05 marzo, 2017

La Cave des Nomades

La Cave des Nomades
La Cave des Nomades nace del encuentro entre José Carvalho Moreira, portugués, y Paulina Srzednick, polaca, en Banyuls. Apenas tres Ha sobre suelos de esquisto con todas las orientaciones e influencias posibles, direcciones de los vientos, edades de las plantas, el sol en el amanacer o el atardecer, el mar, las Alberes... Garnacha blanca, gris, tinta, vermentino, cariñena, macabeo. Blancos con apenas maceración, blancos con varios días de maceración, rosados de ensamblaje "todo en uno", tintos despalillados grano a grano.

No hay otra intervención que la del hombre y su mirada sobre la tierra de Banyuls. ¿Cuánta gente ha pasado por allí desde la colonización griega de Ampúrias? ¿Cuanta gente distinta ha trabajado esa tierra y hecho vino? Y siempre llega alguien nuevo, distinto (unos músicos en este caso, José y Paulina), que conecta con lo esencial, con la idea de que una tierra, sus bosques, su mar, sus cepas, sus objetos, su paisaje, sus casas tienen un espíritu, tienen algo que las hace distintas y únicas. Y lo perciben y lo entienden, lo sienten y lo embotellan.

Dicen Héctor García (Kirai) y Francesc Miralles, en su libro ikigai. Els secrets del Japó per a una vida llarga i feliç, Ed. Entramat, Barcelona, 2016 (ISBN 978-84-92920-15-0), p.101, que (paráfrasis) la responsabilidad de un creador de cualquier cosa, sea artista, ingeniero, cocinero, vitivinicultor o apicultor, es capturar el espíritu de la naturaleza para darle nueva vida, respetándola en todo momento.  Existe una transformación, por supuesto; existe una manipulación, también, de esa naturaleza, pero para que sigamos encontrándola en el "objeto" que ha construido el artesano, éste tiene que ser hecho desde el respeto y el conocimiento.

Así, los vinos de La Cave des Nomades de José y Paulina: el hombre en su unión con la naturaleza (no frente o contra ella) trabaja mucho, y con sus manos; no agrede; no usa sustancias químicas extrañas (en este caso sólo biodinámica) y ya desde la vendimia, altera lo menos posible los sabores esenciales del zumo de la uva. Y lo que uno bebe es la energía de esa tierra, el sabor de ese mar, la fuerza de ese esquisto, la frescura de sus vientos y la sonrisa de José y de Paulina. Su blanco de garnacha gris, Les Rhizomes des Sorcières me hundió en las profundidades de la tierra; y su clarete "todo en uno" L'Arlequin Errant (ambos 2016) me encaramó a una nube de color rosa que paseaba, amable, por la Côte Vermeille. Su ancestral de macabeo Pet Zeppelin 2016 acompañará con un susurro de frescor las mejores conversaciones de este próximo solsticio.  Y etc. Cuando las cosas son esenciales y se hacen con este espíritu, no hay gestos vanos ni vinos superficiales. Todo merece la pena.

La Cave des Nomades, Jose y Paulina, muestran cómo la dinámica de la coexistencia entre el hombre y la naturaleza hecha cepa se mueve gracias a la sonrisa de la complicidad. En su caso, esta dinámica se traduce en felicidad y en abundancia. No hablo de riqueza: hablo de generosidad en el trabajo y con la tierra, que llega a los vinos y a las copas en forma de sonrisa y de abundancia, de plenitud de aromas, sabores y sensaciones. Ellos  llaman a eso "la abundancia de la coexistencia". Pocas veces había leído yo un titular en una botella tan apropiado para el tipo de vida y de vinos que ellos transmiten.