28 junio, 2015

E. Brochet Les Hauts Meuniers 2008

Brochet Les Hauts Meuniers 2008 anvers
Emmanuel Brochet es una de las personas más discretas, sensibles y dedicadas al viñedo y a sus vinos que conozco en la Champagne. Discreción y sensibilidad tanto como pasión e ideas claras. Su Le Mont Benoît es un NV atractivo y que me llena de satisfacción. Uno de mis preferidos. Y su proyecto de monovarietales, que viene acariciando desde 2006 (en realidad desde mucho antes... de 2006 es el primer Blanc de Blancs que he bebido...), ofrece ahora una culminación largamente esperada. Les Hauts Meuniers 2008 es un monovarietal de meunier de la parte alta de Mont Benoît, de un viñedo plantado en 1962. Ligeramente al sur de Reims y algo al oeste (Villers-aux-Noeuds), el suelo es arcillo-calcáreo y limoso. El "vin clair" ha pasado 11 meses en barrica, el vino no ha sido estabilizado ni filtrado y el dosaje ha sido mínimo (2,5 gr/L). No ha hecho la maloláctica y ha dormido en la bodega hasta hace unos meses. El degüelle que he bebido (23 de junio de 2015) es de marzo de 2015. Puede que le falte algo de reposo en botella pero el vino (primera vez que lo bebo) es tan atractivo e interesante ya en estos momentos que no me privo de un breve elogio y de una cálida recomendación. 916 botellas.

Lías. Hinojo silvestre. Gâteau des Rois. Perfume de meunier: es un meunier atípico, en boca se expande de una manera casi sobrenatural pero en nariz muestra  una gran finura y delicadeza. Viene a la cabeza un caballo salvaje al que consigues poner la brida. El meunier es un caballo al galope y éste Les Hauts Meuniers ha sido embridado ya y empieza a mostrar tanto músculo como elegancia y afabilidad. Nueces y almendras amargas. Coca de Llavaneras, con ese punto de crema pastelera, de almendra fileteada, de piñones, de limón, de hojaldre y de harina bien horneada. Un vino ideal para tomar con cualquier cosa que venga del cerdo, cualquiera...Bajo la finura y el velo de la discreción del vino y de su hacedor, se esconde un fuerte carácter y una promesa de largos años de vida. El corazón fresco y verde de Reims. Rusticidad de la piel del membrillo. Seda de su dulce. Un vino que no olvidaré.

23 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (11 y último)

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Las personas. La mirada de las personas es la que interpreta, conserva, transforma un paisaje con viñedos. Las decisiones de las personas son las que nos llevan a la copa un tipo de vino u otro. Cuando me di cuenta del tipo de respeto que los Romanos sentían por la Naturaleza y por el ciclo de las estaciones; cuando entendí que su símbolo más poderoso y eficaz para transmitir "deseo de inmortalidad" era, precisamente, el cultivo de la vid para poder transformar el mosto de sus uvas en vino, supe que esa acción, tantas veces mecánica, de tomar una copa de vino, era mucho más que el hecho de bebérsela. Era, también, acercarse a la Naturaleza, era defenderla y conservarla, era sentirla y transmitirla de una forma muy distinta a como lo había hecho hasta ese momento. Con el menor ruido e interferencias posible, con el máximo respeto hacia la estacionalidad y todo lo que ésta conlleva (lo que cada año nos trae), hacia la tierra y su expresión más libre y sincera. Mi actitud como bebedor cambió y el tipo de vinos que más me atraía, que más cosas me decía, también.

Entendí, además, que conocer a las personas que hacen ese tipo de vino allí donde lo hacen, transmitir su pasión y sus historias, era lo mejor que podía hacer para seguir conectado al sentimiento con que los antiguos se relacionaban con la Naturaleza. Es esa forma que, con la ayuda de gente como la que estuvo escuchando la charla y ahora la habrá, quizá, leído, nos ayuda a ser (todavía en vida) un poco inmortales y, sobre todo, más felices mientras bebemos sus vinos y vivimos su relación con el paisaje. Es esa forma respetuosa de hablar con la Naturaleza, de no imponerle nada y de escucharla mucho para intentar devolverle, a través de una copa de vino, una parte siquiera de lo que ella nos ha dado. Es esa manera ancestral y consustancial al ser humano, de sentirse parte de un todo natural que nunca muere porque siempre se renueva. Es esa manera antigua de ser inmortal hoy, que nos empeñamos en querer olvidar y que algunas personas, las que hacen los vinos que más me emocionan, me ayudan a recuperar, a entender mejor y a transmitir.
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Postcriptum. Esta pequeña entrega por fascículos empezó el día 3 de junio. Han leído de forma directa los posts 2098 personas. Si sumamos a éstas las que pudieron estar en Ciudad Real (unas cuarenta como mucho), tenemos que, más o menos, unos 2128 saben ahora qué vinos me gustan más y por qué. No es una cuestión de modas (todo el mundo habla del péndulo...hace 20 años todo eran barricas; ahora todo tinajas, y etc.), sino de actitudes y de criterio. Siempre he querido desligar mi manera de entender el mundo del vino, incluso de hacerlo y de conocer a quienes lo hacen como a mí más me interesa, de las modas. He intentado explicar una actitud ante la vida y ante el viñedo, que nace de la toma de conciencia de ideas y formas de pensar que están en la memoria común de quienes vivimos de verdad mediterráneamente (sea cual sea el lugar real donde nacimos o dormimos) desde hace por lo menos 2500 años. Ojalá más personas la compartan y, entre todos, consigamos hacer crecer esta sensibilidad. ¡Espero que hayáis disfrutado con la lectura!

Postcriptum II. Esta serie de posts está dedicada a todas las personas que hacéis los vinos que me emocionan, los que transmiten añada, variedades, terruño, personalidad, cultura. Sin interferencias, sin ruidos ni filtros, con la mayor autenticidad y pureza, con la menor intervención posible. No voy a dar nombres: sabéis quiénes sois. Y para mi suerte, seguro que yo, hoy, desconozco todavía algunos de vuestros nombres.

21 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (10)

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Sólo hay una cosa que no va a cambiar nunca. Una cosa que, en la época que sea, se va a repetir y va a condicionar cuanto sucede en la tierra, en las cepas, en la vendimia, en la bodega...

19 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (9)

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El cultivo de la tierra, hoy como siempre, depende de mil factores. Seamos conscientes de ellos o no, hay mil cosas que influyen para que nuestras vendimias y nuestros vinos sean distintos: el tipo de tierra en el que plantamos. El tipo de uva que plantamos en ella. Cómo cultivamos esa tierra, cómo la respetamos para que nos dé la mejor uva posible. La altura a la que están nuestros viñedos. Cuánto y cómo llueve cada año. Las temperaturas del lugar y la diferencia entre el día y la noche. Los vientos: cuáles y de dónde soplan. Las corrientes marinas y su influencia sobre la tierra cultivada...Y muchos etc. con sus combinaciones respectivas que, después, se multiplican cuando la uva llega a la bodega.
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17 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (8)

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En la vida está la muerte. Con la muerte recuperamos una forma distinta de vida. Nada se interrumpe, todo se transforma y la forma en que los Romanos lo manifestaban de una manera más íntima y natural era a través del ciclo de las estaciones y la estacionalidad de sus frutos. Especialmente, la vid, la uva y la fermentación que transforma la materia que llamamos mosto, en vida nueva, que llamamos vino. Así las personas, según Séneca, no mueren del todo porque se transforman en algo distinto. Así la vida que se manifiesta en la naturaleza a través de ciclos, que nunca muere del todo porque a un verano siempre seguirá otro. Y a una vendimia, siempre seguirá otra. Y a un vino, siempre seguirá otro. Y si hacemos las cosas de una forma culta, si respetamos la tierra y su fruto, si la honramos y honramos a los dioses que la protegen y nos protegen, si haciéndolo, nos cultivamos a nosotros mismos, también nosotros seremos algo "inmortales". Porque nuestro espíritu y nuestro trabajo permanecerá en ellos y se transmitirá a quienes disfruten con él.
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15 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (7)

Séneca nos explica por qué los hombres no mueren del todo y por qué esa forma de entender la "inmortalidad" se vincula al paso de las estaciones:  (Ad Lucil., , 36, 9-12) ...cogita nihil eorum quae ab oculis abeunt et in rerum naturam, ex qua prodierunt ac mox processura sunt, reconduntur, consumi: desinunt ista, non pereunt, et mors, quam pertimescimus ac recusamus, intermittit vitam, non eripit; veniet iterum qui nos in lucem reponat dies.

(Traducción libre) "Piensa que ninguna de las cosas que proceden de la naturaleza y desaparecen de tu presencia  y vuelven a ella, perecen. Dejan de ser de la manera como las conocías pero no mueren. Y la muerte, que es lo que más tememos y rechazamos, interrumpe una manera de vivir pero no nos arrebata la vida. Llegará otro día que nos devuelva a la luz."

Docebo  omnia quae uidentur perire, mutari. Aequo animo debet rediturus exire. Obserua orbem rerum in se remeantium: uidebis nihil in hoc mundo exstingui sed uicibus descendere ac surgere. Aestas abit, sed alter illam annus adducet; hiemps cecidit, referent illam sui menses.

"Os voy a enseñar que lo que parece morir, en realidad cambia de estado. Aquello que se va tiene que volver de la misma forma. Observa las cosas del mundo que se presentan de forma cíclica: verás que nada en él se extingue, sino que alternativamente va y vuelve. El verano marchará, pero el año siguiente nos traerá otro verano. El invierno caerá, pero otros doce meses nos traerán otro invierno."

13 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (6)

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De todas las estaciones, aquella que más se relaciona en el mundo antiguo con la muerte, aquella que mejor sirve para honrar el recuerdo de los muertos, es el otoño. El otoño siempre es representado por unos jóvenes sin edad que vendimian, que llevan la uva al lagar, que la pisan y que producen el mosto que pasa a las tinajas para convertirse en vino. En el mundo anterior al Cristianismo es así. En el mundo cristiano, también. El símbolo de la transformación de un ser vivo en algo distinto no es la harina que se convierte en pan. No es el agua con cereales que se convierte en cerveza. No es la leche que se convierte en queso. Es la uva que se convierte en mosto que se convierte, gracias a una fermentación espontánea, en vino. Y no tiene que ver con esta o aquella creencia o con una escuela filosófica u otra: forma parte de las más íntimas creencias del hombre antiguo, es transversal a todas ellas y se formula allí donde más se necesita, allí donde la vida y la muerte se confunden y cruzan. En la transformación de un ser vivo en algo nuevo y distinto, no muerto.
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11 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (5)

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En la Antigüedad, cuando un grupo de personas llegaba a una tierra nueva y quería instalarse en ella, buscaba una alianza con los elementos esenciales: con la luz y el aire; con el agua; con el fuego y la tierra. Cuando alguien llegaba  a esa tierra nueva, tenía que vivir de ella y de su cultivo. Pactaba con los dioses: dadme protección y, a cambio, os ofrezco mi trabajo y algún producto emblemático de mi cosecha. Si cultivabas la tierra, si ella te daba los frutos que cada estación podía darte, si lo hacías con el espíritu adecuado y tu trabajo lo ofrecías a los dioses, llenabas de sentido y de contenido la palabra "cultura" que, en latín, significa precisamente eso: habitar una tierra, cultivarla y honrar a los dioses que la protegen (a tus dioses, a los que tú elijas...). Como consecuencia, te cultivas a ti mismo mientras haces lo anterior.
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09 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (4)

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Pero hay otra imagen más poderosa todavía en Roma (sobre todo) que habla de las cuatro estaciones. Es la que simboliza cada una de ellas en un personaje distinto, vestido de manera particular e identificado sólo con el fruto más característico de esa estación: el invierno es un abrigado cazador con su presa; la primavera es un niño con una cesta de flores; el verano es un segador con sus mieses; el otoño es un vendimiador  con la uva. Dediqué unos años a estudiar dónde y cómo esta manifestación de las cuatro estaciones se producía en la cultura romana: textos, mosaicos, pinturas, frescos, arquitectura. Y llegué a la conclusión de que el ámbito de la vida en que esta poderosa y abundante iconografía podía verse mejor era, qué paradoja, el de la muerte... Inscripciones funerarias, textos filosóficos que hablan de la muerte, frescos conservados en tumbas y, por supuesto, sarcófagos como el que veis en la fotografía. Llamaba especialmente la atención que aquellos sarcófagos en que más aparecían las cuatro estaciones eran los dedicados a niños.

07 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (3)

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 En la Antigüedad grecorromana, el paso del tiempo se simboliza de  diferentes maneras: la personificación de las Horas es una de las más importantes. La otra es la de las cuatro estaciones, vinculada en su iconografía a un joven sin una edad definida coronado con los trofeos de los frutos de cada estación (al que podéis ver en la foto). A este joven, los textos le llaman "Eternidad":  las estaciones siempre se suceden las unas a las otras y siempre ofrecen (si se trata a la tierra adecuadamente) los frutos de su tiempo.

05 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (2)

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El mundo en el que me he formado, el que he estudiado, donde he crecido, es el de la Antigüedad clásica. Empecé a través de sus textos en griego y en latín pero pronto me di cuenta de que, por una parte, cuanto menos interferencias y transmisión tuvieran los textos, mejor los comprendía (la tendencia hacia la epigrafía era inevitable). Y por la otra, entendí también que los textos eran una pieza más de una civilización de la que nosotros veníamos. Y que para entenderla cabalmente era imprescindible que me abriera y conociera, o por lo menos tuviera en cuenta para entender esos textos, todas las manifestaciones que formaron parte de ella: el arte, la arquitectura, la economía, las monedas, la gastronomía, la técnica y la artesanía, la navegación, la religión y la historia de las ideas...El único límite tenía que ser el de mi incapacidad, pero nunca el de mi desinterés.
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03 junio, 2015

Charla en Ciudad Real (1)

Praescriptum. Algunas personas me han pedido que publique la charla que di en Ciudad Real (Fenavin), invitado por las bodegas del grupo de Inkordiantes. Escribir sobre algo que tan sólo expliqué con el apoyo de imágenes me complicado. Así que he decidido hacer lo siguiente: he seleccionado las fotos o mapas más significativos para lo que quise decir en Ciudad Real y las voy a publicar y comentar a lo largo de algunos posts. La idea es que cada post tenga una o dos fotos y una pequeña explicación, y que ésta tenga sentido por ella misma. Quien quiera seguir el hilo completo de lo que quise explicar, no tiene más que ir leyendo todos los posts uno tras otro, pero ya en la idea de conjunto con que, en realidad, fueron concebidos. Los etiqueto como "Charla en Ciudad Real: Inkordiando naturalmente en Fenavin".  Pido disculpas a los que pudieron estar en la charla: seguro que invento cosas que no dije y olvido otras que dije...es lo que tiene ir con los mínimos papeles por la vida! Imagen1
Mi pasión por el mundo del vino no se ha concretado nunca en una mesa con manteles y copas. Nace allí pero adquiere sentido y significado cuando entiendo que lo que me llena de verdad es conocer a la gente en sus viñedos y bodegas y, en la medida de lo posible, beber sus vinos con ellos allí donde nacen. No soy un profesional de este mundo y empiezo a comprender mi pasión tras años de estudio de otro mundo que, en apariencia, poco tiene que ver con el del vino contemporáneo.