25 diciembre, 2018

Otra manera de ver las cosas

sol

"El Dios de la luz del sol y de las tormentas habla en un idioma menos incierto que el Dios de la revelación."

Esto escribía el filósofo naturalista John Burroughs en  "Los placeres del camino", que recoge el volumen El arte de ver las cosas, errata naturae, Madrid, 2018, p.72 (traducción de Ana García Hortelano). Era amigo y compañero de Thoreau y Emerson. Juntos vivieron otra manera de relacionarse con la naturaleza que supieron transmitir y compartir por una razón sencilla: habían leído tanto como habían andado; habían observado tanto como habían visto; habían pensado tanto como habían aprendido. Y sabían escribir, muy bien.

Burroughs habla de una religión de la naturaleza de la misma forma en que lo han hecho otros filósofos: es la más inmediata porque es la más cercana a ti. De hecho, forma parte de ti por algo tan sencillo como que todos formamos parte de la naturaleza: "la tienes en cada momento; no tienes que buscarla lejos, en mitos  y leyendas, en catacumbas, textos indescifrables, milagros de santos muertos o frailes beodos. Es de hoy, aquí y ahora; está por todas partes. Los grillos la cantan, las aves la trinan, las brisas la salmodian, los truenos la proclaman, los arroyos la murmuran, el hombre sencillo la vive" (p.72).

Hay muchas maneras de practicarla pero, sin duda,  la más sencilla es la que todos ellos tuvieron siempre in mente: caminando, moviéndote, viajando (no necesariamente, ni mucho menos, a lugares exóticos ni muy alejados), siendo tú mismo en el camino y encontrando, viendo, observando y disfrutando cualquier detalle que tu caminar te regale. No hace falta mucho ni buscar un lugar concreto: solo hay que estar atento. "Solo el auténtico viajero prueba 'el fresco y alegre sentimiento del camino' -Burroughs cita a Walt Whitman, en su Canto del camino público-. No está aislado, sino en armonía con el mundo...las corrientes vitales y universales pasan a través de él. Sabe que la tierra está viva, siente el pulso del viento y lee el lenguaje mudo del mundo...el viento, la escarcha, la lluvia, el calor, el frío significan algo para él. No es un mero espectador del panorama de la naturaleza sino que participa de ella. Experimenta el campo por el que pasa -lo prueba, lo siente, lo absorbe."

En el último año y medio he vuelto al camino, real y metafórico. He comprendido qué tierra está más viva y por qué, dónde fluyen sus energías y dónde confluyen estas con las de las personas que la observan y la trabajan. He sabido cómo hay que aproximarse a la naturaleza: "con los ojos muy abiertos y la sensibilidad bien dispuesta, con respeto y curiosidad, con admiración y complicidad. La naturaleza es y está desde muchísimo antes que llegáramos los humanos y puede prescindir por completo de nosotros. Nosotros de ella, no... hay que trabajar con ella, no servirnos de ella; hay que vivir en ella, no solo de ella; hay que respetarla para que nos respete; hay que hablar con ella y, por lo tanto, cuidarla, en un lenguaje común, no en el que nosotros queramos imponerle; hay que escuchar y mirar...hay que entender y comprender. Hay que ser consecuente con todo ello, también cuando comemos y bebemos" (segunda edición de mi libro Vinos naturales en España, RBA, Barcelona, 2018, pp.401-2). He sabido escucharme y conocerme mejor y he actuado en consecuencia. Por fin.

Hace ya mucho dije que no se trataba de una moda, sino de una actitud, de una manera de ser y de entender que forma parte de mí y que está muy vinculada a  personas (en mi caso las que salen en el libro) y lecturas (hoy Burroughs y Whitman, Emerson y Thoreau, Bass y muchos otros en mi camino), pero sobre todo a los lugares que he visto y pisado, comprendido y bebido. La gente puede entender fácilmente (otra cosa, que no pretendo, es que comparta mis razones) que yo ya no coma ni beba según qué cosas, que no hable de según qué vinos o restaurantes. Ya no forman parte de mi manera de entender la relación con la naturaleza, ya no son yo. En consecuencia, no hablo de ellos. En el andar he encontrado mi "camino"  y con toda humildad y en la medida de mis fuerzas, quiero compartirlo con quien me quiera leer. "Hay momentos en los que, en simbiosis con el ser humano, la naturaleza también habla a través de una copa de vino" (p.402 de mi libro).

Sigo buscando esos momentos, sigo queriendo mostrar una parte de lo que descubro allí donde me es posible dar forma escrita y visual a mi sentimiento porque "sé lo que es la inmortalidad. Estoy empezando a entenderla" (Rick Bass, Invierno, errata naturae, Madrid, 2018, en traducción de Silvia Moreno Parrado, p.155).

Vinya de Jan Tarrés i de Jordi Esteve, RIM,  al turó de l'Orlina, Rabós

Viña  de Jan Tarrés y Jordi Esteva encima del Orlina, en Rabós (Altíssim Empordà)