14 febrero, 2016

Clos Lentiscus BdB Clàssic BN 2012

Clos Lentiscus BdB Clàssic BN 2012
El lentisco milenario (pistacia lentiscus, "llentiscle") es el símbolo de Can Ramon, viticultors del Mongròs. Surge en el centro de su finca en el Garraf y es uno de los árboles que más a gusto se siente cerca del mar. Como las cepas (mayoritarias de la malvasía que arraigó en Sitges y de sumoll) que Manel Avinyó trabaja de forma ecológica en el macizo. Las uvas encuentran (ellas solas por más que alguien las haya plantado) sus territorios de preferencia. No puedes hacer que la tierra haga decir a la cepa cosas que ésta no quiere decir. Y no hay duda: terrenos de caliza dolomítica, arcillas blancas, roca madre aflorando casi en superfície, viento y mar, sol y altura, cultivos que no alteren la comunicación entre uva y tierra, son buenos para la malvasía y el sumoll. Así, estas uvas (por más que suelan identificarse con otro tipo de vinos y territorios), tanto como los olivos silvestres, los lentiscos y los margallones, se convierten en símbolos de una tierra y de una forma de entender la vida, discreta pero intensa y de profunda belleza.

Y de una bodega centenaria como Can Ramon. Desde el siglo XIV habitan a los pies del Montgròs (359 msnm), en la estribación sureste de la sierra del Garraf, la más cercana al mar. Algún día, la historia de las uvas y los vinos del Penedès hará justicia a gente como Manel, luchador incansable de la causa del territorio, de la marca del sabor y de las fragancias que éste tiene, con una capacidad y sensibilidad cada vez mayores para llevar este cúmulo de sensaciones a una botella. Manel es uno de los expertos de esta tierra en burbujas, sobre todo en segundas fermentaciones en botella. Sin duda, una de mis preferidas es esta malvasía monovarietal de añada, que él llama Blanc de Blancs, esencia pura de un 2012 seco entre los secos en unos viñedos que saben cómo sobrevivir a las condiciones extremas. 12,5%, 25 meses en rima y una capacidad enorme para envejecer y dar alegrías en los próximos años. Degollada mi botella el 24.11.2015, un poco más de reposo le irá bien, pero está ya como para disfrutarla con intensidad: aromas de maquia y de secarral, polvo de talco, vientre de cantera, frescura sin matices pero con aires de sobriedad, piedras al sol, olivas estrujadas, pino y retama, concentración y amabilidad, terpenos y el dulzor de la uva lejanos pero que surgen tras unos pocos tragos. Viento y placer. El mar brilla en la copa.

Es un vino para cualquier momento de placer y de charla distendida, sea alrededor de una mesa o a solas frente a la inmensidad y belleza perturbadoras del mar que se ve desde el macizo del Garraf.

4 comentarios:

SIBARITASTUR dijo...

Sus espumosos fueron una de las sorpresas del año pasado, me encantaron. Una cosa curiosa que me pasó con ellos y que aun no entiendo muy bien. Son brut nature y tengo sensación de que hay azúcar.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Pues siempre dependerá de la variedad, Jorge. Un sumoll espumoso no es fácil que deje un recuerdo de dulzor, pero una malvasía de Sitges (como es el caso), quizá sí... esa mezcla que nuestro cerebro maquina entre terpenos y dulzor en las variedades que más se acercan al sabor maduro y dulce de la uva... Puede que sea eso...
Me encanta que estés ya en este club de fans de Clos Lentiscus!
Joan

SIBARITASTUR dijo...

Es que me pasó con casi todos los espumosos, no solo con uno. Si me dicen que tienen 7-8 grs azúcar por litro me lo hubiera creído. Pensé en la madurez de la uva como apuntas pero eso implicaría mayor alcohol y no es el caso. es la primera vez que me pasa algo así y me deja pensativo.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Confieso no haber sentido esa sensación más que con la malvasía de Sitges, Jorge... Y en el resto de espumosos, entre los que incluyo los de más largo envejecimiento, lo que predomina para mí es el extracto seco. No sabría qué más decir...
Saludos,
Joan

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