31 diciembre, 2015

Fermor y la escritura del vino

Paddy Fermor en portada de Un tiempo para callar, trad. de Dolores Payás
Con la edad uno llega a un acuerdo con gente como Joan Fuster o Susan Sontag: releer es una de las formas más lúcidas de leer. Cierto... pero para releer hay que haber leído. Cada cual encuentre aquí su equilibrio. Mis "columnas" de libros para ser leídos son cada vez menos altas y las de libros por los que ya he pasado una o varias veces (y que me apetece seguir teniendo cerca) desafían el equilibrio de lo verosímil. Ayer, en un anochecer taciturno, volvía a un libro delicioso, único, necesario, casi un "libro de horas" para mí: Un tiempo para callar de Patrick Leigh Fermor, en traducción de Dolores Payás (Editorial Elba: la foto superior es de su portada). La delicia es doble: por una parte, se trata de una de las entradas más relevantes y, a primera vista, contradictorias a la personalidad y obra de Leigh Fermor. Por la otra, el trabajo de Dolores Payás deslumbra en su primer encuentro público con Leigh  Fermor. Puede que a ella no le guste lo que voy a escribir, pero su Prólogo es tan bonito e intenso como algunas de las méjores páginas del libro.

Hice un ejercicio: busqué cuántas veces había hablado o me había inspirado en la vida y en los libros de Paddy (el escritor que viaja, qué bien penetra el alma de las cosas Dolores) en mis artículos para el blog. Y me sorprendí... Porque uno escribe y tiende a olvidar lo que escribe. Por lo menos a mí me sucede. Y releo, claro, pero jamás me releo. Ayer lo hice y la fuerza, la pasión, el sentimiento, la intensidad, la cultura, la erudición desinhibida, la vida plena y sin matices de Paddy, su respeto profundo por los lectores que empezaba por respetarse a sí mismo como lector y como escritor, asomaron con fuerza e iluminaron mi oscuridad. Entender la "dinámica Fermor" (p. 15 del Prólogo) es , en mi caso, comprenderme un poco mejor: "enclaustrarse en las mansas y silenciosas penumbras de Saint Wandrille y la Gran Trapa para rememorar los vivaces y sensuales colores de las islas del Caribe"; "vagabundear de acá para allá, haciendo intensa vida social y viviendo en multitud de casas, todas ellas prestadas" para relatar una experiencia monástica; "estar perdidamente enamorado de las palabras, poseerlas y moldearlas, pero al mismo tiempo entregarse a ellas" (entrecomillo porque el texto es de Dolores Payás aunque las citas no sean con exactitud literales) para hacer literatura sin matices ni adjetivos. Literatura que provoque y arrastre al lector. Sin más.

En la ausencia de comodidad mental hay riesgo. En la huida de tus zonas de confort y en habitar la frontera se esconde el progreso (interior). En la intensidad, pasión y vitalidad que imprimes a tus acciones diarias reside el placer. En callar y meditar cuando tienes que describir la fuerza de la luz y de los colores de un vino no hay paradoja: hay sentido y proporción. En amasar, moldear, poseer y entregarte a la palabra dicha o escrita para describir un viñedo, un viticultor, un vino, no hay falsa erudición o vanidad mal digerida: hay naturalidad y voluntad de llegar a la esencia de las cosas para transmitirla. Una tarea que pide tiempo y silencio. "Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el cielo... un tiempo para callar y un tiempo para hablar". (Eccl., III, I & 7, citado por Fermor al inicio de su Introducción: da título al libro). Hay más (también del Eclesiastés, 3): hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir; un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar; un tiempo para intentar y un tiempo para desistir... Para mí ha llegado el momento de recuperar la parte oculta del espíritu Fermor: hablar menos y escuchar más; plantar de nuevo y no cosechar todavía; moverme y conocer; esperar y observar; encontrar a las personas y a sus vinos en silencio e intimidad; estudiar y comprender; en fin, descubrir las palabras adecuadas y hermosas que transmitan el alma, el paisaje, las miradas y la pasión que hay en un vino auténtico y en quien lo hace. Esa alma, esas miradas, esa pasión serán las mías.
Priorat des del Montsant por D.Huber

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