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25 febrero, 2013

¡Arranca, por Dios!

La Casilla de los Ponce Cuando entras en la bodega de los Ponce (Juan Antonio trabaja codo con codo con su padre, que comparte sus ideas y le apoya a muerte, a pesar de lo que piensan en el pueblo sobre las ideas vitivinícolas del hijo), sorprende una inscripción escrita con tiza sobre dos barricas: A. P. D. I y II. Es uno de los mejores resúmenes que he encontrado en España sobre la no intervención, sobre el dejar que las levaduras del viñedo hagan sin ayuda alguna su trabajo. Es la síntesis de lo que sufre un viticultor natural (Juan Antonio pasa de certificaciones, ya aviso porque no las encontraréis en sus etiquetas, aunque él trabaja de la forma más respetuosa con el viñedo, apenas una mano de azufre cada año, y basta) cuando lleva hasta el final sus ideas: “A(rranca) p(or) D(ios)!!!”, grita Juan Antonio a su preciosa albillo cuandoel mosto se resiste a empezar la fermentación alcohólica. Ya se sabe: tan complicado puede resultar un arranque de fermentación muy tardío como una parada que no se pueda resolver.

Si usas sólo los medios de la madre naturaleza, y eso hace Juan Antonio, se gritan cosas como ¡A.P.D! Pero el secreto de los Ponce no está en la bodega, está en el viñedo. Tienen laderas de cepas en copa de más de 80 años, plantadas por el abuelo de Juan Antonio; arrendan y cuidan ellos mismos algunos de los mejores suelos de la DO, en suave ladera también, con arcillas y arenas, tierra caliza y sílice, con cantos rodados. La Casilla; la Estrecha; un viñedo bellísimo, emocionante, viejísimo, plantado en pie franco: la cepa directamente sobre el suelo (con mucha arena que la protege del parásito), sin injerto en madera americana. Los Ponce, además, han comprendido el potencial enorme de las variedades de la tierra: la bobal, en tintas; la albillo, en blancas. Variedades desechadas por tantos, por poco lucidas, a las que ellos saben sacar todo el potencial: su Clos Lojén, el vino más joven, es un ensamblaje de bobales de distintas parcelas, fresco, joven, agradecido. Su La Casilla o, también, la Estrecha, son bobales de finca (así se llaman esos viñedos) de una fragancia y una tensión inusitadas, cerezas, violetas, monte bajo... Punto y aparte para su PF, ese Pie Franco, de la parcela que plantara su abuelo: emociona, sin más, porque hueles y bebes Manchuela en estado puro. Su Buena Pinta es otro motivo de orgullo: homenaje ineludible a la cepa autóctona de la zona, la moravia agria, rústica, fresca, impactante, sobre todo única. Y, por fin, su reto personal: convertir a la despreciada albillo (por lo demás, y ya demostrable a través del DNA de esa uva, un tipo de albillo única en España la de los Ponce) en un vino de guarda y de altura.

Por supuesto, el vino se llama El Reto! Esos vinos se crecen en comparación con otros en las añadas difíciles: 2011 lo fue y 2012, peor todavía para la mayoría. Hay que probar ese Reto 2011, pero es que el 2012, todavía en barrica, es superior: equilibrio es la palabra, con finura, acidez, frescor, ligereza y volumen, el paso de la perdiz por el campo tras la veda, mineral…Un vinazo, de los mejores blancos de España, en mi opinión. ¡Y a qué precios…! Quien no busque estos vinos, es que no tiene perdón de Baco. Me voy casi conmovido por la energía y la fuerza de Juan Antonio, por el poder de sus convicciones basadas en la fuerza de la tradición campesina de su tierra y de las uvas que le son más propias. Aunque nos empeñemos en negarle un futuro brillante al vino en España (la mayoría de consumidores no se sabe ni por qué labor está...), sé que con personas como él, aunque sean pocas pero desperdigadas por todo el territorio, con su ejemplo, con su tesón, con la brillantez y calidad de sus vinos naturales, esto sólo puede mejorar. Me parece imposible que sus vinos no marquen, junto con otros que se hacen en España y que voy descubriendo o redescubriendo estos días, un retorno a las esencias del vino de verdad que, casi, ya está aquí. Y ha venido para quedarse. “Jóvenes somos, ganas tenemos, aprenderemos”. Así me despide Juan Antonio Ponce. Hagámosles caso y saldremos ganando todos. La tinaja es un objeto hermoso Esta última foto no tiene nada que ver con los vinos de Ponce, sino con los de Rafa Bernabé o los de COS o los de Foradori... La pongo sencillamente porque me gusta mucho el objeto que representa, la tinaja de barro manchega. Y porque con el tinajero que las hace, Juan Padilla, aprendí lo que no está escrito. Hablaremos de él.

21 febrero, 2013

Las cosas no son lo que parecen

Olmo centenario en Bodega Vitis natura, Casas de Santa Cruz CU
Lo mejor de moverse es que pasan cosas. Sentado en casa o en una mesa de cata, también pueden pasar, por supuesto. Pero si te mueves, ésa es mi experiencia, pasan muchas más. La mayoría no son lo que parecen. Por ejemplo, el bocadillo de orza (ya no me atreví a pedir vino, lo tomé con una cerveza que me salvó en parte) que comí en el Hogar del Jubilado de Casas de Moya fue tremendo: seco, basto, rancio, disgustado y desabrido. Hecho con cariño, sí, servido con unas aceitunas, pero tremendo. Y en cambio, a la gente que lo vio en Twitter le pareció de escándalo, qué buena pinta. ¡Joan València casi se pone, vaya! Pero no...no era lo que parecía. Tendemos a despreciar o a minusvalorar aquello que se aleja mucho de nuestros gustos o de lo que consideramos nuestros estándares de calidad. Hacemos mal. Hay que ir a conocer las cosas y saber el valor que tienen para muchas personas. Me di cuenta el día que fui, por primera vez, a la lectura teatralizada con vinos, que hace la DOCat en colaboración con el Teatre Lliure. (Ya de paso: buscad la información en la web de la DO o en la del Teatre porque merece la pena la experiencia).

Asistía gente que estaba interesada en el hecho cultural de la mezcla de lecturas y el comentario de vinos. Pero que no sabía de vinos. Día peligroso, el de San Valentín, con alta probabilidad de ñoñería en el ambiente, Nada más lejos. Se arrancaron con una lectura salvaje de Fool of Love de Sam Shepard combinada con una chardonnay que me sorprendió, la de Joanne Cox (Celler Ronadelles en Cornudella de Montsant.) Pues aquella gente sensible, pero no preparada para descifrar el porqué de sus gustos vínicos, tenía muy claros cuáles eran esos gustos, Y estaban en las antípodas de los míos. Buena reflexión tuve que hacer. Como la que me propició el director general de la Unión Campesina Iniestense, Diego Paños, que me atendió una tarde para explicarme qué hacían y por qué lo hacían. Más de 6000 Ha, más de 1000 Ha en ecológico certificado (la mayor superficie de España en tinto), más de 1 millón de botellas vendidas el año pasado y con dos vocaciones claras: dar valor a los socios de la cooperativa; y atender a los gustos del mercado. Que no son los míos, joder, pero son aplastantemente superiores a lo que me gusta. A por ellos, pues: sauvignon blanc en ecológico a miles para Holanda, con tapón de rosca de alta calidad, etiqueta rústica pero amable ad hoc, y adelante. ¿China? Un desastre. En dos días ya harán allí el vino bueno y barato que nosotros hacemos y es mercado solo para los precios más altos, vino para millonarios. ¿El futuro? Los vinos ecológicos a buen precio y hechos al gusto del consumidor, por una parte. La gente ya no quiere maderazos, todos lo sabemos. Ellos arreglaron una nave histórica para 6000 barricas, que ahora sirve de almacén...poca, muy poca madera, y no de primer año. Y Estados Unidos, por supuesto. Pero no en botellas, no no...en ¡bag-in-box! Y ni de 3L, de 20L, para que los bares por copas puedan servir dosis con dignidad y calidad. Los americanos no son tan remilgados en según qué cosas. Su futuro también pasa por los mostos (auténticos maestros) y, por supuesto, trabajan tanto para los niños como para los adultos, tanto para los bares y restaurantes como para los supermercados.

Que sus vinos no me gustan? Cierto, no hablaré de ellos porque en ecológico prefiero otros perfiles de los que sí hablaré. Y uno no ha bebido en vano y tiene en la cabeza los sauvignon blanc que más le gustan en el mundo. Pero, caray, también me gustó un rosado de bobal ecológico de 2011, que estaba algo oxidado pero tenía una entidad sorprendente, y era goloso. No sé si venderán más del de 2012, pero merecería la pena. Pagué por él 2,48€ y, decían ellos, esa era la causa de por qué no se vendía: era caro! Pero me dieron una buena lección de cómo situarse en el mercado y hacer lo que éste pide, no lo que los gurus de la preceptoría aconsejan...Tampoco es lo que parece Vitis Natura, la bodega de Antonio Soler en Casas de Santa Cruz (en el territorio de la Manchuela, pero VT Castilla). Pequeña (apenas 5 Ha en ecológico), perdida en el llano entre Iniesta y La Jara (suyo es el roble centenario que adorna el viñedo y embellece el horizonte frente a la casa y este post), con una voluntad de sacar buen rendimiento a una tierra generosa que nada sabía de cabernets franc y sauvignon, petit verdot, merlot...Creo que llegarán, aunque les falta un largo trecho todavía: la bodega es de 2003 y todo es de plantación reciente. Creo que llegarán porque Antonio es un hombre sensible, sabe reconocer errores (la syrah en zona que era de cereales...mejor olvidarse de ella) y tiene como empleado a Andrés Kovinya, otro que es lo que no parece. Enfundado en su mono de trabajo en el campo, Andrés es el hombre de confianza de Antonio en el día a día del campo y de la bodega. Charlando charlando un par de buenas horas salió todo: ingeniero agrónomo y forestal en Ucrania, mecánico, enólogo a fuerza de aprender del maestro Antonio, carpintero, apicultor...En fin...solo digo una cosa: lo que sabe este hombre de maderas en relación con los vinos no lo había oído nunca. Porque se acerca a ellas desde la agronomía y sabe perfectamente qué madera que ha crecido en qué sitio y en qué condiciones puede dar qué resultados con sus vinos. Impresionante. Aprendí un montón con él y salí con dos firmes convicciones. Hay que trabajar mucho más para poder conocer la trazabilidad y vida exactas de las maderas que usamos. De otra forma, siempre daremos palos de ciego con nuestros vinos. Quien lo haga, enhorabuena. Pero la gente que yo conozco confía en los productores y en los resultados, pero no tiene certezas sobre los árboles con los que sus vinos van a convivir...La segunda convicción: probé un vino, Souvenir New Roots 2011, con cabernet franc, sauvignon y algo de merlot, que me gustó mucho: volumen, fruta, rusticidad. Será bueno. Y probé, sin etiqueta todavía, un espumoso brut hecho con bobal que me entusiasmó. Ahí me di cuenta del potencial de la bodega y de lo que puede llegar a hacer. También me di cuenta de que La Manchuela parece enormemente grande y vacía, pero no lo está, no. Las cosas se esconden, se camuflan, viven con discreción, pero son y en esta zona, con seguridad, seguirán siendo y cada vez mejor. Las cosas, sobre todo en sitios tan grandes, no suelen ser lo que parecen.

18 febrero, 2013

Iter Hispanum

HispaniaSalgo hoy. En el sentido de las agujas del reloj, voy hacia el sur,  Valencia, Utiel-Requena, la Manchuela, la Mancha, Alicante. Después hacia el oeste, Granada, Málaga, Sevilla, Cádiz. Subiré por Extremadura hacia las cercanías de Madrid (creo que en la ciudad no quedan ya viñedos) y de allí hacia el noroeste. Tierras del Duero, Valladolid, Salamanca. Pasaré por el Bierzo y la Semana Santa me cogerá en Galicia. Puede que ahí haga un salto (familiar también) a Gran Canaria y Lanzarote, para beber las bodegas que me faltan en la parte más oriental del archipiélago. Volveré al norte y de allí hacia el este, por la cornisa cantábrica y Euskadi. Retornaré al sur, siempre mirando hacia el este. Navarra, La Rioja. Volveré a entrar en Catalunya, que dejo para el final, por el Empordà. También Baleares y Aragón. Lo que queda más cerca de casa. Si todo va bien, serán unos dos meses.

Jean-Marie Gustave Le Clézio, citado por Javier Aparicio Maydeu en Babelia 1106, p.7, dice: "Para mí sólo cuenta una cosa: el acto de escribir. Las estructuras de los géneros son débiles. Es evidente que los géneros literarios existen, pero no tienen ninguna importancia. No es queriendo hacer una novela que se hace arte. Haciendo una escritura sin otra mira que ser uno mismo, se alcanza el arte". No hablamos de belleza ni de perfección. Hablamos de artesanía, de algo que se construye a golpe de palabra, en la transgresión constante del género literario y en la búsqueda, por definición única, esto es solitaria, de tu escritura, artesanía sin más filtros que uno mismo. Petronio, Apuleyo, Sales, Pla, Vázquez Montalbán, Luján, Perucho, Sebald, Bello, Coetze, Le Clézio...buenos modelos para echar a andar.

Las notas en este cuaderno serán más breves, cuando sean. Y los tuits, con la etiqueta #VinosyDias, serán su complemento. A veces tendrán foto, otras no. Voy a transgredir, literariamente hablando, cuanto me apetezca cuando me apetezca hacerlo. Pero no va  a ser un viaje que transmita en directo. No es esa mi intención. Si lo hiciera, tendría que estar demasiado pendiente de wi-fis, de coberturas, de aparatos, etc. Lo que quiero es estar pendiente de la carretera, de los paisajes, de los viñedos y de las personas. De la charla y del vino, de las comidas, tiendas, posadas...de lo que encuentre en el camino, con citas previos y sin ellas. De mis notas manuscritas. De mis fotos. Se publiquen o no. De lo que me vayan indicando amigos y desconocidos. Es un viaje con una ruta previa, cierto, y con ganas de conocer algunas bodegas y viñedos, también. Y llevo direcciones de restaurantes o casas de comidas, cómo no. Pero todo puede ser modificado a voluntad del destino y de lo que éste tenga a bien cruzarme en el camino. Arrieros somos...Vamos allá y que ustedes lo pasen bien.

Apostilla. Olvidaba una cosa importante, para mí (claro). Es una norma que sigo a rajatabla, la de contestar tan pronto como me es posible los comentarios que escribís a las entradas. Está claro que en los próximos meses no siempre podrá ser así...¡Disculpadme!