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12 febrero, 2018

Añejo Cencibel, Solera Familiar 1893

Esencia Rural, Añejo Cencibel Solera Familiar 1893
1893. Cuando un hombre y una mujer se casaban en La Mancha, juntaban lo mejor de las cosechas anteriores de las dos familias. De ese vino de dos casas que representaba ya lo mejor de cada una de ellas, hacían una sola solera, en una sola bota.

De esta bota tenía que nacer un "nuevo" vino añejo (rancio en mis tierras) que simbolizaba la nueva unión: dos familias y dos soleras para una nueva familia y una nueva solera. Los años de amor, de complicidad con la tierra y de diálogo con el oxígeno, la madera y el clima, iban redondeándola hasta convertirla en el vino que salía en las celebraciones y días de fiesta.

Existía la tradición de que esta bota de vino añejo podía refrescarse, por supuesto, con vino nuevo de añada, pero no hacerse saca alguna de ella hasta que, por lo menos, pasaran 20 años de la fecha del matrimonio. Solidez y compromiso para los hijos que tenían que llegar.

1997. Hace ahora 21 años, Julián Ruiz Villanueva (campesino en Quero y alma de Esencia Rural) recuperó la vieja solera de cencibel de sus bisabuelos, que fecha del día de su boda en 1893. 21 años cuidándola, recomponiéndola, refrescándola con esa misma cencibel con la que tan a gusto está. Hasta que hace 7 años llegó a la conclusión de que la cosa, vendimia tras vendimia, ya estaba en su punto bueno y no mejoraba. Momento, pues, de empezar a preparar una saca y de que el vino siguiera su camino de evolución en una botella.

Que es la que ven ustedes en la foto superior. Es un vino rancio seco de cencibel manchego, con 17,8%. Único porque puedo hablar de él habiendo bebido una copa. Irrepetible porque nace de una boda y no de otra. Inclasificable porque es la vocación labriega de Julián, junto con su pasión por las cosas de su tierra, la que recupera esa vieja tradición manchega y familiar. Con certeza, no pocas familias conservarán esa bota en su casa. Algunas quizá la habrán mantenido y refrescado y podrán disfrutar todavía de ella.

2018. Pero pocos, muy pocos, habrán tenido la generosidad de invitar al mundo entero (vaya, al que consiga llegar a alguna de estas botellas...) a la boda de sus bisabuelos. Yo he estado allí y no me atrevo a juzgar ni, casi, a describir el vino. La vida y la muerte han pasado  por él. Los nervios y las inquietudes. Las zozobras y las guerras. Las cosechas buenas y la alegría del vino nuevo. Una vida de campesinos que jamás fueron conscientes de qué hacían porque eso, lo que hacían, era lo único que sabían, querían y podían hacer. Quizá para ellos no fuera muy meritorio porque todos, antes y después, habían hecho poco más o menos lo mismo.

Pero yo no. Yo me he asomado al perfil de esa historia emocionante y he sentido, en ese único trago (inquieto y nervioso todavía el vino), el vértigo de la nueva unión: el añejo de la solera de 1893 ante su nueva vida, en un mundo que parece desconocer casi todo de quienes aportaron esos primeros vinos. El principio y el fin, la luz y la oscuridad, la sequedad y la amabilidad, el alcohol y la intensidad, el poso del café y la algarroba, los pámpanos que adornaban la mesa y el pan recién horneado.

Creo que no es un vino para juzgar o para opinar. Es un vino para sentir y para estremecerse. Es un vino para poder decir que, aunque la inmensa mayoría esté muy lejos de lo que representa, con él tenemos nuevo hilo para seguir tejiendo una historia de complicidad con la tierra. Aunque muchos piensen que todo está perdido y que cada vez menos gente comparte cierta sensibilidad y manera de hacer las cosas, el Añejo Cencibel 1893 de Julián Ruiz está aquí para demostrar y recordar que seguimos vivos. Hay tiempo para charlar y trabajar, para mirar y contar, para entender y escuchar, para beber y gozar. Para entender que la vida, con cosas como las que me pasaron este pasado sábado cuando Julián nos explicó su vino, tiene un sentido distinto. Sin juzgar ni valorar. Hay un tiempo para explicar y un tiempo para transmitir.

Mark Twain decía que hay dos momentos claves en la vida: cuando nacemos y cuando sabemos por qué y para qué nacemos. Lo primero lo pasé ya; de lo segundo me estoy dando cuenta estos últimos meses y especialmente (las circunstancias que, queramos o no, nos acompañan) estos últimos cuatro días en Barcelona. No he podido ni querido ir a todo, no porque no valore mucho el trabajo de todos en la organización de sus cosas. No. Es porque necesito sentirme cómodo en la charla con la gente y en el entendimiento de sus cosas. De ese tipo de momentos, nacen historias como las que Julián y su vino me contaron. Mi trasunto Marco Aurelio lo dice bien claro en sus reflexiones, y yo pasé muchos años sin hacerle caso... : "si te limitas a actuar conforme a la naturaleza de tu ser y a decir sencillamente la verdad en tus palabras, vivirás feliz. Y nadie puede impedir que te conduzcas de este modo". Alguien puede impedirlo, claro está. Uno mismo. Ya no.

22 octubre, 2017

Otoño es Afros Vinhao 2009

Raw, living Autumn
Me gusta ser otoño. El cielo recupera sus transparencias y la tierra empieza a reposar tras el parto de la uva. Los colores de la naturaleza incitan también a cierto descanso y la temperatura, fresca sobre todo por las mañanas, manda mensajes al cuerpo de quietud y recogimiento. Me gusta ser otoño y pensar que el invierno tardará mucho en llegarme.

"El cel s'aclareix. Tants anys intentant ser primavera, assumir que ets tardor i resar perquè no arribi l'hivern massa aviat. I l'estiu que rebenti sol. I per a l'instant, gràcies". De j.l.badal, Les coses que realment han vist aquests ulls inexistents, :Rata_, Barcelona, 2017, p.12.

"El cielo aclarece. Tantos años intentando ser primavera, asumir que eres otoño y rezar para que no llegue el invierno demasiado pronto. Y el verano que reviente solo. Y en cuanto al instante, gracias". (mi pobre traducción de este párrafo brillante de Badal).

Me gusta ser primer otoño. Sus frutos son contundentes y parecen encerrados en sí mismos. Pero en cuanto los abres y los trabajas con tus manos, te das cuenta de que encierran la verdad de la tierra: son simiente de alegría, de colores, de sabor concentrado y preparado para alargar las horas y recibir al invierno. Son ovalados o esféricos, son uva, granada, membrillo y calabaza. Tendremos vino todo el año, haremos carne de membrillo y cabello de ángel y durarán mucho también. Y las granadas: solo ellas saben cómo la cultura de la supervivencia se identifica con su deambular por las estaciones. Son la promesa de todo, siempre.

Soy otoño y me ha costado llegar aquí. Siento que el momento es bonito, es el preciso, es intenso y no quiero que nadie lo precipite ni me lo robe. "Es muy hermoso el otoño, aquí en Caces; los rastrojos del último verano arden en cada esquina y las hogueras florecen, como mirtos ofrecidos a los dioses antiguos, cerca y lejos. Se dibujan más allá de la neblina delicada y fugaz, recordándome que también yo, un día de estos, habré de encender una muy grande con todo lo que se quedó martilleando en la memoria. A ciertas alturas hay que ser uno mismo sin ningún arrepentimiento...Yo sé que hay algo sordo, profundo que trabaja sobre la tierra almacenando sueños. Es difícil ser otoño, fácil ser brusca primavera".  De Xuan Bello, Escrito en el jardín, Xordica, Zaragoza, 2017, p.83.

Quiero gozar de cada momento de mi ser otoño. He pasado mucho para llegar a él y disfruto, ahora, todo lo que me haga sentir otoño. Afros Vinhao 2009. Es un vino del primer otoño. Te hace sentir que la frescura, la sinceridad y la entereza están todavía en ti porque están en él. También, y de una manera íntegra, la fruta. Este vino de Vasco Croft, Pedro Bravo y Rui Cunha en la zona del río Lima (ya en Viana do Castelo), está hecho con la uva vinhao (en la zona del Vinho Verde, sí, pero es que hay mucha uva tinta aquí!) de la mejor forma para que almacene los recuerdos de la tierra y los sabores de la fruta. Es vinhao que es souzao que es sousón y se macera, pisa, prensa y fermenta entre lagares y acero inoxidable. Reposa y se embotella. 12,5%.

La tierra, que agradece el trato amable (podríamos llamarle casi biodinámico), se transforma muy lentamente en la botella, y la fruta crocante y ácida del vinhao viaja íntegra por el tiempo como lo hizo el monolito de 2001 de Stanley Kubrick: en el pasado está el futuro y no hay más que estar atento para recogerlo y leerlo, para beberlo y saborearlo. Estamos a tiempo: "hoy es siempre todavía "(Xuan Bello, p.81). Frescura, humedad, neblinas mañaneras, fresas silvestres, labranza y el impacto de un trago íntegro que te transmite aquello que la vendimia y el primer vino fueron. Es el sabor del primer otoño que te invade con suavidad y te dice, de nuevo, que estás en casa cuando otros ofrecen su paisaje en forma de vino. Los pámpanos transforman ahora el sol en rojez, el frío azul y gris del Atlántico muda en calidez, y ya sabes que tienes otro vino para el invierno de la vida. Pero no tengo prisa para que lleguen esas nieves que han de convertir mi memoria en un paisaje blanco y gris donde no distinguiré cielo de tierra.  Me gusta ser otoño y que Afros Vinhao 2009 esté en mí.

Afros Vinhao 2009

28 mayo, 2017

Apoikia Àmfora 2016: en casa de nuevo

Apoikia 2016 vasija tras la katábasis
En un mundo casi desaparecido, en el que la naturaleza y la tierra cultivada modulaban el ser y el sentir del hombre, existían dos formas de conjurar la mortalidad de los cuerpos. La primera, y más habitual, consistía en aceptar que la clave de esa "inmortalidad" residía en la regeneración de las cosas: nada se perdía, todo se reciclaba. El ser humano observaba el ciclo de la vida a través de las estaciones, lo representaba en un círculo que, por definición, nunca empieza ni termina, y todas las energías se identificaban con él. Nada moría ni nacía. Todas las cosas que se vinculaban con la naturaleza de una forma cíclica, personas, cosechas, vidas y muertes, se transformaban. En 1847, Hermann von Helmholtz formuló exactamente ese sentimiento ancestral como  la "ley de conservación de la energía": las energías pueden adoptar otras formas, pero no ser destruidas. Así pues, la energía no nace ni muere, se transforma. Cualquier energía: la de las emociones y los sentimientos, también.

Existía una segunda forma de acceder a la inmortalidad, aunque fuera temporal. Si uno pactaba con los dioses porque tenía una misión transcendental que resolver, podía recibir permiso para visitar el mundo de los muertos y volver de él con vida. La transcendencia era metafórica, por supuesto, porque en esa misión concreta, se concentraban e identificaban los anhelos de todos los mortales. Por suerte para nosotros, siempre había además algún narrador de excepción que nos contaba cómo había ido la cosa. Así, por ejemplo, sabemos de los viajes de Gilgamesh, de Odiseo, de Orfeo y de Eneas. Todos ellos viajaron al reino de la oscuridad y fueron de nuevo llamados a la luz, con resultados y fortunas desiguales pero siempre con la idea de la superación personal como meta: acercarse a la frontera de lo desconocido, penetrar en ella, explorar y salir indemnes y más sabios como metáfora de un convencimiento. Somos instrumentos en manos de los dioses, es decir, de la naturaleza, para que la rueda de los acontecimientos siga moviéndose.

No suele relacionarse con estos descensos a la oscuridad otra aventura de Odiseo, la que Homero cuenta en el canto 9 de la Odisea, cuando el barco del héroe se adentra en la más absoluta oscuridad para atracar en la isla de los Cíclopes. Si a la isla llegan con ausencia de luz y con niebla, cuando entran a la cueva de Polifemo, la exploración es, ya directamente, otro viaje a los infiernos pero, de nuevo, en vida. Los compañeros de Odiseo van siendo devorados por el cíclope, quien acompaña su antropofagia delirante con leche de oveja recién ordeñada y pura. Pero nuestro astuto héroe se sirve del mejor vino que transportaba para emborrachar al bocazas de un solo ojo, clavarle una estaca de olivo ardiente, dejarle ciego y acabar saliendo de nuevo a la luz, que es la vida. Por primera vez en las historias que la literatura de los hombres nos ha legado, es el vino y la estrategia, además de la valentía acompañada de sensatez, las que permiten al héroe seguir su viaje tras visitar el reino de la muerte.

Agnès y Manel, de Apoikia, han buscado una vía intermedia y, en este sentido, tan nueva o tan vieja como es el mundo desde que los hombres hacen vino en él y lo entierran en vasijas en el suelo. Vieja porque desde muy antiguo (por lo menos desde los tiempos de Noé, si no estoy mal informado) el fruto de la tierra en forma de mosto que se está convirtiendo en vino, se lleva a vasijas que reposarán unos meses su embarazo para acabar "pariendo" un vino que será la más sincera manifestación de esa misma tierra. Nueva porque las tradiciones y personas que utilizan esta técnica suelen poder acceder a las vasijas de barro por su boca en superficie, por muy protegida o tapada que esté. No ha sido este el caso... Agnès y Manel decidieron someter a su aglianico a una suerte de muerte en vida. Lo pusieron en vasijas y las enterraron por completo bajo tierra. Sabían donde estaban y a los ocho meses lunares, en un momento especialmente propicio, decidieron convocar a los dioses, pactar con ellos e intentar que el vino, que estaba en el reino de la oscuridad, saliera de nuevo a la luz.

Creo que Gilgamesh no estaba presente, pero el resto sin duda sí: Odiseo, Orfeo y Eneas llegaron de la mano de Homero y de Virgilio. La luna, casi nueva, estaba frente a Aries. Y todos, en silencio y mirando al monte que había protegido a las vasijas, bajamos para llevarlas de nuevo a la luz. Sin darnos cuenta, el mundo se había convertido en una enorme cueva, Sileno yacía en ella y nosotros estábamos ya abriendo la primera vasija ante él, olíamos el vino y lo servíamos en una copa. Sin mediar petición ni ruego ni chantaje alguno, el tutor de Baco empezó a contarnos la historia del mundo a partir de unas uvas que, convertidas en vino, eran en realidad mucho más que vino. Representaban, en el suelo de la viña y bajo la protección de nuestro cielo azul, las cuentas de una esfera que no se ha roto y que seguimos dibujando porque sabemos que sólo en el respeto a la tierra y a uno de sus hijos emblemáticos, el vino, encontraremos  nuestra más profunda vinculación con ella y parte de la razón de nuestra inmortalidad.

Fuego y tierra, calor: energías contenidas en una copa, dureza y fluidez. Buscar una voz a través del vino. No hacer por hacer ni copiar por inercia. Tener una idea del vino y convertirla en tu voz. Que el vino sea tu voz. Aglianico pues, pero bajo la protección del Montgrí, no del Vulture (no tan lejos de donde Eneas descendió a los infiernos). No hay más que tierra comprendida y tratada con el máximo respeto, uva y fermentación. Vasija enterrada y ocho meses lunares. Rústico pero amable, discreto pero intenso, cerezas y mirto, violetas y corteza de naranja, flor de lavanda silvestre y retama, profundidad y luna nueva. La primavera sirve para esto: para que los seres que podrían parecer muertos vean la luz de nuevo, para que las energías se renueven y transformen, para que el vino auténtico fluya como metáfora de la vida nueva, de la vida que vuelve. La emoción y el deseo son energías que también se beben.

Ps. Esta  extraordinaria aventura no hubiera sido posible si Agnès y Manel no hubieran tenido una gran complicidad con Eloi, de Bonadona Terrissers, que les hizo las vasijas tal y como ellos las querían.
Apoikia 2016 vasija vacía tras la katábasis

05 junio, 2016

Abel Mendoza Selección Personal 2012

Con este vino de Abel y Maite sucede de forma especial: sientes que ofrece la paz y la armonía que las personas que lo hacen tienen con la tierra donde han nacido y con la naturaleza en la que crecen sus uvas. Como todos ellos, es un vino hermoso. Para más detalles, lee aquí
.

01 junio, 2016

10 años y un vino: Mas Doix 1902 2009


Agosto de 2003. Tumbados cerca de un olivo centenario en Ultramort, nos absorbe la lluvia de estrellas de la noche de San Lorenzo. No a todos... Valentí Llagostera (Mas Doix) ha sido ya abducido y rompe la noche con sus ronquidos. De la espontaneidad nacen amistades verdaderas. De ese ronquido estrellado nació una, junto con la promesa de una vendimia futura.

Septiembre de 2004. Tras una vendimia muy compleja en 2003 (esos malditos calores que azotaron Europa...), 2004 se presenta con unas maneras, unas frescuras y unos puntos de maduración históricos. La promesa se hace realidad y a pesar de las lluvias que en el Priorat septembrino no son infrecuentes, disfrutamos de nuestra primera vendimia entre Poboleda y Escaladei.

Mi relación con el mundo del vino cambia radicalmente desde ese momento. Estar en el campo a los pies del Montsant, vendimiar en viñedos de cariñena y garnacha de costers históricos (no sabía en esos momentos que uno de ellos era, además, más que centenario), entrar la uva, seleccionar y empaparte de los aromas de la fruta y de ese inicio de fermentación que todo lo llena y todo lo puede... La parte más auténtica y profunda de la cultura del vino muerde mi alma. No hay posible vuelta atrás. No la ha habido ni la habrá ya. Me dedique a lo que me dedique, el vino está ya en mí y forma parte de mi manera de ser. Por primera vez me siento integrado en la naturaleza hecha paisaje con vides, no soy un mero espectador. Ya no me conformo con descubrir y beber. Quiero entender y formar parte de esa comprensión y de su transmisión.

Octubre de 2005. Tras otra vendimia muy buena (en la DOQ Priorat, 2004 y 2005 son dos grandes añadas, aunque por razones distintas), volvemos con Valentí de Poboleda a Barcelona. Conduce él y como quien no quiere la cosa (es discreto en sus proposiciones), me dice "oye... a ti que te gusta tanto la literatura" (él conoce bien mi formación y mi trabajo) " y también escribir, y ahora estás empezando a estudiar y a conocer el mundo del vino, ¿por qué no escribes un blog de vinos?" "¿Un qué...?!", pregunté yo. Él (siempre muy en la última tecnología) me contó de qué iba la cosa. Llegué a casa y empecé a investigar. Desalentadora búsqueda al principio... Blogs que parecían libros, mínima presencia de fotos, nula atención a qué requería el medio, a la compaginación entre texto y fotos, al tiempo que una persona dedicaba a leer un post...

Junio de 2006. Aprendí la técnica, seguí estudiando y bebiendo y el 1 de junio de 2006, hoy hace 10 años, me lancé. Gracias a Valentí, me lancé. No pienso hacer ninguna reflexión sobre los blogs ayer y hoy: prometí dejar ese camino. Sólo quiero decir que este blog se ha convertido, con los años, en una fantástica herramienta de aprendizaje para mí: de aprendizaje de lectura y de escritura, de vinos, de maneras de hacerlos y de personas que los hacen y los disfrutan. Este blog ha sido la mano abierta y tendida que ha estrechado quien ha querido. Ha sido la aldaba que ha llamado a las puertas de tanta y tanta gente del vino sin encontrar jamás un "no" por respuesta ni pedir una publicación a cambio. Quizá algún "vuelve mañana, hoy no puedo" y algún "no estoy", pero jamás un "no". Ha sido, además, la puerta a una enseñanza de vida que jamás hubiera soñado tener. Me ha hecho disfrutar, vivir, cambiar, viajar, escuchar, mirar y ver, charlar, sufrir y reencontrarme, ser otra persona. Me ha permitido integrarme, confundirme, compartir, emocionarme, percibir las cosas de otra manera. También ayudar. Ha sido una bonita herramienta de transmisión, de información, de colaboración, de ayuda. Pasiones compartidas con tanta gente...

Junio de 2016. No se me ha ocurrido mejor manera de celebrar estos 10 años de vida que abrir y beber la botella que Valentí nos regaló de las uvas que crecen en el coster centenario que alguna vez habíamos vendimiado. Ahora el vino tiene nombre, Mas Doix 1902 (el año de plantación de esa cariñena). Y 2009 fue la primera cosecha que embotellaron. He tenido la suerte de poder beber alguna de las "pruebas de autor" que los Doix-Llagostera habían hecho antes de esta primera botella comercializada, 2005 por ejemplo. Desde el primer momento he pensado que es un vino único, nacido en un lugar muy especial, que explica como pocos la historia del Priorat (la importancia capital de Joan Doix y de su padre) y transmite como pocos los sabores y aromas de una parte de esta tierra. 2009... Año de nieves en invierno y de lluvias en primavera. Año de calores extremos en julio y agosto, aunque con noches frescas. Año de lluvias y temperaturas más moderadas en septiembre. 2009: un año muy bueno... Doble mesa de selección, fermentación a temperatura controlada con sombrero sumergido, 16 meses en barricas de roble francés de grano extrafino, embotelladas 850 botellas en mayo de 2011 sin clarificar ni filtrar. La mía ha sido la número 372. 15%.

(29 y 30 de mayo de 2016) Muros de piedra seca rodean el monasterio. El scriptorium huele a anochecer, a pergamino y a piel de ternera, a tinta azul bien oscura. Los ojos de este vino están en las manos, las manos en la tierra. En la tierra se hunden las raíces viejas de cariñena, en la cariñena está el cielo. El olfato sigue las huellas de los dedos del monje. Finura y elegancia. Intensidad y atención. En la copia existe la lectura previa; en la memoria, la traición. Hay que leer siempre con ojos nuevos, aunque sean los de la memoria antigua, intuitiva. Este vino huele a Virgilio, huele a pureza intacta, huele al final de las Bucólicas. (Apolo en Baco: vino coronado de laurel.) Humo a lo lejos en el anochecer del Priorat. Sombras redobladas por el sol que se oculta. Las hogueras señalan el camino al que vuelve del campo. Hierro y fuego. El pozo de agua fresca da la bienvenida. Laderas de llicorella, tierra de austeridad. Cuando bebes este vino, el silencio se impone como norma: la palabra precisa, el sentimiento, no tienen por qué pronunciarse. Siempre están contigo para quien quiera entender. Y volver a la ley del poeta, que es la de la observación, la de la sabiduría discreta, la de las sensaciones sin filtros y sinceras. En la naturaleza está la medida de todas las cosas, también las que no se entienden. Y su transmisión.

Gracias de corazón a todos los que me habéis ayudado a llegar aquí, hoy.

15 mayo, 2016

Ignios - Orígenes, Baboso negro 2012

¿Existe un hilo conductor que una a tierra y cielo? ¿Podemos encontrar un nexo entre piedras volcánicas, uvas guanches, brisas atlánticas y sol de poniente? Cuando conocemos a personas como Borja Pérez González, sabemos que sí: entendemos que hay gente que siente, vive y ama su tierra canaria y sabemos que su mirada y trabajo son capaces de llevarla a una copa de vino. Para más detalles, puedes leer este artículo en El País Semanal.
Borja Pérez González

La foto es cortesía de Mario Canora.

25 marzo, 2016

Táganan Tinto/Red 2014

Tàganan Vinos Atlánticos Tinto Red 2014
Este post tiene varios objetivos:
1. Manifestar mi admiración por el grupo de enólogos que viene en llamarse Envínate: Laura Ramos, José Martínez, Roberto Santana, Alfonso Torrente. No hay vino que hagan que no me diga cosas interesantes, atractivas. Me gusta su manera de hacer las cosas, su sabiduría silenciosa y tranquila, su dominio, su humildad, sus ganas de aprender y, sobre todo y más que nada, me gustan su futuro y los vinos que harán de los que todavía no sé nada.

2. Mostrar que este Táganan Tinto 2014 (13%) es un paradigma de 1. Es un vino hecho en la tierra de uno de ellos (Roberto Santana, Taganana, Santa Cruz de Tenerife), con plantas y variedades muy antiguas de la isla, que han sobrevivido en pie franco: negramoll, listán negro, vijariego negro, listán gacho, moscatel negro. Es un vino que nace de viñedos con el mínimo tratamiento, que ha fermentado con la ayuda de sus propias levaduras y que lleva un poco de raspón. También unos meses de madera bordelesa usada (varias medidas) en la que ha hecho la maloláctica espontánea. La madera que no es de la uva no se nota casi nada en aromas: ayuda a hacer el vino. Tiene los sulfitos mínimos que ellos consideran necesarios para que el vino se mueva (normalmente por debajo de los 40 mg/L). Pronto considerarán que con menos también van bien las cosas.

3. Demostrarme que pocas palabras también pueden describir bien las huellas que un vino como éste deja en mí: "bajo el volcán, las sensaciones golpean con amabilidad. Es un vino fresco, rústico, amable, ácido y directo. Huele a pedernal y a picotas. Sabe a agua de la cántara, tiene un mínimo de reducción y de cuero y me recuerda ratos pasados bajo la sombra amable de un zoco, en la zona de los tintes de color azul."

4. Constatar que cuando alguien tiene acceso a viñedos con las características que desea y tiene un vino en la cabeza, no hay nada ni nadie que le/les pare. Ni reglamentos, ni normas: nada. Este vino, impresionante por tantas cosas, no está amparado por DO alguna: es un vino tinto de mesa, sin más. Se puede comprar en la red o en la tienda por unos 14€. Y es, además, un homenaje a la manera sencilla y sabrosa de hacer las cosas que tienen en el norte de Tenerife.

5. Decirles a todos ustedes que gracias (no se me ocurriría decir "por culpa de...") a un nuevo proyecto que pronto verá  la luz, los posts tendrán una periodicidad algo irregular. No pienso matar al bloc, por lo menos no antes de su décimo cumpleaños (sic!!!)  pero no siempre tengo la suerte ni la capacidad de beber en una sola semana varios vinos de los que desee decir y compartir cosas.

¡Feliz Pascua para todos pero en especial para aquellos que creen que la resurrección de la carne también es posible gracias a un gran vino como éste!

13 marzo, 2016

Volvoreta 2013

Volvoreta naturalmente 2013
Monte bajo a 800 msnm, cascajos y arena, profundidad y buen drenaje. El paisaje que el Duero ha dibujado en su recorrido cercano a Zamora, en Sanzoles, es extremo y muy adecuado para la vid. Acompañan otros elementos clave para tener uvas de calidad: un clima continental y árido, con temperaturas extremas y poca lluvia, un suelo pobre y lo más importante: gente que sepa observar y entender qué necesita esa tierra para que sus frutos no perezcan en el intento de alimentarse y de crecer hacia la luz. La familia Alfonso pertenece a este tipo de personas. En cultivo ecológico desde los inicios de Finca Volvoreta, y ahora en prácticas de biodinámica incluso "avant la lettre" (cuajo de oveja, por ejemplo), usan también la cubierta vegetal responsable, en la justa medida que los suelos necesitan para fijar los minerales y airearse mejor. El resultado es una excelente tinta de Toro, la uva de la zona (emblemática de la Denominación de Origen Toro) y, por supuesto, su uva. Volvoreta 2013 es el vino que hacen de la forma más natural posible.

Esa tinta entra en la bodega y fermenta con sus propias levaduras y las que ha ido recogiendo por campos y bodega. Saben ya lo suficiente y tienen, además, la sensibilidad adecuada para dar el paso de no sulfitar en ningún momento del proceso. Y tras la fermentación alcohólica, la maloláctica la hace la uva en barricas bordelesas y en tinajas de barro. El resultado final es un vino con la fuerza, la rusticidad y la energía de la tinta de Toro, pero también con la frescura y la elegancia de la fruta servida de la forma más auténtica posible. Con 14,5%, agradece la botella. Lo seguirá haciendo, sin duda, por unos años más. Cuando lo bebo me viene a la cabeza la complicidad entre hombre, viñedo y caballo cuando se ara con ellos la tierra (aunque confieso no saber si los Alfonso los utilizan). Pienso en el sabor intenso y en la fina tanicidad que tiene esta uva. Y recuerdo montes llenos de tomillo y orégano en flor. Huelo laureles y nuez moscada en el estofado. Siento la frescura y los aromas de las ciruelas y del agua con chocolate. Unto rebanadas de pan con mermelada de cerezas picotas. Me vienen mirto y azules por doquier. Y veo a ese Apolo agazapado detrás de María que sonríe casi como si fuera un Baco...

29 febrero, 2016

Les Tallades de Cal Nicolau 2010

Les tallades de cal Nicolau 2010
Esta es la mínima historia de un vino único, nacido de un viñedo único, hecho con una uva única por una persona única. Este es un vino del que hablar en un día único, cada cuatro años, sí, pero único. Es la historia de un bisabuelo que llegó a El Masroig para trabajar en carreteras y puentes. Es la historia de un bisnieto que nació en El Masroig para hacer vinos que hablaran como pocos de esta tierra tocada por la luna y las estrellas. Es, también, la historia por escribir de un tataranieto que ya está haciendo vino con las uvas de picapoll tinto que su tatarabuelo plantó y que su padre cuida y hace crecer para él.

Les Tallades de Cal Nicolau 2010, DO Montsant, 14%, picapoll tinto. Un vino hecho a golpe de ciclos lunares, con la huella de la tierra de panal en sus venas y la marca del Montsant en sus poros. Tierra y raíces. Secano y sol. Madera noble y luna. Intensidad y amabilidad. Austeridad y ligereza. El vino de una tierra que se expresa con intensidad en sus aromas. Huele a cal y a frutas. Huele a ciruelo y a coca de cerezas. Huele a Montsant y a río. Huele a flor de romero y a pino. Huele a lino y a esparto. Huele a oscuridad y a regaliz de palo. Energía del campo, aires de misterio, de negrura de luna nueva, de concentración y de sosiego. Cuando la tierra respetada y la luna hablan y alguien las escucha, cuando las cepas y su fruta encuentran a una persona que las observa y las entiende, nacen vinos como este Les Tallades de Cal Nicolau 2010 de Joan Asens (Orto Vins).

21 febrero, 2016

Más que un vino: El Fundamentalista 2014

El Fundamentalista 2014
Cuando un maestro de maestros (en el periodismo, en general, y en el mundo del vino, en particular) te da un titular, no lo desprecies... Primero busqué una botella de El Fundamentalista 2014 (Finca Sandoval): conociendo al personaje, suponía que el nombre contenía una carga de provocación pero, también, una parte de realidad. La encontré en una sucursal de Lavinia en un aeropuerto (ahora sé que también la tendrá Vila Viniteca en pocos días). Después busqué información y no encontré más que vaguedades con un solo dato de interés: en 2008 había existido ya un Fundamentalista... Sólo en 2008. Por supuesto, acudí a la fuente. Y a las pocas horas, Víctor de la Serna, amable y paciente con los aprendices hasta que se harta y te manda a tomar viento fresco, contestó. Con un titular, claro: "Joan, más que un vino, es una anécdota..." Normalmente me gusta poner el nombre del vino en el título de mis posts, así que el titular quedó algo recortado y conviene ahora explicarlo un poco. La anécdota es la de alguien que conoce y ama el vino como pocos (Víctor de la Serna) y que, cuando estás en su bodega, ofrece cuanto tiene. Es la de un amigo que prueba uno de esos vinos olvidados (un sangrado de syrah, mínimamente sulfitado, que reposaba en una vieja barrica, aunque también podría haber sido un odre antiguo) y se entusiasma ante la sencillez, frescura y amabilidad de ese vino. Y es la de unas pocas botellas, que en 2008 fueron embotelladas para amigos.

En 2014 se dan circunstancias parecidas, pero además de syrah, Víctor dispone de un monastrell ya en edad de mostrar sus bondades (10 años), de un viñedo de la Manchuela en altura, 850 msnm. Eso significa contrastes térmicos enormes y una maduración lenta que va cargando los hollejos de sabores antiguos y el mosto de ligereza y frescura. Repite la operación: vino de sangrado, un poco de bota vieja y nada más. Mínimo sulfitado y una etiqueta que, de nuevo, nos recuerda que las cosas fundamentales, las básicas, no precisan de grandes artificios. Una buena fruta es la base de todo y el mínimo "aderezo", que acaba dando algo que encaja con el carácter de quien nos propone este vino: a fundamentis era aquel edificio que un arquitecto romano señalaba en una inscripción como construido desde la base por él. Mucho beber, mucho viajar, mucho conocer, mucho procesar para que los que amamos el buen vino lleguemos a una sencilla conclusión: el vino sencillo, que no simple, el vino que, en palabras de Víctor, "llena las horas de diversión y es fresco, sin pretensiones y simpático", te da siempre mucho más de lo que vale.

Por ahí va este El Fundamentalista 2014, que podría parecer incluso una broma, un guiño travieso de Víctor a quienes hacen vinos auténticos, sinceros, lo más naturales posible. Podría parecer una broma pero acaba siendo una declaración de intenciones. Quien ha convertido la anécdota en categoría y ha decidido poner a la venta esta botella, también nos está diciendo "éste es un vino que me gusta y éste, un camino que quiero transitar". Incluso en el detalle (nada escapa a un tipo como Víctor) de no poner código de barras en la contraetiqueta. Bien está viniendo de quien viene. 14% que apetece tomar algo fresquitos (14-15ºC). Es un vino de arcilla roja, algo oscura, con recuerdos de madera vieja o, incluso, de odres de piel antigua. Es un vino de hoy pero con hechuras antiguas. Ciruelas, brezo, zarzamora y picotas. Fresco, sí, y de trago fácil y agradable. "Frutoso", claro. Pero también sólido y con empaque: vinoso. Me recuerda al mejor y joven Classius Clay. Este vino se mueve como él: tiene las piernas y el baile ligeros, se mueve sin parar y parece no fatigarse pero, al mismo tiempo, tiene una contundencia y un impacto de sabores y aromas grande. Es un vino que suena, en el mejor sentido de la expresión, a viejo y a sincero. Me gusta que, aunque naciera en 2008 por casualidad y como anécdota, la cosecha de 2014 y la ocasión hayan permitido a Finca Sandoval y a Víctor de la Serna recoger estos nuevos sangrados de syrah y monastrell para poner en la copa una Manchuela que sabe a mucho más que a anécdota.

03 febrero, 2016

Roberto Henríquez Pipeño 2015

Roberto Henríquez Pipeño 2015
Roberto Henríquez. Vinos naturales. Es el nombre de la bodega y aquello que uno lee en su página web. No sé mucho más de él que lo que esa web nos cuenta. Miento... O me confundo... Suelo pensar que sólo se puede conocer bien a alguien cuya pasión es hacer vinos (me parece que éste es el caso de Roberto) si has pisado sus viñedos y bebido sus vinos con él en ellos. Cuando se puede, sin duda es el mejor camino. Pero cuando quien hace el vino que te ha entusiasmado vive en Concepción (Chile) y hace sus vinos en la ribera sur del río Bío-Bío o en el Notro, sabes que va a ser complicado ese conocimiento profundo. Es entonces cuando la botella se convierte en auténtica protagonista. Te concentras en ella y en lo que la copa te dice y sabes que, aunque falte una parte importante, algo (¡no poco!) has comprendido de cómo es Roberto Henríquez: porque has entrado en su vino y lo has disfrutado. Mucho.

Experiencia de seis años en distintas bodegas americanas y europeas bastan a Roberto para entender que sus raíces son las que llaman y la uva país la que tiene que ser mimada, comprendida y embotellada. La país es una de las señas de identidad de parte del terruño chileno. La país de Santa Juana en viñedos de 200 años de edad y sobre suelo granítico forma parte del ADN de Roberto y de muchas generaciones de viticultores chilenos. La país que está en este Pipeño 2015 (vino de añada y hecho para un disfrute inmediato: fue vendimiado en abril de 2015) me suena a excepcional y la manera sencilla y transparente (natural) en que ha sido trabajada, me seduce y atrae sin más. Viñedos tratados con una sola mano de azufre; uvas que crecen en suelo granítico y fermentan en lagares de cemento; vino que por sangrado se guarda en madera vieja (unos tres meses); en botella otros seis meses, desde agosto de 2015. Bebido en enero de 2016. 13%.

Piedra antigua.
Fluidez.
Rusticidad.
Frescura.
Amabilidad.
Sinceridad.
Frambuesa madura.
Granito.
Autenticidad.
Musgo.
Brezo.
Raíces.
Solidez.

Estas palabras, como dardos, me iba lanzando el vino. Podrán algunas parecer contradictorias, pero todas han salido de la misma botella. Este vino lo bebía yo por arrobas, cántaras, tinajas, odres, fudres, vasijas o cualquier otro contenedor que sugiera grandeza, generosidad, autenticidad y sabores y sensaciones reencontradas. Grande en su sencillez, accesible por su frescura, afable en su amabilidad, contador de historias centenarias por su sinceridad.

23 enero, 2016

Vinos en voz baja

Vinos en voz baja Costumbres 2013 garnacha
Apenas les conozco (una hora de conversación intensa con Isabel Ruiz y Carlos Mazo), no he pisado sus viñedos (sólo he visto alguna foto, que sugiere mucho, pero sólo eso) y no conozco su bodega (aunque sepa que han empezado en 2012 como bodegueros de garaje y, ahora, de prestado todavía en casa de otros). Pero me atrevo a escribir sobre ellos y a hablar un poco de su manera de ver las cosas. Por supuesto, a describir también las sensaciones que algunos vinos suyos me han regalado. Por razones muy variadas que no vienen al caso de este post, la Rioja está de nuevo en primera plana. Digan lo que digan, la Rioja estaba languideciendo. No hablo ya de dormirse en los laureles porque supongo que las ventas y el nombre y prestigio (muy bien ganados) de la DOC me desmentirían. Hablo de apego a la tierra, hablo de cultivo respetuoso y lo menos intervencionista posible, hablo de preservar las características de cada terruño (sí, terruño, porque aunque no tenga tradición la palabra como sinónimo de "terroir" en castellano, "terruño" es la tierra natal de uno -según la RAE- y, por supuesto, la de las uvas también: la lengua evoluciona) en la botella y en la copa, hablo de conocer con nombres y apellidos viñedos, viticultores y vinicultores como protagonistas y, casi, demiurgos en el descubrimiento de una alma renovada en esta tierra de privilegio.

En pasado, sin duda. Languidecía. Porque hace ya unos años que unos pocos (no voy a cometer el error de poner edades ni adjetivos porque, aquí y por fortuna, algunas generaciones se mezclan) han empezado a andar otro camino. Respetuosos con su pasado (no siempre el más reciente), sensibles con el trabajo de quienes no maltrataron el viñedo con productos de síntesis, amantes de la recuperación de cepas viejas (también con variedades muy propias), conscientes de la necesidad de que la Rioja hable en la copa y en la botella de otra manera. Casi siempre sin hacer ruido, cierto, y en voz baja. Casi siempre, también, con vinos y actitudes que me hacen detener, girar la mirada y escuchar con profunda atención. Después, beber y pisar algunas tierras (las de Carlos e Isa todavía no...) y entender que en la Rioja (no hablo de zonas porque en todas ellas detecto este movimiento) están sucediendo cosas. Como hace bien poco describía Víctor de la Serna (en un tuit que precedía una cata de Rioja'n'Roll en Elmundovino), es "excitante y emocionante". Porque los que amamos sin paliativos ni matices la viña cultivada con los mínimos aderezos y su fruta sabemos que este movimiento es lento pero imparable, También en la Rioja.

No voy a dar hoy más nombres que los de Carlos e Isa, Vinos en voz baja, pero sólo tenéis que repasar posts, tuits e instagrams (míos y de unos pocos más, sensibles a cuanto se mueva alrededor de lo que Goode y Harrop vinieron en llamar "authentic wines") para saber de quiénes hablo. Vinos en voz baja es de Aldeanueva de Ebro y trabajan, pues, en la Rioja Baja. Digo yo que la coincidencia de adjetivos no es casual porque su actitud es exactamente esa: estamos en una zona dura, casi denostada o, por lo menos, poco querida y apreciada y vamos a recuperar el orgullo y la pasión de los nuestros para iluminar de forma renovada las variedades más significativas, la viura y la garnacha. Después llegarán otras, autóctonas de la zona. Viticultura sana, responsable, con el uso de la menor cantidad de insumos (sustancias ajenas a la naturaleza) posible, con la mínima y sólo la imprescindible intervención de la tecnología y con respeto hacia la energía que esta tierra quiere liberar de nuevo. Y a la chita callando. Escuchando mucho, mirando y, además, viendo, aprendiendo y avanzando poco a poco.

Vinos que son Costumbres en esta bodega errante y que quieren devolver al bebedor de hoy sensaciones de antaño. No hay mejor "prueba del algodón" para estos jóvenes que el que los mayores beban sus vinos y suelten un "caramba... esto me suena!!! Me recuerda los vinos de cuando era mozo!!!". No pocas veces he escuchado ya esta expresión en la Rioja y en otras partes de España. Entonces, los ojos de los jóvenes se iluminan y saben que van por el buen camino. El tiempo no pasa en balde y no todo tiene porqué ser igual (tampoco es ese el objetivo. Si lo fuera, harían arqueología/antropología del vino. Y no es eso...). Pero los sabores y las sensaciones, ahí están...De dos de los vinos "en voz baja" quiero decir cuatro palabras hoy. Del Costumbres 2013 blanco, 13,5%, monovarietal de viura, y del Costumbres 2014 tinto, garnacha de la que no sé el grado ni nada porque Carlos me dio una muestra previa a la comercialización. El primero tiene la madera muy medida aunque se nota... Tiempo en botella le falta pero sus virtudes ya asoman: la pureza y aromas del sabinar en el monte bajo. La flor de manzanilla en su momento culminante. La retama. Algo de mantequilla salada, Juncos y vegetación verde. Pan tostado. Viveza. El segundo me enamora, sin más. Recupera las sensaciones de la garnacha de tierras duras y secas que ofrece frescura y vida al vino gracias al uso sabio del raspón: raspón y garnacha, unión imbatible, natural. Algo de madera hay, por supuesto, pero el placer es inmediato, no necesita mucho reposo ni diálogo con la botella este vino. Fruta fresca y maquia (maquis, "macchia"). Alegrías de la casa. Picotas  ácidas. Pimienta roja. Pimiento rojo asado a la brasa. Bolas de ciprés. Tinta china roja. Ciruelas negras crujientes. Sabroso y redondo. Sencillo que no simple. Fresco y austero.

Carlos Mazo e Isabel Ruiz pertenecen a este grupo de gente riojana (aunque no todos nacidos en la Rioja) que vuelve a excitarnos y a conmovernos con sus vinos. Siempre los ha habido, por supuesto, para los que amamos el vino y respetamos esta tierra histórica, y de todos los estilos y características además. Pero ahora unos pocos saben distinto y su "canción" y manera de explicar las cosas es, también, distinta. Renovada y mínimamente intervencionista aunque con la vista bien puesta en el retrovisor. La Rioja, también la Rioja Baja, mola de nuevo. Mola mazo, si me permiten el juego de palabras. Y perdón...

05 enero, 2016

Vall Llach 1998 (y dos)

Vall Llach 1998 dos
El 2 de diciembre de 2013 publicaba una nota sobre una botella de 0,75L de Vall Llach 1998. Hoy quiero empezar el año 2016, que será un año distinto y muy lleno de cosas interesantes (algunos indicios y mi olfato apuntan a ello), con un comentario sobre una botella mágnum de Vall Llach 1998. No voy a repasar mi archivo histórico del blog pero creo que es la primera vez que publico una nota sobre el mismo vino en una misma añada. Se lo merecen tanto el vino como el viñedo del que, de forma destacada, procede la cariñena que le da el alma (Mas de la Rosa), como los actuales propietarios de la bodega (Llach y Costa), que están dando a su proyecto un espíritu renovado. Es reconfortante ver cómo la reflexión sobre la tecnología en el campo y en la bodega hace dar algunos pasos atrás a quienes, desde siempre (por lo menos desde la llegada de los "young ones") y aunque se les reconozca menos que a otros, han marcado tendencia en la DOQ Priorat.

Vall Llach está ahí, sin duda, y ver cómo ahora los animales están volviendo a arar alguno de sus viñedos y cómo los tratamientos se reducen y adaptan a una escala que la naturaleza pide para poder sobrevivir con dignidad y sus cepas bien altas, es gratificante. Como lo es, claro, seguir y comparar las primeras añadas de la bodega con las que están saliendo ahora para hacerse una idea de hacia dónde pueden ir las cosas. Sobre el vino, las uvas y la vinificación ya hablé en el post de diciembre de 2013. Me voy a concentrar, pues, en este mágnum de Vall Llach del 1998, primera añada en que la bodega embotelló su portaestandarte. Juego con ventaja... Bebo el vino en mágnum y la botella no había salido de la bodega hasta el día en que llegó a casa.

A diferencia de lo que hice con la botella anterior, tuve que decantar: el corcho se estaba deshaciendo, los aromas del vino prometían (el corcho no olía a TCA) y hacía falta preservar el genio que parecía querer despertar de su letargo de más de 15 años en botella. Lo tomé con 24 horas de decantación y seguí bebiéndolo a lo largo de los siguientes tres días. El vino se mostró entero y perfecto y evolucionó sobre todo en su densidad y cuerpo: se aliaba con el oxígeno no sólo a través de las moléculas de aroma que liberaba sino también a través de la estructura de sus polímeros. Aquí me matarán los químicos orgánicos,  claro, pero daba la sensación de que la masa del vino iba cambiando con los días, aumentando y ganando, en efecto, en cuerpo y densidad.

El vino empezó con pequeños aromas terciarios que iban asomando a mi nariz y paseando por mi paladar sin pausa, discretos pero tenaces. Con rapidez, algunos aromas primarios (me atrevo a proponer que entre éstos no sólo hay que contar con los de las frutas sino también con los de las tierras donde éstas se alimentan), se mezclaron con los terciarios y el paisaje que mi cabeza recompuso fue el de la emoción y el vértigo que produce una copa que contiene el alma de una tierra. El cálido almacén de las hojas de tabaco que maduran. La pizarra con hierro y siglos de intemperie, mojada y secada por un sol que no azota. Las aceitunas negras muertas y el aceite de primera prensada con un poco de sal. El palo mascado de regaliz. El vino se muestra íntegro, perfecto, profundo, con una boca redonda, unos taninos suaves y nobles. El corazón de los troncos que ardieron y que mantiene el rescoldo de la llama en el hogar. La pureza del monte bajo: tomillo y orégano secos, un poco de laurel. Bouquet garni.

El vino muestra una profundidad de escalofrío. La cariñena del Mas de la Rosa es fina y delicada, penetra el corazón de la tierra y lo transporta a la copa. Y el corazón palpita y se agita todavía en un vino que apenas ha llegado al otoño de su vida. El hueso de la ciruela seca pasea por mi boca. Hojarasca y humus. El alma del bosque habita este vino. El ratón husmea... Ratatouille y sus hermanos y primos saltan alborozados. La mina del lápiz. El grafito. La mermelada de cerezas con las horas y los días: la otra uva clave de este vino, la cabernet sauvignon, muestra su grandeza. Otoño en estado puro, de nuevo: paz y alegría por el trabajo bien hecho. Tierra y paisaje en la botella. Un punto goloso y casi tánico de las variedades francesas (un buen porcentaje de merlot hay también), los años y la excelente conservación dibujan el perfil de un vino fino y ágil en el trago, complejo y, al mismo tiempo, de una mediterraneidad que enamora. Con más horas: algarroba madura, chocolate negro a la taza con algo de agua, el fresco sótano excavado en la roca de llicorella, la madera y el reposo. Esencia y corazón de una tierra que amo, el Priorat, que he tenido el renovado privilegio de poder beber. Uno puede llegar a tener un vino vivo en la botella de mil maneras distintas. Una, entre todas, es la imprescindible y la que no puede fallar jamás: la mejor fruta de los mejores viñedos posibles es la que más años se mantiene. Vall Llach 1998 es otra deliciosa e innecesaria prueba de la existencia de este axioma.

20 diciembre, 2015

Laventura 2013

Laventura viura 2013 dos
Mi vida en el vino está hecha de mil casualidades, de encuentros que el azar facilita, de puertas que se abren sin tan siquiera haber soñado que existían... Como en ningún otro de los mundos que vivo en éste, en el del vino me dejo ir, estoy abierto a todo y permito que las cosas suceden porque ellas quieren. Así ha sido, de nuevo, con Laventura Wines. Durante las cosechas de 2010 y 2011 en el Priorat, yo ayudaba en lo que podía y me dejaban (más bien poco...) en Terroir al Límit. En esa época (dos añadas muy distintas pero las dos, a mi modo de ver, excepcionales), Dominik Huber, Eben Sadie y Jaume Sabater formaban un equipo compacto y muy complementario. Jaume era (y es) la sabiduría espontánea que surge del roce íntimo con la tierra prioratina. Dominik era (y es) una combinación muy difícil de encontrar: intuición y método aderezadas con pasión. Eben...Eben era (y es, estoy seguro, aunque haga ahora años que no le veo) la fuerza de la naturaleza, el espíritu libre, el alma del Swartland sudafricano, que había comprendido a fondo la Borgoña y quería, ahora, hacer una simbiosis de ambas en Torroja.

Eben era como el crisol en el que todos los Pucks de la tierra se convertían en hombre barbudo (durante la vendimia): hábil, simpático, listo, abierto, generoso. La tierra amable hecha hombre. Le acompañaban siempre algunos "stagiers" del Swartland como él, gente que (intuía yo) gozaban de una conexión única con la tierra. Gente que había crecido y corrido entre viñedos, gente que había estudiado y sabía qué se llevaba entre manos, gente, al final, que se dejaba llevar por su amor a los viñedos y trasladaba ese amor  y esa pasión a cualquier cosa que hicieran en la vida. Aprendí mucho viéndoles, sintiéndoles, admirándoles. Mi vida en el mundo del vino cambió en esas dos cosechas. Bryan Mac Robert era uno de esos "stagiers". Bryan parecía tímido y poco dado a la expansión hasta que veías cómo cambiaba su rostro mientras preparaba las brasas para la carne: un hombre de la tierra nacido para ella y que en ella se sentía como en ninguna otra parte.

Bryan dio vueltas por el mundo, salió y volvío al Swartland, siguió ayudando a Eben y con su ayuda, algunos vinos míticos de la Familia Sadie son lo que son hoy. Pero Bryan se enamoró de Clara. Y Clara es riojana hasta los tuétanos... Bryan volvió a España, se enamoró de la tierra de su mujer y decidió lanzarse a la aventura porque "quien no se aventura, no ha ventura". Laventura Wines es la aproximación al alma de la Rioja de Bryan y 2013, si no me equivoco, es su primera añada. Resultó que el padre de Clara es íntimo amigo de un amigo mío de Logroño. Resultó que este amigo mío es médico. Resultó que Bryan tenía que pasar por su consulta y que hablaron de vinos, claro (mi amigo es presidente de una importante bodega de la Rioja). Resultó que salió en la charla que Bryan había trabajado en el Priorat. Resultó que apareció mi nombre. Resultó que eso sucedía quince días antes de que yo diera una charla en Logroño. Resultó, claro, que Bryan estaba en la sala ese día con una sonrisa en el rostro y dos botellas de su nueva aventura en la mano. Y resultó que ese abrazo con él fue una de las alegrías de este año vínico mío, intenso como pocos.

Bryan está empezando a entender qué son viura y tempranillo, tarea nada fácil por la increíble riqueza y variedad de suelos, de maduraciones, de alturas y de rasgos genéticos distintos que un solo nombre (DOC Rioja) esconde y atesora. Está trabajando y seleccionando buenas piezas para dar la mejor uva a sus vinos. Lo hace como ha aprendido a hacerlo: con la mínima intervención posible (aunque no se declara nada de nada ni se pone adjetivo alguno) y la máxima compenetración y respeto al viñedo. No los he pisado todavía y poco puedo decir: sólo hablo de primera mano cuando veo el trabajo en el viñedo y en la bodega. Pero conozco a Bryan y he bebido ya sus dos primeros vinos. Un Laventura viura 2013 (monovarietal de 12%) y un Laventura tempranillo 2013 (monovarietal de 12,5%).  Algo puedo avanzar...

El blanco va a ser un vino que crecerá y crecerá en botella. Nota todavía mucho el vino el efecto de la fermentación en barrica y muestra el trabajo de orfebre, paladiano y artesano como pocos, clásico pero con claros guiños de renovación que hay en él. La fruta está algo escondida todavía pero los aromas de retama y camomila seca se apoderan del paladar. Es un vino fresco y limpio, preciso y ortogonal. Posee la parte ácida de la flor de la mimosa, las lías acompañan amables pero la aireación y el tiempo se hacen todavía necesarias. La piel del membrillo y la flor de almendro. Es un primer buen blanco pero cuando Bryan defina mejor viñedos y carácter de la viura, este vino crecerá. Mucho. Al tinto apenas se le nota la madera. Si la tiene, que supongo que sí, el traje ha encajado con mayor rapidez que en el blanco y le ha dado una capacidad de ligereza, de trago fácil y placentero que pocos pueden mostrar en la Rioja.  Es sencillo y austero en el primer trago, pero pronto salen picotas ácidas. Con las horas, la amabilidad, los taninos pequeños y pulidos y el traje a medida, perfecto, avanzan: es un vino fino, un vino grácil. De acceso mucho más inmediato que el blanco, el tempranillo marca (hoy) más el camino hacia el alma de la Rioja que la viura. En el corazón de Bryan está la respuesta: cuanto más íntimamente sienta esta tierra de privilegio, más se acercará a sus uvas y viñedos y mejor sabrá cómo llevarlas a la botella. No tengo la menor duda: este 2013 es ya la muestra de que está en el mejor camino posible.
Sin título

13 diciembre, 2015

Nada 2014

Nada 2014
"Nature peinture"... Nada 2014 es un vino que hace pensar. No pregunté a quien lo hace (Raphäel Baissas de Chastenet en Calce: Vandal Wine) el porqué del nombre, pero el subtítulo del vino (Nature peinture) y haber tebido la ocasión de beber dos botellas en pocos días, me da alguna pista. También me la da la "escuela" donde la gente de Vandal Wine ha estudiado, trabaja, crece y empieza a hacer su vino: la república independiente del vino auténtico alrededor de Calce y de Latour de France, con Gauby, Lubbe, Pithon, Fahl... Nada porque el vino no contiene otra cosa que la pintura que la naturaleza ha querido ofrecerles en este 2014. La naturaleza es la que pinta el vino, la que ofrece su fruta, sus colores, sus aromas. El hombre observa e interviene, por supuesto, pero lo menos posible. De una forma ideal, simbólica, no interviene "nada": vendimia, infusiona la uva con su raspón, fermenta, deja pasar el invierno en maderas viejas, embotella, bebe. La naturaleza en la botella. Nada más.

La naturaleza en forma de viñedo de garnacha peluda ("lledoner pelut" en el Languedoc Roussillon), una variedad  de matices infinitos y tan poco presente... Un viñedo en el Col de la Done en Calce, sobre pendientes de esquisto y sin ningún tratamiento. Una vendimia en su punto óptimo (2014, sobre los 14%), y una fermentación con levaduras del viñedo y de la bodega, sin sulfitar en ningún momento del proceso, sin estabilizar más que con la ayuda del frío del invierno en la zona, sin filtrar. Ni ellos lo saben pero habrá hecho la maloláctica. 1000 botellas a 20€, pero en 2015 habrá más y sacarán un blanco... esto no ha hecho más que empezar. Es un vino sin extracción fuerte, un vino hecho con la suavidad de la maceración al modo de la infusión de uva, con la idea de llevar fruta y sólo fruta a la copa. 

Gotas de la granada cuando extraes su fruto del duro caparazón. Ese sabor vegetal de la madera que forma parte del corazón de la fruta. Ese mismo color atravesado por el sol de otoño sobre la mesa. Piel de melocotón en los labios y en el paladar. Suavidad. Textura. Amabilidad. El sol todavía intenso del primer otoño hace madurar el fruto del madroño: áspero dulzor... Pomelo rosa. Pimienta roja estrujada en el árbol. El recuerdo de la fermentación en la boca: pureza de la fruta y restos de carbónico que huyen en segundos. Matorral y aires de raspón. Ciruelas de fraile: acidez  y dulzor. Sabor de campo. Jarabe de grosella en el refresco de la infancia. Es un vino tan atractivo y se deja beber con tanta discreción y gusto que le pido, me pido..., que aguante. Seis (6) días abierto en la nevera, sin tocar y con su propio tapón de corcho. El vino está intacto y con la carga de sabores, texturas y fruta que he descrito. Apenas se ha oxidado y a ese zumo del granado añade ahora unas gotas de cítrico, un poco de naranja ácida y metálica y, de nuevo, ese recuerdo del pomelo. Un vino de placer, un vino de sed, un vino que pinta la naturaleza de la que nace y la convierte en algo vivo e intenso en tu paladar. Un vino en el que Nada es todo. 

20 octubre, 2015

Terroir al Límit Les Manyes 2013

Terroir al Límit Les Manyes 2013
Una de las mayores singularidades del Priorat es, también, una de sus mayores riquezas: la diversidad de suelos, de alturas, de orientaciones de los viñedos combinada con la riqueza de variedades de uva plantadas en ellos, hace que las posibilidades al alcance del viticultor avisado sean casi infinitas. Una garnacha tinta típica de esta DOQ plantada a 350 msnm sobre una llicorella ferruginosa tendrá muy poco que ver con otra plantada a más de 700 msnm sobre suelo de arcillas rojas, cantos rodados y sedimentos marinos. Y ambas son Priorat auténtico. Ésta es una de las cosas que más me gusta de la zona: la capacidad de sorprenderme que sus tierras, uvas y viticultores jamás agotarán.

A nivel de gustos, ya se sabe, no hay nada escrito, pero confieso que uno de los sitios donde mejor percibo una parte del alma de esta tierra es en las alturas. Cuenta la leyenda que los cartujos encontraron esas alturas gracias a unas escaleras. Yo, que creo en otros dioses menores, me conformo con los viñedos altos del Priorat y confieso que las garnachas de Les Manyes, de Masdeu, de Sant Antoni me dan unos aires entre la solemnidad, la rotundidad y la sencillez, que me enamoran. Por supuesto: hay otras garnachas de altura en los montes centrales de la DOQ que me gustan mucho, pero éstas me parecen sublimes...

Les Manyes 2013, 13,5%, de Terroir al Límit. Donde la infusión parece, casi, extracción. El poder de la tierra y de la uva en esta añada se manifiesta más a través del suelo y de la vinificación que de la sutileza de la fruta. En octubre de 2013, claro...porque éste es de los vinos que irá mejorando con los años, muchos años... Cae en la copa como las lágrimas de María en la Piedad de Miguel Ángel lo hacen sobre el cuerpo del hijo muerto: suavidad, ritmo, cadencia, sentimiento. Es un vino de culto. Noche en el monte bajo las estrellas, avanza el otoño. El recuerdo de la brasa en el hogar, sí, pero el espectador no pierde su puesto seducido por un cielo puro, cautivado por los aromas frescos del monte, la arcilla roja tras la lluvia... Majestuoso y lento: el vuelo del aguilucho sobre el Montsant. Intenso: la oscuridad e intensidad de la cueva del ermitaño. Sencillo: manojo de hierbas del campo sobre una mesa de madera en la cocina. Puro y fuerte: crines de caballo percherón al trote. Redondo y limpio: el globo aerostático se recorta sobre el cielo de enero. Un vino en las alturas.

11 octubre, 2015

La Alpina Peregrina - The Pilgrim Alpine

La alpina peregrina 2014 2
Imaginemos que una persona siente tal pasión por su tierra que decide concretarla en uno de sus frutos, un fruto que antaño era uno de sus rasgos distintivos. Imaginemos que esta persona dedica las horas de su tiempo libre a estudiar cómo esta uva llegó a su tierra, cómo se implantó y cómo fue desapareciendo. Imaginemos que esta persona, no contenta con la parte teórica de su saber, decide buscar las cepas de esta uva que quedan en los valles de su tierra, en Cangas y en Candamo. Imaginemos que encuentra esas cepas, que tiene la fortuna de que la persona que dirige la estación biológica del CSIC que se dedica a estudiar (entre otras cosas) la ampelografía es, vaya, de esa misma tierra. Imaginemos que consiguen aislar y reproducir las mejores cepas de verdejo negro, que es trousseau, que es maturana tinta, que es merenzao, que es bastardo, que es tintilla. Imaginemos que un vivero en La Rioja (de esto sabrán un rato...) reproduce estas plantas. Imaginemos que esta persona planta unas pocas, no para producir a nivel comercial sino para hacer unos pocos litros de vino por el placer convivial y, por eso, homérico de poder regalarse a sí mismo y a los amigos con unas gotas de ese sabor peregrino y auténtico.

Imaginemos que esta persona existe, que se llama Fran Xixón, que tiene esos centenares de plantas de verdejo negro en el Valle de Candamo (Asturias) y que los cuida de una forma absolutamente artesanal. De la misma forma hizo este vino en 2014, la añada que he tenido la inmensa fortuna de poder beber. Tiene tan poco vino que lo embotella en 37,5 L. Tiene tan poco vino que sólo lo bebe con amigos o lo regala por el placer de conocer una opinión. Y yo he sido uno de esos afortunados...Hoy rompo una norma no escrita de este blog. Hablo de un vino que, por ahora, es imposible comprar. Pero esta historia y el vino que salió de la botella merecen toda la atención y todos los elogios. Y además, ofrecen el placer de una pasión embotellada y la alegría de una historia de peregrinos revivida a través de sus cepas y su vino. Emoción, pues. Y deseo de compartir con vosotros este placer. 12,5%, uvas despalilladas a mano, uvas fermentadas de forma espontánea con las levaduras del viñedo. Vino con maloláctica parcial, creo. Vino sin ningún tratamiento en la bodega.

Me metí dentro del vino y entendí que los cardenales podrían entrar en la Capilla Sixtina para elegir papa con unas pocas botellas de él. Comprendí por qué a De Gaulle le encantaban los vinos de Chauvet. Percibí la esencia de la fruta en la frescura y concentración de este vino. Vi cómo Miguel Ángel preparaba sus frescos, olí esa humedad de caliza sobre la pared. Entendí la ligereza en el trazo y la expresión rotunda en la forma. Flechas de zarzamora salían de las paredes. Cohetes de acidez explotaban en el cielo. Las copas de los árboles eran frondosas. Y el suelo estaba lleno de vida. Pieles azules, almas verdes. Pimienta negra y roja en el talego. Laurel en la puerta de la casa de labranza. Fresas salvajes al borde del camino. Vino joven, vino arrollador, vino que habla de profundidades desde un lecho de verdor.  Vino de hadas y elfos. A ratos casi te engaña y te habla de un encuentro de monjes: entre la trousseau y la pinot noir. ¿De qué hablarían? De hollejos y pepitas, de acidez y de raspón, del momento mejor para la vendimia. Vino artesano, vino fino, vino para pensar y entender hacia dónde nos lleva una pasión como la de Fran. Manojo de violetas silvestres con un color y una tensión de aromas casi olvidados. Un punto salvaje y algo rústico del barrantes: algo de verdejo negro tiene ese híbrido... Agua del manantial del que beben las violetas. Con botellas como ésta uno elige a un papa como Francisco: bueno, sencillo, alegre, dicharachero pero profundo, amable pero contundente, comprensivo y clarividente, cómplice. Qué noche la de aquella votación... Gracias, Fran, de veras. Gracias.

04 octubre, 2015

Caus Lubis de C. Esteva: 25 años

Caus Lubis 25 anys
Carlos Esteva es el hombre necesario, el hombre tranquilo y de convicciones sólidas. También es el hombre discreto. Si alguien me preguntara: ¿qué consideras imprescindible para que un territorio vinícola, una DO, una tierra de vinos... arranque y encuentre algún rumbo? Contestaría sin dudas: gente como Carlos Esteva en él. Carlos educó su paladar en los grandes restaurantes de España y de Francia, aprendió, disfrutó y se enamoró de vinos emblemáticos franceses, italianos y españoles. Y tras una etapa de su vida por la que todos tenemos que pasar (qué soy, hacia dónde voy), su camino le llevó al Garraf, a Can Ràfols dels Caus. Esa etapa sucedió en Menorca. En ella vendimió uva, la pisó con los pies, la prensó (no sé cómo...) y por primera vez, y de una forma por completo intuitiva, hizo vino.

En Can Ràfols dels Caus encontró una masía de cuatro paredes justas y un techo, que ha convertido en baluarte espiritual de "garrafidad". En sus tierras encontró la pureza entre montes que le ha permitido (desde siempre) vinificar con las levaduras del viñedo y, desde hace unos ocho años, trabajar además la tierra en biodinámica. En su zona se atrevió a intentar poner en una botella el mensaje de su sueño: se pueden hacer buenos vinos de larga guarda con alguna de las grandes uvas europeas en una tierra como el Garraf. Plantó merlot, chenin blanc, pinot noir, incrocio manzoni. Y tras 25 años y muchos, muchos, vaivenes, algunos tuvimos hace bien poco la ocasión mágica de comprobar que esa botella y ese mensaje llegaban intactos a la playa de nuestros labios, al puerto de nuestras bocas, a la rada de nuestra sensibilidad.

25 años de Caus Lubis, ni más ni menos. Merlot plantado en 1983. 1,4 Ha, en suelo arcillo-calcáreo (La Vinya del Ros), con orientación noreste. Le Tertre Rôte-boeuf y François Mitjavile en la cabeza de Carlos y el merlot en las plantas madurando siempre con paciencia, macerando con sus pieles unos pocos días, fermentando siempre con sus propias levaduras a 25ºC, haciendo la maloláctica espontánea, criándose durante doce meses en  roble francés y haciéndose, en realidad, el vino en la mejor crianza posible: la de la botella guardada en buenas condiciones en la bodega un mínimo de ocho años. ¿Cúanta gente tiene la capacidad y la visión de mostrar algo parecido? Me descubro ante un bodeguero que es empresario, claro, y que tiene en estos momentos como gran novedad en el mercado Caus Lubis 2003. Sé que no puede ser el ejemplo a seguir por todos. Lo sé tan claramente como sé que gente como él es la imprescindible, la necesaria: tienen una visión, un concepto, una idea, y encuentran la fuerza y el coraje necesarios para llevarla a cabo.

En el Hotel Omm de su hermana y admiradora número 1, Rosa Mª Esteva, y con una selección, un orden de cata y un servicio del vino impecables y modélicos liderados por Audrey Doré, desfilaron unos cuantos de esos mensajes embotellados. Por el orden en que los bebimos (nadie escupió nada...) y obviando detalles técnicos de las añadas (que ahora no me apetece explicarles. Como dice Carlos, "los buenos vinos ya expresan cada uno cómo ha sido la añada"), sucedió lo siguiente. 2003: regaliz, infusión de tomillo, romero, un vino increíble, profundo, intenso y apabullante. Arcilla, frescura y una barra de especies única. El Ras-el-Hanout del Garraf. 2004. Mucho más volumen que en 2003. Frambuesas y zarzamora, mucha fruta y algo de madera. Redondo, casi esférico. Cuatro meses de fermentación alcohólica natural en una añada perfecta, acabarán dando un vino para la inmortalidad de la casa. Y de todos los que lo bebamos. Cuando salga al mercado... 2006. Está en la fase de la apoteca. Vieja farmacia llena de hierbas de los Pirineos. Algo de acetato de etilo todavía y cola de carpintero. La ebanistería tiene que pulirse, el mozo tiene que barrer y limpiar el taller tras el trabajo del maestro. El vino se va a redondear en la botella. Hay tiempo. 1999. El armario de la mejor ropa de la abuela: parafina. Tomillo y lavanda secos. Musgo y tierra del bosque profundo en otoño. Astringencia de la madera, pureza de la uva, frescura y acidez. Fruta (ciruelas ácidas) y regaliz. Sorprendente. Emocionante. Uno de los grandes. 1998. Fruta más roja (arándanos) y azul (mirto), madurez en nariz. Pero en boca... en boca es profundo y ácido, más fino que 1999. Es penetrante y delicado. Cuando un vino huele a la ceniza de sus sarmientos se ha convertido en uno de los grandes. 1998 huele a eso. 1997. El polvo del camino, el incienso del oficio bizantino. Un vino que está cerca del final de su vida pero que muestra todavía la liturgia de los grandes momentos. Ciruelas en conserva. Sequedad calcárea. La esencia destilada del monte.

Gracias por estos 25 años, Carlos, y por la ocasión única: eres el hombre necesario, tienes la visión imprescindible, posees el privilegio del tiempo en el vino.
Carlos Esteva

24 septiembre, 2015

Apoikia Àmfora 2014

Apoikia Àmfora 2014
Es el sueño de un hombre de letras que empezó a viajar. ¿O de un viajero que empezó a leer? Qué más da... el Mediterráneo es su mundo y sus aguas, montañas, calas, rocas y pasos, su secreto y su guía. Las uvas le susurran sus secretos y las letras de todos los que han sentido ese mar como propio le van mostrando el camino. "Lejos de casa" quizá  porque pensaba que su patria estaba en el mar y en costas lejanas. Pero con los años, Apoikia se ha convertido en sinónimo de lo contrario: "siempre en casa" porque allí donde estás y crecen tus uvas, allí donde las cuidas y las sufres las cuatro estaciones, allí donde amas la tierra y la proteges y la entiendes (orgánicamente) para que ella te dé lo mejor, allí donde las vendimias y haces tu vino sin más intervención que la mano (aquí pura y sin contaminación química alguna) del hombre, aquí está tu patria. Tu patria es la tierra que te acoge, tu patria es tu vino, tu patria es la hospitalidad y generosidad con la que ofreces tu vino al viajero.

Apoikia Àmfora 2014. DO Empordà. 14%. Garnacha del Montgrí y algunos compañeros de viaje argonáutico, convertidos en reposados mensajeros de un sueño de mediterraneidad. Las uvas crecen a los pies de la roca dormida, muy cerca de donde los primeros Foceos desembarcaron en la Península Ibérica. Allí reposan, también, y ensayan su presentación de la eternidad el león de Nemea, el cíclope que se ha convertido (ciego, sí...de todo se aprende) en gigante bueno y el volcán que todo lo da y todo lo quita. Fermentaron las uvas (en 2014) en el vientre de la tierra. No podía ser de otra forma. No  podía tener otro sentido este proyecto: la tierra llama a la tierra y la luz, el agua, el fuego y la arcilla viven en casa del alfarero silencioso. Eloi Bonadona aporta su artesanía centenaria, su sabiduría inquieta y aquel oficio ancestral que nos permitió a todos ser como somos hoy, hijos del fuego y de la cocción, del sedentarismo y la recolección. No podía ser de otra forma: la tierra cercana a los viñedos es la que protege a la fermentación y da nueva forma al sueño.

Firmeza. Rugosidad: al tercer día, el cielo áspero y seco de febrero se ha convertido en la amabilidad del mes de julio. Voluptuosidad. Umbría. Frescura. Tensión. Mirto. Laurel. Zarzamora. Brezo. Hierro. Arcilla. Fuego que crepita en la oscuridad del hogar. Primer otoño. Una realidad hecha de islas y de rocas, de rincones a la sombra con soles en lo alto pasea por tu paladar. Fluidez. Civilización hecha de vinos. Cultura en la botella nacida de lecturas, de fecundaciones, de fermentación, de cosechas y de viajes. En el libro 2 de la Eneida, Laocoonte y sus hijos tienen que morir para que Eneas viaje, vaya y vuelva de los infiernos, sepa y comprenda para crear una nueva manera de entender las cosas. Apoikia y este vino, ahora mismo, nacen de este viaje; y del de Odiseo y del de Gilgamesh y del de Ovidio y del de Egeria y del de Estrabón y del de todos los viajeros que en el Mediterráneo o en las tierras con cepas han sido. Se establece en una tierra nueva, la reivindica con sus elementos esenciales, la transmite de la forma más pura posible a la botella (en este caso, con la demiúrgica ayuda del barro de Eloi) y nos permite, a nosotros, que la bebemos con placer, cerrar los ojos para viajar, ver y oler todos los mediterráneos que llevamos en nuestro corazón.
Hilaocoonte

10 septiembre, 2015

La Senda tinto 1984 de 2014

La Senda 1984 de 2014
Diego Losada. Le conocí en el pasado Fenavin con el grupo de los Inkordiantes. No sé por qué intereses se agrupa la gente, pero sí tengo claro que dentro de ese grupo hay algunas fuerzas desatadas de la naturaleza, pura energía volcada en el trabajo de la viña. Y hay otras personas, que contrastan y equilibran: tienen una fuerza parecida pero la muestran de una forma tranquila. Diego es la fuerza pausada, una más (no está solo) del Bierzo. Un hombre con un proyecto muy joven (Bodegas y Viñedos La Senda: 2013...) construido sobre viñedos viejos (de más de 50 años) en Valtuille de Abajo. Un hombre pausado, con una determinación clara, grande, en su quehacer y en su deambular por el mundo del vino: pocas Ha, 2, de mencía sobre los 600 msnm y suelo arcillo-calcáreo, mínima intervención y máximo respeto, sólo productos naturales son usados en el viñedo. Sus mejores aliados: la observación minuciosa, la flora y la fauna de sus parcelas. El tinto 1984, del 2014, es fruto puro de la añada.

No hay levaduras externas, la fermentación es espontánea y sucede en maderas viejas y en inox. La clarificación es también natural, el afinamiento sucede en barricas de roble bordelés (pocos meses, unos cuatro)  y no hay filtración previa al embotellado. Los niveles de sulfitado son mínimos. La expresión de la mencía es, en este vino, poderosa y fragante, con una carga de fruta negra enorme, brezo y matorral. Mientras lo bebía andaba en las últimas páginas de una biografía sobre Miguel Ángel Buonarroti y me recordaban mucho, el vino y su hacedor, la fuerza, la entrega, el músculo contenido, la elegancia casi salvaje, de la estatua de Moisés para la tumba de Julio II. Este vino es como esa estatua: la fuerza de la tierra, la sabiduría del hombre para sacar lo mejor de ella, los caballos de Faetón en su carrera desenfrenada. Conocer la vida épica de Buonarroti me ha ayudado a entender y amar esta expresión renovada de la mencía. Hermosura animal al principio, vigorosa siempre, con los trazos bien definidos pero con pocas ganas de contención. Bayas negras, mirto. Pastel con arándanos rojos y negros. Vino azul, vino profundo, vino de monte. Vino de misterio, de intensidad e intención. Vino de percepción interior. Moisés
La foto del Moisés ha sido hecha por Andrés Campillo Castejón.