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04 mayo, 2016

Vella . Terra

Vella Terra
Cascina degli Ulivi. Nin-Ortiz. Recaredo. Mas Estela. La Coulée de Serrant. Les Enfants Sauvages. Emidio Pepe. Terroir al Límit. Còsmic. Sicus. Partida Creus. Escoda-Sanahuja. Serres. La Salada. Llorens. Sala. La Stoppa. Bini. Grillo. Etc.
Podría decir muchas más cosas, detalles, nombres, ingredientes, otra gastronomía además del vino. Vella . Terra. Sencillamente: por poco que se pueda, hay que ir.

30 octubre, 2015

Testalonga Vignaioli en Dolceacqua

Testalonga a Dolce Acqua da Ferrino Antonio
Muy de vez en cuando, la vida alrededor del vino me ofrece regalos como Nino y Erica. Historias que emocionan, vinos que encantan en un paisaje agreste y duro pero agradecido para quien lo trabaja y ama: Dolceacqua en Liguria (cerca de Imperia) y Nino (Antonio) Ferrino. 70 años y 54 vendimias a cuestas. Sonrisa amable, alegre socarronería, paciencia y comprensión de quien conoce bien todas las dificultades de la tierra y del cielo. Complicidad inmediata para quien sabe escucharle y penetrar la sencillez e intensidad de sus vinos. Ya jubilado y sólo con la ayuda reciente de su hermano, también jubilado, la perspectiva de Nino no era muy optimista. Más de 50 años de cuidar sus mínimas 2 Ha de vermentino y de rossese di Dolceacqua podían quedar en el olvido. Su matrimonio no tuvo hijos y ningún Houillon parecía estar a la vista... Hasta que llegó Erica, su sobrina y hace un año le dijo: "tío, quiero aprender todo". La sonrisa de Nino es elocuente pero, os lo aseguro, cuando me contaba su historia lo era mucho más: alguien a quien transmitir, alguien a quien ayudar a crecer, alguien dispuesto a trabajar codo con codo con él. La luz, en forma de nueva sonrisa y de la energía de Erica, aparecía al final del camino.

Sus vinos y la forma de entender su tierra y sus uvas se merecen este año ya largo de complicidades renovadas. Su Bianco Testalonga 2014 es un "vino da tavola" porque Nino macera su mosto con los hollejos y el raspón entero unos pocos días (en este caso cinco). La vendimia al punto, el grado alcohólico que la tierra te da en su momento, los hollejos y la madera vieja dan un punto único a este blanco: huele a su campo, huele a membrillos, a la flor del limonero, tiene cuerpo y sabores íntegros. ¿Fuera de DOC por el color? Menudo problema... es un vinazo. Por la noche pude probar un mágnum del 2009 (siempre sin estabilizar ni filtrar) y su capacidad de evolución le sitúa ante los grandes tondonias...no se hacen igual, cierto, pero en mi podio mental están juntos. Probé dos tintos hechos con la variedad local rossese di Dolceacqua (llevan el nombre del pueblo, Dolceacqua), una uva de hollejos finos y raspones que lignifican bien, una uva que Nino entiende de la mejor manera posible: el raspón, con mosto y pieles, le van a dar la entidad gastronómica adecuada. Es un vino de lujo para cualquier mesa bien servida: Dolceacqua 2014 con el 30% de raspón y 2013 con el 100%. 2013 va a necesitar algo más de botella pero 2014 se ofrece ya con una elegancia enorme, con una ligereza que todo lo complementa y con una fluidez que asombra. Los aromas del mar y del monte bajo, los frutos negros del matorral justo antes de su madurez: un vino distinguido, fino y elegante pero con carácter. El mejor retrato de su padre, Nino Ferrino.  Testalonga Vignaioli: ad multos annos!

Serenidad, amabilidad, cultura del vino en las manos y en la piel, ligereza, frescura, sonrisa sin artificios. Pensaba en todo lo que he encontrado en Nino, en Erica y en sus vinos y me vino a la cabeza Giorgio Conte. Una de sus últimas canciones, Balla con me, pega de maravilla con el Dolceacqua 2014 de rossesse que me dejó encantado... Bailando con él ando, "improvisa nevicata".



La foto ha sido hecha por Rafael López-Monné.


19 julio, 2015

Radikon Ribolla 2007

Radikon ribolla 2007 dos
En los Radikon se unen varias tradiciones que hacen que sus vinos sean algo emblemático para mí, en especial su Ribolla. En primer lugar, la tradición campesino y vitícola del Collio y del Friuli, en el que se vienen haciendo vinos apreciados desde el siglo I a.C., por lo menos: la bodega y sus viñedos (12 Ha) están en Oslavia, municipio de Gorizia, en el corazón del Collio de las hermosas colinas. En segundo lugar, la uva. Los Radikon trabajan con otras variedades (chardonnay, pinot grigio, sauvignon blanc, merlot, jakot), pero la que hunde sus raíces en esa tradición centenaria es, sobre todo, la ribolla gialla (en italiano), también llamada rabiola, ribuele, rébula (en la parte eslovena del Collio: Brda)  y documentada históricamente desde el siglo XIII. Radikon siente este tipo de cosas, y hace sus vinos con sensibilidad hacia el pasado.

En tercer lugar, Radikon vinifica con atención y respeto hacia esos antepasados, que sabían del sabor discreto de ese mosto pero conocían también el valor del hollejo de la "rabiola", su carácter algo tánico pero fino, y su tendencia a la oxidación. ¿Cómo se trabajaba esta uva? Seguramente no se desraspaba y esa es la mayor innovación de Stanko Radikon. El resto ha sido siempre ir recuperando el modo de hacer antiguo, paso a paso y despacio, empezando por el campo, donde desde 1995 no usa ningún producto químico de síntesis, ni pesticidas ni herbicidas, nada que no sea natural. Y siguiendo por la bodega, donde la ribolla hace la fermentación con sus pieles en grandes fudres troncocónicos, Allí se queda, cuando ya es vino, con esos hollejos entre tres y cuatro meses. Cuando se descuba y se prensa, el vino vuelve a otros "botti" donde pasa un promedio de tres años, sin filtraciones ni estabilizaciones y, desde 2002, sin ningún añadido de sulfuroso.

Cuando el vino se embotella (el Ribolla en botellas de 50 cl) pasa todavía otro año en la bodega. Después, al mercado, que no siempre va a entender un vino de este tipo, quizá, si antes no sabe que tiene en la copa historia y tradición de un paisaje único, máxima naturalidad y respeto por la tierra y sus procesos (de hecho, la única acción "forzada" que reconoce Radikon son las trasiegas...) y sensibilidad y conocimiento de qué hacían los antepasados y por qué lo hacían. Tierra de arcilla muy compacta (ponca), colinas de orientación sur y sur-este, vientos únicos, frescas brisas y muy alta densidad de población de cepas. Uvas únicas de ribolla gialla, pues, para un vino y una manera de hacer hoy casi únicos: el color del sol del atardecer ventoso en una botella. Hollejos. Austeridad. Sequedad cartujana, profunda y silenciosa. Concentración. Piel del membrillo. Flor seca de la camomila antes de la infusión. Intensidad. Raíces. Arcilla roja en tus manos, ya seca. Nuez moscada. Manojo de tomillo seco en la cocina. El sol del membrillo, el atardecer de la vida, el renacimiento a una manera de sentir las cosas que fue nuestra y volverá a serlo gracias a vinos como éste y a actitudes como la de los Radikon.

18 abril, 2015

Vodopivec Vitovska 2009

Vodopivec Vitovska 2009
La vitovska (así, en femenino, la llaman los italoeslovenos) es una de las variedades más características y ancestrales del Carso triestino junto con la malvasia istriana. Es una uva que nace en la tierra y se adapta a sus características como el viento del bora cubre las colinas. Tierra seca, tierra árida, tierra de cascajos, calcárea y cercana al mar, tierra de uvas y vinos blancos únicos,  tanto en la parte italiana como en la eslovena (Brda). La vitovska ofrece unos racimos que son metáfora de una pirámide invertida: su dios es la tierra, su vértice la señala, pertinaz. Sus hollejos son verdes y gruesos y su ciclo de maduración es bastante precoz.

Creo que era un error que la mayor parte de vinificaciones de vitovska se hicieran en acero. Se atendía a su condición de uva temprana y de vino ligero y fácil y se perdía, en consecuencia, la oportunidad de que expresara su relación profunda con la tierra y el viento. Paolo Vodopivec dice que el Carso es la tierra de la verdad: áspera, hostil, difícil, auténtica. Vodopivec ha sabido observar y reconocer, interpretar y embotellar Carso con una sensibilidad especial. Tierra de piedra y viento (el bora), de naturaleza fuerte y vigorosa, de energía y de recogimiento, habla a través de la protección que las pieles dan a su mosto. Y Paolo las utiliza con sabiduría para que otorguen a su vino un carácter único, que es el del lugar donde nacen. Pieles y mosto reposan juntas en vasijas de barro enterradas en el suelo de la bodega entre cinco y siete meses, a temperatura ambiente constante. Uno de los elementos más naturales (el barro) asiste, cómplice, a la simbiosis que nos devolverá al cabo de los años el espíritu de lo que sucedió en el viñedo.

Después, sin filtraciones ni estabilizaciones, pasa el vino otros dos años en grandes botas de roble viejo, junto al viñedo. Paolo Vodopivec da a cada vino el tiempo que necesita para crecer y poder salir del vientre de la tierra. Sin prisas y buscando lo más sencillo, que es, por supuesto, lo más complejo: una expresión lo más natural posible de lo que uno ve y siente, huele y nota en las colinas del Carso  (Colludrozza/Koludrovca, sus viñedos, 10 mil plantas por Ha...). Es la elección de quien decide vivir en contacto con la naturaleza, atento a sus ritmos, sin forzar nada y con la sabiduría necesaria para esperar siempre el momento adecuado. El vino reposa en botellas otro año y el resultado es, sin más, algo que todos deberíamos poder beber y sentir algún día. 12,5% y abierto una hora antes.

Musgo. Madurez. Arcilla. Pan de cereales. Levaduras. Imponente. Desafiante. Sabores nuevos. Excitante. Ahumados con enebro: esa mezcla única de mar, sal, especias y hierbas aromáticas en un pescado graso recién pescado y marinado. Granos de mostaza. Miel de castaño. Vino de umbría, acidez de la Savoya en un vino del Carso. Guisantes en flor. Verdura fresca. Sabor de campo en un anochecer de verano. Fermentación poderosa. Levaduras enérgicas. Kamut. Casi velo en flor. Resina. Hollejos presentes. Aguja de pino en el suelo tras la lluvia. Piñas abiertas en ese suelo. Trementina. Corteza de naranja. La energía de una tierra en tu cabeza, en tu cuerpo. Cera y abejas. Própolis. Laurel. La sequedad, la pureza, la rusticidad en la copa. Al mismo tiempo, la elegancia y educación de quien sabe escuchar la tierra y llevarla a una botella. Un vino antiguo, un vino digno, un vino sabio. Un viticultor que representa la esencia de Cicerón: la agricultura es un oficio de gente sabia. Tres días con un vino único dan para una vida.

El vino es el espejo de la naturaleza y el Carso que está fuera, se reencuentra en esta botella. Es lo que más me emociona, lo que siempre deseo encontrar en una botella. Diría más, en éste y en algún otro caso: el vino es, también, el espejo del alma de quien lo hace. Sensibilidad, atención, discreción, tiempo, artesanía, sabiduría para dar pasos en el buen camino y llegar al corazón de la emoción que nos ofrece un vino hecho así. Leer las páginas de un viñedo es leer el libro de la sabiduría antigua que ha escrito la propia tierra. Beber y sentir un vino así es leer y aprender en el libro de la naturaleza, que es el libro de la vida.

29 septiembre, 2014

Cornelissen, Frank. Ideas. Sensaciones

Cornelissen, Frank
Con una persona como Franck Cornelissen, dos hora de charla y degustación de sus vinos dan para mucho. Tuve la sensación, tras el fecundo encuentro que Vila Viniteca organizó en Barcelona hace pocos días, que salía de un posgrado intensivo, de un curso de muchas horas que, gracias a la combinación de descripciones, sensaciones, técnicas, ideas y reflexiones pausadas de Franck, entendidas junto a la gama completa de sus vinos, me situaba de una manera más firme en algunas de mis convicciones. Más firme y con ideas y argumentos para compartir, que fueron los que Franck, con sus maneras amables y lentas, aunque fecundas y de un aliento vital tremendo, expuso con claridad, con sus palabras tanto como con sus vinos. Como siempre me sucede cuando una charla de este tipo me impresiona, intento transcribir con la mayor literalidad posible las notas que tomo. Sin filtros, vamos. Frank Cornelissen quiere que todos los aromas de la uva  se encuentren en su vino. Parecerá una perogrullada, pero se trata de algo más bien complicado de encontrar hoy en día...Las intervenciones suelen ser múltiples, en el campo y en la bodega y Franck, en cambio, aplica una sola ley: la técnica del minimalismo. De una gran tierra saldrá una gran uva. De una gran uva, saldra un gran vino siempre con la menor intervención posible. Un gran vino, en fin, nace de la conjunción de detalles cada vez más pequeños, mínimos, ínfimos. Su suma es la que acaba dándonos el placer que Franck busca transmitir: la tierra líquida, la mineralidad de unos viñedos, como base del carácter y personalidad de sus vinos.

El volcán en la copa. Las uvas, su mosto y sus pieles, en la botella. Las variedades de la uva son vehículos, jamás objetivos porque la clave siempre es la tierra, el viñedo. Franck es capaz de proponer vinos cuyas variedades ni nombra: no lo considera lo más importante. Franck escoge el Etna (ladera norte y a alturas muy destacadas, de 600 a 1000 msmn) porque le permite utilizar los elementos que él considera importantes: 1. La complejidad de la policultura y de la biodiversidad en un ambiente atmosférico lo más puro posible. 2. La sanidad y calidad, gracias a ese ambiente no contaminado, de la fotosíntesis en esos viñedos: la limpidez y pureza de la luz, como elementos clave para tener mejores plantas y uvas más intensas. 3. El lugar que uno escoge tiene que tener una larga tradición e historia vitivinícolas: todo está inventado y nuestros antepasados remotos sabían ya a la perfección dónde se encontraban las grandes tierras para las grandes uvas. Sicilia...no hace falta decir más. 4. En la medida de lo posible, suelos pobres de arena (en este caso, volcánica), para poder encontrar viñedos en pie franco (da igual si son prefiloxéricos realmente o no) y para poder plantar, hoy, en pie franco también. Su viñedo más joven tiene 50 años y el más viejo es de 1910. Cuando se pueden probar uvas y vinos de viñedos viejos en PF (con muy bajos rendimientos además), uno se da cuenta del valor y poder organoléptico de ese tipo de vinos.

Tuvimos la suerte de beber (en mi caso, por primera vez alguno de ellos) y comentar todos sus vinos, aunque a Franck (extraordinario catador y conocedor de todos los grandes vinos que en el mundo son, de veras impresionante) no le entusiasma describir las copas que se van sirviendo. Él charla de lo que os he contado en el párrafo anterior. Y mientras lo hace, yo voy oliendo, bebiendo, saltando y volviendo para atrás, para entender y poder describir cada uno de los vinos. Es esto. Susucaru Rosé 2013. Cítrico, zumo de mandarina. Granada. Puro y fresco. Perfume de rosa con tanino firme. Nerello mascalese, moscato nero, malvasia, inzolia. Crece y crece. Largo y refrescante. Uno de mis rosados preferidos. Munjebel blanco 2013. Carricante, grecanico dorato, coda di volpe. Aceite con perfume de nueces verdes. Raíces. Densidad y lentitud. Cítrico también: piel de limón. Pedernal. De nuevo, la frescura y la tanicidad en un blanco que enamora por su carácter. Contadino 2012. La tradición hecha vino. Trece variedades de uva, bancas y tintas, juntas, aunque con base de nerello mascalese. Cofermentación. Ciruela pasa. Higos maduros. Cerezas en alcohol. Postres de músico. Un punto de carbónico y algo de volátil. Para mesa de manteles a cuadros y verduras sicilianas. Munjebel 2012. Un vino más relajado. Me recordó la Nochebuena. Calor. Rescoldos de fuego entre los restos de ceniza. Austeridad. Nobleza. Sequedad y tanicidad. Le sienta bien la botella a este blanco.

Munjebel Vigne Alte 2013. Por primera vez bebo los tres pagos diferenciados de nerello mascalese de Cornelissen. Entre 800 y 1000 msnm.  Elegante y fino. Fruta con todas las mayúsculas que le queráis poner. Sirope de frambuesa con su refrescante tonicidad. Zumo de granada. Zarzamora. Munjebel Monte Colla 2013. Viñedo más bajo y mas de orientación sur. Noto lo mismo que en el Vigne Alte pero atenuado, más suave y redondo. Me gusta más el Vigne Alte... Munjebel Chiusa Spagnolo 2013. Tiene los mismos aromas del Vigne Alte pero gana en frescura en relación al Monte Colla. Mayor densidad y concentración. Sequedad y calidez. Magma 2012 (Barbabecchi). El viñedo que hace que Franck se emocione. Su viñedo. 1910. Pie franco. 900 msnm. Nerello mascalese. Elegancia y finura. Etna en su perfil más clásico. Regaliz de palo. Tradición. Cacao y corteza de naranja. Agua fresca. Suave tanicidad. Profundidad. Tomo buena nota: Franck comenta, como de pasada, que Magma 2011 es, de todos los vinos que ha hecho en Solicchiata, el que más le gusta. Si 2012 me parece ya un vino muy bueno, ¡me impongo encontrar una botella de ese 2011!
Susucaru 13 Munjebel 12 y 13 Contadino 12