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27 mayo, 2018

Còsmic de Salvador Batlle Barrabeig

Salva a la Vajol autoretrat 25 de maig 2018
Autorretrato de viñatero en su condición de titán. Salvador Batlle Barrabeig en La Vajol, anochecer del 25 de mayo de 2018

Lo que este hombre ha sido capaz de hacer en cinco años en sus viñedos de Agullana y La Vajol (Altíssim Empordà) y Rodonyà (Serra del Montmell), al resto suele llevar una generación: recuperación, regeneración y conservación van de la mano de la creación y de la visión.

La Vajol (viñedo en la foto) es la visión, la sinestesia de un hombre de la tierra que camina por encima de las nubes: ve cosas donde el resto no. No quiero hablar hoy de vinos, sino de la persona. Ya lo dijo mi maestro, Marco Aurelio: ‘nada hay más admirable que el arte de la naturaleza, que sin haberse asignado más límites que los propios, cambia y aprovecha todo para hacer nuevas producciones. La naturaleza no necesita materia extraña. Ella sola se basta y encuentra todo lo necesario: lugar, materia y arte’ (traducción de Joaquín Delgado para errata naturae, Marco Aurelio, Pensamientos para mí mismo, Madrid, 2017, 8, 50).

Salva nace de la tierra, es naturaleza y piensa y actúa como ella, tal y como la describía el emperador-filósofo: no tiene más límites que los que él se impone y allí donde está, encuentra la forma de convertir en materia y arte (sus vinos de 2017 son eso) la tierra que trabaja. Su herencia no son solo esos vinos sino su visión integradora: de la tierra, con ella y para ella.

Me siento contento y orgulloso de poder andar con él trozos de su camino.

Còsmic Vinyaters

10 julio, 2017

RIM Empordà de Jordi Esteve

Vinya de Jan Tarrés i de Jordi Esteve, RIM,  al turó de l'Orlina, Rabós
Se hace difícil describir las sensaciones que tuve en este viñedo. El hombre en el centro: siempre es su mirada la que entiende, interpreta, actúa. El hombre fue Jan Tarrés y ahora es Jordi Esteve. La viña, cariñena de unos 70 años, está en Rabós (Alt Empordà), en la parte más salvaje y hermosa del valle que ha dibujado el río Orlina durante miles de años. Pizarra desmoronada, suave pendiente hacia el río, orientación sureste. Jan tiene 75 años y sigue trabajando cada día. De pequeño ya iba a la viña. Dejó de estudiar pronto porque sus brazos y sus piernas eran necesarios en casa. Siempre la ha cuidado con una atención y una complicidad que se intuyen a simple vista. Cuando hablas con él se refuerza esa impresión. Hace seis años llegó a la zona Jordi Esteve (RIM Empordà) pero se ha instalado en Rabós hace apenas tres meses. Buscó, y busca, mucho para tejer esa red imprescindible de complicidades que un joven necesita cuando empieza sin herencia de tierras a la que agarrarse. Encontrar, comprender, pactar, arrendar, cuidar, trabajar, vendimiar, hacer los primeros vinos, intercambiar, favorecer. Ayudar y ser ayudado.

Trabar con las plantas esa misma, íntima, silenciosa relación que Jan tenía con ellas. Eso ha hecho Jordi. Parece sencillo decirlo pero es casi imposible de encontrar. Esta viña del Orlina me dijo tantas cosas en apenas una hora... Pocas veces como ésta he tenido un sentimiento de felicidad colectiva. No había alboroto en las cepas, había unidad y grupo,  la sencilla alegría de sentirse bien las unas con las otras. Todo en su sitio. Sentimiento de pertinencia. El viento y la humedad son las necesarias. La protección de los montes que perforó el Orlina es buena. No hay sobresaltos ni plantas mejor tratadas que otras. Se sienten todas en armonía juntas y te transmiten esa sensación. La sentí de forma íntima, con la suavidad de la persuasión, con el susurro que las cepas liberan cuando encuentran el equilibrio con su entorno, del que también forma parte la persona que las cuida y el resto de seres que viven allí. No hubo avisos previos. Estaba ahí y la sentí.

Stefano Mancuso y Alessandra Viola (Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, Barcelona, 2013) llaman a esa cualidad  grupal "propiedades emergentes". Son las "típicas de los superorganismos o las inteligencias de enjambre. Se trata de aquellas propiedades que las entidades individuales desarrollan sólo en virtud del funcionamiento unitario del conjunto: ninguno de sus componentes las posee de forma autónoma. Ocurre con las abejas o las hormigas que desarrollan una inteligencia colectiva muy superior a la de las partes individuales que las constituyen".  Comprendí que las cepas actúan como viñedo de la misma forma. Vi que las raíces y las hojas se comunicaban entre ellas y con el entorno. Sentí que reconocían y valoraban cuanto necesitan para sentirse bien. Percibí que tenían casi la necesidad de transmitir ese bienestar porque, por lo menos durante el tiempo en que estuvimos allí con Jordi, el viñedo se manifestaba como si fuera "el nexo que une las actividades de todo el mundo orgánico" a su alrededor, como si fuera "el centro energético" del mundo, de su mundo. En ese momento. Allí.

He podido ya beber algunos vinos de Jordi Esteve que tienen la fuerza de esta y de otras tierras cercanas (también en Vilamaniscle): su clarete Tot d'una 2016, que mezcla garnachas blancas, grises y tintas es un hallazgo iluminador, una de las refrescantes alegrías de este verano; su RIM Negre 2013 y también el 2016, (aunque éste  necesita todavía reposo en botella), te hablan del arraigo de la cariñena en esta tierra de privilegio y de todos los aromas de la maquia concentrados y transmitidos con profundidad y finura. Pero cuando pueda embotellar la alegría y el bienestar que transmitía este viñedo del Orlina, ese día comprenderemos mejor la complicidad entre hombre y naturaleza vegetal que, por si alguien lo dudaba, tiene que ser recíproca. No sólo la sentiremos y mal intentaremos describirla. ¡Nos la beberemos!

28 mayo, 2017

Apoikia Àmfora 2016: en casa de nuevo

Apoikia 2016 vasija tras la katábasis
En un mundo casi desaparecido, en el que la naturaleza y la tierra cultivada modulaban el ser y el sentir del hombre, existían dos formas de conjurar la mortalidad de los cuerpos. La primera, y más habitual, consistía en aceptar que la clave de esa "inmortalidad" residía en la regeneración de las cosas: nada se perdía, todo se reciclaba. El ser humano observaba el ciclo de la vida a través de las estaciones, lo representaba en un círculo que, por definición, nunca empieza ni termina, y todas las energías se identificaban con él. Nada moría ni nacía. Todas las cosas que se vinculaban con la naturaleza de una forma cíclica, personas, cosechas, vidas y muertes, se transformaban. En 1847, Hermann von Helmholtz formuló exactamente ese sentimiento ancestral como  la "ley de conservación de la energía": las energías pueden adoptar otras formas, pero no ser destruidas. Así pues, la energía no nace ni muere, se transforma. Cualquier energía: la de las emociones y los sentimientos, también.

Existía una segunda forma de acceder a la inmortalidad, aunque fuera temporal. Si uno pactaba con los dioses porque tenía una misión transcendental que resolver, podía recibir permiso para visitar el mundo de los muertos y volver de él con vida. La transcendencia era metafórica, por supuesto, porque en esa misión concreta, se concentraban e identificaban los anhelos de todos los mortales. Por suerte para nosotros, siempre había además algún narrador de excepción que nos contaba cómo había ido la cosa. Así, por ejemplo, sabemos de los viajes de Gilgamesh, de Odiseo, de Orfeo y de Eneas. Todos ellos viajaron al reino de la oscuridad y fueron de nuevo llamados a la luz, con resultados y fortunas desiguales pero siempre con la idea de la superación personal como meta: acercarse a la frontera de lo desconocido, penetrar en ella, explorar y salir indemnes y más sabios como metáfora de un convencimiento. Somos instrumentos en manos de los dioses, es decir, de la naturaleza, para que la rueda de los acontecimientos siga moviéndose.

No suele relacionarse con estos descensos a la oscuridad otra aventura de Odiseo, la que Homero cuenta en el canto 9 de la Odisea, cuando el barco del héroe se adentra en la más absoluta oscuridad para atracar en la isla de los Cíclopes. Si a la isla llegan con ausencia de luz y con niebla, cuando entran a la cueva de Polifemo, la exploración es, ya directamente, otro viaje a los infiernos pero, de nuevo, en vida. Los compañeros de Odiseo van siendo devorados por el cíclope, quien acompaña su antropofagia delirante con leche de oveja recién ordeñada y pura. Pero nuestro astuto héroe se sirve del mejor vino que transportaba para emborrachar al bocazas de un solo ojo, clavarle una estaca de olivo ardiente, dejarle ciego y acabar saliendo de nuevo a la luz, que es la vida. Por primera vez en las historias que la literatura de los hombres nos ha legado, es el vino y la estrategia, además de la valentía acompañada de sensatez, las que permiten al héroe seguir su viaje tras visitar el reino de la muerte.

Agnès y Manel, de Apoikia, han buscado una vía intermedia y, en este sentido, tan nueva o tan vieja como es el mundo desde que los hombres hacen vino en él y lo entierran en vasijas en el suelo. Vieja porque desde muy antiguo (por lo menos desde los tiempos de Noé, si no estoy mal informado) el fruto de la tierra en forma de mosto que se está convirtiendo en vino, se lleva a vasijas que reposarán unos meses su embarazo para acabar "pariendo" un vino que será la más sincera manifestación de esa misma tierra. Nueva porque las tradiciones y personas que utilizan esta técnica suelen poder acceder a las vasijas de barro por su boca en superficie, por muy protegida o tapada que esté. No ha sido este el caso... Agnès y Manel decidieron someter a su aglianico a una suerte de muerte en vida. Lo pusieron en vasijas y las enterraron por completo bajo tierra. Sabían donde estaban y a los ocho meses lunares, en un momento especialmente propicio, decidieron convocar a los dioses, pactar con ellos e intentar que el vino, que estaba en el reino de la oscuridad, saliera de nuevo a la luz.

Creo que Gilgamesh no estaba presente, pero el resto sin duda sí: Odiseo, Orfeo y Eneas llegaron de la mano de Homero y de Virgilio. La luna, casi nueva, estaba frente a Aries. Y todos, en silencio y mirando al monte que había protegido a las vasijas, bajamos para llevarlas de nuevo a la luz. Sin darnos cuenta, el mundo se había convertido en una enorme cueva, Sileno yacía en ella y nosotros estábamos ya abriendo la primera vasija ante él, olíamos el vino y lo servíamos en una copa. Sin mediar petición ni ruego ni chantaje alguno, el tutor de Baco empezó a contarnos la historia del mundo a partir de unas uvas que, convertidas en vino, eran en realidad mucho más que vino. Representaban, en el suelo de la viña y bajo la protección de nuestro cielo azul, las cuentas de una esfera que no se ha roto y que seguimos dibujando porque sabemos que sólo en el respeto a la tierra y a uno de sus hijos emblemáticos, el vino, encontraremos  nuestra más profunda vinculación con ella y parte de la razón de nuestra inmortalidad.

Fuego y tierra, calor: energías contenidas en una copa, dureza y fluidez. Buscar una voz a través del vino. No hacer por hacer ni copiar por inercia. Tener una idea del vino y convertirla en tu voz. Que el vino sea tu voz. Aglianico pues, pero bajo la protección del Montgrí, no del Vulture (no tan lejos de donde Eneas descendió a los infiernos). No hay más que tierra comprendida y tratada con el máximo respeto, uva y fermentación. Vasija enterrada y ocho meses lunares. Rústico pero amable, discreto pero intenso, cerezas y mirto, violetas y corteza de naranja, flor de lavanda silvestre y retama, profundidad y luna nueva. La primavera sirve para esto: para que los seres que podrían parecer muertos vean la luz de nuevo, para que las energías se renueven y transformen, para que el vino auténtico fluya como metáfora de la vida nueva, de la vida que vuelve. La emoción y el deseo son energías que también se beben.

Ps. Esta  extraordinaria aventura no hubiera sido posible si Agnès y Manel no hubieran tenido una gran complicidad con Eloi, de Bonadona Terrissers, que les hizo las vasijas tal y como ellos las querían.
Apoikia 2016 vasija vacía tras la katábasis

30 julio, 2016

Carlania Celler: la sonrisa


Hace ya años que conozco a Sònia y a Jordi, de Carlania Celler (Barberà de la Conca, DO Conca de Barberà): ¡mi primera nota de un vino suyo es de la vendimia de 2012! Siempre me ha gustado su actitud y la vinculación de sus vinos con la tierra de la Conca, una de mis tierras queridas. Ellos mismos tienen algo especial, cada uno de ellos por separado y ambos como pareja: Sònia es la energía dulce, la brisa fresca que luce una sonrisa permanente, nadie la desviará de su camino... siempre con esa sonrisa! Jordi es el anclaje con la tierra, la reivindicación, la firmeza y la tozudez sincera: nunca tuerce el gesto ni desvía la mirada, siempre de frente. Ambos... me viene una imagen recurrente: conducen un coche de caballos percherones, fuerza, energía también, sencillez y belleza, trabajo concienzudo, pero parece que van un poco cuesta arriba y con el freno no desbloqueado del todo. El carro avanza, sí, pero a un rimo que, intuyes, no es el suyo...

Las cosas cambian de forma definitiva cuando tras años de cultivo ecológico con sus prácticas correspondientes en la bodega, deciden dar el salto, comenzar con prácticas biodinámicas y, en la vendimia de 2015, hacer ya algunos vinos con los mínimos tratamientos en el campo y ninguno con insumos en la bodega. Los campos están preparados, las uvas responden con su salud, su firmeza y su calidad, y ellos, que han hecho un largo y duro camino para llegar a este momento, deciden que también están listos. Tan sencillo como esta otra imagen: el carro se queda en la cochera y Jordi y Sònia empiezan a cabalgar sus "percherones". Los vinos desbordan energía, los sabores toman el mando y los aromas se apoderan del campo y de la bodega. En la copa, el cambio es evidente: el trote del vino es alegre y confiado.

El sábado de la semana pasada fue un día especial: en la celebración del cumpleaños (5) de La Conca 5.1., algunas bodegas ofrecían sus vinos. Y entre ellas, Carlania Celler. Yo sabía que ellos estaban e intuía que sus "percherones" cabalgarían en esa puesta de sol siempre única. Ellos sabían que yo iba y que, por primera vez, bebería sus nuevos vinos, Sant Pere d'Ambigats 2015 (macabeo y trepat en blanco), El Plantarga 2015 (trepat muy clarete) y Petit Carlania 2015 (trepat con una buena maceración y color más intenso). Era un día ideal para beber vinos con el menor tratamiento posible. Sucedía, además, casi junto a las viñas donde nacen y en el pueblo donde se hacen. Los bebí todos con calma y concentración y sentí, por primera vez en los vinos de Jordi y Sònia, que la promesa de lo que podían ser se había hecho realidad. Les miré, sonreí. Me miraron y una enorme sonrisa se dibujó en sus caras. Su sonrisa sabía a uva y sólo a uva, sabía a alegría y a esfuerzo, sabía a compromiso con sus fincas (Sant Pere d'Ambigats, Els Corrals y El Plantarga en estos vinos) y con su pueblo, sabía a la arcilla que se había compactado con la lluvia del día anterior, sabía a cereales y a rastrojo, a pimienta roja y a hinojo salvaje. Su sonrisa sabía a pacto con la naturaleza y a placer por haber llegado a un lugar soñado, sabía a felicidad. Sus nuevos vinos cabalgan ya libres como ellos. Me hicieron feliz y seguirán haciéndolo por mucho tiempo.

Ps. La fotografía de paisaje de la Conca de Barberà es de Angela Llop.

01 junio, 2016

10 años y un vino: Mas Doix 1902 2009


Agosto de 2003. Tumbados cerca de un olivo centenario en Ultramort, nos absorbe la lluvia de estrellas de la noche de San Lorenzo. No a todos... Valentí Llagostera (Mas Doix) ha sido ya abducido y rompe la noche con sus ronquidos. De la espontaneidad nacen amistades verdaderas. De ese ronquido estrellado nació una, junto con la promesa de una vendimia futura.

Septiembre de 2004. Tras una vendimia muy compleja en 2003 (esos malditos calores que azotaron Europa...), 2004 se presenta con unas maneras, unas frescuras y unos puntos de maduración históricos. La promesa se hace realidad y a pesar de las lluvias que en el Priorat septembrino no son infrecuentes, disfrutamos de nuestra primera vendimia entre Poboleda y Escaladei.

Mi relación con el mundo del vino cambia radicalmente desde ese momento. Estar en el campo a los pies del Montsant, vendimiar en viñedos de cariñena y garnacha de costers históricos (no sabía en esos momentos que uno de ellos era, además, más que centenario), entrar la uva, seleccionar y empaparte de los aromas de la fruta y de ese inicio de fermentación que todo lo llena y todo lo puede... La parte más auténtica y profunda de la cultura del vino muerde mi alma. No hay posible vuelta atrás. No la ha habido ni la habrá ya. Me dedique a lo que me dedique, el vino está ya en mí y forma parte de mi manera de ser. Por primera vez me siento integrado en la naturaleza hecha paisaje con vides, no soy un mero espectador. Ya no me conformo con descubrir y beber. Quiero entender y formar parte de esa comprensión y de su transmisión.

Octubre de 2005. Tras otra vendimia muy buena (en la DOQ Priorat, 2004 y 2005 son dos grandes añadas, aunque por razones distintas), volvemos con Valentí de Poboleda a Barcelona. Conduce él y como quien no quiere la cosa (es discreto en sus proposiciones), me dice "oye... a ti que te gusta tanto la literatura" (él conoce bien mi formación y mi trabajo) " y también escribir, y ahora estás empezando a estudiar y a conocer el mundo del vino, ¿por qué no escribes un blog de vinos?" "¿Un qué...?!", pregunté yo. Él (siempre muy en la última tecnología) me contó de qué iba la cosa. Llegué a casa y empecé a investigar. Desalentadora búsqueda al principio... Blogs que parecían libros, mínima presencia de fotos, nula atención a qué requería el medio, a la compaginación entre texto y fotos, al tiempo que una persona dedicaba a leer un post...

Junio de 2006. Aprendí la técnica, seguí estudiando y bebiendo y el 1 de junio de 2006, hoy hace 10 años, me lancé. Gracias a Valentí, me lancé. No pienso hacer ninguna reflexión sobre los blogs ayer y hoy: prometí dejar ese camino. Sólo quiero decir que este blog se ha convertido, con los años, en una fantástica herramienta de aprendizaje para mí: de aprendizaje de lectura y de escritura, de vinos, de maneras de hacerlos y de personas que los hacen y los disfrutan. Este blog ha sido la mano abierta y tendida que ha estrechado quien ha querido. Ha sido la aldaba que ha llamado a las puertas de tanta y tanta gente del vino sin encontrar jamás un "no" por respuesta ni pedir una publicación a cambio. Quizá algún "vuelve mañana, hoy no puedo" y algún "no estoy", pero jamás un "no". Ha sido, además, la puerta a una enseñanza de vida que jamás hubiera soñado tener. Me ha hecho disfrutar, vivir, cambiar, viajar, escuchar, mirar y ver, charlar, sufrir y reencontrarme, ser otra persona. Me ha permitido integrarme, confundirme, compartir, emocionarme, percibir las cosas de otra manera. También ayudar. Ha sido una bonita herramienta de transmisión, de información, de colaboración, de ayuda. Pasiones compartidas con tanta gente...

Junio de 2016. No se me ha ocurrido mejor manera de celebrar estos 10 años de vida que abrir y beber la botella que Valentí nos regaló de las uvas que crecen en el coster centenario que alguna vez habíamos vendimiado. Ahora el vino tiene nombre, Mas Doix 1902 (el año de plantación de esa cariñena). Y 2009 fue la primera cosecha que embotellaron. He tenido la suerte de poder beber alguna de las "pruebas de autor" que los Doix-Llagostera habían hecho antes de esta primera botella comercializada, 2005 por ejemplo. Desde el primer momento he pensado que es un vino único, nacido en un lugar muy especial, que explica como pocos la historia del Priorat (la importancia capital de Joan Doix y de su padre) y transmite como pocos los sabores y aromas de una parte de esta tierra. 2009... Año de nieves en invierno y de lluvias en primavera. Año de calores extremos en julio y agosto, aunque con noches frescas. Año de lluvias y temperaturas más moderadas en septiembre. 2009: un año muy bueno... Doble mesa de selección, fermentación a temperatura controlada con sombrero sumergido, 16 meses en barricas de roble francés de grano extrafino, embotelladas 850 botellas en mayo de 2011 sin clarificar ni filtrar. La mía ha sido la número 372. 15%.

(29 y 30 de mayo de 2016) Muros de piedra seca rodean el monasterio. El scriptorium huele a anochecer, a pergamino y a piel de ternera, a tinta azul bien oscura. Los ojos de este vino están en las manos, las manos en la tierra. En la tierra se hunden las raíces viejas de cariñena, en la cariñena está el cielo. El olfato sigue las huellas de los dedos del monje. Finura y elegancia. Intensidad y atención. En la copia existe la lectura previa; en la memoria, la traición. Hay que leer siempre con ojos nuevos, aunque sean los de la memoria antigua, intuitiva. Este vino huele a Virgilio, huele a pureza intacta, huele al final de las Bucólicas. (Apolo en Baco: vino coronado de laurel.) Humo a lo lejos en el anochecer del Priorat. Sombras redobladas por el sol que se oculta. Las hogueras señalan el camino al que vuelve del campo. Hierro y fuego. El pozo de agua fresca da la bienvenida. Laderas de llicorella, tierra de austeridad. Cuando bebes este vino, el silencio se impone como norma: la palabra precisa, el sentimiento, no tienen por qué pronunciarse. Siempre están contigo para quien quiera entender. Y volver a la ley del poeta, que es la de la observación, la de la sabiduría discreta, la de las sensaciones sin filtros y sinceras. En la naturaleza está la medida de todas las cosas, también las que no se entienden. Y su transmisión.

Gracias de corazón a todos los que me habéis ayudado a llegar aquí, hoy.

13 mayo, 2016

Nin-Ortiz, Planetes de Nin blanc 2014

La cariñena blanca de Ester Nin y Carles Ortiz surge de la profundidad de la tierra para enamorarse de la luz. Tiene la capacidad de mostrar cómo es la tierra del Priorat en forma de vino blanco. Quizá sea ésta su naturaleza perdida. Puedes leer la página completa (en línea) en El País Semanal de 6 de mayo de 2016.
Ester Nin

10 abril, 2016

125 años no son nada

Chipironcitos fritos de La Fitorra Hotel Cèsar en Vilanova i La Geltrú

9 de abril de 2016. Celebramos 125 años de tradición hotelera ininterrumpida en el Hotel Cèsar de Vilanova i la Geltrú. Otros emplazamientos, otros nombres para el hotel, otros apellidos incluso para sus propietarios, pero siempre una misma voluntad. La que la familia Nolla ha sabido mantener durante los últimos decenios. Somos clientes discretos del hotel y de su restaurante, La Fitorra, desde hace unos diez años. Me gusta observar y ver cómo se construyen y desarrollan las cosas. Y para poder explicarlas, en este caso no había historia que resumiera mejor el espíritu de las hermanas Nolla y de Joanaina Escalas que la pequeña fábula con la que David Foster Wallace se dirigió a los estudiantes del Kenyon College el 21 de mayo de 2005 (la traduzco del libro de Nuccio Ordine, La utilitat de l'inútil. Manifest, Quaderns Crema, Barcelona, 2013, p.29):

"Érase una vez dos peces jóvenes que nadaban y se toparon, por casualidad, con un pez más viejo que iba en dirección contraria; el pez viejo saludó con la cabeza y les dijo: 'buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?' Los dos peces jóvenes continuaron nadando un rato; por fin, uno de ellos miró al otro y le dijo: '¿qué demonios es el agua?'"

Foster Wallace proporcionaba la clave de lectura de su relato: "el significado de la historia de los peces es sencillamente que las realidades más obvias, ubicuas e importantes son, con frecuencia, las más difíciles de ver y de discutir". Ordine remata: "como sucede a los dos peces más jóvenes, no nos damos cuenta de qué es realmente el agua en la que vivimos cada minuto de nuestra existencia." La historia de los dos peces que no saben qué es el agua por la que nadan me sirve para explicar que el ambiente que se vive y respira en el Cèsar es como el "agua" en la que vivimos: cuanto sucede en el hotel entra de forma natural y "obvia" en nuestro cerebro. Como el "agua" en la que vivimos, los pequeños detalles son los que justifican cada minuto que pasamos en él.

Esos pequeños detalles "tienen la belleza de la segunda mirada, el tipo de belleza que sólo se revela con la intimidad" (Jonathan Franzen, Puresa (Purity), Editorial Empúries, 2015, p.762, mi traducción del catalán). Así es como siento la evolución del Cèsar y de La Fitorra: los colores de las paredes, los detalles en el patio, las flores y plantas que lucen en los parterres, incluso los troncos cortados y no arrancados para que apoyen nuevos adornos... Las segundas miradas revelan la auténtica belleza de las cosas y de las personas, la belleza de aquello que no es tan aparente ni inmediato a la vista... Y en la cocina de La Fitorra siguen haciendo las cosas bien, sin estridencias y mejorando: los chipironcitos fritos con cítricos de la foto superior me llevaron a Los encuentros en la tercera fase sin más. Realmente tan ricos que parecían de otra galaxia. Y por primera vez en mi vida, descubrí que el nuevo rol de Manel Avinyó (Clos Lentiscus, Can Ramon, Viticultors del Montgròs) es el de Richard Dreyfuss... Su espumoso, método tradicional con segunda fermentación en botella, DO Penedès en la cosecha de 2013, es una de las mejores formas de comunicarse (esa música...) con la gastronomía y el territorio del Garraf marítimo: 62% malvasía de Sitges y 38% xarel.lo, sin azúcares añadidos y 20 meses en rima (degüelle de diciembre de 2015) que aportan aromas de maquia, sequedad y frescura del atardecer, retama lamiendo la cal. Una maravilla.

Hotel Cèsar, chipironcitos de Vilanova y Clos Lentiscus Blanc Brut Nature 2013 en el restaurante La Fitorra: todo predispone, con amable sencillez, a entender que el "agua" siempre está a tu alcance porque vives en ella. Basta con que sepas mirar con atención y entender. Y pasarán otros 125 años sin que nos demos cuenta.
Clos Lentiscus Blanc BN 2013

14 febrero, 2016

Clos Lentiscus BdB Clàssic BN 2012

Clos Lentiscus BdB Clàssic BN 2012
El lentisco milenario (pistacia lentiscus, "llentiscle") es el símbolo de Can Ramon, viticultors del Mongròs. Surge en el centro de su finca en el Garraf y es uno de los árboles que más a gusto se siente cerca del mar. Como las cepas (mayoritarias de la malvasía que arraigó en Sitges y de sumoll) que Manel Avinyó trabaja de forma ecológica en el macizo. Las uvas encuentran (ellas solas por más que alguien las haya plantado) sus territorios de preferencia. No puedes hacer que la tierra haga decir a la cepa cosas que ésta no quiere decir. Y no hay duda: terrenos de caliza dolomítica, arcillas blancas, roca madre aflorando casi en superfície, viento y mar, sol y altura, cultivos que no alteren la comunicación entre uva y tierra, son buenos para la malvasía y el sumoll. Así, estas uvas (por más que suelan identificarse con otro tipo de vinos y territorios), tanto como los olivos silvestres, los lentiscos y los margallones, se convierten en símbolos de una tierra y de una forma de entender la vida, discreta pero intensa y de profunda belleza.

Y de una bodega centenaria como Can Ramon. Desde el siglo XIV habitan a los pies del Montgròs (359 msnm), en la estribación sureste de la sierra del Garraf, la más cercana al mar. Algún día, la historia de las uvas y los vinos del Penedès hará justicia a gente como Manel, luchador incansable de la causa del territorio, de la marca del sabor y de las fragancias que éste tiene, con una capacidad y sensibilidad cada vez mayores para llevar este cúmulo de sensaciones a una botella. Manel es uno de los expertos de esta tierra en burbujas, sobre todo en segundas fermentaciones en botella. Sin duda, una de mis preferidas es esta malvasía monovarietal de añada, que él llama Blanc de Blancs, esencia pura de un 2012 seco entre los secos en unos viñedos que saben cómo sobrevivir a las condiciones extremas. 12,5%, 25 meses en rima y una capacidad enorme para envejecer y dar alegrías en los próximos años. Degollada mi botella el 24.11.2015, un poco más de reposo le irá bien, pero está ya como para disfrutarla con intensidad: aromas de maquia y de secarral, polvo de talco, vientre de cantera, frescura sin matices pero con aires de sobriedad, piedras al sol, olivas estrujadas, pino y retama, concentración y amabilidad, terpenos y el dulzor de la uva lejanos pero que surgen tras unos pocos tragos. Viento y placer. El mar brilla en la copa.

Es un vino para cualquier momento de placer y de charla distendida, sea alrededor de una mesa o a solas frente a la inmensidad y belleza perturbadoras del mar que se ve desde el macizo del Garraf.

15 noviembre, 2015

Vinyas d'Empremta

Vinyas d'empremta
Isidre ("Sidru") Vinyas es un hombre que llega a la tierra y a los viñedos por causas muy distintas a las que me llevaron a conocerle. Nació muy cerca de ella (en Navàs), su infancia y sus recuerdos se hicieron en ella. Pero su conocimiento íntimo de ese trozo histórico de la Catalunya central (entre Manresa y Berga, "els replans", los rellanos del Berguedà) viene de que lo ha recorrido palmo a palmo. La vida y sus circunstancias favorables (en este caso y para los que amamos el vino sin retrancas), llevaron su cabeza y su cuerpo al deporte de élite. Muchos los practicados y siempre en posiciones muy destacadas. Pero dos de ellos (Murakami...) le dieron una visión única de esta tierra y un conocimiento (me atrevo a decir) íntimo: las carreras a pie y la bicicleta todo terreno. Son deportes que, en el caso de Isidre, me atrevo a llamar "no intrusivos". Yo no estaba, claro..., pero no tengo dudas: había tanta atención y ojos puestos en el camino, en los pies y en los pedales, como en todo lo que su vista y su cerebro iban grabando.

Porque lo grabaron todo. Todos los caminos. Todo el patrimonio fuera del tipo que fuera: las piedras más características; los lagares excavados en el suelo desde el siglo VIII-IX hasta los más recientes (ya excavados en vertical y con cerámica esmaltada en las paredes) del XIX y XX; Las prensas sobre la piedra, también, horizontales y verticales (desde el siglo XII-XIII hasta el XIX); las iglesias románicas; las necrópolis...Todo. Todo. Con amor, con pasión, con minuciosidad. Por supuesto, también los viñedos históricos, los muros de piedra seca, las cabañas en el viñedo: la memoria, los recuerdos vivos, aunque por el suelo, de una tierra que vivió por y para el vino. Los agros perdidos de Antonio Saborido venían sin cesar a mi memoria. Cuánta tierra preparada, cuántos miles de toneladas removidos para rellenar terrazas, cuántos muros de piedra seca centenarios...Para acabar llegando a una mirada nueva, la de Isidre, ingenua, que todo lo ve, que todo lo imagina, que todo lo indaga, que todo lo reconstruye. Primero en su mente, después (por desgracia para él, por suerte para nosotros, y tras duros momentos en que el cuerpo dice basta y le aparta del deporte de alto nivel) sobre el terreno.

Recupera los viñedos más antiguos de macabeo (de 1901...); limpia y pone al descubierto las terrazas más adecuadas, orientadas al sur y al este: cientos de toneladas de desperdicios (homo homini lupus...) son recicladas; pacta con amigos y vecinos el cuidado de cepas ancestrales de la zona (mandó, picapoll blanco, garrut, macabeo, turbat...). Empieza una vida nueva y se convierte en un hombre nuevo. Llega a la tierra y la tierra le atrae, se lo hace suyo. Practica ya la biodinámica y toda aquella atención y cuidado que ponía en conocer parajes y caminos, se vuelca ahora en los viñedos. No  hay dogmatismos ni apriorismos porque no ha habido escuela: sólo amor y observación, cuidado y paciencia. Ha aprendido, sin que nadie le enseñe. Su maestra ha sido la naturaleza: la tierra  y las cepas, cuanto más las observes y menos las toques, mejor. Atención personalizada a cada viñedo. Un camino de futuro se abre ahora. Eso dice la maestra. Le acompaña su familia entera, pero sobre todo sus hijos Gerard y Berta. Berta es muy joven. Veremos por dónde va aunque sus primeros pasos son interesantes.

Gerard es el complemento no buscado de su padre, el contrapunto imprescindible para que el conocimiento intuitivo, las sensaciones, las energías que la tierra manda se conviertan en acciones con cordura, tanto en el campo como en la bodega. Isidre es un hombre que llega a la tierra. Gerard nace de la tierra, es ya tierra. Su manera de hablar, de moverse por ella, sus reacciones fuera de ella, me recuerdan el barro bíblico: Gerard lleva la tierra en sus entrañas y la vive como se viven las cosas en carne propia. Su pasión por la biodinámica, su idea clara de que el mejor vino es el que nace de la mejor uva (una frase tan manida, tan fácil de pronunciar o de escribir y tan difícil de llevar a la práctica), su voluntad de acabar haciendo en la bodega lo mismo que ya hacen en el campo, acabará dando entidad nueva a una tradición que estuvo a punto de morir en la zona. ¿Tierra de nadie? No... Tierra de todos, tierra de paso, tierra de un sinfín de variedades locales. Tierra que ellos conocen como nadie y que está ya dando vinos que hacen ladear la cabeza y pensar "¿pero qué está pasando aquí...?

No los he bebido todos, pero creo que no me hace falta. Sé bien por dónde van las cosas e intuyo que Vinyas d'Empremta es una de esas bodegas que formarán parte de mi felicidad vínica. Ya han dejado bonitos recuerdos en mi memoria y en mi paladar: un excelente Sucamulla 2014 (70% macabeo de 1901 y 30% picapoll blanco, sin filtrar ni estabilizar), que es una vibrante tarjeta de presentación, un vino lleno de campo verde, de energía, de amargores nobles, de presencias sutiles... Y una meta o, por lo menos lo que yo considero ya una primera meta: Rusc 2013. Un vino monovarietal de "turbat" (así lo escriben en la zona, aunque también podria ser "torbat": Favà i Agud, en su libro fundamental de ampelonimia, lo identifica con el "trobat", francès "troubat", sardo "trobadu", italiano "torbato", pero con seguridad no se trata de la misma uva porque para Favà es tinta...). Y este turbat del Rusc 2013 es una uva blanca que, vinificada con muy poco ruido por los Vinyas, recuerda mucho a algún tipo de malvasía del Collio (la de los Skerlj, por ejemplo). Es un vino vibrante pero discreto, de matices muy extensos y que llegan poco a poco: seco y con volumen, punzante y amable. Un cesto lleno de membrillos algo verdes y de cidras. Aires metálicos y minerales, de arena granítica. Sólido y ligero al tiempo. Pomelo rosa y toronjil. Recuerdo lejano de los hollejos al cabo de unas horas. Flor de azahar muy discreta: pasó ya la floración pero ese aroma flota todavía en el fresco de la noche... El membrillo empieza a madurar y se enamora del sol de la tarde en la cocina. Austeridad y atracción. Flor de retama. Aromas del arbusto de hierba luisa. A lo lejos, el recuerdo vago del Peloponeso: aire puro, agua azul y profunda, sequedad y amabilidad, oscuridad y profundidad, luz y fruta al sol. Energía. Paciencia. Longevidad. Con los días, el sol del membrillo se apodera de la piel del vino y llegan, también, la intensidad y los aromas del primer aceite. Un gran vino. Unos Vinyas que tienen todo por mostrar (apenas cinco años de historia tiene la bodega), pero que ya me han dejado una huella profunda por su compromiso con la tierra, con su patrimonio, con sus cepas, con el fruto que sale de ellas. Nos seguirán dando alegrías.
Rusc 2013 2

20 octubre, 2015

Terroir al Límit Les Manyes 2013

Terroir al Límit Les Manyes 2013
Una de las mayores singularidades del Priorat es, también, una de sus mayores riquezas: la diversidad de suelos, de alturas, de orientaciones de los viñedos combinada con la riqueza de variedades de uva plantadas en ellos, hace que las posibilidades al alcance del viticultor avisado sean casi infinitas. Una garnacha tinta típica de esta DOQ plantada a 350 msnm sobre una llicorella ferruginosa tendrá muy poco que ver con otra plantada a más de 700 msnm sobre suelo de arcillas rojas, cantos rodados y sedimentos marinos. Y ambas son Priorat auténtico. Ésta es una de las cosas que más me gusta de la zona: la capacidad de sorprenderme que sus tierras, uvas y viticultores jamás agotarán.

A nivel de gustos, ya se sabe, no hay nada escrito, pero confieso que uno de los sitios donde mejor percibo una parte del alma de esta tierra es en las alturas. Cuenta la leyenda que los cartujos encontraron esas alturas gracias a unas escaleras. Yo, que creo en otros dioses menores, me conformo con los viñedos altos del Priorat y confieso que las garnachas de Les Manyes, de Masdeu, de Sant Antoni me dan unos aires entre la solemnidad, la rotundidad y la sencillez, que me enamoran. Por supuesto: hay otras garnachas de altura en los montes centrales de la DOQ que me gustan mucho, pero éstas me parecen sublimes...

Les Manyes 2013, 13,5%, de Terroir al Límit. Donde la infusión parece, casi, extracción. El poder de la tierra y de la uva en esta añada se manifiesta más a través del suelo y de la vinificación que de la sutileza de la fruta. En octubre de 2013, claro...porque éste es de los vinos que irá mejorando con los años, muchos años... Cae en la copa como las lágrimas de María en la Piedad de Miguel Ángel lo hacen sobre el cuerpo del hijo muerto: suavidad, ritmo, cadencia, sentimiento. Es un vino de culto. Noche en el monte bajo las estrellas, avanza el otoño. El recuerdo de la brasa en el hogar, sí, pero el espectador no pierde su puesto seducido por un cielo puro, cautivado por los aromas frescos del monte, la arcilla roja tras la lluvia... Majestuoso y lento: el vuelo del aguilucho sobre el Montsant. Intenso: la oscuridad e intensidad de la cueva del ermitaño. Sencillo: manojo de hierbas del campo sobre una mesa de madera en la cocina. Puro y fuerte: crines de caballo percherón al trote. Redondo y limpio: el globo aerostático se recorta sobre el cielo de enero. Un vino en las alturas.

04 octubre, 2015

Caus Lubis de C. Esteva: 25 años

Caus Lubis 25 anys
Carlos Esteva es el hombre necesario, el hombre tranquilo y de convicciones sólidas. También es el hombre discreto. Si alguien me preguntara: ¿qué consideras imprescindible para que un territorio vinícola, una DO, una tierra de vinos... arranque y encuentre algún rumbo? Contestaría sin dudas: gente como Carlos Esteva en él. Carlos educó su paladar en los grandes restaurantes de España y de Francia, aprendió, disfrutó y se enamoró de vinos emblemáticos franceses, italianos y españoles. Y tras una etapa de su vida por la que todos tenemos que pasar (qué soy, hacia dónde voy), su camino le llevó al Garraf, a Can Ràfols dels Caus. Esa etapa sucedió en Menorca. En ella vendimió uva, la pisó con los pies, la prensó (no sé cómo...) y por primera vez, y de una forma por completo intuitiva, hizo vino.

En Can Ràfols dels Caus encontró una masía de cuatro paredes justas y un techo, que ha convertido en baluarte espiritual de "garrafidad". En sus tierras encontró la pureza entre montes que le ha permitido (desde siempre) vinificar con las levaduras del viñedo y, desde hace unos ocho años, trabajar además la tierra en biodinámica. En su zona se atrevió a intentar poner en una botella el mensaje de su sueño: se pueden hacer buenos vinos de larga guarda con alguna de las grandes uvas europeas en una tierra como el Garraf. Plantó merlot, chenin blanc, pinot noir, incrocio manzoni. Y tras 25 años y muchos, muchos, vaivenes, algunos tuvimos hace bien poco la ocasión mágica de comprobar que esa botella y ese mensaje llegaban intactos a la playa de nuestros labios, al puerto de nuestras bocas, a la rada de nuestra sensibilidad.

25 años de Caus Lubis, ni más ni menos. Merlot plantado en 1983. 1,4 Ha, en suelo arcillo-calcáreo (La Vinya del Ros), con orientación noreste. Le Tertre Rôte-boeuf y François Mitjavile en la cabeza de Carlos y el merlot en las plantas madurando siempre con paciencia, macerando con sus pieles unos pocos días, fermentando siempre con sus propias levaduras a 25ºC, haciendo la maloláctica espontánea, criándose durante doce meses en  roble francés y haciéndose, en realidad, el vino en la mejor crianza posible: la de la botella guardada en buenas condiciones en la bodega un mínimo de ocho años. ¿Cúanta gente tiene la capacidad y la visión de mostrar algo parecido? Me descubro ante un bodeguero que es empresario, claro, y que tiene en estos momentos como gran novedad en el mercado Caus Lubis 2003. Sé que no puede ser el ejemplo a seguir por todos. Lo sé tan claramente como sé que gente como él es la imprescindible, la necesaria: tienen una visión, un concepto, una idea, y encuentran la fuerza y el coraje necesarios para llevarla a cabo.

En el Hotel Omm de su hermana y admiradora número 1, Rosa Mª Esteva, y con una selección, un orden de cata y un servicio del vino impecables y modélicos liderados por Audrey Doré, desfilaron unos cuantos de esos mensajes embotellados. Por el orden en que los bebimos (nadie escupió nada...) y obviando detalles técnicos de las añadas (que ahora no me apetece explicarles. Como dice Carlos, "los buenos vinos ya expresan cada uno cómo ha sido la añada"), sucedió lo siguiente. 2003: regaliz, infusión de tomillo, romero, un vino increíble, profundo, intenso y apabullante. Arcilla, frescura y una barra de especies única. El Ras-el-Hanout del Garraf. 2004. Mucho más volumen que en 2003. Frambuesas y zarzamora, mucha fruta y algo de madera. Redondo, casi esférico. Cuatro meses de fermentación alcohólica natural en una añada perfecta, acabarán dando un vino para la inmortalidad de la casa. Y de todos los que lo bebamos. Cuando salga al mercado... 2006. Está en la fase de la apoteca. Vieja farmacia llena de hierbas de los Pirineos. Algo de acetato de etilo todavía y cola de carpintero. La ebanistería tiene que pulirse, el mozo tiene que barrer y limpiar el taller tras el trabajo del maestro. El vino se va a redondear en la botella. Hay tiempo. 1999. El armario de la mejor ropa de la abuela: parafina. Tomillo y lavanda secos. Musgo y tierra del bosque profundo en otoño. Astringencia de la madera, pureza de la uva, frescura y acidez. Fruta (ciruelas ácidas) y regaliz. Sorprendente. Emocionante. Uno de los grandes. 1998. Fruta más roja (arándanos) y azul (mirto), madurez en nariz. Pero en boca... en boca es profundo y ácido, más fino que 1999. Es penetrante y delicado. Cuando un vino huele a la ceniza de sus sarmientos se ha convertido en uno de los grandes. 1998 huele a eso. 1997. El polvo del camino, el incienso del oficio bizantino. Un vino que está cerca del final de su vida pero que muestra todavía la liturgia de los grandes momentos. Ciruelas en conserva. Sequedad calcárea. La esencia destilada del monte.

Gracias por estos 25 años, Carlos, y por la ocasión única: eres el hombre necesario, tienes la visión imprescindible, posees el privilegio del tiempo en el vino.
Carlos Esteva

24 septiembre, 2015

Apoikia Àmfora 2014

Apoikia Àmfora 2014
Es el sueño de un hombre de letras que empezó a viajar. ¿O de un viajero que empezó a leer? Qué más da... el Mediterráneo es su mundo y sus aguas, montañas, calas, rocas y pasos, su secreto y su guía. Las uvas le susurran sus secretos y las letras de todos los que han sentido ese mar como propio le van mostrando el camino. "Lejos de casa" quizá  porque pensaba que su patria estaba en el mar y en costas lejanas. Pero con los años, Apoikia se ha convertido en sinónimo de lo contrario: "siempre en casa" porque allí donde estás y crecen tus uvas, allí donde las cuidas y las sufres las cuatro estaciones, allí donde amas la tierra y la proteges y la entiendes (orgánicamente) para que ella te dé lo mejor, allí donde las vendimias y haces tu vino sin más intervención que la mano (aquí pura y sin contaminación química alguna) del hombre, aquí está tu patria. Tu patria es la tierra que te acoge, tu patria es tu vino, tu patria es la hospitalidad y generosidad con la que ofreces tu vino al viajero.

Apoikia Àmfora 2014. DO Empordà. 14%. Garnacha del Montgrí y algunos compañeros de viaje argonáutico, convertidos en reposados mensajeros de un sueño de mediterraneidad. Las uvas crecen a los pies de la roca dormida, muy cerca de donde los primeros Foceos desembarcaron en la Península Ibérica. Allí reposan, también, y ensayan su presentación de la eternidad el león de Nemea, el cíclope que se ha convertido (ciego, sí...de todo se aprende) en gigante bueno y el volcán que todo lo da y todo lo quita. Fermentaron las uvas (en 2014) en el vientre de la tierra. No podía ser de otra forma. No  podía tener otro sentido este proyecto: la tierra llama a la tierra y la luz, el agua, el fuego y la arcilla viven en casa del alfarero silencioso. Eloi Bonadona aporta su artesanía centenaria, su sabiduría inquieta y aquel oficio ancestral que nos permitió a todos ser como somos hoy, hijos del fuego y de la cocción, del sedentarismo y la recolección. No podía ser de otra forma: la tierra cercana a los viñedos es la que protege a la fermentación y da nueva forma al sueño.

Firmeza. Rugosidad: al tercer día, el cielo áspero y seco de febrero se ha convertido en la amabilidad del mes de julio. Voluptuosidad. Umbría. Frescura. Tensión. Mirto. Laurel. Zarzamora. Brezo. Hierro. Arcilla. Fuego que crepita en la oscuridad del hogar. Primer otoño. Una realidad hecha de islas y de rocas, de rincones a la sombra con soles en lo alto pasea por tu paladar. Fluidez. Civilización hecha de vinos. Cultura en la botella nacida de lecturas, de fecundaciones, de fermentación, de cosechas y de viajes. En el libro 2 de la Eneida, Laocoonte y sus hijos tienen que morir para que Eneas viaje, vaya y vuelva de los infiernos, sepa y comprenda para crear una nueva manera de entender las cosas. Apoikia y este vino, ahora mismo, nacen de este viaje; y del de Odiseo y del de Gilgamesh y del de Ovidio y del de Egeria y del de Estrabón y del de todos los viajeros que en el Mediterráneo o en las tierras con cepas han sido. Se establece en una tierra nueva, la reivindica con sus elementos esenciales, la transmite de la forma más pura posible a la botella (en este caso, con la demiúrgica ayuda del barro de Eloi) y nos permite, a nosotros, que la bebemos con placer, cerrar los ojos para viajar, ver y oler todos los mediterráneos que llevamos en nuestro corazón.
Hilaocoonte

04 septiembre, 2015

Vall Llach 1999

Mas de la Rosa de Vall Llach
De Porrera a la vinya del Mas de la Rosa hay un desnivel de 400 metros. Y para llegar a la cima de la viña, un poquito más. Una anciana, Rosa su nombre, andaba y desandaba este camino cada día. Era su viñedo de cariñena, plantada en 1900: un patrimonio del que vivir y que había que preservar. Historias poco conocidas, quizá, del Priorat: quienes se quedaron cuando el trabajo fácil estaba en las ciudades y lo más complicado era no romper el vínculo con la tierra y sobrevivir con lo que ella te diera (y en Mas de la Rosa da uva extraordinaria pero escasa...), salvaron muchos viñedos del abandono. El Priorat histórico nos ha llegado gracias a ellos y hoy podemos beber algunos vinos extraordinarios porque ese esfuerzo silencioso, ese sueño improbable, fue recogido, entendido e interpretado.

Por Lluís Llach y Enric Costa, por ejemplo, socios fundadores del Celler Vall Llach. Una mañana la anciana salió de casa. Había decidido que no subiría más a ese viñedo imposible...Se cruzó con Lluís y le preguntó si querría comprar su viña. Imagino una cierta mirada de sorpresa de él, pero reaccionó enseguida: "¡vamos a verla!" Ese mismo día, el viñedo de Mas de la Rosa pasaba a Vall Llach. Ellos, LLuís, Enric y ahora el hijo de Enric, Albert, sabían ya cómo era esa fruta. Una de las niñas bonitas del Priorat, una de las cariñenas orientadas al sur en viñedo de 700 msnm que sólo se puede trabajar con azadón por el tremendo coster en el que vive suspendida. Un viñedo centenario y, con los años, aislado. Entre brumas, soles impenitentes, garbinadas salvadoras y atardeceres amables, esta cariñena madura lenta como pocas. Su concentración y el momento de vendimia son sus secretos. Y en Vall LLach esto lo saben desde 1998 cuando el que, en aquel momento, era su vino emblemático, el Vall Lach protagonista de este post, recibía ya la mayor parte de su uva de los viñedos de Finca Cabacés y de Mas de la Rosa (50%).

En un atardecer mágico, en el que Lluís y Albert obsequiaron a algunos amigos con una extraordinaria vertical de este vino, desde 1999 hasta el ya presente 2008, yo me quedé con dos en mi corazón. 1999 Y 2005. Hoy recupero mis recuerdos de este 1999 (era la tercera vez que lo bebía y todo seguía encajando en mi álbum mental de vinos preferidos) para deciros de él que es un emblema, un símbolo de un Priorat que la gente parece casi rechazar. Enric Costa, LLuís LLach y el agrónomo que les acompañaba en ese momento, Ricard Pasanau, creían no sólo en la bondad infinita de esta tierra del Priorat y en sus uvas más enraizadas. También creían en que una mezcla equilibrada de cabernets sauvignons y merlots (entre otras...), podía hablarnos del alma de esta tierra desde la copa. No se equivocaban. Puede que no piense yo como ellos, pero siempre he reconocido (ante botellas como ésta) que el tiempo les ha dado la razón. No a todos, cierto. Pero a ellos, entre otros, sí.

Es un vino que muestra la finura y la elegancia propia de los inmortales. No está evolucionado ni en color ni en aromas ni en sabores. La cariñena histórica aporta profundidad y sentido de campo: suave perfume de llicorella oscura, ligero anís estrellado, frescura, avidez de las cerezas en su punto junto con la calidez de la ciruela del fraile. La altura y el reposo en la maduración de la uva dan cosas así. El merlot y el cabernet sauvignon (35 y 15%) siguen envejeciendo de maravilla y aportan equilibrio al conjunto y un aire bordelés, también. ¿Quién, amante de los vinos sin más, puede criticar esto si el vino que bebes es extraordinario? El Priorat era así en 1999 y este Vall Llach es una de las mejores muestras de que se hacían vinos finísimos, pensados para un largo goce y una vida placentera. El merlot trae recuerdos de fruta más roja de septiembre (madroño) y el cabernet sauvignon se ha integrado tan bien que permite, sin más, beber en la copa final de otoño y primer invierno: rescoldos, ceniza, calor de hogar. Humus. Recogimiento y reflexión. No hace falta añadir mucho más...

Es un gran vino y siempre lo ha sido por más que la añada sea una de las poco apreciadas en la DOQ... El auténtico valor que tiene para mí este Vall Llach 1999 llega cuando lo comparo con otros 1999 que he bebido estos últimos años  y me doy cuenta de que se ha convertido, a la chita callando casi (hablar de 2000, 2001, 2004 ó 2005 es más sencillo y agradable), en un clásico inmortal del Priorat. Afortunados los que tengan alguna botella de las 9748 que se prepararon en abril de 2001: les esperan largas horas de placer. Elijan bien con quién la comparten...

28 agosto, 2015

Frisach La Foradada 2014

Frisach La Foradada 2014
En el mes de febrero pasado escribía sobre un vino que no tenía nombre. Lo probé en la bodega y me sorprendió como pocas garnachas blancas lo han hecho hasta ahora. Un vino hecho por Francesc Ferré (Celler Frisach, Corbera d'Ebre, DO Terra Alta) como un homenaje a la dureza del secarral, a la tierra arcillosa, calcárea y con sales de moro, llena de avellanos, olivos y cepas, que se puede trabajar y mimar como pocas porque se encuentra a un cuarto de hora del pueblo. De este viñedo del "cuarto de hora a pie", del "quart", sale la garnacha del vino que, ahora, ya tiene nombre: La Foradada, el sobrenombre de Corbera, que se abre complacida a través de los mil agujeros de sus ventanas. Una garnacha blanca en plenitud, de plantas que ya tienen más de veinte años y que se trabajan en ecológico, se abonan con compost hecho por Francesc. Cubierta vegetal espontánea, sobre los 425 msnm y con un régimen de brisas que tanto aporta frescura y humedad como fungicida natural.

Las uvas han entrado en la bodega para recibir el mismo trato que la tierra: el homenaje de Francesc incluye el máximo respeto y la mínima intervención. Que hable su garnacha blanca, que hable su tierra, que hable su pueblo. Un mosto que nace brisado y fermenta con esas pieles unos cuantos días en inox. Un vino que permanece con sus lías sin remover durante casi un año, un vino que no se filtra, que se estabiliza por el frío del invierno y que no recibe sulfitos añadidos. Un vino que ha reposado un poco en botella y sale ahora dispuesto a explicar con claridad a qué sabe la garnacha blanca de Corbera d'Ebre, hecha con la huella de las raíces que Francesc lleva impresas en su ADN.

La sensación es de plenitud, de redondez, de esfericidad y de energía, tanto cuando hueles como cuando bebes. Es un vino de una entidad que impresiona y hace presagiar una evolución de vértigo. La Foradada 2014 (13,5%) huele a almendras verdes y tiene un punto casi voluptuoso, terpénico, de las pieles. Huele a miel de romero, a hinojo silvestre, a campo de cereal recién recolectado. Huele a noche de estío en la era. Es hermoso, cálido y directo como el primer rayo de sol de la mañana. Te llena todo. Huele a girasoles, huele a camomila seca, huele a musgo y huele a pera y a menta limonera. Resina y flor de almendro. Huele a hollejos y a levadura de París. Huele a vida y a orígenes. Huele al camino de la finca del "quart", huele a Corbera y a Terra Alta, huele a garnacha blanca y huele a vida. En el campo.

12 julio, 2015

Naltres 2013 de L'Olivera Cooperativa

Naltres 2013
"Naltres" es una de las formas dialectales del catalán de las tierras de poniente con la que sus hablantes se refieren al pronombre "nosotros", "nosaltres". Es tan importante en catalán que el diccionario descriptivo y etimológico que recoge todas las variantes históricas del idioma (el Diccionari Alcover-Moll)  nos ofrece más de 26 variedades fonéticas del pronombre. Procede del latín nos alteros, "nosotros, todos los que no somos los otros" (me atrevería a traducir) y es una forma redundante, enfática, rica y poderosa de definir a los miembros de una comunidad que no pertenecen a otra. Estos, sin duda, son los de la cooperativa L'Olivera, fundada hace ya más de 40 años por un puñado de jóvenes que creía en la igualdad en un sentido pre-revolucionario: todos podemos aportar algo a un proyecto común, cada cual desde su propio concepto de igualdad y de competencia. No todos servimos para todo, no todos somos buenos para todo, no todos tenemos las mismas competencias y habilidades. Juntándolas todas en ese "Naltres"/nosotros enfático y poderoso, somos capaces de arrancar y hacer progresar cualquier proyecto.

Eso es la L'Olivera, en Vallbona de les Monges (DO Costers del Segre y DO Catalunya) y en Can Calopa (serra de Collserola, Barcelona): la integración de un grupo de personas con distintos niveles de disminución intelectual en un proyecto alrededor del cultivo de la tierra: viñedos y olivos. Todos viven la cotidianeidad del "Naltres" común con entrega y alegría, con seriedad y con ambición de superar problemas y retos. Y de este proyecto, que tiene sus raíces más profundas en el paisaje de secano, hermoso e intenso, de la vall del río Corb, nacen grandes aceites y vinos, con certificación ecológica. No voy a destacar a nadie porque todos aportan mucho, cada cual a su nivel de capacidad y conocimientos. Hace años que bebo los vinos de la cooperativa y el salto positivo que están dando desde hace tres o cuatro me dice que este proyecto, también a nivel vínico, va para arriba, imparable. La madurez de las ideas, la preparación de las personas, el nivel de la reflexión en lo que se hace en el campo, las variedades con que se hace... Suelos de fondo de río de profunda erosión, llenos de arcilla, cal y cantos rodados; "costers" y muros de piedra seca; lluvia muy escasa pero buen drenaje y capacidad de conservación de la humedad; viento del mar que, entre los 400 y 700 msnm, aporta aquello que el cielo no ofrece: respiro, paz y humedad,  por las tardes; viento del cierzo que aporta ventilación y fungicida natural, por las mañanas.

Y este Naltres 2013 que es, también, un poderoso símbolo de la comunidad por la que lleva su nombre. ¡Sus nombres! Todos los nombres del vino, más de 40 (todos ellos en la etiqueta), aportan trabajo, sensibilidad y conocimiento que atraen por su poderosa fragancia y se dejan beber por su agilidad y frescura. Garnacha del país, que le da volumen y sabores. Trepat que le da textura y ligereza. Touriga nacional y cabernet sauvignon, que le dan cuerpo y esqueleto. La combinación de cepas funciona y el conjunto, el vino, se revela como sinónimo de la fuerza de la comunidad, del "naltres". Sólo la garnacha ha tocado la madera (ocho meses) y el resto se ha hecho vino con una maceración semicarbónica de grano entero e inoxidable. 15%. Es un vino reposado pero con una carga frutal tremenda, intenso. Si se toma en verano, 14 ó 15ºC le irán de maravilla: algo fresco, vamos. El vino es su paisaje en la copa: bosque bajo, hierbas aromáticas (buqué garni con laurel, tomillo y orégano). Es intenso pero no pesado. Ágil. Arcilla y yesca. Coca de cerezas: levaduras, madurez y acidez, todo en uno. Fragante y sincero como el campo de secano tras un buen chaparrón de estío. Un poco de canela, un mínimo de clavo de especia. Pimienta roja. Zarzamora madura. La frescura de la fruta, la fragancia del campo, la ligereza del trago. Por 9€: no pido más.

29 mayo, 2015

Finca Dofí y Palell de Orto: la vertical


La última feria del vino de Falset (siempre alrededor del primer fin de semana de mayo) vio el nacimiento de una actividad singular, atractiva y poderosa. Estoy seguro que crecerá con los años y nos seguirá dando placeres e información, como sucedió a raudales en esta primera edición. Se trata de una vertical a dos bandas que se organiza desde el VITEC, el Parque Tecnológico del Vino, y que reúne a un viticultor de la DO Montsant y a otro de la DOQ Priorat. Busca conocer a fondo un vino de cada bodega (y cuando digo a fondo, quiero decir a fondo: no faltó ni una sola información relevante) que se cata en paralelo y en vertical a lo largo de unas cuantas añadas. El estreno fue de lujo: maestro y discípulo (en la Escuela de Enología Jaume Ciurana de Falset); iniciador y continuador (en Álvaro Palacios); muy amigos los dos y magos del vino ambos con enorme fundamento técnico, Joan Assens (Orto Vins, en el Masroig, DO Montsant) y Oriol Castells (Álvaro Palacios, en Gratallops, DOQ Priorat) propusieron una vertical 2011 a 2014 de Finca Dofí y de Palell de Orto.

El Palell es una finca muy pequeña, de media Ha, en El Masroig, plantada con garnacha peluda. En palabras de Joan, sale de ella "un vino de gama natural". La definición tiene su origen en el trabajo que hacen en el campo: sobre suelo de arcilla blanca en la parte superior del viñedo, y de arcilla roja-negra en la inferior, hace cinco años que no se labra y se ha logrado una cubierta vegetal estable y espontánea (por ahora: habrá selección a partir de este año). En ecológico pero con prácticas biodinámicas también y siguiendo el calendario de trabajos (en viñedo y en bodega) que marca la luna, la arcilla limita el crecimiento y alimentación de la planta porque bloquea el hierro, le provoca clorosis férrica que produce uvas más bien grandes pero con una intensidad de sabores inusitada. Finca Dofí es un viñedo que se encuentra entre Gratallops y Bellmunt del Priorat, plantado con garnacha del país. Sobre suelo de llicorella de una antigüedad de 350 millones de años, su poca capacidad nutriente modela la capacidad de supervivencia de la planta. Hay más metales a su disposición (hierro, magnesio, manganeso) y la disposición en bancales y la estructura de la piedra en betas, permite (con la ayuda del contraste enorme de temperaturas entre el día y la noche) que opere una suerte de ósmosis en la tierra que hace que el agua profunda suba y nutra a las raíces.

Siempre he disfrutado estos vinos sin saber mucho de lo que nos contaron Joan y Oriol, pero conociendo ahora la intimidad de su trabajo, se comprende mejor por qué los vinos son como son y saben a lo que saben. Ambos seleccionan mucho la uva, ambos utilizan sólo levaduras autóctonas, ambos se sirven de las cantidades mínimas de SO2, ambos usan grandes volúmenes de madera (la garnacha consume poco oxígeno), aunque los de Orto son siempre de 500L mientras que los de Palacios son también de 600L y alguno de 2000L. En lo que más se diferencian es en la maceración: en Palacios suele ser siempre más larga (unos 40 días), mientras que en Orto todas las vinificaciones duran un ciclo  lunar (28 días). 2011 y 2012 fueron años muy secos en ambas denominaciones, pero 2011 lo fue especialmente  en Palell (297 mm!!!) y 2012 en Finca Dofí (329 mm). 2013 dio un respiro de agua a las cepas y 2014 todavía fue más benévolo (en este caso, también en temperaturas). El mayor grado se alcanzó en la añada más seca (2012: 14,85% Dofí, 14,6% Palell) pero con una acidez y un pH equilibrados en relación con añadas anteriores. Palell, por el tipo de garnacha, por su suelo, por el cultivo, por las pieles y mosto que genera, tiene siempre menos grado y coloración que Dofí y, en mi opinión, suele generar un placer y una comunicación más inmediatas con el bebedor. Finca Dofí és más intenso, tiene más color y grado porque la garnacha del país es así y porque el suelo que la alimenta plantea unas exigencias de concentración y supervivencia mayores a la planta y a su uva. Necesita más tiempo en botella y más paciencia con la botella abierta. En ambos casos: cuando llega su momento y uno sabe acertarlo, los vinos se disfrutan con una intensidad propia de Noé embarrancado tras el diluvio en el monte Ararat (o por ahí...).

2011. Finca Dofí: intensidad. Cerezas maduras, algarrobas, ciruela deshidratada. Hierro y sequedad. Densidad y enorme concentración. Palell: más floral y hetéreo. Violeta y primera cereza. Arándano negro, fresco y ligero. Cítricos.

2012. Finca Dofí: poca uva, pequeña, estresada pero muy fina y delicada. La máxima pobreza en agua y el estrés producen un vino más fino y elegante, más sedoso que nunca. La planta se autorregula y su fruta se hunde menos en las raíces. Romero, regaliz. En boca es más intenso que en nariz. Palell: Assens destaca que es un año con 13 lunas, vinos concentrados pero con buena acidez. Más color que en 2011, más larga vida. Cítricos de nuevo, pomelo. Enebro. Ambos vinos son, en 2012, muy complejos y profundos, intensos pero finos. Elegantes.

2013. Finca Dofí: la garnacha no cuajó bien y la planta tuvo que luchar. Ciruela madura. Producción menor por el problema del corrimiento, pero a cambio, menos tensión en el viñedo, más ligereza en el vino final, más frutosidad. Muestra una frescura tremenda y es más "accesible" de lo que suele ser un Dofí tan joven (lleva dos meses embotellado). Taninos redondos y maduros. Palell: la garnacha peluda no tiene problemas de corrimiento, siempre cuaja bien. Un año bueno para el payés y para la bodega. Probamos un vino todavía por embotellar: corteza de naranja. El tanino está todavía por pulir pero la frescura que muestra es tremenda. Zarzamora, arándanos, más naranja. A ratos casi aires de Cointreau. Mermelada de naranja.

2014. Para ambos viñedos: fue el año de las garbinadas y las nubes diarias. El ceret seca y es el mejor fungicida matutino. El garbí, por la tarde, es fresco y húmedo. Cuando un verano entero se presenta así, el riesgo de oidio sobre todo es grande. Un año que se presentaba complicado pero que ha acabado siendo muy bueno para no pocos. Maduraciones lentas pero constantes. Ambos vinos están muy por definir todavía, pero ambos muestran una frescura y una floralidad enormes. Tienen una acidez tremenda, además, y vivirán muchos años. Los probamos en plena maloláctica (Palell) o recién terminada (Dofí). Finca Dofí muestra ahora (botellas de una sola bota, no de ensamblaje!), una intensa, profunda mineralidad, cono de hollín. Oriol comenta que se trata de la expresión primera de la llicorella que, cuando es joven, se manifiesta a través de este aroma. Palell muestra de nuevo sus credenciales botánicas. Joan y Oriol están muy esperanzados con este 2014, tan complicado para tantos en la zona...Quien tiene vino sabe que éste avanza bien y promete mucho. El resto, ya se sabe...por desgracia se quedó en el viñedo.

Finca Dofí de Álvaro Palacios y Palell de Orto son dos vinos extraordinarios de los que no me atreveré a destacar añadas porque cada una tiene su atractivo y su gracia: hay que saber encontrarlos. El resto es ya una cuestión de gustos personales.  Su existencia ennoblece y prestigia las denominaciones en las que se amparan. Joan Assens y Oriol Castells son dos enólogos más extraordinarios todavía. Su trabajo, su sabiduría, su quehacer humilde y afable, incluso su sentido del humor, hacen grande a su profesión y felices a sus amigos. Y yo tengo la suerte de contarme entre los bebedores de sus vinos y de considerarme amigo suyo. Mucha suerte es y doy gracias a los dioses por habérmelos puesto en el camino.
Orto Palell i Finca Dofí 11 a 14

10 mayo, 2015

Celler La Salada de Toni Carbó

Vinya l'ermot Celler Lasalada
En la mansio que centra la fotografía superior vivió y trabajó como masovero el abuelo de Toni Carbó, en la que fue una de las mayores fincas vitícolas del Penedès. El abuelo fue comprando algunos viñedos, sin duda los que los amos consideraban más duros de trabajar y de peor calidad (pendientes con buenas correntías de aguas, tierras menos fértiles en arcillocalcáreo...). Con los años, el padre de Toni hizo lo mismo y con unos pocos años más, Toni puede vivir ahora la tremenda paradoja que hubiera dejado a los amos boquiabiertos y con un cierto sentido del ridículo hecho: esos viñedos, que siempre fueron tratados de la forma más natural posible (sin herbicidas ni fungicidas), con la labranza justa y con una edad que roza el medio siglo, esos viñedos que viven con la cubierta vegetal intacta desde hace unos años (la mejor manera de que la temida correntía de tierras y aguas hacia su camino natural no se produzca...), esos viñedos que están en suaves pendientes y alimentan sus uvas en suelos pobres de solemnidad, esos viñedos se han convertido en algunos de los mejores del Penedès.

L'Ermot, macabeo (en la foto) junto a la antigua masía donde vivían los Carbó; les Parellades, xarel.lo junto a la actual casa de Toni, Anna, Júlia y Roc, se convierten en el epicentro de una nueva bodega, Celler La Salada, que es ya, para mi, un síntoma. En el Penedès vienen sucediendo cosas interesantes desde hace años pero los grandes bosques suelen ocultar la visión que merecen "pequeños claros" como el que Toni y Anna están forjando desde hace cuatro años. No tienen más freno que su imaginación y su libertad. No tienen otra voluntad que dejar que la tierra y las cepas que le son más propias se expresen de la forma más clara y limpia en la copa. L'Ermot es el símbolo de lo que el padre de Toni tenía que constatar: ese camino de dureza y de trabajo diario, ese camino de sufrimiento y de pensar que se compraba sólo lo que se podía, ha llegado a su fin. Sus tierras, las de su padre y que ahora su hijo ha ampliado, son buenas. Sus uvas son mejores.

Toni, de una forma por completo espontánea (colabora también en otros proyectos en los que no trabaja de la misma forma; vende también excelente uva a grandes empresas de la zona), ha llegado a sus conclusiones. Anna y Toni han tenido la suerte de encontrarse. Y cuando dos personas con esa sensibilidad, sencillez y capacidad de atención y de aprendizaje están en el campo y en la bodega, las cosas acaban saliendo. Los vinos de La Salada son vinos que hubieran recordado al padre y al abuelo de Toni aquello que ellos mismos bebían de jóvenes: vinos que nacen de un solo viñedo, vinos que se hacen con una parte del raspón o con el raspón entero (pronto...), vinos que viven de las levaduras del campo y de la bodega, que está (ya en parte...al tiempo) junto a los viñedos, vinos que no se filtran ni estabilizan ni clarifican. Vinos que, a pesar de lo que más de un incrédulo pueda imaginar, son limpios, fragantes, sinceros, frescos en tierra casi árida. Un xarel.lo brisado (La Bufarrella) que habla como pocos de la versatilidad y profundidad de esta uva: aires todavía de panadería en la madrugada fresca, matices de pera limonera, flor de jazmín, hinojo salvaje, sapidez e intensidad. Un vino de ensamblaje en el viñedo (Boig Roig) que nace de la fermentación conjunta de mandó, sumoll, trobat (torbat en el Penedès), mònica, xarel.lo, carinyena, parellada... Una belleza de aromas rojos, una locura de colores, un mar de suaves texturas. Sin más: el más atractivo "vin de soif" catalán que he bebido (hay versión en ancestral, también). La emoción, la finura, la sencillez, la fragancia, las almendras verdes, el campo en primavera, la tierra sabia están en L'Ermot de macabeo. Y el amigo que llegó con el azar, Vinya Maçaners, sumoll del Bages, recoge y amplía en 2013 aquello que la primera añada de 2012 ya hacía pensar: con él, podría pasar varios meses de duro invierno y de caza en una cabaña de la taiga rusa.

Son vinos que hubieran hecho esbozar una sonrisa al padre y al abuelo de Toni, gente que siempre tuvo una buena historia y una sonrisa en los labios. Quizá la primera sonrisa se hubiera movido entre la incredulidad y la observación preocupada ("¡¿qué hace este chico...!?"). Pero no tengo la menor duda de que la segunda sonrisa hubiera sido de aprobación y de satisfacción. Toni y Anna van a su aire y con el ritmo que conviene, el de la maduración que sólo unas cuantas estaciones vividas juntos les pueden dar. Pero van haciendo camino. Sin apresurarse, pero van. Conocer su historia, aquello que está en las raíces de La Salada, es bonito. No hay improvisación, no hay novedad: hay evolución, hay simbiosis con la tierra y conocimiento adquirido con lentitud, alegría y serenidad. Beber sus vinos es emocionante: generaciones en una botella, una manera de sentir la tierra en la copa.

02 mayo, 2015

Celler Lagravera, La Pell 2013

La pell 2013 anvers
Vaya por delante que no he estado en el viñedo del que sale este extraordinario La Pell 2013. Pero la noche en que tuve la suerte de toparme con él (en compañía de otro vino muy especial, L'Espectacle 2012), entendí muy bien la insistencia de René Barbier cuando no para de afirmar que con viñedos como estos (los de La Pell o l'Espectacle) no hay más que acompañar. La máxima de Jules Chauvet hecha vino: si tu tierra está sana, si tus cepas están bien y han sobrevivido, pongamos por caso, 125 años (las de La Pell 2013 fueron plantadas en 1889), si tu uva entra en perfectas condiciones, deja al vino tranquilo, acompaña tanto como puedas pero no intervengas. O hazlo lo menos posible. Y acabarás teniendo joyas como la que intento explicaros hoy. Y entenderás por qué un vino como éste se llama La Pell, la piel: la piel de la tierra, la sensación única (cuando sucede) de que estás bebiendo la pureza destilada de la tierra en forma de uvas que se han transformado en vino.

Hoy como nunca lamento que un blog no tenga el poder mágico de transmitir sensaciones y aromas, texturas y emociones. Lo siento: por mucho que me esfuerce, sé que con la palabra no bastará. Hoy no. Así lo sentí cuando bebí este vino, así lo creo todavía hoy. Viñedos de 125 años bajo la influencia del Noguera Ribagorzana en el pueblo de Castelló de Farfanya (subzona del Segrià de la DO Costers del Segre). Bodega, Celler Lagravera, que trabaja en biodinámica desde hace unos pocos años y que encuentra en estas cepas escasas un tesoro que sabe comó tratar. Tierra de cascajos y de aluviones del río, que suaviza algo las temperaturas. En un mismo viñedo, garnacha tinta (mayoritaria), monastrell, mandó, trobat y otras variedades sin identificar. No conozco al detalle el proceso de vinificación pero intuyo máxima suavidad, mínimo trabajo con las pieles en la maceración (creo recordar que 15 días...), suave prensado. Levaduras indígenas. Madera de castaño. 14%, sin filtrar. La única mala noticia de este post...: la botella era la número 57 de 320...

Esencia de garnacha y expresión de la delicadeza es este vino. Mezcla de uvas, cruce de sensaciones y emociones. A ratos parece que te lleve hasta los vinos atlánticos del Salnés o del Loire. Y hay momentos en que te encuentras en el sur de la Borgoña (Rully, Mercurey, Givry). ¿Me estoy acordando ahora del mejor callet del mundo, entre Felanitx y Son Macià? Este vino contiene la verdad de la frescura, de la suavidad, de las violetas salvajes, de las primeras cerezas. Este vino es un campo de amapolas en tus ojos y en tu paladar, es una primavera que explota en tu cuerpo y recorre tu piel con guante de seda roja. Expresión de la fruta, expresión de la tierra, expresión del saber hacer de las personas que han sido capaces de encontrar, de observar, de entender y de embotellar una lluvia de sensaciones como la que me invadió esa noche.

La piel de la uva, la piel de la tierra,  la esencia del Segrià y dels Costers del Segre instalada en mí gracias a este vino. La esencia de las emociones que una copa te puede regalar está aquí. Es tiempo de regalos.

La foto es de Gerard Geli.

26 abril, 2015

Espenyalluchs 2013 de Enric Soler

Espenyalluchs 2013 d'Enric Soler
Hace ya más de dos años estuve en los viñedos y la bodega, que es casa, que es bodega, de Enric Soler. Hace ya más de cinco años que tengo la misma sensación con Enric: una persona discreta, una persona muy preparada, una persona sabia, una persona con una idea clara de cómo tienen que ser sus vinos de xarel.lo (aunque otras variedades de la zona o muy bien adaptadas a ella están en camino...) que consigue, como pocas, llevar a la botella esa idea. Un profundo respeto siento, además, porque él es de los pocos (el otro grande sería Víctor de la Serna) que ha conseguido pasar al otro lado del espejo y sobrevivir: reputado y muy reconocido somelier, su gran pasión está en el viñedo antes que en los manteles y las copas. Y a la que tiene la oportunidad, se vuelca, sin hacer ruido, y empieza su Can Raspallet con Nun Vinya dels Taus, con Improvisació y, desde ya en el mercado, con su vi de la finca Espenyalluchs 2013. Todavía siento emoción cuando recuerdo una última botella de Nun Vinya dels Taus 2004 (su primera añada): sin más, un vino que confirma lo que ya se presagiaba, vinos inmortales se están preparando en esta bodega, que es casa, que es bodega.

Un caso único, además, precisamente por eso: tener tu cama encima de donde se hace tu vino. Tener tu vino junto a los viñedos (uno de los campos plantados justo después de la Guerra Civil, en el antiguo aeródromo militar del Penedès alrededor del Vesper de la Gloriosa, está a 500 m: fácil lo tuvieron los topos con tanto agujero ya hecho...) de donde salen tus uvas viejas de xarel.lo, hace que el conjunto acabe siendo singular de verdad. Son vinos, además, hechos en viñedos tratados en biodinámica, con uva despalillada 100%, vinificados con las levaduras del campo y de la bodega, con controles de temperatura pero en fermentaciones espontáneas, con un uso alterno de maderas de distintos años y de huevos de cemento. Único el caso, en fin, porque Enric Soler es de los viticultores que tiene claro dónde está el futuro: por mucha viña vieja que tenga, ésta acabará muriendo...Las faltas empiezan ya a notarse y hace tres años toma la decisión más valiente y arriesgada.

De su mejor viñedo, del que nace Nun decide hacer madera y prepararla para una futura plantación. Las mejores cepas de Nun, con más de 50 años de edad, son el futuro del trabajo de Enric, a través de sus "descendientes" plantados (en 2013 hizo tres años: 2011, pues) en la finca que el cadastro denomina "Espenyalluchs" (con esta ortografía prefabriana). A 300 msnm, hacia Guardiola de Font-rubí, en esa zona del Alt Penedès más fresca y abrupta, en una ladera de suave pero firme pendiente sobre suelos de arcilla y cal con abundante y superficial sedimento marino, planta Enric una Ha de la madera de Nun. Es el vértigo de la planificación meditada de un viñedo desde cero en una tierra que, él lo sabe, lleva más de veinte años reposando. Es la emoción de saber que aquella vieja sabiduría de sus abuelos, en forma de energía, uvas, trabajo, cepas y vino, va a sobrevivir en un viñedo nuevo. Espenyalluchs 2013, 13%, la primera vendimia de esa Ha puesta al mercado, plantas de tres años tan sólo...

Porque... ¿para qué sirve el DNA de las plantas? Es decir,  ¿dónde reside la memoria de los seres vivos? Algún científico te dirá, sin dudarlo, que en su DNA. Yo, que no soy más que un bebedor que tiene la suerte de contar con amigos como Enric, puedo afirmar: la memoria (con toda la carga emocional y vital que esta palabra conlleva) de las cepas de Nun se ha transmitido, vive y prosigue en las de Espenyalluchs. De otra manera no puedo entender cómo cepas de tres años ofrecen, ya ahora, un vino tan destacado como este Espenyalluchs 2013: el trabajo se ha hecho muy bien, la plantación y su orientación son muy meditadas, las plantas están subiendo a la perfección, el terreno (más adecuado todavía que el del llano del campo de aviación) empieza a mandar señales positivas a la uva. Y el xarel.lo responde y nos dice "aquí estoy". Vértigo y emoción al entender en qué consiste realmente la parte de inmortalidad que afecta a un viñedo: ¿el abuelo de Enric ha muerto? ¡No! ¿El vino que Enric tiene en la cabeza nos sobrevivirá? ¡Sí!

Es cierto que se trata de un vino todavía "en construcción" (uvas de tres años...), pero la historia que se esconde tras esta botella, el vino que su interior nos regala ya, me parecen preciosos: citronela y hierbaluisa. Frescura que viene de lejos. Cepas nuevas de madera vieja: la memoria que vuelve.  Tiene cuerpo y volumen en boca y, al mismo tiempo, es un vino que corre ligero. Recuerdos de jengibre y de limón recién cogido. Ajedrea y la hierba aplanada en el viñedo. Levaduras y madera muy bien puestas. Todavía le falta estructura si aguantas el vino en el paladar. Pero al tiempo...hoy es ya un vino de placer. Transmite calidez tanto como frescura. Sabiduría y tesón. Audacia y paciencia. Eneldo y recuerdo salino. Frescura que lleva a los vinos blancos de las Corberas. Honestidad. Terruño e ideas claras. Vino de luz. Vino que completa un ciclo y una historia. Enric Soler devuelve a la tierra lo que la tierra dio a sus antepasados. Y nos ofrece el don de esta botella para que lo comprobemos.

07 abril, 2015

Reserva Particular de Recaredo 2004

Reserva Particular Recaoredo 2004 degüelle junio 2014
Reserva Particular de Recaredo 'Josep Mata Capellades' 2004. Una de mis cosechas preferidas para espumosos y casi para cualquier vino en la Europa que salía del secarral espantoso de 2003. La tierra recibía buena lluvia en 2004. Quizá no mucha pero sí la suficiente como para dar un arranque alegre y una vida algo más relajada a las cepas. La cosecha no fue muy abundante pero sí de extraordinaria calidad. Y el xarel.lo y el macabeo de los viñedos en ladera del río Bitlles (plantados entre 1950 y 1955), ya en plena conversión a la biodinámica en 2004, mostraron su agradecimiento.

Crianza en madera del xarel.lo, 109 meses en rima de las botellas y un degüelle en junio de 2014. En mi opinión, ideal para este tipo de cavas de larguísima crianza: entre seis meses y un año de reposo tras el degüelle que les despertó abruptamente (por mucho que se haga a mano y a temperatura ambiente, ese despertar es duro para el vino y su carbónico...), aportan reposo, preservación de las mejores cualidades del vino y desarrollo de lo que esa nueva vida pueda ofrecer todavía en botella. Tomado entre 10 y 12 ºC y abierto una hora antes. Sin decantar. Bebido el día en que se conmemora la Resurrección de Jesús, domingo 5 de abril de 2015. Jesús (y quienes comentaron ese milagro)  insistió en la condición humana de su renovada carne. No se trató, en ningún caso, de una visión espiritual, sino de la resurrección de un hombre.

Puestos a seguir el hilo reflexivo que proponía la jornada, me concentré mucho en sentir cómo penetraba en mí este cava extraordinario. A través de todos mis sentidos. El de la vista: flores de manzanilla algo secas, retama, rayos de sol filtrados por una suave neblina. Luz del atardecer en septiembre. El del tacto: seda de color verde claro, noches de verano al raso, frescas y amables. El del gusto: suave amargor del vegetal en la boca, sequedad de la madera cerca del mar. El del olfato: galletas con jengibre y limón. Hiedra y ciprés. El del oído: un zorro pisa el musgo junto a la fuente. La burbuja casi imperceptible que sube, lenta y muda, como un buzo de la profundidad del mar. El de la intuición: lluvia ligera que impregna la tierra de abril. Suavidad. Rectitud. Austeridad. Larga vida por delante.

Recaredo de Resurrección. Domingo de Gloria.