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27 octubre, 2011

El Obrero en La Boca

Un ambiente único, un local único, El Obrero en la República Independiente de La Boca
El Bodegón Obrero (restaurant-Parrilla) de Castro Hermanos (Marcelino y Francisco) está abierto en la República Independiente de La Boca desde 1954. La Argentina hecha a base de emigraciones se reivindica de nuevo en este espacio. Es difícil, por lo menos para mí (los que sepan de veras ya me corregirán, por supuesto), encontrar un lugar tan porteño donde comer. Y resulta que lo fundó un asturiano (campea la cruz del Principado por todas partes en el local) y prosigue con la labor su hijo, ya nacido en el barrio. El local se encuentra en Agustín R. Caffarena 64, bastante lejos de Caminito y en una de las zonas más deprimidas del barrio, muy cerca del brazo de mar muerto que contamina la zona, de los silos areneros y de la autopista a La Plata. La parada del colectivo deja algo lejos y casi recomendaría el taxi para acercarse. No sé si estaba hipersensible, pero yo no lo pasé del todo bien en mi "paseo" hasta El Obrero.

Una vez dentro, el relajo se adueña de uno. O lo contrario: porque no hay que negar que es un local con una vida tremenda, con nervio, con movimiento constante de mesas, comensales y camareros. Había muchos porteños y algunos extranjeros. Seguro que sale en no pocas guías. En cualquier caso, es de aquellos lugares que uno no se puede perder si quiere conocer el sabor de lo auténticamente porteño, tanto en ambiente como en comida. Tuve la suerte de que me atendió el dueño, el hijo del fundador (su padre había muerto hacía apenas tres meses). En cuanto abrí la boca, tuvo claro que era español y me atendió como si fuera cliente de toda la vida, aunque sin besos: los argentinos varones suelen darse un solo beso en la mejilla, tanto de bienvenida como de despedida. A tanto no llegamos...

Me eché a lo más sencillo: una ensalada de radicheta con ajo, un bife de chorizo y un pavé de vainilla. No hay vinos por copas que uno pueda tomar y el dueño me recomendó una de las botellas (la que él consideraba mejor) que tenían de 0,375L: Châteux Vieux 2003 de Bodegas López. Ahí me pilló, claro, porque yo iba con el chip de lo argentino y las uvas de ese vino resultaron ser las tres portaestandarte francesas "recientes": cabernet sauvignon, merlot y pinot noir. Tampoc me voy a poner puritas: las grandes variedades argentinas son, también, o francesas o italianas o españolas (malbec, tannat, bonarda, torrontés). El vino, siendo del 2003, tenía una bonita evolución (como si hubieran pasado el doble de años por su cuerpo), pero estaba bien rico, con bonito color teja claro y aires terciarios de café, cuero muy leve y vainilla.  Acompañó a la perfección al bife (delicioso, en su punto y de carne bien reposada) y no le hizo ascos al pavé. Lo mejor, con todo, de El Obrero: esa combinación única (por lo menos de lo que yo conozco en Buenos Aires) de ambiente, personas y comida. El dominio de sala (con campechanía, buen humor y trabajando como el que más) que mostró Castro hijo fue la guinda de una estancia muy entretenida.

23 octubre, 2011

El Cuartito en San Nicolás

El Cuartito, la mejor pizza de Baires desde 1934
La pizza en Buenos Aires es un asunto casi más serio que las parrillas. Hay quien sostiene, incluso, que hay más de las primeras que de las segundas. Y encontraréis no pocas guías que dedican páginas y páginas a sus productos, a su historia, la última la de Pietro Sorba. Uno, que ha estado en la fuente del asunto (Italia, por supuesto, y la imposible discusión sobre qué tipo de pizza es mejor y dónde hay que tomarla), piensa sobre todo en el café. Mi vida en Roma me dejó (a mí y a tantos...) esta pregunta atroz: ¿La Tazza d'Oro o Sant'Eustachio? Anímense Ustedes a dar razones, opiniones y su posición en el asunto porque el asunto es de importancia capital. En Buenos Aires, me contaron mis amigos, la pregunta es más o menos parecida, por lo menos entre los que llevan muchos años comiendo pizza en la capital federal: ¿Güerrín o El Cuartito? Alguien añadiría quizás Banchero, pero a mí se me formuló la cuestión tal y como la reproduzco. Y mi respuesta, tras una primera estancia en ambas, aquí está: sin duda (no se puede dudar en las cosas importantes) El Cuartito. Está en Talcahuano 937 y tienen la buena  pizza, las empanadas y los postres caseros de lo más afamado de la ciudad...¡desde 1934! El local rezuma pasión; como siempre el horror uacui  de los argentinos se manifiesta en las paredes y en las mesas (llenas a rebosar); las barras no son menos y las cajas de delivery echan humo. El secreto está en la masa: no tiene nada que ver con la pizza a la napolitana o a la piedra (en Argentina la más fina y crujiente) y está a medio camino entre la del norte de Italia y la de Chicago. Una masa esponjosa y de cierta altura, con la base crujiente y (la otra característica) mucha mucha muzarella. De veras me encantó la de jamón, la de anchoas, la vegetariana y aquello que es el clímax de cualquier comilona allí: usar la base de una pizza para comer, encima, la faína (una "pizza" delgadísima, hecha con harina de garbanzo, de trigo, agua, aceite, sal y pimienta). Aquí la comida se suele acompañar con cerveza (los que beben "vino" le echan cubitos de hielo...), Quilmes de litro para compartir. Me sentí muy cómodo en el Cuartito, comí de maravilla y, vamos, me pareció (invitaron unos amigos...) que los precios eran muy razonables. Una dirección para no perderse en Buenos Aires.

20 octubre, 2011

Helena en Palermo-Soho

El tiempo de Chateauneuf detenido en Palermo
Buenos Aires es múltiple y diversa. Muchos barrios y muchos km de superfície que tienen como barreras naturales el mar, los muelles, las vías del tren y las autopistas que la cruzan. Casi nada...No es una ciudad tranquila, para qué nos vamos a engañar. Vive en una tensión que se palpa en el ambiente casi en todas partes...Palermo es una de las excepciones, los cementerios, la otra (Recoleta, Chacarita). El barrio de Palermo tiene dos sectores separados por la vía del tren y una avenida. Yo me quedo con el  que se llama Palermo-Soho (al otro le llaman Palermo Hollywood), un cuadrado que se puede pasear casi como su estuvieras en un oasis perdido entre el caos porteño. Muchas casas bajas todavía. Muchas calles arboladas. La plaza con pasto de Palermo Viejo. Muchos talleres de artista. Mucha tienda de moda interesante. Hay algunos restoranes interesantes también, pero a mí me llamó la atención y disfruté mucho la hora que pasé en Helena Bar-Resto (Nicaragua, 4816; 4.833.0256). Es un local con gracia, en el que hacen una cocina inclasificable (entre platos de pasta, wraps y mucha pastelería) pero rica. Me gustaron, a qué negarlo, especialmente los postres. Una rica galleta de mantequilla crujiente, con pistas de chocolate y tomillo. Deliciosa. El comedor lo presidía este fantástico reloj de un apócrifo (hasta donde yo sé, claro...) Chateau Renier, de Chateauneuf-du-Pape. El tiempo como que se paró en Palermo...

14 octubre, 2011

Aldo's en San Telmo

Aldo's en Moreno 372, un Monvínic con vinos argentinos
Ha sido mi restorán de referencia en la estancia de Buenos Aires. Podía no haberlo sido pero se encontraba en los bajos de mi hotel (por otra parte, un establecimiento muy recomendable, en las estribaciones de San Telmo, junto a Belgrano: Moreno Hotel Buenos Aires, en Moreno 376) y algunas cosas en mi primera visita me encantaron: el local es agradable y tiene la luz correcta (lleva apenas cuatro meses abierto); la selección musical es la del mejor soul y jazz americano (es una música que me gusta) y tienen una carta con más de 400 vinos argentinos. Parece, casi, una pequeña alma gemela de Monvínic: la carta de vinos se presenta en una tableta informatizada (en este caso, iPad); la música; la gente que atiende es joven, muy amable, cómplice y, en algunos casos (aquí está la primera y mayor diferencia: en Monvínic todos saben mucho), suficientemente preparada. La segunda diferencia es que, a pesar de las 400 referencias, hay una clara decantación hacia la gran industria y poco cuidado hacia el pequeño e independiente viticultor. De esas referencias, demás, no más de diez se sirven por copas. Esa selección se mantiene a lo largo de toda la semana...La tercera diferencia es la cocina: muy correcta, con pequeños detalles  porteños de calidad (la milanesa de pollo, por ejemplo, es deliciosa), pero muy lejos de la creatividad, elegancia, técnica y cuidado por la identificación del producto, que exhibe Sergi de Meià. En cualquier caso, es un local que llena cada noche  y que, a lo que me pareció, está en el buen camino para convertirse en uno de los buenos restoranes de/con vinos de Buenos Aires. A poco que se lo propongan, mejorarán seguro y se convertirán en una referencia. No hay muchos sitios así en la capital.

12 octubre, 2011

Matambrito tiernizado

El tipo está pintado en la pared pero el colectivo paró
Tómense Ustedes la pequeña etiqueta con la que denominaré mis notas argentinas tal y como la propone el DRAE: "Croquis: diseño hecho sin precisión ni detalles". Ni más ni menos. No quiero hacer gran documentación y sí, en cambio, dejar estos croquis más o menos escritos y preparados para su publicación antes de que salga mi vuelo, esta noche del 9 de octubre de 2011.  Son mis impresiones, no busquen otra cosa. Más de uno pensará que estoy jugando con mi destino...pero me apetece hacerlo así. Que los dioses me permitan leer estas notas cuando vuelva a casa...

Argentina, tras siete años de ausencia, se me aparece en trampantojo. Casi todo parece ser lo que, en realidad, creo que no es. Como este estudiante de la facultad de letras de la Universidad Nacional de La Plata, pintado en la pared y que parece estar pidiendo el alto al colectivo. El edificio, visto así, parece cualquier cosa menos una facultad universitaria. El país, visto desde lo alto (digo sin mirar con gran detalle) parece haber salido de las profundas crisis que le viví desde los primeros noventa. Parece que hay más actividad en la calle y en los comercios. Hay montones de jóvenes "laburando" en todas artes (me gustaría saber qué cobran, por cierto...). Se ve movimiento y, claro, las próximas elecciones generales hacen que todo aparezca en ebullición.

Pero me da la sensación de que todo aparenta lo que, en realidad, no es. Esa identificación, puramente publicitaria e icónica, entre los K., su núcleo de poder y la nación argentina, casi me da vergüenza. Conozco un poco el país, gente de todas las clases, de todos los estados y la Argentina, para su suerte futura, es muchísimo más que los K. y su próxima mayoría absoluta. Y hablo en plural porque el difunto presidente participa muy activamente en la campaña. Vaya si lo hace. Y la iconografía, los discursos, todo está construido al más puro estilo de Augusto. Augusto se inventó todo esto hace más de dos mil años: el estado soy yo, la perpetuación de mi poder garantiza el bienestar de todos, quienes estén contra eso, no están contra mi persona sinó contra la nación, etc. Náuseas, en ese sentido.

Miras hacia todos lados, miras todas las "alternativas" y te das cuenta de que no parece haber nada sólido ni consistente. Malos tiempos, pues, se acercan para la Argentina si el país no es capaz de educar y de levantar a la gente joven, que está en las facultades (les he visto inquietos y pletóricos), que sea capaz de ofrecer alternativas a lo que ahora veo. La economía: uno diría que funciona mucho mejor que siete años atrás. Y es cierto. Pero se trata de un gigante con pies de barro. A la que los chinos y los brasileños hundan el precio de la soja; a la que los EUA y Europa consigan salir de sus crisis y apreciar su moneda, la Argentina empezará a sufrir de veras. De nuevo.

Y lo peor de todo es que hay una amplia parte de la población a la que no ha llegado para nada esta pequeña época de bienestar. La gente sigue comprando a crédito: nunca fue tan fácil (dicen los bancos) conseguir pequeños créditos personales que alimenten el consumo, que hace crecer ficticiamente la economía. Pan para hoy, hambre para mañana. Pero es que aquellos síntomas que hace siete, diez años atrás, me hacían salir del país con la cabeza hundida y pensando "de esta no salen", siguen ahí, enteros, tercos, en pie y sin ápice de cambio. En el centro de Buenos Aires, por la noche, la gente se pelea por las bolsas de basura de según qué oficinas. Las autopistas, en todas direcciones, siguen rodeadas de villas que no tienen la más mínima infraestructura de nada ni nada para vivir. Bueno sí: se ponen los chavales en los arcenes con sus buenas piedras. Y cuando pasamos los coches, las tiran al parabrisas. Si aciertan y paras, pringaste. Te quedas sin nada. Por pirmera vez en mi vida, tuve miedo en La Boca. Iba andando hacia un restaurante obrero (sic), en la parte más deprimida de la república independiente (en Caffarena) y me increparon varias veces, me pidieron dinero para bebida y tuve que ponerme duro. Ellos eran más, claro, y yo tenía todas las de perder, pero me respetaron todavía no sé por qué...Aparqué una noche casi en el puro centro, muy cerca de la Avda Santa Fe. Ni me di cuenta: dos tipos estaban tirados junto al lugar donde dejaba el coche. Me preguntaron "¿le guardamos el coche?". Y yo no caí...¿cómo iba a caer en el puro centro, que me estaban pidiendo un "impuesto revolucionario"? No les contesté y aunque mis amigos reaccionaron rápido, de nada sirvió: un cuchillo había atravesado la rueda delantera...

Todo eso sigue existiendo porque es síntoma de una enfermedad no curada. Muchos quieren hacer creer que las cosas van mejor. Yo creo que van mejor, claro que sí, pero sólo para unos pocos. La gente no es mala por definición pero hace cosas malas porque no tiene demasiadas opciones para llegar a plata decente...Junto a esto, la Argentina, sigue teniendo, por supuesto, lo mejor de lo mejor, aquello que te hace volver una y otra vez. Lo de siempre: la inmensa mayoría de personas con las que uno trata son muy amables, están siempre dispuestas a ayudar y, lo más, son generosas con aquellos que tienen menos que ellos. Ahí está el auténtico capital del país, su mayor riqueza. A mí me han pasado unas cuantas de estas cosas: salía del aeropuerto en el coche que alquilé y no había tenido tiempo de cambiar a pesos argentinos. Por dos veces pasé por un peaje, intenté pagar con tarjeta de crédito, por dos veces dos chavales jóvenes se quedaron mirando la tarjeta como si fuera la de un marciano y por dos veces dijeron "¿y la plata?". Por dos veces, aceptaron mi explicación, abrieron la barrera, me dejaron pasar y me desearon mucha suerte. Y he visto montones de detalles de estos, con gente que se respeta en sus trabajos, que se ayuda, que muestra cariño.

Esa es la fuerza que tiene este país, sí. Llegará un día en que estos jóvenes estudiantes que he conocido en mi  estancia, atentos, entusiastas, inquietos, con ganas de aprender, mandarán. El país seguirá teniendo grandes potenciales y sus riquezas llegarán a más gente. ¿Cómo puede ir mal un país que se inventa una concentración de cariño lingüístico y delicadeza gastronómica como es el matambrito tiernizado? Matambrito tiernizado...ya es uno de mis mantras preferidos. Lo vi por primera vez en un cartel en La Plata y me quedé prendado de la afortunada expresión. Matambrito tiernizado...un matambre delicadamemte cocido, que tomé envuelto en suave brioche. Estaba comiendo yo lo que parecía "sólo" un rico emparedado de matambre, cuando se me acerca un querido amigo al que había contado mi atracción por la expresión y me dice "pues, Joan, esto es matambrito tiernizado". Matambrito tiernizado...qué país. ¿Qué quieren que les diga? Yo le quiero y quiero a sus gentes, a su forma de decir y hacer las cosas. Y perdón por la paliza...¡salió así! Ya les hablo enseguida de algún restorán y vino que merece la pena ser anotado en la agenda del viajero inquieto.