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30 septiembre, 2018

Vinos naturales en España, de nuevo

Portada nueva 2018
En octubre de 2013 publiqué la primera edición de Vinos naturales en España. Placer auténtico y agricultura sostenible en la copa. No era una guía de vinos, tampoco un libro académico sobre cómo hacer un vino lo más natural posible (quien haya leído el libro, sabe bien que no quiere definir cómo son los vinos naturales...). Era una especie de autobiografía sobre mis años de viajes, mis experiencias en los viñedos de España y, más que ninguna otra cosa, mis encuentros con las personas que hacían algunos de los vinos que más me gustaban en el país. No estaban todos pero los que aparecían, lo hacían por distintas razones, la más importante de las cuales era su mirada sobre el campo y su sentimiento de respeto sincero hacia él. Tardé un año en escribir ese libro. Recorrí más de 12.000 km y visité cuanta bodega me interesaba y, por supuesto, se dejaba visitar. Porque nunca dije cuál era el objetivo de mi estancia.

Han pasado cinco años desde ese octubre. Ni entonces ni ahora tenía yo planeado escribir un libro. Me lo pidió la editorial, encontré los meses necesarios en una pausa en mi trabajo habitual. Y me lancé. Sin más. Hace ahora un año largo la editorial me pidió una reedición. Puse una única condición: no quería para nada una segunda edición al uso, con corrección de erratas y a la calle de nuevo. Quería una nueva edición, revisada en todo y, más que ninguna otra cosa, ampliada. Aceptaron y me eché a la carretera de nuevo. Otros 8.000 km aunque con más dificultades que en la primera edición. Solo tenía vacaciones y fines de semana largos. Pero sentía de nuevo la necesidad de explicar mi evolución, de ahondar en mi vida con los vinos y con quienes los hacen, de explicar todo lo nuevo y emocionante que había podido conocer  en estos nuevos cinco años. De contar por qué, literalmente, me había radicalizado (enraizado) en la tierra gracias a todos ellos. Y de gozar al máximo de la oportunidad de releer y corregir.

¿El resultado? Una satisfacción renovada que acaba de salir a las librerías la semana pasada. 120 páginas más que en la primera edición. 28 bodegas nuevas que no estaban en el primer libro. Un segundo prólogo firmado por Pitu Roca (sin ánimo de exageración: creo que este prólogo merece toda vuestra atención. Jamás había leído a Pitu Roca tan sincero, tan sabio, tan iluminado: la luz vive ya para siempre en él y sabe cómo transmitirla). Y una nueva espina dorsal que recorre y vertebra el libro. Puede que ya estuviera en 2013 pero en 2018 todo ha sido escrito de forma consciente pensando en ella: la naturaleza. Ella nos enseña cómo aproximarnos, con ojos abiertos y sensibilidad bien dispuesta, con respeto y curiosidad, con admiración y complicidad. Con ánimo artesano. Ella y nosotros formamos una unidad de acción, una cadena lógica de reacciones y dependencias en la que somos un elemento más. Hay que trabajar con ella, no servirse de ella. Hay que vivir en ella no solo de ella. Hay que hablar con ella en un lenguaje común, no en el que nosotros hemos pretendido imponerle. Hay que ser consecuentes con todo ello, también cuando comemos y bebemos.

Del prólogo de Pitu Roca: "es un libro para sedientos, ávidos de curiosidad por conocer el vino a través de las personas y sus entornos de convivencia natural. Un libro de historias de vida, entre el cielo y la Tierra, entre la influencia de la luna y las constelaciones... un libro de agricultura, la vieja cultura, y la naturaleza, que pide a gritos sentirse escuchada, donde nada se pierde, nada se crea, donde todo se transforma como dijo el padre de la química moderna del siglo XVIII, Antoine Lavoisier...Un libro optimista para saborear agradecido como una sonrisa fresca, bebiéndonos el tiempo que nos bebe, naturalmente".

Que la energía, visión y alma que los protagonistas del libro embotellan se pueda perpetuar gracias a vuestra atención y a que las transformáis, mientras conocéis, bebéis y sentís sus vinos, en energía renovada.



27 mayo, 2018

Còsmic de Salvador Batlle Barrabeig

Salva a la Vajol autoretrat 25 de maig 2018
Autorretrato de viñatero en su condición de titán. Salvador Batlle Barrabeig en La Vajol, anochecer del 25 de mayo de 2018

Lo que este hombre ha sido capaz de hacer en cinco años en sus viñedos de Agullana y La Vajol (Altíssim Empordà) y Rodonyà (Serra del Montmell), al resto suele llevar una generación: recuperación, regeneración y conservación van de la mano de la creación y de la visión.

La Vajol (viñedo en la foto) es la visión, la sinestesia de un hombre de la tierra que camina por encima de las nubes: ve cosas donde el resto no. No quiero hablar hoy de vinos, sino de la persona. Ya lo dijo mi maestro, Marco Aurelio: ‘nada hay más admirable que el arte de la naturaleza, que sin haberse asignado más límites que los propios, cambia y aprovecha todo para hacer nuevas producciones. La naturaleza no necesita materia extraña. Ella sola se basta y encuentra todo lo necesario: lugar, materia y arte’ (traducción de Joaquín Delgado para errata naturae, Marco Aurelio, Pensamientos para mí mismo, Madrid, 2017, 8, 50).

Salva nace de la tierra, es naturaleza y piensa y actúa como ella, tal y como la describía el emperador-filósofo: no tiene más límites que los que él se impone y allí donde está, encuentra la forma de convertir en materia y arte (sus vinos de 2017 son eso) la tierra que trabaja. Su herencia no son solo esos vinos sino su visión integradora: de la tierra, con ella y para ella.

Me siento contento y orgulloso de poder andar con él trozos de su camino.

Còsmic Vinyaters

05 abril, 2018

Contraban 2018

18 CARTELL CONTRABAN 72ppp
No existe ni una sola definición positiva de la palabra "contrabando" en los diccionarios al uso. Podría parecer normal porque la etimología y la formación de las palabras tiene algo que ver con el origen, por lo menos, de su significado final. Así, aquello que va "contra" un "bando, ley, norma", es percibido por la ortodoxia lexicográfica como"comercio de mercancías prohibidas por las leyes a los particulares"; o "mercaderías o géneros prohibidos o introducidos fraudulentamente en un país"; o "introducción furtiva de mercancías prohibidas", etc.

Pero existe otra manera de presentar y entender la palabra. Es la que Jordi Esteve (Rim Empordà) se inventó y la que, en esta segunda edición de 2018, Noemí Morales (Atelier Esdeveniments) le ayuda a proponer. Se basa en dos coletillas de valor evidente: por una parte, el "contrabando" puede ser algo que tenga apariencia de ilícito, aunque no lo sea. (El matiz es importante). Por la otra, el "contrabando" es algo que se hace contra el uso ordinario de las cosas. La feria Contraban 2018, sin duda, es algo que tiene vocación de provocar sensaciones y emociones nuevas y puede tener la apariencia de ir contra alguna norma. Pero no va contra nada, sino a favor de todo lo que sea libre intercambio. Además, es muy cierto que se hace contra el uso ordinario de las cosas: las ferias se articulan alrededor de un tipo de vinos, de una denominación de origen, de algún concepto que, poco o mucho, tenga que ver con el respeto a alguna norma.

Aquí no. En Contraban 2018 el único concepto válido es el territorio convertido en paisaje de cepas y personas. No hay fronteras políticas que valgan y la única frontera posible es la que cada uno tenga en su interior, que es la que le facilita o impide el paso a determinado lugar, físico o mental. Así pues, un paisaje milenario de trashumancia y de habitación como les Alberes, convertido con el paso de los siglos y de las civilizaciones en un paisaje de cultura también vitivinícola, se puebla a en los últimos años, de jóvenes que ofrecen sentimientos y emociones a través de sus vinos.

Los quieren contrastar, ofrecer, regalar, comentar, debatir y beber. Quieren convertir a la feria en un encuentro libre que se hace contra el uso ordinario de las cosas para demostrar que hay personas, cepas, cultivos y vinos que hablan de una tierra y de una cultura tanto y tan bien como una buena receta, un gran aceite, una iglesia románica, unas lindes olvidadas y perdidas en el bosque o un camino pavimentado cuando no había más fronteras que las del limes parto.

Id, por favor.


12 febrero, 2018

Añejo Cencibel, Solera Familiar 1893

Esencia Rural, Añejo Cencibel Solera Familiar 1893
1893. Cuando un hombre y una mujer se casaban en La Mancha, juntaban lo mejor de las cosechas anteriores de las dos familias. De ese vino de dos casas que representaba ya lo mejor de cada una de ellas, hacían una sola solera, en una sola bota.

De esta bota tenía que nacer un "nuevo" vino añejo (rancio en mis tierras) que simbolizaba la nueva unión: dos familias y dos soleras para una nueva familia y una nueva solera. Los años de amor, de complicidad con la tierra y de diálogo con el oxígeno, la madera y el clima, iban redondeándola hasta convertirla en el vino que salía en las celebraciones y días de fiesta.

Existía la tradición de que esta bota de vino añejo podía refrescarse, por supuesto, con vino nuevo de añada, pero no hacerse saca alguna de ella hasta que, por lo menos, pasaran 20 años de la fecha del matrimonio. Solidez y compromiso para los hijos que tenían que llegar.

1997. Hace ahora 21 años, Julián Ruiz Villanueva (campesino en Quero y alma de Esencia Rural) recuperó la vieja solera de cencibel de sus bisabuelos, que fecha del día de su boda en 1893. 21 años cuidándola, recomponiéndola, refrescándola con esa misma cencibel con la que tan a gusto está. Hasta que hace 7 años llegó a la conclusión de que la cosa, vendimia tras vendimia, ya estaba en su punto bueno y no mejoraba. Momento, pues, de empezar a preparar una saca y de que el vino siguiera su camino de evolución en una botella.

Que es la que ven ustedes en la foto superior. Es un vino rancio seco de cencibel manchego, con 17,8%. Único porque puedo hablar de él habiendo bebido una copa. Irrepetible porque nace de una boda y no de otra. Inclasificable porque es la vocación labriega de Julián, junto con su pasión por las cosas de su tierra, la que recupera esa vieja tradición manchega y familiar. Con certeza, no pocas familias conservarán esa bota en su casa. Algunas quizá la habrán mantenido y refrescado y podrán disfrutar todavía de ella.

2018. Pero pocos, muy pocos, habrán tenido la generosidad de invitar al mundo entero (vaya, al que consiga llegar a alguna de estas botellas...) a la boda de sus bisabuelos. Yo he estado allí y no me atrevo a juzgar ni, casi, a describir el vino. La vida y la muerte han pasado  por él. Los nervios y las inquietudes. Las zozobras y las guerras. Las cosechas buenas y la alegría del vino nuevo. Una vida de campesinos que jamás fueron conscientes de qué hacían porque eso, lo que hacían, era lo único que sabían, querían y podían hacer. Quizá para ellos no fuera muy meritorio porque todos, antes y después, habían hecho poco más o menos lo mismo.

Pero yo no. Yo me he asomado al perfil de esa historia emocionante y he sentido, en ese único trago (inquieto y nervioso todavía el vino), el vértigo de la nueva unión: el añejo de la solera de 1893 ante su nueva vida, en un mundo que parece desconocer casi todo de quienes aportaron esos primeros vinos. El principio y el fin, la luz y la oscuridad, la sequedad y la amabilidad, el alcohol y la intensidad, el poso del café y la algarroba, los pámpanos que adornaban la mesa y el pan recién horneado.

Creo que no es un vino para juzgar o para opinar. Es un vino para sentir y para estremecerse. Es un vino para poder decir que, aunque la inmensa mayoría esté muy lejos de lo que representa, con él tenemos nuevo hilo para seguir tejiendo una historia de complicidad con la tierra. Aunque muchos piensen que todo está perdido y que cada vez menos gente comparte cierta sensibilidad y manera de hacer las cosas, el Añejo Cencibel 1893 de Julián Ruiz está aquí para demostrar y recordar que seguimos vivos. Hay tiempo para charlar y trabajar, para mirar y contar, para entender y escuchar, para beber y gozar. Para entender que la vida, con cosas como las que me pasaron este pasado sábado cuando Julián nos explicó su vino, tiene un sentido distinto. Sin juzgar ni valorar. Hay un tiempo para explicar y un tiempo para transmitir.

Mark Twain decía que hay dos momentos claves en la vida: cuando nacemos y cuando sabemos por qué y para qué nacemos. Lo primero lo pasé ya; de lo segundo me estoy dando cuenta estos últimos meses y especialmente (las circunstancias que, queramos o no, nos acompañan) estos últimos cuatro días en Barcelona. No he podido ni querido ir a todo, no porque no valore mucho el trabajo de todos en la organización de sus cosas. No. Es porque necesito sentirme cómodo en la charla con la gente y en el entendimiento de sus cosas. De ese tipo de momentos, nacen historias como las que Julián y su vino me contaron. Mi trasunto Marco Aurelio lo dice bien claro en sus reflexiones, y yo pasé muchos años sin hacerle caso... : "si te limitas a actuar conforme a la naturaleza de tu ser y a decir sencillamente la verdad en tus palabras, vivirás feliz. Y nadie puede impedir que te conduzcas de este modo". Alguien puede impedirlo, claro está. Uno mismo. Ya no.

01 enero, 2018

Antonio Vílchez y Omar Khayyam

Antonio Vílchez Valenzuela
Antonio Vílchez tiene una bodega que se llama Naranjuez y que es expresión, como poquísimas de las que yo conozco, de la personalidad combinada de la tierra y de la persona con las que convive. Naranjuez es la materialización de las "badlands" de Marchal (Granada), las "malas tierras" fruto de la erosión que junto al río mudan en fertilidad. Naranjuez es la mejor expresión de que un clima desértico, con temperaturas extremas entre el día y la noche a lo largo de todo el año, puede acabar en fragante y concentrada uva. Naranjuez es símbolo de la capacidad de una persona por crecer y aprender de cuanto hace y a cada paso que da.

Antonio Vílchez es un hombre esencial en todo, en delgadez y en palabras. Odia la retórica supérflua y la palabra de más. Quiere vivir tranquilo con sus pocas hectáreas, y sin prisas. Es hombre de palabras sentidas, es decir, de palabras que recuperan, cuando las dice, un sentido antiguo. "La prisa mata" podría ser su divisa, en efecto, además del nombre de uno de sus vinos (para mí) emblemáticos. Años de contemplación de la vida desde su mismísimo corazón han dejado huella. Como la ha dejado el tiempo en que ha visto todo desde lo alto de una torre de vigilancia. Sus vinos están hechos de toda esa experiencia y saber de vida. Sus vinos, sin conocer a Antonio, se pueden disfrutar pero no se entienden. Diréis, puede que con razón: ¿y qué más da, si lo que conviene es beberlos sin más?

Y yo os contestaré que sí, que da más porque estos vinos, como Antonio, están hechos de la materia de sus silencios y de la aprehensión de las sensaciones que, en cada momento, la viña da. De una persona que cuenta su tiempo no por años o meses o días, sino por estaciones, hay que escuchar y atender todo. No solo sus vinos. Si te quedas con eso, te quedas a medio camino de todo y con la nada en el zurrón. Antonio ama y cita de memoria al poeta persa Omar Khayyam, que además de epicúreo post litteram, era filósofo, matemático y astrónomo. Miraba al cielo para comprender las cosas de la tierra. Antonio, además de hacer eso, se mira a sí mismo y a su alrededor, para comprender con una lucidez que transmite, cada vendimia mejor, a sus vinos.

Como Omar Khayyam, Antonio sabe que estamos hechos de instantes y de fugacidad, que no hay que ilusionarse con la riqueza y la belleza: "puedes perderlas: aquélla en una noche; ésta, en una fiebre". Como Omar, Antonio ha sabido detener su marcha para tratar "de ser feliz. ¿Por qué te afliges, pequeña mía? Dame vino; la noche se acerca". Como Omar, en fin, Antonio sabe que la prudencia consiste en gozar el momento que pasa. Porque "lo futuro, ¿qué encerrará?" Antonio Vílchez, sus vinos, sus momentos, sus palabras: nos hacen mejores porque nos hacen disfrutar tanto como reflexionar sobre cómo somos y por qué hacemos las cosas como las hacemos. Antonio, como Omar Khayyam, es hombre de palabras fundamentales y de vinos con alma. Cada día más.
Naranjuez, Pinot Negro 2017

10 diciembre, 2017

Bodega CUEVA by Mariano Taberner

Los probióticos son Mariano Taberner y Santos Masegosa
De izquierda a derecha, salen en la foto: Moscatel de Alejandría Ancestral 2017; Mariano Taberner 1960; Tardana y Macabeo fermentados con lías de bobal Ancestral 2017,en mágnum; el primer vino de Mariano Taberner, 2006, de tempranillo, garnacha tinta y bobal; Tardana y Macabeo fermentados con lías de bobal 2017, en botella de 0,75L; Santi Masegosa; cazuela de callos y manitas de cordero con garbanzos; pote de ajoblanco hechos por la madre de Santi. De derecha a izquierda, en la foto no salen: Joan, Marta, Pol y una botella de 37,5cl de Elixir de Moscatel 2017, vino naturalmente dulce refermentado en botella.

¿Cómo les resumiría qué significa Mariano Taberner para mí? Él cree que el mejor agricultor de uvas es el que tiene las manos más limpias y bien cuidadas. Cuando va a las ferias y se mueve, mira las manos de la gente: quien las tiene mejor, allí va para beber sus vinos. Dice que quien menos toca y trabaja la tierra, saca uvas mejores y más sabrosas. Hay que observar mucho y hacer poco. Es especial en todo.

Mariano es la persona que, en mi experiencia, más sabe de fermentaciones en el mundo del vino. Idea, imagina (apenas duerme seguido...), experimenta, huele, observa, come, saborea, se sorprende, cruza cualquier frontera imaginable (vinagre de mosto que no se ha convertido en vino; fermentación del agua; reproducción de lías por gemación espontánea; cerveza de bobal; todo nuevo tipo de vinos dulces; vinos de ensamblaje que refermentan con el corazón de otras variedades de uva, y mil etc.) y cuando llega, ya está pensando en la siguiente.

Mariano es un hombre humilde y de pocas palabras. Sus manos, sus ojos, sus vinos, sus guisos, sus dulces, hablan por él. Su casa es una escuela de bacterias y de levaduras, Se enseñan mutuamente y empiezan a andar nuevos caminos. Su Ancestral de Tardana y Macabeo fermentado con lías de bobal es un nuevo hito de finura y tanicidad fresca. En botella de 1,5L... quien la consiga y la guarde un poco, será feliz. Sus moscateles de Alejandría son el corazón y la sonrisa de una tierra que no se sabía con esa alma única. Su Ancestral seco de Moscatel  2017 es antológico y hará las delicias de la cocina canalla que, en el mundo, algunos adoramos (para muestra, el botón de la cazuela de callos y manitas de cordero con garbanzos: un bocado mitológico de la mano de ese ancestral). Pero si se llega bien sentado a la mesa y salen las fermentaciones lentas (la vida empezó hace miles de años de movimientos parecidos a los que Mariano reproduce en su BioLab) de manzana (caviar de manzana vamos), de cereza, gelatinas de lías, el mejor acompañamiento es, entonces, el Elixir de Moscatel 2017 (botella pequeña con 12% de alcohol y ligera burbuja, oceánica). Y ese sorbo cambia tu vida. Theise a la mesa sonriendo satisfecho (¿este muscat no es del Palatinado?). Y el paraíso del abrazo acuático de Venus se abre ante tus ojos: acidez, burbuja, frescura, dulzor, sonrisa, amabilidad, abejas, miel con própolis, hierbabuena, posesión, comodidad. Una locura...

Mariano y Santi son muy amigos. ¿Saben por qué? Porque tanto en Bodega CUEVA (aldea La Portera, en Requena), como en el bar-covacha El Cortijo (allí donde las primeras calles del puerto romano de Tarragona van a morir a las vías del ferrocarril), se transforma cualquier materia viva que llegue en otra materia que es, por necesidad imperiosa de sus creadores, más hermosa y sabrosa que la primigenia. Sucede con las uvas y la tierra de la que nacen; sucede con el agua que corre (esa energía todavía despista a Mariano) bajo la bodega; sucede con las legumbres, las verduras, las carnes y los pescados que Santi compra y cocina. Saberes antiguos recuperados, memoria de sabores olvidados hace siglos, ahora reencontrados. El placer de la experimentación no es para nada intelectual. Se hace camino al andar. Y ellos abren la boca casi antes que sus neuronas.

Son probióticos, simbióticos, simposíacos y, finalmente, amnióticos. El secreto de la vida y de su permanente transformación está en ellos y con quienes tenemos la suerte de disfrutar de su compañía, amistad, experimentos y creaciones.

10 julio, 2017

RIM Empordà de Jordi Esteve

Vinya de Jan Tarrés i de Jordi Esteve, RIM,  al turó de l'Orlina, Rabós
Se hace difícil describir las sensaciones que tuve en este viñedo. El hombre en el centro: siempre es su mirada la que entiende, interpreta, actúa. El hombre fue Jan Tarrés y ahora es Jordi Esteve. La viña, cariñena de unos 70 años, está en Rabós (Alt Empordà), en la parte más salvaje y hermosa del valle que ha dibujado el río Orlina durante miles de años. Pizarra desmoronada, suave pendiente hacia el río, orientación sureste. Jan tiene 75 años y sigue trabajando cada día. De pequeño ya iba a la viña. Dejó de estudiar pronto porque sus brazos y sus piernas eran necesarios en casa. Siempre la ha cuidado con una atención y una complicidad que se intuyen a simple vista. Cuando hablas con él se refuerza esa impresión. Hace seis años llegó a la zona Jordi Esteve (RIM Empordà) pero se ha instalado en Rabós hace apenas tres meses. Buscó, y busca, mucho para tejer esa red imprescindible de complicidades que un joven necesita cuando empieza sin herencia de tierras a la que agarrarse. Encontrar, comprender, pactar, arrendar, cuidar, trabajar, vendimiar, hacer los primeros vinos, intercambiar, favorecer. Ayudar y ser ayudado.

Trabar con las plantas esa misma, íntima, silenciosa relación que Jan tenía con ellas. Eso ha hecho Jordi. Parece sencillo decirlo pero es casi imposible de encontrar. Esta viña del Orlina me dijo tantas cosas en apenas una hora... Pocas veces como ésta he tenido un sentimiento de felicidad colectiva. No había alboroto en las cepas, había unidad y grupo,  la sencilla alegría de sentirse bien las unas con las otras. Todo en su sitio. Sentimiento de pertinencia. El viento y la humedad son las necesarias. La protección de los montes que perforó el Orlina es buena. No hay sobresaltos ni plantas mejor tratadas que otras. Se sienten todas en armonía juntas y te transmiten esa sensación. La sentí de forma íntima, con la suavidad de la persuasión, con el susurro que las cepas liberan cuando encuentran el equilibrio con su entorno, del que también forma parte la persona que las cuida y el resto de seres que viven allí. No hubo avisos previos. Estaba ahí y la sentí.

Stefano Mancuso y Alessandra Viola (Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, Barcelona, 2013) llaman a esa cualidad  grupal "propiedades emergentes". Son las "típicas de los superorganismos o las inteligencias de enjambre. Se trata de aquellas propiedades que las entidades individuales desarrollan sólo en virtud del funcionamiento unitario del conjunto: ninguno de sus componentes las posee de forma autónoma. Ocurre con las abejas o las hormigas que desarrollan una inteligencia colectiva muy superior a la de las partes individuales que las constituyen".  Comprendí que las cepas actúan como viñedo de la misma forma. Vi que las raíces y las hojas se comunicaban entre ellas y con el entorno. Sentí que reconocían y valoraban cuanto necesitan para sentirse bien. Percibí que tenían casi la necesidad de transmitir ese bienestar porque, por lo menos durante el tiempo en que estuvimos allí con Jordi, el viñedo se manifestaba como si fuera "el nexo que une las actividades de todo el mundo orgánico" a su alrededor, como si fuera "el centro energético" del mundo, de su mundo. En ese momento. Allí.

He podido ya beber algunos vinos de Jordi Esteve que tienen la fuerza de esta y de otras tierras cercanas (también en Vilamaniscle): su clarete Tot d'una 2016, que mezcla garnachas blancas, grises y tintas es un hallazgo iluminador, una de las refrescantes alegrías de este verano; su RIM Negre 2013 y también el 2016, (aunque éste  necesita todavía reposo en botella), te hablan del arraigo de la cariñena en esta tierra de privilegio y de todos los aromas de la maquia concentrados y transmitidos con profundidad y finura. Pero cuando pueda embotellar la alegría y el bienestar que transmitía este viñedo del Orlina, ese día comprenderemos mejor la complicidad entre hombre y naturaleza vegetal que, por si alguien lo dudaba, tiene que ser recíproca. No sólo la sentiremos y mal intentaremos describirla. ¡Nos la beberemos!

28 mayo, 2017

Apoikia Àmfora 2016: en casa de nuevo

Apoikia 2016 vasija tras la katábasis
En un mundo casi desaparecido, en el que la naturaleza y la tierra cultivada modulaban el ser y el sentir del hombre, existían dos formas de conjurar la mortalidad de los cuerpos. La primera, y más habitual, consistía en aceptar que la clave de esa "inmortalidad" residía en la regeneración de las cosas: nada se perdía, todo se reciclaba. El ser humano observaba el ciclo de la vida a través de las estaciones, lo representaba en un círculo que, por definición, nunca empieza ni termina, y todas las energías se identificaban con él. Nada moría ni nacía. Todas las cosas que se vinculaban con la naturaleza de una forma cíclica, personas, cosechas, vidas y muertes, se transformaban. En 1847, Hermann von Helmholtz formuló exactamente ese sentimiento ancestral como  la "ley de conservación de la energía": las energías pueden adoptar otras formas, pero no ser destruidas. Así pues, la energía no nace ni muere, se transforma. Cualquier energía: la de las emociones y los sentimientos, también.

Existía una segunda forma de acceder a la inmortalidad, aunque fuera temporal. Si uno pactaba con los dioses porque tenía una misión transcendental que resolver, podía recibir permiso para visitar el mundo de los muertos y volver de él con vida. La transcendencia era metafórica, por supuesto, porque en esa misión concreta, se concentraban e identificaban los anhelos de todos los mortales. Por suerte para nosotros, siempre había además algún narrador de excepción que nos contaba cómo había ido la cosa. Así, por ejemplo, sabemos de los viajes de Gilgamesh, de Odiseo, de Orfeo y de Eneas. Todos ellos viajaron al reino de la oscuridad y fueron de nuevo llamados a la luz, con resultados y fortunas desiguales pero siempre con la idea de la superación personal como meta: acercarse a la frontera de lo desconocido, penetrar en ella, explorar y salir indemnes y más sabios como metáfora de un convencimiento. Somos instrumentos en manos de los dioses, es decir, de la naturaleza, para que la rueda de los acontecimientos siga moviéndose.

No suele relacionarse con estos descensos a la oscuridad otra aventura de Odiseo, la que Homero cuenta en el canto 9 de la Odisea, cuando el barco del héroe se adentra en la más absoluta oscuridad para atracar en la isla de los Cíclopes. Si a la isla llegan con ausencia de luz y con niebla, cuando entran a la cueva de Polifemo, la exploración es, ya directamente, otro viaje a los infiernos pero, de nuevo, en vida. Los compañeros de Odiseo van siendo devorados por el cíclope, quien acompaña su antropofagia delirante con leche de oveja recién ordeñada y pura. Pero nuestro astuto héroe se sirve del mejor vino que transportaba para emborrachar al bocazas de un solo ojo, clavarle una estaca de olivo ardiente, dejarle ciego y acabar saliendo de nuevo a la luz, que es la vida. Por primera vez en las historias que la literatura de los hombres nos ha legado, es el vino y la estrategia, además de la valentía acompañada de sensatez, las que permiten al héroe seguir su viaje tras visitar el reino de la muerte.

Agnès y Manel, de Apoikia, han buscado una vía intermedia y, en este sentido, tan nueva o tan vieja como es el mundo desde que los hombres hacen vino en él y lo entierran en vasijas en el suelo. Vieja porque desde muy antiguo (por lo menos desde los tiempos de Noé, si no estoy mal informado) el fruto de la tierra en forma de mosto que se está convirtiendo en vino, se lleva a vasijas que reposarán unos meses su embarazo para acabar "pariendo" un vino que será la más sincera manifestación de esa misma tierra. Nueva porque las tradiciones y personas que utilizan esta técnica suelen poder acceder a las vasijas de barro por su boca en superficie, por muy protegida o tapada que esté. No ha sido este el caso... Agnès y Manel decidieron someter a su aglianico a una suerte de muerte en vida. Lo pusieron en vasijas y las enterraron por completo bajo tierra. Sabían donde estaban y a los ocho meses lunares, en un momento especialmente propicio, decidieron convocar a los dioses, pactar con ellos e intentar que el vino, que estaba en el reino de la oscuridad, saliera de nuevo a la luz.

Creo que Gilgamesh no estaba presente, pero el resto sin duda sí: Odiseo, Orfeo y Eneas llegaron de la mano de Homero y de Virgilio. La luna, casi nueva, estaba frente a Aries. Y todos, en silencio y mirando al monte que había protegido a las vasijas, bajamos para llevarlas de nuevo a la luz. Sin darnos cuenta, el mundo se había convertido en una enorme cueva, Sileno yacía en ella y nosotros estábamos ya abriendo la primera vasija ante él, olíamos el vino y lo servíamos en una copa. Sin mediar petición ni ruego ni chantaje alguno, el tutor de Baco empezó a contarnos la historia del mundo a partir de unas uvas que, convertidas en vino, eran en realidad mucho más que vino. Representaban, en el suelo de la viña y bajo la protección de nuestro cielo azul, las cuentas de una esfera que no se ha roto y que seguimos dibujando porque sabemos que sólo en el respeto a la tierra y a uno de sus hijos emblemáticos, el vino, encontraremos  nuestra más profunda vinculación con ella y parte de la razón de nuestra inmortalidad.

Fuego y tierra, calor: energías contenidas en una copa, dureza y fluidez. Buscar una voz a través del vino. No hacer por hacer ni copiar por inercia. Tener una idea del vino y convertirla en tu voz. Que el vino sea tu voz. Aglianico pues, pero bajo la protección del Montgrí, no del Vulture (no tan lejos de donde Eneas descendió a los infiernos). No hay más que tierra comprendida y tratada con el máximo respeto, uva y fermentación. Vasija enterrada y ocho meses lunares. Rústico pero amable, discreto pero intenso, cerezas y mirto, violetas y corteza de naranja, flor de lavanda silvestre y retama, profundidad y luna nueva. La primavera sirve para esto: para que los seres que podrían parecer muertos vean la luz de nuevo, para que las energías se renueven y transformen, para que el vino auténtico fluya como metáfora de la vida nueva, de la vida que vuelve. La emoción y el deseo son energías que también se beben.

Ps. Esta  extraordinaria aventura no hubiera sido posible si Agnès y Manel no hubieran tenido una gran complicidad con Eloi, de Bonadona Terrissers, que les hizo las vasijas tal y como ellos las querían.
Apoikia 2016 vasija vacía tras la katábasis

30 julio, 2016

Carlania Celler: la sonrisa


Hace ya años que conozco a Sònia y a Jordi, de Carlania Celler (Barberà de la Conca, DO Conca de Barberà): ¡mi primera nota de un vino suyo es de la vendimia de 2012! Siempre me ha gustado su actitud y la vinculación de sus vinos con la tierra de la Conca, una de mis tierras queridas. Ellos mismos tienen algo especial, cada uno de ellos por separado y ambos como pareja: Sònia es la energía dulce, la brisa fresca que luce una sonrisa permanente, nadie la desviará de su camino... siempre con esa sonrisa! Jordi es el anclaje con la tierra, la reivindicación, la firmeza y la tozudez sincera: nunca tuerce el gesto ni desvía la mirada, siempre de frente. Ambos... me viene una imagen recurrente: conducen un coche de caballos percherones, fuerza, energía también, sencillez y belleza, trabajo concienzudo, pero parece que van un poco cuesta arriba y con el freno no desbloqueado del todo. El carro avanza, sí, pero a un rimo que, intuyes, no es el suyo...

Las cosas cambian de forma definitiva cuando tras años de cultivo ecológico con sus prácticas correspondientes en la bodega, deciden dar el salto, comenzar con prácticas biodinámicas y, en la vendimia de 2015, hacer ya algunos vinos con los mínimos tratamientos en el campo y ninguno con insumos en la bodega. Los campos están preparados, las uvas responden con su salud, su firmeza y su calidad, y ellos, que han hecho un largo y duro camino para llegar a este momento, deciden que también están listos. Tan sencillo como esta otra imagen: el carro se queda en la cochera y Jordi y Sònia empiezan a cabalgar sus "percherones". Los vinos desbordan energía, los sabores toman el mando y los aromas se apoderan del campo y de la bodega. En la copa, el cambio es evidente: el trote del vino es alegre y confiado.

El sábado de la semana pasada fue un día especial: en la celebración del cumpleaños (5) de La Conca 5.1., algunas bodegas ofrecían sus vinos. Y entre ellas, Carlania Celler. Yo sabía que ellos estaban e intuía que sus "percherones" cabalgarían en esa puesta de sol siempre única. Ellos sabían que yo iba y que, por primera vez, bebería sus nuevos vinos, Sant Pere d'Ambigats 2015 (macabeo y trepat en blanco), El Plantarga 2015 (trepat muy clarete) y Petit Carlania 2015 (trepat con una buena maceración y color más intenso). Era un día ideal para beber vinos con el menor tratamiento posible. Sucedía, además, casi junto a las viñas donde nacen y en el pueblo donde se hacen. Los bebí todos con calma y concentración y sentí, por primera vez en los vinos de Jordi y Sònia, que la promesa de lo que podían ser se había hecho realidad. Les miré, sonreí. Me miraron y una enorme sonrisa se dibujó en sus caras. Su sonrisa sabía a uva y sólo a uva, sabía a alegría y a esfuerzo, sabía a compromiso con sus fincas (Sant Pere d'Ambigats, Els Corrals y El Plantarga en estos vinos) y con su pueblo, sabía a la arcilla que se había compactado con la lluvia del día anterior, sabía a cereales y a rastrojo, a pimienta roja y a hinojo salvaje. Su sonrisa sabía a pacto con la naturaleza y a placer por haber llegado a un lugar soñado, sabía a felicidad. Sus nuevos vinos cabalgan ya libres como ellos. Me hicieron feliz y seguirán haciéndolo por mucho tiempo.

Ps. La fotografía de paisaje de la Conca de Barberà es de Angela Llop.

29 mayo, 2016

Ponce, Reto 2014

La geometría de la belleza. La expresión adquiere dimensión y caracteres precisos cuando se está ante las viñas de los Ponce (bobal, moravia agria, albilla de la Manchuela...): de abuelos a padres, de padres a hijos, la precisión, la minuciosidad, el conocimiento necesario para hacer un trabajo bien hecho... todo se refleja en el marco de plantación y en la disposición de las vides en el campo: dónde, cómo, para hacer qué vino. Mucho que observar, mucho que aprender, mucho que disfrutar en las copas de Reto 2014. Hoy en El País Semanal
Juan Antonio Ponce

13 mayo, 2016

Nin-Ortiz, Planetes de Nin blanc 2014

La cariñena blanca de Ester Nin y Carles Ortiz surge de la profundidad de la tierra para enamorarse de la luz. Tiene la capacidad de mostrar cómo es la tierra del Priorat en forma de vino blanco. Quizá sea ésta su naturaleza perdida. Puedes leer la página completa (en línea) en El País Semanal de 6 de mayo de 2016.
Ester Nin

04 mayo, 2016

Vella . Terra

Vella Terra
Cascina degli Ulivi. Nin-Ortiz. Recaredo. Mas Estela. La Coulée de Serrant. Les Enfants Sauvages. Emidio Pepe. Terroir al Límit. Còsmic. Sicus. Partida Creus. Escoda-Sanahuja. Serres. La Salada. Llorens. Sala. La Stoppa. Bini. Grillo. Etc.
Podría decir muchas más cosas, detalles, nombres, ingredientes, otra gastronomía además del vino. Vella . Terra. Sencillamente: por poco que se pueda, hay que ir.

10 abril, 2016

125 años no son nada

Chipironcitos fritos de La Fitorra Hotel Cèsar en Vilanova i La Geltrú

9 de abril de 2016. Celebramos 125 años de tradición hotelera ininterrumpida en el Hotel Cèsar de Vilanova i la Geltrú. Otros emplazamientos, otros nombres para el hotel, otros apellidos incluso para sus propietarios, pero siempre una misma voluntad. La que la familia Nolla ha sabido mantener durante los últimos decenios. Somos clientes discretos del hotel y de su restaurante, La Fitorra, desde hace unos diez años. Me gusta observar y ver cómo se construyen y desarrollan las cosas. Y para poder explicarlas, en este caso no había historia que resumiera mejor el espíritu de las hermanas Nolla y de Joanaina Escalas que la pequeña fábula con la que David Foster Wallace se dirigió a los estudiantes del Kenyon College el 21 de mayo de 2005 (la traduzco del libro de Nuccio Ordine, La utilitat de l'inútil. Manifest, Quaderns Crema, Barcelona, 2013, p.29):

"Érase una vez dos peces jóvenes que nadaban y se toparon, por casualidad, con un pez más viejo que iba en dirección contraria; el pez viejo saludó con la cabeza y les dijo: 'buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?' Los dos peces jóvenes continuaron nadando un rato; por fin, uno de ellos miró al otro y le dijo: '¿qué demonios es el agua?'"

Foster Wallace proporcionaba la clave de lectura de su relato: "el significado de la historia de los peces es sencillamente que las realidades más obvias, ubicuas e importantes son, con frecuencia, las más difíciles de ver y de discutir". Ordine remata: "como sucede a los dos peces más jóvenes, no nos damos cuenta de qué es realmente el agua en la que vivimos cada minuto de nuestra existencia." La historia de los dos peces que no saben qué es el agua por la que nadan me sirve para explicar que el ambiente que se vive y respira en el Cèsar es como el "agua" en la que vivimos: cuanto sucede en el hotel entra de forma natural y "obvia" en nuestro cerebro. Como el "agua" en la que vivimos, los pequeños detalles son los que justifican cada minuto que pasamos en él.

Esos pequeños detalles "tienen la belleza de la segunda mirada, el tipo de belleza que sólo se revela con la intimidad" (Jonathan Franzen, Puresa (Purity), Editorial Empúries, 2015, p.762, mi traducción del catalán). Así es como siento la evolución del Cèsar y de La Fitorra: los colores de las paredes, los detalles en el patio, las flores y plantas que lucen en los parterres, incluso los troncos cortados y no arrancados para que apoyen nuevos adornos... Las segundas miradas revelan la auténtica belleza de las cosas y de las personas, la belleza de aquello que no es tan aparente ni inmediato a la vista... Y en la cocina de La Fitorra siguen haciendo las cosas bien, sin estridencias y mejorando: los chipironcitos fritos con cítricos de la foto superior me llevaron a Los encuentros en la tercera fase sin más. Realmente tan ricos que parecían de otra galaxia. Y por primera vez en mi vida, descubrí que el nuevo rol de Manel Avinyó (Clos Lentiscus, Can Ramon, Viticultors del Montgròs) es el de Richard Dreyfuss... Su espumoso, método tradicional con segunda fermentación en botella, DO Penedès en la cosecha de 2013, es una de las mejores formas de comunicarse (esa música...) con la gastronomía y el territorio del Garraf marítimo: 62% malvasía de Sitges y 38% xarel.lo, sin azúcares añadidos y 20 meses en rima (degüelle de diciembre de 2015) que aportan aromas de maquia, sequedad y frescura del atardecer, retama lamiendo la cal. Una maravilla.

Hotel Cèsar, chipironcitos de Vilanova y Clos Lentiscus Blanc Brut Nature 2013 en el restaurante La Fitorra: todo predispone, con amable sencillez, a entender que el "agua" siempre está a tu alcance porque vives en ella. Basta con que sepas mirar con atención y entender. Y pasarán otros 125 años sin que nos demos cuenta.
Clos Lentiscus Blanc BN 2013

13 marzo, 2016

Volvoreta 2013

Volvoreta naturalmente 2013
Monte bajo a 800 msnm, cascajos y arena, profundidad y buen drenaje. El paisaje que el Duero ha dibujado en su recorrido cercano a Zamora, en Sanzoles, es extremo y muy adecuado para la vid. Acompañan otros elementos clave para tener uvas de calidad: un clima continental y árido, con temperaturas extremas y poca lluvia, un suelo pobre y lo más importante: gente que sepa observar y entender qué necesita esa tierra para que sus frutos no perezcan en el intento de alimentarse y de crecer hacia la luz. La familia Alfonso pertenece a este tipo de personas. En cultivo ecológico desde los inicios de Finca Volvoreta, y ahora en prácticas de biodinámica incluso "avant la lettre" (cuajo de oveja, por ejemplo), usan también la cubierta vegetal responsable, en la justa medida que los suelos necesitan para fijar los minerales y airearse mejor. El resultado es una excelente tinta de Toro, la uva de la zona (emblemática de la Denominación de Origen Toro) y, por supuesto, su uva. Volvoreta 2013 es el vino que hacen de la forma más natural posible.

Esa tinta entra en la bodega y fermenta con sus propias levaduras y las que ha ido recogiendo por campos y bodega. Saben ya lo suficiente y tienen, además, la sensibilidad adecuada para dar el paso de no sulfitar en ningún momento del proceso. Y tras la fermentación alcohólica, la maloláctica la hace la uva en barricas bordelesas y en tinajas de barro. El resultado final es un vino con la fuerza, la rusticidad y la energía de la tinta de Toro, pero también con la frescura y la elegancia de la fruta servida de la forma más auténtica posible. Con 14,5%, agradece la botella. Lo seguirá haciendo, sin duda, por unos años más. Cuando lo bebo me viene a la cabeza la complicidad entre hombre, viñedo y caballo cuando se ara con ellos la tierra (aunque confieso no saber si los Alfonso los utilizan). Pienso en el sabor intenso y en la fina tanicidad que tiene esta uva. Y recuerdo montes llenos de tomillo y orégano en flor. Huelo laureles y nuez moscada en el estofado. Siento la frescura y los aromas de las ciruelas y del agua con chocolate. Unto rebanadas de pan con mermelada de cerezas picotas. Me vienen mirto y azules por doquier. Y veo a ese Apolo agazapado detrás de María que sonríe casi como si fuera un Baco...

07 marzo, 2016

¿Petróleo y vino? Carta abierta de Ton Rimbau

chapas de araña de Porcel.lànic de Ton Rimbau

Ton Rimbau es el viticultor que, desde el Penedès y con la ayuda de Manel Avinyó, crea una bodega llamada Porcellànic que a nadie deja indiferente. Con las arañas-tigre como emblema y la autenticidad de lo que hace como divisa, Ton parece entrar en conflicto con los que, en su zona, quieren regular los llamados "vinos naturales". Ton asiste a una reunión sobre el tema y sale de ella con ganas de escribir una "carta abierta". Me pide que la difunda y le propongo publicarla en el blog. Me da su autorización. Sobre qué es un vino lo más natural posible ya escribí un libro, así es que ahora mismo me limito a atender el ruego de Rimbau y publico su carta, sin opinar. Es ésta:

Os hago saber que en la zona del Penedès ya están pensando en poner normas a los vinos naturales. Ayer asistí a una reunión sobre este tema y mi posición fue que no se debe regular. Ya tienen los vinos ecológicos y biodinámicos, que ya son naturales, para regular. Les comenté que el petróleo también es natural y que si alguien quiere poner petróleo en su vino, debería poderlo hacer, otra cosa será si sanidad le autoriza a vender su vino o si alguien se lo compra.
Pienso en divulgar la idea de que los que pongan la palabra NATURAL, hagan lo que quieran pero que digan lo que hacen, así ya tenemos la norma que algunos quieren tener con el afán de limitarlo todo.
Espero que todos los que os consideréis productores de vino natural (lo pongáis o no en la etiqueta o en vuestras comunicaciones),  no dejéis que nos regulen algo tan bonito como lo que tenemos: nuestros vinos son los más diversos de todos y los que menos se parecen unos a otros, no perdamos nuestra diversidad. Recordad que esto nos pasa porque hemos abierto un nicho de mercado y ya los grandes quieren esa parte del pastel de una manera u otra.
Quiero decir que espero que esta carta sea traducida a la mayor cantidad de lenguas posibles. Para mí será un honor que hagáis vuestra esta carta y que la traduzcáis con vuestras palabras sin perder el espíritu. Gracias a todos.

Salud y vino

Ton Rimbau

04 diciembre, 2015

Andorra, microproducción de vino y entropía

III Trobada de Microproductors de vi Andorra 2016
La entropía es una magnitud de la termodinámica que se utiliza para predecir la evolución de los sistemas termodinámicos. Tener amigos y compañeros físicos y químicos me permite cierta familiaridad con algunos de sus conceptos preferidos y, de paso, me facilita su uso en campos que nada tienen que ver (parecería...) con la termodinámica. La entropía, sin duda, es uno de ellos. Lo usan, de forma indiscriminada, para definir el grado de desorden de un sistema, el que sea. Por decirlo en otras palabras: hablamos del caos que se muestra más o menos organizado y que, por razones ajenas a las leyes de la física y cercanas a la empatía de los humanos, acaba mostrando efectividad y potencial de éxito y de supervivencia.

Dicho con todo el cariño y respeto que saben que les tengo, la III Trobada de Microproductors de vi d'Andorra 2015 (28 y 29 de noviembre en Sant Julià de Lòria) es un buen ejemplo de entropía que funciona. La idea es muy buena: vamos a reunir en un ambiente único, entre los montes de Andorra que escondían una tradición de viñedos milenaria que renace, a una buena cantidad de microproductores de vino, incluídos los andorranos. Vamos a mezclarlos con unas cuantas mesas redondas que faciliten el debate y vamos a aderezar todo con sesiones de demostración de productos y de degustación de las bodegas asistentes abiertas a todo el mundo. Vamos a permitir las transacciones comerciales y, por fin, vamos a facilitar que algunos de los buenos restaurantes, pastelerías... del Principat puedan mostrar sus bondades en forma de tapas.

El "problema" viene cuando no se aplica un criterio concreto y único para seleccionar las bodegas que quieren participar porque, sencillamente, nadie puede definir qué es un microproductor de vino con fiabilidad, homogeneidad y generando consenso. El "problema" se agrava cuando todo el mundo tiene acceso a todo y lo que tendría, quizá, que ser un encuentro más de profesionales, acaba siendo una fiesta para quien quiera acercarse a ella. El "problema" se agudiza cuando se montan visitas a las bodegas de Sant Julià de Lòria (de ellas hablé el año pasado y siguen más o menos en los mismos parámetros, aunque reconozco que el Evolució 2013, 100% pinot noir, de Casa Auvinyà, me atrajo mucho) y se acuerda con ellas que los profesionales no van a catar a pie de viñedo. Y casi todas se dejan... El "problema" deviene casi broma cuando compruebas que los moderadores de las mesas redondas no han preparado a fondo sus intervenciones y confían todo al potencial de los participantes en las mismas. Y etc.

Todos estos "problemas" (he puesto dos comillas, pero tendrían que ser miles de ellas para cada sustantivo) dejan de serlo cuando constatas que la organización pone todos los medios para que las cosas se resuelvan en buena medida; cuando la empatía y las ganas de compartir de todos arrasan para bien; cuando ves que la calidad de los intervinientes en las mesas aporta ideas y progreso al estado de la cuestión que se debate; cuando, sobre todo (es lo más importante), compruebas que a pesar de no haber un criterio de selección, el encuentro de microproductores del vino en Andorra, por H o por Z (la casualidad es, también, una eficaz herramienta científica), acaba convocando a un montón de bodegas interesantes y proporcionando al visitante momentos de encuentro y de charla distendida con los viñateros, además de descubrimientos vínicos llenos de emoción e interés.

Sobe las mesas redondas: creo que se perdió una oportunidad para que los asistentes entendieran qué está pasando en el Priorat ahora mismo. Los participantes podían haber proporcionado las claves (aunque todos eran elaboradores de Porrera...son muy buenos, saben qué hacen, de dónde vienen, por qué lo hacen y, además, tienen una idea de hacia dónde quieren seguir) pero se difuminó la idea (en mi opinión) clave: la mesa se titulaba "Priorat, revolución de la revolución", pero no estamos ante una revolución de la revolución. Si así fuera, dejaríamos fuera de la foto contemporánea a Masia Barril o a los primeros vinos cooperativos del Priorat histórico o als Cellers de Scala Dei de 1974 y 1975. Ese fue el Priorat 1.0. El 2.0 es el que representan René Barbier, Daphne Glorian, Josep LLuís Pérez... y el 3.0 era el que estaba sentado en la mesa redonda y que bebe casi más del 1.0 que del 2.0. Ese concepto de progresión, que no revolución, estuvo ausente.

En cuanto a la definición de qué es un microproductor de vino y, por lo tanto, quién puede o no ser convocado a una "Trobada" como la de Andorra, la mesa se movió en terreno pantanoso... Las circunstancias pueden hacer que 100 mil botellas sean microproducción en Australia, quizá, mientras que en el Priorat será macroproducción. Y así hasta el infinito: la definición depende demasiado del "medio ambiente" en que se mueve la bodega y, sobre todo, de las personas que trabajan y viven de/en ella y de su condición económica. Más que hablar de una cifra concreta de botellas (Pedro Ballesteros proponía entre 10 y 40 mil botellas) o de las circunstancias acompañantes, yo me centraría en las personas para encontrar un marco de referencia. En las personas y en su trabajo. Pedro ya apuntó mucho de esto cuando insistía en la necesidad de cooperación para el progreso entre los pequeños porque no todos pueden hacer bien todo... Pero yo creo que hay un paso previo. Creo que hay que asociar microproducción del vino a artesanía en el campo y en la bodega; creo que hay que entender que un microproductor (sea cual sea el número de botellas que produzca, si así se entiende no será muy alto...) es el que está presente, controla y trabaja con sus manos y las de su equipo en todos y cada uno de los procesos que llevan un vino a la botella: el trabajo en el campo, la vendimia, la vinificación, el embotellado, el etiquetado, incluso la explicación y venta de primera mano de su vino. Quizá no su comercialización posterior. Si tienes una producción que te permite vivir dignamente, si  cultivas un número de hectáreas adecuado a la capacidad de trabajo de un equipo humano modesto, estás llenando de sentido este concepto. Sin hablar de cómo trabajas la tierra y el viñedo o de qué usas para vinificar en la bodega. Que sería ya otro tema.

En este III Encuentro había no pocos viñateros que van por este camino. Y no todos trabajan de la misma forma ni ven el vino igual. Tampoco todos tienen la misma formación ni idea de qué quieren hacer con sus mostos. Ni tan siquiera pueden todavía muchos vivir al 100% de su viñedo. Pero todos controlan el proceso al completo, todos te pueden contar cuanto sucede en su campo y en sus botellas porque todo lo hacen ellos. Y todos, además, tienen historias personales e interesantes que contar. En fin, y esta es la mayor riqueza y bondad de la "Trobada de Microproductors": todos tienen vinos que atraen, vinos con el carácter y la personalidad de quien los hace y de la añada y de la tierra que los ha parido. Voy a proponer algunos ejemplos de vinos nuevos para mí, pero hay bastantes más que, por una u otra razón, ya conocía y no citaré ahora. Con una excepción, la última.  De Calce me llegó directo a la parte más afectiva de mi memoria Nada de Rapaël Baissas de Chastenet (Vandal-Wine): una garnacha  peluda (lledoner pelut) del Col de la Done sobre esquisto, sin ningún tratamiento ni en viñedo ni en bodega. 1000 botellas de escándalo que devuelven al bebedor (como tantos otros en Calce...) el placer de la fragancia y el sabor sin filtros. Delicioso y fresco vino.

De Aldeanueva de Ebro, me sorprendieron mucho los vinos de Isa y Carlos, Vinos en voz baja. Uno pensaría que hay que gritar mucho para llamar la atención en la Rioja Baja... Pero ellos lo consiguen, en efecto, con amabilidad y discreción: su garnacha sobre arcillas y cantos rodados Costumbres 2013 (ya 2014 casi a punto también) ofrece de nuevo (tan difícil de encontrar en esa zona...)  el placer de un trago fresco y sincero, esférico y goloso. Su uso sabio del raspón merece un aplauso y tiene un papel notable en este vino sensacional. En Miravet esperaba, medio escondida, otra gran sorpresa: en el Celler Pedrola, Judith y Josep Mª están empezando a producir un ancestral de ensueño. Con su propia reflexión sobre esta vinificación que tanto me gusta, su macabeo viejo muestra una finura, una delicadeza y una variedad de matices tanto en nariz como en boca que enamoran. Delicioso y sorprendente su Camí de sirga, vi escumós. Mucho respeto y admiración hacia Comalats CS sin SO2 añadido 2014 de la Familia Bonet (Celler Comalats). Poder beber ese cabernet sauvignon que parece de plantas de la Montaña de Saint-Émilion junto a otro que ha sido vinificado con sulfitos ofrece una oportunidad muy difícil de encontrar: la libertad para que cada cual encuentre su gusto y su placer. Yo sé dónde está el mío: en el trabajo impecable de los Bonet en el viñedo y en ese vino sin sulfitos añadidos que "sólo" sabe a tierra de aluvión, a aceituna negra, a monte bajo, a secana y a fruta.

Todos son, además, viñateros jóvenes, transmiten pasión y alegría por lo que hacen, tienen ideas sin freno para sus viñedos y cepas y van a seguir dándonos muchas alegrías. Ese es el mayor mérito, también, de la fuerza entrópica que desarrolla la Trobada de Microproductors de vi de Andorra: su idea es muy buena, el lugar donde la desarrollan también (por favor, que no se muevan de Sant Julià de Lòria ni crezcan mucho...) y sólo tienen que ir puliendo detalles. Pueden hacerlo, tienen capacidad  para ello y para seguir ofreciendo lo que mejor les define: facilitan encuentros y favorecen descubrimientos de personas que te pueden explicar de primera mano todo lo que ha sucedido para que su vino llegue a la copa que compartes con ellos. "What else?"
Celler Mas Berenguer Andorra

15 noviembre, 2015

Vinyas d'Empremta

Vinyas d'empremta
Isidre ("Sidru") Vinyas es un hombre que llega a la tierra y a los viñedos por causas muy distintas a las que me llevaron a conocerle. Nació muy cerca de ella (en Navàs), su infancia y sus recuerdos se hicieron en ella. Pero su conocimiento íntimo de ese trozo histórico de la Catalunya central (entre Manresa y Berga, "els replans", los rellanos del Berguedà) viene de que lo ha recorrido palmo a palmo. La vida y sus circunstancias favorables (en este caso y para los que amamos el vino sin retrancas), llevaron su cabeza y su cuerpo al deporte de élite. Muchos los practicados y siempre en posiciones muy destacadas. Pero dos de ellos (Murakami...) le dieron una visión única de esta tierra y un conocimiento (me atrevo a decir) íntimo: las carreras a pie y la bicicleta todo terreno. Son deportes que, en el caso de Isidre, me atrevo a llamar "no intrusivos". Yo no estaba, claro..., pero no tengo dudas: había tanta atención y ojos puestos en el camino, en los pies y en los pedales, como en todo lo que su vista y su cerebro iban grabando.

Porque lo grabaron todo. Todos los caminos. Todo el patrimonio fuera del tipo que fuera: las piedras más características; los lagares excavados en el suelo desde el siglo VIII-IX hasta los más recientes (ya excavados en vertical y con cerámica esmaltada en las paredes) del XIX y XX; Las prensas sobre la piedra, también, horizontales y verticales (desde el siglo XII-XIII hasta el XIX); las iglesias románicas; las necrópolis...Todo. Todo. Con amor, con pasión, con minuciosidad. Por supuesto, también los viñedos históricos, los muros de piedra seca, las cabañas en el viñedo: la memoria, los recuerdos vivos, aunque por el suelo, de una tierra que vivió por y para el vino. Los agros perdidos de Antonio Saborido venían sin cesar a mi memoria. Cuánta tierra preparada, cuántos miles de toneladas removidos para rellenar terrazas, cuántos muros de piedra seca centenarios...Para acabar llegando a una mirada nueva, la de Isidre, ingenua, que todo lo ve, que todo lo imagina, que todo lo indaga, que todo lo reconstruye. Primero en su mente, después (por desgracia para él, por suerte para nosotros, y tras duros momentos en que el cuerpo dice basta y le aparta del deporte de alto nivel) sobre el terreno.

Recupera los viñedos más antiguos de macabeo (de 1901...); limpia y pone al descubierto las terrazas más adecuadas, orientadas al sur y al este: cientos de toneladas de desperdicios (homo homini lupus...) son recicladas; pacta con amigos y vecinos el cuidado de cepas ancestrales de la zona (mandó, picapoll blanco, garrut, macabeo, turbat...). Empieza una vida nueva y se convierte en un hombre nuevo. Llega a la tierra y la tierra le atrae, se lo hace suyo. Practica ya la biodinámica y toda aquella atención y cuidado que ponía en conocer parajes y caminos, se vuelca ahora en los viñedos. No  hay dogmatismos ni apriorismos porque no ha habido escuela: sólo amor y observación, cuidado y paciencia. Ha aprendido, sin que nadie le enseñe. Su maestra ha sido la naturaleza: la tierra  y las cepas, cuanto más las observes y menos las toques, mejor. Atención personalizada a cada viñedo. Un camino de futuro se abre ahora. Eso dice la maestra. Le acompaña su familia entera, pero sobre todo sus hijos Gerard y Berta. Berta es muy joven. Veremos por dónde va aunque sus primeros pasos son interesantes.

Gerard es el complemento no buscado de su padre, el contrapunto imprescindible para que el conocimiento intuitivo, las sensaciones, las energías que la tierra manda se conviertan en acciones con cordura, tanto en el campo como en la bodega. Isidre es un hombre que llega a la tierra. Gerard nace de la tierra, es ya tierra. Su manera de hablar, de moverse por ella, sus reacciones fuera de ella, me recuerdan el barro bíblico: Gerard lleva la tierra en sus entrañas y la vive como se viven las cosas en carne propia. Su pasión por la biodinámica, su idea clara de que el mejor vino es el que nace de la mejor uva (una frase tan manida, tan fácil de pronunciar o de escribir y tan difícil de llevar a la práctica), su voluntad de acabar haciendo en la bodega lo mismo que ya hacen en el campo, acabará dando entidad nueva a una tradición que estuvo a punto de morir en la zona. ¿Tierra de nadie? No... Tierra de todos, tierra de paso, tierra de un sinfín de variedades locales. Tierra que ellos conocen como nadie y que está ya dando vinos que hacen ladear la cabeza y pensar "¿pero qué está pasando aquí...?

No los he bebido todos, pero creo que no me hace falta. Sé bien por dónde van las cosas e intuyo que Vinyas d'Empremta es una de esas bodegas que formarán parte de mi felicidad vínica. Ya han dejado bonitos recuerdos en mi memoria y en mi paladar: un excelente Sucamulla 2014 (70% macabeo de 1901 y 30% picapoll blanco, sin filtrar ni estabilizar), que es una vibrante tarjeta de presentación, un vino lleno de campo verde, de energía, de amargores nobles, de presencias sutiles... Y una meta o, por lo menos lo que yo considero ya una primera meta: Rusc 2013. Un vino monovarietal de "turbat" (así lo escriben en la zona, aunque también podria ser "torbat": Favà i Agud, en su libro fundamental de ampelonimia, lo identifica con el "trobat", francès "troubat", sardo "trobadu", italiano "torbato", pero con seguridad no se trata de la misma uva porque para Favà es tinta...). Y este turbat del Rusc 2013 es una uva blanca que, vinificada con muy poco ruido por los Vinyas, recuerda mucho a algún tipo de malvasía del Collio (la de los Skerlj, por ejemplo). Es un vino vibrante pero discreto, de matices muy extensos y que llegan poco a poco: seco y con volumen, punzante y amable. Un cesto lleno de membrillos algo verdes y de cidras. Aires metálicos y minerales, de arena granítica. Sólido y ligero al tiempo. Pomelo rosa y toronjil. Recuerdo lejano de los hollejos al cabo de unas horas. Flor de azahar muy discreta: pasó ya la floración pero ese aroma flota todavía en el fresco de la noche... El membrillo empieza a madurar y se enamora del sol de la tarde en la cocina. Austeridad y atracción. Flor de retama. Aromas del arbusto de hierba luisa. A lo lejos, el recuerdo vago del Peloponeso: aire puro, agua azul y profunda, sequedad y amabilidad, oscuridad y profundidad, luz y fruta al sol. Energía. Paciencia. Longevidad. Con los días, el sol del membrillo se apodera de la piel del vino y llegan, también, la intensidad y los aromas del primer aceite. Un gran vino. Unos Vinyas que tienen todo por mostrar (apenas cinco años de historia tiene la bodega), pero que ya me han dejado una huella profunda por su compromiso con la tierra, con su patrimonio, con sus cepas, con el fruto que sale de ellas. Nos seguirán dando alegrías.
Rusc 2013 2

07 noviembre, 2015

Barranco Oscuro, Salmónido 2014

Barranco Oscuro, Salmónido 2014
En las alturas de la Contraviesa, los Valenzuela han sobrevivido a contracorriente. Vienen de muy lejos estos 'salmones': Barcelona y Valencia. Han cruzado mares y ríos, han creído y labrado, han plantado y vendimiado. Este rosado de mil uvas distintas, de sabor único, es su metáfora. Por fin: todos los colores en uno. Todos los esfuerzos en uno. Vino de altura, vino de intensidad, de concentración, esfuerzo y frescura. A contracorriente encima de los 1000 metros. Una vida a contracorriente en este vino. 15%. Viñedos entre los 1280 y los 1368 msnm mirando al Mediterráneo desde esa posición única, privilegiada, pura. Para la vida, para las uvas, para parir un vino.

Me atrevería a decir que todas las uvas han fermentado juntas; que el vino ha sido prensado en el momento justo en que su color se parecía a esas huevas únicas, entre el salmón intenso, el rojo clarete y el naranja de las tejas añejas; y que ha pasado algún que otro mes en maderas viejas. Puede que no. Intento explicar mis sensaciones con este vino, que me ha desbordado: noto la madera pero a lo mejor es de un poco de raspón. A veces es la propia nobleza y vejez de una parte de las cepas que aporta ese aroma al vino. Y a veces procede de una corta estancia (es un 2014) en barrica... En todo caso, es un vino casi de lágrima y de santuario en las alturas, con aromas de brezo y vegetales, con aires de mermelada de tomate.

Al mismo tiempo que te penetra cierto dulzor (alguna uva blanca o algo de garnacha...), el aguijón, la aguja de un arbusto con bayas rojas, se clava en tu paladar. Endrinas. Vino agreste y salvaje con ese aire lejano de madera vieja, un vino antiguo que sabe a otoño y a posada. Pan de mosto, levaduras y cerezas del madroño. Frescor de altura, intensidad, sequedad y austeridad. Viento. Imposibles (pero están ahí, y juntos) pomelo rosa, jengibre, masa madre y arándanos rojos acídulos. Volumen y entidad. Persistencia y mundo élfico: amor por la vegetación y por las pasarelas imposibles entre Naturaleza y seres humanos.

Ya han llegado. Del Mar de los Sargazos al Mulhacén ha sido su camino invisible. Hoy, Barranco Oscuro es una de las realidades más atractivas, cambiantes y siempre sorprendentes del panorama del vino español. Salmónido 2014: para librepensadores  y anarquistas vínicos de corazón.

11 octubre, 2015

La Alpina Peregrina - The Pilgrim Alpine

La alpina peregrina 2014 2
Imaginemos que una persona siente tal pasión por su tierra que decide concretarla en uno de sus frutos, un fruto que antaño era uno de sus rasgos distintivos. Imaginemos que esta persona dedica las horas de su tiempo libre a estudiar cómo esta uva llegó a su tierra, cómo se implantó y cómo fue desapareciendo. Imaginemos que esta persona, no contenta con la parte teórica de su saber, decide buscar las cepas de esta uva que quedan en los valles de su tierra, en Cangas y en Candamo. Imaginemos que encuentra esas cepas, que tiene la fortuna de que la persona que dirige la estación biológica del CSIC que se dedica a estudiar (entre otras cosas) la ampelografía es, vaya, de esa misma tierra. Imaginemos que consiguen aislar y reproducir las mejores cepas de verdejo negro, que es trousseau, que es maturana tinta, que es merenzao, que es bastardo, que es tintilla. Imaginemos que un vivero en La Rioja (de esto sabrán un rato...) reproduce estas plantas. Imaginemos que esta persona planta unas pocas, no para producir a nivel comercial sino para hacer unos pocos litros de vino por el placer convivial y, por eso, homérico de poder regalarse a sí mismo y a los amigos con unas gotas de ese sabor peregrino y auténtico.

Imaginemos que esta persona existe, que se llama Fran Xixón, que tiene esos centenares de plantas de verdejo negro en el Valle de Candamo (Asturias) y que los cuida de una forma absolutamente artesanal. De la misma forma hizo este vino en 2014, la añada que he tenido la inmensa fortuna de poder beber. Tiene tan poco vino que lo embotella en 37,5 L. Tiene tan poco vino que sólo lo bebe con amigos o lo regala por el placer de conocer una opinión. Y yo he sido uno de esos afortunados...Hoy rompo una norma no escrita de este blog. Hablo de un vino que, por ahora, es imposible comprar. Pero esta historia y el vino que salió de la botella merecen toda la atención y todos los elogios. Y además, ofrecen el placer de una pasión embotellada y la alegría de una historia de peregrinos revivida a través de sus cepas y su vino. Emoción, pues. Y deseo de compartir con vosotros este placer. 12,5%, uvas despalilladas a mano, uvas fermentadas de forma espontánea con las levaduras del viñedo. Vino con maloláctica parcial, creo. Vino sin ningún tratamiento en la bodega.

Me metí dentro del vino y entendí que los cardenales podrían entrar en la Capilla Sixtina para elegir papa con unas pocas botellas de él. Comprendí por qué a De Gaulle le encantaban los vinos de Chauvet. Percibí la esencia de la fruta en la frescura y concentración de este vino. Vi cómo Miguel Ángel preparaba sus frescos, olí esa humedad de caliza sobre la pared. Entendí la ligereza en el trazo y la expresión rotunda en la forma. Flechas de zarzamora salían de las paredes. Cohetes de acidez explotaban en el cielo. Las copas de los árboles eran frondosas. Y el suelo estaba lleno de vida. Pieles azules, almas verdes. Pimienta negra y roja en el talego. Laurel en la puerta de la casa de labranza. Fresas salvajes al borde del camino. Vino joven, vino arrollador, vino que habla de profundidades desde un lecho de verdor.  Vino de hadas y elfos. A ratos casi te engaña y te habla de un encuentro de monjes: entre la trousseau y la pinot noir. ¿De qué hablarían? De hollejos y pepitas, de acidez y de raspón, del momento mejor para la vendimia. Vino artesano, vino fino, vino para pensar y entender hacia dónde nos lleva una pasión como la de Fran. Manojo de violetas silvestres con un color y una tensión de aromas casi olvidados. Un punto salvaje y algo rústico del barrantes: algo de verdejo negro tiene ese híbrido... Agua del manantial del que beben las violetas. Con botellas como ésta uno elige a un papa como Francisco: bueno, sencillo, alegre, dicharachero pero profundo, amable pero contundente, comprensivo y clarividente, cómplice. Qué noche la de aquella votación... Gracias, Fran, de veras. Gracias.

10 septiembre, 2015

La Senda tinto 1984 de 2014

La Senda 1984 de 2014
Diego Losada. Le conocí en el pasado Fenavin con el grupo de los Inkordiantes. No sé por qué intereses se agrupa la gente, pero sí tengo claro que dentro de ese grupo hay algunas fuerzas desatadas de la naturaleza, pura energía volcada en el trabajo de la viña. Y hay otras personas, que contrastan y equilibran: tienen una fuerza parecida pero la muestran de una forma tranquila. Diego es la fuerza pausada, una más (no está solo) del Bierzo. Un hombre con un proyecto muy joven (Bodegas y Viñedos La Senda: 2013...) construido sobre viñedos viejos (de más de 50 años) en Valtuille de Abajo. Un hombre pausado, con una determinación clara, grande, en su quehacer y en su deambular por el mundo del vino: pocas Ha, 2, de mencía sobre los 600 msnm y suelo arcillo-calcáreo, mínima intervención y máximo respeto, sólo productos naturales son usados en el viñedo. Sus mejores aliados: la observación minuciosa, la flora y la fauna de sus parcelas. El tinto 1984, del 2014, es fruto puro de la añada.

No hay levaduras externas, la fermentación es espontánea y sucede en maderas viejas y en inox. La clarificación es también natural, el afinamiento sucede en barricas de roble bordelés (pocos meses, unos cuatro)  y no hay filtración previa al embotellado. Los niveles de sulfitado son mínimos. La expresión de la mencía es, en este vino, poderosa y fragante, con una carga de fruta negra enorme, brezo y matorral. Mientras lo bebía andaba en las últimas páginas de una biografía sobre Miguel Ángel Buonarroti y me recordaban mucho, el vino y su hacedor, la fuerza, la entrega, el músculo contenido, la elegancia casi salvaje, de la estatua de Moisés para la tumba de Julio II. Este vino es como esa estatua: la fuerza de la tierra, la sabiduría del hombre para sacar lo mejor de ella, los caballos de Faetón en su carrera desenfrenada. Conocer la vida épica de Buonarroti me ha ayudado a entender y amar esta expresión renovada de la mencía. Hermosura animal al principio, vigorosa siempre, con los trazos bien definidos pero con pocas ganas de contención. Bayas negras, mirto. Pastel con arándanos rojos y negros. Vino azul, vino profundo, vino de monte. Vino de misterio, de intensidad e intención. Vino de percepción interior. Moisés
La foto del Moisés ha sido hecha por Andrés Campillo Castejón.