26 julio, 2015

Alba Confitero ancestral 2014

Alba Viicultores Confitero ancestral 2014
En el Pago de Miraflores (Sanlúcar de Barrameda), viñedo El Confitero, en la parte más alta y con uno de los palominos finos de mayor prestigio de la zona. En Sanlúcar de Barrameda, Alba Viticultores: Fernando Angulo, Carmen Caballero, Alejandro Muchada y Miguel Gómez. En Sanlúcar de Barrameda, unos pocos viticultores que  se convirtieron en custodios de la tradición, de las raíces y de las cepas de albariza pura a la espera de su oportunidad. Ha llegado en forma de lucero embotellado... Cuatro locos con un ideólogo al frente (Fernando), unos pocos amigos y asesores fieles (Álvaro Girón...) y un montón de pequeños proyectos que atienden sólo a una idea: la inspiración y el clima de la añada en un ambiente de respeto y amor absolutos por el palomino fino y los sabores de la albariza.

Del Confitero, apenas 600 botellas de un vino que nace de mosto pisado con los pies y medio fermentado en botas y en inox con lo que el viñedo lleva. Ni más ni menos. La fermentación termina en la botella, sin filtrar ni clarificar. Se cierra con chapa y allí se completa el milagro. Burbujas que preservan los sabores de la tierra y nos transportan al sueño de la uva en su madriguera de arena y cal. Tiza: en la escuela, la pizarra con los primeros calores. Humedad: en la madrugada, la del océano que viaja con la brisa, alimenta cepas y refresca uvas. Enorme su frescura, de personalidad única. Hierbabuena. Pastelería: los aromas de las levaduras sin matices. Pan ácimo. Cabello de ángel. Piel del membrillo. Limonero en el patio umbrío. La sal y las plantas cerca del mar. Encurtido de hinojo marino.

Un vino de placer que nace de la pasión por una uva (palomino fino), del respeto por un trabajo centenario (el de los viticultores) y del amor por un cosquilleo impredecible (el de la burbuja ancestral).

19 julio, 2015

Radikon Ribolla 2007

Radikon ribolla 2007 dos
En los Radikon se unen varias tradiciones que hacen que sus vinos sean algo emblemático para mí, en especial su Ribolla. En primer lugar, la tradición campesino y vitícola del Collio y del Friuli, en el que se vienen haciendo vinos apreciados desde el siglo I a.C., por lo menos: la bodega y sus viñedos (12 Ha) están en Oslavia, municipio de Gorizia, en el corazón del Collio de las hermosas colinas. En segundo lugar, la uva. Los Radikon trabajan con otras variedades (chardonnay, pinot grigio, sauvignon blanc, merlot, jakot), pero la que hunde sus raíces en esa tradición centenaria es, sobre todo, la ribolla gialla (en italiano), también llamada rabiola, ribuele, rébula (en la parte eslovena del Collio: Brda)  y documentada históricamente desde el siglo XIII. Radikon siente este tipo de cosas, y hace sus vinos con sensibilidad hacia el pasado.

En tercer lugar, Radikon vinifica con atención y respeto hacia esos antepasados, que sabían del sabor discreto de ese mosto pero conocían también el valor del hollejo de la "rabiola", su carácter algo tánico pero fino, y su tendencia a la oxidación. ¿Cómo se trabajaba esta uva? Seguramente no se desraspaba y esa es la mayor innovación de Stanko Radikon. El resto ha sido siempre ir recuperando el modo de hacer antiguo, paso a paso y despacio, empezando por el campo, donde desde 1995 no usa ningún producto químico de síntesis, ni pesticidas ni herbicidas, nada que no sea natural. Y siguiendo por la bodega, donde la ribolla hace la fermentación con sus pieles en grandes fudres troncocónicos, Allí se queda, cuando ya es vino, con esos hollejos entre tres y cuatro meses. Cuando se descuba y se prensa, el vino vuelve a otros "botti" donde pasa un promedio de tres años, sin filtraciones ni estabilizaciones y, desde 2002, sin ningún añadido de sulfuroso.

Cuando el vino se embotella (el Ribolla en botellas de 50 cl) pasa todavía otro año en la bodega. Después, al mercado, que no siempre va a entender un vino de este tipo, quizá, si antes no sabe que tiene en la copa historia y tradición de un paisaje único, máxima naturalidad y respeto por la tierra y sus procesos (de hecho, la única acción "forzada" que reconoce Radikon son las trasiegas...) y sensibilidad y conocimiento de qué hacían los antepasados y por qué lo hacían. Tierra de arcilla muy compacta (ponca), colinas de orientación sur y sur-este, vientos únicos, frescas brisas y muy alta densidad de población de cepas. Uvas únicas de ribolla gialla, pues, para un vino y una manera de hacer hoy casi únicos: el color del sol del atardecer ventoso en una botella. Hollejos. Austeridad. Sequedad cartujana, profunda y silenciosa. Concentración. Piel del membrillo. Flor seca de la camomila antes de la infusión. Intensidad. Raíces. Arcilla roja en tus manos, ya seca. Nuez moscada. Manojo de tomillo seco en la cocina. El sol del membrillo, el atardecer de la vida, el renacimiento a una manera de sentir las cosas que fue nuestra y volverá a serlo gracias a vinos como éste y a actitudes como la de los Radikon.

12 julio, 2015

Naltres 2013 de L'Olivera Cooperativa

Naltres 2013
"Naltres" es una de las formas dialectales del catalán de las tierras de poniente con la que sus hablantes se refieren al pronombre "nosotros", "nosaltres". Es tan importante en catalán que el diccionario descriptivo y etimológico que recoge todas las variantes históricas del idioma (el Diccionari Alcover-Moll)  nos ofrece más de 26 variedades fonéticas del pronombre. Procede del latín nos alteros, "nosotros, todos los que no somos los otros" (me atrevería a traducir) y es una forma redundante, enfática, rica y poderosa de definir a los miembros de una comunidad que no pertenecen a otra. Estos, sin duda, son los de la cooperativa L'Olivera, fundada hace ya más de 40 años por un puñado de jóvenes que creía en la igualdad en un sentido pre-revolucionario: todos podemos aportar algo a un proyecto común, cada cual desde su propio concepto de igualdad y de competencia. No todos servimos para todo, no todos somos buenos para todo, no todos tenemos las mismas competencias y habilidades. Juntándolas todas en ese "Naltres"/nosotros enfático y poderoso, somos capaces de arrancar y hacer progresar cualquier proyecto.

Eso es la L'Olivera, en Vallbona de les Monges (DO Costers del Segre y DO Catalunya) y en Can Calopa (serra de Collserola, Barcelona): la integración de un grupo de personas con distintos niveles de disminución intelectual en un proyecto alrededor del cultivo de la tierra: viñedos y olivos. Todos viven la cotidianeidad del "Naltres" común con entrega y alegría, con seriedad y con ambición de superar problemas y retos. Y de este proyecto, que tiene sus raíces más profundas en el paisaje de secano, hermoso e intenso, de la vall del río Corb, nacen grandes aceites y vinos, con certificación ecológica. No voy a destacar a nadie porque todos aportan mucho, cada cual a su nivel de capacidad y conocimientos. Hace años que bebo los vinos de la cooperativa y el salto positivo que están dando desde hace tres o cuatro me dice que este proyecto, también a nivel vínico, va para arriba, imparable. La madurez de las ideas, la preparación de las personas, el nivel de la reflexión en lo que se hace en el campo, las variedades con que se hace... Suelos de fondo de río de profunda erosión, llenos de arcilla, cal y cantos rodados; "costers" y muros de piedra seca; lluvia muy escasa pero buen drenaje y capacidad de conservación de la humedad; viento del mar que, entre los 400 y 700 msnm, aporta aquello que el cielo no ofrece: respiro, paz y humedad,  por las tardes; viento del cierzo que aporta ventilación y fungicida natural, por las mañanas.

Y este Naltres 2013 que es, también, un poderoso símbolo de la comunidad por la que lleva su nombre. ¡Sus nombres! Todos los nombres del vino, más de 40 (todos ellos en la etiqueta), aportan trabajo, sensibilidad y conocimiento que atraen por su poderosa fragancia y se dejan beber por su agilidad y frescura. Garnacha del país, que le da volumen y sabores. Trepat que le da textura y ligereza. Touriga nacional y cabernet sauvignon, que le dan cuerpo y esqueleto. La combinación de cepas funciona y el conjunto, el vino, se revela como sinónimo de la fuerza de la comunidad, del "naltres". Sólo la garnacha ha tocado la madera (ocho meses) y el resto se ha hecho vino con una maceración semicarbónica de grano entero e inoxidable. 15%. Es un vino reposado pero con una carga frutal tremenda, intenso. Si se toma en verano, 14 ó 15ºC le irán de maravilla: algo fresco, vamos. El vino es su paisaje en la copa: bosque bajo, hierbas aromáticas (buqué garni con laurel, tomillo y orégano). Es intenso pero no pesado. Ágil. Arcilla y yesca. Coca de cerezas: levaduras, madurez y acidez, todo en uno. Fragante y sincero como el campo de secano tras un buen chaparrón de estío. Un poco de canela, un mínimo de clavo de especia. Pimienta roja. Zarzamora madura. La frescura de la fruta, la fragancia del campo, la ligereza del trago. Por 9€: no pido más.

05 julio, 2015

R. Bernabé, El Carro 2013

Viñedos Culturales El Carro 2013
Rafa Bernabé es una persona imprescindible en mi geografía sentimental del vino en España. Es un soñador, es un luchador, es un visionario, hace de todo y lo hace bien. Sobre todo: lo hace con el corazón... Pero, ¡ay! Sólo con el corazón no se hacen grandes vinos... Hace falta más, mucho más. Rafa lo busca, lo tiene, lo da y lo transmite en cada una de sus botellas de Viñedos Culturales. No es azaroso el adjetivo, jamás lo fue. Cultura de la tierra: cultivarla como se ha hecho siempre, con el máximo respeto y la mínima intervención. Cultura de la tierra: cultivarla de esta manera porque, al mismo tiempo, se cultiva uno como persona. Cultura de la tierra: trasladar a la botella y a la copa una uva, esa tierra, un paisaje, una manera de entenderlo, una añada y todas esas cosas del campo, de la bodega y de las personas que hacen que no haya dos añadas iguales. Parque natural de La Mata, en Torrevieja (Alicante): paisaje de devastación y de especulación urbanística que las viejas cepas que viven de la arena y de la laguna salada miran con impavidez. Rafa, Simón actúan como ellas. Hacen bien, la vida sigue gracias a ellos.

Dunas fósiles del Cuaternario, muy poca materia orgánica, mucho carbonato cálcico, 80% de arena. Cepas en vaso y pie franco de moscatel de Alejandría plantadas hace 30 años, cultivadas en aquello que los franceses llaman "lutte raisonée": lucha biológica. Uva del pago "El carro", vendimiada  en agosto (de las primeras de la península), pisada, macerada con sus pieles durante doce días con frío, prensada en prensa vertical de husillo, fermentada por sus propias levaduras en barricas de roble francés usado de 500L. Ha hecho la maloláctica espontánea parcial en las propias barricas.  Sin filtrar ni estabilizar, sin clarificar ni añadir sulfuroso en ningún momento del proceso. El reposo en botella de un año y medio le está sentando de maravilla. 12,5%. El vino evoluciona a mejor con la botella abierta por lo menos durante una semana. Me costó, lo confieso... Pero hice la prueba. Evoluciona y mejora simplemente recorchado.

Flor de azahar. Toma una mandarina del árbol, arráncala con suavidad, huele esa zona del "cordón umbilical" que la unía a la planta: así es este vino, una mezcla de rara finura vegetal con aromas cítricos penetrantes y de varia complejidad. Hierbabuena. Delicado en nariz, poderoso en el trago. Toda la frescura, todos esos cítricos, toda la salinidad concentrados en un suspiro: nariz y boca. Limoncelo. Pomelo rojo. Astringente. Detonante. Madera vieja al sol. Hinojo marino encurtido. Ese punto de la olivada con aceitunas verdes. Tiene su color, además. Almendras con sal, ligeramente fritas: la almendra, su sabor, bien vivo. No hace falta que lo diga: es uno de mis blancos preferidos. Me lleva, me transporta, me seduce, me refresca, me aclara conceptos, me despeja dudas y  me abre caminos. En su mejor momento ahora mismo, en plena y adelantada canícula, sobre los 9-10ºC. 13,6€.