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09 julio, 2009

Y punto (con su vino)


Sentimiento, pasión, entusiasmo, un poco de reflexión, alejamiento, talento a raudales. La Bebe vuelve, me sorprende de nuevo, desborda, a ratos ilumina, excita, arranca pensamientos. Cuerpo a cielo abierto, entrañas a la luz de la luna. La Bebe es generosa, compro su disco porque me gusta escucharla a solas en el coche, pero en la red está todo. Pinchas y escuchas. Y punto. El primer baño, íntimo placer junto al mar, tu cuerpo se llena de frescor, por dentro, por fuera. Arena al amanecer. Humedad. Pies descalzos. Pureza del cielo del sur, es palmera que se recorta en el horizonte, es agua a espuertas. No hay límites. No hay cercas.

¿Y qué vino le pongo a esto? La flor de la naranja, el dulzor, el reposo, un poco de madera, la contención de la oscuridad, meses en la bodega, viento del norte. El cielo del Empordà tras la tramuntana: eso es la Flor d'Albera moscat sec 2007, de Martí Fabra (Masia Carreras, Sant Climent Sescebes, Girona). Te traspasa, te corta, te envuelven ese cielo, este vino, la Bebe, con una sonrisa, con un abrazo de oso bueno. Diáfano, fresco, pero con un punto de reflexión, de mirar hacia el interior, en la generosidad de la frontera, de la Serra d'Albera. Meses de lejanía, fuera de la luz y de los focos, le devuelven la fruta generosa, pero sólo tras el íntimo encuentro con el paladar. Reflexión. Un vino de 13,5%, con cuerpo y textura, amable pero entero al mismo tiempo. Hierbabuena. Pera y moscatel. Impulso y consistencia, agua de toronja. Poned la canción n.10 de La Bebe, Pa una isla, abrid la botella (fresca, no fría) y dejaos llevar por ese viento, por esa tierra, por esa tradición de siglos, y por esta mujer, joven como el agua del manantial, y auténtica como las raíces de l'Empordà i de Masia Carreras.

La foto de La Bebe, que me gusta especialmente para hablar de lo que veo en ella y en este vino, procede de su web oficial.


28 octubre, 2008

Iberoamérica en cata #12: vinos para el otoño


El otoño es estación de tránsito, de cierto recogimiento, de un mucho mirando hacia el exterior (la belleza de según qué parajes lo pide casi a gritos) y de un poco (¡así lo veo yo!) hacia nuestro interior. El otoño es estación de plenitud, de frutos del bosque, de paseos, de hogar reencontrado y de renovado disfrute de vinos que los calores postergaron. Los amigos que habéis acudido a esta convocatoria de IEC #12, sin haberos dicho nada entre vosotros (creo), habéis dibujado un claro perfil vínico para esta estación. "Vinos para el otoño" es el subtítulo que todos hemos firmado y que ofrece el claro contorno de un cierto tipo de vinificación, hayan sido blancos, rosados, tintos o generosos los vinos aconsejados. Por todo ello, creo que IEC#12, no habiendo sido la convocatoria más numerosa, ha sido una de las más redondas, porque todos (¡incluso desde el Caribe!) hemos escogido una pequeña pieza para construir, en las mentes de nuestros lectores, este "puzzle" emocional y sensorial, que es el otoño a través de sus vinos.

La Guarda empezaba con un Fuente Elvira 2004, un verdejo fermentado en barrica y suficientemente reposado en botella. El carácter de este vino, en sus palabras, anuncia a la perfección, qué será este otoño: "color dorado, limpio y brillante...complejidad...fruta aromática (albaricoque y lichis), mantequilla y frutos secos conviven con una, todavía, extraordinaria frescura...especiado, con recuerdos a hierbas aromáticas, a monte bajo. Notas amieladas junto a cáscara de cítricos o naranja glaseada...boca amplia, carnosa, con buenísima acidez, larga y sabrosa." No podíamos empezar mejor pero seguimos a un nivel parecido y con un vino similar: Vizcayno proponía un Organistrum 2005 de Martín Codax, un albariño también fermentado en barrica. Nos acogemos a las brisas atlánticas pero el vino muestra un carácter similar al anterior, con unos pajizos intensos y maduros, especias matizadas que le otorga la madera y algo que se irá repitiendo porque la estación, claro, lo pide y nosotros lo buscamos: "En boca, aunque esperábamos un aguijonazo de acidez, resulta mucho más redondo, embaucador, dulce con un ligero amargor final, como diciendo que quiere permanecer en el tiempo. Trago muy largo". La variedad de uva es la que es, pero la madera bien puesta le otorga un toque muy otoñal, si me permitís la expresión.

Adictos a la Lujuria suben un peldaño con su propuesta y se van a una de las cumbres de la enofilia hispana, Viña Tondonia Rosado crianza 1997. La apuesta de un rosado en este contexto era arriesgada pero ellos saben bién qué proponen: "un rosado con alma de tinto y de blanco a la vez, un vino de entretiempo y no precisamente de primavera, en primavera seria un vino fresco con poquitos meses en botella, y este viña Tondonia Rosado es un vino con historia, un vino del 1997, un vino de otoño". Es un vino único, sin duda, un rosado que es, todavía, joven a sus once años y que ofrece un paladar "potente, complejo, fruta roja, cítricos, especias, pimentón, albero, tierra seca, muchísimo equilibrio postgusto largo, mutante...". Extraordinario reflejo de cómo una gratificante juventud frutal torna en apacible inquietud otoñal. Dos vinos hispanos inician el panorama de los tintos: El Baranda nos ofrece una syrah en pureza (¡qué variedad tan de la estación!), la del Pago de Calzadilla 1999, VT de Castilla, en Huete (Cuenca). Se trata de un vino que, por su color (ligera teja), denota ya su plena entrada en madurez y que ofrece otros rasgos muy de la estación, "nariz limpia y sin defectos en la que muestra todo su potencial. Notas de cacao, torrefactos, carne y excelente bouquet. Elegante. Apuntes de hojarasca y monte bajo." Eso es pasear por el monte en otoño y oler a vino y, además, ¡qué bonita la palabra "bouquet", buqué (DRAE: "aroma de los vinos de BUENA calidad", ¡que viva la Academia!). Carlos, de Roco&Wines, completa la oferta con un atractivo Picea 650 2004, de Hacienda Ternero (Rioja burgalesa). Se trata de un vino de capa alta, con densidad y concentración de torrefactos, de taninos jugosos, de cacao y, por lo tanto, mucha presencia de madera. Me gustó sobremanera qué evocaba en Carlos esa copa: "La nariz me recordó al viñedo, me llevó a otros tiempos en los que tenía más contacto con la naturaleza, y con los minutos sumó notas cremosas e incluso algún lácteo a las comentadas anteriormente." Todos los vinos que evocan otoño en mis amigos muestran lazos sentimentales notables con la naturaleza. Y es que el otoño, sin duda, es el bosque hecho reclamo: ¡ay, si alguien hubiera sacado a pasear a Urbasa por aquí...!

Dos últimas aportaciones tintas nos acercan a dos países amigos, queridos por sus vinos y, cómo no, por sus extraordinarios parajes otoñales. Olaf, en Uno +, nos pasea por la Côte de Nuits, en Chambolle-Musigny, primero con un Pacalet 2004, de "nariz muy bonita, fruta roja fresca, muchas sensaciones florales...buena carga de especias como el clavo, la canela, nuez moscada...buena mineralidad y unos suaves tonos ahumados al fondo...buena acidez y un recorrido amplio, dejando un final bastante largo y especiado en retronasal" (¡qué grande es este Pacalet!); después con un Alain Burguet 2004, "más cerrado que el Pacalet, fruta más discreta y madura...madera mas intensa, ya que muestra bastantes notas tostadas y ahumadas." Si uno tiene paciencia, acaban asomando otras dos características muy de la estación: "interesantes notas de rosas secas y ese sotobosque otoñal...", junto con una cierta terrosidad. Borgoña es, sin duda, tierra de otoño ("Les Trois Glorieuses"), también en sus "vinos con esas notas de flores secas y de sotobosque que en ocasiones muestran...además, son vinos que suelen combinar bastante bien con una joya culinaria del otoño, ¡las setas! ". Olaf da en el clavo de nuevo: ¡los vinos de otoño tienen que combinar con esa explosión de frutos del bosque! Manuel tuvo que hacer un doble esfuerzo, y se lo agrazco públicamente: quiso superar la ley seca que, precisamente le impuso su médico durante los días de IEC #12; y, además, no le costó mucho vadear la evidente falta de estacionalidad del lugar en que ahora vive, ¡el Caribe! Manuel nos lleva a la Toscana donde sigue bien vivo el debate sobre la autenticidad del Brunello di Montalcino (parece que, ahora, el 60% se decanta por la autentuicidad), sobre los amaños en las variedades de uvas que se encuentran en sus botellas y sobre un falso debate tradición"-"modernización" (¡qué mayor modernidad que darle entidad a la uva de toda la vida, la brunello / sangiovese!). Los Col d’Orcia han sido vinos muy característicos de la sangiovese y aquí, más allá de las analíticas y las denuncias, sacan a relucir sus características fundamentales, algunas de las cuales también muy otoñales: vinos bastante cerrados a los que cuesta sacar su fruta; vinos terreos con cierta sequedad en boca; vinos de colores algo avaros y capa media; vinos que, al fin, sacan sus especias (canela, tomillo), su fruta algo esquiva y sus flores secas al final. Col d'Orcia DOCG 2003 y Riserva DOCG 2000 fueron los vinos. Ahí queda la duda, en el catador, en la empresa y en el lector, sobre si esto es sangiovese sin más o hay algún añadido de variedad internacional..."Faciamo finta di niente".

IEC #12 terminó en apoteosis. No de otra forma puede calificarse el vino con que Iñaki celebró la estación: el amontillado del Equipo Navazos que inició la ya mítica serie de La Bota de...Un vino y una botella a los que uno no se cansa de volver, un vino que es "una joya de color ambarino-caoba que te transporta a un viaje maravilloso. Llegar a casa, una copita de este vino para beber despacio, buena música de fondo…y el disfrute que te ofrece es bien satisfactorio." He aquí el espíritu de una estación, el otoño, que pide, quedamente, vinos con madera, poca o mucha qué más da, siempre que ésta se nos ofrezca con mimo, sin gritos tánicos ni dientes de serrucho, con calma y recogimiento; vinos con aromas a tierra, a flores marchitas, a hojarasca, con taninos de tacto agradable y bastante redondos, con fruta contenida y matizada. La selección de consejos de nuestros amigos así lo proclama. Yo seguiré haciéndoles caso y diré, de paso, que me encantaría que siguieran otras convocactorias estacionales: que este grupo, heterogéneo pero bien informado y mejor bebido, que es IEC, siga ofreciendo sus consejos estación tras estación. Qué gran homenaje sería ése a nuestra pasión, al vino. Casi se me olvidaba: ¿y mi vino? Mi vino ha servido para que yo haya escrito esta nota, tomando una copa a pequeños sorbos, y me haya sentido tan feliz como Bilbo Bolsón, con su panza llena y los pies bien calentitos: en el interior de su vivienda, en el corazón de la colina de los hobbits, al calor del hogar y contando historias sin fin a quien quiera escucharle.

La primera foto es de Jeny Plante. La segunda ha sido hecha por AusInLA. La tercera me ha sido proporcionada por Mas Doix. La cuarta, la colina de los hobbits dibujada por Tolkien, procede de El Anillo Unico.

29 junio, 2008

IEC#11: evocando los orígenes


Iberoamérica en cata va ya por su undécima edición: confieso que el éxito sorprende a la propia empresa. La idea ha sido acogida con cariño e ilustres amigos y compañeros en las cosas del comer y del beber han ido proponiendo ideas, catas y guiños que acabarán configurando, si no lo hacen ya, una auténtica guía de la diversidad vitivinícola en nuestro vinífero planeta. El Vizcayno, en esta última edición, propone una brillante a la vez que compleja idea: "evocando los orígenes". Se trata, ni más ni menos, que de explorar en los recovecos de nuestra memoria para sacar a la luz aquel vino, aquel momento que hizo nacer en nosotros el interés y la pasión por este tema.

Le comentaba la convocatoria el otro día a mi madre e insistía ella en que todo era "culpa" suya. Desde mi segundo año de vida, me contaba, cada celebración familiar en casa terminaba, como en tantas otras en Catalunya, con varias botellas de cava. Y mi madre, uelis nolis, siempre me daba varias cucharaditas de burbujas. Parece que al niño que era le encantaba ese líquido efervescente y cosquilleante y no tengo la menor duda de que mi actual pasión por los vinos espumosos, vengan de donde vengan, nace allí. Pero, ay, para ser sincero conmigo mismo, no tengo un recuerdo fino de esos primeros momentos. Los sé, los conozco, porque me los han contado, no porque los recuerde yo "de primera mano". Mi primer recuerdo, del que tengo, aquí sí, una fina y precisa memoria, tiene que ver con los dos personajes que véis a vuestra izquierda: San Clemente y Kinito. ¡Menuda mezcla! pensaréis la inmensa mayoría de vosotros, insultantemente jóvenes, que ni conocéis ni recordáis el "boom", el enorme éxito que supuso para la Bodega López Hermanos, el lanzamiento de Kina San Clemente, allá por los años cincuenta. La bodega remonta su historia a finales del siglo XIX y se hizo famosa (los "dos leones", los hermanos López, eran conocidos por sus aguerridas tácticas comerciales) por su Málaga Virgen.


Pero en la época más dura y desarrollista del Franquismo, aquella que a mí me tocó vivir (nací en 1960), aquella en que los niños no podían ya pasar hambre ni parecer raquíticos ni esqueléticos, a los López se les ocurrió la extraordinaria, brillante, idea de lanzar una bebida alcohólica de 13% (sic!!!), hecha a base de una mezcla NV de vinos secos y dulces de sus soleras, a la que añadieron extracto de quina. Un vino quinado, vaya, sin más secretos que una propaganda que jugó, por primera vez junto con algunos coñás, con la complicidad absoluta de la televisión. Un vino quinado, Kina San Clemente, que recogía las esencias de la quina, tan apta para combatir la inapetencia como para controlar algunas enfermedades tropicales, con un poder secante y astringente tremendo y con unos aires medicinales, de farmacia vieja, que echaban para atrás. Kina San Clemente "¡¡¡da unas ganas de comerrr!!!", rezaba el lema. Y em mi casa, en mi, en aquel tiempo, casi pequeño y accesible pueblo de Igualada, se creyeron a pies juntillas el lema, sobre todo mi abuela paterna, Roser. Y me recuerdo, en las épocas que pasaba en su casa (C/ Sant Josep 24, junto a la piscina del Casal: ya todo existe sólo en mi memoria), volviendo de jugar al mediodía, con un sol de justicia y un calor asfixiantes (clima continental puro el de mi pueblo), yendo al armario que se encontraba al principio del comedor, junto a la puerta del patio, y tomando la botella de la Kina. No era como las que comercializan ahora (me ha costado un montón encontrarla, pero el Celler de Gelida me proporcionó una por 5 euros), de un litro y más estilizadas. Eran más estilo "Far West" (Bonanza, ya me entienden los nostálgicos), casi como una petaca: cogía el vasito que estaba junto a la botella y me atizaba, ¡en ayunas!, un lingotazo de Kinasanclementedaunasganasdecomerrr...ni os explico la euforia con la que me sentaba a la mesa! Yo creo que mi curiosidad real por el vino nace aquí y mi pasión por los vinos andaluces hunde sus raíces en el hecho de que he sobrevivido a esta experiencia. Porque mira que es la Kina San Clemente... No quise escribir esta nota sin volver a hacer la prueba (recatar que dicen los expertos, tras más de 30 años de no pasar por ella): tomado bien fresco, casi frío (9-10 ºC), tiene una capa media y un color caoba bruñida algo oscura, con un deje final yodado. Huele y sabe, sobre todo, a farmacia antigua, tiene aires medicinales, suelta ciertos aromas de pasa madura pero de esas que uno rehidrata para cocinar y en boca, tiene un paso muy discreto, casi acuoso, con cierta astringencia y sequedad. Ese niño que fui, creció y creció gracias a la Kina San Clemente, o no, pero el bebedor de vinos que ahora soy se queda con su recuerdo de infancia. Con eso me basta. Sobreviví.


15 mayo, 2008

100% garnacha: IEC #10


Este comentario es un canto de amor a la garnacha, una de mis variedades de uva preferidas. Sea cual sea su clon o su variedad específica, sea la peluda, la roja o gris, la tinta o la tintorera, llámese navarro, giró, gironet, lladoner, tinto aragonés, grenache noir, cannonau, toccai rosso, vernatxa, etc., es una de las variedades más características de esta parte del globo vinícola y algunas de sus zonas más ricas en cepas y racimos de gran calidad se encuentran en Aragón, en Catalunya, en el sur de Francia, en el sur de Portugal y en Córcega y Cerdeña. De buena fertilidad y vigorosa, de porte erguido y gran amante del sol, huye de las lluvías tardías pues es, también, de maduración algo tardía. Estos días he estado probando algunos monovarietales de garnacha tinta. Empecé casi por casualidad, con un Murero 2004, vino de la Tierra del Jiloca; seguí con un obsequio de mi amigo Pedro Barrios (un Tobelos Garnacha 2005, de la DOC Rioja) y terminé ayer mismo con un sorprendente Evohé 2006, vino de la tierra del Bajo Aragón.

Por supuesto, se trataba de vinos distintos, de tierras distintas y con vinificaciones distintas, pero todos eran monovarietales de garnacha y todos tenían rasgos comunes. Y me propuse "¿por qué no redactas una nota que resuma aquello que tú ves como la esencia de la garnacha?". Y ahí va la descripción de esos elementos comunes, a través de estos tres grandes vinos. Estas garnachas ofrecían un color cárdeno, granate bermellón de capa media-alta, que a ratos se acerca a la mora madura, a ratos barrunta con su adolescencia. Elaborada en pureza y con poca o ninguna madera, aporta siempre una frutosidad importante en nariz: aromas intensos de grosella negra madura y de zarzamora en mermelada, su paladar es fresco y jovial, aunque con taninos importantes, redondos, bien armados, largos y algo secantes. En boca se disfruta mucho, pero en posgusto sigue el alarde de aromas, con pimienta roja en el árbol, recién estrujada en tu mano; con unos matices ahumados discretos que suelen acabar en café torrefacto (ese punto dulzón no le abandona) y con un recuerdo de carne al punto muy sabroso.

Estoy seguro de que podríamos seguir añadiendo descriptores a estas garnachas y me gustaría que quienes hayáis tomado monovarietales recientemente, quizás de otras zonas (aquí me he movido entre Aragón y la Rioja), hagáis vuestras aportaciones. Los tres vinos que han motivado mi nota de hoy, todo hay que decirlo, tienen precios muy distintos: el Murero 2004 ronda los 25 euros la botella; el Tobelos, está por los 15-16 euros y el Evohé 2006, no os lo perdáis, lo compré por 5,5 euros. Los dos últimos tienen una RCP impresionante y el precio del tercero, en relación con lo que probé, me dejó casi mudo.

He elegido, además, a este último vino, EVOHÉ, para que forme parte de la convocatoria de La Guarda, IEC #10. El evento no tiene un título concreto pero pretende homenajear a San Isidro Labrador en su día. Evohé es el grito del dios Baco por excelencia, el que le lleva a la lucha, el que llena sus cortejos de humor, vino y algarabía, es el grito tras la cosecha. Este vino me lo tomaría, si sigo el juego propuesto, en algún rincón de Tracia, quizás el lugar donde Horacio, lleno de "baco", vio al dios aleccionando a sátiros y nimfas (Hor., Carm., 2, 29, 1-4). Me lo tomaría con Aegle, la más hermosa de las Náyades, que Virgilio inmortalizara (¡si falta le hacía!) en su Bucólica 6, Aegle, que hizo enloquecer de pasión y amor a Sileno, hasta el punto de hacerle susurrar, para ella y para sus cómplices, uno de los más bellos cantos sobre el origen del mundo. Aegle, tras tomar EVOHÉ, me miraría con dulzura y picardía a los ojos, viejo borracho con las manos atadas por guirlandas y las sienes pintadas con jugo de moras maduras, y me diría "¿seguimos con una ánfora de aquel vino extraordinario que tanto sedujera a Trimalquión? ¡Que nos traigan un Falerno de Opimiano, de cien años!". Y desde la gruta mullida y cálida, forrada con mil pétalos de rosas, veríamos cómo las sombras cada vez se hacían mayores sobre el valle, veríamos cómo las chimeneas empezaban a humear a lo lejos y veríamos, ay, cómo las guirnaldas se desataban, solas y lentamente...

11 abril, 2008

IEC # 9: armonías



Olaf ha tenido la buena idea, en su convocatoria de IEC #9 Maridajes, de provocar la imaginación de los participantes a la búsqueda de nuevas proporciones, maridajes, armonías. De todas las posibles definiciones del concepto, yo me quedo con la palabra griega y con ésta: "3. f. Conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras." Tentado estuve de proponer una proporción que me ronda en la cabeza entre las formas de una escultura y las de un vino, pero se cruzó en mi camino una armonía inesperada y no tuve dudas. Para IEC # 9 ésta era la que me apetecía proponer. La otra, que espere su turno.

La que hoy propongo no es mérito mío y los parroquianos en Chiclana de Bodega Sanatorio (Manuel Aragón, S.L.) sabrán bien de qué les hablo. Para mí fue novedad absoluta y me llegó al corazón del paladar en pocos segundos. La propusieron, aún sin saberlo, Diego y Chano Aragón en la cata que hicimos en su bodega y es una de las habituales, junto con otras chazinas, buenas aceitunas y almendras, en su repertorio: ellos sacan, para acompañar a su fino Granero las mejores morcilla y butifarra chiclaneras (foto superior). Para quien no esté avezado al tema, hay que decir que, de siempre, Chiclana ha sido famosa por sus derivados del cerdo, por sus carnes y por sus verduras (ahí está la extraordinaria Berza de Resurección como muestra) y yo, que del cerdo bebo hasta sus andares y no había probado jamás estos embutidos, me quedé literalmente encantado.


Las mejores carnes, sus grasas, sus especias, embutidas y cocidas en tripa limpia, con o sin sangre, curadas y cortadas a rodajas sin freir, dan como resultado un embutido finísimo, delicado, en que sobresale la limpieza del sabor de la carne y la delicadeza y casi dulzor del combinado de especias que acompaña, con el comino y la sutil pimienta de aliados. Tuve la ventaja de que la variedad de vinos de crianza biológica y oxidativa de los Aragón seguía en la mesa mientras íbamos tomando el embutido. Y amigos, con el fino y el fino amontillado la cosa estaba rica, sin duda, pero cuando uní, en casi áurea proporción en mi paladar, la butifarra de Chiclana con el oloroso de la muestra del tonel (que comercializan con el nombre de Oloroso Tío Alejandro), la armonía echó casi chispas: la ligera untuosidad de este oloroso, el buen pero no excesivo grosor en boca, iban acompañados de un carácter ligeramente abocado que se complementaba a la perfección con la finura y dulzor de la butifarra. Dos dulzores que corrían casi en paralelo pero acababan cruzándose en un instante mágico en que uno, el del oloroso, potenciaba y realzaba en boca al otro, el del embutido. Dos finuras, además, la de la palomino tratada con mimo en soleras de muchos años, y la de la carne del cerdo chiclanero, que armonizaban a la perfección y se ofrecían, la una a la otra, nuevas, desconocidas (¡para mí!) y muy convenientes proporciones. ¿Chiclana pura en vías de extinción? Chiclana pura que hay que reencontrar, preservar, reconocer y potenciar.

29 febrero, 2008

IEC #8: Moscato de Ochoa 2006



Cuando Pilar y José propusieron su tema para IEC#8, Vinos con espíritu de Carnaval, estuve dudando bastante porque no acababa de imaginarme cómo podía interpretar el espíritu de su convocatoria. Hasta que mi amigo Sobrevino, una vez más, se presentó con la solución a mis problemas. Él había hablado hace cierto tiempo de este vino y recuerdo mi sorpresa y, casi, asombro ante el descubrimiento: ¿¡un moscato d'Asti en Navarra!? Pero ¿no está en el Piemonte Asti...? Pues sí, claro, pero resulta que Bodegas Ochoa venía experimentando con esta tipo de vinificación hasta el punto de que se trajeron de Italia todo el material necesario (autoclaves incluídas) para hacer un vino tipo moscato d'Asti, pero con la moscatel de grano menudo de sus viñedos, supongo que de la finca de Traibuenas.

En pocas palabras y se mire como se mire, un mosto de uva moscatel navarra se disfraza, se acarnavalea y se nos presenta como si de un moscato d'Asti se tratara, ni más ni menos que el Moscato de Ochoa 2006: como monovarietal de moscatel de grano menudo, con la burbuja inducida al "vino" (5,5%) a través de autoclave y con unos azúcares residuales que hacen al conjunto como algo realmente apetecible y que había que probar. Un candidato ideal, además, para esta etiqueta de "vinos de Carnaval". Imposible de encontrar en Barcelona, Sobrevino, de nuevo, me regaló una botella, que es la protagonista de esta nota (así como la foto, que también es suya): ¡gracias, amigo! Su color es amarillo pálido, como el de ciertas margaritas y en su presencia destaca una burbuja que es más fina que la de los moscati italianos, aunque igualmente inmóvil. Su fragancia es persistente y discreta al mismo tiempo: aromas de uva moscatel madura, de agua de rosas, de albaricoque bastante maduro y de lima-limón (sobre todo en posgusto). Su cuerpo es liviano y su paso en boca suave, con un carbónico nada agresivo. Deja un leve amargor vegetal y un dulzor muy controlado, que indican quizás que sus azúcares residuales son menos que los que suele uno encontrar por Italia (la página web de Ochoa no dice nada sobre este vino). Tras un tiempo en copa, asoman agradables aromas de levadura, con un inconfundible recuerdo, para mí, del dulce polvorón y el suave alfajor. Un vino agradable que hará las delicias de la pastelería con hojaldre, por ejemplo.

23 noviembre, 2007

MR 2005: IEC #6 + VdB #12


Cuando el amigo Elbaranda propuso, para la sexta edición de Iberoamérica en Cata, el tema de los "enólogos voladores", es decir que habláramos del vino de alguno de los enólogos que en el mundo son, que viven y vinifican en distintos territorios a la vez, dos nombres resonaron en mi cabeza. El primero de ellos, del que sé todavía poco, pero del que quiero beber más (tema de presupuestos), es el sudafricano Eben Sadie, quien tiene viñedos y bodega en Swartland y en el Priorat. Su Dits del Terra se me escapaba, ahora mismo, de presupuesto, pero como había probado recientemente su Columela, me apetecía reunir en una sola crónica a ambos vinos. Todo llegará. El segundo nombre, mi paradigma, mi prototipo de enólogo errante entre los hispanos, es el que tenéis en la foto: Telmo Rodríguez. Su Compañía de Vinos trabaja, vinifica y comercializa en varias DOs españolas, entre las cuales (¡no voy a ser exhaustivo en la lista de vinos!):

Ribera de Duero, con Gazur y Matallana; Toro, con Dehesa Gago y Pago la Jara; DOC Rioja, con Altos de Lanzaga o LZ; Rueda, con Basa o VT de Castilla y León, con Pegaso Barrancos de Pizarra. Creo que con este breve listado queda ya demostrada su condición de "errante / volador". De todas las zonas en que trabaja, la que más me interesa por tradición, por el tipo de vinos que se hacía y se hace, por la recuperación de sabores y gustos a través de la variedad moscatel de Alejandría, por su paisaje único, es la Axarquía malagueña (en la foto, Frigiliana). Viñedos inaccesibles, rampas de vértigo entre pueblos de blanco encalado, con contrastes térmicos tremendos junto con el beneficio de las brisas de un mar no lejano, la Axarquía es tierra de mi predilección y de la que he hablado ya a través de alguno de sus vinos: Ariyanas y Molino Real se cuentan entre mis blancos dulces preferidos, en la zona y en España entera.


MR es la segunda marca de Telmo Rodríguez en la zona. Un vino dulce natural que procede de los mismos viñedos que Molino Real (pizarras) y usa, exactamente, la misma técnica de vinificación. Supongo que la selección en y tras la vendimia, como pasa en tantas bodegas con dos marcas, mandará la primera selección de uva al Molino Real y la segunda, a MR. Pero esto no tiene la menor importancia. Aunque no voy a entrar ahora en el debate sobre qué segundas marcas prefiero antes que sus, en la bodega, primeras (el precio las distingue, claro; la calidad y mi predilección, no siempre), os aseguro que este MR da una talla alta, por precio (sobre los 13-14 euros) y por calidad. El mosto se obtiene en prensas de oliva verticales y la fermentación tiene lugar en depósitos de acero. Y basta. De aquí a la botella porque lo que cuenta aquí es la fruta y su máxima elocuencia. El resultado suele ser espectacular, de un gran impacto tanto en nariz como en boca. MR 2005 es un vino de 13% (DO Málaga) que hay que servir no muy frío (sobre los 10ºC) y que ofrece una visual de un color amarillo intenso, aunque con ribetes de juventud y de verde muy discreto. Sus aromas, a copa parada, son los de la uva moscatel madura, en pureza, junto con los de la fruta blanca de hueso en sazón (albaricoque, melocotón) y, tras un rato, los de esa misma fruta, pero ya en conserva, almibarada. En boca es un vino fresco, agradable, de trato sedoso y fino pero no exento de una buena acidez (si algún "pero" le pongo a este 2005, es que es de estructura algo más plana, menos rica que en añadas anteriores, sobre todo, 2003), que nunca cansa y que acaba devolviendo aromas de orejón de albaricoque y de mermelada de cítricos (lemon curd). Es un trago siempre placentero, quizás menos concentrado y complejo que su hermano mayor, pero tan recomendable como éste. Y su precio suele ser 20 euros más barato: no es mala opción.

NOTA BENE. Mario Cenci, del excelente blog Una colica d'acqua, me invitó también a participar en la convocatoria de los amigos italianos, que va ya por su 12 edición, Il vino dei Blogger (¡feliz cumpleaños!). Su tema era "Vinos pasificados de meditación" y en mi recuerdo, ya desde las primeras botellas que tomé de Molino Real y de MR (¡y otros de la zona!), el sentimiento fue de emoción, de placer, de estar ante un gran vino "de conversación" y, vaya, de gran alegría por la recuperación de un patrimonio vitivinícola de enorme valor. Así que vaya también este artículo como VdB #12. Y gracias por la invitación, Mario.

05 septiembre, 2007

Macià Batle blanc de blancs 2006 en Casa Manolo


La Bodega Barahona (más conocida por Casa Manolo) es, ya, uno de los restaurantes emblemáticos de Mallorca. Ubicado en la plaça de Sant Bartomeu (entre el callejón que véis al fondo y la iglesia dedicada al santo, patrón del pueblo , a la izquierda), n.2 de Ses Salines (telf. 971649130), brilla como luciérnaga en las noches de verano. La alegría de las mesas en plena calle, junto a la carretera, el bullicio, el buen hacer de la cocina y la bonhomía de Manolo (¡es falso que se haya retirado y pasado los trastos a sus hijos!), ofrecen una fórmula que sería, casi, imbatible, si no fuera por la factura final. Ya sé que se trata, en muchas ocasiones, del precio del pescado en el mercado (que el cliente compra a peso sin haber visto la pieza: mi único "pero" al modus operandi de Manolo), pero que cuatro personas salgamos a 200 euros, habiendo entre los platos una ensalada, unos calamares a la romana y un vino de 16 euros, me parece excesivo. Ahí recomendaría yo algo de moderación pues no todos los clientes de Manolo somos altos ejecutivos de Fecsa.

Apuntado algo que, en esta ocasión, me parecía necesario, el resto de la cena fue tan extraordinaria como siempre: se sirven los calamares de potera más alucinantes que yo haya probado jamás y el pargo a la sal que tomamos (ahí estuvo el problema: su peso a 58 euros / kg -sic!- hubiera dado para un segundo de 4 personas y nos lo sirvió para 2), era de una textura, una firmeza de carnes fuera de lo común. Manolo compra el mejor pescado de la isla y antes que cura fue monaguillo! El postre, para mí, estrella de la casa es el que sirve la pastelería de Ses Salines, Xesquet (C/ Sitjar, n.6, telf. 971649748) y se trata de "la bomba": una extraordinaria, sabrosísima y contuntende ensaimada de crema quemada.

Elegí para acompañar al calamar y al pargo uno de los blancos mallorquines más logrados del 2006: el Blanc de Blancs de Macià Batle. Se trata de una de las bodegas emblemáticas de la isla (con más de cien años de antigüedad), de la DO Binissalem-Mallorca, con sede y viñas en los alrededores de Santa María del Camí. Su Blanc de Blancs no me había llamado especialmente la atención en añadas anteriores. pero este ensamblaje de 2006 está especialmente logrado: a partes iguales chardonnay y prensal blanc ("moll"), y con vendimias y vinificación (sin secreto alguno) de variedades por separado y en su momento adecuado, es un vino que presenta un color amarillo brillante, oro intenso aunque con reflejos verdosos. Manzana ácida en nariz, acompañada también de aromas de uva moscatel y de pera madura. En boca es un vino pleno, sabroso, casi poderoso, redondo. Ofrece un mínimo apunte vegetal al final, muy agradable. Se trata de uno de los mejores blancos del 2006 que he probado en Mallorca (a la espera quedan algunas botellas que guardo ya en Barcelona) y se puede encontrar en tienda sobre los 11 euros (en Casa Manolo a 16,90 euros).

NOTA BENE: por "culpa" de las vacaciones y de no haber podido tener acceso a la red durante los días de vendimia, se me pasó, literalmente, la convocatoria #4 de Iberoamérica en cata, que se inició en este blog. La iniciativa ha sido, en esta edición, del blog de Carlos (Roco&Wines), quien propuso comentarios sobre vinos que ensamblaran variedades autóctonas con variedades foráneas. Este Macià Batle blanc de blancs 2006 responde bien a ese criterio (prensal y chardonnay) y Carlos ha aceptado acogerlo en su resumen de IEC#4, a pesar de haber sido publicado unos días antes de la fecha propuesta. ¡Muchas gracias, Carlos!

03 agosto, 2007

Albino Armani "Colle Ara" ramato 2005

La variedad de uva conocida como "pinot gris" es la más popular de los clones "blancos" de la "pinot noir". Pongo entre comillas lo de variedad blanca, pues aunque casi siempre se vinifica como blanco seco, la piel de la uva no es clara, sino que suele ir de un gris claro (de ahí su nombre francés) a un azul/violeta bastante cárdeno e intenso. Es una uva que procede de Francia (en Alsacia se la conoce como "tokay d'Alsace": nada que ver con la variedad húngara; en Borgoña, como "pinot beurot") y que se implanta en Alemania ("Ruländer") y en América (en California, en Oregón, en Argentina, donde la conocemos como "pinot gris"). De todas formas, creo que el país donde encuentra sus cotas más altas y, al mismo tiempo, más bajas de calidad y de popularidad, es en Italia, donde se la denomina "pinot grigio": encontramos aquí vinos con burbuja pero muy insípidos y, al mismo tiempo (casi siempre en el cuadrante noroccidental de la península), vinos muy complejos, de gran desarrollo y calidad.


Éste es, sin duda, el caso del pinot grigio de la bodega de Albino Armani, en la DOC Valdadige Terra dei Forti. En su añada 2005, es el vino que he elegido para la jornada sobre el terruño que ha convocado M. Camblor el 3 de agosto. Me parece, este vino, un gran ejemplo de dos cosas: la primera es el profundo respeto de Armani por un vino que ni es comercial (tiene un color que no es sencillo de entender) ni de trago fácil, pero que él hace con profundo respeto hacia la tradición valligiana en la vinificación de esta variedad. La segunda es que es un vino único, producto monovarietal de los viñedos a los pies de la colina Ara, en los primeros contrafuertes del parque nacional de la Lessinia, en la Terra dei Forti, sobre viejas terrazas calcáreas y en parras en espaldera de doble guyot. Lo he elegido precisamente porque, tras probarlo, tuve la certeza de que jamás había probado un pinot grigio como éste y me dije "¿tendrá esto algo que ver con el terruño de origen?" Puesto que me contesté que "sí", he aquí el comentario en Iberoamérica en cata #3. Su vendimia es manual, la mesa de selección muy "dura" y el mosto macera en frío (en prefermentación) con los hollejos durante tres días.

Por supuesto, aquí radica uno de los "secretos" del vino: esta maceración con unos hollejos de compleja definición cromática, le confieren un color especialísimo, que los italianos llaman "ramato", de "cobre". Es un color a medio camino entre el hilo de cobre, limpio, brillante, muy puro y la piel de la cebolla de Figueras. Las maceraciones de Sergi Colet con la pinot noir para su "Assemblage" (casi un "blanc en noirs") producen una coloración parecida, pero menos intensa. Tras la separación, por gravedad, del mosto y los hollejos, el vino fermenta en depósitos de acero inoxidable y reposa y se afina en ellos, con sus levaduras y a temperatura controlada. Realiza una parcial maloláctica y pasa a las botellas, que son especiales en el sentido de que pesan 1 kg. Para disfrutar plenamente de este vino, conviene servirlo sobre los 14ºC, sin decantación.

A copa parada, te asalta la mineralidad pura de la piedra calcárea, que dibuja una buena harmonía con frutas de hueso (albaricoque) y con frutos salvajes (un recuerdo a los arbustos de granados rebentados por el calor, pasado agosto). Es un vino complejo, que evoluciona en copa a lo largo de , por lo menos una hora. Siguen aromas de fresas salvajes en el bosque: cuando sube algo la temperatura del vino, me recordó las matas de estas fresas en el Parque Nacional de Ordesa. Cuando te las topabas y las revolvías, olían al "Colle Ara". Se trata de una combinación difícil de definir, a medio camino entre el dulzor de la fruta roja de bosque madurada en la planta y el aroma de sus hojas, en un sotobosque de altas montañas húmedas. Su mineralidad, en posgusto, acaba expresándose a través del olor del pedernal para hacer fuego, con que jugábamos de pequeños. En boca es un vino "blanco" con cuerpo y estructura, con taninos presentes y suaves, muy delicados, que seducen por su expresión suave y sin estridencias. Tales características, su tierra de origen, su vinificación, su color, sus aromas, lo hacen bien distinto de los pinot grigios italianos, europeos y americanos que yo había probado hasta ahora. Por ello creo que, poco o mucho, todo ello es debido, por una parte, al trabajo del enólogo, a la selección de clones y al trabajo en viña y en bodega; pero por la otra, es debido también, a las características del Colle Ara, a sus suelos y a la inclinación de las vides que recogen, sabiamente, el sol del atardecer. Este vino acompañó de forma sublime unos sabrosos pageles (brecas; "pagell" en catalán) del Maresme, recién pescados, hechos al horno con sal, laurel, aceite, un chorretón de limón y ajos machacados.


La excelente foto de la copa de vino y su reflejo es de Alberto, de la Enoteca d'Italia, que distribuye este vino para España.

Nota bene: con permiso de Manuel Camblor, este comentario sale con fecha 3 de agosto pero ha sido publicado antes. No quería faltar a la cita de IEC #3, que lancé en su día desde este blog y desde ya pido disculpas porque, si hay comentarios a este excelente vino de Armani, no sé ni cuando podré contestarlos, andando como andaré en las tinieblas del espacio exterior informático, es decir, en el sur de Mallorca.

22 junio, 2007

Rebholz Riesling "Im Sonnenschein" 2002



La prolongación hacia el sur de la Rheinessen (hasta la frontera con Francia), en Alemania, la ocupa la Weinstrasse. Se trata de una franja de unos 80 km de longitud, que corre paralela al Rin y cuyos viñedos discurren algo alejados del curso del río (unos pocos km). Es la tierra alemana donde los melocotones y los higos maduran casi como en el sur, es la tierra donde (ya dentro del Palatinado), las tierras calcáreas, con basalto, Löss y arcillas rojas, abrigan también zonas de pedruscos, gravas y arenas. Es la tierra donde se asienta Siebeldingen (en la zona de Landau), un pueblo de no más de 1000 habitantes que goza (última de sus características importantes) de más de 1800 horas de sol anuales.

Esta tierra, que vive por y para el vino (está en el corazón de la südliche Weinstrasse) y donde una de las variedades reinas (la Diva) es la riesling (aunque en el caso que nos ocupa "sólo" un 35% de sus 14 Ha sea de ella), reconoce a sus cultivadores hasta por el apellido: Rebholz, "madera de vid" es el nombre de esta bodega fundada en Siebeldingen por Eduard Rebholz (abuelo de su actual propietario, en la foto: Hansjörg con su esposa Birgit), revolucionario "avant la lettre", defensor de los bajos rendimientos por hectárea y de las vinificaciones en seco, en un momento en que eso no se llevaba todavía. A tal punto llegó su éxito y reconocimiento que se le otorgó el título que ahora, con orgullo, ostenta la bodega, "Ökonomierat", "Consejero Agrícola" del Ministro de Agricultura de su Land. Hoy la bodega sigue su estela y el 90% de su producción es, también, en seco, aunque Hansjörg haya ampliado el abanico de la casa, con variedades borgoñonas (entre las que destaca la pinot noir).

El pago "Im Sonnenschein" de Rebholz es uno de los privilegiados para la riesling (junto con "Kastanienbusch"), pues goza de un clima y unos suelos muy favorables a la uva reina; y es el único "siebeldinger" puro de la casa. El mosto macera con los hollejos durante un día y fermenta, a temperatura controlada, en grandes tinos de acero, con absoluta preponderancia para las levaduras autóctonas. El resultado es, en mi muy humilde opinión (me faltan muchos, muchos años para considerarme conocedor de los rieslings), uno de los mejores rieslings secos que he probado, un "spätlese trocken", que conviene tomar a unos 10 ºC y decantar, por lo menos, dos horas antes del servicio. Posee 12,5% de alcohol.

Lo tomé junto con muy buenos entendidos en la materia y todos coincidieron en la bondad del vino: presenta un tono dorado discreto y un deambular elegante en copa. Sus primeros aromas, a copa parada, son los de la profundidad mineral del combustible fósil, los propios de la riesling, que los entendidos definen desde el petroleado salvaje, pasando por el queroseno de los aviones y terminando por el refinado combustible del zippo. En una escala de intensidades, la mineralidad profunda de este vino hay que definirla como de gran elegancia, discreta y matizada, con suaves parafinas que dejan paso, con cierta lentitud, a notas de fruta con hueso (melocotón) y a cítricos (corteza de naranja). Su punto álgido, para mí, viene en boca, donde muestra un nervio increíble, una vivacidad y una sequedad intensas, una mineralidad caliza propias tan sólo de una bodega que domina con gran maestría el concepto de "trocken" con una riesling vendimiada tardíamente.

Su paso por boca es de los más elegantes que he probado yo en este tipo de vinos, casi sedoso, y su posgusto es largo, agradable, sin rastros ya de las bolsas de combustible fósil de la zona de Siebeldingen y dominado tan sólo por el corazón verde de este vino, que se muestra vivo y con una acidez tan apabullante que, creo, va a aguantar por lo menos otros diez años en botella. Éstas, por cierto, se pueden comprar (añada 2002) por encima de los 30 euros, que es precio muy notable para un blanco algo alejado de los gustos y sensibilidades de un bebedor tipo meridional. Ahora bien, quien quiera abrirse a este mundo del riesling, tiene aquí una oportunidad de oro. Por supuesto, puede acceder, también, a comprar botellas de añadas más recientes (2005 fue la última que probamos algunos colegas, tanto de "Im Sonnenschein" como de "Kastanienbusch", y estaba, especialmente esta última, muy interesante y ambas para guardar también largos años), que le darán grandes satisfacciones en un futuro no muy lejano (3/4 años), y a precios mucho más asequibles.

Este comentario forma parte de la convocatoria IBEROAMÉRICA EN CATA: EL DÍA DEL BLOG #2, cuyas características ha descrito y convocado Sobrevino y cuyos resultados podrán seguirse en su blog. Soy consciente de que el vino comentado escapa a uno de los parámetros propuestos por el moderador, pero tenía muchas ganas de hablar de Rebholz y no tenía nada más "discreto" a mano. Las últimas añadas se acercan al precio de referencia propuesto por Sobrevino.

03 junio, 2007

Iberoamérica en Cata #1: el resumen


El mundo conocido que se comunica en castellano, con una valiosa aportación de los amigos de Catavino (que trabajan en España pero escriben en inglés), se ha reunido el pasado 1 de junio y ha celebrado su primera cata virtual. La idea que propuse para esta primera sesión (podía haber sido cualquier otra y estoy seguro de que el siguiente compañero que convoque la #2 buscará una propuesta bien distinta) era sencilla: vinos tintos monovarietales, por debajo o hasta los 15 euros y que procedieran de variedades de uva características de la zona donde viviera el catador.

Creo que todos hemos disfrutado, tanto de la puesta en escena de la cata (lo ideal, claro está, es que juntos hubiéramos catado y comentado las propuestas de cada cual), como del proceso de selección que cada uno de nosotros ha seguido: se sucedían los mensajes de "creo que intentaré esto...", o "me gustaría hablar de aquello..." Y lo más interesante, en mi opinión, es que tenemos ahora, a disposición de todo el mundo lector de nuestros blogs, una bonita serie de ideas de monovarietales tintos (con alguna incursión, en forma de ensamblaje o, incluso, de vino blanco: ya se sabe, los antiguos agricultores iban poniendo, entre las variedades tintas, algunas parras de moscatel para que, en el calor del verano, los vendimiadores pudieran refrescarse un poquito con ella) a precios de interés, para que podamos ir localizándolos y probándolos con estas notas de cata como guía.

Desde Nueva York, Manuel Camblor tenía dos opciones principales (creo): o apostar por algo de uno de sus terruños de preferencia (la Rioja), o lanzarse a descubrir algo característico de su tierra actual de adopción, ¡Nueva York! Y para mi regocijo y tras árdua búsqueda, nos ofrece un cabernet franc,
Schneider Vineyards, “Le Breton” Cabernet Franc, North Fork of Long Island, New York 2004, un vino al gusto y estilo "nuevo mundo", de capa media, juguetón, agradable y sin grandes complejidades ni maderas, con recuerdos entre el pinot de California y el malbec del cono sur.

Gilberto Pagua, en la Casa de Antociano (desde Venezuela), constata la inexistencia de variedades de uva características de su zona, pero sigue con sus ganas enormes de participar (¡que se agradecen mucho! y nos habla de un Viña Altagracia 2005, de Bodegas Pomar, un ensamblaje de tempranillo, syrah y petit verdot, un vino de la Sierra de Baragua, de intenso color rubí, cierta volatilidad pero agradables sabores a frutillas rojas.

Carlos de Piérola escribe desde sus Barricas una bella historia para explicarnos por qué en el Perú, a pesar de la larga tradición vitivinícola, no hay variedades características y, después, el largo viaje familiar que hizo (por la Panamérica Sur, más de tres horas), para conocer dónde se hacía el vino elegido. Se trata de un Picasso Tempranillo Crianza 2005 de Bodegas Vista Alegre, un vino que, aunque quizás no haya entusiasmado a Carlos (aporta notas excesivas de madera a copa parada), sobresale por una buena fruta madura, en forma de cerezas.

Del Perú vamos a Chile, donde en Survino, Palet nos habla de un soberbio "tintóleo" (la forma como los chilenos denominan a sus vinos tintos, una de las reales señas de identidad del país) de carmenère ("tesoro enterrado en los viñedos de Chile", le denomina Palet), variedad mimada en el país andino, de la que nos habla a través de un buen Carmenère Gran Tarapacá Reserva 2004 (de 3,7 euros!!!), vino con buenas frutas rojas maduras, equilibrados tostados y una suave nota especiada (pimienta).

Simbolizo el paso de un continente a otro con los amigos de Catavino (norteamericanos ahora asentados en el Vallès, cerca de Barcelona), de la mano de Gabriella Opaz, quien ha elegido una bodega de la DO Penedès y su Eos 2005 de Loxarel. Se trata de un monovarietal de syrah, del que Gabriella destaca su color de capa alta, de tinta china casi, y sus aromas de frutas del bosque maduras y de cacao.

Ya en la Península, La Guarda de Navarra nos obsequia con la descripción de un monovarietal de graciano, una de las variedades reinas de la DOC Rioja pero que no gozaba en demasía de los favores de la soledad. Se trata del Por ti 2004 Graciano de Bodegas Martínez Laorden, un vino muy interesante, que precisa de buena oxigenación para expresarse con libertad: aromas de endrinas, betunes, incienso, junto a frutas maduras, madera de cedro, aromas balsámicos, arrojan un panorama francamente excitante.

Carlos, de Roco&Wines;, sigue una línea similar a la de La Guarda y desde su Galicia natal, nos ofrece otra muestra de amor al terruño. De la DO Ribeira Sacra (en los viñedos más escarpados de la comarca) nos llega un monovarietal de la otrora denostada e infravalorada mencía, un Viña Regueiral 2006. Se trata de un vino joven, con el color de la cereza roja, intenso, una capa media y unos aromas en que se notan todavía los hollejos, pero donde ya dominan los toffees, las especias y las frutas rojas.

El acierto sigue presidiendo la elección en la zona norte, ahora de la mano de Sobrevino, quien escoge un monovarietal de garnacha, uva que, a no dudarlo, es de las que más prestigio y calidad da a la comunidad foral de Navarra. El monovarietal escogido es el Artazuri Tinto 2005, el vino básico de la bodega, sin madera alguna, con evidentes notas de juventud todavía en su color (rojo cereza brillante), muy frutal (frutas rojas), aromas de flor, carnes a la brasa y fondo mentolado. Nota: Sobrevino brinda, además, con música de Los Beatles que, a pesar de sus años, ¡se muestra tan joven como su vino escogido!

El club enópata de Adictos a la Lujuria nos desplaza hacia el sur, pues han elegido para esta cata un Veleta Tempranillo 2004 del Dominio Buenavista, un Vino de la Tierra Alpujarra / Contraviesa. Se trata de un vino que ha gustado mucho al catador, un vino intenso como la tierra donde ha nacido (de clones, por cierto, de Barranco Oscuro), mineral, con aromas de fruta roja madura, monte bajo, pimienta y posgusto a regaliz. Se trata de un bonito ejemplo de buen vino tinto andaluz.

Y ya que en el sur estamos, sigo con las notas del Club de Vinos AkatÁ. Los amigos de este reconocido club proponen un auténtico órdago: cinco notas de cata de cinco vinos representantes de los V.S.P.A (Vinos Singulares de Pagos Andaluces), entre las que se encuentra el Blancas Nobles 2005 de Barranco Oscuro (un muy recomendable ensamblaje del maestro Valenzuela, de siete, 7, variedades blancas) o el Ira Dei 2005 de Ramón Saavedra Saavedra (Vino de la Tierra Norte de Granada, con viñedos a más de 1000 metros), otro complejo ensamblaje, donde dominan la merlot y la cabernet sauvignon, con aromas de cereza, toques de mermelada, ricos tostados y un largo final de cacaos y chocolate negro con ligeros toques de regaliz.

Encantadísimo, y sigo en el sur aunque él viva en el norte, "protesta" amablemente (por las normas que propuse en su momento), pero lo hace de forma creativa y apuesta. Su comentario aporta más luz a un vino que merece honores: el monovarietal, pedro ximénez de añada, Casa del Inca 2005, un vino que ha entusiasmado al catador, denso y dulce pero, al mismo tiempo, fresco, "deliciosa y delicada golosina que vuela literalmente de la copa pidiendo a gritos volver a repostar".

Y ya termino este gratísimo y singular recorrido, otra vez en el norte, cerca de casa, donde mi amigo y comilitón Calamar (gran animador del blog de ETB), nos deleita con una descripción del monovarietal de samsó Castillo de Perelada "La Garriga" Samsó 2004. Esta variedad, denominación catalana de la cariñena o mazuelo, precisa también de una buena decantación para que muestre su corazón de fruta (melocotón, grosellas, naranja sanguina...) suavemente arropado por una delicada madera (cacao, tabaco, vainilla) y notas meridionales de lavanda y romero. Un gran colofón para una variedad que apenas goza de los beneficios de la expresión en solitario.


He contravenido, en esta ocasión, mis habituales "normas de redacción", en que intento combinar de forma equilibrada imágenes y texto. Hoy tocaba mucho texto, pues las notas de cata de todos los amigos que han participado merecían esta atención. De este texto, no quiero sacar muchas conclusiones, pues la riqueza y variedad de lo aportado no permite demasiadas notas comunes. Quiero constatar, conb todo, que el continente, la tierra, la altitud, marcan enormes diferencias en una misma variedad de uva vinificada de forma parecida. Y quiero resaltar, a través de las aportaciones sobre la carmenère, la graciano, la mencía, la samsó y la mataró (monastrell: la mía), que el estudio y los progresos de enólogos y viticultores da sus frutos, y uvas que antes difícilmente podían ser encontradas fuera de ensamblages muy corales, pueden ser degustadas, ahora, casi en soledad. A mí, que tengo especial predilección por los monovarietales (más que nada, por acabar conociendo a qué sabe una uva única) , eso me hace estar de enhorabuena.

He estado leyendo y trabajando unas cuantas horas para hacer este resumen. Espero no haberme dejado a nadie: si es así, vayan por delante mis disculpas y hacédmelo saber enseguida, para que enmiende o corrija lo que sea menester.





Muchas gracias a todos por vuestro entusiasmo y participación. Brindo porque la convocatoria tenga la continuidad que la enoblogosfera se merece. Por cierto: la persona encargada de convocar Iberoamérica en Cata #2, cómo, cuándo y con las normas que crea más oportunas, es
Sobrevino. ¡Ánimo y suerte, amigo!

Post Scriptum: si Polakia hubiera tenido tiempo, su propuesta hubiera sido el Cabernet Sauvignon Reserva de Jean Leon, "verdadero revolucionario del Penedés, zona más cercana, con permiso de Alella, a nuestra ciudad, Barcelona". Una sabia elección, sin duda, porque tendemos a pensar que la CS siempre ha estado con nosotros. ¡Y no es así!
Post Scriptum II: por problemas informáticos a los que todos estamos expuestos, El Baranda, que tenía previsto participaren IEC#1, no pudo publbicar sus notas hasta el 2 de junio, pero yo no me enterado hasta que me lo ha hecho notar. Dísculpame: y quede constancia tanto del enlace, como de la bondad de este sorprendente vino rosado monovarietal de rufete (variedad propia de la Sierra de Salamanca y, más en concreto, de San Esteban de la Sierra), Tiriñuelo 2006, con un brillante color, una acidez muy viva, un carbónico juguetón en boca y aromas de fresas maduras, de regaliz roja (de la de chuches, vaya) y de frutas tropicales. ¡Quiero probar eso! (¡muchas gracias por tu aportación, Baranda!)

06 mayo, 2007

Iberoamérica en cata: el día del blog




Según la enciclopedia más popular de la red, Iberoamérica es el "término que designa a las naciones ibéricas (Portugal, Andorra, España) y a las naciones americanas que se independizaron de su dominación colonial española y portuguesa y, por extensión, a la comunidad de los nacidos o naturalizados en esas naciones". Sus lenguas de comunicación son el castellano, el catalán, el gallego, el euskera y el portugués.

Siguiendo los ejemplos que se detallaron en este blog el pasado 3 de mayo de 2007, de las comunidades de hablas italiana, francesa, portuguesa e inglesa, y teniendo en cuenta que las opiniones de quienes reaccionaron ese día fueron, todas ellas, favorables a este tipo de iniciativa, es un placer para mí convocar a cuantos se quieran adherir, al acto fundacional de lo que podríamos llamar

IBEROAMÉRICA EN CATA: EL DÍA DEL BLOG #1



1. Cualquier persona que escriba y publique sobre vinos (aunque no sea monográficamente) en la blogosfera en castellano, catalán, gallego, euskera o portugués, desde cualquier país de Iberoamérica o en cualquier otra parte del mundo, es cordialmente invitado a participar.
2. Como nos ha sucedido a algunos, cualquier adherido a las convocatorias ya existentes portuguesa, francesa, italiana e inglesa es también cordialmente invitado a participar.
3. Empiezo convocando yo, sí, pero en cuanto termine esta edición #1, pasaré públicamente el testigo a otro compañero /-a, quien propondrá las normas y condiciones que le parezcan oportunas para una edición #2.
4. La fecha de publicación, todos en su blog respectivo, será de las 0 a las 24 horas, horario de Barcelona (para calcular diferencias: Global Time Calculator) del viernes, 1 de junio de 2007.
5. Todos los participantes son cordialmente invitados a indicarme el enlace con su publicación, para que así, al cabo de unos días, pueda intentar yo hacer un resumen de lo publicado.
6. El precio de la botella que sea catada y comentada no tiene que superar los 15 euros (para conversiones de moneda, pinchad aquí).
7. Mi idea es hacer, gracias a los comentarios de quienes intervengan, un "puzzle" de características de variedades de uvas tintas en el mundo, en un abanico de precios razonable. Así pues, la única condición que propongo para el tipo de vino a catar es que sea un monovarietal de uva tinta muy característica (no digo autóctona) del lugar donde viva y escriba el "blogger". Por poner unos ejemplos: yo vivo en Catalunya y podría, quizás, hablar de una garnacha del Priorato; o un amigo de la Rioja podría hablar de un tempranillo; o un amigo de León podría hablar de una mencía; o un amigo de Argentina podría hablar de una bonarda; o un amigo de Chile podría hablar de un carmenère; o de cualquier variedad que, aunque importada, se haya convertido en muy importante en la zona: un amigo de California, podría hablar de una pinot noir; un amigo de Australia, de un cabernet sauvignon, etc.

Espero que esta iniciativa os apetezca y llegue a conseguir, con el paso de las ediciones, un eco importante para esta corriente de información y opinión para las cosas del vino que es la enoblogosfera. Y si no lo conseguimos, por lo menos, ¡que nos lo pasemos bien en el camino!