Mostrando entradas con la etiqueta Vinos naturales Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vinos naturales Francia. Mostrar todas las entradas

05 abril, 2018

Contraban 2018

18 CARTELL CONTRABAN 72ppp
No existe ni una sola definición positiva de la palabra "contrabando" en los diccionarios al uso. Podría parecer normal porque la etimología y la formación de las palabras tiene algo que ver con el origen, por lo menos, de su significado final. Así, aquello que va "contra" un "bando, ley, norma", es percibido por la ortodoxia lexicográfica como"comercio de mercancías prohibidas por las leyes a los particulares"; o "mercaderías o géneros prohibidos o introducidos fraudulentamente en un país"; o "introducción furtiva de mercancías prohibidas", etc.

Pero existe otra manera de presentar y entender la palabra. Es la que Jordi Esteve (Rim Empordà) se inventó y la que, en esta segunda edición de 2018, Noemí Morales (Atelier Esdeveniments) le ayuda a proponer. Se basa en dos coletillas de valor evidente: por una parte, el "contrabando" puede ser algo que tenga apariencia de ilícito, aunque no lo sea. (El matiz es importante). Por la otra, el "contrabando" es algo que se hace contra el uso ordinario de las cosas. La feria Contraban 2018, sin duda, es algo que tiene vocación de provocar sensaciones y emociones nuevas y puede tener la apariencia de ir contra alguna norma. Pero no va contra nada, sino a favor de todo lo que sea libre intercambio. Además, es muy cierto que se hace contra el uso ordinario de las cosas: las ferias se articulan alrededor de un tipo de vinos, de una denominación de origen, de algún concepto que, poco o mucho, tenga que ver con el respeto a alguna norma.

Aquí no. En Contraban 2018 el único concepto válido es el territorio convertido en paisaje de cepas y personas. No hay fronteras políticas que valgan y la única frontera posible es la que cada uno tenga en su interior, que es la que le facilita o impide el paso a determinado lugar, físico o mental. Así pues, un paisaje milenario de trashumancia y de habitación como les Alberes, convertido con el paso de los siglos y de las civilizaciones en un paisaje de cultura también vitivinícola, se puebla a en los últimos años, de jóvenes que ofrecen sentimientos y emociones a través de sus vinos.

Los quieren contrastar, ofrecer, regalar, comentar, debatir y beber. Quieren convertir a la feria en un encuentro libre que se hace contra el uso ordinario de las cosas para demostrar que hay personas, cepas, cultivos y vinos que hablan de una tierra y de una cultura tanto y tan bien como una buena receta, un gran aceite, una iglesia románica, unas lindes olvidadas y perdidas en el bosque o un camino pavimentado cuando no había más fronteras que las del limes parto.

Id, por favor.


28 julio, 2017

Domaine Carterole, Hjv 2016

Sue Hubbell, Un año en los bosques, Errata naturae, Madrid, 2016, traducción de Miguel Ros González, p.230: "puede que este año se siegue, puede que no. Mis ojos han dejado de ver la belleza en la uniformidad".

HJV 2016

Henry David Thoreau, Caminar, Angle editorial, Barcelona, 2017, traducció i introducció de Marina Espasa, p.74: "on és la literatura que fa parlar la Natura? Hi hauria d'haver un poeta que pogués impressionar els vents i els corrents i posar-los al seu servei, fer-los parlar per ell. Algú que retornés a les paraules el seu sentit primitiu, com fan els grangers a la primavera quan tornen a clavar les estaques que el fred ha descalçat. Algú que excavés les paraules cada vegada que les fa servir, i que en trasplantés a la pàgina les arrels plenes de terra. Algú les paraules del qual fossin tan certes i fresques i naturals que semblés  que creixen com els brots quan s'acosta la primavera, encara que quedessin mig abandonades entre dos fulls rancis en una biblioteca".

(Mi versión castellana de la traducción de Espasa, que es excelente): "¿dónde está la literatura que hace hablar a la Naturaleza? Tendría que existir un poeta que pudiera imprimir vientos y corrientes y ponerlos a su servicio, hacer que hablen por él. Alguien que devolviera a las palabras su sentido primitivo, como hacen los agricultores cuando, al llegar la primavera, vuelven a clavar las estacas que el frío ha descalzado. Alguien que cavara las palabras cada que vez que las utiliza y que sea capaz de trasplantar a la página sus raíces llenas de tierra. Alguien las palabras del cual fueran tan ciertas y frescas y naturales que diera la sensación de que crecen como brotes cuando se acerca la primavera, aunque quedaran medio abandonadas entre dos hojas rancias en una biblioteca".

¿Por qué no podemos pensar que Joachim Roque (Domaine Carterole) sea uno de esos poetas que tiene la capacidad de hacer hablar a la Naturaleza? Banyuls, su tierra, allí donde crecen sus cepas de garnacha gris y de vermentino (Hjv 2016 está hecho con esas uvas al 50%), está cortada sobre el mar en pendientes imposibles de esquisto gris. El trabajo es duro y concentrado, intenso. Sus "palabras" están en las manos y en el azadón, cavan la tierra, vendimian la uva y trasladan a la botella la frescura del mar y la sequedad de los vientos del norte. Son escuetas pero elocuentes, sencillas y sinceras. Sus palabras son uvas.

Su vino de garnacha gris y vermentino (tres semanas fermentan con su raspón, de forma espontánea; se prensan con delicadeza y siete meses más pasan en barricas nuevas de roble; se embotellan sin más) y él, Joachim, son quienes describen con sintaxis cierta y fresca y amable, sincera e intensa, el perfume provocador del tomillo en flor, los aromas de la fermentación y la vida en movimiento que late en la copa. Su mirada y su escritura están llenas de hinojo silvestre, de viento de Levante y de hollejos, de flor de limonero y de laderas que se abalanzan hacia un mar de sonrisa amable. Laurel y mejorana decoran también esa hoja perdida. En el aire limpio de la mañana, la biblioteca, que es la Naturaleza, abre sus puertas a los cuatro vientos.  Permanece en el lector el recuerdo de una rebanada de buen pan con una cucharada de confitura de naranja.

Hjv 2016 de Domaine Carterole tiene el sabor de la tierra y el valor de su personalidad. Para quien la entiende (Joachim Roque),  el viñedo es un libro de páginas abiertas siempre por escribir y su vino tiene la energía de una transformación incluso personal.  El vino es ese brote de primavera que, año tras año, renueva nuestro compromiso con la inmortalidad.

05 marzo, 2017

La Cave des Nomades

La Cave des Nomades
La Cave des Nomades nace del encuentro entre José Carvalho Moreira, portugués, y Paulina Srzednick, polaca, en Banyuls. Apenas tres Ha sobre suelos de esquisto con todas las orientaciones e influencias posibles, direcciones de los vientos, edades de las plantas, el sol en el amanacer o el atardecer, el mar, las Alberes... Garnacha blanca, gris, tinta, vermentino, cariñena, macabeo. Blancos con apenas maceración, blancos con varios días de maceración, rosados de ensamblaje "todo en uno", tintos despalillados grano a grano.

No hay otra intervención que la del hombre y su mirada sobre la tierra de Banyuls. ¿Cuánta gente ha pasado por allí desde la colonización griega de Ampúrias? ¿Cuanta gente distinta ha trabajado esa tierra y hecho vino? Y siempre llega alguien nuevo, distinto (unos músicos en este caso, José y Paulina), que conecta con lo esencial, con la idea de que una tierra, sus bosques, su mar, sus cepas, sus objetos, su paisaje, sus casas tienen un espíritu, tienen algo que las hace distintas y únicas. Y lo perciben y lo entienden, lo sienten y lo embotellan.

Dicen Héctor García (Kirai) y Francesc Miralles, en su libro ikigai. Els secrets del Japó per a una vida llarga i feliç, Ed. Entramat, Barcelona, 2016 (ISBN 978-84-92920-15-0), p.101, que (paráfrasis) la responsabilidad de un creador de cualquier cosa, sea artista, ingeniero, cocinero, vitivinicultor o apicultor, es capturar el espíritu de la naturaleza para darle nueva vida, respetándola en todo momento.  Existe una transformación, por supuesto; existe una manipulación, también, de esa naturaleza, pero para que sigamos encontrándola en el "objeto" que ha construido el artesano, éste tiene que ser hecho desde el respeto y el conocimiento.

Así, los vinos de La Cave des Nomades de José y Paulina: el hombre en su unión con la naturaleza (no frente o contra ella) trabaja mucho, y con sus manos; no agrede; no usa sustancias químicas extrañas (en este caso sólo biodinámica) y ya desde la vendimia, altera lo menos posible los sabores esenciales del zumo de la uva. Y lo que uno bebe es la energía de esa tierra, el sabor de ese mar, la fuerza de ese esquisto, la frescura de sus vientos y la sonrisa de José y de Paulina. Su blanco de garnacha gris, Les Rhizomes des Sorcières me hundió en las profundidades de la tierra; y su clarete "todo en uno" L'Arlequin Errant (ambos 2016) me encaramó a una nube de color rosa que paseaba, amable, por la Côte Vermeille. Su ancestral de macabeo Pet Zeppelin 2016 acompañará con un susurro de frescor las mejores conversaciones de este próximo solsticio.  Y etc. Cuando las cosas son esenciales y se hacen con este espíritu, no hay gestos vanos ni vinos superficiales. Todo merece la pena.

La Cave des Nomades, Jose y Paulina, muestran cómo la dinámica de la coexistencia entre el hombre y la naturaleza hecha cepa se mueve gracias a la sonrisa de la complicidad. En su caso, esta dinámica se traduce en felicidad y en abundancia. No hablo de riqueza: hablo de generosidad en el trabajo y con la tierra, que llega a los vinos y a las copas en forma de sonrisa y de abundancia, de plenitud de aromas, sabores y sensaciones. Ellos  llaman a eso "la abundancia de la coexistencia". Pocas veces había leído yo un titular en una botella tan apropiado para el tipo de vida y de vinos que ellos transmiten.

04 mayo, 2016

Vella . Terra

Vella Terra
Cascina degli Ulivi. Nin-Ortiz. Recaredo. Mas Estela. La Coulée de Serrant. Les Enfants Sauvages. Emidio Pepe. Terroir al Límit. Còsmic. Sicus. Partida Creus. Escoda-Sanahuja. Serres. La Salada. Llorens. Sala. La Stoppa. Bini. Grillo. Etc.
Podría decir muchas más cosas, detalles, nombres, ingredientes, otra gastronomía además del vino. Vella . Terra. Sencillamente: por poco que se pueda, hay que ir.

13 diciembre, 2015

Nada 2014

Nada 2014
"Nature peinture"... Nada 2014 es un vino que hace pensar. No pregunté a quien lo hace (Raphäel Baissas de Chastenet en Calce: Vandal Wine) el porqué del nombre, pero el subtítulo del vino (Nature peinture) y haber tebido la ocasión de beber dos botellas en pocos días, me da alguna pista. También me la da la "escuela" donde la gente de Vandal Wine ha estudiado, trabaja, crece y empieza a hacer su vino: la república independiente del vino auténtico alrededor de Calce y de Latour de France, con Gauby, Lubbe, Pithon, Fahl... Nada porque el vino no contiene otra cosa que la pintura que la naturaleza ha querido ofrecerles en este 2014. La naturaleza es la que pinta el vino, la que ofrece su fruta, sus colores, sus aromas. El hombre observa e interviene, por supuesto, pero lo menos posible. De una forma ideal, simbólica, no interviene "nada": vendimia, infusiona la uva con su raspón, fermenta, deja pasar el invierno en maderas viejas, embotella, bebe. La naturaleza en la botella. Nada más.

La naturaleza en forma de viñedo de garnacha peluda ("lledoner pelut" en el Languedoc Roussillon), una variedad  de matices infinitos y tan poco presente... Un viñedo en el Col de la Done en Calce, sobre pendientes de esquisto y sin ningún tratamiento. Una vendimia en su punto óptimo (2014, sobre los 14%), y una fermentación con levaduras del viñedo y de la bodega, sin sulfitar en ningún momento del proceso, sin estabilizar más que con la ayuda del frío del invierno en la zona, sin filtrar. Ni ellos lo saben pero habrá hecho la maloláctica. 1000 botellas a 20€, pero en 2015 habrá más y sacarán un blanco... esto no ha hecho más que empezar. Es un vino sin extracción fuerte, un vino hecho con la suavidad de la maceración al modo de la infusión de uva, con la idea de llevar fruta y sólo fruta a la copa. 

Gotas de la granada cuando extraes su fruto del duro caparazón. Ese sabor vegetal de la madera que forma parte del corazón de la fruta. Ese mismo color atravesado por el sol de otoño sobre la mesa. Piel de melocotón en los labios y en el paladar. Suavidad. Textura. Amabilidad. El sol todavía intenso del primer otoño hace madurar el fruto del madroño: áspero dulzor... Pomelo rosa. Pimienta roja estrujada en el árbol. El recuerdo de la fermentación en la boca: pureza de la fruta y restos de carbónico que huyen en segundos. Matorral y aires de raspón. Ciruelas de fraile: acidez  y dulzor. Sabor de campo. Jarabe de grosella en el refresco de la infancia. Es un vino tan atractivo y se deja beber con tanta discreción y gusto que le pido, me pido..., que aguante. Seis (6) días abierto en la nevera, sin tocar y con su propio tapón de corcho. El vino está intacto y con la carga de sabores, texturas y fruta que he descrito. Apenas se ha oxidado y a ese zumo del granado añade ahora unas gotas de cítrico, un poco de naranja ácida y metálica y, de nuevo, ese recuerdo del pomelo. Un vino de placer, un vino de sed, un vino que pinta la naturaleza de la que nace y la convierte en algo vivo e intenso en tu paladar. Un vino en el que Nada es todo. 

04 diciembre, 2015

Andorra, microproducción de vino y entropía

III Trobada de Microproductors de vi Andorra 2016
La entropía es una magnitud de la termodinámica que se utiliza para predecir la evolución de los sistemas termodinámicos. Tener amigos y compañeros físicos y químicos me permite cierta familiaridad con algunos de sus conceptos preferidos y, de paso, me facilita su uso en campos que nada tienen que ver (parecería...) con la termodinámica. La entropía, sin duda, es uno de ellos. Lo usan, de forma indiscriminada, para definir el grado de desorden de un sistema, el que sea. Por decirlo en otras palabras: hablamos del caos que se muestra más o menos organizado y que, por razones ajenas a las leyes de la física y cercanas a la empatía de los humanos, acaba mostrando efectividad y potencial de éxito y de supervivencia.

Dicho con todo el cariño y respeto que saben que les tengo, la III Trobada de Microproductors de vi d'Andorra 2015 (28 y 29 de noviembre en Sant Julià de Lòria) es un buen ejemplo de entropía que funciona. La idea es muy buena: vamos a reunir en un ambiente único, entre los montes de Andorra que escondían una tradición de viñedos milenaria que renace, a una buena cantidad de microproductores de vino, incluídos los andorranos. Vamos a mezclarlos con unas cuantas mesas redondas que faciliten el debate y vamos a aderezar todo con sesiones de demostración de productos y de degustación de las bodegas asistentes abiertas a todo el mundo. Vamos a permitir las transacciones comerciales y, por fin, vamos a facilitar que algunos de los buenos restaurantes, pastelerías... del Principat puedan mostrar sus bondades en forma de tapas.

El "problema" viene cuando no se aplica un criterio concreto y único para seleccionar las bodegas que quieren participar porque, sencillamente, nadie puede definir qué es un microproductor de vino con fiabilidad, homogeneidad y generando consenso. El "problema" se agrava cuando todo el mundo tiene acceso a todo y lo que tendría, quizá, que ser un encuentro más de profesionales, acaba siendo una fiesta para quien quiera acercarse a ella. El "problema" se agudiza cuando se montan visitas a las bodegas de Sant Julià de Lòria (de ellas hablé el año pasado y siguen más o menos en los mismos parámetros, aunque reconozco que el Evolució 2013, 100% pinot noir, de Casa Auvinyà, me atrajo mucho) y se acuerda con ellas que los profesionales no van a catar a pie de viñedo. Y casi todas se dejan... El "problema" deviene casi broma cuando compruebas que los moderadores de las mesas redondas no han preparado a fondo sus intervenciones y confían todo al potencial de los participantes en las mismas. Y etc.

Todos estos "problemas" (he puesto dos comillas, pero tendrían que ser miles de ellas para cada sustantivo) dejan de serlo cuando constatas que la organización pone todos los medios para que las cosas se resuelvan en buena medida; cuando la empatía y las ganas de compartir de todos arrasan para bien; cuando ves que la calidad de los intervinientes en las mesas aporta ideas y progreso al estado de la cuestión que se debate; cuando, sobre todo (es lo más importante), compruebas que a pesar de no haber un criterio de selección, el encuentro de microproductores del vino en Andorra, por H o por Z (la casualidad es, también, una eficaz herramienta científica), acaba convocando a un montón de bodegas interesantes y proporcionando al visitante momentos de encuentro y de charla distendida con los viñateros, además de descubrimientos vínicos llenos de emoción e interés.

Sobe las mesas redondas: creo que se perdió una oportunidad para que los asistentes entendieran qué está pasando en el Priorat ahora mismo. Los participantes podían haber proporcionado las claves (aunque todos eran elaboradores de Porrera...son muy buenos, saben qué hacen, de dónde vienen, por qué lo hacen y, además, tienen una idea de hacia dónde quieren seguir) pero se difuminó la idea (en mi opinión) clave: la mesa se titulaba "Priorat, revolución de la revolución", pero no estamos ante una revolución de la revolución. Si así fuera, dejaríamos fuera de la foto contemporánea a Masia Barril o a los primeros vinos cooperativos del Priorat histórico o als Cellers de Scala Dei de 1974 y 1975. Ese fue el Priorat 1.0. El 2.0 es el que representan René Barbier, Daphne Glorian, Josep LLuís Pérez... y el 3.0 era el que estaba sentado en la mesa redonda y que bebe casi más del 1.0 que del 2.0. Ese concepto de progresión, que no revolución, estuvo ausente.

En cuanto a la definición de qué es un microproductor de vino y, por lo tanto, quién puede o no ser convocado a una "Trobada" como la de Andorra, la mesa se movió en terreno pantanoso... Las circunstancias pueden hacer que 100 mil botellas sean microproducción en Australia, quizá, mientras que en el Priorat será macroproducción. Y así hasta el infinito: la definición depende demasiado del "medio ambiente" en que se mueve la bodega y, sobre todo, de las personas que trabajan y viven de/en ella y de su condición económica. Más que hablar de una cifra concreta de botellas (Pedro Ballesteros proponía entre 10 y 40 mil botellas) o de las circunstancias acompañantes, yo me centraría en las personas para encontrar un marco de referencia. En las personas y en su trabajo. Pedro ya apuntó mucho de esto cuando insistía en la necesidad de cooperación para el progreso entre los pequeños porque no todos pueden hacer bien todo... Pero yo creo que hay un paso previo. Creo que hay que asociar microproducción del vino a artesanía en el campo y en la bodega; creo que hay que entender que un microproductor (sea cual sea el número de botellas que produzca, si así se entiende no será muy alto...) es el que está presente, controla y trabaja con sus manos y las de su equipo en todos y cada uno de los procesos que llevan un vino a la botella: el trabajo en el campo, la vendimia, la vinificación, el embotellado, el etiquetado, incluso la explicación y venta de primera mano de su vino. Quizá no su comercialización posterior. Si tienes una producción que te permite vivir dignamente, si  cultivas un número de hectáreas adecuado a la capacidad de trabajo de un equipo humano modesto, estás llenando de sentido este concepto. Sin hablar de cómo trabajas la tierra y el viñedo o de qué usas para vinificar en la bodega. Que sería ya otro tema.

En este III Encuentro había no pocos viñateros que van por este camino. Y no todos trabajan de la misma forma ni ven el vino igual. Tampoco todos tienen la misma formación ni idea de qué quieren hacer con sus mostos. Ni tan siquiera pueden todavía muchos vivir al 100% de su viñedo. Pero todos controlan el proceso al completo, todos te pueden contar cuanto sucede en su campo y en sus botellas porque todo lo hacen ellos. Y todos, además, tienen historias personales e interesantes que contar. En fin, y esta es la mayor riqueza y bondad de la "Trobada de Microproductors": todos tienen vinos que atraen, vinos con el carácter y la personalidad de quien los hace y de la añada y de la tierra que los ha parido. Voy a proponer algunos ejemplos de vinos nuevos para mí, pero hay bastantes más que, por una u otra razón, ya conocía y no citaré ahora. Con una excepción, la última.  De Calce me llegó directo a la parte más afectiva de mi memoria Nada de Rapaël Baissas de Chastenet (Vandal-Wine): una garnacha  peluda (lledoner pelut) del Col de la Done sobre esquisto, sin ningún tratamiento ni en viñedo ni en bodega. 1000 botellas de escándalo que devuelven al bebedor (como tantos otros en Calce...) el placer de la fragancia y el sabor sin filtros. Delicioso y fresco vino.

De Aldeanueva de Ebro, me sorprendieron mucho los vinos de Isa y Carlos, Vinos en voz baja. Uno pensaría que hay que gritar mucho para llamar la atención en la Rioja Baja... Pero ellos lo consiguen, en efecto, con amabilidad y discreción: su garnacha sobre arcillas y cantos rodados Costumbres 2013 (ya 2014 casi a punto también) ofrece de nuevo (tan difícil de encontrar en esa zona...)  el placer de un trago fresco y sincero, esférico y goloso. Su uso sabio del raspón merece un aplauso y tiene un papel notable en este vino sensacional. En Miravet esperaba, medio escondida, otra gran sorpresa: en el Celler Pedrola, Judith y Josep Mª están empezando a producir un ancestral de ensueño. Con su propia reflexión sobre esta vinificación que tanto me gusta, su macabeo viejo muestra una finura, una delicadeza y una variedad de matices tanto en nariz como en boca que enamoran. Delicioso y sorprendente su Camí de sirga, vi escumós. Mucho respeto y admiración hacia Comalats CS sin SO2 añadido 2014 de la Familia Bonet (Celler Comalats). Poder beber ese cabernet sauvignon que parece de plantas de la Montaña de Saint-Émilion junto a otro que ha sido vinificado con sulfitos ofrece una oportunidad muy difícil de encontrar: la libertad para que cada cual encuentre su gusto y su placer. Yo sé dónde está el mío: en el trabajo impecable de los Bonet en el viñedo y en ese vino sin sulfitos añadidos que "sólo" sabe a tierra de aluvión, a aceituna negra, a monte bajo, a secana y a fruta.

Todos son, además, viñateros jóvenes, transmiten pasión y alegría por lo que hacen, tienen ideas sin freno para sus viñedos y cepas y van a seguir dándonos muchas alegrías. Ese es el mayor mérito, también, de la fuerza entrópica que desarrolla la Trobada de Microproductors de vi de Andorra: su idea es muy buena, el lugar donde la desarrollan también (por favor, que no se muevan de Sant Julià de Lòria ni crezcan mucho...) y sólo tienen que ir puliendo detalles. Pueden hacerlo, tienen capacidad  para ello y para seguir ofreciendo lo que mejor les define: facilitan encuentros y favorecen descubrimientos de personas que te pueden explicar de primera mano todo lo que ha sucedido para que su vino llegue a la copa que compartes con ellos. "What else?"
Celler Mas Berenguer Andorra

03 abril, 2015

Breton, Nuits d'Ivresse 2012

Breton Nuits d'Ivresse 2012
Es un día de desconcierto. Por una parte, vacío: las calles están vacías; los creyentes andan desconcertados porque no saben si Jesús resucitará o no; las poblaciones se mueven no se sabe dónde ni por qué. Por la otra, plenitud: los cielos están llenos de aviones, millones de ellos; los cielos están llenos (desde ayer en Barcelona) de nuestras aves migratorias africanas, que lo tienen más fácil que sus compatriotas bípedos. Desconcierto porque la gente olvida las tradiciones y si las recuerda, tampoco sabe ya por qué ni para qué.

Desconcierto porque Catherine y Pierre Breton (Domaine Breton), en Les Galichets (Loire), se quejan amargamente de que su vino más emblemático, aquel con el que empezaron a vinificar con un cultivo biodinámico y sin ningún aditivo químico, su Nuits d'Ivresse (primera cosecha de 1994), es usado como ejemplo por el Gobierno francés para prohibir la palabra "ivresse" en las etiquetas de vino. Apetece dedicar un rato de este Viernes Santo en que parece que nadie hace nada y todo el mundo hace cosas distintas, a intentar describir qué significan este vino y esta palabra.

Empiezo por la palabra. Y no quiero ir a cualquier diccionario latino ("Ivresse" procede del latín ebrius, ebrietas) sino al que ofrece la etimología, el origen de las palabras (Ernout-Meillet, sin más: esto no es un artículo científico). Ebrius se formaría a partir de bria que, en palabras de los gramáticos latinos, significa "copa con la que se bebe vino". Ebrius no tendría el valor que le da hoy el Gobierno francés y quien no conoce la historia de las palabras (es decir, la historia del mundo: sólo existe aquello que se nombra), sino el de "aquel que vacía la copa de vino", no "muchas copas de vino". Sabemos (aunque no haya pruebas para ebrius) que es palabra antigua porque su pareja latina, sobrius, sí tiene un origen muy antiguo, indoeuropeo: sobrius tiene un valor propio, "aquel que no ha tomado la copa de vino" y, como consecuencia de ello, un valor figurado, "aquel que tiene la sangre fría".

En francés y en las lenguas románicas que bebemos de esta fuente etimológica, "ivresse" tiene con exactitud el mismo valor. (Le Petit Robert) Un valor propio y un valor figurado. El figurado, dada la riqueza de esta lengua, es muy adecuado para llegar al vino de hoy: "État d'une personne transportée, vivement émue...État d'euphorie, de ravissement, d'exaltation". Una persona bebe un vino como el de los Breton, Nuits d'Ivresse 2012, y se siente literalmente transportada al mundo del que salen uvas (cabernet franc en pureza), vino y personas; se siente emocionada con la idea de que siga existiendo gente como los Breton que entiende con tanto equilibrio y autenticidad su relación con la tierra de Bourgueil (arcillas arenosas, con gravas y cantos rodados en este caso); en fin, vive la euforia, la exaltación y el encanto que producen un vino hecho según un solo principio (que es el de Jules Chauvet): la pureza de la fruta en la copa.

Todas las religiones del entorno mediterráneo se han comunicado con la divinidad a través del vino. Y aunque la "leyenda báquica" sobrevive, no lo han hecho por ejercer la "ebriedad" en sentido literal y propio, sino figurado y metafórico. Hoy, Viernes santo, más que nunca, todos debiéramos entender que el vino es la sangre de la tierra y que vaciar una copa de vino como éste de los Breton en nuestro cuerpo significa "exaltación, encanto y emoción" tanto como elogio y reivindicación de la pureza, de la viticultura respetuosa con la tierra y de la vinificación que sólo intenta transportar el ciclo del año a la copa y lo hace sólo con aquello que la tierra ha querido ofrecer.

Nuits d'Ivresse 2012, 12%, ha fermentado su uva de cabernet franc con las levaduras indígenas. Ha hecho la maloláctica de forma natural y ha reposado en barricas viejas durante dos ciclos pascuales. No ha sido clarificado ni estabilizado o filtrado. Ha sido embotellado en septiembre de 2014 y ahora mismo, en esta su tercera Pascua de vida, empieza a encontrar su punto óptimo, no para morir, sino para sobrevivir en nosotros, para emocionarnos y encantarnos, para que hablemos de él y forme parte de nuestro cuerpo y nuestros corazones. Fresco y ligero. Agreste y alegre. Tierra abierta y sabor. Tubérculos y hiedra. Pimientos y tomates verdes. Amable y austero. Es un vino que con pocas palabras dice mucho. Me adhiero y defiendo el concepto de "ebriedad" de los Breton: quienes me conocen, saben que no soporto emborracharme, no lo hago vamos. Pero sentirme ebrio en el sentido de emocionado, transportado y encantado por un vino...las veces que haga falta, siempre que sea como éste. Vamos a ver quién resucita y cómo pero yo, con este vino, sé que tengo no poco adelantado.
Caravaggio-el-Santo-Entierro-1604

28 marzo, 2015

Restaké 2012 par Yoyo vigneronne

Restaké 2012
1,5 Ha en cultivo ecológico sobre pendientes de esquisto en el corazón de Banyuls. La bodega de Yoyo trabaja desde 2005 pero dedica los dos primero años de su actividad sólo a la tierra. Producción y vinificación, a partir del tercer año. En el campo se trabaja sólo a mano, se siguen los ciclos de la luna y no se usan productos químicos de ningún tipo. (Esta información procede de su página web: no he estado jamás en sus viñedos). Las cepas con las que se hace Restaké 2012 viven sobre esquisto negro pizarroso, laminado,  con abundante carbón. Hierro, azufre, pirita en un ambiente reductor del suelo (es lo que se encuentra en el esquisto negro pizarroso) alimentan las uvas de garnacha gris de este vino.  Es un vino de mesa de 13,5% cuyo mosto no ha sido trabajado con las pieles. La uva entra en la bodega y es prensada directamente con aquello que viene del campo y con las levaduras que encuentra por el camino. La fermentación alcohólica sucede en depósitos de acero inoxidable, donde permanece hasta la primavera siguiente, con sus lías pero sin bâtonnage alguno. El vino pasa entonces a barricas de madera usada (que no dejan impacto alguno en sus aromas ni sabor: no en marzo de 2015, por lo menos), donde pasa otros seis-siete meses en reposo absoluto.

Se embotella sin estabilizar ni filtrar y el vino termina de hacerse en su botella durante otro año. En Vitis Vinífera 2015 fue uno de los que más me impresionó: la garnacha gris me tiene el corazón robado desde hace tiempo, tanto en ensamblaje como en monovarietal. Puede que la de Yoyo sea una de las que más me haya gustado: un vino para la reflexión (la mía, por lo menos...), con aromas intensos pero delicados que no proceden de brisado alguno ni de trabajo prefermentativo con las pieles, sino del trabajo concienzudo con el suelo de Banyuls y de la aclimatación de la garnacha gris a él. Es un vino fresco,  con cierta corpulencia (viñedo de orientación norte), de uvas vendimiadas a finales de agosto, con aromas de lavanda algo seca, de escamas de jabón de Marsella, de manzanilla e hinojo, de tomillo y orégano. La madera le ha dado volumen y entidad en boca, pero su nariz es la del campo y la del mosto, la del mineral y la de la fruta. Es un vino que tiene matices en nariz y un largo, sápido y redondo recorrido en boca. Su tacto es sedoso, casi de mano de talco. 

06 marzo, 2015

Vins nus en Barcelona: 8 de marzo

Vins nus 8 març 2015
Unos cuantos amigos se han inventado una feria, una presentación divertida en Barcelona: Vins nus / Vinos desnudos. Vinos naturales, vinos auténticos en la acepción de Goode-Harrop. Vinos, sin más, con amigos y hechos por amigos. El próximo domingo 8 de marzo, en C/ Pujades, 156 bis, de Barcelona, de 10 a 20 horas.

29 mayo, 2014

Marenas al natural


José Miguel Márquez es agricultor por vocación. Apenas había cumplido la mayoría de edad y sin más estudios que los que su padre y la tierra le habían dado, compra sus primeras hectáreas (1998) y se echa al monte, a la sierra, vamos, la de Montilla. Planta uvas tintas  (syrah, tempranillo, monastrell, después cabernet sauvignon y pinot noir) a las que después añade las habituales blancas de la zona, muy (pedro ximénez) o menos conocidas (montepila). Su vinculación con la tierra es absoluta: ama la subbética y la penibética, como ama las amables laderas de Montilla. A sus vinos se puede entrar con mayor o menor facilidad, pero cuando se percibe (in situ...) cuál ha sido la evolución de José Miguel con los años, uno no puede más que admirarse e identificarse con su trabajo y con su amor por la Sierra de Montilla y sus culturas vinícolas (varias hay o había), por ese clima duro y, a ratos árido, por esos suelos calizos y arenosos, por ese viento que, cuando sopla del oeste, trae la bendición de la frescura, por un ambiento y un terruño, sin más, que te seducen y te atrapan.

Le conocí hace cinco años y me propuse seguir su joven carrera. Este hombre transmitía sensaciones de honradez, de profundidad, de seriedad, de trabajo bien hecho y de vinos sin máscaras. Pero confieso que, en esa época, sus tintos no me llenaban como lo ha hecho uno en especial en la cosecha de 2013. Seguimos viéndonos, bebiendo sus vinos y charlando a ratos, hasta que la cabeza me dio un vuelco con su Cerro Encinas Blanco 2011, monovarietal de montepila: un vino que transmitía un cambio, una evolución y una progresión emocionantes. En mi viaje de 2013 la ruta me apartó de Marenas, pero una noche mágica, cerca de Cortes y Graena (con el gran Ramón Saavedra) nos encontramos y emplazamos para la visita. He tardado casi un año y bien que lo siento, pero he llegado a Marenas, por fin. José Miguel lo tiene claro: el éxito o el fracaso de un vino dependen, en buena parte, del trabajo en el viñedo. Y en esa tierra de albariza y arena, él consigue, con suaves laderas y un no-laboreo muy meditado, una frescura, un pH, una acidez  y un grado en sus vinos que son como para reflexionar.

Desde 2006 no labra el campo, ni siembra ni selecciona la vegetación. Ha permitido que la selección natural se encargue de todo: el jaramago ha marchado poco a poco y ha sido sustituido por más de 20 especies de plantas y flores, todas ellas beneficiosas para la viña. Ni abona, no pasa el intercepas. Sólo desbroza y alimenta el viñedo con esa hierba y con los restos de la poda. Con sus menos de 4 Ha llega a las 8/10 mil botellas y el resto va a la cooperativa. No quiere crecer rápido y piensa mucho cada paso que da. ¡Pero no para de darlos! Su salto exponencial en calidad y en concepción de un vino lo está dando precisamente con la uva de la tierra, con la PX. Con bocoyes muy viejos de fino ha elaborado la cosecha de 2011 bajo velo en flor (en la bodega que véis en la foto inferior), recuperando la memoria perdida de los vinos de su pueblo. Algún día llegarán los amontillados, pero por ahora este PX 2011, embotellado y concebido como vino tranquilo (no generoso), es una percepción única de la tierra de Montilla, con sabores intensos pero delicados del velo, de la albariza, del viento que sopla del Estrecho, con frescura y profundidad. Emocionante.

La emoción sigue con un impresionante pinot noir de la Sierra de Montilla, cerca de Cabra. Apenas 800L, todavía en inox, del que será Casilla Las Flores 2013, vendimia nocturna, raspón y unos aires de austeridad, seriedad, frescura y empaque...picota, pimienta negra, nuez moscada, matorral de la sierra, jara. Memorable en verdad. La emoción finaliza con una pequeña bota (andará por los 300 años esa madera) de moscatel de Alejandría pasificado al sol de la sierra. 9% tiene,  VND. Saldrán 200 botellas y quien consiga una, será una persona feliz. Para un loco de los moscateles como soy yo, ese vino es un punto y aparte. Tres vinos probamos, tres horas charlamos y con esos dos treses tuve más que suficiente para entender que José Miguel sigue firme su camino de progresión, que hay que estar con él, que hay que escucharle y, sobre todo, hay que beberle. Enamorado de su tierra y de sus vinos volví. Por cierto...¡casi me olvidaba! Al padre de José Miguel le costó un poco seguir el ritmo e ideas del hijo sobre todo con las uvas tintas. Pero es uno de sus más fieles aliados. De las pocas parejas padre-hijo que, con un cambio de mentalidad y de haceres tan grande por medio, andan codo con codo en el campo y en la bodega. Una alegría y un placer verles ahí a los dos.

25 mayo, 2014

Ácrata bobal rosado Verano 2011


La cuesta sube hasta la ermita del Cristo de los Remedios y desde allí, el poder divino y el poder terrenal de Jesús Lázaro de Diego (Kirios de Adrada) dominan Adrada de Haza (Burgos). "Vinos de la tierra y de la Vida" es su lema. En el caso de Jesús no hay palabrería ni vanidades. Seriedad, austeridad, trabajo intenso, sentimiento profundo. Sus viñedos están en ecológico desde 1993 y en biodinámica desde 2002. El paso de los años acabará poniendo a cada cual en su lugar y la forma en la que Jesús trabaja sus campos y las uvas recibirá su recompensa. El reconocimiento de los que amamos las cosas auténticas ya lo tiene, tanto con la variedad de uva estrella de la DO Ribera del Duero como con las que embotella como Vino de la Tierra de Castilla y León. Con estas últimas ideó un homenaje a aquello que hace que sus viñedos sean lo que son: el respeto máximo  hacia ellos en cada estación del año, consciente de que aquello que la tierra te acaba dando es proporcional a lo que recibe de nosotros. La colección Las Cuatro Estaciones del Año entronca con la más romana tradición del culto a los símbolos de cada una de ellas. Primavera, con albillo, pirulés y flores. Verano, con bobal y trigo. Otoño, con garnacha y hojas caducas. Invierno, con nieve en los campos y monastrell.

Las variedades llamadas "valencianas" en la Ribera son las auténticas protagonistas de esta recuperación de tradiciones vitivinícolas, aquellas que llegaron del Levante hace muchos años y ya nadie considera como de la zona, sobre todo la bobal. Pero Jesús sabe que sí lo fueron y con ellas nos ilumina con dos de los cuatro vinos de la colección (verano e invierno). Desde mi visita en marzo de 2013 (aguanieve caía sobre Adrada...), me quedé prendado de la bobal y la garnacha (otoño). Por casualidad las encontré hace bien poco en La Vinoteque de Terrassa (¡qué tienda tan interesante!) y el recuerdo vivo del Ácrata rosado del 2012 (en marzo de 2013 todavía estaba fermentando y tenía unos sabores...), hizo que me llevara una botella del 2011, que no había probado jamás. Homenaje a los claretes de antaño, este bobal procede de viñedos en vaso de entre 70 y 100 años, despalillada la uva y con fermentación espontánea y natural, sin clarificar ni corregir, la altura (sobre los 900 msnm) y la edad de los viñedos, el cultivo y las largas fermentaciones otorgan un carácter único a este vino. Es un rosado de 14% vendimiado en octubre que necesita aire en la copa y dosis de paciencia. Cuando se abre muestra un estilo largo y goloso, tanto en nariz como en boca. Guindas y fresitas maduras del bosque, cuerpo y untuosidad. Zumo de granado y naranjas sanguinas, madroño y, con el oxígeno, un cuerpo que del  volumen pasa casi al estilete. Largo y con un posgusto algo amargoso, trae también recuerdos de higos en sazón y de levaduras. Me costo 6€...

16 mayo, 2014

Kreydenweiss Muscat 2010



Las cosas del azar: con el grupo de la revista Sentits habíamos conocido a Marc Kreydenweiss en Calce esa misma mañana. Les caves se rebiffent 2014 reúne, en una fantástica iniciativa, a las seis bodegas de ese pueblo mágico para el vino que es Calce con seis invitados, uno por bodega. Comparten espacio, comparten vinos, comparten pasión. El invitado de Olivier Pithon era, este año, Marc Kreydenweiss. Tanto tiempo bebiendo sus vinos y le conocimos en Calce: un tipo sencillo, humilde, joven, sensible que hace vinos y destilados en Alsacia que hacen pensar y disfrutar. Su padre trabaja en el Ródano, él se ha quedado en Andlau, su paraíso. Por la noche, antes de llegar a casa tenía cierta necesidad de burbujas...paré para comprar algo que me apeteciera en la Vinacoteca. Nunca falla... Te llevas lo que te apetece más alguna recomendación sensata de Carlos Persini. Él, no yo, me llevó hacia los blancos y cuando me hizo caer en la botella de muscat de Marc, ¡para casa se fue!

En la etiqueta no lo dice claramente pero la expresión "vin sec de charme" (que encaja a la perfección con el espíritu de este vino) se repite en la contra de la botella y en la parte de la página web que Marc dedica a su "jardín de cepas", su Clos Rebgarten. No sé si tiene que ver con que Carlos comentaba que 2010 era su última añada en este Clos...En cualquier caso, este muscat ottonel en pureza es un vino que encanta, fresco, ácido, dulce (siendo seco), apacible, meloso. Muchas cualidades que parecen casi contrarias pero que conforman el buqué de un vino muy especial. Ideal para los espárragos, con un punto de oxidación, sin duda. Amable y meloso, sí, con un recuerdo de miel de tomillo y un dejo de flor de lavanda salvaje. Espíritu festivo del mes de septiembre en el campo. Ácido y fresco en la boca, con recuerdos del prado al amanecer y destellos de caramelo de hierbaluisa. Pétalos de rosa. Moscatel mineral, también, con ráfagas de hidrocarburos de sus hermanos de terruño.

Corona de flores. Destellos de La Lune de Mark Angeli. Sorprendente. Una moscatel preciosa, tersa, vibrante, amable pero sin empalagos. Con las horas, asoman aromas de trufa blanca y de pimienta rosa. Encantador. Voló la botella y se echó mucho de menos la segunda botella...