo de 2014, los que mostraron, en mi opinión, una mejor evolución y los que seguiría comprando para ver y gozar de su espléndida madurez, fueron (en el orden en que los catamos y entrecomillando mis notas literales): DOQ Priorat, Más d'en Gil, Clos Fontà. "Todavía se nota la calidad de la garnacha, fruta fresca, calor de hogar, hinojo, algo de chocolate, un vino vivo". DOQ Priorat, Clos Figueras.  "Por fin, la flor (violeta), un punto de reducción, cuero, noble, buena estructura, punto alcohólico, cerezas. Fino y delicado". DO Montsant, Venus La Universal. "Vino fantástico, entero en la boca, un poco reducido, cuero viejo, tinta china oscura, oscuro y complejo. " DO Montsant, Celler de Capçanes, Cabrida. "Flor de nuevo, fruta fresca, miel de brezo, ligero en boca, astringencia notable, ligero y fresco, casi parece que lleve algo de vino blanco..." (y no lo lleva, claro...). DOQ Priorat, Capafons-Ossó, Mas de Masos. "Caramelo de violeta, vino intenso y profundo, fruta fresca, eucalipto, muy entero en boca". DO Montsant, Vinyes Domènech, Teixar. "Chocolate con Porto, avellanas tostadas, higos secos, entero y fresco en boca, placer".

Fue una experiencia extenuante pero muy gratificante. Con los comentarios de los compañeros de cata, los datos de la vinificación que voy recogiendo ahora (a priori uno no sabe qué va a beber), más los datos del clima y de la geología de cada zona (que ahora conocemos mucho mejor tanto para la DO Montsant como para la DOQ Priorat), aprende uno lo que, literalmente, no está escrito

Las fotos, extraordinarias, son de Rafael López-Monné: gràcies, company!

30 abril, 2014

Tast amb Llops 2014

6è Tast de Cal Compte

09 febrero, 2014

René Barbier: las horas de invierno


De cómo, en un mes de noviembre de hace siete años, el azar me llevó a la inauguración de una exposición que cambió mi vida. 500 años del descubrimiento del grupo escultórico del Laocoonte en un viñedo de Felice de Fredis, cerca de Santa Maria Maggiore, en Roma. Giuliano da Sangallo y Michelangelo Buonarroti, que trabajan para el papa Julio II, identifican el extraordinario hallazgo como "Hilacoonte" al que alude Plinio el Viejo. De cómo Plinio, tras una visita a la casa de Tito, hijo de Vespasiano (antes del 79 d.C., claro), describe la estatua de Laocoonte muriendo con sus hijos ante los muros de Troya, como la más hermosa obra de arte, trabajo único hecho a partir de un solo bloque de mármol, por tres artesanos rodios, Hagesandro, Polidoro y Atenodoro. De cómo Petronio, en su Satiricón, explica bien cómo el pasaje del libro II de la Eneida de Virgilio, en que se describe la muerte atroz de Laocoonte y sus hijos, es inspiración de artistas que convierten los versos en pintura sobre tabla o escultura. De cómo la lectura atenta de esos versos no deja demasiadas dudas: los escultores rodios se inspiraron también en ellos para explicar el terror y la angustia de la muerte del sacerdote y de sus hijos. Era necesaria para que Troya cayera y para que Roma naciera. De cómo Virgilio explica con horror cómo el sacerdote Laocoonte, odiado por todos (incluso por el dios al que servía, Poseidón), es el único que alza la voz para decir a sus compatriotas que el caballo de madera que los Aqueos han dejado ante sus muros no es ni un obsequio ni un acto de buena voluntad, sino una trampa que acabará con ellos. De cómo Virgilio muestra que la razón es perversa y suele rechazar la evidencia que no le apetece entender: Laocoonte arroja con fuerza una lanza contra el costado del caballo, preñado de hombres armados y de muerte. La lanza se clava, tiembla y un gemido surge de las entrañas. Nadie lo escucha, nadie comprende...Atenea completa la labor: dos serpientes enormes surgen del mar ante la masa de gente atónita y se dirigen, directas, hacia los hijos de Laocoonte. Luchan, intentan deshacerse del terrible abrazo, pero una de las serpientes ha mordido ya y ha escupido su veneno. Ha enlazado la parte central de los cuerpos y su fuerza no admite dudas. Laocoonte, poderoso y sin su cinta de sacerdote, lucha contra ella. Lanza un grito desesperado a las estrellas mientras los cuerpos empiezan a rendirse. Laocoonte, sus hijos y Troya tienen que morir para que Eneas huya, llegue al Lacio y Roma pueda existir. La Roma mítica y la renacida con Augusto. Lo mismo sucedió con la Roma del siglo XVI y Julio II della Rovere. Lo mismo sucedió con René Barbier, cuando él e Isabelle entendieron que el Priorat era el lugar donde quedarse.

De cómo, en efecto, las miradas de Virgilio, de Petronio y de Plinio llegan al Renacimiento del papa Julio II.  De cómo las miradas de los escultores Hagesandro, Polidoro y Atenodoro sobre la Eneida de Virgilio convierten un mito en materia, una historia de versos en belleza que los ojos pueden ver y las manos tocar. De cómo las miradas de Sangallo y Buonarroti convierten al Laocoonte en la pieza clave de una nueva  cultura, basada en la recuperación y comprensión de aquello que el Mediterráneo romano fue. De cómo la mirada de René Barbier sobre un paisaje, que "de tan bonito como es, parece triste", el del Priorat, es capaz de ver aquello que todavía no existe: un espacio de paz y de libertad de belleza única, donde las personas se encuentren entre ellas y con la naturaleza de una forma distinta, y donde el mejor vino sea posible por la sencilla razón de que la tierra y el clima son, también, únicos y especiales. De cómo esa mirada contemporánea de René, como las miradas antiguas de Buonarroti o de Virgilio (miradas de gente sensible, de artesanos pacientes con alma de artistas), es capaz de captar y de explicar a la gente lo que no es evidente y hace surgir una vida nueva (con la ayuda de unos cuantos amigos) de una tierra que languidecía e iba muriendo. De por qué el renacimiento de Augusto, tras los años de hierro de las Guerras Civiles, tiene que ver con el Renacimiento de Julio II della Rovere y con el renacimiento del Priorat como tierra de privilegio, de hermosura distinta y, por eso, incomparable, en la que hombres como René Barbier son capaces de sentirla con una sensibilidad y una intuición que les permite hacer vinos como Clos Mogador o Nelin.

De cómo una historia de casualidades, en la que las mujeres han tenido un papel fundamental, convierte a un "flechazo muy grande con el paisaje" en un gran vino que, en cualquier caso, jamás fue el objetivo inicial ni principal. De cómo un espíritu rebelde y sensible, a ratos más artista que artesano, se empeña en demostrar a todo el mundo que el Priorat es un lugar para quedarse, un lugar del que enamorarse, un lugar en el que vivir de otra manera con las personas, en los pueblos y con la naturaleza en forma de cepas, un lugar, al fin, en el que también los grandes vinos siguen siendo posibles. De cómo un grupo de personas nos reunimos junto a la lumbre para pasar unas horas de invierno en el Priorat, contar historias, escuchar y vernos de otra manera y beber y comer bien. De cómo hace ahora 25 años (1989-2014, atentos), el largo debate entre Isabelle y René sobre si su vida tenía que ser nómada o "estable", termina con un "de aquí, del Priorat, cuando te enganchas ya no te vas". De cómo de esta historia de sensibilidad y de amor hacia una tierra nacen amistades, nacen hijos, nacen nietos, nacen otras historias y nacen vinos que dignifican a las personas que los hacen, dan fama a la tierra que los pare y ennoblecen a quienes los bebemos: nos ayudan a entender las cosas de otra manera.

Con unas personas, en una tierra, con un paisaje y un clima. De otra manera. Más sencilla, más feliz, sin tantas barreras ni tantas trabas. Por este orden, además. Nelin 2011. Un vino que apenas está abriendo los ojos, este 2011 será un gran vino con unos cuantos años de botella. Miel de tomillo. Romero. Cuerpo e intensidad. Ligeramente tánico. Un vino de parcela, un vino que surge de la mezcla de variedades. Un blanco de antes: con lo que la parcela daba. Profundidad. Energía. Retama y un punto salino. Vino de resistencia. Clos Mogador 2010. Humus. Cassis. Cuero tenso. Chocolate a la taza con agua. Hojarasca en el bosque de otoño. Tiene una intensidad mayor a los 2010 que he probado en la DOQ Priorat. Picota madura. Buqué garni. Pizarra desmoronada. Confitura de mora. Vino de concentración. Clos Mogador 2001. (Por si alguien se escandaliza: René y yo pensamos la secuencia de los vinos de acuerdo con lo que cenábamos). "Està massa jove, encara", dice René. Hacía mucho que no lo bebía, confiesa. Músculo y agilidad. Intensidad y poder esbelto. Olivada. Sotobosque y maquia. Pizarra azul. Un vino inmortal. Un vino especial. Tiene una fuerza y un atractivo en nariz que lo hacen único. Es de aquellos que te agarra la pituitaria y no la suelta. Sin compasión, se apodera de tu nariz y de tu cuerpo. Textura entre la seda y el aire del campo. Rusticidad ilustrada. Final casi cítrico. Vino de pasión y amor por una tierra. Nelin 2008. Estilizado pero con garra. Miel de brezo. Tomillo. Ceniza de sarmiento. Nobleza. Hidromiel. Vino para que te la den con un gran queso de oveja de leche cruda. A René le vuelve loco esa combinación, por ejemplo con un Las Valles de Samper de Calanda (Teruel).

"El Priorat és molt més gran que un negoci: se t'omplen la vista i el cor. Som al Priorat perquè la vida, aquí, és molt més".

Las horas de invierno sucedieron en Cal Compte, con Isabelle y René Barbier, Clos Mogador.

31 enero, 2014

Las horas de invierno en Cal Compte


Anna, Joaquín (Cal Compte) y yo queremos escribir un pequeño libro de horas a lo largo de las cuatro estaciones del año. Cada estación, en el Priorat o allí donde esté tu viñedo preferido, encuentra su lugar y su momento para explicar historias. Teníamos claro que las mejores horas del invierno suceden alrededor del hogar. Y cuando les propuse la idea, tenía en la cabeza contar un poco cómo había sucedido el renacimiento de la comarca de la mano de uno de sus protagonistas.

Llevaba en el corazón las imágenes de la inauguración (en los Museos Vaticanos) de la exposición de su 500 aniversario: ni más ni menos que su obra más emblemática era la protagonista. No sólo porque sea la más atractiva y cautivadora. También porque con ella Julio II inauguró la colección arqueológica del Vaticano. Pero sobre todo porque la historia de su descubrimiento, la de la inspiración que tuvieron quienes la hicieron y la de quien escribió el texto que les sirvió para esa inspiración, me llevaban, sin remedio, a relacionar todo eso con el Priorat y su historia contemporánea.

René Barbier (Clos Mogador) aceptó entusiasmado, como hace él todas las cosas. Cada vez le gusta más sentirse involucrado en más proyectos. Y sus ojillos nos dijeron que empezar éste, cerca del hogar de Cal Compte y mientras bebemos alguno de sus vinos (los que él elija, los que él considere más atractivos para explicar su participación en el renacimiento del Priorat), le gusta: cómo el conocimiento del pasado, de cómo y por qué sucedieron las cosas, nos da claves para entender nuestro presente y entrever un camino de futuro. De Virgilio a Petronio, de Plinio el Viejo a Julio II, de Miguel Ángel y Felice de Fredis a René Barbier. Junto a las brasas y con un buen vino, sentiremos de nuevo cómo Laoocohontis diuinum quod in Vaticanum cernis fere respirans simulacrum, "la estatua de Laocoonte, que ves en el Vaticano, parece casi respirar". Y cómo nació Roma. Y cómo renació el Priorat.

27 diciembre, 2013

DOQ Priorat, Mas Doix 2003 (mágnum)


Esa noche de agosto de 2003, las lágrimas de San Lorenzo fueron escasas. La luna llena (el 12 de agosto) hacía estragos lumínicos y Europa entera sucumbía a una de las peores olas de calor de los últimos años. En la DOQ Priorat (con datos de Mas Martinet en la mano), 2003 hizo sufrir a las cepas y a sus viticultores lo que no estaba escrito: el verano más cálido, acompañado de la humedad relativa más baja y la menor precipitación. Un año complejo para el vino que nació en él y con el que hay que tener paciencia. Desigual y acomplejado por esos datos, es una añada que hay que tomar botella a botella. No valen las calificaciones generales. No sirven casi nunca, pero en años extremos, en que la acción de las personas (con sus decisiones) acaba siendo determinante, menos.

Nosotros intentábamos sobrevivir en el Ampurdán, en Ultramort. No es mal lugar para tener una prefiguración del infierno, que fue lo que sucedió ese verano. No había noche que ayudara a respirar ni mar que aliviara las pieles abrasadas ni viento que refrescara las casas. Ese verano, a pesar de todo, tuvo algo muy especial para nosotros. La amistad con Valentí y Marian (parte clave de Mas Doix) se consolidó porque conseguimos, entre todos, sobrevivir a una noche de San Lorenzo única. Nuestro primer encuentro en la zona, una buena cena a base de foie-gras mi-cuit de L'Ànec de l'Empordà (en Serra de Daró: una de mis pasiones, recién hecho y comprado in situ) y un buen cesped junto al olivo centenario para asistir al espectáculo anual de la lluvia de meteoros. De madrugada ya, todas las luces apagadas, tumbados y expectantes, sólo rompía el silencio el grito de satisfacción de quien "cazaba" una buena pieza con sus ojos. Pero llovieron pocos...Y de golpe, se oye desde lo más profundo de la tierra, como surgido de sus entrañas, un poderoso ronquido, como de troll haíto de hobbits suculentos.  ¡Valentí se había dormido profundamente!

2004 fue un año espléndido para el Priorat. Las temperaturas se combinaron mucho mejor con la lluvia y la humedad relativa y el vino de ese año pasa por ser uno de los mejores de los últimos decenios. A mí es de los que más me gusta. Hicimos además, gracias a todo lo que os he contado, nuestra primera vendimia en Mas Doix. Y para mí, hubo un antes y un después de ese 2004. Ese año tomé conciencia de verdad de qué significaban para mí los viñedos, la viticultura y hacer vino año tras año, ¿siempre igual?, ¡siempre distinto! Empecé a beber y a elegir, a probar, a conocer, a estudiar y en 2006 nacía este cuaderno. Comprenderéis, pues, el cariño que siento por las añadas de 2003 y 2004 en general pero sobre todo en la DOQ Priorat. Son dos añadas, además, que suelen contar muy bien (por lo menos en Europa), cómo funcionan las cosas en una bodega. Dicen mucho. Tenía guardada una mágnum 2003 de Mas Doix y no he querido terminar este decenio tan particular para mí sin abrirla. 49% garnacha, 47% cariñena, 4% merlot. Fermentación a temperatura controlada en inox y maceración de 4 semanas. 14 meses de roble francés nuevo. 14,5%.

Han pasado diez años y apenas se percibe evolución, ni en el color ni en sus aromas. Entras (en silencio) en el bosque de otoño. Ha llovido hace unos días: hojarasca casi seca. Corazón del bosque mediterráneo. Cierras los ojos (¡tú no, lector!):  matas de romero. Aguja de pino. Hierro y pedernal. Pizarra y raíces. El Priorat más puro en tu copa. No necesita más de un cuarto de hora para mostrar su dinamismo y un perfil íntegro. Y no va a caer un segundo hasta la última gota. Acidez y frescura. Mucha fruta abierta y persistente: cerezas penetrantes. Arándano rojo. Profundidad e intensidad. Ligereza y armonía. Un poco de hoja de tabaco seca. Bolas de pimienta roja en el árbol. Se ha convertido en un vino fino, ágil y elegante, con todos los colores del Priorat histórico en otoño. Alas de mariposa al amanecer: hermoso, fresco y sutil. Delicado. 

En septiembre de 2004, los niños también andaban por el viñedo, sí, pero sus ocupaciones eran otras, digamos más ¡robinsonianas!

La fotografía de la Vía Láctea, con la estrella fugaz, es de nate2b.

12 diciembre, 2013

Les Tosses 2011

Les Tosses
Recogimiento. Intensidad, rusticidad. No hay maquillajes en este vino. Monte alto: es un vino de monte y es un vino de altura. Los hobbits de la Comarca tuvieron que beber vinos así: raíz en el tronco del árbol. Amor por la tierra. Disfrute sin roces ni aspavientos. Hueles a piedra. Hueles a terreno umbrío. Hueles a labranza y a trabajo lento. Hombre y caballo en un paisaje sin más testigo que los pájaros. Brezo. Madera vieja. Tanino cuadrado. Vino de payés hecho por alguien con luces. Un arroz con becada… Ácido y fresco, el contraste con la caza madura y poderosa. Diálogo sereno y lúcido entre el viñatero y el cazador, vino y presa, grano de arroz mediante. Este vino, como pocos, se hace en el viñedo y allí donde lo bebes, piensas en esa tierra mágica. Es un vino de gran y sutil intensidad. El monje en su escritorio. Tinta casi negra. Apenas un hilo de luz atraviesa la rendija. Vino misterioso, nos recogemos y anochece. Lumbre en el hogar. Fruta negra. Mirto. Cantueso también. Zarzamora. Viento entre los arbustos. Cazuela con pollo, conejo y longaniza, verduras (zanahoria, cebolla, puerro, tomates enteros). Corteza del mejor pan de payés. Escanda. Violetas y picotas. El monte en otoño. Me cuelo en otra conversación, sincera, discreta, entre elfos y náyades. El corazón del bosque, el espíritu de la fuente. Fragancia y sencillez. Este vino y su viñedo tienen un poder tranquilo. Son dueños de sus actos. Son sabios. Han llegado a la madurez.

La fotografía es de Rafael López-Monné para Terroir al Límit.

02 diciembre, 2013

Vall-Llach 1998

El Priorat des de Mas de la Rosa
El Priorat desde Mas de la Rosa de Vall-llach (foto mía, de primavera de 2013).

1998 fue un año de calor y poca lluvia. Arrancó con un invierno seco que provocó un ciclo vegetativo de las cepas poco vigoroso, lento, casi miedoso. La sequía prosiguió durante el verano y las plantas fueron frenando el crecimiento del fruto para favorecer su maduración. Producción baja, pues, pero con uvas maduras, concentradas y un grado alcohólico alto. 1998 es considerado como añada excelente por la DOQ y yo creo que sí, que lo es. Con 2001 y 2004 en perspectiva, son de lo mejor que el Priorat ha visto en tiempos recientes. 2009 y 2010 quedan demasiado cerca como para saber realmente cómo andarán en diez o quince años. Creo que 2009 llegará. Tengo mis dudas sobre 2010, pero hay que esperar.

Vall-Llach es una bodega que, en este vino, siempre ha combinado uvas de cepas jóvenes con otras de mayor longevidad. En 1998 mezcló un 45% de merlot de Mas del Porrerà con otro 45% de cariñena de Mas de la Rosa, Sentiu i Finca Cabacés, más un 10% de cabernet sauvignon de la Devesa. Su proceso de vinificación pide largos años de afinado en botella (este 1998 reposa en las que queden desde la primavera del 2000, de las 4000 embotelladas), que suele dar grandes resultados. Cada vez que he hecho una horizontal de priorats de nombres muy reconocidos, Vall-Llach ha estado siempre entre mis preferidos. Despalillado completo, FAL en depósitos de acero inoxidable de 2500L, con remontados suaves durante los primeros siete días (temperatura controlada entre los 25ºC y los 29ºC) y un poco de bazuqueo manual. A los 40 días de maceración, descubado y prensado en horizontal. La FML la hizo, también, en los depósitos de inoxidable. El vino pasó a barricas Dargaud&Jaegle de madera nueva de grano fino y tostado ligero y medio. Durante los 17 meses de crianza se hicieron dos trasiegas.

No decanté el vino. Lo abrí una hora antes de empezar a beber (el tapón se rompió...) y sus inicios fueron malos, con un peso bastante grande del alcohol (¡todavía! Tampoco era tan mala noticia ésa) y un punto de acetatos no pequeño. Anoté en mi cuaderno: "bajada de la escuela de pequeño. Parada obligada en Editorial Bruguera: el olor de la cola mezclada con la del papel"...Pero ese no es aroma de vino...Tomé una decisión drástica. Retapé y esperé 24 horas. El vino encontró su equilibrio y aunque no acabó siendo uno de los mejores Vall-Llach con cierta edad que yo he tomado, sí empezó a dar lo que todavía llevaba dentro, sobre todo en aromas terciarios: el corazón del bosque en otoño. Neblina en el monte, de madrugada. El taller del ebanista: virutas de madera en el aire y en el suelo. Palo de regaliz justo cuando empiezas a chupar la madera. Hoja de tabaco madura. Aceituna negra muerta. Vino recio. Vino todavía entero. Vino con taninos muy serios y secantes. Guindas.