21 junio, 2017

Thoreau, Dillard y un cumpleaños

(“Porque somos seres vivos, estamos en el punto de mira de la belleza”)

Desde Briones tras la lluvia del 11 de abril de 2013

Para celebrar el bicentenario del nacimiento de Henry David Thoreau, el 12 de junio de 1817, os propongo unas notas de lectura veraniegas con Annie Dillard, a propósito de su Una temporada en Tinker Creek, errata naturae, Madrid, 2017 (en traducción de Teresa Lanero Ladrón de Guevara, ISBN 978-84-16544-33-2), publicado originalmente en 1974. Su experiencia y su escritura beben tanto del río Tinker como Thoreau lo hizo de la laguna Walden. Además, Dillard debe mucho a Thoreau. Y yo les debo mucho a ambos. Como es costumbre en este tipo de escritos, los entrecomillados son de Annie Dillard o de sus citas y el resto de texto es mío. Casi como si fuera un escrito a cuatro manos. Un honor que me proporcionan la lectura y la osadía. Porque “la naturaleza" –dijo Thoreau en su diario- "es siempre mítica y mística y emplea todo su genio en la más mínima obra” (p.189).

P.181: “’no pierdas nunca tu bendita curiosidad’, dijo Einstein. De modo que saco el microscopio de la estantería, coloco una gota de agua de la charca de los patos sobre la lámina de cristal e intento mirar a los ojos a la primavera”.

P.187-188: “si analizas una molécula de clorofila, obtienes ciento treinta y seis átomos de hidrógeno, carbono, oxígeno y nitrógeno relacionados de un modo preciso y complejo alrededor de un anillo central. En el centro del anillo hay un único átomo de magnesio. Ahora bien, si quitas ese átomo de magnesio y en su lugar exacto colocas un átomo de hierro, obtienes una molécula de hemoglobina”.

La sangre roja de los seres humanos es exactamente igual a la sangre verde de las plantas, sólo cambia un átomo de hierro… Es buena idea tenerlo en cuenta para acercarnos a ellas y entenderlas con otra predisposición: es como si habláramos de la sangre de la tierra...

Manos manchadas de sangre de la tierra del Priorat

P.291: “soy la superfície del agua con la que juega el viento; soy pétalo, pluma, piedra”.

P.22-23: “si el paisaje pone de manifiesto alguna certeza, es que la exageración es la verdadera esencia de la creación. Después de aquella primera exageración de la creación, el universo ha seguido operando exclusivamente con exageraciones…con un vigor siempre renovado. El espectáculo completo ha sido enérgico desde el principio”.

P.27: “Soy una exploradora, por tanto, y también una acechadora, o el mismísimo instrumento de la caza. Algunos indios solían tallar prolongados surcos a lo largo de los astiles de madera de sus flechas. A esos surcos los llamaban  ‘marcas del rayo’ porque se parecían a las grietas curvas que el rayo traza en los troncos de los árboles. La función de las marcas del rayo es la siguiente: si la flecha no mata a la presa, la sangre de la profunda herida se canalizará a través de esos surcos y goteará por el astil hasta derramarse en el suelo, de manera que el descalzo y tembloroso arquero podrá seguir el rastro de gotas sobre las hojas anchas, sobre las piedras, hasta cualquier tierra salvaje, por profunda y poco común que sea. Yo soy el astil de la flecha, tallada de arriba abajo por luces inesperadas e incisiones del mismo cielo, y este libro es el rastro perdido de la sangre”.

Hay que usar el poder de nuestros sentidos y de nuestra mente como si de flechas que atraviesan el aire se tratara, que se clavan en cualquier cosa que llame nuestra atención. Pero nosotros no matamos, observamos y, a veces comprendemos, y dejamos que la marca del rayo que ha penetrado en nosotros nos convierta en transmisores del rastro perdido que nos ha emocionado.

P.30: “pero si cultivas una pobreza y una sencillez saludables y el hecho de encontrar un centavo te cambia literalmente el día, en este caso, como el mundo está sembrado de centavos, con tu pobreza” (diría, casi mejor, con tu actitud) “habrás comprado días irrepetibles. Es así de simple. Lo que ves es lo que recibes”.

Viñedo Dos puntas en cevreros (Ávila)

La actitud del naturalista ante la vida es ésta: estés donde estés, vive y mira atentamente porque tu felicidad será aquello que veas y aquello que veas será aquello que, en cada momento, serás. No hay que olvidar que la naturaleza se abre paso en cualquier sitio… he visto cosas hermosas, que me han alegrado y regalado el día, tanto dentro de un avión, en la cola de la pista de despegue (crucé la mirada con una garzeta real), como en mis caminatas por cualquier viñedo (un zorro perplejo ante la táctica, perfectamente estudiada, de dos conejos para despistarle). Sin olvidar que escuchar, sentir y oler es tan importante como ver y mirar. Como observa Dillard (p.53), “cuando camino sin cámara, mi propio obturador se abre y la luz del momento se fija en mis entrañas de haluro de plata. Cuando veo de este modo, soy, ante todo, una observadora sin escrúpulos”.

Hay que volver a caminar sin cámara fotográfica para que la luz de cada acontecimiento entre en nuestro cuerpo y se fije sin trabas en la película “fotográfica” de nuestra sensibilidad. P.55: “el secreto de la vista es, por tanto, la perla más valiosa. Si pensara que un lunático cualquiera puede enseñarme a encontrarla y a guardarla para siempre, caminaría descalza y tambaleante a lo largo de cientos de desiertos detrás de él. Pero aunque la perla puede hallarse, no puede buscarse. La literatura de la iluminación nos lo revela cada vez: a pesar de que le puede llegar a quien la espera, es siempre un regalo y una completa sorpresa, incluso para el más experimentado de los maestros”.

P.122: “Esto es, ahora sí, esto es. Experimentar el presente de manera pura es vaciarse hasta quedarse hueco; es recoger la gracia como quien llena su taza bajo una cascada. La conciencia no impide vivir el presente. De hecho, la gran puerta del presente sólo se abre  cuando existe una percepción más intensa…la conciencia de uno mismo, sin embargo, sí dificulta la experiencia del presente. Es el instrumento que desconecta a todos los demás. Mientras me ‘pierdo’ en un árbol, soy capaz de sentir el olor de su frondoso aliento o de calcular las cuerdas que supondrían su madera, puedo arrancar sus frutos o hervir té sobre sus ramas, y el árbol sigue allí. Pero en el instante en que me vuelvo consciente de mí misma al realizar una de esas actividades…el árbol desaparece de mi vista, es arrancado de cuajo como si nunca hubiera estado allí. Y el tiempo, que se deslizaba sin cesar hacia el interior del árbol aportando nuevas revelaciones como hojas flotantes, cesa. Se contiene, se apacigua, se estanca”.

Me gusta perderme en los vinos cuando noto que me llaman y quieren decirme algo. Todo desaparece, entonces, de mi vista pero los ojos del interior se abren. Soy capaz, en ese momento, de ver amaneceres y otoños en la copa, vientos y mareas, sombras y raíces, la fuerza de un árbol y la magia del pájaro que huye. Puedo moverme por su paisaje, hablar con quien lo ha hecho y sentir y describir sus revelaciones.

P.154: “uno no atrapa el presente, no lo consigue con anzuelos y redes. Uno lo espera con las manos vacías. Así es como te llenas”.

P.53: “algo se rompió en mí, algo se abrió a la par. Me llené como un odre de vino nuevo. Respiré el aire como si fuera luz; vi la luz como si fuera agua. Yo era el borde de una fuente que el arroyo llenaba para siempre; era el éter, la hoja en el céfiro; era una partícula de piel, de pluma, de hueso”.

P.55: “el secreto de ver es navegar con viento solar. Pule y extiende tu espíritu hasta que tú mismo seas una vela afilada, traslúcida, que navegue de costado con el más mínimo soplido”.

Tarda virgiliana com mai al Priorat set 2006

No hay que conocer a Séneca ni haber leído a Ovidio, no hay que saber qué escriben los romanos a sus muertos o cómo decoran sus sarcófagos, para poder describir a la perfección en qué consiste la eternidad y, con ella, la inmortalidad. Tiene que ver con la observación atenta de la naturaleza en cualquiera de sus manifestaciones y a lo largo de las estaciones, que Dillard practica con perfecta intensidad: (p.111) “…en fin. He estado pensando en el cambio de las estaciones. Este año no quiero perderme la primavera. Quiero diferenciar entre el último frío del invierno y el frío de fuera de temporada, es decir, el de la primavera. Quiero estar ahí en el momento  en que el pasto se vuelva verde. Siempre me pierdo esa revolución radical…este año quiero tender  una red a través del tiempo y decir ‘ahora’, al igual que los hombres plantan banderas en el hielo y la nieve y dicen ‘aquí’. Pero me da la sensación de que será tan imposible atrapar la primavera por la cola como desatar el aparente nudo de la piel de la serpiente; no hay bordes donde agarrarse. Ambos son bucles continuos”.

"Aiòn" fue hijo de Cronos (identificado casi siempre, por error o no, con “El tiempo”), quien fue hijo de “Ouranós”, “el cielo”; y "aièi", que es adverbio hijo del dios, significa “siempre, sin cesar, continuamente” en griego clásico. Cicerón tradujo el concepto por Aeternitas y su representación gráfica es un joven sin edad rodeado, en el interior de un círculo perfecto, por los frutos que representan las cuatro estaciones, un bucle al que no hay que agarrarse porque ya estamos dentro de él. Basta con estar atentos a aquello que sucede en la naturaleza para integrarnos en ese devenir cíciclo. Basta con querer convertirse en superfície del agua que corre junto al viñedo, en viento que trae el fresco del mar a las cepas o en cielo estrellado bajo el que una uva feliz duerme. Basta con ser roca o abejaruco, retama o flor de olivo.

P.113: “el calendario, el tiempo y el comportamiento de las criaturas salvajes están sutilmente conectados entre ellos. Todo se superpone con suavidad durante unas pocas semanas en cada estación y luego se vuelve a enmarañar”.

P.123: “la inocencia es un mundo mejor. La inocencia ve que esto es, que ahora sí, y considera que el mundo y el tiempo son suficientes. La inocencia no es una prerrogativa de los niños y de los cachorros, y menos aún de las montañas o de las estrellas fijas en el cielo…para nosotros, la inocencia no es algo perdido; el mundo es un lugar mejor que todo eso. Como cualquiera de los dones del espíritu, está ahí si la quieres, disponible para quien la pida”.

La inocencia significa otorgarte el poder de la sorpresa, la inocencia es dejarte sorprender. Por eso he estado siempre en contra de las catas a ciegas como juegos de vanidad, por una parte (a ver quién sabe más…) o como juegos sin más (juego a adivinar y a decir “qué poco sé…” o “cuánta humildad proporciona el vino”), porque no necesito ninguna funda sobre la botella para dejarme sorprender ni para decir qué pienso. Tampoco hace falta mirar la etiqueta  para concentrarse en el interior de la botella y para dejarse llevar por su vino. El problema, quizá, es que muchos vinos te llevan a ninguna parte. La inocencia es dejarte llevar por tu sensibilidad y por tus sentimientos, no por etiquetas o por comentarios y opiniones de otros: beber aquello que la botella y la copa te ofrecen sin pensar ni saber quién lo ha hecho. Y a ver qué te dice… para eso no hace falta otra cosa que saber que todos tenemos el don de la inocencia y de la sorpresa. Pero como todas las cualidades, hay que saber que la tienes, hay que reconocerla y querer practicarla.

P.124: “lo que yo llamo inocencia es la falta de conciencia de sí mismo que tiene el espíritu en un instante de pura devoción hacia cualquier objeto. Es, al mismo tiempo, receptividad y absoluta concentración. Uno no necesita convertirse en un cachorro para ello, no debería”.

P.125: “la vida es movimiento; el tiempo es un arroyo vivo que transporta luces cambiantes. Mientras me muevo, o mientras el mundo se mueve a mi alrededor, la plenitud de lo que veo se hace añicos…el presente es un lienzo que se entrega sin reservas. Sin embargo, aunque no dejen de rasgarlo, aunque se lo lleve la corriente, sigue siendo un lienzo”.

Llaurant Les Tosses

Plantearse un paisaje con viñedos como si de un lienzo se tratara. Cada día lo descubres de nuevo porque cada día es distinto. Y el vino que nace de una actitud así, el vino que hace la gente que se entrega a diario a su trabajo en el campo y que quiere embotellarlo en la plenitud con que lo conoce, ese vino no conoce fronteras. Ese vino se mueve cada día, cambia cada día y hay que entregarse con plenitud a él y a descubrir sus metamorfosis. No sé si hay muchos o pocos vinos así. Sé que he podido ya beber unos cuantos de ellos en mi vida. También sé que me quedan muchísimos más por descubrir. No hace falta mucha publicidad ni redes sociales para beber así: hay que saber entregarse al presente que un vino te regala también sin testigos. Cada cual sabrá cuándo merece realmente la pena hacerlo.

P.131: “la idea que tiene de la inmensidad un hombre ciego es un árbol. Poseen cuerpos robustos, habilidades especiales, almacenan agua fresca, perduran”.

(P.138) “estoy sentada bajo un sicomoro: soy un caparazón blando y descascarillado, vulnerable al más mínimo soplo del viento o azote de la arena. El presente de nuestra vida parece distinto debajo de los árboles. Los árboles ejercen su dominio”.

P.151: “el camino de la perfección consiste en la facilidad para hacer las cosas dejándolas caer por su propio peso”.

El camino de la perfección consiste, además, en dejar que las cosas sean, en no intentar manipularlas ni llevarlas donde tú quieres que vayan. Hace falta un entrenamiento de años y equivocarte muchas veces, pero se consigue. (P.344: “en la naturaleza –escribió Huston Smith- el acento recae sobre lo que es, más que sobre lo que debería ser”). Finalmente, disfrutas viendo cómo las cosas son y descubriendo su belleza instantánea. Cuántas veces me he equivocado “juzgando” (ya no juzgo…) a vinos y personas por lo que yo pensaba que tenían que ser… Ya no juzgo: conozco, charlo, abro y bebo y sé, al instante si estoy disfrutando de un momento de belleza y de emoción o no. La perfección, en este sentido, es un instante de felicidad y todos podemos acceder a ella. Y (p.158) “la belleza en sí es un lenguaje para el que no tenemos clave; es la cifra muda, el criptograma, el código incólume e innacesible”. Puesto que no hay clave, no hay dos vinos hermosos iguales: es un criptograma que, cada vez, hay que intentar descifrar pero con la mente en blanco y sin prejuicios. Porque nunca se repite su fórmula.

P.175: “hay una suerte de energía muscular en la luz del sol que es comparable a la energía espiritual del viento. En los días de sol, la energía solar que recibe media hectárea de terreno equivale a cuatro mil quinientos caballos de vapor. Estos caballos se propagan en todas direcciones, como esclavos construyendo pirámides y fabricando, de abajo arriba, un mundo nuevo y firme”.

Todos sabemos que hay vinos así, vinos llenos de la energía del sol y de la fuerza de los caballos que han trabajado el campo. Hay vinos llenos del viento que viene del mar con sus luces y aromas; o de la tierra interior, con su arcilla y su polvo. Hay vinos ante los que sientes estar ante esa media hectárea llena de energía, de luz y de fuerza intuitiva.

P.204: “pero es aquí, en la Tierra, donde la textura me interesa sobremanera. Dondequiera que hay vida, hay enredo y desorden: el encrespamiento de un liquen ártico, la maraña de broza a lo largo de una orilla, la articulación de la pata de un perro, la forma en que una línea recta se convierte en una curva, en una escisión o en un nudo. Nuestro planeta se caracteriza por ser escarpado, por sus montañas agolpadas al azar, por los márgenes crispados de sus costas”.

(P.206) “porque somos personas vivas y porque estamos en el punto de mira de la belleza, hay otro elemento que interviene por fuerza. La textura del espacio es una condición del tiempo. El tiempo es la urdimbre, la materia es la trama de la belleza tejida en el espacio y la muerte es la lanzadera…lo que quiero hacer, entonces, es añadir tiempo a la textura, pintar el paisaje en un pergamino que no pueda desenrollarse y dejar que el globo terráqueo gigante dé vueltas en su soporte”.

Texturas, colores, líneas rectas que intuyen y aman la curva, el tiempo, la urdimbre como materia para la belleza, el alborozo, pintar el paisaje en una copa de vino. Con la complejidad que dibuja Dillard me gusta percibir el mundo de los vinos que amo. Y con la sencillez y humildad con que ella vive y escribe su día a día, me gusta descubrirlos y beberlos. El color y las texturas de mi vida, los pliegues de mi tiempo y de mi recuerdo siempre han tenido la forma de los aromas, la textura de los sabores, la fuerza de los colores. Hacen que me sienta vivo y que pueda transmitir las cosas que vivo de otra manera. Porque (p.209) “todos deberíamos ser capaces  de evocar visiones de forma voluntaria para tener siempre presente la importancia de la textura en el tiempo”. El vino es la textura de un paisaje que evoluciona en el tiempo.

P.207: “de repente recordé el color y la textura de nuestra vida  tal y como la conocimos –esas cosas que se nos han olvidado por completo- y pensé, mientras seguía buscando en la franja ilimitada: ‘qué buena época fue aquella, una buena época para vivir’”.

P.215: “la complejidad es lo que viene dado desde el principio, el patrimonio; en ese carácter inextricable reside la resistencia de la complejidad que evita el fallo de cualquier vida. Ésta es nuestra herencia, el paisaje moteado del tiempo”,  (p.235) “porque la noción de variedad infinita de detalles y multiplicidad de formas es agradable; en la complejidad están los márgenes de la belleza y en la variedad están la generosidad y la exuberancia”.

Els Escurçons de Mas Martinet

Porque somos seres vivos, estamos en el punto de mira de la belleza

En las fronteras de la complejidad se esconde la belleza. La aventura cotidiana consiste en atravesar esas fronteras y conocer los detalles de un nuevo paisaje, las formas de un nuevo vino, la generosidad y exuberancia de un nuevo ser humano que mira todo de otra manera. En la variedad reside el gusto.

P.267: “puede que vea que algo sucede ante mí; puede que solo vea luz sobre el agua. Vuelvo a casa entusiasmada o apaciguada, pero siempre distinta, viva. ‘Se dispersa y se reúne –decía Heráclito-, viene y va’ Y yo quiero estar en el camino de su cauce y que su aliento invisible me refresque”.

P.347: “estar aquí tal como somos. Me encantan los pequeños casos, los diez por ciento…el caso es –dice Van Gogh- que somos artistas en la vida real y lo importante es respirar tan fuerte como podamos”.

P.387: “permanece al acecho de las grietas. Cuélate por una grieta del suelo, date la vuelta y descubre, más que un arce, un universo. Así es como pasas la tarde, y la mañana del día siguiente, y la tarde del día siguiente. Pasa la tarde. Deja que transcurra, ya que no puedes llevártela contigo”.

P.372: “la muerte del yo de la que hablan los grandes escritores no es un acto violento. Se trata simplemente de la unión con el gran corazón de roca de la tierra durante su rotación. Se trata simplemente del cese lento de las premuras de la voluntad y del parloteo del intelecto: está esperando como una campana hueca con el badajo inmóvil. Fuge, tace, quiesce. Es en la propia espera donde se halla el meollo”. (P.388) “Ves que las necesidades de tu espíritu se han cubierto cuando lo has pedido y has aprendido que esa increíble garantía se mantiene. Ves morir a las criaturas y sabes que morirás. Y llega un día en que no necesitas la vida” porque todo tú eres ya vida, concentrado por completo en ella y para ella, sin accesorios inútiles. Reconocer y concentrarse en lo imprescindible, en las cosas esenciales, hace que los margenes de la vida desaparezcan y que todo sea inclusión. Todo es vida entonces, sea cual sea tu estado, estés con quien estés y donde estés. Y ya nada importa porque eres, también, piedra y roca, viento y pájaro, río y mar. Calla, descansa, disfruta con aquello que la naturaleza te da empezando por ti mismo. Cuando percibes que llega ese momento estás ya, eres ya el corazón de la roca y formas parte del bucle del tiempo. Tu mortalidad, que siempre ha mirado al infinito que vaga en ti, es ya inmortal. Conseguirlo a través de un paisaje con viñedos y de una copa de su vino auténtico: ese es el tema.

P.390: “Emerson lo vió. ‘Soñé que flotaba a voluntad en el gran Éter y vi que este mundo también flotaba, pero no estaba lejos, sino reducido al tamaño de una manzana. Entonces un ángel lo cogió y me lo pasó diciendo: `debes comértelo´. Y me comí el mundo’. Entero”.

Haz algo más que comer. Bébete el mundo. Entero. Ya sabes cómo hacerlo, ya sabes cómo reconocer con qué hacerlo. Hazlo. ¡Que pases un feliz verano!

HJV 2016

28 mayo, 2017

Apoikia Àmfora 2016: en casa de nuevo

Apoikia 2016 vasija tras la katábasis
En un mundo casi desaparecido, en el que la naturaleza y la tierra cultivada modulaban el ser y el sentir del hombre, existían dos formas de conjurar la mortalidad de los cuerpos. La primera, y más habitual, consistía en aceptar que la clave de esa "inmortalidad" residía en la regeneración de las cosas: nada se perdía, todo se reciclaba. El ser humano observaba el ciclo de la vida a través de las estaciones, lo representaba en un círculo que, por definición, nunca empieza ni termina, y todas las energías se identificaban con él. Nada moría ni nacía. Todas las cosas que se vinculaban con la naturaleza de una forma cíclica, personas, cosechas, vidas y muertes, se transformaban. En 1847, Hermann von Helmholtz formuló exactamente ese sentimiento ancestral como  la "ley de conservación de la energía": las energías pueden adoptar otras formas, pero no ser destruidas. Así pues, la energía no nace ni muere, se transforma. Cualquier energía: la de las emociones y los sentimientos, también.

Existía una segunda forma de acceder a la inmortalidad, aunque fuera temporal. Si uno pactaba con los dioses porque tenía una misión transcendental que resolver, podía recibir permiso para visitar el mundo de los muertos y volver de él con vida. La transcendencia era metafórica, por supuesto, porque en esa misión concreta, se concentraban e identificaban los anhelos de todos los mortales. Por suerte para nosotros, siempre había además algún narrador de excepción que nos contaba cómo había ido la cosa. Así, por ejemplo, sabemos de los viajes de Gilgamesh, de Odiseo, de Orfeo y de Eneas. Todos ellos viajaron al reino de la oscuridad y fueron de nuevo llamados a la luz, con resultados y fortunas desiguales pero siempre con la idea de la superación personal como meta: acercarse a la frontera de lo desconocido, penetrar en ella, explorar y salir indemnes y más sabios como metáfora de un convencimiento. Somos instrumentos en manos de los dioses, es decir, de la naturaleza, para que la rueda de los acontecimientos siga moviéndose.

No suele relacionarse con estos descensos a la oscuridad otra aventura de Odiseo, la que Homero cuenta en el canto 9 de la Odisea, cuando el barco del héroe se adentra en la más absoluta oscuridad para atracar en la isla de los Cíclopes. Si a la isla llegan con ausencia de luz y con niebla, cuando entran a la cueva de Polifemo, la exploración es, ya directamente, otro viaje a los infiernos pero, de nuevo, en vida. Los compañeros de Odiseo van siendo devorados por el cíclope, quien acompaña su antropofagia delirante con leche de oveja recién ordeñada y pura. Pero nuestro astuto héroe se sirve del mejor vino que transportaba para emborrachar al bocazas de un solo ojo, clavarle una estaca de olivo ardiente, dejarle ciego y acabar saliendo de nuevo a la luz, que es la vida. Por primera vez en las historias que la literatura de los hombres nos ha legado, es el vino y la estrategia, además de la valentía acompañada de sensatez, las que permiten al héroe seguir su viaje tras visitar el reino de la muerte.

Agnès y Manel, de Apoikia, han buscado una vía intermedia y, en este sentido, tan nueva o tan vieja como es el mundo desde que los hombres hacen vino en él y lo entierran en vasijas en el suelo. Vieja porque desde muy antiguo (por lo menos desde los tiempos de Noé, si no estoy mal informado) el fruto de la tierra en forma de mosto que se está convirtiendo en vino, se lleva a vasijas que reposarán unos meses su embarazo para acabar "pariendo" un vino que será la más sincera manifestación de esa misma tierra. Nueva porque las tradiciones y personas que utilizan esta técnica suelen poder acceder a las vasijas de barro por su boca en superficie, por muy protegida o tapada que esté. No ha sido este el caso... Agnès y Manel decidieron someter a su aglianico a una suerte de muerte en vida. Lo pusieron en vasijas y las enterraron por completo bajo tierra. Sabían donde estaban y a los ocho meses lunares, en un momento especialmente propicio, decidieron convocar a los dioses, pactar con ellos e intentar que el vino, que estaba en el reino de la oscuridad, saliera de nuevo a la luz.

Creo que Gilgamesh no estaba presente, pero el resto sin duda sí: Odiseo, Orfeo y Eneas llegaron de la mano de Homero y de Virgilio. La luna, casi nueva, estaba frente a Aries. Y todos, en silencio y mirando al monte que había protegido a las vasijas, bajamos para llevarlas de nuevo a la luz. Sin darnos cuenta, el mundo se había convertido en una enorme cueva, Sileno yacía en ella y nosotros estábamos ya abriendo la primera vasija ante él, olíamos el vino y lo servíamos en una copa. Sin mediar petición ni ruego ni chantaje alguno, el tutor de Baco empezó a contarnos la historia del mundo a partir de unas uvas que, convertidas en vino, eran en realidad mucho más que vino. Representaban, en el suelo de la viña y bajo la protección de nuestro cielo azul, las cuentas de una esfera que no se ha roto y que seguimos dibujando porque sabemos que sólo en el respeto a la tierra y a uno de sus hijos emblemáticos, el vino, encontraremos  nuestra más profunda vinculación con ella y parte de la razón de nuestra inmortalidad.

Fuego y tierra, calor: energías contenidas en una copa, dureza y fluidez. Buscar una voz a través del vino. No hacer por hacer ni copiar por inercia. Tener una idea del vino y convertirla en tu voz. Que el vino sea tu voz. Aglianico pues, pero bajo la protección del Montgrí, no del Vulture (no tan lejos de donde Eneas descendió a los infiernos). No hay más que tierra comprendida y tratada con el máximo respeto, uva y fermentación. Vasija enterrada y ocho meses lunares. Rústico pero amable, discreto pero intenso, cerezas y mirto, violetas y corteza de naranja, flor de lavanda silvestre y retama, profundidad y luna nueva. La primavera sirve para esto: para que los seres que podrían parecer muertos vean la luz de nuevo, para que las energías se renueven y transformen, para que el vino auténtico fluya como metáfora de la vida nueva, de la vida que vuelve. La emoción y el deseo son energías que también se beben.

Ps. Esta  extraordinaria aventura no hubiera sido posible si Agnès y Manel no hubieran tenido una gran complicidad con Eloi, de Bonadona Terrissers, que les hizo las vasijas tal y como ellos las querían.
Apoikia 2016 vasija vacía tras la katábasis

14 abril, 2017

W. Finnegan: mundos por cartografiar


Confesiones de un explorador que quiere compartir. Con la lectura de William Finnegan, Años salvajes. Mi vida y el surf (Barbarian Days: A Surfing Life), Libros del Asteroide, Barcelona, 2017 , traducción de Eduardo Jordá.

P.248: “Un escalofrío de mustia tristeza se apoderó de mí y un dolor que provenía de algo que no era exactamente la añoranza. Tenía la sensación de haberme salido de los límites del mundo conocido. Eso no me importaba: había muchas maneras distintas de cartografiar el mundo”.

P.249: “cerré los ojos. Sentí el peso de los mundos sin cartografiar, de los lenguajes por nacer. Y eso era justamente lo que yo iba buscando: no lo exótico, sino el vasto conocimiento que te permite descubrir lo que cada cosa es”.

Hay vinos y personas que te permiten

cartografiar sensaciones sin haber pisado la tierra donde crecen las uvas que las provocan.

Reconocer a esos vinos y personas porque compartes la intimidad que se encuentra en su nacimiento. Sin conocer físicamente a la persona que los hace.

Descubrir y conocer lo que cada cosa es más allá de las fronteras de lo reconocible porque sientes realmente qué es. Y porque lo sientes sin que nadie te haya dicho nada, sabes.

En el mundo de las sensaciones, se llega del sentimiento al conocimiento través de la energía de la emoción.

Sin emoción no hay sentimiento ni conocimiento ni reconocimiento.

Hawaii

¿Cómo cartografiar una emoción sin brújulas ni mapas? ¿Cómo describirla? Cómo ponerle palabras y situarla en un mapa que no existe? Nadie te lo puede contar. Yo sé cómo “poner alfileres”, que son palabras, en un mapa por dibujar, en un vino que no conocía, en una persona a la que no había encontrado jamás. Todos podemos hacerlo a partir de nuestro sentimiento y nuestros recuerdos. Y con nuestras palabras.

Cada palabra está por nacer para llenar de contenido los lugares de un mapa de emociones que todavía no hemos descubierto.

La toponimia de un mapa vínico por hacer, de un mundo de sensaciones por cartografiar, llena de sentido y de esperanza la vida del explorador. Nunca sabes cuándo entrarás en un territorio desconocido, pero siempre andas buscando esa puerta.

Por mucho que se empeñen en contarte historias, hay vinos y personas que no te permiten hacer ninguna de estas cosas. Parece que lo tienen todo claro pero no te permiten ver ni sentir.

¿Quién va más a ciegas? Repito (p.249 del libro de Finnegan): “…sino el vasto conocimiento que te permite descubrir lo que cada cosa es”: uastus es un adjetivo latino que significa muchas cosas en una familia de palabras relacionada con la grandeza. Finnegan tiene al océano en su cabeza, siempre, desde niño. Y cuando se usa “vasto” (confieso no tener el original inglés cuando escribo este post: parto de la traducción) para hablar de mar o de grandes extensiones, se alude a algo “que no tiene fin”. El cielo es inabarcable, no tiene fin: es vasto. El océano es enorme y poderoso, la vista jamás puede abarcarlo entero: es vasto. Así también el conocimiento. La capacidad física de cada cual para poseerlo y retenerlo existe, pero la ambición y la voluntad de pisar tierra desconocida para cartografiar nuevas emociones tiene que ser insaciable e inabarcable en cada uno de nosotros. Siempre. Como el cielo o el océano. Tiene que ser, en este sentido, vasta.

La limitación física no puede ser excusa para que el explorador no aspire al vasto conocimiento que le permitirá llegar a la esencia de lo que descubra.

Además: Alice Gregory, “The Riders of the Waves”, en The New York Review of Books, 13 de agosto de 2015 (su recensión del libro de Finnegan en mi traducción):

“Hay un pasaje cerca del inicio de Middlemarch  en el que el narrador describe la vista a través de una ventana. Esta descripción es la mejor que he leído yo jamás sobre el placer de conocer un lugar íntimamente: ‘los pequeños detalles daban a cada campo una fisiognomía particular, querida a los ojos de quien la había visto desde la infancia’ escribe George Eliot… Esta capacidad para la familiaridad geográfica conforma un tipo de conocimiento visceral, que se obtiene orgánicamente y que se atrofia con los años… Conocer un lugar a través del corazón es un lujo raramente ofrecido a los adultos”.

Creo, con George Eliot (que fue seudónimo de Mary Anne Evans), que los pequeños detalles son los que te permiten conocer en profundidad lo que sea. Pero también creo (y aquí no coincido con Alice Gregory) que si compartimos la idea de conocimiento como algo que se puede adquirir en la infancia, la juventud o la edad adulta, entonces siempre estaremos mentalmente preparados para una eterna “infancia” exploradora. En realidad, creo que esto es lo que William Finnegan nos propone: mantener una actitud salvaje y atrevida ante la frontera de lo desconocido, querer pasar al otro lado. Encontrar nuevas maneras de cartografiar un mundo desconocido.

“Conocer algo a través del corazón”, del sentimiento y de la emoción, es una puerta que cierto tipo de vinos me abre. Es un conocimiento visceral y muy orgánico, sin duda, muy vinculado a la tierra y a la transformación de la uva. Para llegar a él solo hay que estar dispuesto a verlo y sentirlo todo con los ojos de la “infancia” y con el sentimiento del explorador que se encuentra ante “mundos” por cartografiar y con  sensaciones a las que nombrar por primera vez.

27 marzo, 2017

A propósito de James Rebanks

Una cuestión de generaciones: a propósito del libro de James Rebanks, La vida del pastor. La historia de un hombre, un rebaño y un oficio eterno, Penguin Random House, Barcelona, 2016.

“Una cuestión de generaciones” me viene a la cabeza tras charlas, botellas y emociones con Joan Asens, del Masroig; Toni Carbó, de Subirats; y Albert Domingo de Les Ordes (Aiguamúrcia). Por decirlo con las palabras que corresponden, Joan de Cal Nicolau; Ton de Cal Ton de la Salada y Albert de Mas Tuets. Ellos son (junto con muchos otros que no cito, pero de los que podría explicar historias parecidas), la parte visible de un hilo de generaciones que llega hasta hoy. Joanet de Mas d’en Ferran, Jaumet de Cal Pati y Albert de Mas Tuets, son los eslabones necesarios para que los vinos de Albert Domingo en Mas Tuets estén empezando a emocionar. Antoni Carbó Pinyol, Antoni Carbó Gibert –Tonet-, y Ton Carbó Ferrer –Ton-  fueron los brazos y las voluntades que Antoni Carbó Galimany necesitaba para crear el Celler La Salada, un “nuevo” referente para el Penedès y para todos. Todos ellos, y sus descendientes (ya tenemos a un Ton Carbó Serra!), pertenecen a Cal Ton de La Salada. Nicolau, Ramon y Elionor (entre Cal Nicolau, Cal Tano y Cal Sens) abrieron el camino para que Joan Asens Masdeu (una de las almas de Orto Vins) y su hijo Genís sean hoy una de las realidades más importantes del Montsant desde El Masroig.

Les Tallades de Cal Nicolau y La Coma del Genís, Mas Tuets y L’Ermot son, en este sentido, vinos que se dejan beber como pocos, vinos que transmiten su tierra y hacen vibrar, vinos que trasladan la energía y personalidad de quienes los hacen.

Pero son mucho más que eso.

James Rebanks, La vida del pastor..., p.27: (paráfrasis) “mi abuelo fue, simplemente, uno de los miembros de esa gran mayoría silenciosa y olvidada de personas que vivieron, trabajaron, amaron y murieron sin dejar demasiado testimonio escrito de que alguna vez pasaron por aquí. Para el resto del mundo, mi abuelo fue en esencia un don nadie, y sus descendientes seguimos siéndolo. Pero de eso se trata”. ¿De eso se trata, me pregunto yo? Los paisajes como el nuestro fueron creados, y aún perviven, gracias a los esfuerzos de los “don nadie”… esta es una tierra de gente modesta que sabe trabajar duro. Quizá la verdadera historia de la tierra deba ser la historia de los "don nadie", pero al mismo tiempo, todos deberían saber que el bisabuelo de Joan Asens, Nicolau, ayudó a construir con sus manos el puente que uniría el Masroig con el Molar; como todo el mundo debería también saber que el bisabuelo y el abuelo de Ton de la Salada hicieron prosperar a los propietarios de Can Bas y que al abuelo, Tonet (con su hermano Jaume), lo apodaron “el cuatro brazos” porque trabajaba más fuerte y rápido que nadie; o que el abuelo de Albert de Mas Tuets, Joanet, cavó con sus propias manos, en la masovería en la que vivía y trabajaba, unos enormes lagares de más de 5000L. Todos, en fin, deberían también saber que una viña centenaria de picapoll tinto sobrevive y emociona en Les Tallades que Nicolau plantó; y que L’Ermot de macabeo, plantado en la tierra pobre que todos rechazaban, da hoy uno de los grandes vinos blancos de este país; o que los lagares y las terrazas que Joanet de Mas d’en Ferran construyó, respiran una vida nueva. Todos conocen, más o menos, a Joan Asens del Masroig, a Toni Carbó de Subirats y a Albert Domingo de Les Ordes (Aiguamúrcia). Pero nadie debería olvidar que la verdadera historia de su tierra, del paisaje y de los sabores que les y nos hacen ser como hoy somos la han construído “donnadies” como Nicolau, Tonet o Joanet.

P.56: “A lo largo de aproximadamente la última década, mi padre y yo hemos ido adoptando deliberadamente un modelo más tradicional y anticuado para nuestro sistema de cría, y hemos vuelto a un patrón que minimiza los aportes externos y los gastos, porque eso nos ayuda a escapar de la espiral de costes que está acabando con las pequeñas granjas como la nuestra. Y porque poco a poco nos hemos ido dando cuenta de que los sistemas tradicionales aún funcionan”.

En la alimentación del ganado y en la vida de una granja (por lo tanto, en qué comemos), se basa una parte del concepto de la biodinámica de Rudolph Steiner. En el fondo, se trata de darse cuenta de que un sistema más tradicional y que atiende desde la tierra a las necesidades de la tierra, es mejor para todos: para la propia tierra, para sus animales y plantas y para las personas que trabajan con ella y viven de ella. También, por supuesto, para los que lo vemos desde más lejos pero comemos y bebemos de ella buscando raíces y autenticidad. 

P.81: “El respeto iba asociado  sobre todo a la calidad de las ovejas  o las vacas de ese hombre o mujer, al cuidado de su granja, o a la pericia que demostraran en su trabajo y su gestión de la tierra. La comunidad tenía a los buenos pastores  y pastoras en la más alta estima, independientemente de que a los ojos de la modernidad fueran ‘simples empleados’”.

“Respeto” es la palabra clave: respeto hacia el trabajo bien hecho en el campo y en la bodega, respeto hacia las personas que a los ojos de la comunidad mejor hacían su trabajo, al margen de su condición social o de si eran o no propietarias de la tierra y los animales con que trabajaban. Menos "bla bla bla" y más fijarse en las cosas del campo y de la bodega, con transparencia y honestidad. Sólo así sabremos a quién tenemos que respetar y por qué, al margen de nombres, famas, etiquetas, ferias y propiedades.

P.210: “Sostengo respetuosamente que el trabajo, la labor y los usos y costumbres que han permanecido impertérritos durante siglos deben primar sobre el entretenimiento improductivo”. (Beatrix Potter, conocida como señora Heelis, en una carta a The Times de enero de 1912, en la que protesta por la instalación de una fábrica aeronáutica junto al lago Windermere).

P.250: “Clare” (John Clare, el poeta campesino) “vio la desconexión que se estaba creando entre la gente y la tierra, algo que desde entonces  solo ha empeorado año tras año”… “No hay nada mejor que trabajar en estas montañas. Al menos cuando no estás empapado o helándote, pero incluso entonces, te hace sentir vivo de una forma que yo no consigo sentirme en la vida moderna tras la vitrina. Aquí arriba sientes la emoción de lo intemporal. Siempre me ha gustado la sensación de estar perpetuando algo más grande que yo, algo que se remonta, a través de otras manos y de otros ojos, hasta las profundidades del tiempo”.

Veo en Joan Asens de Cal Nicolau, en Ton Carbó  de Cal Ton de La Salada y en Albert Domingo de Mas Tuets, en su actitud y en sus palabras, en sus gestos y miradas, que ellos también viven esa sensación: ellos perpetúan una historia de generaciones que modela paisajes, viñas, vinos y personas de una manera determinada, modesta, discreta, profundamente enraizada con su tierra y sus costumbres. Tienen el orgullo de quien sabe que, más allá de la condición social, ellos están en sus viñas para permanecer en ellas y para perpetuar algo que les supera, algo que tiene que ver con las manos y las miradas de quienes les han precedido. Transmiten la sensación de que esta es su tierra y de que aquí siguen, mirándola y trabajándola con el máximo respeto, para regalarnos la emoción de lo intemporal en una botella de su vino y con una copa en las manos. 

Son, también, mucho más que una botella o una copa de vino.

James Rebanks BY Phil Rigby in Cumbria Live
James Rebanks por Phil Rigby en Cumbria Live

05 marzo, 2017

La Cave des Nomades

La Cave des Nomades
La Cave des Nomades nace del encuentro entre José Carvalho Moreira, portugués, y Paulina Srzednick, polaca, en Banyuls. Apenas tres Ha sobre suelos de esquisto con todas las orientaciones e influencias posibles, direcciones de los vientos, edades de las plantas, el sol en el amanacer o el atardecer, el mar, las Alberes... Garnacha blanca, gris, tinta, vermentino, cariñena, macabeo. Blancos con apenas maceración, blancos con varios días de maceración, rosados de ensamblaje "todo en uno", tintos despalillados grano a grano.

No hay otra intervención que la del hombre y su mirada sobre la tierra de Banyuls. ¿Cuánta gente ha pasado por allí desde la colonización griega de Ampúrias? ¿Cuanta gente distinta ha trabajado esa tierra y hecho vino? Y siempre llega alguien nuevo, distinto (unos músicos en este caso, José y Paulina), que conecta con lo esencial, con la idea de que una tierra, sus bosques, su mar, sus cepas, sus objetos, su paisaje, sus casas tienen un espíritu, tienen algo que las hace distintas y únicas. Y lo perciben y lo entienden, lo sienten y lo embotellan.

Dicen Héctor García (Kirai) y Francesc Miralles, en su libro ikigai. Els secrets del Japó per a una vida llarga i feliç, Ed. Entramat, Barcelona, 2016 (ISBN 978-84-92920-15-0), p.101, que (paráfrasis) la responsabilidad de un creador de cualquier cosa, sea artista, ingeniero, cocinero, vitivinicultor o apicultor, es capturar el espíritu de la naturaleza para darle nueva vida, respetándola en todo momento.  Existe una transformación, por supuesto; existe una manipulación, también, de esa naturaleza, pero para que sigamos encontrándola en el "objeto" que ha construido el artesano, éste tiene que ser hecho desde el respeto y el conocimiento.

Así, los vinos de La Cave des Nomades de José y Paulina: el hombre en su unión con la naturaleza (no frente o contra ella) trabaja mucho, y con sus manos; no agrede; no usa sustancias químicas extrañas (en este caso sólo biodinámica) y ya desde la vendimia, altera lo menos posible los sabores esenciales del zumo de la uva. Y lo que uno bebe es la energía de esa tierra, el sabor de ese mar, la fuerza de ese esquisto, la frescura de sus vientos y la sonrisa de José y de Paulina. Su blanco de garnacha gris, Les Rhizomes des Sorcières me hundió en las profundidades de la tierra; y su clarete "todo en uno" L'Arlequin Errant (ambos 2016) me encaramó a una nube de color rosa que paseaba, amable, por la Côte Vermeille. Su ancestral de macabeo Pet Zeppelin 2016 acompañará con un susurro de frescor las mejores conversaciones de este próximo solsticio.  Y etc. Cuando las cosas son esenciales y se hacen con este espíritu, no hay gestos vanos ni vinos superficiales. Todo merece la pena.

La Cave des Nomades, Jose y Paulina, muestran cómo la dinámica de la coexistencia entre el hombre y la naturaleza hecha cepa se mueve gracias a la sonrisa de la complicidad. En su caso, esta dinámica se traduce en felicidad y en abundancia. No hablo de riqueza: hablo de generosidad en el trabajo y con la tierra, que llega a los vinos y a las copas en forma de sonrisa y de abundancia, de plenitud de aromas, sabores y sensaciones. Ellos  llaman a eso "la abundancia de la coexistencia". Pocas veces había leído yo un titular en una botella tan apropiado para el tipo de vida y de vinos que ellos transmiten.

18 febrero, 2017

Because I love wine, I write nature (cast)

Porque amo al vino, escribo naturaleza. Ideas que explican una actitud

Jean Giono, Las riquezas verdaderas, Errata naturae, Madrid, 2016, p.81: (paráfrasis) hace tiempo que busco los gestos primordiales en campos y pueblos, en los corrales de las granjas y en las plazas, en los atardeceres del otoño… cuando llega este tiempo del año, los hombres se reúnen bajo la protección del gran olmo y arreglan juntos sus aperos, y charlan. Y su palabra pausada es, cada vez más, como uno de sus trabajos, porque intentan averiguar de forma esforzada (es la mejor manera de hacer las cosas) los misterios del matrimonio que han contraído con la tierra. Cada vez que topo con uno de estos gestos primordiales, encuentro en él una fuerza enorme, encuentro en ellos una solidez y unos fundamentos extraordinarios. Y siempre me digo, ante cosas tan buenas y sinceras: “los hombres sabrán verlas y sabrán utilizarlas”.

Henry David Thoreau, Walden, Errata naturae, Madrid, 2015, p.229: “me complace pensar que el sentido del gusto, por lo general grosero, me ha provisto de una percepción intelectual, que la inspiración me llegaba desde el paladar, que algunas bayas comidas en la ladera de una colina han alimentado mi genio. ‘Si el alma no es dueña de si misma’ (dice Tseng-tse) ‘miramos sin ver, escuchamos sin oír, comemos sin distinguir los sabores de los alimentos.’ Quien distingue el verdadero sabor de sus alimentos nunca será un glotón.”

P.339: (paráfrasis) la vida más dulce es aquella que se acerca a la esencia de las cosas y no te reclama un gesto de frivolidad… no hace falta demasiado dinero para tener aquello que el espíritu necesita.

Stefano Mancuso-Alessandra Viola, Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2016, p.36: “La planta –escribía a principios del siglo pasado el botánico ruso Kliment Timiriázev (1843-1920)- es el eslabón que une la tierra con el Sol y, de hecho, casi todo lo que el ser humano ha usado como fuente de energía desde el principio de los tiempos proviene de ella.”

Josep Roca-Imma Puig, Rere les vinyes. Un viatge a l’ànima dels vins, Rosa dels vents, Barcelona, 2016, donde hablan con algunos naturalistas/vitivinicultores fundamentales en su vida y en la mía.

Dicen

Lalou Bize-Leroy, p.95: “yo creo que la vida está en todas las cosas. Los animales están vivos. Todo está vivo. Todo es vida y tiene conciencia. La planta también es vida y tiene una cierta conciencia, se siente querida, se siente cuidada… yo pienso que posee el embrión de una mínima conciencia. A mi las viñas me dan mucho, mucho, mucho…”

Reinhard Löwenstein, p.155: “podemos comprender un vino cuando tenemos el valor de dejar de lado nuestras limitaciones racionales y culturales. Sentir es entender…” (Paráfrasis) Cuando bebes no solo lo bebes, también lo sientes, y si lo sientes, no hay diferencia alguna entre aquello que bebes y tú, porque llega un momento en que lo que bebes pasa a formar parte de tu cuerpo y de tu espíritu… Porque no se trata solo de beber, hay que beber y sentir.

(Paráfrasis) Cuando hacemos vino trabajamos con la idea de proporcionar a la gente la posibilidad de sentir desde el nivel más primigenio, más básico, hasta el más complejo posible. El concepto de vino que a mí me gusta está relacionado con la idea de emancipación. Haciendo vino intentamos ayudar a la gente a descubrir cosas que no soñaban que pudieran llegar a existir, aunque probablemente ya estaban en ellos. Es, pues, una manera de despertarnos y de despertarles, una manera lúcida, cómplice y hermosa de emanciparse de la ignorancia y de ayudar a la gente a ver y a sentir utilizando su propia experiencia y la memoria de la sensibilidad adquirida.

Matías Michelini, p.201: (paráfrasis) la naturaleza nos enseña las cosas sencillas. La no-complejidad, la no-estructuración. La naturaleza nos aporta sencillez, humildad, capacidad de observación y de comprensión, perplejidad, placer y experiencia, nos da vida, nos da aromas, nos da afecto. Creo que la naturaleza nos lleva a un mundo distinto en el que más que pensar mucho, aquello que aprendemos es a sentir!

Porque

(Elisabetta Foradori, p.330:)  “no es fácil el viaje de vuelta a la Madre Tierra, recuperar la capacidad de moverse dentro de los ciclos temporales; acercarse a un contacto más íntimo con el suelo; eliminar los prejuicios y ahuyentar los miedos. Cuando trabajas con la naturaleza y no contra ella, te involucras en un viaje apasionante y complejo; cuando cambias la sensibilidad y perfeccionas tu capacidad para escuchar, compartes el espíritu y las costumbres del agricultor de toda la vida… hoy produzco uva y vinos que son la auténtica expresión de mi tierra.”

Pierre Overnoy, p.263: (paráfrasis) se puede llegar a la emoción desde la ligereza, la discreción, la sutilidad y la visión incisiva de un sabor acídulo y con una limpidez física que es turbia; pero sobre todo, se llega con una transparencia filosófica aleccionadora… la auténtica “transparencia” nunca tendrá relación con la normativa de un consejo regulador o con un filtro… un vino puede ser claro y limpio físicamente pero turbio en espíritu. Y, por el contrario, la auténtica transparencia  es un concepto más filosófico y de manera de hacer las cosas, que físico.

John Wurdeman, pp.362-363: (paráfrasis) si hay más vida en la viña, habrá más vida en la copa, así de sencillo. En muchos de los viñedos más importantes y famosos del mundo ni un pájaro comería su uva… cuanto menos intervenga la mano del hombre, más espacio se deja a la naturaleza. Cuando la mano del hombre es más activa, no deja que la naturaleza participe tanto. Y hay más armonía en la naturaleza que en el hombre…

Elisabetta Foradori, p.334: (paráfrasis) si un vino está vivo, lleno de vida, tiene alma porque no es solo materia, sino que  es una energía que supera al hombre físico y llega a su espíritu. En este sentido, elaborar un vino equivale a reproducir el proceso de la vida y de la muerte, tiene relación con cómo la uva transporta las diferentes energías al vino y éste las transforma para no morir, sino para renovarse. Y si son energía, pueden cambiar de forma pero jamás pueden dejar de serlo ni morir. El vino es vida y su belleza reside en esta capacidad suya de intercambio constante. Y como la vida misma, no entiende de normas. Tiene que ver con el instinto porque nos conecta con lo más profundo de nuestro ser. La energía que llamamos vida, como la que llamamos vino, si es verdadera, comporta una transformación constante.

Matías Michelini, p.206: (paráfrasis) un buen vino es el que tiene energía, electricidad, cosa que no todos tienen… cuando encuentras uno de estos vinos, nadie tiene que decírtelo… lo sientes y basta: está en la copa, está en ti. Cuando bebes un vino de estos, sientes una energía y una fuerza que te pone la piel de gallina, todo se detiene a tu alrededor y el vino y la persona que lo han hecho te hablan directamente. Porque este tipo de vinos son, casi siempre, como las personas que los hacen… Cuando esto sucede, lo mejor que puedes hacer es ir a buscar a esa persona y ver, vivir y beber los vinos con ella allí donde los hace.

Porque

(Pierre Overnoy, p.281) “¿es que se pueden hacer las cosas de una forma distinta a como eres?”

Henry David Thoreau, Volar, Pepitas de calabaza ed., Logroño, 2016, p.33: (paráfrasis) el suelo está casi desnudo. Todos han salido y quienes tienen que trabajar los campos están contentos. Voy por Sleepy Hollow hacia Great Fields. Me apoyo en una valla y escucho el aire, que parece líquido como el canto de los pájaros. Mi vida forma parte del infinito. El aire es tan profundo como nuestra propia naturaleza. Me muevo para pedir cosas nuevas a la existencia. Quiero trascender mi rutina diaria y la de los que me acompañan… pido que la vida de este otoño intenso que ahora vivo quede grabada en mi memoria. Y ojalá me atreva a hacer aquello que nunca he hecho. Ojalá alcance la perseverancia  que jamás he tenido. Y ojalá pueda purificarme de nuevo, en cuerpo y alma, como si lo hiciera con fuego y agua. Y que lo que digo y escribo no desmerezca las estaciones. Ojalá pueda obligarme a ser cazador de lo hermoso, lo auténtico y lo conmovedor. Y que no se me escape nada y encuentre las palabras precisas y sencillas para explicarlo.

Cuando huelo naturaleza, respiro poesía.

Mauricio Bach, en “Retorn literari a la natura”, La Vanguardia. Cultura/s, n.759, del sábado, 7 de enero de 2017, p.22, sobre aquello que los anglosajones llaman “nature writing” (presentando libros que no tienen nada que ver, en apariencia, con el vino pero que han sido escritos por Thoreau, Giono, Rebanks, etc.): estamos hablando de “la exploración de una relación armónica con la naturaleza conectada a una conciencia ecológica de preservación de un medio sometido a la explotación humana; la búsqueda, en esta naturaleza, de unos ideales de pureza y unas esencias perdidas o difuminadas por la vida moderna, gracias a la cual (búsqueda) la naturaleza adquiere la entidad del Edén al que se vuelve; del paraíso en el que se recupera un orden armónico –una idea conectada con la del ingenuo salvaje roussoniano-; y, finalmente, aparece también un componente de doble viaje: espiritual y de reencuentro con uno mismo. De tal manera que la naturaleza adquiere también una dimensión panteísta y trascendental, y sirve de vehículo iniciático para el reconocimiento de uno mismo.”

Ni más ni menos, es lo que yo busco cuando pienso en el viaje que implica el conocimiento de la naturaleza a través de quien cultiva cepas y hace vino de la forma más auténtica posible. Y es la voluntad que siento de explicarlo. Y todo, al fin y al cabo, para conocer algo mejor mi encaje en la naturaleza y cómo puedo ayudar a difundir la idea de plenitud que la actividad de ciertas personas y su mirada sobre la viña me transmiten a través de sus vinos. ¿Se puede explicar de una forma más sencilla que diciendo, a partir de esta reflexión, que aunque me gusten vinos muy distintos, no todos tienen el mismo valor ni sirven de la misma forma a mi propósito?

Reivindico una relación con la naturaleza a través de las viñas y el vino, y a través de las personas que demuestran con su manera de ser, de hacer y de mirar la tierra que, ellos también, son naturalistas, transmisores de la sabiduría de la contemplación y de la fuerza y la energía de la transformación. Con sus ojos, gestos sencillos pero trascendentes y vinos nada triviales, quiero llegar a entender de otra forma a la naturaleza hecha vino.

Porque amo al vino, escribo naturaleza. Porque amo a la naturaleza, no bebo cualquier vino.

Nota bene: cuando un texto va entrecomillado, la cita es literal y referenciada. Cuando se advierte, en paréntesis, “(Paráfrasis)”, y hay una referencia bibliográfica concreta, se trata de un desarrollo mío del texto de otro autor. Cuando no hay comillas ni paráfrasis identificada, el texto es mío.

15 febrero, 2017

Because I love wine, I write nature (cat)

Perquè estimo el vi, escric naturalesa. Idees que expliquen una actitud.

Jean Giono, Las riquezas verdaderas, Errata naturae, Madrid, 2016, p.81: (paràfrasi) fa temps que busco els gestos primordials en camps  i pobles, en els corrals de les granges i en les places, en els capvespres de la tardor… quan arriba aquest temps, els homes es troben sota la protecció del gran om i arreglen les seves eines tots junts, i xerren. I la seva paraula pausada és, cada vegada més, com una feina, perquè intenten aclarir de manera esforçada (que és la millor manera de fer les coses) els misteris del matrimoni que han contret amb la terra. Cada vegada que m’he topat amb algun d’aquests gestos primordials, hi he trobat una força enorme, he trobat en ells una solidesa i uns fonaments extraordinaris. I sempre em dic, davant de coses  tan bones i sinceres: “els homes sabran veure-les i sabran usar-les.”

Henry David Thoreau, Walden, Errata naturae, Madrid, 2015, p.229: “m’agrada pensar que el sentit del gust que, per norma general, és una mica groller, m’ha proveït d’una percepció intel.lectual, que la inspiració m’arriba des del paladar, que algun dels fruits que he menjat a la vora d’un turó han alimentat el meu enginy.” ‘Si l’ànima no és mestressa d’ella mateixa’ (diu Tseng-tse) ‘mirem sense veure, escoltem sense sentir, mengem sense distingir els sabors dels aliments.’ Qui sap distingir l’autèntic sabor dels seus aliments, mai no serà un golafre.”

P.339: (paràfrasi) la vida més dolça és aquella que s’acosta a l’essència de les coses i no et demana ser frívol… no calen massa diners per tenir allò que l’esperit necessita.

Stefano Mancuso-Alessandra Viola, Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2016, p.36: “La planta –escrivia  a començament del segle passat el botànic rus Kliment Timiriàzev (1843-1920)- és el lloc on la Terra i el Sol s’uneixen i, de fet, quasi totes les coses que l’ésser humà ha usat com a font d’energia des del començament dels temps venen d’ella.”

Josep Roca-Imma Puig, Rere les vinyes. Un viatge a l’ànima dels vins, Rosa dels vents, Barcelona, 2016, on parlen amb alguns naturalistes/vitivinicultors fonamentals a la seva (i a la meva) vida.

Diuen

Lalou Bize-Leroy, p.95: “jo crec que la vida està en totes les coses. Els animals estan vius. Tot està viu. Tot és vida i té consciència. La planta també és vida i té una certa consciència, se sent estimada, se sent cuidada… jo penso que té l’embrió d’una mínima consciència. A mi les vinyes em donen molt, molt, molt…”

Reinhard Löwenstein, p.155: “podem entendre un vi quan tenim el valor de deixar de banda les nostres limitacions racionals i culturals. Sentir és entendre…” (paràfrasi meva) quan beus un vi no només el beus sinó que el sents, i si el sents no hi ha cap diferència entre el que beus i tu, perquè arriba un moment en què el que beus passa a formar part del teu cos i del teu esperit…

(Paràfrasi) quan fem vi treballem amb la idea de proporcionar a la gent la possibilitat de sentir des del nivell més primigeni i bàsic, fins al més complex possible. El concepte del vi que a mi m’agrada està relacionat amb la idea d’emancipació. Fent vi intentem ajudar la gent a descobrir coses que no somien que puguin existir. És una manera de despertar-se i despertar-los, una manera lúcida, còmplice i hermosa d’emancipar-se de la ignorància i d’ajudar la gent a veure i a sentir fent servir la seva pròpia experiència i memòria de la sensibilitat.

Matías Michelini, p.201: (paràfrasi) la natura ens ensenya les coses simples. La no-complexitat, la no-estructuració. La natura ens aporta senzillesa, humilitat, capacitat d’observació i de comprensió, astorament, plaer i experiència, ens dóna vida, ens dóna aromes, ens dóna afecte. Crec que la natura ens porta a un món diferent en què més que pensar molt, el que aprenem és a sentir!

Perquè

(Elisabetta Foradori, p.330:)  “no és fàcil el viatge de tornada a la Mare Terra, recuperar la capacitat de moure’s dins dels cicles naturals; acostar-se a un contacte més íntim amb el sòl; eliminar els prejudicis i dissipar les pors. Quan treballes amb la natura, i no en contra, t’involucres  en un viatge apassionant i complex; quan canvies la sensibilitat i perfecciones la teva capacitat d’escoltar, comparteixes l’esperit i els costums del pagès de tota la vida… avui produeixo raïms i vins que són una veritable expressió de la meva terra.”

Pierre Overnoy, p.263: (paràfrasi) es pot arribar a l’emoció des de la lleugeresa, la discreció, la subtilitat i la visió incisiva d’un sabor acidulat i amb una limpidesa física tèrbola, però sobretot s’hi arriba amb una transparència filosòfica alliçonadora… l’autèntica “transparència” mai no tindrà res a veure amb les normes d’un consell regulador o amb un filtre… un vi pot ser clar i net físicament però tèrbol espiritualment. I en canvi, la veritable transparència és un concepte més filosòfic i de manera de fer les coses que no pas físic.

John Wurdeman, pp.362-363: (paràfrasi) si hi ha més vida a la vinya, hi haurà més vida a la copa, així de senzill. En moltes de les vinyes més importants i famoses del món ni tan sols un ocell es menjaria el raïm… quant menys hi intervé la mà de l’home, més espai es deixa a la natura. Quan la mà de l’home és més activa, no deixa participar tant la natura. I hi ha més harmonia en la natura que en l’home…

Elisabetta Foradori, p.334: (paràfrasi) si un vi és ple de vida, té ànima, perquè no és només matèria, sinó que és una energia que traspassa l’home físic i arriba al seu esperit. En aquest sentit, elaborar un vi equival a reproduir el procés de la vida i de la mort, té a veure amb la manera amb què el raïm transporta les diferents energies al vi i aquestes es transformen per no morir, sinó per renovar-se. I si són energia, poden canviar de forma però mai no deixen de ser-ho! Él vi és vida i la seva bellesa rau en aquesta capacitat seva de canvi constant. I com la vida mateixa, no hi entén de normes. Té a veure amb l’instint i ens connecta amb el més profund del nostre ésser. L’energia que anomenem vida, com la que anomenem vi, si és vertadera, comporta una transformació constant.

Matías Michelini, p.206: (paràfrasi) un bon vi és el que té energia, electricitat, cosa que no tots tenen… Quan trobes un vi d’aquests, ningú no t’ho ha de dir… ho sents i prou. Quan tastes un vi d'aquest tipus, sents una energia i una força que et fa posar la pell de gallina, tot s’atura al teu voltant i el vi i la persona que l’ha fet et parlen directament. Perquè aquest tipus de vins són, quasi sempre, com les persones que els fan… Llavors, el millor que pots fer és anar a buscar aquesta persona i veure, viure i beure els seus vins amb ella.

Perquè

(Pierre Overnoy, p.281) “és que potser es poden fer les coses d’una manera diferent de com ets?”

Henry David Thoreau, Volar, Pepitas de calabaza ed., Logroño, 2016, p.33: (paràfrasi) l’aire s’omple de blauets. El terra és quasi nu. Tothom ha sortit fora i els que han de treballar els camps estan contents. Vaig per Sleepy Hollow cap a Great Fields. Em recolzo en una valla i escolto l’aire, que sembla líquid com el cant dels ocells. La meva vida forma part de l’infinit. L’aire és tan profund com la nostra pròpia naturalesa. Em moc per demanar coses noves a l’existència. Vull transcendir la meva rutina diària i la dels meus veïns: vull assolir ara la immortalitat i que tingui les qualitats de la meva vida diària… Prego perquè la vida d’aquesta tardor intensa que ara visc quedi gravada a la meva memòria. I tant de bo m’atreveixi a fer el que mai no he fet. Tant de bo tingui la perseverança que mai no he tingut. I tant de bo pugui purificar-me de nou, en cos i ànima, com si ho fes amb foc i aigua. I que el que dic i escric no desmereixi de les estacions. Tant de bo pugui obligar-me a ser caçador d’allò que és hermós, autèntic i commou. I que no se m’escapi res i trobi les paraules justes i senzilles per explicar-ho.

Mauricio Bach, a “Retorn literari a la natura”, La Vanguardia. Cultura/s, n.759, de dissabte, 7 de gener del 2017, p.22, sobre el que els anglosaxons anomenen “nature writing” (i presentant llibres que no tenen res a veure amb el vi però sí amb la naturalesa, i pertanyen a Thoreau, a Giono, a Rebanks, etc.): “l’exploració d’una relació harmònica amb la naturalesa connectada amb una consciència ecològica de preservació d’un medi sotmès a l’explotació humana; la recerca en aquesta natura d’uns ideals de puresa i unes essències perdudes o difuminades per la vida moderna, gràcies a la qual la naturalesa adquireix una entitat d’Edèn a on es retorna, de paradís on es recobra un ordre harmònic –una idea connectada amb la de l’ingenu salvatge rousseaunià-; i finalment apareix també un component de doble viatge: espiritual i de retrobament amb un mateix. De manera que la natura adquireix també una dimensió panteista i transcendental, i serveix de vehicle iniciàtic cap a l’autoconeixement”.

Ni més ni menys, és el que jo busco, quan penso en el viatge que implica conèixer la natura a través de qui conrea ceps i fa vi de la manera més autèntica possible. I és la voluntat que sento d’explicar-ho. I tot plegat, per conèixer una mica millor quin és el meu encaix en la natura i com puc ajudar a difondre la idea de plenitud que l’activitat de certes persones i la seva mirada sobre la vinya transmeten a través dels seus vins. Es pot explicar d’una manera més senzilla que dient, a partir d’aquesta reflexió, que no tots els vins tenen un mateix valor ni serveixen de la mateixa manera al meu propòsit?

Reivindico una relació amb la naturalesa a través de les vinyes i el vi,  i a través de persones que demostren amb la seva manera de ser, de fer i de mirar la terra que, ells també, són naturalistes i transmissors de la saviesa de la contemplació i de la força i l’energia de la transformació. Amb els seus ulls, gestos senzills però transcendents i vins gens trivials, vull arribar a entendre la naturalesa feta vi d’una altra manera.

Perquè estimo el vi, escric naturalesa. Perquè estimo la naturalesa, no bec qualsevol vi.


Nota bene I: quan un text va entre cometes, la cita és literal i referenciada. Quan es diu, en parèntesi, (paràfrasi) i hi ha referència bibliogràfica concreta, és un desenvolupament meu del text d’un altre autor. Quan no hi ha cometes ni paràfrasi identificada, el text és meu.

Nota bene II: seguiran una traducció al castellà i una altra a l’anglès (potser)