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12 octubre, 2009

Alícia Rojas: vida y vinos en la Rioja

Alicia Rojas: una bodeguera en La Rioja from manuel gago on Vimeo.

Mi amigo Manuel Gago, en su imprecincible blog Capítulo 0, acaba de editar la parte más jugosa y narrativamente compacta de la conversación que tuvimos con Alicia Rojas, en la parte más alta de su finca. Merece mucho la pena escuchar la narración: ponedle de atrezzo una mañana fresca en la Rioja casi otoñal; una cabaña con el fuego del hogar crepitando; una finca única en que los viñedos conviven con bosques, rebaños y zonas húmedas; una agrable compañía; una mejor charla; unos chorizos a la brasa que me hicieron soltar una lagrimita de placer; fragante aceite arbequino de la finca y una buena copa del Finca Alicia Rojas reserva 2001, fino, delicado, redondo, con uva fresca, pimienta y canela, amable. Pensé "que pare de girar el mundo, que yo me bajo aquí un buen rato".

PS. No sé cómo hacer para que el vídeo aparezca en el tamaño proporcional a la pantalla de mi cuaderno...en fin: mi consejo es que lo miréis a pantalla completa.¡Y disfrutéis con la charla de Alicia!

PS.2. Mi ángel custodio en temas de diseño de este cuaderno, Peter, acaba de arreglarme lo del vídeo, así es que ahora, demás, se puede ver bonito. Gràcies, Peter!

28 septiembre, 2009

Tempranillo blanco, la última estrella



Una de las visitas más imprevistas, ricas y llenas de emociones vínicas del pasado El Rioja y los cinco sentidos fue la de la finca La Grajera. Estamos ante un humedal artificial (1883), asentado probablemente sobre una balsa natural (su posición así lo parece indicar), a apenas 5 km de Logroño hacia la Rioja Alta. En el llano, pues, junto al clima conciliador que propicia el agua y rodeado de suaves colinas con varias orientaciones (predomina la sureste) y composiciones geológicas, se asienta el viñedo y Bodega Institucional del gobierno de la Rioja. Pronto tendrán un nuevo y fantástico edificio, pero hasta que éste llegue, los vinos (con todo el cariño del mundo lo digo) son de "garage", vinificados en una nave industrial y con unos resultados que me dejaron, eso, emocionado.


La Sección de Viticultura y Enología es la que trabaja allí. Y Juan B. Chávarri quien lidera al grupo. Juan B. nos recibió con muchas ganas de explicarnos todo y de probar cuantos más vinos mejor. Y nosotros nos prestamos, encantados, a la sesión. Me da que una cosa como La Grajera (he tardado unos días en digerir cuanto vi y oí, lo confieso) tiene que ser algo así como El Dorado de cualquier enólogo. Su obligación es estudiar, preservar, mejorar las variedades de la DOC Rioja, desde el cultivo hasta que el vino entra en botella. No tienen la presión del mercado (los vinos de La Grajera no se venden), pero sí la más dura de todas las presiones: la del trabajo bien hecho y la de representar, con su etiqueta, a una de las DO más importantes y conocidas de España y del mundo entero. Ahí es nada que ante cualquier visita institucional, el vino de Rioja que sale a dar la cara es el de La Grajera. La idea, cierto, tiene un origen claramente político y diplomático (¿cómo elegir en cada ocasión los vinos de esta o aquella bodega para presentar a la Rioja?), pero su aplicación ha sido muy positiva y Juan B. y su equipo trabajan con gran ilusión, con capacidad de innovación y con resultados muy interesantes y que comparten con el mundo entero.

La estrella de la tarde, la que Juan B. quiso explicarnos con detalle y de la que probamos todo (mosto; fermentación del 2009, en acacia, en roble frances y en inox; vino del 2007, madurado ya en botella) fue, a no dudarlo, la tempranillo blanco. Su historia es ya conocida y ha sido publicada por varios autores: la tempranillo blanco (recientemente autorizada como variedad blanca en la DOC Rioja, junto a las Maturana blanca, Torrontés, Verdejo, Chardonnay y Sauvignon blanc) es una mutación natural de la tempranillo tinta y fue localizada por primera vez en 1988, en un viñedo viejo de Murillo de Río Leza. Todos los pulgares de una cepa mostraban sarmientos de uva tinta, menos uno...el trabajo de laboratorio, el material plantado en pie franco y después injertado sobre el portainjertos R-110 (de resistencia más bien baja a la tierra caliza, media a la humedad y muy alta a la sequedad, con vigor medio), acabó en 100 plantas y, más adelante, en la plantación de 1 Ha en La Grajera. Se trata de la única superfície en el mundo, por ahora, plantada con tempranillo blanco. Así que los amantes del vino estábamos que no salíamos de nuestro contento. Se trata de una variedad de hoja y racimo medianos, de baya ligeramente aplastada y de color verde amarillento. Su brotación es tardía, su floración media, el envero es precoz y la vendimia muy precoz. Los racimos por planta son más que en la tempranillo tinta o en la viura pero son bastante menores.

Los análisis medios que se han hecho en las últimas añadas vendimiadas muestran que se trata de una variedad de grado alcohólico mayor que la viura (la blanca con mayor presencia en la Rioja), sobre el 13,6%; con una acidez total y un málico también mayores (el tartárico es casi igual). Si completamos estos datos con los de los compuestos volátiles (tiene una concentración mucho mayor que la viura de aromas afrutados), entenderemos, también, la emoción de estos vitivultores y enólogos de la Rioja ante una uva blanca que, a no dudarlo, puede ser un complemento muy importante en ensamblajes con otras variedades blancas y, me atrevería a decir por lo probado, una firme candidata a ser vinificada en monovarietal para una buena crianza en barrica y guarda. Por supuesto, pensada como vino joven, también funciona de maravilla.



Los enólogos, que la han analizado también desde el punto de vista organoléptico, han evaluado muy alto su calidad en relación a las otras variedades blancas de la Rioja. Y un servidor, a título estricto de amateur, se quedó casi azorado ante el potencial de esta uva: el mosto catado tenía una acidez impresionante y una calidad terpénica y frutal muy notable. Las muestras fermentadas del 2009 (con mostos procedentes tanto de prensado estático como dinámico) mostraron otras dos características recurrentes en la tempranillo blanca: poderosos aromas a guayaba y a pomelo, por una parte, y un posgusto hermosamente herbáceo (heno). A un servidor, de los fermentados en madera, le resultó mucho más interesante el de acacia que el de roble frances: en el momento probado, el de acacia acompaña y envuelve al vino; el de roble francés, domina y casi anula el carácter de la tempranillo blanca. Batonnâges, bien pocos y con mucha delicadeza. En cuanto al vino del 2007, madurado pues en botella, me gustó mucho que siguiera manteniendo el frescor frutal y herbáceo y un paso por boca sápido, lleno y todavía vibrante. Tuve un poco la sensación de estar ante un "viejo amigo", a caballo entre la mejor sauvignon blanc de Daguenau y la verdejo en pie franco. Cuanto probé me dejó a las puertas de las mismas conclusiones a que han llegado Juan B. y su equipo: la tempranillo blanca será, pronto, la nueva estrella emergente de la DOC Rioja y los consumidores ya nos podemos ir relamiendo ante la que nos espera. ¡Cuánto trabajo hecho y qué buenos resultados!

Las fotos primera, segunda y última de este post han sido realizadas por Soledad Felloza.

PS. La botella de 1982 que está junto a la tempranillo blanca de 2007 es la primera de vino tinto que vinificó Juan B. en La Grajera. La abrió para acompañar la puesta de sol y os aseguro que todavía me dolió más que la tempranillo blanca que no estuviera a la venta: un rioja de los de toda la vida, con aromas a flor marchita, a tostados ligeros, a violetas del bosque, con un punto cítrico de piel de naranja y un color y un paso por boca todavía de adolescente. Muy pocas botellas quedarán pero pondría la mano en el fuego que si una sola de ella llega en las debidas condiciones a sus 80 años, asomarán en ella aires parecidos a los de este Castillo de Ygay de 1925. De casta le tiene que venir al galgo...

PS. 2. Juan Carlos Somalo, de La Universal de Vinos, me recuerda amablemente (por mail) que existen ya otras pequeñas producciones de tempranillo blanco en el mercado: la de Juan Carlos Sancha, Ad libitum, por ejemplo (también de maturana tinta), que comercaliza ya su añada 2008. Añado, pues, el dato; agradezco a Juan Carlos su lectura atenta y sólo espero que se me cruce pronto este Ad libitum 2008 por el camino para poder contrastar con los que probé en La Grajera.

23 septiembre, 2009

Y el oído, echo verbo



Y los amigos de la Riojacom.tv tuvieron la amabilidad de hacerme una entrevista. La editaron para que sólo se reprodujeran mis respuestas, pero aquí está: si donde leéis "Manuel", ponéis "Gómez", y donde "Pallarés", "Pallarès", ¡veréis que soy yo!

La foto del Oído es de Srta. Lunares.

21 septiembre, 2009

Oído




Casi me puse pesado: quería el oído. Me lo dieron. Quería acercarme de nuevo a La Rioja desde un sentido que parece no tener mucha relación con el vino. Para mí la tiene, claro. ¿Oir el vino? ¿Cómo proponer eso sino es desde tu interior? Oir el vino tiene sentido cuando bebes y escuchas, cuando en ese acto íntimo, oyes lo que pasa en tu interior y lo que se mueve y se movió a tu alrededor. Oir, beber en La Rioja, ver y pensar. Escuchar y escucharse, sobre todo. Han sido dos días aparentemente parecidos a tantos otros de visitas a bodegas: explicaciones, charlas, risas, comentarios. Pero mi oído estuvo atento a otros espacios.

Estuvo atento al ruido de la lluvia sobre los cristales. Al silencio expectante de todo inicio. Al batir elegante de las alas del aguilucho en el viñedo. Sonrió de felicidad en la charla con Alicia Rojas, con el crepitar de la madera en el hogar. Estuvo atento a una Rioja que creía desaparecida, pero que resurge con fuerza a nuestro paso. El chorretón de aceite cae sobre el plato. Desde la profundidad de la cueva, se oye el silencio del paso de la humanidad: hasta aquí hemos llegado y, más que nunca, me conmueve el retorno al origen. Un calado del siglo XV: la vida a nuestros pies, sin darnos cuenta. El silencio de miles de peregrinos se hace presente.

El oído estuvo atento a la sonrisa cómplice que te lanza la cepa centenaria, el vino profundo, la fruta respetada, el calado recuperado. Ilusión, de nuevo, en los ojos de la gente joven. Estuvo atento a la naturaleza de la Grajera. Agua, cepas tan cuidadas como estudiadas, amor intenso por el trabajo bien hecho. Experiencia que no conoce fronteras, que puede con todo. Manos sabias. El oído disfruta de las explicaciones, aprende, pasan unos patos, canta el abejaruco. Se está poniendo el sol. Bebo un vino único y vienen a mí los parajes del Loira y de Nueva Zelanda, oigo en mi interior las pisadas sobre el prado: frescor, acidez y fruta me dan una sensación única, atemporal. Me muevo por el mundo entero y no salgo de la Rioja. Campanas en Santa Maria de la Piscina. El silencio del monte, la Rioja amable a nuestros pies. Alma en el vino, rosados con alma de tinto, blancos con alma inmortal, tintos con raíces. La historia a mis espaldas, el futuro a mis pies: todo nace, todo vuelve. No hay más que estar atento y aprender a escuchar de nuevo. El oído...qué gran sentido para entender el vino.

19 septiembre, 2009

Inmediatez


Cinco sentidos, cinco blogs (I) from manuel gago on Vimeo.

Una de las cosas más interesantes y divertidas de la experiencia que hemos vivido en La Rioja de blog en blog ha sido la de los despliegues técnicos. Manuel Gago tiene una chistera sin fin y de ella ha salido de todo. Lo mejor: no estamos hablando de presupuesto, sino de lluvia de ideas y del conocimiento de cuanto la técnica y la programación te ofrecen para conseguir inmediatez, frescura e información en el momento en que ésta se produce. Me reconozco más de reflexión, pero confieso que he disfrutado del despliegue de Manuel. Para muestra este botón, pero tanto en el blog de Manuel como en el de la Rioja de blog en blog se han podido y podrán seguir todas las informaciones de estos días. Mi próximo post será, ya, con las sensaciones que me ha provocado el sentido que la organización me confió. ¡¡¡En efecto!!! Acertaron: el oído. Atentos, pues...

17 septiembre, 2009

Sensaciones




No puede ser de otra forma: hicimos tantas cosas ayer, en el primer día de nuestro viaje por la Rioja, que me conformaré con escribir sobre alguna las sensaciones que tuve a lo largo de la jornada. Empezó a las 9 de la mañana y terminó a medianoche (sin siesta ni pausa...). Con buen criterio, los organizadores han pensado que "puesto que están, les vamos a ofrecer de todo y variado". Y para la carretera que nos fuimos, con una extraordinaria guía, Estíbaliz (familiarmente, MegaEsti), que lleva la Rioja entera en la cabeza, y una ruta por la Rioja Baja, quizás la menos transitada por el viajero. Una pasada. Primera sensación: "Joan, quítate las telarañas de la cabeza". La Rioja es tan variada que si te limitas a vivir de los topicazos que ha alimentado en el siglo pasado, te quedas en nada. Hay mucha vida más allá de las grandes empresas y las enormes bodegas, más allá de los edificios de grandes firmas y las inversiones multimillonarias. La Rioja, como cualquier región vitivinícola de larga tradición, tiene que ser recorrida poco a poco y con buena guía. Sólo así descubres lo que merece la pena. Que es mucho. Segunda sensación: una casita con lumbre casi en la cima de la propiedad de Alicia Rojas. Conversación deliciosa, salpicada de anécdotas, con Alicia (extraordinaria mujer) al calor de una malvasía seca y otra semidulce que hicieron las delicias de este cronista, bien acompañadas de un chorizo hecho a la brasa. Un entorno de belleza sobrecogedora.

Tercera sensación: la tradición del aceite, aunque casi enterrada por la fama del vino, es muy poderosa y hay mucha gente empeñada en devolverle su sitio de privilegio en el reino de la alimentación. Jon nos hizo una visita de lujo a sus instalaciones y, lo más importante, nos paseó por sus campos, nos mostró el incesante trabajo de investigación y nos remató la faena con un único (en mi vida por lo menos) aperitivo troglodita: sentados en el interior de una de las cuevas que servían de refugio a los pastores y labriegos de antaño, gozamos de un Lectus, monovarietal de arbequina (poderoso, fragante, enorme, contenidamente amargo) y de otro de arbosana (delicado, femenino, insinuante). Cuarta sensación: ¡nada es lo que parece! En un polígono industrial de Logroño se esconde Ontañón, que ha colonizado, regenerado y metamorfoseado la antigua fábrica de la Viuda Solano y la ha convertido en un espacio donde arte y vino descubren nuevas fronteras. Con Raquel comimos de maravilla (¡qué patatas riojanas y qué verdura a la brasa...!) y descubrí el brillo en los ojos de la nueva generación que avanza imparable. Su monovarietal de viura del 2005, con seis meses de barrica, me pareció soberbio, con unas notas oxidativas que me gustaron mucho. Un vino que no dejó de crecer en copa en dos horas.

Quinta sensación: lo mínimo también existe en la Rioja. Aunque haya que buscarlo con esfuerzo, existe y merece la pena que se conozca. En Navarrete nos lo topamos: ARAR, quizás la bodega más pequeña de la DOC, es el proyecto de Arranz y Argote. No tenía la menor idea que les iba a conocer (todo es sorpresa antes de que nos metamos a ello) y ya había escrito en una ocasión de su 2003. Me encantó conocerles, pisar su mínima pero cuidada bodega y constatar que su 2004, con un poco más de botella, sigue con las buenas sensaciones que ya me diera el 2003.
La guinda llegó con mi sexta sensación: en La Rioja existen viñedos y bodega institucionales. La Bodega La Grajera, apenas a 5 km de Logroño, es un paraje mágico para quienes amamos el vino. Junto a un lago, en un entorno protegido por pequeños cerros, Juan B. Chavarri y su equipo están haciendo una labor extraordinaria en el estudio de las variedades de la DOC, en todas las modalidades de vinificación que aceptan éstas y en todas sus posibilidades de cultivo. Me quedo, aquí, con la profunda, emotiva, charla que nos dió JuanB, sobre una variedad por completo desconocida para mí a nivel organoléptico: la tempranillo blanca. Había leído de ella, claro, pero jamás la había probado (no se comercializa que yo sepa). Y estaba ante la única Ha de España con esta variedad y ante el hombre que está haciendo decir a esta uva cosas de vértigo, de impacto. Mosto, vino fermentado en acacia, en roble frances, muestras del 2007, nos ofrecieron un abanico que sólo me permite decir: ¡qué poder, que versatilidad, qué capacidad tiene esta uva! Cuando esto se expanda, va a ser una bomba, señores. Otros dos hitos gustativos tuvimos en La Grajera, un 2004, casi a partes iguales tempranillo y graciano, vibrante y de un poderío sápido y una alegría...JuanB y un servidor coincidimos en nuestra pasión por estas variedades ácidas, que dan un juego tremendo en el medio plazo; y el primer vino en el que intervino JuanB, su 1982, que estaba en la línea de los grandes riojas que saben envejecer muy bien. Casi joven en su color, ligeramente balsámico, con puntas de violeta, de pan de higos, de violeta, ácido y vivo en boca, enorme en el posgusto, cuero fino, nos ofreció el fin de la jornada un rioja clásico (muy en la línea de los viejos Ygay que he probado en mi vida) que tiene muchos años de vida por delante. Pena que apenas queden 100 botellas...

Última sensación: ¡qué amable, hospitalaria y generosa es esta gente de La Rioja, caramba!

16 septiembre, 2009

El rioja y los cinco sentidos, de nuevo



Sin las 9 en punto y el campanario de la concatedral de Logroño lo anuncia. Empieza la aventura de explorar la Rioja con los cinco sentidos. Bien, quede claro que a mí me va a tocar ejercitar básicamente uno...En unos veinte minutos voy a saber cuál!!! Creo que nos van a dar un sobre a cada uno de los participantes, donde encontraremos el recorrido de nuestra experiencia completa. Las cosa empieza con lluvia, discreta, pero lluvia. Intentaré poner algunas anotaciones, en forma de miniposts, sobre lo que vaya sucediendo...Vámonos!!!

El icono de la lluvia es de Eduard Nogués.