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22 octubre, 2017

Otoño es Afros Vinhao 2009

Raw, living Autumn
Me gusta ser otoño. El cielo recupera sus transparencias y la tierra empieza a reposar tras el parto de la uva. Los colores de la naturaleza incitan también a cierto descanso y la temperatura, fresca sobre todo por las mañanas, manda mensajes al cuerpo de quietud y recogimiento. Me gusta ser otoño y pensar que el invierno tardará mucho en llegarme.

"El cel s'aclareix. Tants anys intentant ser primavera, assumir que ets tardor i resar perquè no arribi l'hivern massa aviat. I l'estiu que rebenti sol. I per a l'instant, gràcies". De j.l.badal, Les coses que realment han vist aquests ulls inexistents, :Rata_, Barcelona, 2017, p.12.

"El cielo aclarece. Tantos años intentando ser primavera, asumir que eres otoño y rezar para que no llegue el invierno demasiado pronto. Y el verano que reviente solo. Y en cuanto al instante, gracias". (mi pobre traducción de este párrafo brillante de Badal).

Me gusta ser primer otoño. Sus frutos son contundentes y parecen encerrados en sí mismos. Pero en cuanto los abres y los trabajas con tus manos, te das cuenta de que encierran la verdad de la tierra: son simiente de alegría, de colores, de sabor concentrado y preparado para alargar las horas y recibir al invierno. Son ovalados o esféricos, son uva, granada, membrillo y calabaza. Tendremos vino todo el año, haremos carne de membrillo y cabello de ángel y durarán mucho también. Y las granadas: solo ellas saben cómo la cultura de la supervivencia se identifica con su deambular por las estaciones. Son la promesa de todo, siempre.

Soy otoño y me ha costado llegar aquí. Siento que el momento es bonito, es el preciso, es intenso y no quiero que nadie lo precipite ni me lo robe. "Es muy hermoso el otoño, aquí en Caces; los rastrojos del último verano arden en cada esquina y las hogueras florecen, como mirtos ofrecidos a los dioses antiguos, cerca y lejos. Se dibujan más allá de la neblina delicada y fugaz, recordándome que también yo, un día de estos, habré de encender una muy grande con todo lo que se quedó martilleando en la memoria. A ciertas alturas hay que ser uno mismo sin ningún arrepentimiento...Yo sé que hay algo sordo, profundo que trabaja sobre la tierra almacenando sueños. Es difícil ser otoño, fácil ser brusca primavera".  De Xuan Bello, Escrito en el jardín, Xordica, Zaragoza, 2017, p.83.

Quiero gozar de cada momento de mi ser otoño. He pasado mucho para llegar a él y disfruto, ahora, todo lo que me haga sentir otoño. Afros Vinhao 2009. Es un vino del primer otoño. Te hace sentir que la frescura, la sinceridad y la entereza están todavía en ti porque están en él. También, y de una manera íntegra, la fruta. Este vino de Vasco Croft, Pedro Bravo y Rui Cunha en la zona del río Lima (ya en Viana do Castelo), está hecho con la uva vinhao (en la zona del Vinho Verde, sí, pero es que hay mucha uva tinta aquí!) de la mejor forma para que almacene los recuerdos de la tierra y los sabores de la fruta. Es vinhao que es souzao que es sousón y se macera, pisa, prensa y fermenta entre lagares y acero inoxidable. Reposa y se embotella. 12,5%.

La tierra, que agradece el trato amable (podríamos llamarle casi biodinámico), se transforma muy lentamente en la botella, y la fruta crocante y ácida del vinhao viaja íntegra por el tiempo como lo hizo el monolito de 2001 de Stanley Kubrick: en el pasado está el futuro y no hay más que estar atento para recogerlo y leerlo, para beberlo y saborearlo. Estamos a tiempo: "hoy es siempre todavía "(Xuan Bello, p.81). Frescura, humedad, neblinas mañaneras, fresas silvestres, labranza y el impacto de un trago íntegro que te transmite aquello que la vendimia y el primer vino fueron. Es el sabor del primer otoño que te invade con suavidad y te dice, de nuevo, que estás en casa cuando otros ofrecen su paisaje en forma de vino. Los pámpanos transforman ahora el sol en rojez, el frío azul y gris del Atlántico muda en calidez, y ya sabes que tienes otro vino para el invierno de la vida. Pero no tengo prisa para que lleguen esas nieves que han de convertir mi memoria en un paisaje blanco y gris donde no distinguiré cielo de tierra.  Me gusta ser otoño y que Afros Vinhao 2009 esté en mí.

Afros Vinhao 2009

14 marzo, 2015

Las raíces de Jerez y de Montilla

Navazos-Niepoort vino blanco 2011
Esta semana he tenido una oportunidad única. En apenas cuatro días, he podido beber dos vinos que describen, dibujan, buscan y nos explican las raíces de una misma historia desde perspectivas distintas. La historia de dos vinos del 2011 que nos dice cómo fueron y cómo son las raíces de los vinos no fortificados en el Marco de Jerez y en Montilla-Moriles. Porque en el principio no fue el encabezado, o no sólo el encabezado. Desde el siglo XVIII por lo menos, tenemos documentado que la práctica del encabezado convivía en Sanlúcar de Barrameda, con la factura de vinos blancos: vinos de listanes (palomino fino) que se hacían con los mejores mostos de los pagos blancos de albariza y se criaban (sin alcoholes añadidos) buscando los efectos benéficos de la ingestión del velo en flor. La página web del Equipo Navazos lo explica a la perfección y la voluntad de sus creadores, en este caso con la colaboración del maestro Niepoort, es la de proponernos esa recreación de las raíces de Jerez y Sanlúcar en el siglo XVIII, con este Navazos-Niepoort vino blanco 2011.

Mosto de palomino fino de pago histórico sanluqueño en albariza que sólo ha conocido la fermentación en bota con las levaduras del viñedo y de la bodega, y la crianza con la levadura en flor durante nueve meses.  Ni más ni menos. Embotellado en 2012 a 12,5% (no hay, pues, otra cosa que mosto hecho vino gracias a la sucesión de levaduras y a la culminación de la faena con la saccaromyches cereuisiae, la "levadura flor") y reposado, afinado, meditado, evolucionado (en mi caso) durante tres años más. Este 2011 se muestra ya como un estilete, como un fino aguijón de sal, que atraviesa campos de flor seca de camomila y matas de hierbabuena (qué frescura...) antes de penetrar en tu paladar. Brisa de talco, raíces de albariza. Madera vieja noble, Recuerdo de setas secas rehidratadas. Se nota el trabajo fascinante de la botella: es, ahora mismo, un vino más fino, más pulido, brillante y vibrante.

José Miguel Márquez, en Marenas Viñedo y Bodegas, propone un ejercicio muy parecido pero desde una experiencia distinta. A mi modo de ver, claro. El proceso de Jose no es tanto el de la documentación historiográfica, cuanto el de la reflexión personal a partir de lo que él ha conocido en su tierra. Viñedos en Montilla y uva Pedro Ximénez que pasó, casi siempre, por el mismo tipo de proceso que el palomino fino. Jose, a la búsqueda de la memoria perdida de los viticultores que le precedieron, puso también en varias botas su cosecha de 2011. Dos de ellas, las nn.2 y 3, han pasado dos años con el PX bajo velo en flor, en la oscuridad y ligera humedad de su bodega subterránea. El vino se ha hecho solo, libre. Jose ha ido observando y aprendiendo, probando hasta decidir que en 2014 vaciaba las botas y embotellaba ese vino blanco  a 14%, sin traza alguna de alcohol añadido. Como también hizo Equipo Nazavos, Márquez ha querido embotellar memoria y tradición, raíces y PX  bajo flor.

Ni más ni menos: de nuevo, la recuperación del mismo tipo de vino pero en Montilla. Por supuesto, aquello que más destaca en el PX bajo velo 2011 de Marenas es el mayor tiempo que el mosto, después vino de PX, ha pasado en contacto con la levadura flor. La mutación de la levadura en dos años, sus fases de reposo, reproducción, mutaciones genéticas siempre en las mismas dos botas, nos ofrecen un tesoro único: un paisaje de opulencia, de exuberancia, de generosidad en un vino de oro que, como ya sucedió con el primero, ganará con años de botella. Si las encontramos... Ahora sabe a levadura, sabe a pan recién horneado tomado al fresco del amanecer (también es un vino fresco) con ese chorretón de buen aceite, sabe a brisa atlántica embotellada pasada por el tamiz de las tardes de agosto en la albariza montillana. Sabe a matorrales de la sierra y sabe a mieles.

Ambos vinos saben a tradición, saben a raíces recuperadas, saben a su tierra y al sudor de sus gentes, saben a sabiduría popular. Son vinos emocionantes, vinos para combinar con mil platos distintos (aperitivos encurtidos, pescados, pastas, algunos arroces, un montón de quesos...) pero que tomados solos ofrecen su perfil más auténtico: el beneficio de la reflexión de aquello que fue, en nuestros cuerpos y mentes, hoy. Un privilegio del que todos debieran poder gozar.
Marenas PX bajo velo 2011

20 junio, 2014

Occhipinti SP68 Bianco 2012


Conocí a Ariannna Occhipinti hace cinco años en Génova y desde un año antes (no hay una relación directa con haberla conocido) bebo sus vinos con interés y con gusto.  Sicilia es una tierra que me apasiona (como todas las islas grandes que conservan sus tradiciones agrícolas con empeño de superviviente) y sus productos, tierras y personas, también. La tierra de Occhipinti, entre Vittoria y Ragusa, con los recuerdos cercanos de Agrigento, Caltagirone y Siracusa, es de mis preferidas. Y si ya llama poderosamente la atención la frescura, sutileza y elegancia de sus vinos tintos, lo que consigue con su blanco supera expectativas. IGT Sicilia, con plantas jóvenes (10 años) casi a 300 msnm, suelo franco-arenoso, agricultura biológica sin ningún insumo químico, vendimia a primeros de octubre, diez días de maceración con pieles y resto de FAL en acero inoxidable con un mes posterior de botella, levaduras del viñedo, sin filtrar ni clarificar. Albanelllo y moscato di Alessandria.

Es un vino precioso, lleno de energía, luz y poder, llamativamente fresco y que te atrapa de inmediato. Recuerda no poco (islas volcánicas...) al Trenzado 2012 de Suertes del Marqués (hay ahí una conexión entre los azufres de las dos tierras, aunque el albanello es más sutil, menos directo que el listán blanco; y la presencia del moscatel de Alejandría marca más que el resto de variedades canarias): piedras de fuego, yesca. Corteza de limón. Rosas frescas. Vino de tierra y de fuego. Sol del membrillo. 12% apenas...Tiene una enorme riqueza de fruta de secano con hueso. Impresiona la variedad de su buqué. Albaricoque, también en orejones: la acidez de la fruta deshidratada y, también, su punto de golosina. Se nota el sabor de las pieles de la uva. Aromas secundarios. Il dolce fresco del deserto, che diría Dalla...Patio con la fuente y el limonero. Corteza de naranja en infusión. Ligera astringencia y tanicidad. Posgusto vegetal y amargoso. Retama. Flor de azahar y toque salino. Agua de berberechos. Es un vino precioso del que casi lamentas la última copa. Pagué por él, muy a gusto, 18€ en La Vinoteque de Terrassa.

04 mayo, 2014

Fonseca Setúbal Sup. 1955 en compañía


28 de mayo de 2014. Monvínic, Mannel Serrano y Fonseca convocan a una cata de moscateles de Setúbal (todos de la casa Fonseca), que  dibujan una corona de joyas, alguna de ellas de un valor muy notable. Entre ellas, Cèsar Cánovas, decide proponer (qué selección más atractiva) cuatro moscateles de otras zonas. Una noche memorable, una noche para los amantes de la variedad moscatel en sus múltiples expresiones, incluso si tenemos en cuenta que se trata de moscateles de Alejandría (la mayor parte de ellos, se coló un extraordinario Muscat de Frontignan) que han sido encabezados de distintas formas.

En mi cabeza y en mis notas, quedan ya para siempre cuatro vinos imprescindibles: Jose Maria da Fonseca Moscatel de Setúbal Trilogia. Contiene vinos de tres añadas que la bodega considera muy bien (1900, 1934 y 1965), 18,2% y 185 gr/L de azúcar residual. El azúcar y el alcohol se han fundido en un sutil abrazo, el vino está muy vivo y fresco, con una acidez notable y un despliegue de aromas de frutos secos (higos pajareros), de maderas (ese olor de madera noble, cedro, caoba, a la que se acaba de pasar el cepillo), de café torrefacto y de ceniza de puro. Un vino de placer inmediato. Yalumba Rutherglen Museum Release, de Victoria (Australia), los viñedos de Muscat de Frontignan. 18%. Mezcla de añadas, aunque no fueron identificadas. Como en todos estos casos, lo que importa es la maestría del ensamblador, un arte que formaba parte del DNA del vino hace apenas unas docenas de años y que se va perdiendo a marchas forzadas. En este caso, el resultado es apabullante, al nivel de la impresionante frescura y acidez que muestra el vino (alguna añada reciente habrá...). Pan de higos y olivas negras  muertas junto con frutas como la piel del limón o la rosa algo mustia. Volumen y tensión en boca. Gran cuerpo. Terciopelo en la mejilla. Cierto perfil oxidativo. Delicioso. Para tomar como plato principal.

De Muller Moscatell Ranci Solera de 1929. Todos los jóvenes, para salir graduados de su secundaria, ya con 18 años (por supuesto) tendrían que probar este vino. Puede que  esta saca presentara alguna arista de alcohol todavía por ensamblar con el conjunto, pero la historia que representa esta gama de vinos de De Muller debiera ser bebida y meditada por todos. Vinos que te meten directos en la historia de la tierra. Impresionante su profundidad, cómo te introduce en las raíces de los mejores vinos de esta tierra, de este clima, de sus características. Atrapa la pituitaria y no la suelta. Avellanas tostadas. Todas las texturas de la sombra, de la oscuridad, de la dulzura en un Mediterráneo cálido, avanzado ya septiembre. Y para el final, el vino más destacado, el que da título al post: Jose Maria da Fonseca Moscatel de Setúbal Superior 1955. Para Cèsar Cánovas, el vino de la noche. Para Mannel Serrano, uno de los tres vinos de su vida (él es de 1955). Para mí, el vino que me llevo en la memoria de mis emociones para siempre: 18,9%. 328gr/l de azúcar y una acidez de 7,42 en tartárico. Un vino excepcional. 150 botellas de las que quedan en la frasqueira 50. Dos viajaron para fortuna de unos pocos. Exponente máximo de un estilo y de una uva en una tierra que vive desde hace más de 200 años esa tradición. La tradición hecha vino en una añada antológica. El primer golpe de nariz te da, todavía, aromas primarios de fruta: 59 años han pasado...Frescura de la mora cogida en su punto. Todos los aromas del tostado, pero sobre todo, pan de payés y avellanas. Acidez perfecta. Esqueleto del vino íntegro y mostrando todo con discreción. Oxidación. Es un vino que tiene todos los puntos de registro del vino dulce hecho con estas características. Amable y sutil, depositar este vino en la boca y en tu cuerpo produce el famoso efecto Catulo: todo tú te conviertes en nariz, todo tú te conviertes en poro que quiere asimilar y disfrutar cada gota.

02 febrero, 2012

In Quest of Lost Vignerons

In Quest of Lost Vignerons by L.Gutiérrez-I.Villalgordo, the beginning
Forman una pareja imbatible, Luis e Ignacio, en cuanto a ilusión, preparación, medios y contactos. Luis Gutiérrez tenía muchas ganas de hacer esta cata en Monvínic, "The Lost Vignerons". Y hace siete (7) meses se lo propuso a Sergi, Isabelle y César. Con la imprescindible ayuda y mano a mano de Ignacio Villalgordo (algunas de las botellas bebidas salieron de su bodega) y la pasión por este tipo de acontecimientos de Monvínic, se pergeñó esta demostración histórica. Prefiero llamarla "demostración" antes que cata, evento y etc. Y el adjetivo llega solo: lo comprobarán cuando lean la nómina de bodegas y vignerons seleccionados. (Paréntesis: propongo ya de una vez que la palabra vigneron, que se conoce en francés desde finales del siglo XII, sea adoptada por el esperanto enófilo mundial. Nos sentiremos mucho más cómodos todos y todos sabemos de qué estamos hablando cuando usamos el palabro. Sin comillas, pues)  Demostración porque Luis quería explicar la esencia del vigneron en contacto íntimo con su territorio y con las uvas más características que forman parte de su DNA. Demostración porque se trataba de conocer cómo se hacían las cosas en Francia (sobre todo: es el país que conserva, en forma de botellas y estén vivos o muertos quienes las hicieron, más vignerons por cepa), en Italia, en Portugal y en España antes de que la industria y la homogeneidad lo invadieran todo. Demostración, en fin, porque Luis (con oportunos apuntes de Ignacio) nos propuso el mejor ejemplo para conocer cualquier vino: conoced a fondo a quién lo ha hecho. Moraleja: cuando te gusta mucho un vino, te gustará la persona que lo ha hecho.

Presidió la charla el espíritu de cada vigneron a través de sus fotos (¡algunas, por lo menos dos, hechas ex profeso para la ocasión!: las de Camille Loye y Manuel das Dores Simôes) y la Alegre Compañía se puso en marcha guiada por un entusiasta y feliz Merlín (bueno, alguien lo llama Príncipe de Beukelaer, otros lo confundirán con Arturo, pero yo creo que es más Merlín que otra cosa). El camino no era fácil y más de uno (a ojos vista estaba) se quedó en el camino, entre sorprendido y desconcertado por la cantidad de especímenes únicos que la Madre Naturaleza nos mostraba. Empezamos en el Piemonte, donde el filósofo vigneron, Teobaldo Cappellano nos dio la bienvenida con una sonrisa de oreja a oreja, sombrero de paja y toscano en ristre. Murió viendo con sus ojos los viñedos de Serralunga d'Alba y con su corazón el cielo de Eritrea. Un hombre único para la restauración de una bebida única: Barolo Chinato Extra Vecchio. De la nebbiolo de Cappellano nace el Chinato más ilustrado, más sensible, más de contemplación, infusionado con quina, ajenjo, cinamomo, otras especias y azúcar de caña. Un vino de más de treinta años para un aperitivo que nos decía "el camino será largo y duro pero la búsqueda del Grial tiene esas servitudes". Pura seda, monte en la copa, el corazón del Piemonte. Un vino único. Se comentó: yo lo prefiero como digestivo, tras los postres y con horas de charla por delante. Los Italianos suelen tomarlo con un poco de hielo,  pero yo prefiero que salga fresco de la nevera, sin más. Cruzamos los Alpes entre sonrisas y chanzas y empezamos a oler a prado húmedo, a cuajo,  a pan recién horneado, a fermentación en estado puro. Pierre Overnoy nos esperaba junto a Emmanuel Houillon, en Pupillin (junto a Arbois), con su Arbois 2000. La pureza de una vinificación que hermana el Jura con el Marco, la presencia de la Saccharomyces Juratica (se propuso por allí...), que le da cuerpo y entidad a la savagnin, nos regaló un vino eternamente joven: una boca espectacular, acidez brutal, impactante, para una nariz suave y delicada. El acero se torna pan, nariz y boca se complementan en un oxímoron impecable. Nueces verdes, algo de especias exóticas, no esconden la verdad: el secreto está en la levadura.
In Quest of Lost Vignerons by L.Gutiérrez-I.Villalgordo, the right stuff
Salimos de Pupillin con la sonrisa del confirmado en las bondades del Jura y el lema que nos acompañaría ya para siempre, SIC HIS QVOS DILIGO: la divisa de Arbois preside las botellas de Overnoy y nos ilumina en la travesía de Francia, que repetiremos no menos de otras dos veces a lo largo del viaje, "Así actúo yo con los que amo". Loira, de la mano de otro jubilado de oro, Edmond Vatan. Otro vino de impresión que nace junto a otro queso (antes era el Comté, ahora el crottin de Chavignol: no es casualidad, vamos): el Clos de la Néore 2007. Las cepas de los viñedos de los Monts Damnés comen de la misma piedra caliza que los de Chablis, pero aquí la brisa del océano cercano da un perfil  único a esta sauvignon blanc. Su mineralidad es espectacular, impresionante de veras, y va acompañada de una gran pureza de líneas y de una discreta densidad en el vino. Aquí se da uno cuenta (por fin...¡tantos siglos de estudio para llegar a esta conclusión!) de que la sangre de Cristo no reposa en un solo cáliz, sinó por lo menos en una docena de ellos. ¡Y no siempre es roja! Sin duda, la copa que tomamos esa noche (quizás el último vino que haya embotellado Vatan) es una de ellas. La varita de Merlín ayudó mucho porque tuvimos que cambiar de río con cierta rapidez. Del Loira al Ródano para pasar unas horas en la cruzada colina del Hermitage. Jean-Luis Grippat Hermitage 1998 fue como el reencuentro con ese tío abuelo al que tanto quieres y tan poco ves. 1998 pilla a Grippat en plena forma todavía (se jubiló y vendió en 2001) y esta botella da fe de la capacidad y juventud del viejo Grippat. El vino está en sus primeros pasos, un hermitage con mucho aroma de lía, suavidad, miel de acacia, finura y profundidad. Ligero amargor en el posgusto y la sensación de que dentro de diez años será un vinazo.

La búsqueda de la imperfección que da la lealtad al territorio, a la historia de la cultura del vino y a las uvas del lugar, nos dio un breve respiro. Pasamos esa noche en Arbois de nuevo, en casa de Camille Loye, con su Arbois 1989. Al calor del hogar y de los rescoldos de un fuego que se está ya apagando, la Alegre Compañía se relajó con un tinto de los de antes, que mostraba ya ciertos síntomas de fatiga. De trousseau, una de las uvas tintas emblemáticas del Jura (con la poulsard y la pinot noir), este 1989 ofrecía alguna cereza del fondo del cesto, una hermosa pero ya debilitada estructura y la sensación de que quizás la trousseau no esté para dejarla envejecer tanto. Merlín se apiadó especialmente de la Compañía a la mañana siguiente. Amaneció frío y brillante el cielo y Pegaso acudió puntual a la cita para depositarnos en un periquete (por suerte, la Quimera dormía todavía...) en Chinon. Charles Joguet, Chinon Cuvée de la Cure 1989. La cabernet franc en estado puro, y desbocada. Lleva corriendo veintidós años y está todavía en fase de aceleración. Muy impactante aroma varietal (pirazinas galopantes, decía Luis), racial, con mucho carácter, imperfecto (apuntaba Ignacio), vino muy fresco y, al mismo tiempo, denso. Pongamos esos pimientos verdes al calor del hogar, démosles vueltas durante horas y bebamos el vino con una buena hogaza de pan. Ese es Joguet. La penúltima travesía de este nada llano país que es Francia, prometía una estancia más larga y jugosa, de nuevo a la vera del Ródano. La Borgoña, Cornas y Saint Joseph se abrían para unas horas más relajadas. O no...porque la probablemente última vendimia de Phillipe Engel (o quizás la penúltima, no sé la fecha exacta de su muerte en 2005) parió un René Engel Clos Vougeot 2004 no apto para paladares delicados.  Este Clos Vougeot es una de las grandes expresiones y compañías para la caza: huele a vegetal, tiene unos taninos y una rusticidad de impacto, y lleva la sangre de becada y los perdigones en su código perdido. Del muy cotizado Jacky Truchot-Martin (las manos más callosas de la velada, sin duda) y su Morey-Saint Denys Clos Sorbes 2005 nada puedo decir. No nos cuenta nada de lo que suele, se muestra cerrado por completo y nos cita de nuevo para dentro de un par de años, por lo menos.
In Quest of Lost Vignerons by L. Gutiérrez-I.Villalgordo, to follow
Nos dejamos llevar por la suave brisa del río para llegar a Cornas, otra de las tierras de promisión de los amantes del vino, donde la syrah es palabra y Noël Verset, Cornas, 1986, la máxima expresión del respeto por la vinificación más tradicional. Esta syrah rodaniana suele evolucionar bien pero la botella de Verset llega a la copa algo sucia, con mucha necesidad de oxígeno y de paseo y el poco tiempo que le damos nos demuestra la injusticia de hacer viajes como éste mirando al reloj de sol (aunque me pareció que Merlín llevaba en el talego una clepsidra). Un atisbo de brett oculta algo que saldrá al cabo de las horas: pimienta (pero muy discreta) y flores marchitas. El hombre que todo lo puede por la sencilla razón de que hace lo que quiere y cuando quiere, nos esperaba en la siguiente etapa, con su sonrisa socarrona y su gorrita de M. Hulot. Raymond Trollat, que se confunde con las paredes y toneles de su bodega en St. Jean de Muzols, me sorprende con su Saint Joseph 2005. Es un saintjoseph atípico para mí, de una explosividad apabullante. Es la máxima expresión de un bouquet garni alegrando un buen guiso de jabalí. Montebajo, sotobosque, laurel y tomillo, la mano de hierbas aromáticas silvestres que recoge Trollat me suena a la que debió regalar a su novia cuando se casó con ella. Espléndido y vibrante vino.

La búsqueda de la última puesta de sol sobre el océano nos llega con la última, la gran, travesía. Tierra de barros que recoge el sol del atardecer sobre Bairrada. Los vinos del Sr. Manuel das Dores Simôes son palabra de dios, es decir, de Dirk van der Niepoort. Y hay que prestarles la debida atención y respeto. De nuevo el Dores Simôes Quinta do Canto 1995 sorprende  por una inusual finura. La brocha gorda, bastante habitual en la zona, es sustituida aquí por la suave extracción de una fruta de cepas viejas (sobre todo de baga)  y por una buena acidez que ha permitido a este vino llegar en condiciones a nuestros días. Quizás su lugar en la demostración le perjudicó un poco (estaba demasiado tímido en mi boca tras el volcán Trollat), pero quedó el recuerdo de que los vinos de Dores Simôes son, quizás, los más espirituales y borgoñones de Portugal entero. De entre los no fortificados, claro...Aparecía ya el planeta vespertino en el horizonte cuando, justamente, llegamos a la última maravilla de la noche. Justa porque nos dejaba a las puertas del Marco, donde a pesar de todos los pesares (incluídas legiones de bebedores fantasmas, contumaces ignorantes de las maravillas que en él se siguen haciendo) la más respetuosa y longeva tradición se mantiene. Aunque hay que decir que el vino era, casi la defición sensu contrario: ¡Merlín con sus bromas! Agustín Blázquez, Jerez, Pedro Ximénez Viejísimo Carta Azul. Por supuesto, sin añada, pero con la intuición de no menos de treinta años a las espaldas de estos toneles, estamos ante un PX de Montilla que se hizo en la bodega histórica de Blázquez en Jerez. Lo especial de este vino es que no se encabezó jamas y sus azúcares se fueron consumiendo hasta llegar a los actuales 8% (¡ocho!) de alcohol. Un sirope de PX con toda la pureza de una PX virgen y todos los aromas de la antigua pastelería andaluza y marroquí en el interior de la copa: miel oscura de caña, pan de higos, café torrefacto, avellanadas tostadas, hojaldre y alfajor. Muy complejo y denso, nos abrió las puertas a la Revelación final: el Santo Grial no es una copa. Son muchas copas, en sitios muy distintos y hay que saber buscarlas siempre en la mejor compañía posible. ¡Esa fue mi suerte, la noche del pasado 27 de enero de 2012, en Monvínic!

Postscriptum. Por la foto que nos regaló Luis Gutiérrez al final de la sesión, ¡esta búsqueda incansable promete una segunda etapa! Aprovecho para agradecer a mi compañera de mesa, Elena, las fotos que me pasó. Sin ellas, este post hubiera quedado más cojo de lo que quizás esté...

Postscriptum ii. Lo siento. No me gustan los posts tan largos, pero éste tenía que ser inevitablemente así. Por el tiempo de lectura (¡de promedio!) que los lectores dedican a cada post de este blog, o leen muy rápido o se quedan a medio camino. Será una señal: !sólo algunos llegaréis a este final!

06 abril, 2011

Redoma Douro Rosé 2009

Redoma Douro Rosé

Nunca había probado un rosado hecho por Dirk van der Niepoort. De hecho, creo que éste es el único y lo hace desde el 2004. Me gusta seguir sus experiencias. Es un hombre sabio e inquieto. Es un hombre de enorme cultura vínica y de amplia sensibilidad comercial. Su rosado es de los que me gustan. Con alcohol (14%) pero sin que pese. Con tanicidad controlada (suelos de esquisto de la Quinta de Nápoles, tinta amarela, touriga franca y otras), con peso en boca (fermentó en fudres de madera francesa) pero ligero al trago. Poderoso en la nariz y bellísimo, atractivo, en el color.

Es un vino multiusos: para tomar como aperitivo, con pescado al horno o a la plancha, con un buen pollo u otras carnes blancas. En un atardecer cerca ya del verano. Por supuesto con una buena pasta o pizza. Es un vino que no se arruga. Ligeramente tánico, sí, con la presencia de esos rosados de carácter que no quieren perder su alma tinta. Endrinas. Bayas. Ligeramente carbónico todavía (¡es 2009!). Madroño y ciprés. Suavemente vegetal. Fresas del bosque. Asilvestrado como su dueño, es este vino. Regaliz roja. Tiene un posgusto amargoso muy atractivo. Es de esos rosados que agradecen un año de botella bien conservada. Me costó 8€ y es un vino, ahora mismo, * * * .

01 abril, 2011

Quinta Casa Amarela na Casa Portuguesa

A Casa Portuguesa es el espacio privilegiado de Portugal en Barcelona. Tenía hambre por comentar una noticia así porque, a ratos, tengo la sensación de que Portugal casi no existe al otro lado de la Península. Eso terminó aquí. A Casa Portuguesa tiene, además, dos sedes en el barrio de Gràcia. La de la c/ Verdi 58 es un espacio muy acogedor, casi de casa de hobbit, donde se pueden comer o comprar las pequeñas delicias que cada día se cocinan allí. Desde hace muy poco tienen un segundo ambiente, en la c/ Or, 8. Se trata de una preciosa tienda, abierta a la plaça del Diamant, que se integra a la perfección en ella. Se puede comer, se puede beber, se puede charlar, se pueden conocer un montón de vinos interesantes que busca y selecciona Mannel. Incansable viajero, empedernido descubridor, Mannel se ha empeñado en abrir hueco para los vinos portugueses en nuestra ciudad. Y a fe que lo está consiguiendo. Tiene toda mi admiración.


Cada miércoles organiza una cata distinta, a veces con una bodega como protagonista, otras con una zona concreta, a veces simplemente sorpresa. Yo tuve la suerte de poder estar el pasado miércoles 16 de marzo y me llevé varias gratas sorpresas. Conocer el local fue la primera (de ambiente muy agradable y distendido, con todas las botellas en exposición y, cómo no, el pequeño "tesouro" al alcance de unos pocos). Ver cómo la mayoría de participantes en la cata era gente joven y muy interesada fue la segunda. Comprobé, en tercer lugar, que es una cata fuera de normas, casi mejor la llamo degustación: cada vino presentado era acompañado por pequeñas y deliciosas tapas preparadas en la cocina y la gente, tras la presentación, comía, bebía y comentaba. Divertido. Finalmente y no menos importante, conocí algunos vinos de Quinta Casa Amarela (DOC Douro, además de tener varios Portos) presentados por su propietaria Laura Regueiro, muy amable y atenta con todos, junto con su esposo Gil, todo un caballero. Instalados desde 1875 en Val de Cambres (pero con una tradición viticultora medieval en la zona, que les viene del Císter), trabajan ahora con unos viñedos de edad media de 45 años.

Lo que más me gustó de su presentación fue la alabanza sin medida de las variedades autóctonas. Conocen a la perfección su tierra y saben qué uvas se adaptan a ellas como la mano al guante. Confieso que su Porto Branco, hecho con malvasia fina, Viosinho y Côdega, no me gustó mucho (* ↑) me temo que por culpa del alcohol vínico usado, que pesaba tanto en aroma como al paladar. Pero su Branco Selection 2010 me devolvió a la pureza de un blanco racial hecho de nuevo con malvasía fina y Viosinho, pero con adición de Rabigato (ésta última es para tomársela en serio). La uva es pisada, fermentada en acero a 15ºC y madurado el vino con tres meses de roble francés en batonnage. El vino es una explosión de tilo y de flor de camamilla, con una estructura redonda y sápida en boca (* * ↑). De los dos tintos que probamos, y después de darle muchas vueltas, mis notas se decantan por el Douro DOC Reserva 2006. Un vino hecho con uvas de cepas mucho más viejas (media de 60 años), con una mayoría de Touriga franca (80%) y aportes de Tinta Roriz y Touriga Nacional (10% cada una). Es un vino con una expresión balsámica impresionante, entre el bosque de eucaliptus en plena reproducción y el tarro antiguo (de mi época, vamos...) de vicks vaporub. Tiene regaliz, tiene chocolate oscuro y la gran virtud de una madera muy tenue y en segundo plano. Es un vino elegante pero potente con un matiz final de humo de hogar (* * *). La experiencia fue gratificante, los vinos y la comida, también. Y lo mejor es que los amantes del vino portugués ya tenemos nuestro local de A Casa Portuguesa en la c/ Or, 8, cómo no, ¡en Gràcia!

06 septiembre, 2006

Vinos de Portugal: atentos al futuro

Cuando se habla de vinos de Portugal, se suele poner mucha atención a los portos, a los madeiras y, como mucho (y según la época del año) a los vinhos verdes o a los rosés (de terrible y piratil botella). No es por casualidad, claro está, que en los últimos tiempos haya incorporado tres enlaces a este blog, de tres grupos o personas individuales, éscandalosamente jóvenes y preparadas, portugueses y muy atentos a las novedades de su país. Soy de los que está convencido de que uno de los grandes saltos de calidad en la producción y comercialización de tintos y blancos de calidad se dará en Portugal en los próximos años y, por lo tanto, necesito, quiero saber mucho más de ellos. En Dao y Alentejo se están haciendo cosas importantes. Vinos como los de Filipa Pato o Sandra Tabaras da Silva son ya reconocidos. Y un larguísimo etcétera. Atentos todos, amigos, al Portugal que mira más allá de los portos, porque esto no ha hecho más que empezar.

10 junio, 2006

Alentejo

El jueves pasado estuve cenando con unos queridos amigos en Évora (Pax Iulia), en el Alentejo portugués. Tengo que confesar que me plegué a lo "convencional" y pedí el bacalhao que fuera la especialidad de la casa. Como es costumbre en Portugal, no se suele comer dos platos convencionales y postres. Así pues, y sin pedirlo, como aperitivo del plato principal, nos sirvieron unos extraordinarios garbanzos con bacalao "esqueixat", trozeado, un pulpo con cebolla y vinagreta y unas tiras de carne de cerdo adobado. El bacalhao era "a Narcisa" y consistía en un buen trozo de morro confitado en aceite, frito en abundante aceite hirviendo unos segundos para que quede crujiente por fuera y muy tierno por dentro y acompañado de una cebolla pochada y unas patatitas enteras, cocidas con su piel, al horno. Todo ello fue acompañado por la gran sorpresa de la noche (para mí, claro, que no conozco bien los tintos portugueses): un vinho tinto Reguengos (embotellado por Carmim: www.carmim.online.pt), del año 2000, de la Garrafeira dos Sócios (medalla de plata de las Vinalies de 2005). Se trata de un vino hecho a partir de las variedades aragonês, castelâo y trincadeira, que ha reposado 12 meses en barrica de roble (probablemente francés, por los aromas de vainilla y muy suave bollería que desprendía) y que, a la vista, ofrecía un intenso color rubí en su menisco, con un ribete en el mismo tono, aunque de intensidad menor. En nariz, el vino se abre con una confirmación de la vainilla antes apuntada, con notas de pasas, de frutillas rojas en compota (más tirando a grosella negra y a mora) y, al final, un poco de especias (pero muy suaves). El buen trabajo con la madera se deja notar, y mucho, en mi opinión. Lo fuerte de este vino, con todo, viene con su entrada en boca: tiene un trago largo, envolvente, muy poderoso pero con taninos suaves, casi de terciopelo, que te dejan un cálido y persistente recuerdo tras su paso. Una gran elección (mérito absoluto de un gran profesional, camarero en el restaurante O Antâo, Rua Joâo de Deus, 5 e 7, Évora, telef.266706459, antao@jassis.pt) y una bonita sorpresa.