29 mayo, 2015

Finca Dofí y Palell de Orto: la vertical

Joan Assens y Oriol Castells dos cracks
La última feria del vino de Falset (siempre alrededor del primer fin de semana de mayo) vio el nacimiento de una actividad singular, atractiva y poderosa. Estoy seguro que crecerá con los años y nos seguirá dando placeres e información, como sucedió a raudales en esta primera edición. Se trata de una vertical a dos bandas que se organiza desde el VITEC, el Parque Tecnológico del Vino, y que reúne a un viticultor de la DO Montsant y a otro de la DOQ Priorat. Busca conocer a fondo un vino de cada bodega (y cuando digo a fondo, quiero decir a fondo: no faltó ni una sola información relevante) que se cata en paralelo y en vertical a lo largo de unas cuantas añadas. El estreno fue de lujo: maestro y discípulo (en la Escuela de Enología Jaume Ciurana de Falset); iniciador y continuador (en Álvaro Palacios); muy amigos los dos y magos del vino ambos con enorme fundamento técnico, Joan Assens (Orto Vins, en el Masroig, DO Montsant) y Oriol Castells (Álvaro Palacios, en Gratallops, DOQ Priorat) propusieron una vertical 2011 a 2014 de Finca Dofí y de Palell de Orto.

El Palell es una finca muy pequeña, de media Ha, en El Masroig, plantada con garnacha peluda. En palabras de Joan, sale de ella "un vino de gama natural". La definición tiene su origen en el trabajo que hacen en el campo: sobre suelo de arcilla blanca en la parte superior del viñedo, y de arcilla roja-negra en la inferior, hace cinco años que no se labra y se ha logrado una cubierta vegetal estable y espontánea (por ahora: habrá selección a partir de este año). En ecológico pero con prácticas biodinámicas también y siguiendo el calendario de trabajos (en viñedo y en bodega) que marca la luna, la arcilla limita el crecimiento y alimentación de la planta porque bloquea el hierro, le provoca clorosis férrica que produce uvas más bien grandes pero con una intensidad de sabores inusitada. Finca Dofí es un viñedo que se encuentra entre Gratallops y Bellmunt del Priorat, plantado con garnacha del país. Sobre suelo de llicorella de una antigüedad de 350 millones de años, su poca capacidad nutriente modela la capacidad de supervivencia de la planta. Hay más metales a su disposición (hierro, magnesio, manganeso) y la disposición en bancales y la estructura de la piedra en betas, permite (con la ayuda del contraste enorme de temperaturas entre el día y la noche) que opere una suerte de ósmosis en la tierra que hace que el agua profunda suba y nutra a las raíces.

Siempre he disfrutado estos vinos sin saber mucho de lo que nos contaron Joan y Oriol, pero conociendo ahora la intimidad de su trabajo, se comprende mejor por qué los vinos son como son y saben a lo que saben. Ambos seleccionan mucho la uva, ambos utilizan sólo levaduras autóctonas, ambos se sirven de las cantidades mínimas de SO2, ambos usan grandes volúmenes de madera (la garnacha consume poco oxígeno), aunque los de Orto son siempre de 500L mientras que los de Palacios son también de 600L y alguno de 2000L. En lo que más se diferencian es en la maceración: en Palacios suele ser siempre más larga (unos 40 días), mientras que en Orto todas las vinificaciones duran un ciclo  lunar (28 días). 2011 y 2012 fueron años muy secos en ambas denominaciones, pero 2011 lo fue especialmente  en Palell (297 mm!!!) y 2012 en Finca Dofí (329 mm). 2013 dio un respiro de agua a las cepas y 2014 todavía fue más benévolo (en este caso, también en temperaturas). El mayor grado se alcanzó en la añada más seca (2012: 14,85% Dofí, 14,6% Palell) pero con una acidez y un pH equilibrados en relación con añadas anteriores. Palell, por el tipo de garnacha, por su suelo, por el cultivo, por las pieles y mosto que genera, tiene siempre menos grado y coloración que Dofí y, en mi opinión, suele generar un placer y una comunicación más inmediatas con el bebedor. Finca Dofí és más intenso, tiene más color y grado porque la garnacha del país es así y porque el suelo que la alimenta plantea unas exigencias de concentración y supervivencia mayores a la planta y a su uva. Necesita más tiempo en botella y más paciencia con la botella abierta. En ambos casos: cuando llega su momento y uno sabe acertarlo, los vinos se disfrutan con una intensidad propia de Noé embarrancado tras el diluvio en el monte Ararat (o por ahí...).

2011. Finca Dofí: intensidad. Cerezas maduras, algarrobas, ciruela deshidratada. Hierro y sequedad. Densidad y enorme concentración. Palell: más floral y hetéreo. Violeta y primera cereza. Arándano negro, fresco y ligero. Cítricos.

2012. Finca Dofí: poca uva, pequeña, estresada pero muy fina y delicada. La máxima pobreza en agua y el estrés producen un vino más fino y elegante, más sedoso que nunca. La planta se autorregula y su fruta se hunde menos en las raíces. Romero, regaliz. En boca es más intenso que en nariz. Palell: Assens destaca que es un año con 13 lunas, vinos concentrados pero con buena acidez. Más color que en 2011, más larga vida. Cítricos de nuevo, pomelo. Enebro. Ambos vinos son, en 2012, muy complejos y profundos, intensos pero finos. Elegantes.

2013. Finca Dofí: la garnacha no cuajó bien y la planta tuvo que luchar. Ciruela madura. Producción menor por el problema del corrimiento, pero a cambio, menos tensión en el viñedo, más ligereza en el vino final, más frutosidad. Muestra una frescura tremenda y es más "accesible" de lo que suele ser un Dofí tan joven (lleva dos meses embotellado). Taninos redondos y maduros. Palell: la garnacha peluda no tiene problemas de corrimiento, siempre cuaja bien. Un año bueno para el payés y para la bodega. Probamos un vino todavía por embotellar: corteza de naranja. El tanino está todavía por pulir pero la frescura que muestra es tremenda. Zarzamora, arándanos, más naranja. A ratos casi aires de Cointreau. Mermelada de naranja.

2014. Para ambos viñedos: fue el año de las garbinadas y las nubes diarias. El ceret seca y es el mejor fungicida matutino. El garbí, por la tarde, es fresco y húmedo. Cuando un verano entero se presenta así, el riesgo de oidio sobre todo es grande. Un año que se presentaba complicado pero que ha acabado siendo muy bueno para no pocos. Maduraciones lentas pero constantes. Ambos vinos están muy por definir todavía, pero ambos muestran una frescura y una floralidad enormes. Tienen una acidez tremenda, además, y vivirán muchos años. Los probamos en plena maloláctica (Palell) o recién terminada (Dofí). Finca Dofí muestra ahora (botellas de una sola bota, no de ensamblaje!), una intensa, profunda mineralidad, cono de hollín. Oriol comenta que se trata de la expresión primera de la llicorella que, cuando es joven, se manifiesta a través de este aroma. Palell muestra de nuevo sus credenciales botánicas. Joan y Oriol están muy esperanzados con este 2014, tan complicado para tantos en la zona...Quien tiene vino sabe que éste avanza bien y promete mucho. El resto, ya se sabe...por desgracia se quedó en el viñedo.

Finca Dofí de Álvaro Palacios y Palell de Orto son dos vinos extraordinarios de los que no me atreveré a destacar añadas porque cada una tiene su atractivo y su gracia: hay que saber encontrarlos. El resto es ya una cuestión de gustos personales.  Su existencia ennoblece y prestigia las denominaciones en las que se amparan. Joan Assens y Oriol Castells son dos enólogos más extraordinarios todavía. Su trabajo, su sabiduría, su quehacer humilde y afable, incluso su sentido del humor, hacen grande a su profesión y felices a sus amigos. Y yo tengo la suerte de contarme entre los bebedores de sus vinos y de considerarme amigo suyo. Mucha suerte es y doy gracias a los dioses por habérmelos puesto en el camino.
Orto Palell i Finca Dofí 11 a 14

22 mayo, 2015

Sistema solar y DNA humano

Sun and Planets helicoidal movement
Mi último post fue publicado el pasado 10 de mayo. Constatación 1: jamás había tardado tanto, de forma consciente, en publicar el post siguiente. ¿Se deduce de esto que estoy abandonando el blog? Constatación 2: no. ¿Es éste post una más de las aburridas afirmaciones "mmmm, estoy saturado...Mmmmm, no tengo tiempo...Mmmm, estén ustedes preparados para el siguiente post, llega pronto!". Constatación 3: sí.

Algunos queridos amigos me dicen: tienes que publicar posts como si fueran columnas de dominical, con una breve introducción, presentación del vino y comentario escueto. Y ya está. Y así sales del paso y sigues publicando. No negaré que a veces lo he hecho, pero no ha sido por salir del paso, sino porque me apetecía hacerlo de esa manera. ¿Es éste el enésimo post metabloguero de Gómez Pallarès? Constatación 4: no. Durante estos días pasados (más de 12 en realidad) me han pasado muchas cosas interesantes y atractivas para contar. Pero necesitan su tiempo de reflexión, su momento de maduración, sus horas ante el teclado y la pantalla. Y por ahora, no llegan...Constatación 5: en el blog sólo publico cosas meditadas, reposadas y de cierto alcance (a mi modesto modo de ver las cosas, claro).

No dejo de publicar, durante estos días, y el resto del año en que ando más reposado, en twitter y en Instagram. Aquí sí: notas más breves con vinos que tengo la suerte de ir bebiendo. Ni de contestar las cosas que surgen en Facebook. Pero en el caso de De uinis, la línea editorial está claramente marcada por el jefe desde hace mucho tiempo: el microblogging no es el objetivo de este blog. Así pues, algunas de las maravillas que me han sucedido estos últimos días tendrán que esperar un poco en la despensa. Y espero que con su buena maduración, saldrán. Por ejemplo, una extraordinaria vertical de Álvaro Palacios, Finca Dofí, y de Orto Vins, Palell, a cargo de Joan Assens y Oriol Castells (2011 a 2014). O una presentación de garnachas en la que destacó (para mí...) un vino del que ya hablé, pero de la que quedó otro en el tintero del que quisiera hablar: L'Espectacle 2012 (me falta una foto, Isabelle...). O 24 horas de charla y cata y descubrimientos en Fenavín, con, entre otros, las bodegas de  Inkordia Wines, Roca Madre, El Camarote Cellars, La Vinya Oculta, etc. O un momento único, en el yacimiento arqueológico del siglo II a.C., de can Tacó (entre Montmeló y Montornès del Vallès), en que pudimos gozar de los enormes Confiança y Valentía 2014 de Còsmic Vinyaters.

Hoy mismo sucederán muchas cosas emocionantes también, en l'Empordà (Apoikía). Y  la semana que viene en el Priorat (Espai Priorat III). Y en ambas voy a tener el placer y la responsabilidad de charlar un rato para ir proponiendo nuevas piezas de mi puzzle emocional actual alrededor del vino. Como  tan bien describía mi amigo Mariano en su último post, "algo está cambiando" en el mundo del vino en España, y entre todos estamos haciendo que se produzca, se beba, se viva y se difunda de otra manera. Mi periplo actual terminará el 6 y 7 de junio en Segovia. Y me prometo a mi mismo no volver a acometer un mes y medio parecido: constatación 6.

Petición 1: tengan ustedes un poco de paciencia. Por favor. Si no, me veré obligado a reinventarme de nuevo. El número de lectores del blog, és lógico, baja si no hay posts cada X días (mi único contador, el que proporciona Blogger en su sistema, así lo dice). Constatación 7: no escribo para un número determinado de lectores, sean más o menos, sino para los que leen con interés, los que sean. Constatación 8: lo haré, por supuesto, si hace falta me reinvento. Vamos a convertir este pequeño momento de silencio en una oportunidad. Precisamente en Can Tacó, pude hablar de la última perla que he descubierto y pude conectarla con los vinos que bebíamos en ese momento.

En efecto, lo más importante para mí y para mi comprensión de las cosas en la Tierra, ha sido conocer que el sistema solar se mueve a razón de 70.000 km/h por el Universo que apenas conocemos. Lo hace en forma de doble hélice (como muestra la imagen superior). No podemos notarlo, no podemos verlo, pero sucede y tiene su evidente influencia en nosotros y en todo lo que hacemos y sentimos en la Tierra. Lo segundo más importante: este sistema de doble hélice tiene la misma forma de aquello que mueve las cosas más invisibles de nuestro cuerpo y nuestra mente, el ADN/DNA, del que sabemos a la perfección cuál es su estructura y forma: doble hélice (diagrama inferior). Esta conexión entre la magnitud mayor de las cosas en el Universo y la menor me tiene estupefacto. Petición 2: ¿alguien me puede dar una explicación que vaya más allá del azar? Me gusta pensar que hay un montón de otras cosas en la Naturaleza que siguen este patrón de "conducta", por ejemplo, la forma en que la vid se emparra en una estaca o una pared cuando dejamos que su naturaleza de liana se exprese con libertad y no la tratamos como a un bonsai.

Constatación 9: el blog sigue, a su ritmo adecuado, el que toque en cada momento, pero sigue. Petición 3: ¿se quedan?
DNA helicoidal image

10 mayo, 2015

Celler La Salada de Toni Carbó

Vinya l'ermot Celler Lasalada
En la mansio que centra la fotografía superior vivió y trabajó como masovero el abuelo de Toni Carbó, en la que fue una de las mayores fincas vitícolas del Penedès. El abuelo fue comprando algunos viñedos, sin duda los que los amos consideraban más duros de trabajar y de peor calidad (pendientes con buenas correntías de aguas, tierras menos fértiles en arcillocalcáreo...). Con los años, el padre de Toni hizo lo mismo y con unos pocos años más, Toni puede vivir ahora la tremenda paradoja que hubiera dejado a los amos boquiabiertos y con un cierto sentido del ridículo hecho: esos viñedos, que siempre fueron tratados de la forma más natural posible (sin herbicidas ni fungicidas), con la labranza justa y con una edad que roza el medio siglo, esos viñedos que viven con la cubierta vegetal intacta desde hace unos años (la mejor manera de que la temida correntía de tierras y aguas hacia su camino natural no se produzca...), esos viñedos que están en suaves pendientes y alimentan sus uvas en suelos pobres de solemnidad, esos viñedos se han convertido en algunos de los mejores del Penedès.

L'Ermot, macabeo (en la foto) junto a la antigua masía donde vivían los Carbó; les Parellades, xarel.lo junto a la actual casa de Toni, Anna, Júlia y Roc, se convierten en el epicentro de una nueva bodega, Celler La Salada, que es ya, para mi, un síntoma. En el Penedès vienen sucediendo cosas interesantes desde hace años pero los grandes bosques suelen ocultar la visión que merecen "pequeños claros" como el que Toni y Anna están forjando desde hace cuatro años. No tienen más freno que su imaginación y su libertad. No tienen otra voluntad que dejar que la tierra y las cepas que le son más propias se expresen de la forma más clara y limpia en la copa. L'Ermot es el símbolo de lo que el padre de Toni tenía que constatar: ese camino de dureza y de trabajo diario, ese camino de sufrimiento y de pensar que se compraba sólo lo que se podía, ha llegado a su fin. Sus tierras, las de su padre y que ahora su hijo ha ampliado, son buenas. Sus uvas son mejores.

Toni, de una forma por completo espontánea (colabora también en otros proyectos en los que no trabaja de la misma forma; vende también excelente uva a grandes empresas de la zona), ha llegado a sus conclusiones. Anna y Toni han tenido la suerte de encontrarse. Y cuando dos personas con esa sensibilidad, sencillez y capacidad de atención y de aprendizaje están en el campo y en la bodega, las cosas acaban saliendo. Los vinos de La Salada son vinos que hubieran recordado al padre y al abuelo de Toni aquello que ellos mismos bebían de jóvenes: vinos que nacen de un solo viñedo, vinos que se hacen con una parte del raspón o con el raspón entero (pronto...), vinos que viven de las levaduras del campo y de la bodega, que está (ya en parte...al tiempo) junto a los viñedos, vinos que no se filtran ni estabilizan ni clarifican. Vinos que, a pesar de lo que más de un incrédulo pueda imaginar, son limpios, fragantes, sinceros, frescos en tierra casi árida. Un xarel.lo brisado (La Bufarrella) que habla como pocos de la versatilidad y profundidad de esta uva: aires todavía de panadería en la madrugada fresca, matices de pera limonera, flor de jazmín, hinojo salvaje, sapidez e intensidad. Un vino de ensamblaje en el viñedo (Boig Roig) que nace de la fermentación conjunta de mandó, sumoll, trobat (torbat en el Penedès), mònica, xarel.lo, carinyena, parellada... Una belleza de aromas rojos, una locura de colores, un mar de suaves texturas. Sin más: el más atractivo "vin de soif" catalán que he bebido (hay versión en ancestral, también). La emoción, la finura, la sencillez, la fragancia, las almendras verdes, el campo en primavera, la tierra sabia están en L'Ermot de macabeo. Y el amigo que llegó con el azar, Vinya Maçaners, sumoll del Bages, recoge y amplía en 2013 aquello que la primera añada de 2012 ya hacía pensar: con él, podría pasar varios meses de duro invierno y de caza en una cabaña de la taiga rusa.

Son vinos que hubieran hecho esbozar una sonrisa al padre y al abuelo de Toni, gente que siempre tuvo una buena historia y una sonrisa en los labios. Quizá la primera sonrisa se hubiera movido entre la incredulidad y la observación preocupada ("¡¿qué hace este chico...!?"). Pero no tengo la menor duda de que la segunda sonrisa hubiera sido de aprobación y de satisfacción. Toni y Anna van a su aire y con el ritmo que conviene, el de la maduración que sólo unas cuantas estaciones vividas juntos les pueden dar. Pero van haciendo camino. Sin apresurarse, pero van. Conocer su historia, aquello que está en las raíces de La Salada, es bonito. No hay improvisación, no hay novedad: hay evolución, hay simbiosis con la tierra y conocimiento adquirido con lentitud, alegría y serenidad. Beber sus vinos es emocionante: generaciones en una botella, una manera de sentir la tierra en la copa.
Col.leccio Lasalada maig 2014

02 mayo, 2015

Celler Lagravera, La Pell 2013

La pell 2013 anvers
Vaya por delante que no he estado en el viñedo del que sale este extraordinario La Pell 2013. Pero la noche en que tuve la suerte de toparme con él (en compañía de otro vino muy especial, L'Espectacle 2012), entendí muy bien la insistencia de René Barbier cuando no para de afirmar que con viñedos como estos (los de La Pell o l'Espectacle) no hay más que acompañar. La máxima de Jules Chauvet hecha vino: si tu tierra está sana, si tus cepas están bien y han sobrevivido, pongamos por caso, 125 años (las de La Pell 2013 fueron plantadas en 1889), si tu uva entra en perfectas condiciones, deja al vino tranquilo, acompaña tanto como puedas pero no intervengas. O hazlo lo menos posible. Y acabarás teniendo joyas como la que intento explicaros hoy. Y entenderás por qué un vino como éste se llama La Pell, la piel: la piel de la tierra, la sensación única (cuando sucede) de que estás bebiendo la pureza destilada de la tierra en forma de uvas que se han transformado en vino.

Hoy como nunca lamento que un blog no tenga el poder mágico de transmitir sensaciones y aromas, texturas y emociones. Lo siento: por mucho que me esfuerce, sé que con la palabra no bastará. Hoy no. Así lo sentí cuando bebí este vino, así lo creo todavía hoy. Viñedos de 125 años bajo la influencia del Noguera Ribagorzana en el pueblo de Castelló de Farfanya (subzona del Segrià de la DO Costers del Segre). Bodega, Celler Lagravera, que trabaja en biodinámica desde hace unos pocos años y que encuentra en estas cepas escasas un tesoro que sabe comó tratar. Tierra de cascajos y de aluviones del río, que suaviza algo las temperaturas. En un mismo viñedo, garnacha tinta (mayoritaria), monastrell, mandó, trobat y otras variedades sin identificar. No conozco al detalle el proceso de vinificación pero intuyo máxima suavidad, mínimo trabajo con las pieles en la maceración (creo recordar que 15 días...), suave prensado. Levaduras indígenas. Madera de castaño. 14%, sin filtrar. La única mala noticia de este post...: la botella era la número 57 de 320...

Esencia de garnacha y expresión de la delicadeza es este vino. Mezcla de uvas, cruce de sensaciones y emociones. A ratos parece que te lleve hasta los vinos atlánticos del Salnés o del Loire. Y hay momentos en que te encuentras en el sur de la Borgoña (Rully, Mercurey, Givry). ¿Me estoy acordando ahora del mejor callet del mundo, entre Felanitx y Son Macià? Este vino contiene la verdad de la frescura, de la suavidad, de las violetas salvajes, de las primeras cerezas. Este vino es un campo de amapolas en tus ojos y en tu paladar, es una primavera que explota en tu cuerpo y recorre tu piel con guante de seda roja. Expresión de la fruta, expresión de la tierra, expresión del saber hacer de las personas que han sido capaces de encontrar, de observar, de entender y de embotellar una lluvia de sensaciones como la que me invadió esa noche.

La piel de la uva, la piel de la tierra,  la esencia del Segrià y dels Costers del Segre instalada en mí gracias a este vino. La esencia de las emociones que una copa te puede regalar está aquí. Es tiempo de regalos.

La foto es de Gerard Geli.