28 agosto, 2016

E senza grandi disturbi

Mar Balear 2016
qualcuno sparirà...L'anno che sta arrivando tra un anno passerà. Io mi sto preparando, è questa la novità!

Lucio Dalla, al que tanto admiro y escucho, es el mejor apoyo que encuentro para deciros que ha llegado el momento de dejar reposar al blog. L'anno che verrà es una de las canciones lúcidas del hombre que navegó algunos de los mismos mares que yo. Algunos desaparecemos y conviene hacerlo sin grandes ruidos, discretamente. Han sido más de diez años, 1292 posts, 13345 comentarios publicados y contestados y 60 mil visitas mensuales de media. Ha llegado el momento de buscar nuevas maneras de expresar mi pasión por el vino. Mi identificación con la tierra que tanta gente cultiva con cepas para transmitirnos su carácter más auténtico no cesa, al contrario, crece hacia otros caminos. En ellos, si así lo queréis, nos seguiremos encontrando y disfrutando juntos: en El País Semanal cada domingo; en las pequeñas notas que escribo sobre los vinos que bebo y más me gustan (en Instagram y en Twitter) y en un libro que he decidido empezar a idear.

De la experiencia de escritura del primero, Los vinos naturales en España (placer auténtico y agricultura sostenible en la copa), he aprendido mucho: hace falta tiempo (casi todo mi tiempo libre), hace falta concentración, hace falta tener algo que decir, hace falta viajar, ver y conocer, hace falta corregir y rellenar huecos que no pude o no supe en su momento distinguir. Voy a reinventarme porque voy a reescribirme en experiencias nuevas y en una vida nueva. Voy a dedicarme a todas estas cosas mientras sigo buscando a las personas, a los paisajes, a las cepas y a los vinos que más me conmueven en una charla y con una copa en la mano ante su viñedo.

Os quiero agradecer de todo corazón los años pasados juntos, los vinos vividos y bebidos, las experiencias compartidas y las puertas abiertas. Este blog y vosotros habéis cambiado mi vida. Ahora toca seguir aprendiendo, seguir viviendo y seguir trabajando con la conciencia de que cada mañana y su primera luz, allí donde estoy y en lo que hago, son el mejor regalo que puedo recibir. Con una sonrisa de agradecimiento y un abrazo, os digo "¡hasta pronto, hasta siempre!" en uno de mis días preferidos, el dedicado a San Agustín, obispo de Hipona, en el año de gracia de 2016.

03 agosto, 2016

Lars Gustafsson y Mallorca

Sa badia d'Alcudi Soy persona de lectura voraz. Y de descubrimientos quizá tardíos... Aunque tiendo a pensar que las cosas llegan cuando tienen que hacerlo. Sobre todo si vas por la vida (y eso intento hacer en los últimos años) no provocando que las cosas sucedan, sino estando atento a aquello que acontece motu proprio: para dejarte llevar por las "olas" de la espontaneidad.  Con la naturaleza y todas sus manifestaciones (y entre ellas, las personas, los viñedos y sus vinos), no veo otra manera de proceder.

Y hace bien poco sucedió Lars Gustafsson. Le he conocido dos meses después de que muriera y casi de inmediato, tras leer su Muerte de un apicultor (Nórdicalibros, Madrid, 2016,  pero escrita en 1978 y no en 2016... -en traducción excelente de Jesús Pardo-), tuve la sensación de que éramos amigos desde hacía muchos años, desde siempre vaya... Su reflexión sobre cómo vivimos y nos conocemos, sobre cómo nos relacionamos con la naturaleza que nos rodea para conocernos de otra manera (quizá mejor), es hermosa, no muestra gestos supérfluos, es esencial y precisa. Forma parte ya de los libros que no abandonarán mi mesita de noche.

En su página 167 escribe: "en el fondo de cada ser humano se encuentra un enigma negro como la noche. La pupila oscura no es otra cosa que la noche vacía de estrellas, la oscuridad profunda en el fondo del ojo no es otra cosa que la oscuridad del universo mismo".  Éste es el espíritu con el que siempre he ido y he estado en Mallorca. No hace falta viajar lejos para ver todo y para verte mejor. No es necesario hacer muchas cosas ni conocer a mucha gente. En realidad, no hace falta otra cosa que entender que en tu interior vive el secreto del universo y que tus ojos son las estrellas que te conectan con esa oscuridad, que es todo. Incluso a veces, da igual si están abiertos o cerrados. Para comprender, hay que viajar a lo más profundo de tu ser, que es la esencia del universo. Hay que mirar con atención y sin prisas qué sucede cerca y dentro de ti: entonces, los "secretos" del universo serán los tuyos. Su oscuridad, sus luces y acontecimientos, también. Nosotros, como cada año, lo hacemos en Mallorca durante unos días, que sirven para mucho. Nos vamos porque volvemos.

Nos vemos: ¡que ustedes lo pasen bien!

30 julio, 2016

Carlania Celler: la sonrisa

Fores, paisatge de la Conca de Barberà por Àngela Llop en Flickr
Hace ya años que conozco a Sònia y a Jordi, de Carlania Celler (Barberà de la Conca, DO Conca de Barberà): ¡mi primera nota de un vino suyo es de la vendimia de 2012! Siempre me ha gustado su actitud y la vinculación de sus vinos con la tierra de la Conca, una de mis tierras queridas. Ellos mismos tienen algo especial, cada uno de ellos por separado y ambos como pareja: Sònia es la energía dulce, la brisa fresca que luce una sonrisa permanente, nadie la desviará de su camino... siempre con esa sonrisa! Jordi es el anclaje con la tierra, la reivindicación, la firmeza y la tozudez sincera: nunca tuerce el gesto ni desvía la mirada, siempre de frente. Ambos... me viene una imagen recurrente: conducen un coche de caballos percherones, fuerza, energía también, sencillez y belleza, trabajo concienzudo, pero parece que van un poco cuesta arriba y con el freno no desbloqueado del todo. El carro avanza, sí, pero a un rimo que, intuyes, no es el suyo...

Las cosas cambian de forma definitiva cuando tras años de cultivo ecológico con sus prácticas correspondientes en la bodega, deciden dar el salto, comenzar con prácticas biodinámicas y, en la vendimia de 2015, hacer ya algunos vinos con los mínimos tratamientos en el campo y ninguno con insumos en la bodega. Los campos están preparados, las uvas responden con su salud, su firmeza y su calidad, y ellos, que han hecho un largo y duro camino para llegar a este momento, deciden que también están listos. Tan sencillo como esta otra imagen: el carro se queda en la cochera y Jordi y Sònia empiezan a cabalgar sus "percherones". Los vinos desbordan energía, los sabores toman el mando y los aromas se apoderan del campo y de la bodega. En la copa, el cambio es evidente: el trote del vino es alegre y confiado.

El sábado de la semana pasada fue un día especial: en la celebración del cumpleaños (5) de La Conca 5.1., algunas bodegas ofrecían sus vinos. Y entre ellas, Carlania Celler. Yo sabía que ellos estaban e intuía que sus "percherones" cabalgarían en esa puesta de sol siempre única. Ellos sabían que yo iba y que, por primera vez, bebería sus nuevos vinos, Sant Pere d'Ambigats 2015 (macabeo y trepat en blanco), El Plantarga 2015 (trepat muy clarete) y Petit Carlania 2015 (trepat con una buena maceración y color más intenso). Era un día ideal para beber vinos con el menor tratamiento posible. Sucedía, además, casi junto a las viñas donde nacen y en el pueblo donde se hacen. Los bebí todos con calma y concentración y sentí, por primera vez en los vinos de Jordi y Sònia, que la promesa de lo que podían ser se había hecho realidad. Les miré, sonreí. Me miraron y una enorme sonrisa se dibujó en sus caras. Su sonrisa sabía a uva y sólo a uva, sabía a alegría y a esfuerzo, sabía a compromiso con sus fincas (Sant Pere d'Ambigats, Els Corrals y El Plantarga en estos vinos) y con su pueblo, sabía a la arcilla que se había compactado con la lluvia del día anterior, sabía a cereales y a rastrojo, a pimienta roja y a hinojo salvaje. Su sonrisa sabía a pacto con la naturaleza y a placer por haber llegado a un lugar soñado, sabía a felicidad. Sus nuevos vinos cabalgan ya libres como ellos. Me hicieron feliz y seguirán haciéndolo por mucho tiempo.

Ps. La fotografía de paisaje de la Conca de Barberà es de Angela Llop.

10 julio, 2016

Thoreau, la naturaleza y el vino

Himmel über Barcelona Henry David Thoreau es uno de los naturalistas y escritores más importantes de la historia de los Estados Unidos de América. Pasó casi toda su vida observando y escribiendo sobre la vida en la naturaleza del pueblo donde nació, Concord. Demostró que no hacen falta grandes viajes para penetrar en el corazón de las cosas. Como él mismo escribía el 3 de noviembe de 1861, lo que hace falta es una mirada intensa, un ojo atento para el que las cosas que suceden en la naturaleza queden claras, aunque puedan pasar desapercibidas a la mayoría de la gente.

Muchas veces había pasado por los libros de Thoreau pero hasta que no he llegado a la selección que han preparado Antonio Casado da Rocha y José Ignacio Foronda (traducción de Eduardo Jordá), Volar. Apuntes sobre aves, Pepitas de calabaza ed., Logroño, 2016, no he entendido de verdad por qué su manera de vivir y de describir las cosas me estaba abriendo nuevos caminos de comprensión. La mirada atenta; la palabra precisa que llega con la descripción y, a veces, con la comprensión; la sensibilidad; entender que todo lo que sucede en la naturaleza es cultura: lo que el hombre hace de la forma más respetuosa posible lo es, sin duda; pero también lo es lo que hacen los ciervos, las garzetas reales, los alcornoques y los líquenes. Cada forma de vida se comunica de forma distinta y, claro, no suelen hablar el mismo "lenguaje"... Hay que estar muy atento para dejarse penetrar por esa realidad y para intentar comprender las cosas tal y como suceden, no tal y como pretendemos querer verlas.

25 de febrero de 1859: "mide tu salud por la simpatía con que recibes las mañanas y la primavera. Si no hay nada en ti que reaccione ante el despertar de la naturaleza -y si la perspectiva de un paseo a primera hora de la mañana no te lleva a prohibir el sueño, o si el gorjeo del primer azulejo no te llena de emoción-, debes saber que ya has dejado atrás la mañana y la primavera de la vida. Y será mejor que empieces a tomarte el pulso". Como metáfora de vida me parece preciosa... La primavera de nuestras vidas está unida para siempre a las estaciones en la naturaleza y a cuanto de distinto sucede en cada una de ellas. La primavera de nuestras vidas significa curiosidad, atención, interés, movimiento y voluntad de explicarlo: "que mi canto no desmerezca de las estaciones. Y ojalá pueda obligarme a ser un cazador de lo bello y nunca se me escape nada...". A quien le llegue el desinterés y la falta de sensibilidad y, con ellos, el otoño de la vida, que vaya al médico...

Cazador de lo bello, oledor de la tierra, amante de la serenidad de quien la comprende a través de un viñedo y de su vino, explicador de las emociones que todo eso genera. Ahí me encuentro con Thoreau. 5 de junio de 1854, 6 de la tarde, "hacia los riscos: ... he venido hasta este cerro a contemplar la puesta de sol, y también a recuperar la cordura volviéndome a poner en contacto con la naturaleza. Me bebería gustoso un buen trago de la serenidad de la naturaleza. Que lo profundo se comunique con lo profundo". Cuando alguien me pregunta por qué unos vinos me gustan más que otros, por qué unos me dicen, me llenan, me comunican, me hacen sentir y ver cosas relacionadas con los viñedo de donde nacen y con las personas que los hacen, les contaré las experiencias de Thoreau, que son las mías. Poder beber un buen trago de la serenidad, de la belleza, de la energía de un viñedo; entender que en ti se comunica lo profundo que en la naturaleza hay con lo profundo de la persona que la observa y entiende a través de las uvas, te convierte en un "bebedor" distinto, en un cazador de sensaciones hermosas. He venido a estos vinos para recuperar la cordura con la naturaleza, para sentirme mejor gracias a ella y a quienes la conocen y respetan.

"Al volver a casa a través de las tierras de Hayden huelo el humo que arde en el prado. Me gusta ese olor. Es el humo de mi pipa. Me estoy fumando la tierra". Hablamos un mismo lenguaje: yo aspiro a beberme la tierra y me gustaría tener la fuerza y la energía para que no se me escape nada hermoso y pueda contarlo.


12 junio, 2016

Tintos de verano: una propuesta fetén

Mar millor
Según la Wikipedia, el tinto de verano es "un combinado típico español realizado con vino tinto y gaseosa o refresco con sabor a limón." No entro a discutir ni a debatir esta "definición" y parto, además, del concepto de que "para gustos, colores". Pero en días en que el calor de verdad se hace presente, en días en que las propuestas más adecuadas para el verano parecen pasar sólo por el frío (presentado en forma de helado; o de cóctel con bebidas hiperalcohólicas, etc.), me apetece reivindicar otra manera de entender el "tinto de verano". Porque si es tinto, quiere decir que proviene de uvas tintas. Y si es de verano, quiere decir que se toma en verano, que es estación en que los calores aconsejan comidas y alcoholes ligeros, frescos, moderados y de fácil digestión.

Mi tinto del verano no tiene una fórmula fija, permite ser disfrutado en cualquier lugar del planeta en el que coincidamos con el verano y sólo pide espíritus divertidos, avisados y algo rebeldes que, sin duda, encontrarán la botella necesaria allí donde estén. Mi tinto de verano está hecho con cualquier uva tinta, sea monovarietal o en ensamblaje. También admite pequeñas aportaciones de uva blanca. Procede de viñedos que han tenido la menor cantidad posible de tratamientos y, casi siempre, efectuados de la forma más natural posible. Mi tinto del verano es de uva vendimiada y llevada con rapidez a la bodega donde, con raspón o sin él (aunque a mí me gusta más con la madera natural de la que vive la uva), ha empezado una maceración carbónica (que puede completarse o ser sólo semicarbónica). Mi tinto del verano ha tenido un contacto moderado con los hollejos y aunque las uvas sean potencialmente tánicas, sus hacedores han preferido primar las esencias de la fruta antes que otras cualidades. Su color es tinto, claro, pero dentro del abanico único de los colores de la tintura hay muchos matices (algunos pueden incluso parecer rosados, pero de uvas tintas mayoritarias son...). Cualquier recipiente es bueno para los procesos de fermentación (pipas y maderas de cualquier tamaño; lagares de cemento; depósitos de acero inoxidable; plásticos alimentarios...) pero es importante que sus posibles aromas no pasen al vino. La fermentación arranca y termina sin ayudas externas y con las levaduras del campo y de la bodega. Hay que embotellar pronto sin estabilizar ni filtrar (a ser posible). Hay que sulfitar lo mínimo posible también (de preferencia nada, si se ha podido usar el CO2 de la fermentación como protector natural). Mi tinto del verano se sirve fresco, jamás frío, para que podamos saborear ese vínculo entre personas, tierra y uvas. Puede tener un poco o un mucho de carbónico pero jamás le vendrá éste por un refresco gaseoso sino porque el gas de la fermentación alcohólica se ha conservado en botella.

Mi tinto del verano es un vino fetén que, tomado con la moderación que convenga a cada cual, hace el bien al cuerpo, al espíritu y a las buenas compañías que lo beban con uno. Mi tinto del verano provoca largas sobremesas y mejores siestas. Facilita la amistad y los sentimientos sinceros. Mi tinto del verano tiene nombres y apellidos. Propongo algunos y me dejo muchos más. Por supuesto, sería genial que los lectores de este post propusieran sus tintos del verano también. Los que se me ocurren ahora mismo, por ejemplo, son: Brutal 2015 de Antonio Vílchez. Kabronic 2015 de Samuel Cano (El Patio). Vinya Sanfeliu 9Rei 2014 de Jordi Sanfeliu (Ecosetrill). La Amistad 2014 de Rafa Bernabé (Viñedos culturales). Château Paquita 2014 de Eloi Cedó (Sistema Vinari).  Syrnacha 2014 de los Valenzuela (Barranco Oscuro). Roig Boig Tranquil 2015 de Toni Carbó (La Salada). El Marciano 2015 de Alfredo Maestro. Almendrito 2014 de Mariano Taberber (Cuevas). Merla 2015 de Josep Mª Pujol-Busquets (Celler de les Aus, Alta Alella). Kedungu 2014 de Jürgen Gouws. El Cosmonauta y el viaje en el tiempo 2015 de Iker Mauleón (El Mozo Wines). Xérico 2015 de Roberto Oliván (Tentenublo Wines). Lirac Rouge 2014 de Eric Pfifferling (L'Anglore). Plou Plou Point Barre 2014 de Philippe Bornard. Fleurie 2014 de Philippe Pacalet. Sus Scrofa 2015 de Ramon Parera y Jordi Arnan (Celler Pardas). Vía Revolucionaria Bonarda Pura 2014 de Matías Michelini. El País Pipeño 2015 de Roberto Henríquez. Y etc.

Beban ustedes tintos, ¡que también son para el verano!

05 junio, 2016

Abel Mendoza Selección Personal 2012

Con este vino de Abel y Maite sucede de forma especial: sientes que ofrece la paz y la armonía que las personas que lo hacen tienen con la tierra donde han nacido y con la naturaleza en la que crecen sus uvas. Como todos ellos, es un vino hermoso. Para más detalles, lee aquí
.Abel Mendoza

01 junio, 2016

10 años y un vino: Mas Doix 1902 2009

Mas Doix 1902 2009
Agosto de 2003. Tumbados cerca de un olivo centenario en Ultramort, nos absorbe la lluvia de estrellas de la noche de San Lorenzo. No a todos... Valentí Llagostera (Mas Doix) ha sido ya abducido y rompe la noche con sus ronquidos. De la espontaneidad nacen amistades verdaderas. De ese ronquido estrellado nació una, junto con la promesa de una vendimia futura.

Septiembre de 2004. Tras una vendimia muy compleja en 2003 (esos malditos calores que azotaron Europa...), 2004 se presenta con unas maneras, unas frescuras y unos puntos de maduración históricos. La promesa se hace realidad y a pesar de las lluvias que en el Priorat septembrino no son infrecuentes, disfrutamos de nuestra primera vendimia entre Poboleda y Escaladei.

Mi relación con el mundo del vino cambia radicalmente desde ese momento. Estar en el campo a los pies del Montsant, vendimiar en viñedos de cariñena y garnacha de costers históricos (no sabía en esos momentos que uno de ellos era, además, más que centenario), entrar la uva, seleccionar y empaparte de los aromas de la fruta y de ese inicio de fermentación que todo lo llena y todo lo puede... La parte más auténtica y profunda de la cultura del vino muerde mi alma. No hay posible vuelta atrás. No la ha habido ni la habrá ya. Me dedique a lo que me dedique, el vino está ya en mí y forma parte de mi manera de ser. Por primera vez me siento integrado en la naturaleza hecha paisaje con vides, no soy un mero espectador. Ya no me conformo con descubrir y beber. Quiero entender y formar parte de esa comprensión y de su transmisión.

Octubre de 2005. Tras otra vendimia muy buena (en la DOQ Priorat, 2004 y 2005 son dos grandes añadas, aunque por razones distintas), volvemos con Valentí de Poboleda a Barcelona. Conduce él y como quien no quiere la cosa (es discreto en sus proposiciones), me dice "oye... a ti que te gusta tanto la literatura" (él conoce bien mi formación y mi trabajo) " y también escribir, y ahora estás empezando a estudiar y a conocer el mundo del vino, ¿por qué no escribes un blog de vinos?" "¿Un qué...?!", pregunté yo. Él (siempre muy en la última tecnología) me contó de qué iba la cosa. Llegué a casa y empecé a investigar. Desalentadora búsqueda al principio... Blogs que parecían libros, mínima presencia de fotos, nula atención a qué requería el medio, a la compaginación entre texto y fotos, al tiempo que una persona dedicaba a leer un post...

Junio de 2006. Aprendí la técnica, seguí estudiando y bebiendo y el 1 de junio de 2006, hoy hace 10 años, me lancé. Gracias a Valentí, me lancé. No pienso hacer ninguna reflexión sobre los blogs ayer y hoy: prometí dejar ese camino. Sólo quiero decir que este blog se ha convertido, con los años, en una fantástica herramienta de aprendizaje para mí: de aprendizaje de lectura y de escritura, de vinos, de maneras de hacerlos y de personas que los hacen y los disfrutan. Este blog ha sido la mano abierta y tendida que ha estrechado quien ha querido. Ha sido la aldaba que ha llamado a las puertas de tanta y tanta gente del vino sin encontrar jamás un "no" por respuesta ni pedir una publicación a cambio. Quizá algún "vuelve mañana, hoy no puedo" y algún "no estoy", pero jamás un "no". Ha sido, además, la puerta a una enseñanza de vida que jamás hubiera soñado tener. Me ha hecho disfrutar, vivir, cambiar, viajar, escuchar, mirar y ver, charlar, sufrir y reencontrarme, ser otra persona. Me ha permitido integrarme, confundirme, compartir, emocionarme, percibir las cosas de otra manera. También ayudar. Ha sido una bonita herramienta de transmisión, de información, de colaboración, de ayuda. Pasiones compartidas con tanta gente...

Junio de 2016. No se me ha ocurrido mejor manera de celebrar estos 10 años de vida que abrir y beber la botella que Valentí nos regaló de las uvas que crecen en el coster centenario que alguna vez habíamos vendimiado. Ahora el vino tiene nombre, Mas Doix 1902 (el año de plantación de esa cariñena). Y 2009 fue la primera cosecha que embotellaron. He tenido la suerte de poder beber alguna de las "pruebas de autor" que los Doix-Llagostera habían hecho antes de esta primera botella comercializada, 2005 por ejemplo. Desde el primer momento he pensado que es un vino único, nacido en un lugar muy especial, que explica como pocos la historia del Priorat (la importancia capital de Joan Doix y de su padre) y transmite como pocos los sabores y aromas de una parte de esta tierra. 2009... Año de nieves en invierno y de lluvias en primavera. Año de calores extremos en julio y agosto, aunque con noches frescas. Año de lluvias y temperaturas más moderadas en septiembre. 2009: un año muy bueno... Doble mesa de selección, fermentación a temperatura controlada con sombrero sumergido, 16 meses en barricas de roble francés de grano extrafino, embotelladas 850 botellas en mayo de 2011 sin clarificar ni filtrar. La mía ha sido la número 372. 15%.

(29 y 30 de mayo de 2016) Muros de piedra seca rodean el monasterio. El scriptorium huele a anochecer, a pergamino y a piel de ternera, a tinta azul bien oscura. Los ojos de este vino están en las manos, las manos en la tierra. En la tierra se hunden las raíces viejas de cariñena, en la cariñena está el cielo. El olfato sigue las huellas de los dedos del monje. Finura y elegancia. Intensidad y atención. En la copia existe la lectura previa; en la memoria, la traición. Hay que leer siempre con ojos nuevos, aunque sean los de la memoria antigua, intuitiva. Este vino huele a Virgilio, huele a pureza intacta, huele al final de las Bucólicas. (Apolo en Baco: vino coronado de laurel.) Humo a lo lejos en el anochecer del Priorat. Sombras redobladas por el sol que se oculta. Las hogueras señalan el camino al que vuelve del campo. Hierro y fuego. El pozo de agua fresca da la bienvenida. Laderas de llicorella, tierra de austeridad. Cuando bebes este vino, el silencio se impone como norma: la palabra precisa, el sentimiento, no tienen por qué pronunciarse. Siempre están contigo para quien quiera entender. Y volver a la ley del poeta, que es la de la observación, la de la sabiduría discreta, la de las sensaciones sin filtros y sinceras. En la naturaleza está la medida de todas las cosas, también las que no se entienden. Y su transmisión.

Gracias de corazón a todos los que me habéis ayudado a llegar aquí, hoy.
Començant a fer de blogger, setembre 2006

29 mayo, 2016

Ponce, Reto 2014

La geometría de la belleza. La expresión adquiere dimensión y caracteres precisos cuando se está ante las viñas de los Ponce (bobal, moravia agria, albilla de la Manchuela...): de abuelos a padres, de padres a hijos, la precisión, la minuciosidad, el conocimiento necesario para hacer un trabajo bien hecho... todo se refleja en el marco de plantación y en la disposición de las vides en el campo: dónde, cómo, para hacer qué vino. Mucho que observar, mucho que aprender, mucho que disfrutar en las copas de Reto 2014. Hoy en El País Semanal
Juan Antonio Ponce

22 mayo, 2016

Cacique Maravilla Yumbel Pipeño 2015

En Chile, la tradición del vino es centenaria y se cataliza a través de uvas como la país y de maderas como las pipas (de raulí). El vino pipeño del Cacique Maravilla, su Yumbel Pipeño de uva país (valle del Bío-Bío), te transporta a placeres de otro tiempo. Puedes leer el artículo completo en El País Semanal de hoy.
Manuel Moraga Gutiérrez, el Cacique Maravilla

15 mayo, 2016

Ignios - Orígenes, Baboso negro 2012

¿Existe un hilo conductor que una a tierra y cielo? ¿Podemos encontrar un nexo entre piedras volcánicas, uvas guanches, brisas atlánticas y sol de poniente? Cuando conocemos a personas como Borja Pérez González, sabemos que sí: entendemos que hay gente que siente, vive y ama su tierra canaria y sabemos que su mirada y trabajo son capaces de llevarla a una copa de vino. Para más detalles, puedes leer este artículo en El País Semanal.
Borja Pérez González

La foto es cortesía de Mario Canora.

13 mayo, 2016

Nin-Ortiz, Planetes de Nin blanc 2014

La cariñena blanca de Ester Nin y Carles Ortiz surge de la profundidad de la tierra para enamorarse de la luz. Tiene la capacidad de mostrar cómo es la tierra del Priorat en forma de vino blanco. Quizá sea ésta su naturaleza perdida. Puedes leer la página completa (en línea) en El País Semanal de 6 de mayo de 2016.
Ester Nin

04 mayo, 2016

Vella . Terra

Vella Terra
Cascina degli Ulivi. Nin-Ortiz. Recaredo. Mas Estela. La Coulée de Serrant. Les Enfants Sauvages. Emidio Pepe. Terroir al Límit. Còsmic. Sicus. Partida Creus. Escoda-Sanahuja. Serres. La Salada. Llorens. Sala. La Stoppa. Bini. Grillo. Etc.
Podría decir muchas más cosas, detalles, nombres, ingredientes, otra gastronomía además del vino. Vella . Terra. Sencillamente: por poco que se pueda, hay que ir.

10 abril, 2016

125 años no son nada

Chipironcitos fritos de La Fitorra Hotel Cèsar en Vilanova i La Geltrú

9 de abril de 2016. Celebramos 125 años de tradición hotelera ininterrumpida en el Hotel Cèsar de Vilanova i la Geltrú. Otros emplazamientos, otros nombres para el hotel, otros apellidos incluso para sus propietarios, pero siempre una misma voluntad. La que la familia Nolla ha sabido mantener durante los últimos decenios. Somos clientes discretos del hotel y de su restaurante, La Fitorra, desde hace unos diez años. Me gusta observar y ver cómo se construyen y desarrollan las cosas. Y para poder explicarlas, en este caso no había historia que resumiera mejor el espíritu de las hermanas Nolla y de Joanaina Escalas que la pequeña fábula con la que David Foster Wallace se dirigió a los estudiantes del Kenyon College el 21 de mayo de 2005 (la traduzco del libro de Nuccio Ordine, La utilitat de l'inútil. Manifest, Quaderns Crema, Barcelona, 2013, p.29):

"Érase una vez dos peces jóvenes que nadaban y se toparon, por casualidad, con un pez más viejo que iba en dirección contraria; el pez viejo saludó con la cabeza y les dijo: 'buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?' Los dos peces jóvenes continuaron nadando un rato; por fin, uno de ellos miró al otro y le dijo: '¿qué demonios es el agua?'"

Foster Wallace proporcionaba la clave de lectura de su relato: "el significado de la historia de los peces es sencillamente que las realidades más obvias, ubicuas e importantes son, con frecuencia, las más difíciles de ver y de discutir". Ordine remata: "como sucede a los dos peces más jóvenes, no nos damos cuenta de qué es realmente el agua en la que vivimos cada minuto de nuestra existencia." La historia de los dos peces que no saben qué es el agua por la que nadan me sirve para explicar que el ambiente que se vive y respira en el Cèsar es como el "agua" en la que vivimos: cuanto sucede en el hotel entra de forma natural y "obvia" en nuestro cerebro. Como el "agua" en la que vivimos, los pequeños detalles son los que justifican cada minuto que pasamos en él.

Esos pequeños detalles "tienen la belleza de la segunda mirada, el tipo de belleza que sólo se revela con la intimidad" (Jonathan Franzen, Puresa (Purity), Editorial Empúries, 2015, p.762, mi traducción del catalán). Así es como siento la evolución del Cèsar y de La Fitorra: los colores de las paredes, los detalles en el patio, las flores y plantas que lucen en los parterres, incluso los troncos cortados y no arrancados para que apoyen nuevos adornos... Las segundas miradas revelan la auténtica belleza de las cosas y de las personas, la belleza de aquello que no es tan aparente ni inmediato a la vista... Y en la cocina de La Fitorra siguen haciendo las cosas bien, sin estridencias y mejorando: los chipironcitos fritos con cítricos de la foto superior me llevaron a Los encuentros en la tercera fase sin más. Realmente tan ricos que parecían de otra galaxia. Y por primera vez en mi vida, descubrí que el nuevo rol de Manel Avinyó (Clos Lentiscus, Can Ramon, Viticultors del Montgròs) es el de Richard Dreyfuss... Su espumoso, método tradicional con segunda fermentación en botella, DO Penedès en la cosecha de 2013, es una de las mejores formas de comunicarse (esa música...) con la gastronomía y el territorio del Garraf marítimo: 62% malvasía de Sitges y 38% xarel.lo, sin azúcares añadidos y 20 meses en rima (degüelle de diciembre de 2015) que aportan aromas de maquia, sequedad y frescura del atardecer, retama lamiendo la cal. Una maravilla.

Hotel Cèsar, chipironcitos de Vilanova y Clos Lentiscus Blanc Brut Nature 2013 en el restaurante La Fitorra: todo predispone, con amable sencillez, a entender que el "agua" siempre está a tu alcance porque vives en ella. Basta con que sepas mirar con atención y entender. Y pasarán otros 125 años sin que nos demos cuenta.
Clos Lentiscus Blanc BN 2013

03 abril, 2016

En El País Semanal desde hoy

El País Semanal 3 de abril de 2016
Hoy es el primer día, el día en que un renacido, renovado, diferente y atractivo El País Semanal llega a los quioscos para quedarse, además, la semana entera. Me gusta mucho la idea que ahora, mientras escribo estas líneas, tengo por fin entre manos: una revista con todas las de la ley a un precio muy asequible (con el periódico) que se puede comprar y leer durante toda la semana.  En este blog siempre he mimado la compaginación y el equilibrio entre texto e imágenes y creo que el nuevo EPS va muy por este camino también. Ofrece un cuerpo y tipo de letra agradable y fácil de leer. Y las imágenes, aunque no siempre funcionen como segundos titulares, aportan mucho.

Hoy es el primer día, además, en que este diferente y renovado El País Semanal publica un artículo mío, en la sección Placeres, sobre "El vino de la semana". Los responsables apuestan por una manera de decir las cosas del vino que es la que he intentado desarrollar a lo largo de casi diez años en el blog. Les agradezco con toda sinceridad y humildad que hayan pensado en mí. Voy a seguir en EPS con la misma línea editorial del blog: voy a hablar con prosa limpia y tan cuidada como me sea posible de los vinos que más me gustan. No hay directrices ni obligaciones. No hay otro camino a seguir que el del trabajo bien hecho en el campo y en la bodega y el del vino placentero y sincero en la copa. No hay otra manera de hacerlo que contando las historias de las personas en sus paisajes con cepas, que terminan condensando visiones y emociones en vino. Empieza, sí, una nueva etapa para mí. Ya dije que no pienso dejar el blog (tampoco lo piden los responsables de EPS) aunque me parece que la periodicidad en las publicaciones aquí se va a resentir un poco.

Pero para hablar de las historias que voy conociendo alrededor del vino; para ayudar a difundir su cultura, que nos ayuda a comunicarnos mejor con la naturaleza, con sus paisajes de viñedos, con la gastronomía de cada lugar, con la arquitectura, con las personas que los habitan, los miran, los interpretan y los proponen en forma de botella y de copa; que nos invita, en fin, a conocernos mejor... para hablar, difundir y defender los valores de una cultura gastronómica integral como es la nuestra, cualquier espacio es necesario e insuficiente. Así pues a partir de este domingo 3 de abril nos vemos en El País Semanal y, siempre que sea posible y tenga cosas que compartir, en el blog. El primer vino que propongo en EPS es todo un símbolo para mí y una declaración de intenciones: Château Paquita 2014 de Eloi Cedó (para Sistema Vinari).

25 marzo, 2016

Táganan Tinto/Red 2014

Tàganan Vinos Atlánticos Tinto Red 2014
Este post tiene varios objetivos:
1. Manifestar mi admiración por el grupo de enólogos que viene en llamarse Envínate: Laura Ramos, José Martínez, Roberto Santana, Alfonso Torrente. No hay vino que hagan que no me diga cosas interesantes, atractivas. Me gusta su manera de hacer las cosas, su sabiduría silenciosa y tranquila, su dominio, su humildad, sus ganas de aprender y, sobre todo y más que nada, me gustan su futuro y los vinos que harán de los que todavía no sé nada.

2. Mostrar que este Táganan Tinto 2014 (13%) es un paradigma de 1. Es un vino hecho en la tierra de uno de ellos (Roberto Santana, Taganana, Santa Cruz de Tenerife), con plantas y variedades muy antiguas de la isla, que han sobrevivido en pie franco: negramoll, listán negro, vijariego negro, listán gacho, moscatel negro. Es un vino que nace de viñedos con el mínimo tratamiento, que ha fermentado con la ayuda de sus propias levaduras y que lleva un poco de raspón. También unos meses de madera bordelesa usada (varias medidas) en la que ha hecho la maloláctica espontánea. La madera que no es de la uva no se nota casi nada en aromas: ayuda a hacer el vino. Tiene los sulfitos mínimos que ellos consideran necesarios para que el vino se mueva (normalmente por debajo de los 40 mg/L). Pronto considerarán que con menos también van bien las cosas.

3. Demostrarme que pocas palabras también pueden describir bien las huellas que un vino como éste deja en mí: "bajo el volcán, las sensaciones golpean con amabilidad. Es un vino fresco, rústico, amable, ácido y directo. Huele a pedernal y a picotas. Sabe a agua de la cántara, tiene un mínimo de reducción y de cuero y me recuerda ratos pasados bajo la sombra amable de un zoco, en la zona de los tintes de color azul."

4. Constatar que cuando alguien tiene acceso a viñedos con las características que desea y tiene un vino en la cabeza, no hay nada ni nadie que le/les pare. Ni reglamentos, ni normas: nada. Este vino, impresionante por tantas cosas, no está amparado por DO alguna: es un vino tinto de mesa, sin más. Se puede comprar en la red o en la tienda por unos 14€. Y es, además, un homenaje a la manera sencilla y sabrosa de hacer las cosas que tienen en el norte de Tenerife.

5. Decirles a todos ustedes que gracias (no se me ocurriría decir "por culpa de...") a un nuevo proyecto que pronto verá  la luz, los posts tendrán una periodicidad algo irregular. No pienso matar al bloc, por lo menos no antes de su décimo cumpleaños (sic!!!)  pero no siempre tengo la suerte ni la capacidad de beber en una sola semana varios vinos de los que desee decir y compartir cosas.

¡Feliz Pascua para todos pero en especial para aquellos que creen que la resurrección de la carne también es posible gracias a un gran vino como éste!

13 marzo, 2016

Volvoreta 2013

Volvoreta naturalmente 2013
Monte bajo a 800 msnm, cascajos y arena, profundidad y buen drenaje. El paisaje que el Duero ha dibujado en su recorrido cercano a Zamora, en Sanzoles, es extremo y muy adecuado para la vid. Acompañan otros elementos clave para tener uvas de calidad: un clima continental y árido, con temperaturas extremas y poca lluvia, un suelo pobre y lo más importante: gente que sepa observar y entender qué necesita esa tierra para que sus frutos no perezcan en el intento de alimentarse y de crecer hacia la luz. La familia Alfonso pertenece a este tipo de personas. En cultivo ecológico desde los inicios de Finca Volvoreta, y ahora en prácticas de biodinámica incluso "avant la lettre" (cuajo de oveja, por ejemplo), usan también la cubierta vegetal responsable, en la justa medida que los suelos necesitan para fijar los minerales y airearse mejor. El resultado es una excelente tinta de Toro, la uva de la zona (emblemática de la Denominación de Origen Toro) y, por supuesto, su uva. Volvoreta 2013 es el vino que hacen de la forma más natural posible.

Esa tinta entra en la bodega y fermenta con sus propias levaduras y las que ha ido recogiendo por campos y bodega. Saben ya lo suficiente y tienen, además, la sensibilidad adecuada para dar el paso de no sulfitar en ningún momento del proceso. Y tras la fermentación alcohólica, la maloláctica la hace la uva en barricas bordelesas y en tinajas de barro. El resultado final es un vino con la fuerza, la rusticidad y la energía de la tinta de Toro, pero también con la frescura y la elegancia de la fruta servida de la forma más auténtica posible. Con 14,5%, agradece la botella. Lo seguirá haciendo, sin duda, por unos años más. Cuando lo bebo me viene a la cabeza la complicidad entre hombre, viñedo y caballo cuando se ara con ellos la tierra (aunque confieso no saber si los Alfonso los utilizan). Pienso en el sabor intenso y en la fina tanicidad que tiene esta uva. Y recuerdo montes llenos de tomillo y orégano en flor. Huelo laureles y nuez moscada en el estofado. Siento la frescura y los aromas de las ciruelas y del agua con chocolate. Unto rebanadas de pan con mermelada de cerezas picotas. Me vienen mirto y azules por doquier. Y veo a ese Apolo agazapado detrás de María que sonríe casi como si fuera un Baco...

07 marzo, 2016

¿Petróleo y vino? Carta abierta de Ton Rimbau

chapas de araña de Porcel.lànic de Ton Rimbau

Ton Rimbau es el viticultor que, desde el Penedès y con la ayuda de Manel Avinyó, crea una bodega llamada Porcellànic que a nadie deja indiferente. Con las arañas-tigre como emblema y la autenticidad de lo que hace como divisa, Ton parece entrar en conflicto con los que, en su zona, quieren regular los llamados "vinos naturales". Ton asiste a una reunión sobre el tema y sale de ella con ganas de escribir una "carta abierta". Me pide que la difunda y le propongo publicarla en el blog. Me da su autorización. Sobre qué es un vino lo más natural posible ya escribí un libro, así es que ahora mismo me limito a atender el ruego de Rimbau y publico su carta, sin opinar. Es ésta:

Os hago saber que en la zona del Penedès ya están pensando en poner normas a los vinos naturales. Ayer asistí a una reunión sobre este tema y mi posición fue que no se debe regular. Ya tienen los vinos ecológicos y biodinámicos, que ya son naturales, para regular. Les comenté que el petróleo también es natural y que si alguien quiere poner petróleo en su vino, debería poderlo hacer, otra cosa será si sanidad le autoriza a vender su vino o si alguien se lo compra.
Pienso en divulgar la idea de que los que pongan la palabra NATURAL, hagan lo que quieran pero que digan lo que hacen, así ya tenemos la norma que algunos quieren tener con el afán de limitarlo todo.
Espero que todos los que os consideréis productores de vino natural (lo pongáis o no en la etiqueta o en vuestras comunicaciones),  no dejéis que nos regulen algo tan bonito como lo que tenemos: nuestros vinos son los más diversos de todos y los que menos se parecen unos a otros, no perdamos nuestra diversidad. Recordad que esto nos pasa porque hemos abierto un nicho de mercado y ya los grandes quieren esa parte del pastel de una manera u otra.
Quiero decir que espero que esta carta sea traducida a la mayor cantidad de lenguas posibles. Para mí será un honor que hagáis vuestra esta carta y que la traduzcáis con vuestras palabras sin perder el espíritu. Gracias a todos.

Salud y vino

Ton Rimbau

29 febrero, 2016

Les Tallades de Cal Nicolau 2010

Les tallades de cal Nicolau 2010
Esta es la mínima historia de un vino único, nacido de un viñedo único, hecho con una uva única por una persona única. Este es un vino del que hablar en un día único, cada cuatro años, sí, pero único. Es la historia de un bisabuelo que llegó a El Masroig para trabajar en carreteras y puentes. Es la historia de un bisnieto que nació en El Masroig para hacer vinos que hablaran como pocos de esta tierra tocada por la luna y las estrellas. Es, también, la historia por escribir de un tataranieto que ya está haciendo vino con las uvas de picapoll tinto que su tatarabuelo plantó y que su padre cuida y hace crecer para él.

Les Tallades de Cal Nicolau 2010, DO Montsant, 14%, picapoll tinto. Un vino hecho a golpe de ciclos lunares, con la huella de la tierra de panal en sus venas y la marca del Montsant en sus poros. Tierra y raíces. Secano y sol. Madera noble y luna. Intensidad y amabilidad. Austeridad y ligereza. El vino de una tierra que se expresa con intensidad en sus aromas. Huele a cal y a frutas. Huele a ciruelo y a coca de cerezas. Huele a Montsant y a río. Huele a flor de romero y a pino. Huele a lino y a esparto. Huele a oscuridad y a regaliz de palo. Energía del campo, aires de misterio, de negrura de luna nueva, de concentración y de sosiego. Cuando la tierra respetada y la luna hablan y alguien las escucha, cuando las cepas y su fruta encuentran a una persona que las observa y las entiende, nacen vinos como este Les Tallades de Cal Nicolau 2010 de Joan Asens (Orto Vins).

21 febrero, 2016

Más que un vino: El Fundamentalista 2014

El Fundamentalista 2014
Cuando un maestro de maestros (en el periodismo, en general, y en el mundo del vino, en particular) te da un titular, no lo desprecies... Primero busqué una botella de El Fundamentalista 2014 (Finca Sandoval): conociendo al personaje, suponía que el nombre contenía una carga de provocación pero, también, una parte de realidad. La encontré en una sucursal de Lavinia en un aeropuerto (ahora sé que también la tendrá Vila Viniteca en pocos días). Después busqué información y no encontré más que vaguedades con un solo dato de interés: en 2008 había existido ya un Fundamentalista... Sólo en 2008. Por supuesto, acudí a la fuente. Y a las pocas horas, Víctor de la Serna, amable y paciente con los aprendices hasta que se harta y te manda a tomar viento fresco, contestó. Con un titular, claro: "Joan, más que un vino, es una anécdota..." Normalmente me gusta poner el nombre del vino en el título de mis posts, así que el titular quedó algo recortado y conviene ahora explicarlo un poco. La anécdota es la de alguien que conoce y ama el vino como pocos (Víctor de la Serna) y que, cuando estás en su bodega, ofrece cuanto tiene. Es la de un amigo que prueba uno de esos vinos olvidados (un sangrado de syrah, mínimamente sulfitado, que reposaba en una vieja barrica, aunque también podría haber sido un odre antiguo) y se entusiasma ante la sencillez, frescura y amabilidad de ese vino. Y es la de unas pocas botellas, que en 2008 fueron embotelladas para amigos.

En 2014 se dan circunstancias parecidas, pero además de syrah, Víctor dispone de un monastrell ya en edad de mostrar sus bondades (10 años), de un viñedo de la Manchuela en altura, 850 msnm. Eso significa contrastes térmicos enormes y una maduración lenta que va cargando los hollejos de sabores antiguos y el mosto de ligereza y frescura. Repite la operación: vino de sangrado, un poco de bota vieja y nada más. Mínimo sulfitado y una etiqueta que, de nuevo, nos recuerda que las cosas fundamentales, las básicas, no precisan de grandes artificios. Una buena fruta es la base de todo y el mínimo "aderezo", que acaba dando algo que encaja con el carácter de quien nos propone este vino: a fundamentis era aquel edificio que un arquitecto romano señalaba en una inscripción como construido desde la base por él. Mucho beber, mucho viajar, mucho conocer, mucho procesar para que los que amamos el buen vino lleguemos a una sencilla conclusión: el vino sencillo, que no simple, el vino que, en palabras de Víctor, "llena las horas de diversión y es fresco, sin pretensiones y simpático", te da siempre mucho más de lo que vale.

Por ahí va este El Fundamentalista 2014, que podría parecer incluso una broma, un guiño travieso de Víctor a quienes hacen vinos auténticos, sinceros, lo más naturales posible. Podría parecer una broma pero acaba siendo una declaración de intenciones. Quien ha convertido la anécdota en categoría y ha decidido poner a la venta esta botella, también nos está diciendo "éste es un vino que me gusta y éste, un camino que quiero transitar". Incluso en el detalle (nada escapa a un tipo como Víctor) de no poner código de barras en la contraetiqueta. Bien está viniendo de quien viene. 14% que apetece tomar algo fresquitos (14-15ºC). Es un vino de arcilla roja, algo oscura, con recuerdos de madera vieja o, incluso, de odres de piel antigua. Es un vino de hoy pero con hechuras antiguas. Ciruelas, brezo, zarzamora y picotas. Fresco, sí, y de trago fácil y agradable. "Frutoso", claro. Pero también sólido y con empaque: vinoso. Me recuerda al mejor y joven Classius Clay. Este vino se mueve como él: tiene las piernas y el baile ligeros, se mueve sin parar y parece no fatigarse pero, al mismo tiempo, tiene una contundencia y un impacto de sabores y aromas grande. Es un vino que suena, en el mejor sentido de la expresión, a viejo y a sincero. Me gusta que, aunque naciera en 2008 por casualidad y como anécdota, la cosecha de 2014 y la ocasión hayan permitido a Finca Sandoval y a Víctor de la Serna recoger estos nuevos sangrados de syrah y monastrell para poner en la copa una Manchuela que sabe a mucho más que a anécdota.

14 febrero, 2016

Clos Lentiscus BdB Clàssic BN 2012

Clos Lentiscus BdB Clàssic BN 2012
El lentisco milenario (pistacia lentiscus, "llentiscle") es el símbolo de Can Ramon, viticultors del Mongròs. Surge en el centro de su finca en el Garraf y es uno de los árboles que más a gusto se siente cerca del mar. Como las cepas (mayoritarias de la malvasía que arraigó en Sitges y de sumoll) que Manel Avinyó trabaja de forma ecológica en el macizo. Las uvas encuentran (ellas solas por más que alguien las haya plantado) sus territorios de preferencia. No puedes hacer que la tierra haga decir a la cepa cosas que ésta no quiere decir. Y no hay duda: terrenos de caliza dolomítica, arcillas blancas, roca madre aflorando casi en superfície, viento y mar, sol y altura, cultivos que no alteren la comunicación entre uva y tierra, son buenos para la malvasía y el sumoll. Así, estas uvas (por más que suelan identificarse con otro tipo de vinos y territorios), tanto como los olivos silvestres, los lentiscos y los margallones, se convierten en símbolos de una tierra y de una forma de entender la vida, discreta pero intensa y de profunda belleza.

Y de una bodega centenaria como Can Ramon. Desde el siglo XIV habitan a los pies del Montgròs (359 msnm), en la estribación sureste de la sierra del Garraf, la más cercana al mar. Algún día, la historia de las uvas y los vinos del Penedès hará justicia a gente como Manel, luchador incansable de la causa del territorio, de la marca del sabor y de las fragancias que éste tiene, con una capacidad y sensibilidad cada vez mayores para llevar este cúmulo de sensaciones a una botella. Manel es uno de los expertos de esta tierra en burbujas, sobre todo en segundas fermentaciones en botella. Sin duda, una de mis preferidas es esta malvasía monovarietal de añada, que él llama Blanc de Blancs, esencia pura de un 2012 seco entre los secos en unos viñedos que saben cómo sobrevivir a las condiciones extremas. 12,5%, 25 meses en rima y una capacidad enorme para envejecer y dar alegrías en los próximos años. Degollada mi botella el 24.11.2015, un poco más de reposo le irá bien, pero está ya como para disfrutarla con intensidad: aromas de maquia y de secarral, polvo de talco, vientre de cantera, frescura sin matices pero con aires de sobriedad, piedras al sol, olivas estrujadas, pino y retama, concentración y amabilidad, terpenos y el dulzor de la uva lejanos pero que surgen tras unos pocos tragos. Viento y placer. El mar brilla en la copa.

Es un vino para cualquier momento de placer y de charla distendida, sea alrededor de una mesa o a solas frente a la inmensidad y belleza perturbadoras del mar que se ve desde el macizo del Garraf.

03 febrero, 2016

Roberto Henríquez Pipeño 2015

Roberto Henríquez Pipeño 2015
Roberto Henríquez. Vinos naturales. Es el nombre de la bodega y aquello que uno lee en su página web. No sé mucho más de él que lo que esa web nos cuenta. Miento... O me confundo... Suelo pensar que sólo se puede conocer bien a alguien cuya pasión es hacer vinos (me parece que éste es el caso de Roberto) si has pisado sus viñedos y bebido sus vinos con él en ellos. Cuando se puede, sin duda es el mejor camino. Pero cuando quien hace el vino que te ha entusiasmado vive en Concepción (Chile) y hace sus vinos en la ribera sur del río Bío-Bío o en el Notro, sabes que va a ser complicado ese conocimiento profundo. Es entonces cuando la botella se convierte en auténtica protagonista. Te concentras en ella y en lo que la copa te dice y sabes que, aunque falte una parte importante, algo (¡no poco!) has comprendido de cómo es Roberto Henríquez: porque has entrado en su vino y lo has disfrutado. Mucho.

Experiencia de seis años en distintas bodegas americanas y europeas bastan a Roberto para entender que sus raíces son las que llaman y la uva país la que tiene que ser mimada, comprendida y embotellada. La país es una de las señas de identidad de parte del terruño chileno. La país de Santa Juana en viñedos de 200 años de edad y sobre suelo granítico forma parte del ADN de Roberto y de muchas generaciones de viticultores chilenos. La país que está en este Pipeño 2015 (vino de añada y hecho para un disfrute inmediato: fue vendimiado en abril de 2015) me suena a excepcional y la manera sencilla y transparente (natural) en que ha sido trabajada, me seduce y atrae sin más. Viñedos tratados con una sola mano de azufre; uvas que crecen en suelo granítico y fermentan en lagares de cemento; vino que por sangrado se guarda en madera vieja (unos tres meses); en botella otros seis meses, desde agosto de 2015. Bebido en enero de 2016. 13%.

Piedra antigua.
Fluidez.
Rusticidad.
Frescura.
Amabilidad.
Sinceridad.
Frambuesa madura.
Granito.
Autenticidad.
Musgo.
Brezo.
Raíces.
Solidez.

Estas palabras, como dardos, me iba lanzando el vino. Podrán algunas parecer contradictorias, pero todas han salido de la misma botella. Este vino lo bebía yo por arrobas, cántaras, tinajas, odres, fudres, vasijas o cualquier otro contenedor que sugiera grandeza, generosidad, autenticidad y sabores y sensaciones reencontradas. Grande en su sencillez, accesible por su frescura, afable en su amabilidad, contador de historias centenarias por su sinceridad.

29 enero, 2016

Guía Melendo del Champagne 2016/2017

portada_guia_melendo_2016-2017
Nos habíamos saludado en alguna cata pero no nos conocíamos. Nos encontramos por primera vez ante unos cuantos de los mejores vitivinicultores de la Champagne hace ahora cuatro años, en Terre et Vins de Champagne en Aÿ. Nos volvimos a saludar, esta vez con mayor efusión: reconocer a alguien que, por el solo hecho de estar en Aÿ, ya sabes que es uno de los tuyos, alegra y agrada. Confieso sin rubor que tras el saludo, me dediqué a lo mío. Y él, claro, a lo suyo. Pero no pude dejar de observar y ver qué hacía y cómo lo hacía... Jordi Melendo era, hace cuatro años, hace muchos más y ahora, una referencia en el mundo de las burbujas, primero las de la DO Cava, después las de Champagne. Y ver con quién charlaba, qué vinos bebía, etc., daba pistas al apasionado que apenas sabía nada, que era yo.

Me sorprendieron dos cosas: más que parecerme que él conocía a todo el mundo, tuve la certeza de que todo el mundo le conocía a él. Pasó mucho más tiempo saludando y charlando que bebiendo... Me impresionó y, casi al caer la tarde, cuando las prisas para el regreso empezaban a mandar, me atreví a preguntarle. Y me contó de su pasión desmedida, de su amor por esta tierra y por sus gentes, de la magia de las burbujas del norte y, sobre todo, de su plan de viajes. Me enseñó una agenda y me dijo, con precisión, los días (¡¡¡un día de cada mes!!!) en que había conseguido los billetes de avión más baratos para viajar a Paris y de allí a la Champagne. Durante un año, una vez al mes... Me descubrí (llevo siempre gorra o sombrero...) y pensé: "éste es uno de los hombres mejor informados del mundo sobre algo que lo que quieres conocer todo. Hay que seguirle a fondo". Y eso he hecho en los últimos años. Mi pasión y mis conocimientos sobre los vitivinicultores y las maisons de la Champagne entera, han crecido gracias a las lecturas que Jordi Melendo nos ha ido proporcionando, todas llenas de vivencias personales, de notas y marcas de interés: sus Historias del Champagne. Maisons y Vignerons, Alboraya-Valencia, 2012 (978-84-695-4887-5) revelan cientos de cosas de la historia oculta de algunos de los más interesantes productores de la zona.

Su primera Guía Melendo del Champagne 2014, Barcelona, 2014 (978-84-616-9866-0) es, todavía, un instrumento de gran utilidad: con un perfil tipográfico limpio y de cómoda lectura, te abre las puertas de un montón de productores que conocía poco y, además, introduce por primera vez en España y con champagnes, una cata a ciegas que valora cada uno de los vinos catados. Lo hace, además, con la colaboración de un grupo de grandísimos profesionales y expertos: Ballesteros, Asenjo, Bao, Corman, Centelles, Guerra, Mercier, Murciano y Romeralo. Tremendo. Pues la Guía Melendo del Champagne 2016/2017, Barcelona, 2015 (978-84-608-2045-1) mejora cuanto acabo de decir. Podía parecer difícil pero lo hace... Más vinos catados, una ampliación del Comité de Cata (con Cavero, Nolla, Cruz, Gómez -el bueno, Adolfo, no yo-, Marcos, Seijas y  Villalón), una paginación más rica y agradable a la vista, un montón de fotos sugerentes proporcionadas por el CIVC y, por supuesto, el nudo intacto de la cuestión: la selección debidamente anotada, puntuada y valorada en función de la relación que los expertos han establecido entre el PVP de una botella y la calidad que han percibido en ella.

Para los que sentimos esta atracción irracional (así la siento) por la más pura expresión posible de los distintos "terroirs" de la Champagne, esta Guía Melendo se ha convertido en un instrumento esencial para comprar y beber bien y, además, para hacerlo bien asesorados. Encuentro buenas noticias e informaciones y sé, gracias al contraste con sus opiniones, que he abierto y conozco ya buenas botellas de algunos de los mejores "vignerons": Agrapart, Bedel, Boulard, Couche, Coulon, Marie Courtin (Dominique Moreau), Goutourbe, Jacquesson, Laherte, Larmandier-Bernier, Léclapart, Pascal, Selosse, Tarlant... Y lo mejor (en mi caso) es que siguen proponiendo botellas y buenas valoraciones de gentes a las que no he bebido. Felicidad completa, sin duda, que me deja sólo una pregunta: ¿por qué no están algunos más que también me vuelven loco? Verbi gratia Brochet, Bérèche, Bouchard, Doquet, Dufour, Egly-Ouriet, Horiot, Lassaigne, Prévost, Vouette&Sorbée (los Gautheron), Ledru, Val'Frison... La duda se despejará, sin duda, en la próxima edición porque ahora ya sé que la ambición de Jordi es la de ir creciendo en cantidad y en calidad para consolidar lo que ya se confirma en esta edición 2016/1017: la Guía Melendo del Champagne acabará siendo un referente no sólo hispano (ya lo es), sino también internacional.

23 enero, 2016

Vinos en voz baja

Vinos en voz baja Costumbres 2013 garnacha
Apenas les conozco (una hora de conversación intensa con Isabel Ruiz y Carlos Mazo), no he pisado sus viñedos (sólo he visto alguna foto, que sugiere mucho, pero sólo eso) y no conozco su bodega (aunque sepa que han empezado en 2012 como bodegueros de garaje y, ahora, de prestado todavía en casa de otros). Pero me atrevo a escribir sobre ellos y a hablar un poco de su manera de ver las cosas. Por supuesto, a describir también las sensaciones que algunos vinos suyos me han regalado. Por razones muy variadas que no vienen al caso de este post, la Rioja está de nuevo en primera plana. Digan lo que digan, la Rioja estaba languideciendo. No hablo ya de dormirse en los laureles porque supongo que las ventas y el nombre y prestigio (muy bien ganados) de la DOC me desmentirían. Hablo de apego a la tierra, hablo de cultivo respetuoso y lo menos intervencionista posible, hablo de preservar las características de cada terruño (sí, terruño, porque aunque no tenga tradición la palabra como sinónimo de "terroir" en castellano, "terruño" es la tierra natal de uno -según la RAE- y, por supuesto, la de las uvas también: la lengua evoluciona) en la botella y en la copa, hablo de conocer con nombres y apellidos viñedos, viticultores y vinicultores como protagonistas y, casi, demiurgos en el descubrimiento de una alma renovada en esta tierra de privilegio.

En pasado, sin duda. Languidecía. Porque hace ya unos años que unos pocos (no voy a cometer el error de poner edades ni adjetivos porque, aquí y por fortuna, algunas generaciones se mezclan) han empezado a andar otro camino. Respetuosos con su pasado (no siempre el más reciente), sensibles con el trabajo de quienes no maltrataron el viñedo con productos de síntesis, amantes de la recuperación de cepas viejas (también con variedades muy propias), conscientes de la necesidad de que la Rioja hable en la copa y en la botella de otra manera. Casi siempre sin hacer ruido, cierto, y en voz baja. Casi siempre, también, con vinos y actitudes que me hacen detener, girar la mirada y escuchar con profunda atención. Después, beber y pisar algunas tierras (las de Carlos e Isa todavía no...) y entender que en la Rioja (no hablo de zonas porque en todas ellas detecto este movimiento) están sucediendo cosas. Como hace bien poco describía Víctor de la Serna (en un tuit que precedía una cata de Rioja'n'Roll en Elmundovino), es "excitante y emocionante". Porque los que amamos sin paliativos ni matices la viña cultivada con los mínimos aderezos y su fruta sabemos que este movimiento es lento pero imparable, También en la Rioja.

No voy a dar hoy más nombres que los de Carlos e Isa, Vinos en voz baja, pero sólo tenéis que repasar posts, tuits e instagrams (míos y de unos pocos más, sensibles a cuanto se mueva alrededor de lo que Goode y Harrop vinieron en llamar "authentic wines") para saber de quiénes hablo. Vinos en voz baja es de Aldeanueva de Ebro y trabajan, pues, en la Rioja Baja. Digo yo que la coincidencia de adjetivos no es casual porque su actitud es exactamente esa: estamos en una zona dura, casi denostada o, por lo menos, poco querida y apreciada y vamos a recuperar el orgullo y la pasión de los nuestros para iluminar de forma renovada las variedades más significativas, la viura y la garnacha. Después llegarán otras, autóctonas de la zona. Viticultura sana, responsable, con el uso de la menor cantidad de insumos (sustancias ajenas a la naturaleza) posible, con la mínima y sólo la imprescindible intervención de la tecnología y con respeto hacia la energía que esta tierra quiere liberar de nuevo. Y a la chita callando. Escuchando mucho, mirando y, además, viendo, aprendiendo y avanzando poco a poco.

Vinos que son Costumbres en esta bodega errante y que quieren devolver al bebedor de hoy sensaciones de antaño. No hay mejor "prueba del algodón" para estos jóvenes que el que los mayores beban sus vinos y suelten un "caramba... esto me suena!!! Me recuerda los vinos de cuando era mozo!!!". No pocas veces he escuchado ya esta expresión en la Rioja y en otras partes de España. Entonces, los ojos de los jóvenes se iluminan y saben que van por el buen camino. El tiempo no pasa en balde y no todo tiene porqué ser igual (tampoco es ese el objetivo. Si lo fuera, harían arqueología/antropología del vino. Y no es eso...). Pero los sabores y las sensaciones, ahí están...De dos de los vinos "en voz baja" quiero decir cuatro palabras hoy. Del Costumbres 2013 blanco, 13,5%, monovarietal de viura, y del Costumbres 2014 tinto, garnacha de la que no sé el grado ni nada porque Carlos me dio una muestra previa a la comercialización. El primero tiene la madera muy medida aunque se nota... Tiempo en botella le falta pero sus virtudes ya asoman: la pureza y aromas del sabinar en el monte bajo. La flor de manzanilla en su momento culminante. La retama. Algo de mantequilla salada, Juncos y vegetación verde. Pan tostado. Viveza. El segundo me enamora, sin más. Recupera las sensaciones de la garnacha de tierras duras y secas que ofrece frescura y vida al vino gracias al uso sabio del raspón: raspón y garnacha, unión imbatible, natural. Algo de madera hay, por supuesto, pero el placer es inmediato, no necesita mucho reposo ni diálogo con la botella este vino. Fruta fresca y maquia (maquis, "macchia"). Alegrías de la casa. Picotas  ácidas. Pimienta roja. Pimiento rojo asado a la brasa. Bolas de ciprés. Tinta china roja. Ciruelas negras crujientes. Sabroso y redondo. Sencillo que no simple. Fresco y austero.

Carlos Mazo e Isabel Ruiz pertenecen a este grupo de gente riojana (aunque no todos nacidos en la Rioja) que vuelve a excitarnos y a conmovernos con sus vinos. Siempre los ha habido, por supuesto, para los que amamos el vino y respetamos esta tierra histórica, y de todos los estilos y características además. Pero ahora unos pocos saben distinto y su "canción" y manera de explicar las cosas es, también, distinta. Renovada y mínimamente intervencionista aunque con la vista bien puesta en el retrovisor. La Rioja, también la Rioja Baja, mola de nuevo. Mola mazo, si me permiten el juego de palabras. Y perdón...

15 enero, 2016

Josmeyer Gewurztraminer, "Cuvée du Centenaire", Vieilles Vignes 1986

Josmeyer Gewurzt Cuvée du Cent. Vieilles Vignes 1986
Cuando bebí este vino pensé en dos personas a las que no he conocido personalmente pero a las que debo cosas importantes por motivos distintos.

La botella, monovarietal de Gewurztraminer hoy seco (13%) pero que en algún momento tuvo un punto de azúcar residual, es de la cosecha de 1986. Muy bien conservada, sin apenas merma de vino, corcho casi intacto, sin precipitaciones. Desde hace tiempo abro los vinos que me apetecen en el momento que me parece mejor. Con éste hice lo mismo: evolución en el color y ligera oxidación. No lo dudé: decanté y dejé reposar unas horas.

Olí, bebí, dejé que el vino penetrara en mí y vino la primera persona. Una persona a quien los que la conocieron han definido como "uno de los mejores catadores de la historia de Francia", "metódico", "científico", "concienzudo", "frío", "sacerdote del vino". Jules Chauvet. A mí, tanto como ésa parte de su personalidad, me atrae otra, la que le hizo escribir: "algunos vinos no solo tienen caracteres precisos, tienen también siluetas ideales. Pueden evocar las mañanas fragantes de primavera y los emotivos atardeceres de septiembre".

El vino olía a melancolía, a flores marchitas en la mesa de madera junto a la ventana (camomila, lavanda), al humus que el hayedo, sus hojas y las brumas de otoño cubren con delicada atención, a musgo fresco, todavía fresco a pesar de sus casi 30 años en la botella.

Con las horas y los días seguí bebiendo y pensé en la segunda persona. En 1986 llevaba ya 20 años en la bodega familiar y todas las decisiones importantes eran suyas. Quienes le conocieron, le definen como "poeta del vino" y "vinificador extraordinario". Jean Meyer. Tuvo dos visiones trascendentes que siempre me han admirado y que sigo disfrutando: sus botellas contenían obras de arte en su interior y también en su exterior (en las etiquetas desde 1987). Además, y en una tierra compleja para ello (aunque con su buena tradición ya), en Wintzenheim (Colmar, Alsacia), decidió hace más de 15 años conducir toda su propiedad a la biodinámica.

El vino es (con la sencillez y viveza de quien lo hizo lo escribo) un vino extraordinario, que mantiene intacta su  columna vertebral de acidez y se muestra como una infusión de naturaleza verde y uva madura, envuelta en nube de algodón de azúcar. Jengibre y canela. Membrillo maduro y espliego. Miel de azahar y brezo. Es un vino evocador, que combina todavía los aires nostálgicos del primer otoño con la sonrisa provocadora de una primavera alsaciana. Un vino de Jean Meyer que intento describir con el espíritu de Jules Chauvet. Ellos me sabrán perdonar.

05 enero, 2016

Vall Llach 1998 (y dos)

Vall Llach 1998 dos
El 2 de diciembre de 2013 publicaba una nota sobre una botella de 0,75L de Vall Llach 1998. Hoy quiero empezar el año 2016, que será un año distinto y muy lleno de cosas interesantes (algunos indicios y mi olfato apuntan a ello), con un comentario sobre una botella mágnum de Vall Llach 1998. No voy a repasar mi archivo histórico del blog pero creo que es la primera vez que publico una nota sobre el mismo vino en una misma añada. Se lo merecen tanto el vino como el viñedo del que, de forma destacada, procede la cariñena que le da el alma (Mas de la Rosa), como los actuales propietarios de la bodega (Llach y Costa), que están dando a su proyecto un espíritu renovado. Es reconfortante ver cómo la reflexión sobre la tecnología en el campo y en la bodega hace dar algunos pasos atrás a quienes, desde siempre (por lo menos desde la llegada de los "young ones") y aunque se les reconozca menos que a otros, han marcado tendencia en la DOQ Priorat.

Vall Llach está ahí, sin duda, y ver cómo ahora los animales están volviendo a arar alguno de sus viñedos y cómo los tratamientos se reducen y adaptan a una escala que la naturaleza pide para poder sobrevivir con dignidad y sus cepas bien altas, es gratificante. Como lo es, claro, seguir y comparar las primeras añadas de la bodega con las que están saliendo ahora para hacerse una idea de hacia dónde pueden ir las cosas. Sobre el vino, las uvas y la vinificación ya hablé en el post de diciembre de 2013. Me voy a concentrar, pues, en este mágnum de Vall Llach del 1998, primera añada en que la bodega embotelló su portaestandarte. Juego con ventaja... Bebo el vino en mágnum y la botella no había salido de la bodega hasta el día en que llegó a casa.

A diferencia de lo que hice con la botella anterior, tuve que decantar: el corcho se estaba deshaciendo, los aromas del vino prometían (el corcho no olía a TCA) y hacía falta preservar el genio que parecía querer despertar de su letargo de más de 15 años en botella. Lo tomé con 24 horas de decantación y seguí bebiéndolo a lo largo de los siguientes tres días. El vino se mostró entero y perfecto y evolucionó sobre todo en su densidad y cuerpo: se aliaba con el oxígeno no sólo a través de las moléculas de aroma que liberaba sino también a través de la estructura de sus polímeros. Aquí me matarán los químicos orgánicos,  claro, pero daba la sensación de que la masa del vino iba cambiando con los días, aumentando y ganando, en efecto, en cuerpo y densidad.

El vino empezó con pequeños aromas terciarios que iban asomando a mi nariz y paseando por mi paladar sin pausa, discretos pero tenaces. Con rapidez, algunos aromas primarios (me atrevo a proponer que entre éstos no sólo hay que contar con los de las frutas sino también con los de las tierras donde éstas se alimentan), se mezclaron con los terciarios y el paisaje que mi cabeza recompuso fue el de la emoción y el vértigo que produce una copa que contiene el alma de una tierra. El cálido almacén de las hojas de tabaco que maduran. La pizarra con hierro y siglos de intemperie, mojada y secada por un sol que no azota. Las aceitunas negras muertas y el aceite de primera prensada con un poco de sal. El palo mascado de regaliz. El vino se muestra íntegro, perfecto, profundo, con una boca redonda, unos taninos suaves y nobles. El corazón de los troncos que ardieron y que mantiene el rescoldo de la llama en el hogar. La pureza del monte bajo: tomillo y orégano secos, un poco de laurel. Bouquet garni.

El vino muestra una profundidad de escalofrío. La cariñena del Mas de la Rosa es fina y delicada, penetra el corazón de la tierra y lo transporta a la copa. Y el corazón palpita y se agita todavía en un vino que apenas ha llegado al otoño de su vida. El hueso de la ciruela seca pasea por mi boca. Hojarasca y humus. El alma del bosque habita este vino. El ratón husmea... Ratatouille y sus hermanos y primos saltan alborozados. La mina del lápiz. El grafito. La mermelada de cerezas con las horas y los días: la otra uva clave de este vino, la cabernet sauvignon, muestra su grandeza. Otoño en estado puro, de nuevo: paz y alegría por el trabajo bien hecho. Tierra y paisaje en la botella. Un punto goloso y casi tánico de las variedades francesas (un buen porcentaje de merlot hay también), los años y la excelente conservación dibujan el perfil de un vino fino y ágil en el trago, complejo y, al mismo tiempo, de una mediterraneidad que enamora. Con más horas: algarroba madura, chocolate negro a la taza con algo de agua, el fresco sótano excavado en la roca de llicorella, la madera y el reposo. Esencia y corazón de una tierra que amo, el Priorat, que he tenido el renovado privilegio de poder beber. Uno puede llegar a tener un vino vivo en la botella de mil maneras distintas. Una, entre todas, es la imprescindible y la que no puede fallar jamás: la mejor fruta de los mejores viñedos posibles es la que más años se mantiene. Vall Llach 1998 es otra deliciosa e innecesaria prueba de la existencia de este axioma.