22 octubre, 2017

Otoño es Afros Vinhao 2009

Raw, living Autumn
Me gusta ser otoño. El cielo recupera sus transparencias y la tierra empieza a reposar tras el parto de la uva. Los colores de la naturaleza incitan también a cierto descanso y la temperatura, fresca sobre todo por las mañanas, manda mensajes al cuerpo de quietud y recogimiento. Me gusta ser otoño y pensar que el invierno tardará mucho en llegarme.

"El cel s'aclareix. Tants anys intentant ser primavera, assumir que ets tardor i resar perquè no arribi l'hivern massa aviat. I l'estiu que rebenti sol. I per a l'instant, gràcies". De j.l.badal, Les coses que realment han vist aquests ulls inexistents, :Rata_, Barcelona, 2017, p.12.

"El cielo aclarece. Tantos años intentando ser primavera, asumir que eres otoño y rezar para que no llegue el invierno demasiado pronto. Y el verano que reviente solo. Y en cuanto al instante, gracias". (mi pobre traducción de este párrafo brillante de Badal).

Me gusta ser primer otoño. Sus frutos son contundentes y parecen encerrados en sí mismos. Pero en cuanto los abres y los trabajas con tus manos, te das cuenta de que encierran la verdad de la tierra: son simiente de alegría, de colores, de sabor concentrado y preparado para alargar las horas y recibir al invierno. Son ovalados o esféricos, son uva, granada, membrillo y calabaza. Tendremos vino todo el año, haremos carne de membrillo y cabello de ángel y durarán mucho también. Y las granadas: solo ellas saben cómo la cultura de la supervivencia se identifica con su deambular por las estaciones. Son la promesa de todo, siempre.

Soy otoño y me ha costado llegar aquí. Siento que el momento es bonito, es el preciso, es intenso y no quiero que nadie lo precipite ni me lo robe. "Es muy hermoso el otoño, aquí en Caces; los rastrojos del último verano arden en cada esquina y las hogueras florecen, como mirtos ofrecidos a los dioses antiguos, cerca y lejos. Se dibujan más allá de la neblina delicada y fugaz, recordándome que también yo, un día de estos, habré de encender una muy grande con todo lo que se quedó martilleando en la memoria. A ciertas alturas hay que ser uno mismo sin ningún arrepentimiento...Yo sé que hay algo sordo, profundo que trabaja sobre la tierra almacenando sueños. Es difícil ser otoño, fácil ser brusca primavera".  De Xuan Bello, Escrito en el jardín, Xordica, Zaragoza, 2017, p.83.

Quiero gozar de cada momento de mi ser otoño. He pasado mucho para llegar a él y disfruto, ahora, todo lo que me haga sentir otoño. Afros Vinhao 2009. Es un vino del primer otoño. Te hace sentir que la frescura, la sinceridad y la entereza están todavía en ti porque están en él. También, y de una manera íntegra, la fruta. Este vino de Vasco Croft, Pedro Bravo y Rui Cunha en la zona del río Lima (ya en Viana do Castelo), está hecho con la uva vinhao (en la zona del Vinho Verde, sí, pero es que hay mucha uva tinta aquí!) de la mejor forma para que almacene los recuerdos de la tierra y los sabores de la fruta. Es vinhao que es souzao que es sousón y se macera, pisa, prensa y fermenta entre lagares y acero inoxidable. Reposa y se embotella. 12,5%.

La tierra, que agradece el trato amable (podríamos llamarle casi biodinámico), se transforma muy lentamente en la botella, y la fruta crocante y ácida del vinhao viaja íntegra por el tiempo como lo hizo el monolito de 2001 de Stanley Kubrick: en el pasado está el futuro y no hay más que estar atento para recogerlo y leerlo, para beberlo y saborearlo. Estamos a tiempo: "hoy es siempre todavía "(Xuan Bello, p.81). Frescura, humedad, neblinas mañaneras, fresas silvestres, labranza y el impacto de un trago íntegro que te transmite aquello que la vendimia y el primer vino fueron. Es el sabor del primer otoño que te invade con suavidad y te dice, de nuevo, que estás en casa cuando otros ofrecen su paisaje en forma de vino. Los pámpanos transforman ahora el sol en rojez, el frío azul y gris del Atlántico muda en calidez, y ya sabes que tienes otro vino para el invierno de la vida. Pero no tengo prisa para que lleguen esas nieves que han de convertir mi memoria en un paisaje blanco y gris donde no distinguiré cielo de tierra.  Me gusta ser otoño y que Afros Vinhao 2009 esté en mí.

Afros Vinhao 2009

10 comentarios:

sommplanet dijo...

Gracias por permitirnos disfrutar de este vino en la distancia, y que esto no nos impida disfrutar de sentimientos tan trascendentales como los que encierra una botella de vino.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Querido Sommplanet, ayer un querido amigo mío, que no tiene nada que ver con el mundo del vino pero conoce bien mis debilidades, me preguntaba: "pero tú cómo puedes escribir cosas agradables con la tensión en que vivimos?". Mínima explicación personal: mi puesto de trabajo está muy relacionado con la gestión diaria de una parte de la Generalitat y todo lo que sucede estos días me afecta personalmente y, también profesionalmente. Pero a lo que iba. Le contesté que lo consideraba "casi" una obligación no dejar de escribir sobre lo que me motivara hacerlo. Este texto lo escribí la madrugada del domingo y por la mañana leí una excelente entrevista en EPS a Terence Noah donde hablaba del dolor diario del maltrato a que le sometía su padre... Decía que el dolor es el dolor pero que no tiene que obligarnos a pasar la vida pensando en él. Una botella de vino, el otoño, los sentimientos que me genera... el día que no tenga ganas de escribir sobre eso es que estaré muerto y en otro mundo.
Un abrazo y gracias por leer siempre!
Joan

Anónimo dijo...

Pues hay otoños bien funestos.

valentí

Joan Gómez Pallarès dijo...

Funesto tiene varios valores en latín... Uno de ellos, por qué no, podría venir de funis, no de funus, y estaríamos casi hablando de "échame un cable"...
En fin, por poner una nota de optimismo.
Joan

Jose dijo...

Echo de menos el otoño. Echo de menos los otoños que eran otoño. Lluvia. Frío. Viento. Chimenea. ¿Chimenea? Mmm... nunca he tenido chimenea. ¿Quién ha dicho chimenea?

Abrazotes,

Jose

Joan Gómez Pallarès dijo...

Antes era gradual el otoño, querido Jose, y no hace tantos años... Yo ya era más o menos adulto y pasábamos épocas en el campo. Vivíamos ese momento indescriptible en que, en efecto, el aire empieza a tener una transparencia distinta y las puestas de sol, con un ambiente imperceptiblemente más fresco, se tiñen del rojo de los pámpanos de la garnacha. Ahora las estaciones o no son son abruptas e impredecibles... Yo pude tener una chimenea pero en la ciudad... casi me pareció un insulto a la vida del hogar en el campo. La quité.
Abrazos!
Joan

Jose dijo...

Una chimenea en la ciudad es como un pájaro enjaulado, caro Joan.

Abrazotes,

Jose

Joan Gómez Pallarès dijo...

Para mí, así es, en efecto!
Por cierto, hablamdo de pájaros y ciudades: sabes que se ha constatado, en un estudio reciente, que en Barcelona nidifican 87 tipos distintos de pájaro?
Una pasada...
Abrazo!
Joan

Jose dijo...

Es increíble la cantidad de naturaleza que hay en las ciudades. La cantidad de pajaritos en los que nadie repara. El otro día vi un trepador azul en un parque madrileño. Afortunadamente nadie repara en ellos. En su "invisiblidad" está su seguridad.

Abrazotes,

Jose

Joan Gómez Pallarès dijo...

Sin duda su mayor enemigo es casi invisible... la polución, por ejemplo. El ruido no, porque se adaptan a todo, pero la polución tiene que ser tremenda para ellos. Y para nosotros, claro...
Depredadores de otro tipo, tienen también los naturales, pero menos...
A disfrutar del domingo!
Joan

Publicar un comentario