26 abril, 2015

Espenyalluchs 2013 de Enric Soler

Espenyalluchs 2013 d'Enric Soler
Hace ya más de dos años estuve en los viñedos y la bodega, que es casa, que es bodega, de Enric Soler. Hace ya más de cinco años que tengo la misma sensación con Enric: una persona discreta, una persona muy preparada, una persona sabia, una persona con una idea clara de cómo tienen que ser sus vinos de xarel.lo (aunque otras variedades de la zona o muy bien adaptadas a ella están en camino...) que consigue, como pocas, llevar a la botella esa idea. Un profundo respeto siento, además, porque él es de los pocos (el otro grande sería Víctor de la Serna) que ha conseguido pasar al otro lado del espejo y sobrevivir: reputado y muy reconocido somelier, su gran pasión está en el viñedo antes que en los manteles y las copas. Y a la que tiene la oportunidad, se vuelca, sin hacer ruido, y empieza su Can Raspallet con Nun Vinya dels Taus, con Improvisació y, desde ya en el mercado, con su vi de la finca Espenyalluchs 2013. Todavía siento emoción cuando recuerdo una última botella de Nun Vinya dels Taus 2004 (su primera añada): sin más, un vino que confirma lo que ya se presagiaba, vinos inmortales se están preparando en esta bodega, que es casa, que es bodega.

Un caso único, además, precisamente por eso: tener tu cama encima de donde se hace tu vino. Tener tu vino junto a los viñedos (uno de los campos plantados justo después de la Guerra Civil, en el antiguo aeródromo militar del Penedès alrededor del Vesper de la Gloriosa, está a 500 m: fácil lo tuvieron los topos con tanto agujero ya hecho...) de donde salen tus uvas viejas de xarel.lo, hace que el conjunto acabe siendo singular de verdad. Son vinos, además, hechos en viñedos tratados en biodinámica, con uva despalillada 100%, vinificados con las levaduras del campo y de la bodega, con controles de temperatura pero en fermentaciones espontáneas, con un uso alterno de maderas de distintos años y de huevos de cemento. Único el caso, en fin, porque Enric Soler es de los viticultores que tiene claro dónde está el futuro: por mucha viña vieja que tenga, ésta acabará muriendo...Las faltas empiezan ya a notarse y hace tres años toma la decisión más valiente y arriesgada.

De su mejor viñedo, del que nace Nun decide hacer madera y prepararla para una futura plantación. Las mejores cepas de Nun, con más de 50 años de edad, son el futuro del trabajo de Enric, a través de sus "descendientes" plantados (en 2013 hizo tres años: 2011, pues) en la finca que el cadastro denomina "Espenyalluchs" (con esta ortografía prefabriana). A 300 msnm, hacia Guardiola de Font-rubí, en esa zona del Alt Penedès más fresca y abrupta, en una ladera de suave pero firme pendiente sobre suelos de arcilla y cal con abundante y superficial sedimento marino, planta Enric una Ha de la madera de Nun. Es el vértigo de la planificación meditada de un viñedo desde cero en una tierra que, él lo sabe, lleva más de veinte años reposando. Es la emoción de saber que aquella vieja sabiduría de sus abuelos, en forma de energía, uvas, trabajo, cepas y vino, va a sobrevivir en un viñedo nuevo. Espenyalluchs 2013, 13%, la primera vendimia de esa Ha puesta al mercado, plantas de tres años tan sólo...

Porque... ¿para qué sirve el DNA de las plantas? Es decir,  ¿dónde reside la memoria de los seres vivos? Algún científico te dirá, sin dudarlo, que en su DNA. Yo, que no soy más que un bebedor que tiene la suerte de contar con amigos como Enric, puedo afirmar: la memoria (con toda la carga emocional y vital que esta palabra conlleva) de las cepas de Nun se ha transmitido, vive y prosigue en las de Espenyalluchs. De otra manera no puedo entender cómo cepas de tres años ofrecen, ya ahora, un vino tan destacado como este Espenyalluchs 2013: el trabajo se ha hecho muy bien, la plantación y su orientación son muy meditadas, las plantas están subiendo a la perfección, el terreno (más adecuado todavía que el del llano del campo de aviación) empieza a mandar señales positivas a la uva. Y el xarel.lo responde y nos dice "aquí estoy". Vértigo y emoción al entender en qué consiste realmente la parte de inmortalidad que afecta a un viñedo: ¿el abuelo de Enric ha muerto? ¡No! ¿El vino que Enric tiene en la cabeza nos sobrevivirá? ¡Sí!

Es cierto que se trata de un vino todavía "en construcción" (uvas de tres años...), pero la historia que se esconde tras esta botella, el vino que su interior nos regala ya, me parecen preciosos: citronela y hierbaluisa. Frescura que viene de lejos. Cepas nuevas de madera vieja: la memoria que vuelve.  Tiene cuerpo y volumen en boca y, al mismo tiempo, es un vino que corre ligero. Recuerdos de jengibre y de limón recién cogido. Ajedrea y la hierba aplanada en el viñedo. Levaduras y madera muy bien puestas. Todavía le falta estructura si aguantas el vino en el paladar. Pero al tiempo...hoy es ya un vino de placer. Transmite calidez tanto como frescura. Sabiduría y tesón. Audacia y paciencia. Eneldo y recuerdo salino. Frescura que lleva a los vinos blancos de las Corberas. Honestidad. Terruño e ideas claras. Vino de luz. Vino que completa un ciclo y una historia. Enric Soler devuelve a la tierra lo que la tierra dio a sus antepasados. Y nos ofrece el don de esta botella para que lo comprobemos.

23 abril, 2015

Wine, Literature and Sebald, today

We are “accomplices” in how our day to day lives nourish our memories. Remaining alert to and concentrating on what happens to us helps to fill a trunk of memories that we later use in many different ways. For some time now part of my thinking about literature and life has been linked to W. G. Sebald, a German writer who went to live in England, where he became a university Professor before he was killed in a car crash. Sebald builds and rebuilds on the basis of memory, his own and that of others. He creates a new world based on a thousand things that people normally see in isolation: photography, history, painting, architecture, landscape, etc. are all seen from a bird’s-eye view.

If you live at ground level, all you see is a tree, a church, a road. But if you take to the air (mentally), you’ll be able to see where the borders of things lie and thus view everything differently. In a discrete, but extremely risky way (from an intellectual point of view), Sebald lived on the frontiers of thought, of feelings, of a narrative for the creation of a new world and a new way of understanding things that, 14 years after his death, is still very much alive. An exhibition dedicated to him, “The Sebald Variations”, is currently being held in Barcelona (until 26 July). In one of the texts, by Jorge Carrión, I read (about Sebald):
  Pradell de la Teixeta i Sebald

“Literature is miniature, but it aspires to represent the complex, the vast, a universe that expands like a quantum membrane in you, the reader’s, mind”. And I believe that when I attempt to talk about a wine, or the person who makes it, the landscape in which it is nurtured, the architecture and gastronomy that surround it and what happens in my quantical trunk of memories when I look at, smell and drink it… in one way or another, I’m attempting to create literature following (also) in the footsteps of Sebald (and others...). Isolated details are of little use, narrow margins and eyes that only look in one direction obscure the reality I’m looking for in a wine. You need to make an effort, take to the air and look down (in spirit). Like Horace when he turned himself into a swan to fly over the memories of his life and tell us how he himself saw them as a poet.

As Jules Chauvet explained to us with his daily example, with the wines he made, how he tilled the earth and, above all, how he penetrated, discreetly and silently, the spirit of the wines he drank and wished to describe: “Some wines do not only have precise natures, they also have ideal silhouettes. They can evoke fragrant spring mornings and emotive September evenings”. Open the trunk of memories when you want to speak of a wine; take to the air to discover its complex history. Then learn how to see that the tiniest details you can perceive on the vine –or are shown by the person who makes the wine– hide the reality of the universe. Understand that these small details (the ones I search for and try to sense) represent complexity; they shed light on the intimate details of a wine and make them visible, so that people can see it, drink it and experience it differently.

Literary aspirations –Sebaldesque perhaps– that give me a contented feeling when I propose the description of a wine or speak of its history.

18 abril, 2015

Vodopivec Vitovska 2009

Vodopivec Vitovska 2009
La vitovska (así, en femenino, la llaman los italoeslovenos) es una de las variedades más características y ancestrales del Carso triestino junto con la malvasia istriana. Es una uva que nace en la tierra y se adapta a sus características como el viento del bora cubre las colinas. Tierra seca, tierra árida, tierra de cascajos, calcárea y cercana al mar, tierra de uvas y vinos blancos únicos,  tanto en la parte italiana como en la eslovena (Brda). La vitovska ofrece unos racimos que son metáfora de una pirámide invertida: su dios es la tierra, su vértice la señala, pertinaz. Sus hollejos son verdes y gruesos y su ciclo de maduración es bastante precoz.

Creo que era un error que la mayor parte de vinificaciones de vitovska se hicieran en acero. Se atendía a su condición de uva temprana y de vino ligero y fácil y se perdía, en consecuencia, la oportunidad de que expresara su relación profunda con la tierra y el viento. Paolo Vodopivec dice que el Carso es la tierra de la verdad: áspera, hostil, difícil, auténtica. Vodopivec ha sabido observar y reconocer, interpretar y embotellar Carso con una sensibilidad especial. Tierra de piedra y viento (el bora), de naturaleza fuerte y vigorosa, de energía y de recogimiento, habla a través de la protección que las pieles dan a su mosto. Y Paolo las utiliza con sabiduría para que otorguen a su vino un carácter único, que es el del lugar donde nacen. Pieles y mosto reposan juntas en vasijas de barro enterradas en el suelo de la bodega entre cinco y siete meses, a temperatura ambiente constante. Uno de los elementos más naturales (el barro) asiste, cómplice, a la simbiosis que nos devolverá al cabo de los años el espíritu de lo que sucedió en el viñedo.

Después, sin filtraciones ni estabilizaciones, pasa el vino otros dos años en grandes botas de roble viejo, junto al viñedo. Paolo Vodopivec da a cada vino el tiempo que necesita para crecer y poder salir del vientre de la tierra. Sin prisas y buscando lo más sencillo, que es, por supuesto, lo más complejo: una expresión lo más natural posible de lo que uno ve y siente, huele y nota en las colinas del Carso  (Colludrozza/Koludrovca, sus viñedos, 10 mil plantas por Ha...). Es la elección de quien decide vivir en contacto con la naturaleza, atento a sus ritmos, sin forzar nada y con la sabiduría necesaria para esperar siempre el momento adecuado. El vino reposa en botellas otro año y el resultado es, sin más, algo que todos deberíamos poder beber y sentir algún día. 12,5% y abierto una hora antes.

Musgo. Madurez. Arcilla. Pan de cereales. Levaduras. Imponente. Desafiante. Sabores nuevos. Excitante. Ahumados con enebro: esa mezcla única de mar, sal, especias y hierbas aromáticas en un pescado graso recién pescado y marinado. Granos de mostaza. Miel de castaño. Vino de umbría, acidez de la Savoya en un vino del Carso. Guisantes en flor. Verdura fresca. Sabor de campo en un anochecer de verano. Fermentación poderosa. Levaduras enérgicas. Kamut. Casi velo en flor. Resina. Hollejos presentes. Aguja de pino en el suelo tras la lluvia. Piñas abiertas en ese suelo. Trementina. Corteza de naranja. La energía de una tierra en tu cabeza, en tu cuerpo. Cera y abejas. Própolis. Laurel. La sequedad, la pureza, la rusticidad en la copa. Al mismo tiempo, la elegancia y educación de quien sabe escuchar la tierra y llevarla a una botella. Un vino antiguo, un vino digno, un vino sabio. Un viticultor que representa la esencia de Cicerón: la agricultura es un oficio de gente sabia. Tres días con un vino único dan para una vida.

El vino es el espejo de la naturaleza y el Carso que está fuera, se reencuentra en esta botella. Es lo que más me emociona, lo que siempre deseo encontrar en una botella. Diría más, en éste y en algún otro caso: el vino es, también, el espejo del alma de quien lo hace. Sensibilidad, atención, discreción, tiempo, artesanía, sabiduría para dar pasos en el buen camino y llegar al corazón de la emoción que nos ofrece un vino hecho así. Leer las páginas de un viñedo es leer el libro de la sabiduría antigua que ha escrito la propia tierra. Beber y sentir un vino así es leer y aprender en el libro de la naturaleza, que es el libro de la vida.

07 abril, 2015

Reserva Particular de Recaredo 2004

Reserva Particular Recaoredo 2004 degüelle junio 2014
Reserva Particular de Recaredo 'Josep Mata Capellades' 2004. Una de mis cosechas preferidas para espumosos y casi para cualquier vino en la Europa que salía del secarral espantoso de 2003. La tierra recibía buena lluvia en 2004. Quizá no mucha pero sí la suficiente como para dar un arranque alegre y una vida algo más relajada a las cepas. La cosecha no fue muy abundante pero sí de extraordinaria calidad. Y el xarel.lo y el macabeo de los viñedos en ladera del río Bitlles (plantados entre 1950 y 1955), ya en plena conversión a la biodinámica en 2004, mostraron su agradecimiento.

Crianza en madera del xarel.lo, 109 meses en rima de las botellas y un degüelle en junio de 2014. En mi opinión, ideal para este tipo de cavas de larguísima crianza: entre seis meses y un año de reposo tras el degüelle que les despertó abruptamente (por mucho que se haga a mano y a temperatura ambiente, ese despertar es duro para el vino y su carbónico...), aportan reposo, preservación de las mejores cualidades del vino y desarrollo de lo que esa nueva vida pueda ofrecer todavía en botella. Tomado entre 10 y 12 ºC y abierto una hora antes. Sin decantar. Bebido el día en que se conmemora la Resurrección de Jesús, domingo 5 de abril de 2015. Jesús (y quienes comentaron ese milagro)  insistió en la condición humana de su renovada carne. No se trató, en ningún caso, de una visión espiritual, sino de la resurrección de un hombre.

Puestos a seguir el hilo reflexivo que proponía la jornada, me concentré mucho en sentir cómo penetraba en mí este cava extraordinario. A través de todos mis sentidos. El de la vista: flores de manzanilla algo secas, retama, rayos de sol filtrados por una suave neblina. Luz del atardecer en septiembre. El del tacto: seda de color verde claro, noches de verano al raso, frescas y amables. El del gusto: suave amargor del vegetal en la boca, sequedad de la madera cerca del mar. El del olfato: galletas con jengibre y limón. Hiedra y ciprés. El del oído: un zorro pisa el musgo junto a la fuente. La burbuja casi imperceptible que sube, lenta y muda, como un buzo de la profundidad del mar. El de la intuición: lluvia ligera que impregna la tierra de abril. Suavidad. Rectitud. Austeridad. Larga vida por delante.

Recaredo de Resurrección. Domingo de Gloria.

03 abril, 2015

Breton, Nuits d'Ivresse 2012

Breton Nuits d'Ivresse 2012
Es un día de desconcierto. Por una parte, vacío: las calles están vacías; los creyentes andan desconcertados porque no saben si Jesús resucitará o no; las poblaciones se mueven no se sabe dónde ni por qué. Por la otra, plenitud: los cielos están llenos de aviones, millones de ellos; los cielos están llenos (desde ayer en Barcelona) de nuestras aves migratorias africanas, que lo tienen más fácil que sus compatriotas bípedos. Desconcierto porque la gente olvida las tradiciones y si las recuerda, tampoco sabe ya por qué ni para qué.

Desconcierto porque Catherine y Pierre Breton (Domaine Breton), en Les Galichets (Loire), se quejan amargamente de que su vino más emblemático, aquel con el que empezaron a vinificar con un cultivo biodinámico y sin ningún aditivo químico, su Nuits d'Ivresse (primera cosecha de 1994), es usado como ejemplo por el Gobierno francés para prohibir la palabra "ivresse" en las etiquetas de vino. Apetece dedicar un rato de este Viernes Santo en que parece que nadie hace nada y todo el mundo hace cosas distintas, a intentar describir qué significan este vino y esta palabra.

Empiezo por la palabra. Y no quiero ir a cualquier diccionario latino ("Ivresse" procede del latín ebrius, ebrietas) sino al que ofrece la etimología, el origen de las palabras (Ernout-Meillet, sin más: esto no es un artículo científico). Ebrius se formaría a partir de bria que, en palabras de los gramáticos latinos, significa "copa con la que se bebe vino". Ebrius no tendría el valor que le da hoy el Gobierno francés y quien no conoce la historia de las palabras (es decir, la historia del mundo: sólo existe aquello que se nombra), sino el de "aquel que vacía la copa de vino", no "muchas copas de vino". Sabemos (aunque no haya pruebas para ebrius) que es palabra antigua porque su pareja latina, sobrius, sí tiene un origen muy antiguo, indoeuropeo: sobrius tiene un valor propio, "aquel que no ha tomado la copa de vino" y, como consecuencia de ello, un valor figurado, "aquel que tiene la sangre fría".

En francés y en las lenguas románicas que bebemos de esta fuente etimológica, "ivresse" tiene con exactitud el mismo valor. (Le Petit Robert) Un valor propio y un valor figurado. El figurado, dada la riqueza de esta lengua, es muy adecuado para llegar al vino de hoy: "État d'une personne transportée, vivement émue...État d'euphorie, de ravissement, d'exaltation". Una persona bebe un vino como el de los Breton, Nuits d'Ivresse 2012, y se siente literalmente transportada al mundo del que salen uvas (cabernet franc en pureza), vino y personas; se siente emocionada con la idea de que siga existiendo gente como los Breton que entiende con tanto equilibrio y autenticidad su relación con la tierra de Bourgueil (arcillas arenosas, con gravas y cantos rodados en este caso); en fin, vive la euforia, la exaltación y el encanto que producen un vino hecho según un solo principio (que es el de Jules Chauvet): la pureza de la fruta en la copa.

Todas las religiones del entorno mediterráneo se han comunicado con la divinidad a través del vino. Y aunque la "leyenda báquica" sobrevive, no lo han hecho por ejercer la "ebriedad" en sentido literal y propio, sino figurado y metafórico. Hoy, Viernes santo, más que nunca, todos debiéramos entender que el vino es la sangre de la tierra y que vaciar una copa de vino como éste de los Breton en nuestro cuerpo significa "exaltación, encanto y emoción" tanto como elogio y reivindicación de la pureza, de la viticultura respetuosa con la tierra y de la vinificación que sólo intenta transportar el ciclo del año a la copa y lo hace sólo con aquello que la tierra ha querido ofrecer.

Nuits d'Ivresse 2012, 12%, ha fermentado su uva de cabernet franc con las levaduras indígenas. Ha hecho la maloláctica de forma natural y ha reposado en barricas viejas durante dos ciclos pascuales. No ha sido clarificado ni estabilizado o filtrado. Ha sido embotellado en septiembre de 2014 y ahora mismo, en esta su tercera Pascua de vida, empieza a encontrar su punto óptimo, no para morir, sino para sobrevivir en nosotros, para emocionarnos y encantarnos, para que hablemos de él y forme parte de nuestro cuerpo y nuestros corazones. Fresco y ligero. Agreste y alegre. Tierra abierta y sabor. Tubérculos y hiedra. Pimientos y tomates verdes. Amable y austero. Es un vino que con pocas palabras dice mucho. Me adhiero y defiendo el concepto de "ebriedad" de los Breton: quienes me conocen, saben que no soporto emborracharme, no lo hago vamos. Pero sentirme ebrio en el sentido de emocionado, transportado y encantado por un vino...las veces que haga falta, siempre que sea como éste. Vamos a ver quién resucita y cómo pero yo, con este vino, sé que tengo no poco adelantado.
Caravaggio-el-Santo-Entierro-1604