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15 enero, 2016

Josmeyer Gewurztraminer, "Cuvée du Centenaire", Vieilles Vignes 1986

Josmeyer Gewurzt Cuvée du Cent. Vieilles Vignes 1986
Cuando bebí este vino pensé en dos personas a las que no he conocido personalmente pero a las que debo cosas importantes por motivos distintos.

La botella, monovarietal de Gewurztraminer hoy seco (13%) pero que en algún momento tuvo un punto de azúcar residual, es de la cosecha de 1986. Muy bien conservada, sin apenas merma de vino, corcho casi intacto, sin precipitaciones. Desde hace tiempo abro los vinos que me apetecen en el momento que me parece mejor. Con éste hice lo mismo: evolución en el color y ligera oxidación. No lo dudé: decanté y dejé reposar unas horas.

Olí, bebí, dejé que el vino penetrara en mí y vino la primera persona. Una persona a quien los que la conocieron han definido como "uno de los mejores catadores de la historia de Francia", "metódico", "científico", "concienzudo", "frío", "sacerdote del vino". Jules Chauvet. A mí, tanto como ésa parte de su personalidad, me atrae otra, la que le hizo escribir: "algunos vinos no solo tienen caracteres precisos, tienen también siluetas ideales. Pueden evocar las mañanas fragantes de primavera y los emotivos atardeceres de septiembre".

El vino olía a melancolía, a flores marchitas en la mesa de madera junto a la ventana (camomila, lavanda), al humus que el hayedo, sus hojas y las brumas de otoño cubren con delicada atención, a musgo fresco, todavía fresco a pesar de sus casi 30 años en la botella.

Con las horas y los días seguí bebiendo y pensé en la segunda persona. En 1986 llevaba ya 20 años en la bodega familiar y todas las decisiones importantes eran suyas. Quienes le conocieron, le definen como "poeta del vino" y "vinificador extraordinario". Jean Meyer. Tuvo dos visiones trascendentes que siempre me han admirado y que sigo disfrutando: sus botellas contenían obras de arte en su interior y también en su exterior (en las etiquetas desde 1987). Además, y en una tierra compleja para ello (aunque con su buena tradición ya), en Wintzenheim (Colmar, Alsacia), decidió hace más de 15 años conducir toda su propiedad a la biodinámica.

El vino es (con la sencillez y viveza de quien lo hizo lo escribo) un vino extraordinario, que mantiene intacta su  columna vertebral de acidez y se muestra como una infusión de naturaleza verde y uva madura, envuelta en nube de algodón de azúcar. Jengibre y canela. Membrillo maduro y espliego. Miel de azahar y brezo. Es un vino evocador, que combina todavía los aires nostálgicos del primer otoño con la sonrisa provocadora de una primavera alsaciana. Un vino de Jean Meyer que intento describir con el espíritu de Jules Chauvet. Ellos me sabrán perdonar.

27 diciembre, 2015

Eric Coulon (Vrigny) y Eduard Pié (Bonastre)

Eric Coulon à Vrigny
Eric Coulon (en Vrigny, Champagne Roger Coulon, junto con su esposa Isabelle) y Eduard Pié (en Bonastre, Sicus Terrers mediterranis) tienen más en común de lo que ellos mismos saben. Una generación les separa; puede que parezca que sus respectivas tradiciones les alejen; probablemente ni se conocen y a lo mejor no se han bebido. Pero cuando pienso en ellos paseando por sus viñedos (en Vrigny, la montaña al noroeste de Reims, una de las zonas más frescas y vírgenes de la Champagne, paraíso del meunier; y Bonastre, en la sierra prelitoral mediterránea del mismo nombre, Baix Penedès, cálida y fresca por sus brisas marinas, tierra de xarel.los, sumolls y monastrells), contándote la mínima intervención con que los trabajan (sin certificaciones: hacen lo que su corazón de viñateros de pura cepa les indica) y cómo la pureza, la expresividad y la fidelidad de sus vinos hacia esas tierras es lo más importante para ellos, sé que están muy cerca el uno del otro.

Diría una conocida profesora de Enología de la URV que, incluso en sus prácticas en la bodega, son minimalistas pero en absoluto descuidados: escrupulosos y metódicos, su característica común es la máxima concentración en los vinos para que nada quede al azar, haciendo sólo las cosas imprescindibles. Champagne Roger Coulon Esprit de Vrigny (NV pero 2007 y 2008), degollado en octubre de 2014 (12%) y Sicus Cru Marí Xarel.lo vermell 2011, degollado en agosto de 2015 (11,5%), son dos vinos de segunda fermentación en botella que expresan la intensidad y la autenticidad de los viñedos. El vino de Eric Coulon tiene el ensamblaje clásico de la Champagne pero el meunier de la zona persiste en él más que el chardonnay (fermentado en barrica) o el pinot noir. Es un vino con seis años de rima y que ofrece tanta finura y persistencia como frescura y complejidad. Cidra, pera limonera, la corteza del limón cuando la preparas y, después, cuando la hueles ya en un bizcocho, con sus levaduras. La crema limonera de Carme Ruscalleda. Prados verdes y húmedos al amanecer. Su acidez natural y su frescura son un complemento ideal para la escudella, sus albóndigas y los "galets" porque al contraste de sabores aporta, también, complementariedad: un deje especiado entre el jengibre molido y el anís estrellado. Un champagne que me encanta hecho por una persona que me cautiva.

El hermano menor del Sicus Cru Marí xarel.lo de 2009 es, creo, su consecuencia imprescindible. En una tierra de xarel.los y de sumolls, el xarel.lo vermell es la síntesis perfecta de ambos. Y Eduard Pie, que persigue, dibuja, imagina y captura el alma de esta uva en su estado tranquilo (Sicus Xarel.lo vermell es uno de los, quizá en este caso, mal llamados rosados: ese color es el natural del hollejo de la uva) ha dado ahora un enorme paso adelante al imaginar de otra forma el espíritu festivo y alegre del xarel.lo vermell: su segunda fermentación en botella, con cuatro años de bodega y un degüelle que pone la botella en el mercado con otros cuatro meses de reposo, aporta complejidad y mantiene tanicidad, frescura y viveza, pero con tranquilidad. Como es Eduard. El bosque mediterráneo en un otoño relajado: viñedo cerca de la vegetación casi ocre pero en campo abierto. Madroños, cerezas maceradas en kirsch, arcilla moldeada, arándanos y matorral, fresitas salvajes en el bosque, sedimento marino y tomillo, romero en su segunda fermentación, pomelo rosa. Esta manera de ser del Cru Marí Xarel.lo vermell 2011 (apenas 1900 botellas), con su burbuja finísima, puso a la "carn d'olla" del día de Navidad en su lugar: la cima. Un vino que representa un salto conceptual hecho por un hombre que no tiene prisas pero tampoco pausas.
Eduard Pié a Bonastre

28 junio, 2015

E. Brochet Les Hauts Meuniers 2008

Brochet Les Hauts Meuniers 2008 anvers
Emmanuel Brochet es una de las personas más discretas, sensibles y dedicadas al viñedo y a sus vinos que conozco en la Champagne. Discreción y sensibilidad tanto como pasión e ideas claras. Su Le Mont Benoît es un NV atractivo y que me llena de satisfacción. Uno de mis preferidos. Y su proyecto de monovarietales, que viene acariciando desde 2006 (en realidad desde mucho antes... de 2006 es el primer Blanc de Blancs que he bebido...), ofrece ahora una culminación largamente esperada. Les Hauts Meuniers 2008 es un monovarietal de meunier de la parte alta de Mont Benoît, de un viñedo plantado en 1962. Ligeramente al sur de Reims y algo al oeste (Villers-aux-Noeuds), el suelo es arcillo-calcáreo y limoso. El "vin clair" ha pasado 11 meses en barrica, el vino no ha sido estabilizado ni filtrado y el dosaje ha sido mínimo (2,5 gr/L). No ha hecho la maloláctica y ha dormido en la bodega hasta hace unos meses. El degüelle que he bebido (23 de junio de 2015) es de marzo de 2015. Puede que le falte algo de reposo en botella pero el vino (primera vez que lo bebo) es tan atractivo e interesante ya en estos momentos que no me privo de un breve elogio y de una cálida recomendación. 916 botellas.

Lías. Hinojo silvestre. Gâteau des Rois. Perfume de meunier: es un meunier atípico, en boca se expande de una manera casi sobrenatural pero en nariz muestra  una gran finura y delicadeza. Viene a la cabeza un caballo salvaje al que consigues poner la brida. El meunier es un caballo al galope y éste Les Hauts Meuniers ha sido embridado ya y empieza a mostrar tanto músculo como elegancia y afabilidad. Nueces y almendras amargas. Coca de Llavaneras, con ese punto de crema pastelera, de almendra fileteada, de piñones, de limón, de hojaldre y de harina bien horneada. Un vino ideal para tomar con cualquier cosa que venga del cerdo, cualquiera...Bajo la finura y el velo de la discreción del vino y de su hacedor, se esconde un fuerte carácter y una promesa de largos años de vida. El corazón fresco y verde de Reims. Rusticidad de la piel del membrillo. Seda de su dulce. Un vino que no olvidaré.

06 enero, 2015

Albamar - Léclapart - Sicus

Cap d'any 2015 anvers
Bodegas Albamar, O Esteiro 2013. El primer vino tinto de Xurxo Alba en Rías Baixas nace de cepas que habitan la zona donde el mar y la ría susurran a los cormoranes: "o esteiro", la ensenada. Tierra casi de navazos, frescor de marea, poniente (qué paradoja) lleno de vida y de nuevas esperanzas. Espadeiro, caíño y mencía a partes iguales, despalillado sólo en un 20%, con una maceración de 21 días y ocho meses de roble francés casi inapreciable. 12,5%, sin estabilizar ni filtrar. Cerezas y sobriedad. Pimienta roja recién molida y sal rosa de lo más alto de la tierra. Taninos pequeños y austeros. Fragancia benedictina en nariz y boca cartujana. Fresco y muy ligero. Es un vino que corre ágil por el paladar. Tiene una capacidad de seducción sin arrebatos, tranquila y relajada, pero que llega hondo. Poco a poco, con tiempo, hondo...Un vino que se deja beber con gran facilidad y que provoca una felicidad de largo recorrido.

Champagne David Léclapart. L'Amateur 2010. Degollado en mayo de 2014. 12%. Blanc de blancs de Trépail (sureste de la montaña de Reims, Premier Cru), mezcla de viñedos jóvenes (10-15 años) y de mediana edad (25-35 años). Estabilización natural, sin filtración, levaduras de viñedos y de bodega excepto para la toma de espuma, maloláctica hecha. Cultivo biodinámico. Energía. Fuerza. Fuego debajo del volcán dormido. El artista Léclapart convierte su idea de  la tierra y su sensibilidad en vino. El vino trae los aromas de esta tierra, los envuelve y ofrece con la mejor pastelería francesa: levaduras, brioche con mantequilla y un suave recuerdo de limón, roscón de Reyes con fruta ácida escarchada. Mantequilla salada. Bizcocho con limón. Aires de caliza. La fuerza de la naturaleza imaginada y recreada por el hombre: Léclapart.

Sicus, Cru Marí 2009. Xarel.lo de un solo viñedo (La Caseta) que lame la roca madre calcárea, al norte de Bonastre (sur del Penedès), a 170 msnm. Degollado el 15 de enero de 2014. 12%. Vino base que sólo ha tocado el inox (25 días de fermentación y 10 meses de maduración), con una larga crianza (cuatro años en rima) que te devuelve en copa la esencia de esa tierra privilegiada para la viña. Y lo hace en forma de burbuja. La segunda fermentación en botella que propone Eduard Pié ofrece una burbuja pequeña, amable, delicada. Es esencia esférica, perfecta pues, de la tierra, del mar y del sol del que nacen la uva, del que se alimenta Eduard. Un vino rampante y de viva acidez que tiene que crecer todavía durante muchos años. Un vino que lleva la semilla de la vida y del bosque en sus burbujas: levaduras, masa madre, retama, bosque bajo, caliza pura, sequedad y pureza, luz y frescura. Aromas de fondo de bodega. Es un vino que, aún sin soleras ni mezclas de añadas, tiene un sello, un perfume Selosse...Nobleza y aires de levadura, sinceridad y sierra de Bonastre, flor de manzanilla seca y madera vieja, fruto todo del trabajo de las levaduras en la botella. Un Colet-Navazos, un Selosse en Bonastre. El progreso consiste en conocer y habitar los límites. Ahí está siempre Eduard.

Los vinos fueron bebidos por este orden el primer día del año 2015 para acompañar embutidos de cerdo y de pato con pan de Cloudstreet y canelones tradicionales. Cuando acabó O Esteiro, empezó Léclapart, que hizo una perfecta transición hacia los canelones. Estos terminaron en la gloria del estómago gracias al Cru Marí 2009 de Eduard Pié. Funcionó todo de maravilla.
Cap d'any 2015 revers

17 septiembre, 2014

Cahier de Champagne (iii et fin)

Jérôme Viard Artisan Tonnelier
La segunda experiencia singular, de la que hablaba en el post anterior, tiene también algo que ver con el "esprit de Vrigny" de Eric Coulon. Una de las cosas que más me impresionó de la Tonnellerie Artisanal de Champagne-Ardènne (Entreprise du Patrimoine Vivant, ni más ni menos: cuidan hasta el último detalle de la vida del bosque, desde la producción hasta el reciclaje de cualquier producto suyo), nos la explicó uno de sus socios fundadores, Jérôme Viard (en la foto, dibujando cómo y por qué se corta un roble). Sucedió al ver los ordenados montones de tablas (de las que cortarán las duelas) madurando y envejeciendo en el patio de la tonelería. Cada montón llevaba el nombre del bosque y del pueblo de la Champagne del que procedía la madera...Ellos trabajan, fabrican y reparan para todos los productores que se lo piden (desde las más reputadas grandes maisons hasta todos los pequeños productores que más admiro...), pero algunos les piden que sus "pieces champenoises" (205L) o sus "démi-muids" (600L) o sus fudres de mayor capacidad, sean de los bosques más cercanos a sus viñedos.

Ahí está una parte del secreto de la singularidad de un Coulon, de un Léclapart, de un Brochet, de un Jacquesson, etc. La producción por completo artesanal, el cuidado y tiempo que se pone en el tostado, el montaje manual, el conocimiento profundo que Viard tiene de esa "lucha" de que Eric hablaba entre el vino y la madera (Viard es, también, enólogo, no digo más...), hacen que esta toneleria, la última que queda en la Champagne, sea algo excepcional y merezca, sin duda, estar en la agenda de todos los que amamos los vinos de la zona. Aprendí más en una hora de charla relajada con Jérôme que con montones de catas inútiles, que nada te hacen entender del vino que estás bebiendo. Quedó para el próximo viaje una cata que Viard propone ahora: la comparación de champagnes con distintos tipos de vinificación y maderas de las que él trabaja. Humildad, simpatía, conocimiento profundo, trabajo intenso y de concentración. Una empresa a conocer, unas personas con las que disfrutar del champagne desde un punto de vista complementario. Imprescindible.

29 de agosto. Como escribió Jorge Drexler en esa fabulosa canción, Todo se transforma: cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma. Termina el viaje y volvemos como vinimos. En tren, con tiempo para pensar, para ordenar anotaciones, para entender letras tomadas con demasiada rapidez...yo vuelvo agradecido. A Selectuswines por haberme dado esta oportunidad. Y a toda la gente con la que me he encontrado por ofrecerme puntos de vista distintos a los míos y por ayudarme a entender dónde, cómo y por qué unos champagnes, unos viñedos y unas personas me gustan más que otros.

13 septiembre, 2014

Cahier de Champagne (ii)

Les Chiquet à Dizy
27 de agosto. Empezamos la mañana de nuevo en Reims (si os digo que dormíamos en plena campiña cerca de Épernay, ya podéis ir contando las veces que atravesamos la Montagne...), con una visita a Champagne Lanson. La casa está en silenciosa pero revolucionaria (si este adjetivo se puede permitir en las maisons, donde el estilo de la casa -el que sea-, es lo mas sagrado que hay que preservar) transición. El chef de cave desde 1986, Jean-Paul Gandon, está en el camino de la jubilación y las manos (agricultor, hijo de agricultores de la Champagne) de Hervé Dantan están tomando las riendas. Ya sabemos que no habrá grandes cambios pero Dantan me dio muy buena impresión. Seguirán con las levaduras recomendadas por el CIVC, habrá mucho inox (pero en 2014 empezarán a trabajar con fudres también), no habrá maloláctica y la mezcla de añadas seguirá siendo la divisa, a la búsqueda de un estilo con mucha fruta, frescura y predominio de la pinot noir (Verzenay, Bouzy, Ambonay) y de la meunier del valle del Marne. De todos los bases sin añada de maisons que bebimos en este viaje, creo que Black Label Brut fue el que más me gustó. Muy fresco (con base 2010 más diez añadas distintas de las reservas de la casa), pero con aires de brioche con helado de limón, manzana, pera, fuerza del pinot noir, boca tonificante y compleja, galletas de jengibre. Un vino fresco y tónico.

La tarde pedía a gritos un tiempo de descanso porque nos esperaban los Chiquet, Jean-Hervé y Laurent, propietarios de Champagne Jacquesson y auténticas fuerzas de la naturaleza champenoise, en ideas claras, en talento, en simpatía, en humanidad. Llegamos sin él, pero daba igual: de nuevo en el campo, de nuevo ante el viñedo, de nuevo oliendo y conociendo de primera mano los secretos del mejor vino a pie de planta. Porque los Chiquet tienen sólo dos objetivos: el primero, hacer la mejor uva posible en los viñedos más sanos posibles. El segundo, mostrarte de forma palpable y directa lo afortunados que se sienten por haber nacido en Dizy. Tardaron años en convencer a su padre de cuál era el camino. Lo hicieron hacia 1998 y entre 2000 y 2002 cambiaron por completo su gama de vinos y su manera de trabajar, en el campo y en la bodega. Justo ahora, sus ojos y su pensamiento delatan que las grandes líneas están ya fijadas y quedan claras para todos, sobre todo para los que disfrutamos con sus vinos. Ahora, pues, se pueden permitir el lujo (no había sucedido hasta las botellas que saldrán próximamente: Cuvée n.738 y Cuvée n.733 Dégorgement Tardif) de poner el nombre de la familia Chiquet en las etiquetas y de cambiar notablemente su diseño.

El estilo de Jacquesson es fácil de definir: se basa en el gusto de los dos hermanos. su pasión por la fruta de su tierra y su profunda admiración por la Borgoña. Ésa es su escuela y a eso responden sus vinos. Del mejor "vin clair" saldrán los mejores aromas. Moderación en los rendimientos (no muchos racimos pero bien maduros), no hay vendimias en verde, estrés en el viñedo por la competencia que provocan con la vegetación, confusión sexual con los insectos (75% de los viñedos; ¿25% restante?: "on croise les doigts!"), trabajo (casi todo en biodinámica en la viña) del suelo y a esperar el mejor momento del sol. Recetas: Suelo y Sol, por una parte. Suelo-viticultura-viticultura-viticultura-vinificación, por la otra. Fermentación alcohólica en fudres, fermentación maloláctica casi siempre (aunque a veces se bloquea: siempre a base de degustación, no hay receta fija aquí). Trabajan con las lías, no se filtra ni se clarifica, no se estabiliza ni hay control de temperatura. Suprimieron el concepto de vinos de reserva parcelarios para hacer ensamblajes con 10 o más vinos y trabajan con vinos de añada y pequeños porcentajes de las añadas más cercanas.
Roger Coulon à Vrigny
Bebimos, en una sala muy cómoda y abierta a los jardines de la casa, los tres Cuvées que andan en danza: el inicial 736 (base de cosecha 2008); el que ahora está en el mercado, 737 (base 2009); y el que saldrá en unos meses, 738 (base 2010). Éste último estrena etiquetas y subraya la importancia, en Jacquesson, de la contraetiqueta: degollado en abril de este año, con 2,5 gr/L de dosaje y un 61% de chardonnay, un 18% de pinot noir y un 21% de meunier, es ya un vino muy vivo y vinoso, con frescura y un discreto apunte calcáreo. Hay que esperar pero será un gran vino. El que se muestra en su plenitud es el Cuvée 733 (base 2005), que ha sido guardado todos estos años en la bodega y degollado en septiembre de 2013. Ahora está en el mercado: que una  bodega como Jacquesson pueda hacer cosas como ésta con sus botellas es, sin más, un lujo extraordinario para los amantes del champagne. Este 733 expresa algo único: la madurez sin evolución con un degüelle que ha podido esperar cinco años. Un vino extraordinario.

28 de agosto. Siguen los contrastes. Tras la sesión inolvidable en casa de los Chiquet, pasaré discretamente por esa mañana y me iré, con rapidez, con recuerdo de nuevo vivo y mucho cariño para con los artífices del milagro, a la Épicerie Au bon manger, de Reims, donde comimos. Su lema lo dice todo: "in good we trust". Embutidos, quesos, salmones, encurtidos, buen pan, extraordinaria selección (con gran precio) de champañas y vinos tranquilos. Sin más, es uno de mis lugares preferidos. Pocas mesas, trato muy convivial, un Brochet Mont Benoît base 2010 que cada día me gusta más (presencia elegante de la meunier, mi preferida aquí) y un Doquet Horizon BdB, de finura impactante. No hace falta que diga que salimos algo "tocados" por la gracia de una comida tan amable. Pero como buenos amantes del vino, nos fuimos alegres y pizpiretos a Champagne Taittinger.

La humedad y frescura de las cavas históricas de esta maison (bajo la abadía de San Nicasio, donde los Galorromanos ya excavaban y extraían su yeso en el siglo III d.C.) nos puso a tono con rapidez. Un nuevo contraste: en esta casa, cuantos más visitantes reciban, mejor. Nos cruzamos con unos cuantos grupos de intrépidos turistas del vino mientras visitábamos unos túneles emocionantes, con casi dos mil años de actividad humana documentada arqueológicamente. El Brut Réserve no milesimado es el alma de la casa (de todas las maisons, vaya: el núcleo de su negocio), con un 60% de chardonnay y un 40% entre pinot noir y meunier. Su envejecimiento (más de 3 años) le da unas notas agradables de mantequilla salada, de levaduras, de manzana al horno, un vino señor, con un "dosage" importante (9 gr/L).
Épicerie Au bon manger à Reims La Place

La jornada y el viaje terminaron con dos experiencias singulares y muy hermosas. La primera se llama Eric Coulon (foto central), alma mater de Champagne Roger Coulon en Vrigny. Ya era hora que subiéramos un poco y llegáramos a una de las zonas frescas y de privilegio para el meunier y, quizá algo menos, para el pinot noir. Al noroeste de Reims y al sur del Massif de Saint Thierry, Vrigny ofrece todavía parcelaciones de viñedo que remontan al siglo XII. Ya sabían dónde estaba la calidad...Y no tengo demasiadas dudas: su bonhomía, su saber hacer, la calidad de su trabajo en la tierra y en la bodega, convierten a Eric en una de las personas que mejor encarna el espíritu del lugar. Su lema lo dice, también, todo: "mon vignoble, mon bureau". Tiene un 80% de viñedos en biodinámica, trabaja la madera como pocos (en el siguiente post os explico por qué pero su descripción de la batalla entre vino y madera dentro de un fudre fue algo especial), mide mucho el punto de alcohol potencial en sus vinos y procura que la presión en sus botellas sea algo menor de lo habitual (4,5 Bar), con lo que sus champañas son menos efervescentes. Persigue un sueño: "la elegancia nunca se impone, siempre se sugiere".

Sus vinos son como él: amables, frescos, con una acidez (léase simpatía) que se ensambla con el sabor y con un envejecimiento largo pero medido, para ofrecernos vinos auténticos, vinos libres, de largas y jugosas caudalías, vinos "esprit Coulon". Todos me gustan pero puede que su Blanc de noirs sea el que más. Con un meunier de viñedos en pie franco de los años 40, la arenisca, la arcilla y la tierra caliza se funden en la boca con los aromas salvajes de los bosques de Vrigny. Un gran vino gastronómico del que, en 2006 (la añada que bebimos juntos) sólo se puede decir una cosa: "plus le vin est compliqué, plus on l'aime". Hablaba de hijos tanto como de vinos. Palabra de Eric.

À suivre (pour la dernière fois).

07 septiembre, 2014

Cahier de Champagne (i)

Entre Cuis et Cramant
24 de agosto. La revista Selectuswines se abre al enoturismo y a la visita de viñedos y bodegas en el extranjero. Preparan un viaje a la Champagne, casi como ruta iniciática y de bautizo de esta nueva actividad (sobre viñedos y bodegas en España ya han publicado varias cosas, y seguirán) y no se les ocurre otra cosa que invitarme a participar...Loco como soy de la zona y de algunos de sus productores, me apunto con rapidez. Y la parte final de mis vacaciones se convierte, de golpe, en una semana intensa y llena de momentos interesantes, recorriendo sin cesar en coche una de las zonas vitivinícolas del mundo que más vive del cliché y de la imagen impostada pero que, oh paradoja!, más autenticidad, tradición y viñateros con auténtica vocación de terruño ofrece. La revista tenía algunas de las grandes maisons en su lista (Krug, Roederer, Lanson, Abelé, Taittinger...). Yo tenía muchos nombres con viñedos que quería pisar con sus dueños (Agrapart, Laval, Brochet, Horiot, Laherte, Léclapart, Laval, Chiquet, Coulon...). Al final, confeccionamos un atractivo cuaderno de ruta, que tenía un poco de todo.

Y cogimos el TGV de Barcelona a París. Fue algo aburrido, cierto (6 horas y media en un viejo, viejo TGV frente a a hora y media a Orly...), pero la gracia de atravesar la rica y fértil Francia en tren, de sur a norte y de este a oeste, es grande y sus paisajes, hermosos. Y para alguien que ha viajado mucho en tren desde joven, no parar en la frontera por primera vez en su vida tenía, también, algo de iniciático...Un segundo TGV nos llevó a Reims y nos plantó en un delicioso hotel con jardín, Crystal, en el puro centro. Todo predisponía a encuentros con buen espíritu, jovialidad y ganas de compartir. Y todo el viaje, con alguna mínima excepción, fue realmente así. Hay que declarar que quienes viven de y en la Champagne son gente muy sensible y preparada para el enoturismo, incluso quienes declaran que no reciben visitantes. Cuando deciden que rompen su norma, lo hacen con el corazón y ofreciendo todo. Comodidad, pues, amabilidad y ofrecimiento en una Champagne fresca, casi fría, con un agosto lluvioso que mantenía a la uva (según zonas, claro: hablar así en genérico es casi un sacrilegio...) casi en pos-envero y con una maduración sana, lenta pero segura. Parece que entre el 11 y el 15 de septiembre va a empezar la vendimia.

25 de agosto. Vincent Laval esperaba en Cumières, con su sonrisa y su vitalidad, como siempre, a flor de piel. El Champagne Georges Laval es uno de mis preferidos, lo he bebido con frecuencia, había incluso charlado una vez con Vincent (en Terre et Vins de Champagne), pero jamás había pisado la bodega ni sus viñedos. Estreno de impacto para mí, que me dejó todavía más encantado de su manera de trabajar y de entender la tierra. Estuvimos en la niña de sus ojos, el Chemin des Longues Violes, un lieu-dit, justo en el centro de la colina de su pueblo (el mejor lugar posible), con pinot noir de 1949, 1967 y 1983. Habrá que esperar unos años, pero cuando salga este "cuvée parcelaire" sonarán cohetes. El trabajo de Vincent es claro: no hay intervención, mima la tierra, es un agricultor y quiere uvas maduras. "La diferencia está en que nosotros hacemos vinos normales", dice. 3 personas trabajan para menos de 3 Ha para apenas 14 mil botellas. Es la dimensión de la Champagne que yo quiero conocer a fondo, sin más. La que yo quiero entender y explicar. Hay otras que ofrecen detalles de interés, por supuesto. Pero mi visión del mundo del vino champenoise se acerca mucho a la de Vincent Laval. Bebimos el "vin clair" de pinot noir de Cumières 2013 (en barrica) y era muy floral, con notas de yeso y de gran vigor, enérgico, violetero. "Superbe", dijo Vincent. Y bebimos el Cumières con base 2011 (90%) y un 10% de 2010 (degollado el 7 de abril), sin "dosage": vino fino, vino con fuerza, flor de manzanilla, hierbaluisa, lima-limón, burbujas delicadas. "Les vignerons doivent pas changer sa façon de faire vin à cause des guides". Ahí queda. La felicidad, según Laval: "una buena copa de champagne, con alegría, amistad, placer...y un poco de parma o de jamón!"
De Vrigny à Reims
Por la tarde, el cambio de registro fue brutal, pero muy interesante también. Nos recibe Eric Lebel, chef de cave (el máximo responsable, vamos, de todo: desde los contratos para la uva hasta el ensamblaje final de cada etiqueta de la casa) de Champagne Krug, en Reims. Aprendo, como sucede en mis otros oficios, que en la Champagne, hay quien te hace entender las cosas alrededor de una mesa, bebiendo y charlando. Y quien te las hace entender en el viñedo. Aunque yo sea de los segundos, respeto mucho todo y aprendo y escucho a M.Lebel, acompañado de Lauranne Bismuth (3 WSET). La mayor parte de la producción se dedica a hacer el vino de Champagne que describió Joseph Krug, el fundador: que un mal año o una pésima cosecha no te impidan salir al mercado. Aquí se habla de respeto absoluto por el vino de cada parcela, que se vinifica y guarda siempre por separado. Aquí se habla de "paleta del enólogo", que va a elegir entre los "vins clairs" de más de diez añadas para preservar el espíritu del Cuvée Grande Réserve, el emblema de la casa. Aunque, por supuesto y siempre en añadas que ellos consideran excepcionales en sus viñedos (segunda norma de M.Krug), hay "milesimados", impera en Roderer el "sans année, sans souci". Me interesó especialmente el 2003, una de las poquísimas añadas en que el CIVC no dio fecha ni para empezar ni para finalizar la vendimia. Añada extrema de ola de calor en Francia (en toda Europa...), que voy bebiendo siempre que puedo. Krug, con un 25% de meunier, un 29% de chardonnay y resto de pinot noir, dio en el clavo: no hay Clos d'Ambonnay de Krug en 2003 porque ese excelente pinot noir está en el milesimado 2003. Un poco de levaduras (autólisis), tiza, corteza de cítricos, puro, limpio, relagiz, "crème caramelle" en boca, seda, citronela. Un vino de complejidad, un vino de horas.

26 de agosto. La mañana pasó plácida entre visitas fácilmente olvidables. Me quedo con la elegancia, sabiduría y contundencia expresiva, con los detalles iconográficos en los que jamás había reparado, de una guía de la catedral de Reims, Lamentable: no retuve su apellido...Por la tarde, visita a otra gran maison: Champagne Louis Roederer. Sin duda, otra casa de las de acceso restringido a las que jamás se me hubiera ocurrido llamar. No me hubieran abierto la puerta... Y ahí estaba...Una de las grandes sorpresas del viaje. Ciertas cosas no las comunican pero las explican... aunque el sistema fundamental de hacer champagne sea el mismo que el de Krug y etc. (combinación de vinos de reserva para su Brut estandarte, se llame como se llame, más una base de una o dos añadas más o menos reciente), el punto de partida es muy distinto: compran mucho menos porque tienen claro que la única forma de controlar la calidad del viñedo y de la uva es siendo sus propietarios. Más, y ahí caso caigo de la silla: algo más del 25% de sus Ha están en biodinámica. Tienen clara la idea de la transmisión: una tierra sana para un champagne de calidad, personas contentas en su amor por el vino. Por supuesto, me la pueden haber pegado porque todo esto sucedía en otra casa de Reims...y su producción es la que es. Pero su fijación por relocalizar los viñedos en la parte central de las laderas; su declaración biodinámica; su selección y trabajo exclusivo con levaduras de sus viñedos y el hecho de que sean la única gran maison que hace selección masal y cultiva sus plantas (son "pépinieristes"!) me ponen ante un Roederer que desconocía...Los vinos que más me gustaron (ésta es otra: la generosidad con la que estas casas abren sus botellas...) fueron el Rosé Roederer 2008, una añada muy de guarda en la Champagne pero que a 6 años vista ofrece ya resultados espectaculares. Pinot noir de Cumières: racimos despalillados y uva guardada entera, antes de fermentación, a 4-6ºC, durante una semana. 30% de chardonnay, 5% criada en madera. Frambuesa, fresa salvaje de bosque, violetas, un vino con tanta fuerza como elegancia, ágil como la perdiz, hermoso como sus ojos. Muy gastronómico, muy todoterreno.

Punto y aparte para Cristal 2006. Casi nula experienca con él, así que ya me perdonarán los expertos si escribo sólo lo que percibí bebiéndolo. Queda claro que me da igual que sea su Cuvée Prestige y su historia y botella (que conozco). Parcelas viejas de la montaña de Reims para la pinot noir (55%) y de Aÿ para la chardonnay (resto). En biodinámica. Me pareció el vino más de "paysan", más de "vigneron" de todos los que bebí esa tarde. Raíces, vigor, carácter montaraz. Regaliz, jengibre, chocolate con menta, almendras verdes, hinojo salvaje. Un vino auténtico con un buqué complejo y muy rico. No sé si volveré a beberlo, pero este 2006 valió la pena...
Le Clos du Mesnil de Krug à Le-Mesnil-sur-Oger À suivre.

03 julio, 2014

Tarlant La Vigne d'Antan 2000


La familia Tarlant hace alguno de mis champagnes preferidos, entre ellos el Zéro Dosage y el Rosé Zéro Dosage. Pero si me tuviera que quedar con qué representa la tradición de la familia en ese territorio privilegiado de placer que es el valle del Marne, sin duda elegiría La Vigne d'Antan. El chardonnay de este vino procede de un viñedo prefiloxérico (plantado, pues, en pie franco sobre un suelo arenoso, el viñedo, en Oeully, se llama "Les sables"!) hace más de 100 años, fue vendimiado el 29 de septiembre de 2000 y fermentó en barricas de cuarto año de roble francés durante cuatro semanas, en las que permaneció hasta mayo de 2001. La toma de espuma posterior (se trata de un Extra-Brut que apenas tiene 2 gr/L de azúcar residual, imperceptibles en mi opinión) y el posterior envejecimiento del champagne en la bodega llevó a un primer degüelle manual en septiembre de 2007 y a un segundo degüelle, el de mi botella, el 1 de marzo de 2010. Desconozco si hay más degüelles. Para un champagne de tan largo envejecimiento, que no ha hecho la fermentación maloláctica (hablamos de dos, pero muchos champagnes tienen tres fermentaciones...), un largo reposo tras el degüelle es conveniente. En mi práctica, a partir de dos años puedes encontrar ya un vino en estado óptimo.

Con cuatro años largos (esta botella fue mi segundo vino el día de Sant Joan) te la puedes jugar un poco si no has controlado las condiciones de guarda. Compré la botella a un buen precio con unos buenos profesionales. Y acerté. Vaya si acerté. Es uno de los champagnes que más placer me ha dado en los últimos tiempos. Servido a una temperatura sobre los 8-10ºC y abierta la botella una hora antes de empezar a beberla (sin decantación), los primeros aromas son de manzana al horno y de mantequilla algo salada. Increíble profundidad ya en nariz. Se me antoja único incluso antes de empezar a beber. Levaduras de Paris, frescas y recién estrujadas. Fruta escarchada (naranja). Flor de camomila seca. Brioche de la Bretaña, fresco y esponjoso. Corteza de lima-limón. Perfecta combinación entre madurez, frescura y acidez. Un vino profundo, intenso, que llena todo y llega hasta el fondo de tus sensaciones. Un vino que, sin más, justificaría (si hiciera falta...) la existencia de un apellido y la tradición de una gran casa de vinos, Tarlant. Con esta generación seguimos en muy buenas manos.

16 mayo, 2014

Kreydenweiss Muscat 2010



Las cosas del azar: con el grupo de la revista Sentits habíamos conocido a Marc Kreydenweiss en Calce esa misma mañana. Les caves se rebiffent 2014 reúne, en una fantástica iniciativa, a las seis bodegas de ese pueblo mágico para el vino que es Calce con seis invitados, uno por bodega. Comparten espacio, comparten vinos, comparten pasión. El invitado de Olivier Pithon era, este año, Marc Kreydenweiss. Tanto tiempo bebiendo sus vinos y le conocimos en Calce: un tipo sencillo, humilde, joven, sensible que hace vinos y destilados en Alsacia que hacen pensar y disfrutar. Su padre trabaja en el Ródano, él se ha quedado en Andlau, su paraíso. Por la noche, antes de llegar a casa tenía cierta necesidad de burbujas...paré para comprar algo que me apeteciera en la Vinacoteca. Nunca falla... Te llevas lo que te apetece más alguna recomendación sensata de Carlos Persini. Él, no yo, me llevó hacia los blancos y cuando me hizo caer en la botella de muscat de Marc, ¡para casa se fue!

En la etiqueta no lo dice claramente pero la expresión "vin sec de charme" (que encaja a la perfección con el espíritu de este vino) se repite en la contra de la botella y en la parte de la página web que Marc dedica a su "jardín de cepas", su Clos Rebgarten. No sé si tiene que ver con que Carlos comentaba que 2010 era su última añada en este Clos...En cualquier caso, este muscat ottonel en pureza es un vino que encanta, fresco, ácido, dulce (siendo seco), apacible, meloso. Muchas cualidades que parecen casi contrarias pero que conforman el buqué de un vino muy especial. Ideal para los espárragos, con un punto de oxidación, sin duda. Amable y meloso, sí, con un recuerdo de miel de tomillo y un dejo de flor de lavanda salvaje. Espíritu festivo del mes de septiembre en el campo. Ácido y fresco en la boca, con recuerdos del prado al amanecer y destellos de caramelo de hierbaluisa. Pétalos de rosa. Moscatel mineral, también, con ráfagas de hidrocarburos de sus hermanos de terruño.

Corona de flores. Destellos de La Lune de Mark Angeli. Sorprendente. Una moscatel preciosa, tersa, vibrante, amable pero sin empalagos. Con las horas, asoman aromas de trufa blanca y de pimienta rosa. Encantador. Voló la botella y se echó mucho de menos la segunda botella...

03 febrero, 2014

Noëlla Morantin Gamay 2010 Mon Cher

Isabelle Brunet ha marchado de Monvínic para poner otros colores a su vida: para redescubrir, en una tierra que no es la suya de nacimiento, las raíces de su vida en el campo. En Corbières, en La Coopérative d'Embres&Castelmaure, y junto a Vincent Pousson, en unos meses podremos disfrutar de su sensibilidad a la hora de encontrar vinos de placer, vinos sencillos como ella, vinos para satisfacer la sed más ingenua, vinos que hablan sin tapujos de las cosas del campo. Comida natural, las cosas del cerdo (qué palabra tan impresionante en francés, "cochonnailles"... aquí decimos "guarradas" y nos quedamos tan tranquilos...) y esos vinos que ella y Vincent siempre tienen en la copa. Como esta botella que me regaló antes de cerrar por última vez la puerta.

Noëlla Morantin, Pouillé, Touraine, Loire...2010, apenas su segunda cosecha con uvas que no compra y ya ofrece un vino que es puro placer...Gamay 100%, su Mon Cher, es el homenaje al afluente del Loire que hace que sus viñas respiren en verano y tengan la humedad suficiente como para aguantar hasta la buena maduración de la uva. Un vino que yo me atrevería (ya me perdonarán los puristas...) a llamar "natural", en el sentido de que Noëlla no actúa en el campo ni en la bodega ni tan siquiera para provocar la fermentación maloláctica (que, en este 2010, y sólo me puedo apoyar en mi nariz y en mi paladar, hizo casi por completo). Racimos enteros a los fudres de Mon Cher, 12%  y una gamay que da perfiles y aromas distintos a los del Beaujolais, pero siempre con la marca de la sencillez y del placer. Zumo del granado. Corazón leñoso de la fruta. Brezo. Arbusto. Rústico y ligero. Ágil y con el corazón del bosque en sus taninos. Radicalmente fresco. Cerezas en un cesto de cáñamo: hueles la fruta recién cocida tanto como el vegetal. Con las horas: el claro del bosque. Más cerezas ácidas y un punto de raso en el paladar. Taninos suaves y redondos, aunque la nariz siga siendo de campo. Pimienta roja y más volumen con 24 horas. Madroño. El bosque silencioso cuando el verano se va. Redondo. Discreto. Sencillo. Sabio. "Voilà: un vin Isabelle".

12 enero, 2014

¿Mi condición? Escribidor de emociones

Subtítulo: A tiempo parcial.

Con el título de este post despedía hace poco nuestra primera conversación a distancia (he descubierto que el chat de feisbuc también sirve para comunicarse con la gente. De hecho, cualquier cosa sirve: bastan dos personas dispuestas a charlar para conocerse) Pilar, de A Pita Cega. Aunque mis amigos del DRAE piensen que la palabra (casi sinónima de "escritor") tiene un matiz entre irónico y peyorativo, Pilar lo escribió como elogio y, creo, con mucho cariño. Me gustó. me encantó, vamos. Ella embotella sueños e ilusiones a muy pequeñas dosis, casi como jugando (A pita cega...) y de forma por completo artesanal y yo, tras más de seis años de romperme los sesos, acabo de encontrar mi auténtica condición: soy un escribidor de emociones vínicas a tiempo parcial.



Esto último es importante. A tiempo parcial. Parte de mi "sufrimiento", de mi "romperme los sesos" pensando que no daba lo que la gente buscaba en este  cuaderno partía de la idea, falsa (teóricos del bloguerismo: al carajo todos), de que era imprescindible publicar cada tres o cuatro días. Es imprescindible si quieres mantener e incrementar tu número de lectores, pero por una sencilla razón estadística: cuantos más posts publiques, más te localizarán los navegadores y más caerá la gente en tu blog, sin saber qué haces ni quién eres ni sobre qué escribes. A tiempo parcial: uno escribe cuando puede y la gente pasa por aquí cuando quiere porque sabe que va a encontrar, de vez en cuando, algo que le distraiga. Punto. ¿Bajará el número de lectores? Sí. ¿Y? Se quedarán los mejores, los más conscientes de qué tipo de cosas hago. Vosotros. Me gusta la idea: con vosotros estoy contento y me siento bien.

Echaba cuentas de los días de vacaciones en que el escribidor de emociones ha dedicado casi todos sus ocios al mundo del vino (diversas facetas, ¿eh?): desde el solsticio de invierno, en que me devanaba los sesos ante vosotros por última vez (lo juro) haciendo metabloguismo, tuve tiempo y ganas de escribir sobre el vinazo El Reto 2011, sobre cómo y por qué nos sentamos a la mesa por Navidad, sobre otro vinazo, Mas Doix 2003 en mágnum, sobre Rasoterra, sobre un tercer vinazo, Le Mont Benoit y sobre un proyecto muy bonito, el Viver de Celleristes. En esto llegaron los Reyes con sus rebajas y la peste provocada por meses sin bañarse y a lomos de camellos (¿para qué pensáis que eran el incienso y la mirra?). Y volví al trabajo a tiempo completo...En dieciséis días había publicado seis posts que me habían dejado satisfecho. En una semana de escribidor de emociones a tiempo parcial, he acumulado un montón de sensaciones y de cosas interesantes, pero este es el único post que voy a publicar en siete días. De A Pita Cega a Las 7 Fuentes (del bueno vino y de la inspiración nacida del tiempo a tu disposición).

Así son las cosas, así es la vida del escribidor de emociones a tiempo parcial. Escribe cuando puede pero lo hace muy a gusto y sobre los temas de siempre. Casi le ronda por la cabeza, me ronda (perdón: recupero la primera persona del singular: hablarme en tercera no me va...) que este cuaderno se va a convertir en el suplemento de fin de semana de las vidas enogastronómicas de quienes pasen por aquí. Me es más fácil encontrar momentos de paz para escribir entre el sábado y el domingo. Iremos viendo. La semana ha tenido momentos muy atractivos. Después de un buen primer día de trabajo, hambriento y sediento, mis pasos me llevan al Lola Tapes, en Tarragona: es un sitio muy recomendable. Allí me quedo con sus platillos y paso de los gins. Hay tantos vinos interesantes que no conozco...Tuve la suerte de encontrar a unos queridos amigos y entre tapas de Torta del Casar sobre pan con tomate y una anchoa (delirante y exquisita combinación: os lo prometo), espardenyes y una sabrosa cazuela de sepia con albóndigas, circuló el que, para mí, es uno de los mejores vinos alsacianos: el Nature 2012 de Julien Meyer, vigneron en Nothalten. Biodinámico, cupaje de sylvaner y pinot gris, este blanco es un vino pura fruta, con gran estructura en boca, empaque y seriedad y, al mismo tiempo, fresco. Acompañó un Les Petites Fleurs 2012 de los Tricot, en Orcet, pueblo de gran tradición, donde la gamay es una de las reinas de lugar. Ligereza, flor de violeta, acidez, agua en forma de vino: peligrosamente adictivo.

El segundo momento culminante de la semana lo he vivido en Hisop. Oriol Ivern está en una gran forma y sus platos convergen, cada vez más, hacia una fórmula mágica: pureza y sinceridad de sabores siembre combinada con pequeños trampantojos que equilibran el conjunto. Una ensalada de pularda ligeramente ahumada, por ejemplo, con una vinagreta de trufa y un toque acídulo. O un escandaloso, delicioso, gran cochinillo crujiente con cardamomo negro y daditos de manzana ácida. Muy bueno. Todos los vinos de la cosecha 2011 de Orto Vins son destacables y sus tintos me parecen sobresalientes. Incluso el que podría parecer más sencillo, el Orto 2011 (el que bebimos), está en un momento grande: poca crianza, con madera de cuarto año, mucha garnacha y cariñena, es un vino fragante y que se deshace en boca. Pasa de maravilla. Completamos con uno de los cavas que nunca me fallan: el Huguet Gran Reserva Brut Nature de Can Feixes, 2007. Pillamos una botella con ocho meses de degüelle y estaba estupenda: mucha parellada y macabeo pero con un toque importante de pinot noir, que le da una vinosidad y un juego gastronómico grandes.



Semana intensa, dirán ustedes...pues lo mejor estaba por llegar, vaya. Sábado y comida sorpresa, en casa, con un amigo viñatero. Rigati rellenos de alcachofa y me lanzo al vacío: pienso sólo en el acero de las alcachofas y busco acero, aunque bien perfilado por lías. Sesenta e nove arrobas 2012 de Xurxo Alba (Bodegas Albamar) para Enoteca Filgueira-Guerra en Pontevedra, es una nueva dimensión de albariño, con un corazón casi metálico pero unos ropajes delicados y sutiles. Perfecto con las alcachofas si lo que buscas no es compensar el óxido sino realzar la parte metálica. Siguieron unas supremas de rodaballo salvaje con patata y cebolla y Tarlant Rosé Zero Dosage. No tengo palabras. Y por si todo esto fuera poco, aprovechamos la cerrada noche que caía sobre la ciudad, nubes, llovizna, calles vacías y todos viendo en televisión a unos tipos en calzón corto corriendo tras una pelota. L'Ànima del vi era la respuesta final a nuestra inquietud de descubridores de vinos emocionantes. Buen pan con tomate (del Baluard el pan...), excelente jamón de Trevélez, correctas anchoas, muy buenos quesos y embutidos y lo más importante, un ambiente convivial y de sana confraternización vínica difícil de encontrar en Barcelona. Cayó, en honor al asunto que llevábamos entre manos, un Amistad 2012 de Rafa Bernabé, un vino de rojal que fluye como las olas del mar cuando sopla el garbí. Me encanta. Y vaya, que la noche (de ayer para ser exactos) no podía cerrarse sin alguna de las sorpresas que un local canalla y bebedor como éste suele darte, en forma de nuevos amigos: llegaron, nos vimos, nos abrazamos, nos besamos, bebimos. Claro...Dos sorpresas para mí y una confirmación. Un ligero, atractivo, suave, floral Bourgogne Épineuil (al norte, tocando a Chablis) de Clos de Baccarat 2012 y un sorprendente, ligeramente musculoso, intenso, muy varietal y puro, me atrevería a decir que único por varias razones (no toca hoy desarrollar este tema), Clos Cristal, Les Murs 2011, un Saumur Champigny alucinante. La confirmación: Les Rachais 2006 de Francis Boulard. Chardonnay de una única parcela en biodinámica, ligera evolución, algo de oxidación, pureza, levaduras, limones, frescura. Un gran champagne para cerrar una semana normal. ¿Cerrar? Pero si estoy escribiendo esto en domingo por la mañana y ¡faltan la comida, la merienda y la cena!

Digo yo que tendré semanas en que un solo vino o un única comida llenen este post. Como tantas otras veces ha sucedido. Pero hoy me apetecía alargarme y escribir un post desmedido, muy dominical. Y contarles, contarles todas las cosas emocionantes que suceden cuando estamos atentos a nuestro entorno. Atentos y con ganas de atrapar y disfrutar cada momento. Y la verdad: tampoco creo que me sintiera mejor siendo escribidor a tiempo completo. Puede que la vida me permita hacerlo algún día, pero mientras tanto, voy a disfrutar al máximo de mis dobles, triples, cuádruples pequeñas vidas...Hay tantas vidas en una, que cuantas más descubramos y más las disfrutemos, mejor nos sentiremos. O así lo creo yo.

31 diciembre, 2013

Le Mont Benoit 2007 (20%) + 2008 (80%)

Este post, último de 2013 y primero de 2014, lleva un subtítulo: "Historia de dos generosidades".

En la primavera de 2012, Julien, un amigo suyo (viaja en el anonimato) y yo, tomamos un avión para pasar unos días en la Champagne. Teníamos varios objetivos reconocidos (Selosse y la recepción de exclusivos en su bodega, hotel y restaurante Les Avisés, en Avize; y Terres et Vins de Champagne: todavía no sé por qué me aceptaron...) y uno que yo desconocía, en el que Julien me embarcó. No quiero hacer un panegírico de la personalidad de Julien (La Part dels Àngels), pero forma parte de una de las dos generosidades de las que hablo hoy: siempre dispuesto a compartir todo, a explicar todo, a escuchar tus preguntas, a rellenar mis ignorancias con sus palabras medidas. Había empezado a tratar con Emmanuel Brochet pero quería conocerle mejor y pasar unas horas en su casa, en Villiers-aux-Noeuds, un poco al suroeste de Reims (primeras estribaciones norte de la Montagne).

Cuando llegamos hacía ese frío tan sano de principios de primavera en la Champagne. El pueblo, cuatro casas, estaba vacío. Junto a la iglesia, un padre jugaba con sus hijos casi en mangas de camisa. Era Emmanuel. Pasamos una tarde deliciosa con él y con su familia. El objetivo no era pisar viñedos, sino conocer cuvées, probar "vins clairs" , charlar largo y tendido, conocernos mejor y abrir las botellas que él quisiera abrir. Conocía ya sus vinos y me habían gustado mucho. Pero como suele suceder con los vinos que me enamoran, la persona me gustó mucho más. Humildad, aprendizaje constante, ofrecimiento, de nuevo enorme generosidad. Le añado sensibilidad y sentido profundo de pertenencia a un paisaje y a una cultura de vinos que está en franca minoría en su territorio. Pongamos algunos nombres: Agrapart, Laherte, Bedel, Bérèche, Doquet, Goutorbe, Demarne-Frisson, Vouette et Sorbée...pequeños productores, grandes vinos. Aunque haya quien no quiera verlo así, creo que alguno de los vinos de Emmanuel le sitúa ya entre ellos.

Yo tenía, además, un deseo que había compartido con Julien: intentar que Emmanuel viajara a Torroja del Priorat para participar en la Festa de la Verema 2012 que montaban Terroir al Límit y Trío Infernal. Lo había comentado con Dominik y a él le apetecía mucho también: sería la primera vez que un vigneron de la Champagne estaba en la fiesta. Con mucha discreción (y a la tercera botella), se lo planteé. No dijo que sí, pero el brillo en sus ojos le delató: le apetecía. No sabía yo que nunca, es decir nunca, había salido de su tierra para explicar su forma de embotellar Champagne. Y al final se decidió. Su familia no pudo acompañarle pero él tenía la gran ilusión de su vida: furgoneta, 1253 km, cuatro cajas, 24 botellas y hacia Torroja. Casi llegamos al mismo tiempo y pudimos ayudarle (con Julien y otros dos amigos con los que coincidimos) a llevar las botellas a Cal Compte, donde por la noche se hace una ya tradicional fiesta de mágnums y a la mañana siguiente, los bodegueros invitados (4 ó 5) ofrecen y explican sus vinos a todos los invitados. Todo el mundo sabe, todo el mundo, que los bodegueros invitados ofrecen sus vinos en mesas preparadas en la extraordinaria terraza de Cal Compte, al día siguiente.

Hacía frío, ese octubre de 2012 en Torroja, y decidimos (fatal error) que no era necesario llevar las botellas de Brochet a la nevera. En un rincón discreto del patio, al aire libre, pasarían (pensamos...) una fantástica noche para ser abiertas al día siguiente. Una fiesta de mágnums es lo que es y no voy a perder un segundo en describirla. Recuerdo sólo la cara de satisfacción y orgullo de Emmanuel que iba paseando entre los invitados y ofreciendo la doble botella que llevaba de su Mont Benoit. Le hacía mucha ilusión poder explicar su vino y su forma de trabajar a los profesionales que asistirían a la presentación del día siguiente.

No le dejaron. Los profesionales y los amateurs (de todo había: yo estaba, aunque me retiré a la hora de la Cenicienta y me perdí lo peor) que prolongaron la fiesta hasta que les dio la gana (nada que decir, por supuesto) no tardaron muchas horas en descubrir las cajas guardadas en ese lugar discreto del patio. Y sabiendo que Emmanuel Brochet era uno de los invitados del día siguiente (todos habían recibido un tarjetón con el nombre de las bodegas y el símbolo que se usa para la fiesta: el que ven ustedes en la imagen inferior), decidieron que con los mágnums no les bastaba y empezaron a abrir las botellas, que Emmanuel había traído de su pueblo. Por supuesto, no pertenecían a la fiesta porque no eran mágnums. Se tragaron (no creo que bebieran) 18 botellas y dejaron a Emmanuel con 5 botellas, cinco, para descorchar a la mañana siguiente.

Jamás en mi vida he pasado tanta vergüenza ajena: por la mañana temprano, me levanté para ayudar en los preparativos de la cata (Cal Compte y Terroir al Límit son amigos míos) y topé con las caras de Julien y Emmanuel. Acababan de descubrir lo que había sucedido con las botellas de Mont Benoit. No sabían qué hacer, no sabían dónde mirar. Yo no sabía qué decirles. No había consuelo posible. Pero ellos reaccionaron e hicieron lo justo, lo que su generosidad les mandaba: subir la caja que quedaba con 5, cinco, botellas a la terraza y esperar a que empezara la sesión. "The show must go always on". Emmanuel racionó tan bien como supo y pudo esas cinco botellas, pero a las 11 y algo más ya no quedaba nada. En apenas una hora había terminado su terrible primer viaje para contar su espléndido vino. Nos despedimos al cabo de un rato. Emmanuel no paraba de dar las gracias por la invitación y por la oportunidad que le habían dado. Julien y yo no quitábamos la vista del Montsant. Por primera vez no me quedé a la comida popular en la font. Lo que más me dolió: los borrachos, en su senda de destrucción, habían dejado un par de botellas abiertas y no consumidas en el camino hacia el coche. Durante mucho tiempo, meses, estuve dudando si escribiría alguna vez esta historia. Había decidido no hacerlo.

Hasta que la semana pasada entro en la tienda de Julien. Venía de beber el extraordinario Mont Benoit 2008 (20%) + 2009 (80%), etiqueta con una torre eléctrica (que Brochet nos había enseñado en boceto en su casa) y Julien me cuenta que Emmanuel había decidido sacar más tarde el cupaje que encabeza este post. Me dijo más, porque yo no daba crédito cuando vi la etiqueta. Había reconocido al instante las tijeras de vendimiar que son el icono de las tarjetas de invitación de la Festa de la Verema. Julien me dijo que Emmanuel se sentía tan agradecido, todavía, por la oportunidad que se le había dado de poder explicar su vino en Torroja, que había decidido reproducir las tijeras en ese cupaje. Yo me quedé sin palabras, la verdad. Porque les conozco y sé que no había ni ironía ni venganza en esa etiqueta. Había sinceridad, generosidad y bondad. Me llevé unas botellas  a casa. Anteayer bebí una y, aunque creo que este vino necesita más reposo en botella, lo encontré espléndido, soberbio. Y decidí que explicaba qué sentí cuando lo bebí. Decidí, además, que contaba esta larga historia de dos generosidades para que todo el mundo supiera por qué esas tijeras de vendimiar están en la etiqueta del último Mont Benoit en el mercado. Que tengan ustedes un buen 2014, lleno de salud y de cosas bonitas. Y si pueden y se les pone a mano, hagan ustedes el bien sin mirar a quien y sin esperar nada a cambio.

Mis sensaciones con Le Mont Benoit 2007 (20%) + 2008 (80%), 40% Pinot Meunier (la gran uva de Emmanuel), 35% Pinot Noir, 25% Chardonnay. 12,5%. Antes que oler, tomo un primer sorbo y noto la fuerza de este vino. Tiene una entrada en el paladar de caballo al galope. Fuerza y brío. Poder e intención. A lomos: las diosas de la acidez y la de la frescura saben dónde llevarle. Cabalgan al amanecer y recogen los aires de la ladera, la neblina, húmeda. Manzanas maduras: compromiso entre la acidez y el sabor dulzón de las lías. Pomelos: descubrimiento de una alma que es doble, cítrica y amarga. Infusión con corteza de naranja. Flor blanca en el prado de primavera. Burbuja delicada pero vino rampante, alegre y festivo. Miro mis manos y huelo los dedos manchados de tiza tras escribir en la pizarra. El poder y el vigor de este pinot meunier. Pera limonera. Energía y pasión discretas. Cultas. Sabias. Sensibles. Como es Emmanuel, así su vino.

 

17 diciembre, 2013

Bruyere-Houillon Ploussard 2012

Bruyere-Houillon Ploussard 2012 Arbois Pupillin. Ploussard de la cosecha de 2012. Viñedos en biodinámica sin certificar (ni falta que les hace) en Pupillin (Jura). Maceración semicarbónica. 30 días antes de descubar. Tienen fe en las levaduras de su viñedo: no hay otras en este vino. Embotellado sin clarificar ni filtrar. Sólo lleva los sulfitos de la fermentación alcohólica. El carbónico de esa fermentación es su única protección. No creo que le haga falta: este vino vuela en segundos una vez abierta la botella, protegida con lacre. Equilibrio entre el terruño, las condiciones de la añada, el tipo de uva y la mínima intervención del viñerón. Lo que dé la botella procederá del todo o del nada que la añada haya querido darle. Dicen Bruyere y Houillon: "el arte del vino consiste en poder transmitir 'el infinito' a quien está preparado para recibirlo". Añado un fragmento de letra de Gianna Nannini ("Contaminata"): "l'infinito vaga dentro" de botellas hechas por gente así.

Calor y fruta. Cerezas, campo, fresco del anochecer en un día de verano. Ligereza. Madroño. Prados y sus flores en primavera. Pureza. Integridad. Agua de uva. No sé si existe: sirope de granada (con sifón). Bucle en mi memoria: sirope de frambuesa con sifón. Arroz con pollo, conejo y verduras. Una buena sopa de cebolla. Invierno fuera, calor y buen ambiente en tu corazón y en tu cuerpo. Vino que tira al monte con una fuerza y una suavidad grandes. La acidez y la fruta se abren paso con las horas. Y esa ladera de monte preñado de mes de junio. Vacas. Tomme. Levadura. Mantequilla y pan. Fluidez. Más zumo de granada y el corazón de madera de la fruta: amargor y bondad. Sonrisa. Vino sencillo. Añada sin alardes. Vino bueno.

15 septiembre, 2013

Hervé Villemade, Les Ardilles 2011

Ignorantes p91 
Releo con frecuencia Los ignorantes. Relato de una iniciación cruzada de Étienne Davodeau, Ediciones La Cúpula, Barcelona, 2012. Para mí, es casi un libro de trabajo: manoseado, manchado de vino, subrayado, anotado, con pegatinas...He aprendido mucho de la manera de ver las cosas de Richard Leroy, el viticultor protagonista. También es un libro de placer: está tan bien dibujado, su guión es tan ágil e interesante, tan cómplice, sincero y con sentido del humor que, sin más, abro el libro y leo y miro. Richard Leroy tomó una decisión que algunos locos del vino quisiéramos tomar. Y no nos atrevemos a hacerlo, por lo menos yo...Vender todo, cambiar de vida, comprar unas pocas hectáreas que te permitan vivir del vino que tú quieres hacer en la tierra que te atrapó.

Una de las cosas más importantes que suceden en el libro es la amistad. Precisamente lo que nos cuenta la viñeta que reproduzco (con permiso y por gentileza de la editorial). Hacer las cosas entre amigos, compartir tus vinos con los amigos, aprender de ellos...Menard, Ganevat, Arena, Foillard. Algunos de los viticultores franceses que más me gustan (como él, tampoco voy a poner etiquetas) desfilan por esas páginas porque son amigos de Leroy. En ellas se beben sus vinos. Y cuando Julien me dijo "la última vez que estuve en Montbenault, Richard me dijo que tenía que probar los vinos de Hervé Villemade, que le gustaban mucho", supe que tenía que beber esos vinos. Julien los trajo y yo los compro. El Cour-Cheverny Les Châtaigners 2011 de Villemade (Domaine du Moulin es el nombre de la bodega que lleva con su hermana), monovarietal de Romorantin, es un vino que golpea todos tus sentidos sin compasión: es el campo, tonto, ¿lo habías olvidado? Rústico, vegetal, acidez brutal de una variedad blanca aquí desconocida.

Y de sus tintos de Cheverny rouge, fue Les Ardilles 2011 (11,5%) el que me llamó la atención. A Villemade le encanta el pinot noir. Y este vino lleva un 80% (más un 20% de gamay). Le gustan los vinos de Lapierre, Puzelat, Foillard, Gramenon y cuando yo me pongo en la boca este Les Ardilles noto cómo se completa un círculo que rodea Francia con una precisión aritmética: una manera de entender la relación entre tierra, cepas, vino y personas. Suelo de arcilla con sílice, biodinámico, maceración de 14 días, pigeage muy suave, crianza en barricas usadas y en demi-muids, sin clarificar ni filtrar. Lleva un año largo en la botella. Cuando lo sirves en la copa es como si un caballo empezara a galopar por el prado removiendo todo: flores y tierra, intensa mineralidad (miro mis manos y veo las del niño que fue, arcilla para moldear y agua, primera hora de la mañana). Después, frescor algo cítrico. Es un vino amplio, grande, generoso, que llena tu copa y tu cabeza y desborda los límites físicos. Llega el vendedor de regaliz de palo, saca sus tijeras, corta a medida. Pero cuando me doy cuenta, es regaliz roja. Horas de excursión, cansancio, sol, cantimplora vacía. Encuentras una fuente, agua fresca de manantial: es como este vino. Vegetación, brezo. Vino de campo, muy atento a la luna y a la atmósfera. No hay que dejarse llevar por primeras impresiones...Por 11€ me parece un escándalo. Por palés, vamos.

05 septiembre, 2013

Antoine Arena Cuvée Lisandra 2011

Antoine Arena Lisandra 2011
Patrimonio se encuentra en la zona más al norte de la isla de Córcega (Haut Corse), en la base de un dedo que, no pocas veces, ha acusado tanto a Francia como a Roma (cuando allí existía un imperio que quería invadir la isla, claro). Las colonizaciones han pasado sobre la isla, pero su carácter y sus maneras siguen. El paisaje, también. He podido charlar un par de veces con Antoine Aréna y he bebido sus vinos muchas más. Siempre he tenido las mismas dos sensaciones: darle la mano a él...se me antoja lo más parecido a que Córcega te estruje tu mano. Y beber sus vinos es lo más parecido a tomarte el paisaje del norte corso entero en una copa. Es de aquellas personas que hace vinos que son como él. Y sus vinos, además, son muy parecidos a la tierra de la que nacen. Da igual que sean de vermentinu, de nielluciu, de bianco gentile, da igual. Sus vinos son él. Sus vinos son paisaje, tierra y clima. Pueden gustar más o menos (Aréna es radical en su aproximación), pero a mí esa sensación, esa doble identificación con viticultor y paisaje, me apasiona, me encanta, me atrae irremediablemente y, por lo que acabo de decir, nunca me decepciona.

Cuvée Lisandra 2011. 13,5%. Monovarietal de nielluciu. Es uva muy extendida en la isla, de relativa poca coloración y que suele usarse para rosados. El tinto de Antoine abrió camino en su momento para una comprensión más compleja, radical y profunda de esta variedad de uva. Porque es roca y mineral este vino, aunque sea de capa media. Porque huele a campo y a rusticidad. Porque es fresco y es corso. Casi oigo a Polifemo gritar, aunque estemos en Córcega y no en Sicilia: "¡no os bebáis mi vino!" Bajo un castaño, en el monte, ovejas y cabras. Color divino, entre el rubí brillante y el granado filtrado por el atardecer, a poniente de la isla. Taninos cuadrados, pequeños pero jugosos. Grafito. Acidez tremenda. Vibra de energía y transmite valores esenciales, este vino. Pomelo anaranjado: más frescor, cítrico. Necesita aire, seguro, para liberar reducción. Astringente, rampante. La mora justo cuando termina su envero. Un hombre, sus hijos, las variedades de la tierra, la tierra y su condición. En una copa. Siempre fieles a lo que cada año dé. Me gusta. Mucho.
Contra Arena Lisandra 2011

02 agosto, 2013

Pol Roger, Sir Winston Churchill 2000


Mi primer encuentro serio con el trago largo, placentero, traqueal para entendernos, tuvo lugar este lunes pasado en Monvínic. Con la esperanza de que todo el galimatías médico de semanas anteriores terminara bien, Isabelle Brunet me había guardado plaza para una sesión única: con complicidades como la suya, uno va muy tranquilo por el mundo del vino... Se trataba de la primera vez (por lo menos que yo haya visto en Barcelona) que ella y su hermano, Christophe Brunet, preparaban y presentaban una cata con algunos vinos de la asociación que él representa como "wine ambassador": Primum Familiae Vini. Sesión única para mí: reencuentro con buenos amigos, con algunos enormes vinos y sentimiento de plenitud, de que mis sentidos y capacidad de complicidad para entenderlos estaban al 100%, tras una depuración total como la que había vivido. La sesión no decepcionó, al contrario, hubo momentos de gran esplendor (uno, quizá, más que otros: el que da título al post) que me han llevado a proponeros hoy algún comentario. Ellos son poderosos (Drouhin, Antinori, Mouton-Rotschild, Vega Sicilia, Torres, Tenuta San Guido, Beaucastel, Müller, Hugel, Graham, Pol Roger...), ellos no me necesitan en absoluto para comunicar sus vinos.

Pero yo sí necesito decir que en ese reencuentro hubo momentos muy afortunados. No todos los asistentes a la sesión (esa es la gracia del asunto, claro) nos pusimos de acuerdo en cuáles fueron. Y tras cada presentación, tras la comprensión y goce de cada vino, hubo comentarios y debate. Contrastres. Genial, sin duda. Qué necesidad hay de ponerse de acuerdo: todos tenemos nuestros parámetros de felicidad vínica sintonizados de manera distinta. Y entendemos y valoramos las cosas según esa sintonía. En la mía, destacaron un Château Clerc Milon 1998 (Pauillac): las muy minoritarias cabernet franc y petit verdot (apenas llegan al 17% de ese vino) estaban extraordinarias, aportando una gran frescura y una expresión aromática que me sedujeron. En boca estaba algo delgado el vino, pero en nariz...Un Bolgheri Sassicaia 2003 de Tenuta San Guido, con un primer golpe de fruta en nariz de gran impacto (mermelada de frambuesa) y una figura estilizada y fina (con 24 meses de madera...). En boca perdía algo de consistencia, pero su buqué me gustó mucho. El Château de Beaucastel, Ch-du-P, Hommage à Jacques Perrin 2001 me elevó un palmo por encima del suelo. Dicen las fichas (lo confirmó Christophe) que es un monovarietal de monastrell, pero mi nariz me decía que no, que había algo de garnacha, quizás algo de syrah y un toque de variedad blanca. En cualquier caso, es un vino de una frutosidad impresionante, elegante pero firme, sedoso pero de impacto brutal. No se me va de la cabeza.

Y sobresalió entre todos, llevándome directo al séptimo cielo, el champaña Sir Winston Churchill 2000 de Pol Roger. Lo confieso: tomé tres copas y no cayó un milímetro en las tres horas en que anduvimos juntos. Al contrario...Ramon Francàs (con quien tuve la suerte de compartir uno de los flancos de mi cata) apuntaba "es un trabajo de orfebrería, de gran precisión". Vaya...ese espíritu que Pol Roger quiso embotellar, el que dominaba a uno de sus clientes preferidos, estaba allí bien vivo: ligeramente tánico pero con una finura excepcional. Burbuja delicada pero siempre presente. Sentido del humor con gotas de malicia (acidez en boca, más que en nariz, vertiginosa). Avize, Cramant, Bouzy: mayoría de pinot noir (más de dos tercios), y chardonnay. La finura de la brioche recién horneada. La mantequilla ligeramente salada. La avellana poco tostada. Las pieles de la uva. Naturaleza de albaricoque y melocotón. La fruta y el trabajo del artesano siempre presentes. Las lías que sugieren, jamás enmascaran. La madera a lo lejos, casi en el bosque, pero también en tu copa. Gloria bendita del reencuentro con un gran vino en una añada que, ahora mismo, se muestra en plenitud.  La foto de las botellas procede del equipo de Monvínic. La de los viñedos pertenece a Pol Roger.

15 julio, 2013

Lapierre Morgon Nature 2012


Antes de que la ley seca se adueñara de mi cuerpo y dejara mi cabeza en estado de iluminación permanente (esto del té verde como bebida principal es para estudiarlo, vaya), he tenido ocasión de hacer una de las cosas que más me gusta: hacer ver que cato con educación, pero bebiendo sin dilación lo que más me gusta de lo que tengo a mano. Miro la fecha de mis notas y casi me estremezco: hace más de un mes, Julien (Part dels Àngels) convocaba a amigos y clientes, a una sesión intensiva de cata de algunas novedades destacadas. Sin más: aquella tarde, yo me tragué el Côtes du Jura Les Chassagnes 2008 de Philippe Bornard (con el recuerdo de la flor, pero con una combinación de finura y energía tremendas: el recuerdo de la mimosa, ácida pero con algo de madurez); el Morgon Vieilles Vignes 2011 de Jean-Paul Thévenet (muy serio, sin dramatismos ni florituras, cereza y flor de violeta de impresión); el Croze-Hermitage 2011  de Dard&Ribo (maduro, aceituna negra muerta, rústico, tomate maduro deshidratado, para volver y volver) y el Cour-Cheverny Les Châtaigniers 2011 de Hervé Villemade (un romorantin en pureza de una rusticidad y una acidez muy atractivas).

Y de los Lapierre, Marie y Mathieu (hijo de Marcel), tomé dos copas (2) de este Lapierre Morgon Nature 2012. Siendo la técnica la que el padre aprendió de niño (la maceración semicarbónica tradicional del Beaujolais), inspirada en los preceptos del "vin fin" de Jules Chauvet, la única diferencia entre el Nature y el Tradition de Lapierre son los sulfitos. El que me tiene el corazón robado lleva sólo los sulfitos propios de la fermentación alcohólica. Tener, una vez más, la ocasión de probarlos juntos y entender, de nuevo, que el que no lleva SO2, el Nature, me gusta mucho más, casi no tiene mérito. El Nature es un vino más profundo, más sincero, huele a fruta, huele a vino auténtico. Cerezas que crujen en tu boca, acidez muy bonita, facilidad y alegría en el trago, delicada pimienta roja, jovial y locuaz, jarabe de grosella, golosina de la niñez, brezo y zumo de granada. Es un vino de manantial que entronca con una tradición (Lapalu, Pacalet, Thévenet, Stéphane, Breton, Brun, Ducroux, Foillard) en la que todos deberíamos beber. He estado tentado de hacer una comparación con este otro vino, que tomamos con unos amigos hace poco (y que es pura emoción y energía), pero no, todavía no. Mathieu todavía no ha llegado ahí. Al tiempo...

22 enero, 2013

Cómo resucitar a un muerto

Clos de la Bergerie 1982 En su esencia, ésta es una historia tan vieja como la del vino conservado. Cuenta Petronio, en un episodio del Satiricón, que su protagonista Trimalquión hizo servir (en esa famosa cena) dos ánforas de un vino hecho por la bodega de Opimiano, de la DOC Falerno, que tenían cien años de antigüedad. Precisa en su relato que estaban muy bien selladas. "Vamos a aplaudir", pidió, "porque este vino ha vivido más que cualquier hombre." Propongo yo: vamos a aplaudir de nuevo porque a este Clos de la Bergerie 1982 de Nicolas Joly (Appellation Savennières Roche aux Moins), de La Coulée de Serrant,  todos daban por muerto.Y no lo estaba...Sencillamente, estaba durmiendo a la espera de su momento más favorable. Mi amigo J. y yo llevábamos con esa broma  hace casi dos años. "Está muerto, Joan, tiro la botella. He abierto por lo menos otras dos de este 82 y estaban ya muertos". Y yo insistía: "déjala tranquila y algún día nos encontramos, comemos bien y abrimos la botella. Con una sola condición: yo tengo que decir en qué día quedamos". Por supuesto, no me creía.

Algunos otros amigos, V. y S., gente que ha bebido más y mejor que yo y que tiene más experiencia, confirmaban lo que J. decía: este 82 estaba bien muerto. Y bien...llegó 2013 y J. me puso un ultimátum: "tiene que ser este mes de enero. Dime cuándo quedamos". Tratándose de una de las primeras añadas biodinámicas del Clos de la Bergerie yo tenía la intuición de que si queríamos que el vino despertara de su letargo, porque creía que muerto no estaba, había que buscar las mejores condiciones que el propio Joly busca para beber su vino (por favor, reticentes y descreídos, absteneos. No sigáis leyendo...): que la luna estuviera en sus primeros días de cuarto creciente, que el día estuviera dominado por la luz y que fuera un día flor. Ese día era el 15 de enero de 2013, si conseguíamos beber la botella antes de que cayera el sol. Por sorpresa, J. me llevó al Gresca, uno de mis restaurantes preferidos de Barcelona. Encontré, claro, a un aliado perfecto, Rafa Peña. No sólo está harto de comprobar el efecto del tipo de día sobre las mismas botellas de vino biodinámico. Es que su punto de frikismo (confesado por él mismo) llega a poder distinguir sabores y texturas de los alimentos que cocina en función del día en que los manipula. Cierto, una sola condición se hace imprescindible: tanto vinos como viandas tienen que haber sido producidos en las condiciones que la biodinámica propone.

J. puso, no sin cierto nerviosismo, la botella encima de la mesa, Mireia apuntó con el sacacorchos...y la cosa empezó mal. El tapón se estaba deshaciendo...Mireia conservó su sangre fría. Templó un poco la mano y, al final, consiguió que saliera entero. Ni decantación ni historias: mi amigo tiene claro que el vino se va reponiendo (o no)  en su renovado ambiente aerobio solo y en la copa. Más nervios. Mireia sirve tres copas (una para Rafa y ella, por supuesto). Nos la llevamos suavemente a la nariz (el color era extraordinario, bello, de sol de tarde en verano). Olemos. Bebemos. Nos miramos a los ojos y mi amigo asiente, algo contrito. El vino empezaba bien y ¡Lázaro había resucitado de entre los muertos! Con la sencilla fórmula de la paciencia y de la búsqueda del día adecuado, el Clos de la Bergerie 1982 (13,5%) estaba de nuevo entre nosotros, fresco, radiante, con muchas ganas de mostrar lo que todavía llevaba dentro. Porque en casi dos horas de comida (extraordinario el bacalao fresco con verduras -foto inferior-, y la crema de lima con sorbete de pimienta rosa, hinojo y manzana verde: ¡Rafa está en gran forma!) el vino fue creciendo en copa. La pureza de la chenin blanc, la miel en el panal, la cera, una acidez y un tartárico rampantes, medidos, volumen enorme, lías, nariz espléndida, a ratos casi salvaje, lavanda y flor de manzanilla secas.

Fue un gran día, por la amistad y la confianza renovadas, por la comida y la compañía confirmadas, por el vino resucitado y disfrutado.
Bacallà amb verdures del Gresca

12 enero, 2013

H. Souhaut, La Souteronne 2011

H. Souhaut La Souteronne 2011
Siempre que Julien (La Part dels Àngels) me recomienda un vino que no conozco, le hago caso. Me recuerda este hecho, por lo demás cotidiano, lo que ayer me comentaba Agustín en El Petit Celler de Barcelona (tienda en la que me siento cómodo, siempre como algo bueno y compro y bebo mejor): "ya puedo hacer recomendaciones, ya, que si no añado algún argumento del tipo 'tal crítico ha dicho esto o tal guía ha puntuado eso' no me hacen ni caso". Mal hecho. Cuando entras en una tienda especializada en vino, lo comentábamos hace poco, puedes llegar a tener alguna mala experiencia u oir cómo a alguien le recomiendan un vino con argumentos peregrinos. Cierto. Pero lo más habitual, la norma casi, es que en las tiendas de vinos especializadas trabaje gente que prueba muchas más cosas que tú y que te puede informar y aconsejar de maravilla. No voy a dar ahora nombres, pero en todas las que frecuento en Barcelona, me sucede lo mismo. Dejaos, por favor. Hervé Souhaut (Domaine Romaneux-Destezet, en Arlebosc, Ardèche) trabaja unas 5 Ha con alguna de las variedades clásicas del Ródano norte: viognier y roussanne para sus blancos, y syrah y gamay para sus tintos. Julien aconseja vivamente su Sainte Epine (un terruño frente a la colina de Hermitage, en la "rive droite", syrah de cepas centenarias) y, por supuesto, caerá pronto.

Pero el otro día me apetecía el perfil de gamay que describía para este Souteronne 2011, Vin de Pays de l'Ardèche, IGP, de 12,5%. Mi amigo es de pocas palabras: un gesto de aprobación de sus dedos me basta. La gamay procede de una vieja selección masal que ha producido, ahora, cepas de 60 a 80 años. La fruta, como es también tradicional en la zona (por lo menos desde que Jules Chauvet predicara en ella), se vinifica con raspón, larga maceración a baja temperatura, sin filtración ni SO2 (el total es inferior a los 25 mg/L) y reposo con sus lías finas. El resultado es lo que yo llamaría un vino serio. Ya desde el momento en que lo sirves muestra seriedad y buen hacer. Cuesta explicar esa sensación, pero yo la tengo. Cuando el vino cae en la copa ya te está diciendo cosas: éste se ha depositado con suavidad, con entereza, como de una pieza. Es un vino de campo, sencillo y sin florituras ni concesiones a la galería. Fresco pero sin distracciones (es lo que tiene el raspón). Ya no en nariz, pero en el paladar, el vino habla todavía de la fermentación (muy leve CO2). Tiene acidez, cerezas, aroma de violeta, aires de raspón y un punto del hollejo. Es ligero y muestra dotes de trote en el paladar. Suave pimienta roja. Un poco de brezo y clavo en posgusto. Para los que quieran conocer otra dimensión de la gamay. Muy recomendable. Creo recordar que me costó sobre los 12€.

07 enero, 2013

Demarne-Frison Lalore BdB BN NV

Demarne-Frison Lalore BN BdB Una revelación: luz y energía en estado casi puro. Es lo que cruza por mi cabeza cada vez que pienso en esta botella que no sé cuándo volverá...Parece ser que es muy escaso en España y, para seros sinceros, casi me sabe mal hablar de él. No es mi costumbre hacerlo de vinos que no son fáciles de encontrar. Pero es que este champaña es de lo más interesante, nuevo, que he bebido en los últimos tiempos. Demarne-Frison es una bodega joven, que empieza a embotellar en 2007 (apenas 4000 botellas) gracias a que Thierry Demarne toma posesión de la propiedad de su familia, en Ville-sur-Arce (Côte des Bar, extremo sureste de Champagne, Aube). Su abuela materna llegó a presidenta de la cooperativa del pueblo y toda la producción de la familia iba a ella. Pero Thierry, gracias a los consejos de su amigo Bertrand Gautherot (ahí es nada: Vouette&Sorbée, uno de mis productores preferidos de todos los tiempos), decide empezar a embotellar una pequeña parte de su producción de uva. Estamos ante apenas 6 Ha, de las que menos de 2 Ha son de chardonnay. Es tierra más de pinot noir la de esta zona. La chardonnay procede de una parcela llamada Les Cotannes, sobre suelo calcáreo Portlandiano.

Desde 2003, Demarne-Frison están certificados como ecológicos, pero trabajan ya en biodinámica, utilizan sólo las levaduras propias del viñedo y de la bodega y el vino base se hace en barricas usadas del cercano Chablis. Este Lalore BdB Brut Nature NV, de 12,5%, ha hecho la fermentación maloláctica de forma espontánea. Obviemos lo de la sonrisa y el arqueo de cejas: esta botella la abrí en un anochecer dominado por el elemento de la luz y en día flor. La disfruté de veras. Dos pensamientos con el primer sorbo: energía y pureza. También luz. Nariz caliza, sabor a hollejos, moluscos (fósiles, cocolitos), salino y ácido al mismo tiempo, sutilmente mineral (yesca y pedernal). "Hacía tiempo" (mi nota literal) "que no probaba algo tan puro y directo en Champagne". Suena al Blanc d'Argile de Vouette&Sorbée , y ahora entiendo por qué: además de amigos, ¡deben ser casi vecinos! Buenas y suaves margas, caliza a tope, flor blanca de tilo. Seco sin agresividad, manzana ácida, talco. Qué buena impresión: fuerza, frescura, potencia y  finura son sus divisas. Iluminante. Una nueva referencia que he conocido gracias a mi jefe, Fernando Angulo. Para buscarlo, de veras. Como su hermano Goustan, 50% PN, 50% Ch, que mezcla suelos Kimmeridgianos con Portlandianos. Tiene que ser la locura...