31 diciembre, 2015

Fermor y la escritura del vino

Paddy Fermor en portada de Un tiempo para callar, trad. de Dolores Payás
Con la edad uno llega a un acuerdo con gente como Joan Fuster o Susan Sontag: releer es una de las formas más lúcidas de leer. Cierto... pero para releer hay que haber leído. Cada cual encuentre aquí su equilibrio. Mis "columnas" de libros para ser leídos son cada vez menos altas y las de libros por los que ya he pasado una o varias veces (y que me apetece seguir teniendo cerca) desafían el equilibrio de lo verosímil. Ayer, en un anochecer taciturno, volvía a un libro delicioso, único, necesario, casi un "libro de horas" para mí: Un tiempo para callar de Patrick Leigh Fermor, en traducción de Dolores Payás (Editorial Elba: la foto superior es de su portada). La delicia es doble: por una parte, se trata de una de las entradas más relevantes y, a primera vista, contradictorias a la personalidad y obra de Leigh Fermor. Por la otra, el trabajo de Dolores Payás deslumbra en su primer encuentro público con Leigh  Fermor. Puede que a ella no le guste lo que voy a escribir, pero su Prólogo es tan bonito e intenso como algunas de las méjores páginas del libro.

Hice un ejercicio: busqué cuántas veces había hablado o me había inspirado en la vida y en los libros de Paddy (el escritor que viaja, qué bien penetra el alma de las cosas Dolores) en mis artículos para el blog. Y me sorprendí... Porque uno escribe y tiende a olvidar lo que escribe. Por lo menos a mí me sucede. Y releo, claro, pero jamás me releo. Ayer lo hice y la fuerza, la pasión, el sentimiento, la intensidad, la cultura, la erudición desinhibida, la vida plena y sin matices de Paddy, su respeto profundo por los lectores que empezaba por respetarse a sí mismo como lector y como escritor, asomaron con fuerza e iluminaron mi oscuridad. Entender la "dinámica Fermor" (p. 15 del Prólogo) es , en mi caso, comprenderme un poco mejor: "enclaustrarse en las mansas y silenciosas penumbras de Saint Wandrille y la Gran Trapa para rememorar los vivaces y sensuales colores de las islas del Caribe"; "vagabundear de acá para allá, haciendo intensa vida social y viviendo en multitud de casas, todas ellas prestadas" para relatar una experiencia monástica; "estar perdidamente enamorado de las palabras, poseerlas y moldearlas, pero al mismo tiempo entregarse a ellas" (entrecomillo porque el texto es de Dolores Payás aunque las citas no sean con exactitud literales) para hacer literatura sin matices ni adjetivos. Literatura que provoque y arrastre al lector. Sin más.

En la ausencia de comodidad mental hay riesgo. En la huida de tus zonas de confort y en habitar la frontera se esconde el progreso (interior). En la intensidad, pasión y vitalidad que imprimes a tus acciones diarias reside el placer. En callar y meditar cuando tienes que describir la fuerza de la luz y de los colores de un vino no hay paradoja: hay sentido y proporción. En amasar, moldear, poseer y entregarte a la palabra dicha o escrita para describir un viñedo, un viticultor, un vino, no hay falsa erudición o vanidad mal digerida: hay naturalidad y voluntad de llegar a la esencia de las cosas para transmitirla. Una tarea que pide tiempo y silencio. "Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el cielo... un tiempo para callar y un tiempo para hablar". (Eccl., III, I & 7, citado por Fermor al inicio de su Introducción: da título al libro). Hay más (también del Eclesiastés, 3): hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir; un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar; un tiempo para intentar y un tiempo para desistir... Para mí ha llegado el momento de recuperar la parte oculta del espíritu Fermor: hablar menos y escuchar más; plantar de nuevo y no cosechar todavía; moverme y conocer; esperar y observar; encontrar a las personas y a sus vinos en silencio e intimidad; estudiar y comprender; en fin, descubrir las palabras adecuadas y hermosas que transmitan el alma, el paisaje, las miradas y la pasión que hay en un vino auténtico y en quien lo hace. Esa alma, esas miradas, esa pasión serán las mías.
Priorat des del Montsant por D.Huber

27 diciembre, 2015

Eric Coulon (Vrigny) y Eduard Pié (Bonastre)

Eric Coulon à Vrigny
Eric Coulon (en Vrigny, Champagne Roger Coulon, junto con su esposa Isabelle) y Eduard Pié (en Bonastre, Sicus Terrers mediterranis) tienen más en común de lo que ellos mismos saben. Una generación les separa; puede que parezca que sus respectivas tradiciones les alejen; probablemente ni se conocen y a lo mejor no se han bebido. Pero cuando pienso en ellos paseando por sus viñedos (en Vrigny, la montaña al noroeste de Reims, una de las zonas más frescas y vírgenes de la Champagne, paraíso del meunier; y Bonastre, en la sierra prelitoral mediterránea del mismo nombre, Baix Penedès, cálida y fresca por sus brisas marinas, tierra de xarel.los, sumolls y monastrells), contándote la mínima intervención con que los trabajan (sin certificaciones: hacen lo que su corazón de viñateros de pura cepa les indica) y cómo la pureza, la expresividad y la fidelidad de sus vinos hacia esas tierras es lo más importante para ellos, sé que están muy cerca el uno del otro.

Diría una conocida profesora de Enología de la URV que, incluso en sus prácticas en la bodega, son minimalistas pero en absoluto descuidados: escrupulosos y metódicos, su característica común es la máxima concentración en los vinos para que nada quede al azar, haciendo sólo las cosas imprescindibles. Champagne Roger Coulon Esprit de Vrigny (NV pero 2007 y 2008), degollado en octubre de 2014 (12%) y Sicus Cru Marí Xarel.lo vermell 2011, degollado en agosto de 2015 (11,5%), son dos vinos de segunda fermentación en botella que expresan la intensidad y la autenticidad de los viñedos. El vino de Eric Coulon tiene el ensamblaje clásico de la Champagne pero el meunier de la zona persiste en él más que el chardonnay (fermentado en barrica) o el pinot noir. Es un vino con seis años de rima y que ofrece tanta finura y persistencia como frescura y complejidad. Cidra, pera limonera, la corteza del limón cuando la preparas y, después, cuando la hueles ya en un bizcocho, con sus levaduras. La crema limonera de Carme Ruscalleda. Prados verdes y húmedos al amanecer. Su acidez natural y su frescura son un complemento ideal para la escudella, sus albóndigas y los "galets" porque al contraste de sabores aporta, también, complementariedad: un deje especiado entre el jengibre molido y el anís estrellado. Un champagne que me encanta hecho por una persona que me cautiva.

El hermano menor del Sicus Cru Marí xarel.lo de 2009 es, creo, su consecuencia imprescindible. En una tierra de xarel.los y de sumolls, el xarel.lo vermell es la síntesis perfecta de ambos. Y Eduard Pie, que persigue, dibuja, imagina y captura el alma de esta uva en su estado tranquilo (Sicus Xarel.lo vermell es uno de los, quizá en este caso, mal llamados rosados: ese color es el natural del hollejo de la uva) ha dado ahora un enorme paso adelante al imaginar de otra forma el espíritu festivo y alegre del xarel.lo vermell: su segunda fermentación en botella, con cuatro años de bodega y un degüelle que pone la botella en el mercado con otros cuatro meses de reposo, aporta complejidad y mantiene tanicidad, frescura y viveza, pero con tranquilidad. Como es Eduard. El bosque mediterráneo en un otoño relajado: viñedo cerca de la vegetación casi ocre pero en campo abierto. Madroños, cerezas maceradas en kirsch, arcilla moldeada, arándanos y matorral, fresitas salvajes en el bosque, sedimento marino y tomillo, romero en su segunda fermentación, pomelo rosa. Esta manera de ser del Cru Marí Xarel.lo vermell 2011 (apenas 1900 botellas), con su burbuja finísima, puso a la "carn d'olla" del día de Navidad en su lugar: la cima. Un vino que representa un salto conceptual hecho por un hombre que no tiene prisas pero tampoco pausas.
Eduard Pié a Bonastre

20 diciembre, 2015

Laventura 2013

Laventura viura 2013 dos
Mi vida en el vino está hecha de mil casualidades, de encuentros que el azar facilita, de puertas que se abren sin tan siquiera haber soñado que existían... Como en ningún otro de los mundos que vivo en éste, en el del vino me dejo ir, estoy abierto a todo y permito que las cosas suceden porque ellas quieren. Así ha sido, de nuevo, con Laventura Wines. Durante las cosechas de 2010 y 2011 en el Priorat, yo ayudaba en lo que podía y me dejaban (más bien poco...) en Terroir al Límit. En esa época (dos añadas muy distintas pero las dos, a mi modo de ver, excepcionales), Dominik Huber, Eben Sadie y Jaume Sabater formaban un equipo compacto y muy complementario. Jaume era (y es) la sabiduría espontánea que surge del roce íntimo con la tierra prioratina. Dominik era (y es) una combinación muy difícil de encontrar: intuición y método aderezadas con pasión. Eben...Eben era (y es, estoy seguro, aunque haga ahora años que no le veo) la fuerza de la naturaleza, el espíritu libre, el alma del Swartland sudafricano, que había comprendido a fondo la Borgoña y quería, ahora, hacer una simbiosis de ambas en Torroja.

Eben era como el crisol en el que todos los Pucks de la tierra se convertían en hombre barbudo (durante la vendimia): hábil, simpático, listo, abierto, generoso. La tierra amable hecha hombre. Le acompañaban siempre algunos "stagiers" del Swartland como él, gente que (intuía yo) gozaban de una conexión única con la tierra. Gente que había crecido y corrido entre viñedos, gente que había estudiado y sabía qué se llevaba entre manos, gente, al final, que se dejaba llevar por su amor a los viñedos y trasladaba ese amor  y esa pasión a cualquier cosa que hicieran en la vida. Aprendí mucho viéndoles, sintiéndoles, admirándoles. Mi vida en el mundo del vino cambió en esas dos cosechas. Bryan Mac Robert era uno de esos "stagiers". Bryan parecía tímido y poco dado a la expansión hasta que veías cómo cambiaba su rostro mientras preparaba las brasas para la carne: un hombre de la tierra nacido para ella y que en ella se sentía como en ninguna otra parte.

Bryan dio vueltas por el mundo, salió y volvío al Swartland, siguió ayudando a Eben y con su ayuda, algunos vinos míticos de la Familia Sadie son lo que son hoy. Pero Bryan se enamoró de Clara. Y Clara es riojana hasta los tuétanos... Bryan volvió a España, se enamoró de la tierra de su mujer y decidió lanzarse a la aventura porque "quien no se aventura, no ha ventura". Laventura Wines es la aproximación al alma de la Rioja de Bryan y 2013, si no me equivoco, es su primera añada. Resultó que el padre de Clara es íntimo amigo de un amigo mío de Logroño. Resultó que este amigo mío es médico. Resultó que Bryan tenía que pasar por su consulta y que hablaron de vinos, claro (mi amigo es presidente de una importante bodega de la Rioja). Resultó que salió en la charla que Bryan había trabajado en el Priorat. Resultó que apareció mi nombre. Resultó que eso sucedía quince días antes de que yo diera una charla en Logroño. Resultó, claro, que Bryan estaba en la sala ese día con una sonrisa en el rostro y dos botellas de su nueva aventura en la mano. Y resultó que ese abrazo con él fue una de las alegrías de este año vínico mío, intenso como pocos.

Bryan está empezando a entender qué son viura y tempranillo, tarea nada fácil por la increíble riqueza y variedad de suelos, de maduraciones, de alturas y de rasgos genéticos distintos que un solo nombre (DOC Rioja) esconde y atesora. Está trabajando y seleccionando buenas piezas para dar la mejor uva a sus vinos. Lo hace como ha aprendido a hacerlo: con la mínima intervención posible (aunque no se declara nada de nada ni se pone adjetivo alguno) y la máxima compenetración y respeto al viñedo. No los he pisado todavía y poco puedo decir: sólo hablo de primera mano cuando veo el trabajo en el viñedo y en la bodega. Pero conozco a Bryan y he bebido ya sus dos primeros vinos. Un Laventura viura 2013 (monovarietal de 12%) y un Laventura tempranillo 2013 (monovarietal de 12,5%).  Algo puedo avanzar...

El blanco va a ser un vino que crecerá y crecerá en botella. Nota todavía mucho el vino el efecto de la fermentación en barrica y muestra el trabajo de orfebre, paladiano y artesano como pocos, clásico pero con claros guiños de renovación que hay en él. La fruta está algo escondida todavía pero los aromas de retama y camomila seca se apoderan del paladar. Es un vino fresco y limpio, preciso y ortogonal. Posee la parte ácida de la flor de la mimosa, las lías acompañan amables pero la aireación y el tiempo se hacen todavía necesarias. La piel del membrillo y la flor de almendro. Es un primer buen blanco pero cuando Bryan defina mejor viñedos y carácter de la viura, este vino crecerá. Mucho. Al tinto apenas se le nota la madera. Si la tiene, que supongo que sí, el traje ha encajado con mayor rapidez que en el blanco y le ha dado una capacidad de ligereza, de trago fácil y placentero que pocos pueden mostrar en la Rioja.  Es sencillo y austero en el primer trago, pero pronto salen picotas ácidas. Con las horas, la amabilidad, los taninos pequeños y pulidos y el traje a medida, perfecto, avanzan: es un vino fino, un vino grácil. De acceso mucho más inmediato que el blanco, el tempranillo marca (hoy) más el camino hacia el alma de la Rioja que la viura. En el corazón de Bryan está la respuesta: cuanto más íntimamente sienta esta tierra de privilegio, más se acercará a sus uvas y viñedos y mejor sabrá cómo llevarlas a la botella. No tengo la menor duda: este 2013 es ya la muestra de que está en el mejor camino posible.
Sin título

13 diciembre, 2015

Nada 2014

Nada 2014
"Nature peinture"... Nada 2014 es un vino que hace pensar. No pregunté a quien lo hace (Raphäel Baissas de Chastenet en Calce: Vandal Wine) el porqué del nombre, pero el subtítulo del vino (Nature peinture) y haber tebido la ocasión de beber dos botellas en pocos días, me da alguna pista. También me la da la "escuela" donde la gente de Vandal Wine ha estudiado, trabaja, crece y empieza a hacer su vino: la república independiente del vino auténtico alrededor de Calce y de Latour de France, con Gauby, Lubbe, Pithon, Fahl... Nada porque el vino no contiene otra cosa que la pintura que la naturaleza ha querido ofrecerles en este 2014. La naturaleza es la que pinta el vino, la que ofrece su fruta, sus colores, sus aromas. El hombre observa e interviene, por supuesto, pero lo menos posible. De una forma ideal, simbólica, no interviene "nada": vendimia, infusiona la uva con su raspón, fermenta, deja pasar el invierno en maderas viejas, embotella, bebe. La naturaleza en la botella. Nada más.

La naturaleza en forma de viñedo de garnacha peluda ("lledoner pelut" en el Languedoc Roussillon), una variedad  de matices infinitos y tan poco presente... Un viñedo en el Col de la Done en Calce, sobre pendientes de esquisto y sin ningún tratamiento. Una vendimia en su punto óptimo (2014, sobre los 14%), y una fermentación con levaduras del viñedo y de la bodega, sin sulfitar en ningún momento del proceso, sin estabilizar más que con la ayuda del frío del invierno en la zona, sin filtrar. Ni ellos lo saben pero habrá hecho la maloláctica. 1000 botellas a 20€, pero en 2015 habrá más y sacarán un blanco... esto no ha hecho más que empezar. Es un vino sin extracción fuerte, un vino hecho con la suavidad de la maceración al modo de la infusión de uva, con la idea de llevar fruta y sólo fruta a la copa. 

Gotas de la granada cuando extraes su fruto del duro caparazón. Ese sabor vegetal de la madera que forma parte del corazón de la fruta. Ese mismo color atravesado por el sol de otoño sobre la mesa. Piel de melocotón en los labios y en el paladar. Suavidad. Textura. Amabilidad. El sol todavía intenso del primer otoño hace madurar el fruto del madroño: áspero dulzor... Pomelo rosa. Pimienta roja estrujada en el árbol. El recuerdo de la fermentación en la boca: pureza de la fruta y restos de carbónico que huyen en segundos. Matorral y aires de raspón. Ciruelas de fraile: acidez  y dulzor. Sabor de campo. Jarabe de grosella en el refresco de la infancia. Es un vino tan atractivo y se deja beber con tanta discreción y gusto que le pido, me pido..., que aguante. Seis (6) días abierto en la nevera, sin tocar y con su propio tapón de corcho. El vino está intacto y con la carga de sabores, texturas y fruta que he descrito. Apenas se ha oxidado y a ese zumo del granado añade ahora unas gotas de cítrico, un poco de naranja ácida y metálica y, de nuevo, ese recuerdo del pomelo. Un vino de placer, un vino de sed, un vino que pinta la naturaleza de la que nace y la convierte en algo vivo e intenso en tu paladar. Un vino en el que Nada es todo. 

04 diciembre, 2015

Andorra, microproducción de vino y entropía

III Trobada de Microproductors de vi Andorra 2016
La entropía es una magnitud de la termodinámica que se utiliza para predecir la evolución de los sistemas termodinámicos. Tener amigos y compañeros físicos y químicos me permite cierta familiaridad con algunos de sus conceptos preferidos y, de paso, me facilita su uso en campos que nada tienen que ver (parecería...) con la termodinámica. La entropía, sin duda, es uno de ellos. Lo usan, de forma indiscriminada, para definir el grado de desorden de un sistema, el que sea. Por decirlo en otras palabras: hablamos del caos que se muestra más o menos organizado y que, por razones ajenas a las leyes de la física y cercanas a la empatía de los humanos, acaba mostrando efectividad y potencial de éxito y de supervivencia.

Dicho con todo el cariño y respeto que saben que les tengo, la III Trobada de Microproductors de vi d'Andorra 2015 (28 y 29 de noviembre en Sant Julià de Lòria) es un buen ejemplo de entropía que funciona. La idea es muy buena: vamos a reunir en un ambiente único, entre los montes de Andorra que escondían una tradición de viñedos milenaria que renace, a una buena cantidad de microproductores de vino, incluídos los andorranos. Vamos a mezclarlos con unas cuantas mesas redondas que faciliten el debate y vamos a aderezar todo con sesiones de demostración de productos y de degustación de las bodegas asistentes abiertas a todo el mundo. Vamos a permitir las transacciones comerciales y, por fin, vamos a facilitar que algunos de los buenos restaurantes, pastelerías... del Principat puedan mostrar sus bondades en forma de tapas.

El "problema" viene cuando no se aplica un criterio concreto y único para seleccionar las bodegas que quieren participar porque, sencillamente, nadie puede definir qué es un microproductor de vino con fiabilidad, homogeneidad y generando consenso. El "problema" se agrava cuando todo el mundo tiene acceso a todo y lo que tendría, quizá, que ser un encuentro más de profesionales, acaba siendo una fiesta para quien quiera acercarse a ella. El "problema" se agudiza cuando se montan visitas a las bodegas de Sant Julià de Lòria (de ellas hablé el año pasado y siguen más o menos en los mismos parámetros, aunque reconozco que el Evolució 2013, 100% pinot noir, de Casa Auvinyà, me atrajo mucho) y se acuerda con ellas que los profesionales no van a catar a pie de viñedo. Y casi todas se dejan... El "problema" deviene casi broma cuando compruebas que los moderadores de las mesas redondas no han preparado a fondo sus intervenciones y confían todo al potencial de los participantes en las mismas. Y etc.

Todos estos "problemas" (he puesto dos comillas, pero tendrían que ser miles de ellas para cada sustantivo) dejan de serlo cuando constatas que la organización pone todos los medios para que las cosas se resuelvan en buena medida; cuando la empatía y las ganas de compartir de todos arrasan para bien; cuando ves que la calidad de los intervinientes en las mesas aporta ideas y progreso al estado de la cuestión que se debate; cuando, sobre todo (es lo más importante), compruebas que a pesar de no haber un criterio de selección, el encuentro de microproductores del vino en Andorra, por H o por Z (la casualidad es, también, una eficaz herramienta científica), acaba convocando a un montón de bodegas interesantes y proporcionando al visitante momentos de encuentro y de charla distendida con los viñateros, además de descubrimientos vínicos llenos de emoción e interés.

Sobe las mesas redondas: creo que se perdió una oportunidad para que los asistentes entendieran qué está pasando en el Priorat ahora mismo. Los participantes podían haber proporcionado las claves (aunque todos eran elaboradores de Porrera...son muy buenos, saben qué hacen, de dónde vienen, por qué lo hacen y, además, tienen una idea de hacia dónde quieren seguir) pero se difuminó la idea (en mi opinión) clave: la mesa se titulaba "Priorat, revolución de la revolución", pero no estamos ante una revolución de la revolución. Si así fuera, dejaríamos fuera de la foto contemporánea a Masia Barril o a los primeros vinos cooperativos del Priorat histórico o als Cellers de Scala Dei de 1974 y 1975. Ese fue el Priorat 1.0. El 2.0 es el que representan René Barbier, Daphne Glorian, Josep LLuís Pérez... y el 3.0 era el que estaba sentado en la mesa redonda y que bebe casi más del 1.0 que del 2.0. Ese concepto de progresión, que no revolución, estuvo ausente.

En cuanto a la definición de qué es un microproductor de vino y, por lo tanto, quién puede o no ser convocado a una "Trobada" como la de Andorra, la mesa se movió en terreno pantanoso... Las circunstancias pueden hacer que 100 mil botellas sean microproducción en Australia, quizá, mientras que en el Priorat será macroproducción. Y así hasta el infinito: la definición depende demasiado del "medio ambiente" en que se mueve la bodega y, sobre todo, de las personas que trabajan y viven de/en ella y de su condición económica. Más que hablar de una cifra concreta de botellas (Pedro Ballesteros proponía entre 10 y 40 mil botellas) o de las circunstancias acompañantes, yo me centraría en las personas para encontrar un marco de referencia. En las personas y en su trabajo. Pedro ya apuntó mucho de esto cuando insistía en la necesidad de cooperación para el progreso entre los pequeños porque no todos pueden hacer bien todo... Pero yo creo que hay un paso previo. Creo que hay que asociar microproducción del vino a artesanía en el campo y en la bodega; creo que hay que entender que un microproductor (sea cual sea el número de botellas que produzca, si así se entiende no será muy alto...) es el que está presente, controla y trabaja con sus manos y las de su equipo en todos y cada uno de los procesos que llevan un vino a la botella: el trabajo en el campo, la vendimia, la vinificación, el embotellado, el etiquetado, incluso la explicación y venta de primera mano de su vino. Quizá no su comercialización posterior. Si tienes una producción que te permite vivir dignamente, si  cultivas un número de hectáreas adecuado a la capacidad de trabajo de un equipo humano modesto, estás llenando de sentido este concepto. Sin hablar de cómo trabajas la tierra y el viñedo o de qué usas para vinificar en la bodega. Que sería ya otro tema.

En este III Encuentro había no pocos viñateros que van por este camino. Y no todos trabajan de la misma forma ni ven el vino igual. Tampoco todos tienen la misma formación ni idea de qué quieren hacer con sus mostos. Ni tan siquiera pueden todavía muchos vivir al 100% de su viñedo. Pero todos controlan el proceso al completo, todos te pueden contar cuanto sucede en su campo y en sus botellas porque todo lo hacen ellos. Y todos, además, tienen historias personales e interesantes que contar. En fin, y esta es la mayor riqueza y bondad de la "Trobada de Microproductors": todos tienen vinos que atraen, vinos con el carácter y la personalidad de quien los hace y de la añada y de la tierra que los ha parido. Voy a proponer algunos ejemplos de vinos nuevos para mí, pero hay bastantes más que, por una u otra razón, ya conocía y no citaré ahora. Con una excepción, la última.  De Calce me llegó directo a la parte más afectiva de mi memoria Nada de Rapaël Baissas de Chastenet (Vandal-Wine): una garnacha  peluda (lledoner pelut) del Col de la Done sobre esquisto, sin ningún tratamiento ni en viñedo ni en bodega. 1000 botellas de escándalo que devuelven al bebedor (como tantos otros en Calce...) el placer de la fragancia y el sabor sin filtros. Delicioso y fresco vino.

De Aldeanueva de Ebro, me sorprendieron mucho los vinos de Isa y Carlos, Vinos en voz baja. Uno pensaría que hay que gritar mucho para llamar la atención en la Rioja Baja... Pero ellos lo consiguen, en efecto, con amabilidad y discreción: su garnacha sobre arcillas y cantos rodados Costumbres 2013 (ya 2014 casi a punto también) ofrece de nuevo (tan difícil de encontrar en esa zona...)  el placer de un trago fresco y sincero, esférico y goloso. Su uso sabio del raspón merece un aplauso y tiene un papel notable en este vino sensacional. En Miravet esperaba, medio escondida, otra gran sorpresa: en el Celler Pedrola, Judith y Josep Mª están empezando a producir un ancestral de ensueño. Con su propia reflexión sobre esta vinificación que tanto me gusta, su macabeo viejo muestra una finura, una delicadeza y una variedad de matices tanto en nariz como en boca que enamoran. Delicioso y sorprendente su Camí de sirga, vi escumós. Mucho respeto y admiración hacia Comalats CS sin SO2 añadido 2014 de la Familia Bonet (Celler Comalats). Poder beber ese cabernet sauvignon que parece de plantas de la Montaña de Saint-Émilion junto a otro que ha sido vinificado con sulfitos ofrece una oportunidad muy difícil de encontrar: la libertad para que cada cual encuentre su gusto y su placer. Yo sé dónde está el mío: en el trabajo impecable de los Bonet en el viñedo y en ese vino sin sulfitos añadidos que "sólo" sabe a tierra de aluvión, a aceituna negra, a monte bajo, a secana y a fruta.

Todos son, además, viñateros jóvenes, transmiten pasión y alegría por lo que hacen, tienen ideas sin freno para sus viñedos y cepas y van a seguir dándonos muchas alegrías. Ese es el mayor mérito, también, de la fuerza entrópica que desarrolla la Trobada de Microproductors de vi de Andorra: su idea es muy buena, el lugar donde la desarrollan también (por favor, que no se muevan de Sant Julià de Lòria ni crezcan mucho...) y sólo tienen que ir puliendo detalles. Pueden hacerlo, tienen capacidad  para ello y para seguir ofreciendo lo que mejor les define: facilitan encuentros y favorecen descubrimientos de personas que te pueden explicar de primera mano todo lo que ha sucedido para que su vino llegue a la copa que compartes con ellos. "What else?"
Celler Mas Berenguer Andorra

15 noviembre, 2015

Vinyas d'Empremta

Vinyas d'empremta
Isidre ("Sidru") Vinyas es un hombre que llega a la tierra y a los viñedos por causas muy distintas a las que me llevaron a conocerle. Nació muy cerca de ella (en Navàs), su infancia y sus recuerdos se hicieron en ella. Pero su conocimiento íntimo de ese trozo histórico de la Catalunya central (entre Manresa y Berga, "els replans", los rellanos del Berguedà) viene de que lo ha recorrido palmo a palmo. La vida y sus circunstancias favorables (en este caso y para los que amamos el vino sin retrancas), llevaron su cabeza y su cuerpo al deporte de élite. Muchos los practicados y siempre en posiciones muy destacadas. Pero dos de ellos (Murakami...) le dieron una visión única de esta tierra y un conocimiento (me atrevo a decir) íntimo: las carreras a pie y la bicicleta todo terreno. Son deportes que, en el caso de Isidre, me atrevo a llamar "no intrusivos". Yo no estaba, claro..., pero no tengo dudas: había tanta atención y ojos puestos en el camino, en los pies y en los pedales, como en todo lo que su vista y su cerebro iban grabando.

Porque lo grabaron todo. Todos los caminos. Todo el patrimonio fuera del tipo que fuera: las piedras más características; los lagares excavados en el suelo desde el siglo VIII-IX hasta los más recientes (ya excavados en vertical y con cerámica esmaltada en las paredes) del XIX y XX; Las prensas sobre la piedra, también, horizontales y verticales (desde el siglo XII-XIII hasta el XIX); las iglesias románicas; las necrópolis...Todo. Todo. Con amor, con pasión, con minuciosidad. Por supuesto, también los viñedos históricos, los muros de piedra seca, las cabañas en el viñedo: la memoria, los recuerdos vivos, aunque por el suelo, de una tierra que vivió por y para el vino. Los agros perdidos de Antonio Saborido venían sin cesar a mi memoria. Cuánta tierra preparada, cuántos miles de toneladas removidos para rellenar terrazas, cuántos muros de piedra seca centenarios...Para acabar llegando a una mirada nueva, la de Isidre, ingenua, que todo lo ve, que todo lo imagina, que todo lo indaga, que todo lo reconstruye. Primero en su mente, después (por desgracia para él, por suerte para nosotros, y tras duros momentos en que el cuerpo dice basta y le aparta del deporte de alto nivel) sobre el terreno.

Recupera los viñedos más antiguos de macabeo (de 1901...); limpia y pone al descubierto las terrazas más adecuadas, orientadas al sur y al este: cientos de toneladas de desperdicios (homo homini lupus...) son recicladas; pacta con amigos y vecinos el cuidado de cepas ancestrales de la zona (mandó, picapoll blanco, garrut, macabeo, turbat...). Empieza una vida nueva y se convierte en un hombre nuevo. Llega a la tierra y la tierra le atrae, se lo hace suyo. Practica ya la biodinámica y toda aquella atención y cuidado que ponía en conocer parajes y caminos, se vuelca ahora en los viñedos. No  hay dogmatismos ni apriorismos porque no ha habido escuela: sólo amor y observación, cuidado y paciencia. Ha aprendido, sin que nadie le enseñe. Su maestra ha sido la naturaleza: la tierra  y las cepas, cuanto más las observes y menos las toques, mejor. Atención personalizada a cada viñedo. Un camino de futuro se abre ahora. Eso dice la maestra. Le acompaña su familia entera, pero sobre todo sus hijos Gerard y Berta. Berta es muy joven. Veremos por dónde va aunque sus primeros pasos son interesantes.

Gerard es el complemento no buscado de su padre, el contrapunto imprescindible para que el conocimiento intuitivo, las sensaciones, las energías que la tierra manda se conviertan en acciones con cordura, tanto en el campo como en la bodega. Isidre es un hombre que llega a la tierra. Gerard nace de la tierra, es ya tierra. Su manera de hablar, de moverse por ella, sus reacciones fuera de ella, me recuerdan el barro bíblico: Gerard lleva la tierra en sus entrañas y la vive como se viven las cosas en carne propia. Su pasión por la biodinámica, su idea clara de que el mejor vino es el que nace de la mejor uva (una frase tan manida, tan fácil de pronunciar o de escribir y tan difícil de llevar a la práctica), su voluntad de acabar haciendo en la bodega lo mismo que ya hacen en el campo, acabará dando entidad nueva a una tradición que estuvo a punto de morir en la zona. ¿Tierra de nadie? No... Tierra de todos, tierra de paso, tierra de un sinfín de variedades locales. Tierra que ellos conocen como nadie y que está ya dando vinos que hacen ladear la cabeza y pensar "¿pero qué está pasando aquí...?

No los he bebido todos, pero creo que no me hace falta. Sé bien por dónde van las cosas e intuyo que Vinyas d'Empremta es una de esas bodegas que formarán parte de mi felicidad vínica. Ya han dejado bonitos recuerdos en mi memoria y en mi paladar: un excelente Sucamulla 2014 (70% macabeo de 1901 y 30% picapoll blanco, sin filtrar ni estabilizar), que es una vibrante tarjeta de presentación, un vino lleno de campo verde, de energía, de amargores nobles, de presencias sutiles... Y una meta o, por lo menos lo que yo considero ya una primera meta: Rusc 2013. Un vino monovarietal de "turbat" (así lo escriben en la zona, aunque también podria ser "torbat": Favà i Agud, en su libro fundamental de ampelonimia, lo identifica con el "trobat", francès "troubat", sardo "trobadu", italiano "torbato", pero con seguridad no se trata de la misma uva porque para Favà es tinta...). Y este turbat del Rusc 2013 es una uva blanca que, vinificada con muy poco ruido por los Vinyas, recuerda mucho a algún tipo de malvasía del Collio (la de los Skerlj, por ejemplo). Es un vino vibrante pero discreto, de matices muy extensos y que llegan poco a poco: seco y con volumen, punzante y amable. Un cesto lleno de membrillos algo verdes y de cidras. Aires metálicos y minerales, de arena granítica. Sólido y ligero al tiempo. Pomelo rosa y toronjil. Recuerdo lejano de los hollejos al cabo de unas horas. Flor de azahar muy discreta: pasó ya la floración pero ese aroma flota todavía en el fresco de la noche... El membrillo empieza a madurar y se enamora del sol de la tarde en la cocina. Austeridad y atracción. Flor de retama. Aromas del arbusto de hierba luisa. A lo lejos, el recuerdo vago del Peloponeso: aire puro, agua azul y profunda, sequedad y amabilidad, oscuridad y profundidad, luz y fruta al sol. Energía. Paciencia. Longevidad. Con los días, el sol del membrillo se apodera de la piel del vino y llegan, también, la intensidad y los aromas del primer aceite. Un gran vino. Unos Vinyas que tienen todo por mostrar (apenas cinco años de historia tiene la bodega), pero que ya me han dejado una huella profunda por su compromiso con la tierra, con su patrimonio, con sus cepas, con el fruto que sale de ellas. Nos seguirán dando alegrías.
Rusc 2013 2

07 noviembre, 2015

Barranco Oscuro, Salmónido 2014

Barranco Oscuro, Salmónido 2014
En las alturas de la Contraviesa, los Valenzuela han sobrevivido a contracorriente. Vienen de muy lejos estos 'salmones': Barcelona y Valencia. Han cruzado mares y ríos, han creído y labrado, han plantado y vendimiado. Este rosado de mil uvas distintas, de sabor único, es su metáfora. Por fin: todos los colores en uno. Todos los esfuerzos en uno. Vino de altura, vino de intensidad, de concentración, esfuerzo y frescura. A contracorriente encima de los 1000 metros. Una vida a contracorriente en este vino. 15%. Viñedos entre los 1280 y los 1368 msnm mirando al Mediterráneo desde esa posición única, privilegiada, pura. Para la vida, para las uvas, para parir un vino.

Me atrevería a decir que todas las uvas han fermentado juntas; que el vino ha sido prensado en el momento justo en que su color se parecía a esas huevas únicas, entre el salmón intenso, el rojo clarete y el naranja de las tejas añejas; y que ha pasado algún que otro mes en maderas viejas. Puede que no. Intento explicar mis sensaciones con este vino, que me ha desbordado: noto la madera pero a lo mejor es de un poco de raspón. A veces es la propia nobleza y vejez de una parte de las cepas que aporta ese aroma al vino. Y a veces procede de una corta estancia (es un 2014) en barrica... En todo caso, es un vino casi de lágrima y de santuario en las alturas, con aromas de brezo y vegetales, con aires de mermelada de tomate.

Al mismo tiempo que te penetra cierto dulzor (alguna uva blanca o algo de garnacha...), el aguijón, la aguja de un arbusto con bayas rojas, se clava en tu paladar. Endrinas. Vino agreste y salvaje con ese aire lejano de madera vieja, un vino antiguo que sabe a otoño y a posada. Pan de mosto, levaduras y cerezas del madroño. Frescor de altura, intensidad, sequedad y austeridad. Viento. Imposibles (pero están ahí, y juntos) pomelo rosa, jengibre, masa madre y arándanos rojos acídulos. Volumen y entidad. Persistencia y mundo élfico: amor por la vegetación y por las pasarelas imposibles entre Naturaleza y seres humanos.

Ya han llegado. Del Mar de los Sargazos al Mulhacén ha sido su camino invisible. Hoy, Barranco Oscuro es una de las realidades más atractivas, cambiantes y siempre sorprendentes del panorama del vino español. Salmónido 2014: para librepensadores  y anarquistas vínicos de corazón.

30 octubre, 2015

Testalonga Vignaioli en Dolceacqua

Testalonga a Dolce Acqua da Ferrino Antonio
Muy de vez en cuando, la vida alrededor del vino me ofrece regalos como Nino y Erica. Historias que emocionan, vinos que encantan en un paisaje agreste y duro pero agradecido para quien lo trabaja y ama: Dolceacqua en Liguria (cerca de Imperia) y Nino (Antonio) Ferrino. 70 años y 54 vendimias a cuestas. Sonrisa amable, alegre socarronería, paciencia y comprensión de quien conoce bien todas las dificultades de la tierra y del cielo. Complicidad inmediata para quien sabe escucharle y penetrar la sencillez e intensidad de sus vinos. Ya jubilado y sólo con la ayuda reciente de su hermano, también jubilado, la perspectiva de Nino no era muy optimista. Más de 50 años de cuidar sus mínimas 2 Ha de vermentino y de rossese di Dolceacqua podían quedar en el olvido. Su matrimonio no tuvo hijos y ningún Houillon parecía estar a la vista... Hasta que llegó Erica, su sobrina y hace un año le dijo: "tío, quiero aprender todo". La sonrisa de Nino es elocuente pero, os lo aseguro, cuando me contaba su historia lo era mucho más: alguien a quien transmitir, alguien a quien ayudar a crecer, alguien dispuesto a trabajar codo con codo con él. La luz, en forma de nueva sonrisa y de la energía de Erica, aparecía al final del camino.

Sus vinos y la forma de entender su tierra y sus uvas se merecen este año ya largo de complicidades renovadas. Su Bianco Testalonga 2014 es un "vino da tavola" porque Nino macera su mosto con los hollejos y el raspón entero unos pocos días (en este caso cinco). La vendimia al punto, el grado alcohólico que la tierra te da en su momento, los hollejos y la madera vieja dan un punto único a este blanco: huele a su campo, huele a membrillos, a la flor del limonero, tiene cuerpo y sabores íntegros. ¿Fuera de DOC por el color? Menudo problema... es un vinazo. Por la noche pude probar un mágnum del 2009 (siempre sin estabilizar ni filtrar) y su capacidad de evolución le sitúa ante los grandes tondonias...no se hacen igual, cierto, pero en mi podio mental están juntos. Probé dos tintos hechos con la variedad local rossese di Dolceacqua (llevan el nombre del pueblo, Dolceacqua), una uva de hollejos finos y raspones que lignifican bien, una uva que Nino entiende de la mejor manera posible: el raspón, con mosto y pieles, le van a dar la entidad gastronómica adecuada. Es un vino de lujo para cualquier mesa bien servida: Dolceacqua 2014 con el 30% de raspón y 2013 con el 100%. 2013 va a necesitar algo más de botella pero 2014 se ofrece ya con una elegancia enorme, con una ligereza que todo lo complementa y con una fluidez que asombra. Los aromas del mar y del monte bajo, los frutos negros del matorral justo antes de su madurez: un vino distinguido, fino y elegante pero con carácter. El mejor retrato de su padre, Nino Ferrino.  Testalonga Vignaioli: ad multos annos!

Serenidad, amabilidad, cultura del vino en las manos y en la piel, ligereza, frescura, sonrisa sin artificios. Pensaba en todo lo que he encontrado en Nino, en Erica y en sus vinos y me vino a la cabeza Giorgio Conte. Una de sus últimas canciones, Balla con me, pega de maravilla con el Dolceacqua 2014 de rossesse que me dejó encantado... Bailando con él ando, "improvisa nevicata".



La foto ha sido hecha por Rafael López-Monné.


20 octubre, 2015

Terroir al Límit Les Manyes 2013

Terroir al Límit Les Manyes 2013
Una de las mayores singularidades del Priorat es, también, una de sus mayores riquezas: la diversidad de suelos, de alturas, de orientaciones de los viñedos combinada con la riqueza de variedades de uva plantadas en ellos, hace que las posibilidades al alcance del viticultor avisado sean casi infinitas. Una garnacha tinta típica de esta DOQ plantada a 350 msnm sobre una llicorella ferruginosa tendrá muy poco que ver con otra plantada a más de 700 msnm sobre suelo de arcillas rojas, cantos rodados y sedimentos marinos. Y ambas son Priorat auténtico. Ésta es una de las cosas que más me gusta de la zona: la capacidad de sorprenderme que sus tierras, uvas y viticultores jamás agotarán.

A nivel de gustos, ya se sabe, no hay nada escrito, pero confieso que uno de los sitios donde mejor percibo una parte del alma de esta tierra es en las alturas. Cuenta la leyenda que los cartujos encontraron esas alturas gracias a unas escaleras. Yo, que creo en otros dioses menores, me conformo con los viñedos altos del Priorat y confieso que las garnachas de Les Manyes, de Masdeu, de Sant Antoni me dan unos aires entre la solemnidad, la rotundidad y la sencillez, que me enamoran. Por supuesto: hay otras garnachas de altura en los montes centrales de la DOQ que me gustan mucho, pero éstas me parecen sublimes...

Les Manyes 2013, 13,5%, de Terroir al Límit. Donde la infusión parece, casi, extracción. El poder de la tierra y de la uva en esta añada se manifiesta más a través del suelo y de la vinificación que de la sutileza de la fruta. En octubre de 2013, claro...porque éste es de los vinos que irá mejorando con los años, muchos años... Cae en la copa como las lágrimas de María en la Piedad de Miguel Ángel lo hacen sobre el cuerpo del hijo muerto: suavidad, ritmo, cadencia, sentimiento. Es un vino de culto. Noche en el monte bajo las estrellas, avanza el otoño. El recuerdo de la brasa en el hogar, sí, pero el espectador no pierde su puesto seducido por un cielo puro, cautivado por los aromas frescos del monte, la arcilla roja tras la lluvia... Majestuoso y lento: el vuelo del aguilucho sobre el Montsant. Intenso: la oscuridad e intensidad de la cueva del ermitaño. Sencillo: manojo de hierbas del campo sobre una mesa de madera en la cocina. Puro y fuerte: crines de caballo percherón al trote. Redondo y limpio: el globo aerostático se recorta sobre el cielo de enero. Un vino en las alturas.

11 octubre, 2015

La Alpina Peregrina - The Pilgrim Alpine

La alpina peregrina 2014 2
Imaginemos que una persona siente tal pasión por su tierra que decide concretarla en uno de sus frutos, un fruto que antaño era uno de sus rasgos distintivos. Imaginemos que esta persona dedica las horas de su tiempo libre a estudiar cómo esta uva llegó a su tierra, cómo se implantó y cómo fue desapareciendo. Imaginemos que esta persona, no contenta con la parte teórica de su saber, decide buscar las cepas de esta uva que quedan en los valles de su tierra, en Cangas y en Candamo. Imaginemos que encuentra esas cepas, que tiene la fortuna de que la persona que dirige la estación biológica del CSIC que se dedica a estudiar (entre otras cosas) la ampelografía es, vaya, de esa misma tierra. Imaginemos que consiguen aislar y reproducir las mejores cepas de verdejo negro, que es trousseau, que es maturana tinta, que es merenzao, que es bastardo, que es tintilla. Imaginemos que un vivero en La Rioja (de esto sabrán un rato...) reproduce estas plantas. Imaginemos que esta persona planta unas pocas, no para producir a nivel comercial sino para hacer unos pocos litros de vino por el placer convivial y, por eso, homérico de poder regalarse a sí mismo y a los amigos con unas gotas de ese sabor peregrino y auténtico.

Imaginemos que esta persona existe, que se llama Fran Xixón, que tiene esos centenares de plantas de verdejo negro en el Valle de Candamo (Asturias) y que los cuida de una forma absolutamente artesanal. De la misma forma hizo este vino en 2014, la añada que he tenido la inmensa fortuna de poder beber. Tiene tan poco vino que lo embotella en 37,5 L. Tiene tan poco vino que sólo lo bebe con amigos o lo regala por el placer de conocer una opinión. Y yo he sido uno de esos afortunados...Hoy rompo una norma no escrita de este blog. Hablo de un vino que, por ahora, es imposible comprar. Pero esta historia y el vino que salió de la botella merecen toda la atención y todos los elogios. Y además, ofrecen el placer de una pasión embotellada y la alegría de una historia de peregrinos revivida a través de sus cepas y su vino. Emoción, pues. Y deseo de compartir con vosotros este placer. 12,5%, uvas despalilladas a mano, uvas fermentadas de forma espontánea con las levaduras del viñedo. Vino con maloláctica parcial, creo. Vino sin ningún tratamiento en la bodega.

Me metí dentro del vino y entendí que los cardenales podrían entrar en la Capilla Sixtina para elegir papa con unas pocas botellas de él. Comprendí por qué a De Gaulle le encantaban los vinos de Chauvet. Percibí la esencia de la fruta en la frescura y concentración de este vino. Vi cómo Miguel Ángel preparaba sus frescos, olí esa humedad de caliza sobre la pared. Entendí la ligereza en el trazo y la expresión rotunda en la forma. Flechas de zarzamora salían de las paredes. Cohetes de acidez explotaban en el cielo. Las copas de los árboles eran frondosas. Y el suelo estaba lleno de vida. Pieles azules, almas verdes. Pimienta negra y roja en el talego. Laurel en la puerta de la casa de labranza. Fresas salvajes al borde del camino. Vino joven, vino arrollador, vino que habla de profundidades desde un lecho de verdor.  Vino de hadas y elfos. A ratos casi te engaña y te habla de un encuentro de monjes: entre la trousseau y la pinot noir. ¿De qué hablarían? De hollejos y pepitas, de acidez y de raspón, del momento mejor para la vendimia. Vino artesano, vino fino, vino para pensar y entender hacia dónde nos lleva una pasión como la de Fran. Manojo de violetas silvestres con un color y una tensión de aromas casi olvidados. Un punto salvaje y algo rústico del barrantes: algo de verdejo negro tiene ese híbrido... Agua del manantial del que beben las violetas. Con botellas como ésta uno elige a un papa como Francisco: bueno, sencillo, alegre, dicharachero pero profundo, amable pero contundente, comprensivo y clarividente, cómplice. Qué noche la de aquella votación... Gracias, Fran, de veras. Gracias.

04 octubre, 2015

Caus Lubis de C. Esteva: 25 años

Caus Lubis 25 anys
Carlos Esteva es el hombre necesario, el hombre tranquilo y de convicciones sólidas. También es el hombre discreto. Si alguien me preguntara: ¿qué consideras imprescindible para que un territorio vinícola, una DO, una tierra de vinos... arranque y encuentre algún rumbo? Contestaría sin dudas: gente como Carlos Esteva en él. Carlos educó su paladar en los grandes restaurantes de España y de Francia, aprendió, disfrutó y se enamoró de vinos emblemáticos franceses, italianos y españoles. Y tras una etapa de su vida por la que todos tenemos que pasar (qué soy, hacia dónde voy), su camino le llevó al Garraf, a Can Ràfols dels Caus. Esa etapa sucedió en Menorca. En ella vendimió uva, la pisó con los pies, la prensó (no sé cómo...) y por primera vez, y de una forma por completo intuitiva, hizo vino.

En Can Ràfols dels Caus encontró una masía de cuatro paredes justas y un techo, que ha convertido en baluarte espiritual de "garrafidad". En sus tierras encontró la pureza entre montes que le ha permitido (desde siempre) vinificar con las levaduras del viñedo y, desde hace unos ocho años, trabajar además la tierra en biodinámica. En su zona se atrevió a intentar poner en una botella el mensaje de su sueño: se pueden hacer buenos vinos de larga guarda con alguna de las grandes uvas europeas en una tierra como el Garraf. Plantó merlot, chenin blanc, pinot noir, incrocio manzoni. Y tras 25 años y muchos, muchos, vaivenes, algunos tuvimos hace bien poco la ocasión mágica de comprobar que esa botella y ese mensaje llegaban intactos a la playa de nuestros labios, al puerto de nuestras bocas, a la rada de nuestra sensibilidad.

25 años de Caus Lubis, ni más ni menos. Merlot plantado en 1983. 1,4 Ha, en suelo arcillo-calcáreo (La Vinya del Ros), con orientación noreste. Le Tertre Rôte-boeuf y François Mitjavile en la cabeza de Carlos y el merlot en las plantas madurando siempre con paciencia, macerando con sus pieles unos pocos días, fermentando siempre con sus propias levaduras a 25ºC, haciendo la maloláctica espontánea, criándose durante doce meses en  roble francés y haciéndose, en realidad, el vino en la mejor crianza posible: la de la botella guardada en buenas condiciones en la bodega un mínimo de ocho años. ¿Cúanta gente tiene la capacidad y la visión de mostrar algo parecido? Me descubro ante un bodeguero que es empresario, claro, y que tiene en estos momentos como gran novedad en el mercado Caus Lubis 2003. Sé que no puede ser el ejemplo a seguir por todos. Lo sé tan claramente como sé que gente como él es la imprescindible, la necesaria: tienen una visión, un concepto, una idea, y encuentran la fuerza y el coraje necesarios para llevarla a cabo.

En el Hotel Omm de su hermana y admiradora número 1, Rosa Mª Esteva, y con una selección, un orden de cata y un servicio del vino impecables y modélicos liderados por Audrey Doré, desfilaron unos cuantos de esos mensajes embotellados. Por el orden en que los bebimos (nadie escupió nada...) y obviando detalles técnicos de las añadas (que ahora no me apetece explicarles. Como dice Carlos, "los buenos vinos ya expresan cada uno cómo ha sido la añada"), sucedió lo siguiente. 2003: regaliz, infusión de tomillo, romero, un vino increíble, profundo, intenso y apabullante. Arcilla, frescura y una barra de especies única. El Ras-el-Hanout del Garraf. 2004. Mucho más volumen que en 2003. Frambuesas y zarzamora, mucha fruta y algo de madera. Redondo, casi esférico. Cuatro meses de fermentación alcohólica natural en una añada perfecta, acabarán dando un vino para la inmortalidad de la casa. Y de todos los que lo bebamos. Cuando salga al mercado... 2006. Está en la fase de la apoteca. Vieja farmacia llena de hierbas de los Pirineos. Algo de acetato de etilo todavía y cola de carpintero. La ebanistería tiene que pulirse, el mozo tiene que barrer y limpiar el taller tras el trabajo del maestro. El vino se va a redondear en la botella. Hay tiempo. 1999. El armario de la mejor ropa de la abuela: parafina. Tomillo y lavanda secos. Musgo y tierra del bosque profundo en otoño. Astringencia de la madera, pureza de la uva, frescura y acidez. Fruta (ciruelas ácidas) y regaliz. Sorprendente. Emocionante. Uno de los grandes. 1998. Fruta más roja (arándanos) y azul (mirto), madurez en nariz. Pero en boca... en boca es profundo y ácido, más fino que 1999. Es penetrante y delicado. Cuando un vino huele a la ceniza de sus sarmientos se ha convertido en uno de los grandes. 1998 huele a eso. 1997. El polvo del camino, el incienso del oficio bizantino. Un vino que está cerca del final de su vida pero que muestra todavía la liturgia de los grandes momentos. Ciruelas en conserva. Sequedad calcárea. La esencia destilada del monte.

Gracias por estos 25 años, Carlos, y por la ocasión única: eres el hombre necesario, tienes la visión imprescindible, posees el privilegio del tiempo en el vino.
Carlos Esteva

28 septiembre, 2015

Pignier G.P.S. 2013: September Wine

Pignier G.P.S. 2013 anverso
Domaine Pignier, G.P.S. 2013. Vin Blanc d'Antan.

Conocen su tierra y sus uvas desde hace siglos. Saben de dónde vienen y tienen claro qué quieren decir con sus vinos. Tienen el don de la acidez natural. Poseen la frescura del paisaje y de su clima. Y han encontrado su voz, quizá una de las más puras, en su Vin Blanc d'Antan. Vino blanco de Côtes du Jura, en Montaigu. Cultivo biodinámico. Vinificación con levaduras indígenas y sin sulfitos añadidos. La pureza de los montes del Jura en la copa. Sin más intermediación que la de los Pignier. 11,5%.

G. por Gamay blanc (nombre antaño de la chardonnay). P. por Poulsard. S. por Savagnin. Tres de las uvas que hablan sin tapujos del Jura. Tres uvas que son vendimiadas, prensadas y fermentadas juntas. Como se hacía antaño. No creo que se trate de un afán de recuperación arqueológica. Más bien es una declaración de principios: estas montañas tienen muchas tradiciones vitícolas y una de ellas, puede que la que la edad contemporánea se ha comido con mayor rapidez, sea la de la vendimia y fermentación conjuntas. Un vino blanco como los de antaño para decir, hoy, que algunos ya estamos hartos de ambigüedades, de medias tintas y de oscuridad. La radicalidad discreta acompaña a la belleza de este vino y se puede describir en pocas palabras.

Manzanas ácidas en un pastel. Electricidad. Energía. Levaduras de París y en pan ácimo. Yesca y pedernal. Explosión de vida. Peras limoneras. Más levaduras: el pintor de la vida llena su paleta con ellas y nos habla de fruta escarchada, de kamut, de lemon curd. Melisa.

Un vino para dar un beso de despedida al verano y saludar con alegría a los primeros colores, aromas, sabores y sonidos del otoño. Bebido a la espera y durante la luna llena de septiembre, más grande, bonita y roja (¿eclipsada?) que nunca. Bebido en día de luz y flor, con la órbita de la luna ascendente. Un vino precioso.
Red-Moon by Sciencecontrol.com
La foto de la luna llena roja procede de Sciencecontrol.

25 septiembre, 2015

Decisiones del Consejo de Redacción

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El Consejo de Redacción de Devinis.org se ha reunido en sesión extraordinaria la mañana del día de la patrona de Barcelona, Mare de Déu de la Mercè (fiesta mayor de  esta ciudad), y de San Gerardo de Csanad, obispo y mártir. Ha decidido por unanimidad que:

1. Deja de existir en este medio de comunicación la periodicidad fija entre posts, que se concretaba, a día de hoy, en uno a la semana.
2. Los trabajadores de este medio de comunicación van a escribir sólo cuando les apetezca, sólo sobre lo que les venga en gana y sólo cuando tengan algo que contar. Se acabó el escribir porque toca o el escribir por escribir.
3. Si aquello que escriben no les satisface, pueden borrarlo sin remordimientos. En la empresa, nadie les va a recriminar nada. Se elimina el concepto de productividad y se mantiene sólo el de calidad con ganas de hacerlo pasar bien.
4. El Consejo de Redacción anima a los amigos lectores a hacerle llegar quejas, remordimientos, críticas, temas, vinos, novedades, correveidiladas que echen de menos en este blog (a través del correo de la redacción: blogdevinis@gmail.com). Serán estudiadas con cariño y, en la medida de las posibilidades de la Redacción, atendidas con esmero.
5. El Consejo de Redacción es consciente de que la pérdida voluntaria y manifiesta de una periodicidad fija hará que el número de lectores del blog baje. El Consejo de Redacción manifiesta que se la trae al pairo la cantidad de lectores y que lo único que le interesa es que los que pasen por aquí disfruten y, en la medida de lo posible, se informen sobre buenos vinos y lugares donde comer bien y a un precio razonable. Anima a los redactores del blog a enfocar su vida escritora  con la misma actitud epicúreo-hedonista.

La ilustración de este post procede de Rethink&Do.

Postscriptum. En la festividad de los Santos Cosme y Damián, que murieron por buenos y sabios y proselitistas con su ciencia médica, y lo hicieron como otros tantos miles cristianos bajo el imperio sin límites de Diocleciano, hoy vaya, el Consejo de Redacción añade un último punto a las nuevas normas del blog, es decir a la NO norma: desde hoy pasamos de formatos, de párrafos, etc. Creatividad con el único límite de nuestra propia limitación.

24 septiembre, 2015

Apoikia Àmfora 2014

Apoikia Àmfora 2014
Es el sueño de un hombre de letras que empezó a viajar. ¿O de un viajero que empezó a leer? Qué más da... el Mediterráneo es su mundo y sus aguas, montañas, calas, rocas y pasos, su secreto y su guía. Las uvas le susurran sus secretos y las letras de todos los que han sentido ese mar como propio le van mostrando el camino. "Lejos de casa" quizá  porque pensaba que su patria estaba en el mar y en costas lejanas. Pero con los años, Apoikia se ha convertido en sinónimo de lo contrario: "siempre en casa" porque allí donde estás y crecen tus uvas, allí donde las cuidas y las sufres las cuatro estaciones, allí donde amas la tierra y la proteges y la entiendes (orgánicamente) para que ella te dé lo mejor, allí donde las vendimias y haces tu vino sin más intervención que la mano (aquí pura y sin contaminación química alguna) del hombre, aquí está tu patria. Tu patria es la tierra que te acoge, tu patria es tu vino, tu patria es la hospitalidad y generosidad con la que ofreces tu vino al viajero.

Apoikia Àmfora 2014. DO Empordà. 14%. Garnacha del Montgrí y algunos compañeros de viaje argonáutico, convertidos en reposados mensajeros de un sueño de mediterraneidad. Las uvas crecen a los pies de la roca dormida, muy cerca de donde los primeros Foceos desembarcaron en la Península Ibérica. Allí reposan, también, y ensayan su presentación de la eternidad el león de Nemea, el cíclope que se ha convertido (ciego, sí...de todo se aprende) en gigante bueno y el volcán que todo lo da y todo lo quita. Fermentaron las uvas (en 2014) en el vientre de la tierra. No podía ser de otra forma. No  podía tener otro sentido este proyecto: la tierra llama a la tierra y la luz, el agua, el fuego y la arcilla viven en casa del alfarero silencioso. Eloi Bonadona aporta su artesanía centenaria, su sabiduría inquieta y aquel oficio ancestral que nos permitió a todos ser como somos hoy, hijos del fuego y de la cocción, del sedentarismo y la recolección. No podía ser de otra forma: la tierra cercana a los viñedos es la que protege a la fermentación y da nueva forma al sueño.

Firmeza. Rugosidad: al tercer día, el cielo áspero y seco de febrero se ha convertido en la amabilidad del mes de julio. Voluptuosidad. Umbría. Frescura. Tensión. Mirto. Laurel. Zarzamora. Brezo. Hierro. Arcilla. Fuego que crepita en la oscuridad del hogar. Primer otoño. Una realidad hecha de islas y de rocas, de rincones a la sombra con soles en lo alto pasea por tu paladar. Fluidez. Civilización hecha de vinos. Cultura en la botella nacida de lecturas, de fecundaciones, de fermentación, de cosechas y de viajes. En el libro 2 de la Eneida, Laocoonte y sus hijos tienen que morir para que Eneas viaje, vaya y vuelva de los infiernos, sepa y comprenda para crear una nueva manera de entender las cosas. Apoikia y este vino, ahora mismo, nacen de este viaje; y del de Odiseo y del de Gilgamesh y del de Ovidio y del de Egeria y del de Estrabón y del de todos los viajeros que en el Mediterráneo o en las tierras con cepas han sido. Se establece en una tierra nueva, la reivindica con sus elementos esenciales, la transmite de la forma más pura posible a la botella (en este caso, con la demiúrgica ayuda del barro de Eloi) y nos permite, a nosotros, que la bebemos con placer, cerrar los ojos para viajar, ver y oler todos los mediterráneos que llevamos en nuestro corazón.
Hilaocoonte

10 septiembre, 2015

La Senda tinto 1984 de 2014

La Senda 1984 de 2014
Diego Losada. Le conocí en el pasado Fenavin con el grupo de los Inkordiantes. No sé por qué intereses se agrupa la gente, pero sí tengo claro que dentro de ese grupo hay algunas fuerzas desatadas de la naturaleza, pura energía volcada en el trabajo de la viña. Y hay otras personas, que contrastan y equilibran: tienen una fuerza parecida pero la muestran de una forma tranquila. Diego es la fuerza pausada, una más (no está solo) del Bierzo. Un hombre con un proyecto muy joven (Bodegas y Viñedos La Senda: 2013...) construido sobre viñedos viejos (de más de 50 años) en Valtuille de Abajo. Un hombre pausado, con una determinación clara, grande, en su quehacer y en su deambular por el mundo del vino: pocas Ha, 2, de mencía sobre los 600 msnm y suelo arcillo-calcáreo, mínima intervención y máximo respeto, sólo productos naturales son usados en el viñedo. Sus mejores aliados: la observación minuciosa, la flora y la fauna de sus parcelas. El tinto 1984, del 2014, es fruto puro de la añada.

No hay levaduras externas, la fermentación es espontánea y sucede en maderas viejas y en inox. La clarificación es también natural, el afinamiento sucede en barricas de roble bordelés (pocos meses, unos cuatro)  y no hay filtración previa al embotellado. Los niveles de sulfitado son mínimos. La expresión de la mencía es, en este vino, poderosa y fragante, con una carga de fruta negra enorme, brezo y matorral. Mientras lo bebía andaba en las últimas páginas de una biografía sobre Miguel Ángel Buonarroti y me recordaban mucho, el vino y su hacedor, la fuerza, la entrega, el músculo contenido, la elegancia casi salvaje, de la estatua de Moisés para la tumba de Julio II. Este vino es como esa estatua: la fuerza de la tierra, la sabiduría del hombre para sacar lo mejor de ella, los caballos de Faetón en su carrera desenfrenada. Conocer la vida épica de Buonarroti me ha ayudado a entender y amar esta expresión renovada de la mencía. Hermosura animal al principio, vigorosa siempre, con los trazos bien definidos pero con pocas ganas de contención. Bayas negras, mirto. Pastel con arándanos rojos y negros. Vino azul, vino profundo, vino de monte. Vino de misterio, de intensidad e intención. Vino de percepción interior. Moisés
La foto del Moisés ha sido hecha por Andrés Campillo Castejón.

04 septiembre, 2015

Vall Llach 1999

Mas de la Rosa de Vall Llach
De Porrera a la vinya del Mas de la Rosa hay un desnivel de 400 metros. Y para llegar a la cima de la viña, un poquito más. Una anciana, Rosa su nombre, andaba y desandaba este camino cada día. Era su viñedo de cariñena, plantada en 1900: un patrimonio del que vivir y que había que preservar. Historias poco conocidas, quizá, del Priorat: quienes se quedaron cuando el trabajo fácil estaba en las ciudades y lo más complicado era no romper el vínculo con la tierra y sobrevivir con lo que ella te diera (y en Mas de la Rosa da uva extraordinaria pero escasa...), salvaron muchos viñedos del abandono. El Priorat histórico nos ha llegado gracias a ellos y hoy podemos beber algunos vinos extraordinarios porque ese esfuerzo silencioso, ese sueño improbable, fue recogido, entendido e interpretado.

Por Lluís Llach y Enric Costa, por ejemplo, socios fundadores del Celler Vall Llach. Una mañana la anciana salió de casa. Había decidido que no subiría más a ese viñedo imposible...Se cruzó con Lluís y le preguntó si querría comprar su viña. Imagino una cierta mirada de sorpresa de él, pero reaccionó enseguida: "¡vamos a verla!" Ese mismo día, el viñedo de Mas de la Rosa pasaba a Vall Llach. Ellos, LLuís, Enric y ahora el hijo de Enric, Albert, sabían ya cómo era esa fruta. Una de las niñas bonitas del Priorat, una de las cariñenas orientadas al sur en viñedo de 700 msnm que sólo se puede trabajar con azadón por el tremendo coster en el que vive suspendida. Un viñedo centenario y, con los años, aislado. Entre brumas, soles impenitentes, garbinadas salvadoras y atardeceres amables, esta cariñena madura lenta como pocas. Su concentración y el momento de vendimia son sus secretos. Y en Vall LLach esto lo saben desde 1998 cuando el que, en aquel momento, era su vino emblemático, el Vall Lach protagonista de este post, recibía ya la mayor parte de su uva de los viñedos de Finca Cabacés y de Mas de la Rosa (50%).

En un atardecer mágico, en el que Lluís y Albert obsequiaron a algunos amigos con una extraordinaria vertical de este vino, desde 1999 hasta el ya presente 2008, yo me quedé con dos en mi corazón. 1999 Y 2005. Hoy recupero mis recuerdos de este 1999 (era la tercera vez que lo bebía y todo seguía encajando en mi álbum mental de vinos preferidos) para deciros de él que es un emblema, un símbolo de un Priorat que la gente parece casi rechazar. Enric Costa, LLuís LLach y el agrónomo que les acompañaba en ese momento, Ricard Pasanau, creían no sólo en la bondad infinita de esta tierra del Priorat y en sus uvas más enraizadas. También creían en que una mezcla equilibrada de cabernets sauvignons y merlots (entre otras...), podía hablarnos del alma de esta tierra desde la copa. No se equivocaban. Puede que no piense yo como ellos, pero siempre he reconocido (ante botellas como ésta) que el tiempo les ha dado la razón. No a todos, cierto. Pero a ellos, entre otros, sí.

Es un vino que muestra la finura y la elegancia propia de los inmortales. No está evolucionado ni en color ni en aromas ni en sabores. La cariñena histórica aporta profundidad y sentido de campo: suave perfume de llicorella oscura, ligero anís estrellado, frescura, avidez de las cerezas en su punto junto con la calidez de la ciruela del fraile. La altura y el reposo en la maduración de la uva dan cosas así. El merlot y el cabernet sauvignon (35 y 15%) siguen envejeciendo de maravilla y aportan equilibrio al conjunto y un aire bordelés, también. ¿Quién, amante de los vinos sin más, puede criticar esto si el vino que bebes es extraordinario? El Priorat era así en 1999 y este Vall Llach es una de las mejores muestras de que se hacían vinos finísimos, pensados para un largo goce y una vida placentera. El merlot trae recuerdos de fruta más roja de septiembre (madroño) y el cabernet sauvignon se ha integrado tan bien que permite, sin más, beber en la copa final de otoño y primer invierno: rescoldos, ceniza, calor de hogar. Humus. Recogimiento y reflexión. No hace falta añadir mucho más...

Es un gran vino y siempre lo ha sido por más que la añada sea una de las poco apreciadas en la DOQ... El auténtico valor que tiene para mí este Vall Llach 1999 llega cuando lo comparo con otros 1999 que he bebido estos últimos años  y me doy cuenta de que se ha convertido, a la chita callando casi (hablar de 2000, 2001, 2004 ó 2005 es más sencillo y agradable), en un clásico inmortal del Priorat. Afortunados los que tengan alguna botella de las 9748 que se prepararon en abril de 2001: les esperan largas horas de placer. Elijan bien con quién la comparten...

28 agosto, 2015

Frisach La Foradada 2014

Frisach La Foradada 2014
En el mes de febrero pasado escribía sobre un vino que no tenía nombre. Lo probé en la bodega y me sorprendió como pocas garnachas blancas lo han hecho hasta ahora. Un vino hecho por Francesc Ferré (Celler Frisach, Corbera d'Ebre, DO Terra Alta) como un homenaje a la dureza del secarral, a la tierra arcillosa, calcárea y con sales de moro, llena de avellanos, olivos y cepas, que se puede trabajar y mimar como pocas porque se encuentra a un cuarto de hora del pueblo. De este viñedo del "cuarto de hora a pie", del "quart", sale la garnacha del vino que, ahora, ya tiene nombre: La Foradada, el sobrenombre de Corbera, que se abre complacida a través de los mil agujeros de sus ventanas. Una garnacha blanca en plenitud, de plantas que ya tienen más de veinte años y que se trabajan en ecológico, se abonan con compost hecho por Francesc. Cubierta vegetal espontánea, sobre los 425 msnm y con un régimen de brisas que tanto aporta frescura y humedad como fungicida natural.

Las uvas han entrado en la bodega para recibir el mismo trato que la tierra: el homenaje de Francesc incluye el máximo respeto y la mínima intervención. Que hable su garnacha blanca, que hable su tierra, que hable su pueblo. Un mosto que nace brisado y fermenta con esas pieles unos cuantos días en inox. Un vino que permanece con sus lías sin remover durante casi un año, un vino que no se filtra, que se estabiliza por el frío del invierno y que no recibe sulfitos añadidos. Un vino que ha reposado un poco en botella y sale ahora dispuesto a explicar con claridad a qué sabe la garnacha blanca de Corbera d'Ebre, hecha con la huella de las raíces que Francesc lleva impresas en su ADN.

La sensación es de plenitud, de redondez, de esfericidad y de energía, tanto cuando hueles como cuando bebes. Es un vino de una entidad que impresiona y hace presagiar una evolución de vértigo. La Foradada 2014 (13,5%) huele a almendras verdes y tiene un punto casi voluptuoso, terpénico, de las pieles. Huele a miel de romero, a hinojo silvestre, a campo de cereal recién recolectado. Huele a noche de estío en la era. Es hermoso, cálido y directo como el primer rayo de sol de la mañana. Te llena todo. Huele a girasoles, huele a camomila seca, huele a musgo y huele a pera y a menta limonera. Resina y flor de almendro. Huele a hollejos y a levadura de París. Huele a vida y a orígenes. Huele al camino de la finca del "quart", huele a Corbera y a Terra Alta, huele a garnacha blanca y huele a vida. En el campo.

25 agosto, 2015

Mallorca. Fogonazos (apostilla)

Mar millor Terminó la estancia en Mallorca. No me atrevo ya a llamarla "vacación". Vago, cierto. Huelgo, también. Pero sobre todo busco. Tiene poco que ver esta breve nota, quizá, con el mundo de la gastronomía (en ella, por supuesto, el del vino), que es el tema fundamental de este blog. O no, puede que tenga mucho que ver, puede que tenga todo que ver. Quiero terminar esta estancia y sus fogonazos con la bella, imprescindible, reflexión con que Nuccio Ordine concluye su libro La utilitat de l'inútil (Quaderns Crema, Barcelona, 2013, pp. 129-130).

Propone Ordine un texto de Lessing (mi traducción del catalán): "el valor del ser humano no radica en la verdad que se posee o cree poseer, sino en el sincero esfuerzo que se hace por conseguirla. Porque las fuerzas que incrementan su perfección sólo se amplían con la búsqueda de la verdad, no con su posesión. La posesión pacifica, vuelve indolente y orgulloso".

Comenta Ordine: "son palabras, las de Lessing, que nos hacen vibrar las cuerdas del corazón...un utilísimo instrumento para recordarnos que la posesión y el beneficio matan, mientras que la búsqueda, desvinculada de cualquier utilitarismo, puede hacer que la humanidad se vuelva más libre, más tolerante y más humana".

No me voy. Me quedo. Allí donde esté, sigo buscando por el placer de buscar. Quiero seguir sabiendo para no llegar a ninguna parte. Saber para compartir. Saber y conocer. No quiero poseer ni dominar. Abandono la pretensión de poseer: "saber convivir con el riesgo de la pérdida significa aceptar la fragilidad y la precariedad del amor". Entender sin querer llegar. Siempre buscar para compartir. Seguir en el camino con la actitud de Lessing y de Ordine. Han sido unos días de intenso aprendizaje.

23 agosto, 2015

Mallorca. Fogonazos (vii)

Hortella d'en Cotanet

El último fogonazo de estos días en Mallorca quiero dedicarlo a S'Hortella d'en Cotanet. Se trata de una finca de cultivo de verduras y fruta a la que en el año 2003 se añadió un restaurante. Tomeu Gari está al frente de este sencillo y suculento prodigio: como defiende Nick Lander, cuanto menos viajen los productos, mejor. Y en este caso, la apología de la verdura fresca, servida muy poco tiempo después de haber sido recogida, escribe páginas de gloria gastronómica. En la cocina en la que menos es más, los calabacines, cebollas y berenjenas rebozadas (alguien hablaría de tempura mallorquina...) levantan murmullos de satisfacción en la mesa. Entre jovenes y mayores, aclaro. Los calabacines rellenos con su propia pulpa y pescado, con una mezcla sutil de especias (alguna quizá de fuera de la isla), dejan la boca, el estómago y el cerebro en la más amable disposición para recibir a una de las joyas de la casa (sí, ¡hay más de una!): un fino y sabroso bacalao coronado por el más delirante concentrado de tomate que haya tomado en mi vida. Si Mallorca es un gran tomate (y, entre otras varias cosas, lo es), ponerte en la boca ese amable e intenso sofrito es comerte Mallorca. La dulce, fresca, fibrosa sandía, que crece también a 50 metros de la mesa, pone punto final a una cena en el campo (cerca del Torrent de Cotanet, en la zona sur de Vilafrana de Bonany) que me hizo pensar en la que recibió a Odiseo en el palacio de Nausicaa. Hospitalidad, sabores esenciales, sabores cercanos, mínimo artificio, máxima concentración. Mediterraneidad. El día que trabajen en serio su carta de vinos, se salen del marco...Un lugar al que hay que ir.

21 agosto, 2015

Mallorca. Fogonazos (vi)

Mallorca's burning
Percepciones únicas del color este año en Mallorca. No sé cuál es la explicación (vientos, humedad, limpieza de la atmósfera, sensibilidad...), pero he disfrutado como nunca con la variedad extraordinaria de matices de los colores en la isla. Empezaría y no terminaría, pero el aire es tan puro que parece como si un dios desocupado hubiera cogido unas finas tijeras y hubiera ido recortando y pegando objetos en el cielo, encima de la tierra, sobre el mar. Con tanta pureza se perfilan, con tanta nitidez los percibe mi ojo: anocheceres que parecen salir de la siesta de un fauno. Tierras labradas que muestran todos los matices del marrón. Tierras ya recolectadas que hablan del poder tranquilo de los ocres. Todos los colores del seductor azul. Todos los matices del rojo en rosas y buganvilias. Los auténticos fogonazos de este año en Mallorca pertenecen a un nuevo tratado de los colores que no sabré escribir. La rosa segueix pansint-se

19 agosto, 2015

Mallorca. Fogonazos (v)

Vinya nostrada davant 4 Kg
Siempre hablo de lo que conozco de primera mano. Jamás leerás en este blog opiniones de "segunda mano" o correveidiladas de otros... Hoy afirmo: de lo que conozco en Mallorca, 4kilos vinícola es la bodega más interesante, con mayor cantidad de vinos atractivos y con un trabajo más concienzudo en el campo que conozco. Tanto si el campo lo trabajan ellos como si trabajan con otros agricultores. Lo que Xesc Grimalt sabe es enciclopédico, su visión y capacidad de trabajo únicas y su humildad, veterotestamentaria. Lo que aporta Sergi Caballero no tiene precio: energía creativa, capacidad de comunicación innata. Ambos, con la compañía esencial de Eloi Cedó, de Mònica, de Guillem, de Pere..., ven y hacen cosas donde el resto de mortales paseamos nuestros ojos con despreocupada ignorancia.

Sus vinos marcan el camino: la esencia de la tierra; el uso sabio y razonado del barro; el cultivo sensato y mínimo; la fragancia de los sabores recuperados en las uvas de la isla; la nueva ciencia que me apetece llamar "arqueología de la levadura" (trabajan con levaduras recuperadas de la historia: de los depósitos del sindicato de Felanitx, monstruo silencioso y abandonado que, ahora de nuevo, habla a través de algunas botellas de 4kilos); ese viñedo extraordinario que muestra la foto superior (viñedo de viñedos: una Ha frente a la bodega con callet, mantonegro, todos los fogoneus..., plantado con maderas de sus cepas más valoradas, variedad de suelos y de profundidades, de humedades, del que acabará saliendo un nuevo icono vínico de la isla). Sus 2014 serán vinos frescos, de mucho matiz y enorme disfrute, fragantes y florales, intensos como nunca. Sus motores 2014 (en la foto inferior, motor américa con dos amigos invitados al desayuno) hacen pensar en el poder discreto del callet (la uva que me hace creer en un dios de las pequeñas cosas) y en la elegancia y energía que acabará desarrollando el premsal (será su otro motor 2014), que ha sido hecho con maceración carbónica completa y reposará ahora cuatro años en botella. Atentos.

4kilos vinícola sólo podía haber nacido y crecido en Felanitx que, como todo el mundo sabe, es el Macondo del Mediterráneo. No digo más.
motor américa 2014 i convidats as berenar de 7agost 2015

17 agosto, 2015

Mallorca. Fogonazos (iv)

S'estanc vell a Vilafranca de Bonany
S'Estanc Vell en Vilafranca de Bonany...Hablé una vez de él, de Pere, de Maria, de su manera de trabajar en la cocina y en la sala, de su pasión por la gastronomía a la Curnonsky y por el producto más cercano (sin hablar de km ni nada parecido: haciéndolo como se hacía antes de que llegara el frío industrial...) y elaborado con sabores sin filtro. Por si esto fuera poco, Pere avanza cada día en su pasión por los vinos, conoce, aconseja, vende también en el propio restaurante (que es vinacoteca). Pere Gari es una de las personas imprescindibles en la isla por su amabilidad, por su curiosidad impenitente (siempre está viajando y comiendo en lugares de su interés), por su capacidad para adaptarse al comensal, por oficiar con maestría y bonhomía en una sala y un corral hermosos.

Es uno de los lugares más necesarios de Mallorca: saben de dónde vienen, saben dónde buscar sus ingredientes, saben cómo cocinarlos sin filtros, saben cómo servirlos y beberlos. Y a precios muy convenientes. En la foto, unas cántaras (en Mallorca, "càntera", en Catalunya, "mòllera") sencillamente fritas con un tumbet muy sabroso (con su poco de laurel...). El mejor y más tierno pulpo con cebolla que yo he comido en la isla desde que tengo recuerdos en ella (y hablo de más de 30 años), una sandía homérica (hablaré en otro fogonazo de quién le proporciona verduras y sandías a Pere) y un joven y fresco mantonegro de Ca'n Verdura (Viticultores en la DO Binissalem, Tomeu Llabrés al frente) 2014. Como decía aquella guía: S'Estanc Vell... "ça mérite un détour"!!!

15 agosto, 2015

Mallorca. Fogonazos (iii)

Mar i blat després de la pluja
Al margen del espíritu egoísta del veraneante (¿siempre sol y buen tiempo...? Qué aburrimiento...), que la tormenta te sorprenda en pleno mes de agosto en Mallorca, tras muchas semanas de sequía pertinaz, es un regalo para los sentidos. De la playa de sa Canova (en Artà, Son Serra de Marina, mirando a la bahía de Alcúdia) a los campos de trigo del interior del Pla, Sant Joan, Lloret de Vistalegre, Montuïri... La tormenta entró por el noroeste, barrió con suavidad la isla, dejó unos pocos litros de agua, refrescó la temperatura y los colores y aromas explotaron: de la combinación de verdes, azules y blancos del mar intranquilo a los amarillos y ocres llenos de sosiego del campo cosechado. Paja húmeda, agujas de pino en el suelo, resina y piñas, arcilla roja en las manos, algarrobas en sazón, higos madurando, cepas y uvas casi a punto para su fiesta anual. Mediterráneo en estado puro.

13 agosto, 2015

Mallorca. Fogonazos (ii)

Sa núvia nina
Mallorca es una tierra de recuerdos. Gustan mucho. Se habla de ellos. Se escriben, se pintan, se fotografian. En la playa de s'Estanyol de Migjorn, al atardecer, nos sorprende una pequeña comitiva... ¿una novia? No... Una niña que acaba de hacer la primera comunión. La familia ha decidido poner en marcha la fábrica de los recuerdos. Fotógrafo profesional, amigas íntimas, padres, público númeroso. Mallorca, tierra que suele vivir sus cosas importantes de puertas para adentro, ha sabido siempre también cómo celebrar a lo grande. Y cómo almacenar recuerdos.

11 agosto, 2015

Mallorca. Fogonazos (i)

sa cova dets ases a Plaça Jaume I 18 Portocolom Una amiga me da la idea. Quizá en esta época del año apetece menos leer. Quizá la gente huye un poco del ordenador y de los dispositivos móviles para centrarse en otras cosas. Mar y montaña. Husmear sin planes muy predeterminados. Holgazanear un poco... A mí me pasa lo mismo: leo mucho, observo más, escribo poco. Y entonces llega la propuesta: ¿por qué no explicas algo de tu estancia mallorquina de este año en "instantáneas", en "fogonazos"? Que sean sencillos de leer, que propongan alguna imagen atractiva, que den algunos datos y pistas... Y me gustó la idea, me encantó vamos. El primer fogonazo habla de un lugar bien conocido: Sa Cova dets Ases, en la Plaza Jaume I, n.18, de Portocolom. Mucho trabajo este año, un poco de cansancio en el ambiente, pero Tòfol y su amabilidad siguen ahí, la plaza y el lugar son espléndidos y las recetas y platillos de siempre salen a buen ritmo y con gracia. Un trempó fresco y sabroso, un tumbet con bacalao (buenísimo: a mí, el pescado con las verduras de Mallorca me pierde...), un 12 Volts 2013 de 4 Kilos Vinícola (siempre que estoy en Felanitx, y Portocolom pertenece a este municipio, bebo vino de Felanitx) intenso y envolvente, y el mejor helado de la isla que yo conozco: almendra tostada, azúcar, canela y agua. Ni más ni menos. Extraordinario. Un bar de tapas y raciones sencillo pero con muchos atractivos.

05 agosto, 2015

Mallorca como sentimiento

Temps i espai de Mallorca
Casi repetiría el post del año pasado... Porque en esencia nada ha cambiado dentro de mí cuando pienso en Mallorca y cuando, a pesar de los pesares, termino volviendo a ella cada año. Pero éste será distinto, lo intuyo. Volvemos al interior, volvemos al campo, volvemos a la concentración de esencias que ese campo mallorquín ofrece a quien sabe escuchar y ver. Hace unos años fue Sineu. Dos años seguidos en el campo teniendo como distracción mayor la caza del cernícalo (la silla bajo una higuera) y el "campo de batalla", campo y cielo como televisor, marcan. Este año estamos en Porreres, tierra donde la cultura del campo no se ha perdido tampoco. Si Sineu tiene uno de los mayores mercados de la isla, Porreres vive el policultivo del albaricoque y de la uva con alegría y pasión.  Habrá amigos cerca, habrá ocasiones para descubrir nuevas bodegas y vinos, habrá momentos para comidas y cenas donde nos sentimos más cómodos y donde nos tratan como si fuéramos de la casa, habrá momentos para descubrir también nuevos restaurantes en los que sentir que Mallorca es mucho más que mar y playas.

Porque Mallorca es mar, por supuesto, y sal y vientos frescos y playas que pocos pisan y aguas que casi nadie se atreve a penetrar. Pero Mallorca es mucho más. Mallorca es un sentimiento para los que vivimos el Mediterráneo como cultura. Isla mayor, isla donde perderse, isla de trigo y campo, isla de vegetales y verduras, isla de vino y fruta, isla de patatas y cebollas, isla de pimientos y gambas, isla de montes y llanos, de cerdos y ovejas, isla de perros y pájaros, isla de sonrisas y meditación, de tiempo y pausa, isla de harina y aceite, de cítricos y pimienta, isla en la que dar con el corazón de las cosas no es tan complejo. Isla culta, isla sabia, isla de lecturas y escrituras. Isla que guarda como un tesoro una de las palabras que más me gusta: "acorar". El verbo nace del corazón, "cor", y tiene en el catalán de Mallorca un sentido más bien negativo. Con él se da la puntilla al cerdo, se llega con el cuchillo al corazón de las cosas... Con él, y aquí me quedo yo, se describe cómo algo ha penetrado profundamente en tu cuerpo y permanece cerca del corazón. Así escucho yo a Mallorca dentro de mí: como un sentimiento. Nos vamos. Volvemos.
Des de Betlem, es pon el sol

02 agosto, 2015

Malas Piedras 2013: buenos panes

El Plano de Compañón Arrieta en Lanciego
Hace muchos años, alguien se empeñó en demostrar que el polvo de piedra podía ser útil para abonar la tierra y hacerla más fértil. Fue perseguido por las grandes empresas químicas y estigmatizado. Con los años, Julius Hensel acabó escribiendo un libro que se hizo famoso entre quienes quieren trabajar la tierra con aquello que la tierra les da: Panes de piedra, se tituló. En la charla con Gorka Mauleón (Bodegas Compañón Arrieta, en Lanciego, Rioja Alavesa), pensaba en esa paradoja: su vino emblemático (¡por ahora!), su primer vino además, se llama Malas Piedras 2013, pero sé que de él acabarán naciendo panes. Viene el nombre porque uno de sus viñedos (Anago, plantado en vaso y en policultivo de olivos y frutales) tiene la roca madre muy a flor de suelo...Y las "malas piedras" hicieron que el trabajo de quien plantó (padres, abuelos, suegros) fuera muy duro. Y hace, también, que el trabajo de las cepas, hoy, para encontrar su alimento no sea fácil.

Antes podían éstos ser problemas (la tierra más difícil de trabajar era de más fácil acceso porque nadie la quería...). Hoy, para Itxaso y para Gorka, son casi bendiciones. No sólo están sacando "panes" (vida para ellos y su familia) de esas piedras. Están empezando a saber cómo "multiplicarlos" en vinos. No tiene nada que ver, por supuesto, con la cantidad, sino con la calidad,  con la baja producción y con la sensibilidad con que afrontan su labor. La tierra les viene de familia (el Plano, Anago, Basconegro, Balondo) y la tradición, también (los inicios de la bodega, cómo hacer el vino de siempre, de antes). Pero ellos habían elegido otro camino para sus vidas, lejos del pueblo y con vocaciones que nada tenían que ver con la viticultura. La desgracia les llevó de nuevo a Lanciego. En la muerte, que siempre llega imprevista y golpea sin avisar, supieron ver oportunidad y encontrar fortaleza. Sus caras, hoy, y sus palabras hablan por ellos: son gente feliz en su mínima bodega, hablan de lo que pasó sin resentimiento y se concentran en un presente de base sólida, que les abrirá un futuro de campos cada vez más sanos, trabajados con respeto diario y con una fruta llena de vida que les dará mejores vinos.

Muy pocas Ha (suyas apenas 2) en Lanciego, entre los llanos, laderas y montes que se mueven hacia el norte y el este. Viñedos de buena edad ya los emblemáticos (de donde sale la uva del Malas Piedras), plantados entre 1965 y 1980, con la orientación que pide cada pago. Este-Oeste en algún caso, Norte-Sur, en otro, según las correntías de las aguas pidieron: espectacular  El Plano,  de 1966, en el que las raíces poderosas de las cepas han creado terrazas de forma natural en el viñedo al retener la tierra que iba hacia el río. Único el Basconegro, de 1965, donde el marco de plantación indica ya la sensibilidad de quienes plantaron (la mejor fruta nace de la competencia entre plantas) y donde el tempranillo y la malvasía van a dar las grandes alegrías del futuro de esta bodega. Certificados en ecológico y con las primeras prácticas de biodinámica en marcha (sílice por ahora, camino del abono compostado), son tierras apenas labradas (cada dos años), sin regadío (en Lanciego son excepción...) y con respeto y fomento de algo que en la Rioja es ya difícil de ver, el policultivo, que favorece todo, sobre todo la polinización y una vida más rica en insectos.

Malas Piedras 2013 es su primer vino y el 2014 apenas anda recién embotellado. Nace de un muy mayoritario tempranillo al que se añaden buenas cantidades  de viura y malvasía, incluso unos racimos (una cepa, ¿eh?) de garnacha. Aunque la uva se despalilla y la maceración es muy extractiva, la fuerza de estas uvas es tal y la necesidad de Gorka de llevar el sabor de la fruta a la botella es tan grande, que ésta se impone, con sutileza (ayudan mucho las barricas de 500L, que acompañan pero no distorsionan) pero con decisión. La nariz es fina y domina el tempranillo y las variedades blancas. La boca es redonda y amplia, más ancha que larga y parece, casi, que domine la garnacha. Pero no hay... apenas. Es el efecto de la tierra sobre la uva, el impacto alimenticio de suelos apenas tratados ni labrados, donde la arcilla y la cal imponen redondez y explosión de sabores en las tintas y sutileza y profundidad en las blancas. Vino azul, vino serio, vino con empaque pero también con alegría. Arrayán. Zarzamora. Arcilla. Seriedad y voluptuosidad. Fragancia del campo. Tomillo. Tempranillo terso. Vino lleno de los matices de la vida en el campo.

Vino en equilibrio con su tierra y con las uvas y personas que lo han hecho posible. Es un vino que te habla de la tierra de la que nace y de las personas que lo hacen. Vino sencillo que no simple. Vino agradecido. La copa vacía te revela los secretos de la vinosidad y el compromiso de estas cepas con sus nuevos cultivadores. Vino nuevo hecho por personas nuevas en este mundo pero que llevan con ellas la memoria genética de padres y abuelos. Con los mimbres, cepas, tierras y sabores de aquello que fue. Con la labor y la vocación renovadas de Gorka e Itxaso volverán a ser. ¡Son ya! Se les veía felices y con planes. La familia crecerá, la vida surgirá de nuevo imparable porque personas y cepas, en Lanciego, vuelven a andar juntas, no unas encima de las otras. Hay mucha sensibilidad hacia el campo y con las personas, hay ganas, hay ideas, hay voluntad de progreso y de crecimiento (sigo sin hablar de cantidades...), hay tanta necesidad de explicar como de escuchar y aprender. El camino sigue, transparente y lleno de luz y matices. Siempre que me dejen, pienso andarlo y bebérmelo con ellos.
Malas Piedras 2013 de Compañón Arrieta en Lanciego