27 julio, 2014

Apoikia (Vinyes de Mahalta)


Existe una familia de palabras en griego antiguo que nace alrededor del concepto "empezar una vida nueva fuera del lugar donde has nacido". Los Griegos fueron siempre un pueblo (muchos y distintos pueblos, de hecho...) viajero, por convicción y por necesidad. La necesidad nace de la estrechez de cada territorio, de la población, de la falta de recursos naturales y del comercio. La convicción nace de la voluntad de conocer mejor, de explorar, de viajar para explicar y transmitir. La colonización del Mediterráneo surge de la necesidad. La griega avanzó de este a oeste. Después, la romana andaría el camíno de vuelta... La literatura que iba con ella vino de la convicción: Heródoto, Pausanias.
Antes que ellos, con todo, otro viajero, otro "autor" puso ya en un texto el verbo del que nace este pequeño galimatías que mal intento resumir: pienso en Homero y en su Odisea. "Apoikízo" se lee en el verso 135 del libro 12 de la Odisea, en un momento crucial en el viaje de nuestro héroe Odiseo. Se puede traducir por "moverse de un lugar a otro", aunque más adelante significará "moverse del lugar donde has nacido" y como consecuencia de ello, "fundar otro lugar, establecer una colonia". El viajero que acaba de reencontrarse tras su descenso al mundo de los muertos, Odiseo, afronta la etapa final del viaje antes de volver a casa. Donde, por supuesto, se encontrará tan extraño y extranjero como durante el viaje. Incluso más, a ratos...

Esta es la idea que intentaba encontrar para hablar de una pequeña bodega que tiene sus viñedos entre la falda del Montgrí y Vilajuïga (DO Empordà), pero que vinifica donde puede. La idea de que el viajero lo es por necesidad (digamos que no tienen  un espacio físico propio y hacen el vino donde pueden: no paran, pues, de moverse; y digamos, además, que sus viñedos están separados y que sus desplazamientos son diarios y constantes porque lo que más les importa es su contacto con esos viñedos) y la idea de que el viajero auténtico, además, lo es por convicción: los días se hacen cortos, las ganas de aprender y de progresar son muy grandes y el viaje interior, que es tan importante como el exterior, se convierte, de pronto y ante tus ojos, en motor real de unas vidas. Apoikia (Vinyes de Mahalta) está en el corazón del Empordà de las colonizaciones griegas (entre Roses y Empúries), como fruto de un feliz "embarazo" helénico que ha dado unas pocas hectáreas plantadas con variedades mediterráneas, griegas, catalanas, francesas, italianas...qué más da el país: mediterráneas.

Máximo cuidado en el cultivo de la tierra. Conceptos tan poco habituales como el de considerar que cada cepa es un individuo que requiere tratamiento específico dentro de su conjunto. Respeto por la tierra, sin labranzas ni abonos innecesarios. Vegetación autóctona. Vinificaciones muy diversas que usan a veces sólo el inoxidable y un discreto trabajo con pieles y levaduras: un extraordinario, para mi gusto, Apoikia blanco 2013, con macabeo de cepas muy viejas (miel, melotocón, albaricoque, lavanda, hierbaluisa, textura y firmeza...); o un merlot de la misma añada, también sin madera, que me enseña que Graves puede "existir" en el Montgrí.  A veces usan la madera nueva de roble de Nevers y Allier y a veces la de segundo año: con garnachas, cabernets sauvignon y merlot, agiorgítiko, nero d'Avola. Muy pocas botellas (la ira de los dioses lleva dos años concentrándose en devastador granizo que deja las cosechas en nada...) y un pacto con los pájaros (quedaos nuestro syrah y dejad el resto para el vino) llevan a la realización de un sueño que se está aposentando en una tierra nueva y en un vino distinto, que nunca será, por definición, el mismo. Quienes lo hacen siguen buscando y buscándose. El viaje continúa.

Apoikia persigue el sueño que puso en poesía Màrius Torres, con su Cançó a Mahalta (de ahí el sobrenombre que protege a sus viñedos, el de la diosa/mujer que Torres amó: Vinyes de Mahalta es Mercè Figueres): poner en una botella el sonido y los sabores del agua de un mar, el Mediterráneo, que es nuestra patria antigua. No sé cuándo pero sé que llegarán. ¿O quizá llegar no es tan importante?:

"Cançó a Mahalta" de Màrius Torres,
"I escolto la teva aigua, tremolosa i amiga,
de la font a la mar –la nostra pàtria antiga-”

"Cançó a Mahalta" de Màrius Torres, cantada per Lluís Llach: todo termina teniendo su sentido.


La foto de este mar antiguo (desde Finca Garbet) es de Dani Coll de Envinats, con cuyo permiso la publico.

20 julio, 2014

Partida Creus


Partida Creus. Serra de Bonastre, Tarragona. Antonella Gerosa y Massimo Marchiori. Piemonteses educados en Milán (artes de Vitruvio, sensibilidad de Leonardo), trasplantados a Bonastre donde descubren una actitud ante las cepas y ante la vida que conviene transmitir y disfrutar. Mucha gente lo ha hecho ya y lo hace,  pero si este post ayuda a que les conozca más gente, mejor. Porque no se trata tan sólo de hacer vino con las variedades de la zona o de cocinar como los dioses con aquello que la tierra cercana te da. Se trata de una actitud ante la vida y, claro, ante la tierra y sus productos. Mi primer encuentro con ellos fue festivo (casi todos, digo yo, tienen que serlo porque transmiten unas ganas tremendas de compartir) pero los vinos que tomamos (desde 2007 a 2012) me dijeron: vuelve con mas calma. Me quedé con las ganas de probar 2013 con esa necesaria calma. Y 2013, a pesar de las dificultades y de la producción, ha supuesto para esta bodega un salto exponencial hacia adelante. Me atrevo a decir, sobre todo desde esta añada, que su hecho diferencial no es tanto el tipo de variedades de uva que cultivan (que también...garrut, subirat parent, cartoixà vermell, xarel.lo...), cuantro la especialización que Massimo viene desarrollando con el método ancestral. Massimo es observación, concentración, aprendizaje constante, capacidad de resolver las cosas, intensidad, estoicismo puro ante lo que sucede con detalles de suave y relajado epicureísmo.

El método ancestral es su razón de ser en Bonastre. Lo tengo claro desde que bebí, en una sentada y con degüelle "à la volée" y al instante, sus garrut, subirat parent y vinello (las siete variedades que trabaja, juntas en un solo vino). "Método ancestral o tradicional " (así lo llama Peynaud) es la forma más pura gracias a la cual encontramos burbujas de carbónico en una botella. El vino que todavía tiene una cantidad apreciable de azúcares porque no ha finalizado por completo su fermentación alcohólica, es embotellado y cerrado con chapa. Suele suceder eso cuando el vino tiene todavía entre 23 y 26 gr/L de azúcar residual. Las levaduras prosiguen su trabajo en la botella hasta que el vino está (normalmente) seco por completo. Pero...ese carbónico, que procede de la primera fermentación alcohólica (no de una segunda fermentación provocada en botella: método "champenoise"), sigue en la botella. Y si las operaciones se han hecho con un buen control de temperatura, los sabores de la uva, de las lías y de la fermentación garantizan un placer distinto, único...en Asti lo saben desde hace muchos años, en Limoux, en Gaillac. Y desde hace menos en el Garraf, en Agullana, en Talarn, en Villena, en alguna otra zona del Penedès...Los ancestrales de 2013 de Partida Creus (en la foto superior, todavía sin la etiqueta que estaba por llegar) son de lo más placentero que les he probado y, sin muchas dudas, de los ancestrales que hay que conocer para saber por dónde van las cosas. Poca técnica pero depurada, mucha cabeza y reflexión, pureza y sabores a flor de piel.

Mucha capacidad para transmitir clima y sabores de las uvas. Posibilidad de combinación con tantas recetas de comida de tantos sitios distintos...El garrut (monastrell de la gaiata) ancestral, por ejemplo: Massimo lo ha hecho con un mayor contacto de pieles, tiene un color más intenso, tiene cierta tanicidad y unos sabores intensos de garriga, de aceitunas negras. Un vino especial, sin duda. Como lo es el subirat parent (malvasía) ancestral también, placer inmediato de una de las uvas más emblemáticas del mar Mediterráneo. La burbuja hace que su poder aromático llegue con facilidad: retama, olivos, dulzor muy discreto de la malvasía (como de la moscatel vinificadas en seco), hinojo silvestre. Sería injusto si no hablara también de alguno de los vinos tranquilos que bebí (sí, es cierto, pasé una buena siesta después bajo el cobertizo que veis en esta foto) y que me gustaron mucho más que en añadas anteriores: el Cartoixà Vermell (xarel.lo vermell, pansa rosada), que lleva en sus venas la frescura de la arcilla roja, suena a vino intemporal; como el Garrut y el Xarel.lo (etiquetas nuevas, que me encantan por su mensaje poderoso y simple, en la foto central), que hablan de la pureza de estas variedades con gran claridad y poco ruido. Bonastre está de enhorabuena: el pueblo acumula una cantidad de talento hortovitivinícola impresionante.

Y sería más injusto todavía si terminara este post sin hablar de Antonella. Ella es la discreción elegante, la sabiduría que todo lo penetra, la mano que todo lo convierte, la mirada que todo lo entiende. Su capacidad para acompañar con amabilidad la transformación de los ingredientes de la tierra es portentosa: su focaccia, su pan, sus pastas, sus carnes y salsas, sus pasteles y mermeladas hablan con sinceridad y sencillez, con plenitud de sabores y con la nostalgia de un tiempo que se fue y que ella y Massimo se empeñan en recrear y repensar con esmero y pulcritud. Doy gracias a los dioses por haberme puesto junto a la persona que me llevó a ellos: qué bien haberles conocido y qué bonito poder disfrutar de su compañía de vez en cuando.

13 julio, 2014

Mai 2012


He tenido la suerte de estar en las parcelas de Bernardo Estévez en Ribeiro en marzo de 2013. He podido charlar con él por lo menos otras dos veces y nos hemos escrito unas cuantas más. Creo que acumulo ya "evidencias" como para poder decir que Bernardo es una persona apasionada, apasionada tanto como tranquila, contenida y reflexiva. Vive con gran intensidad y concentración las cosas que suceden alrededor de su vino y tiene claro (me parece) que las más importantes suceden en la tierra. Recordaba hace poco una hermosa conversación con  Éric Texier, quien calculaba que alrededor del 90% de su tiempo lo dedica a la tierra, a tenerla más sana, viva y pletórica para que pueda transmitir a las cepas y a la fruta todas sus características y bondades. Bernardo debe andar en un porcentaje parecido y me parece que, de las personas que conozco dedicadas a hacer vino, es de las que más se concentra en esa tierra. En su actitud y en sus vinos se nota.

Ya expliqué en su momento, además, que es de los que ha interiorizado las enseñanzas de Masanobu Fukuoka en España (¡también eso le une a Texier!), la permacultura, algo que él transmite como persona cuando te habla de sus cepas en sus viñedos y que sus vinos transmiten por él cuando los tienes en la copa. No se trata, como tantos piensan, de mirar y no hacer. Se trata de mirar atentamente y hacer sólo lo que sea necesario, en el momento oportuno. Y mucho mejor si es para prevenir, antes que para curar. No hay aquí normas fijas (más allá de la imprescindible poda) y a elementos de la biodinámica (preparado Maria Thun, por ejemplo), Bernardo añade otros que nacen, sin más, del conocimiento de las propiedades esenciales de elementos de la propia naturaleza. Si Roberto Oliván (Tentenublo Wines, DOC Rioja), por ejemplo, sabe que el mejor síntoma de regeneración y salud de un viñedo que está recuperando es la aparición de ajos silvestres, Bernardo tiene claro que las infusiones de alcohol y ajos le sirven para prevenir las enfermedades criptogámicas.

Su vida se ha hecho campo, su reflexión muestra los ojos de la naturaleza a su alrededor con una pureza y un sosiego difíciles de encontrar. Quizá sea más conocido por su blanco polivarietal Issué, pero a mí me gusta también mucho (tanto como el blanco, vamos), su tinto Mai. "Mai" significa "madre" en gallego y yo veo el nombre de este vino no sólo como el homenaje a su madre, sino también como un símbolo de la relación de Bernardo con la madre tierra, que es la de Arnoia (DO Ribeiro). Es un vino tinto (13%) hecho con uvas despalilladas a mano (375 botellas han salido de la cosecha de 2012...),  infusión muy ligera, maceración semicarbónica de las variedades brancellao, sousón, tinta amarella, caramuñeira, caíño da terra, ferrol y tinta roriz. De nuevo la historia sale a nuestro encuentro: los grandes vinos de las grandes zonas de la historia vitivinícola (Ribeiro, Rioja: hablo del siglo XII. Jerez va por otro camino) nacen de la necesaria mezcla de todo lo que se plantaba. Probé Mai 2012 de la barrica el 20 de marzo de 2013 y anoté: "un vino serio y con empaque, grosella negra, tinta azul, mirto y eucalipto, muy redondo en boca, tanino muy amable. Pasa como agua de río en el deshielo."

He vuelto a beberlo, ya en botella y en el mercado, el 12 de julio de 2014 y he anotado (sin leer lo que escribí en 2013): "Tensión. Energía. Violetas. Mirto. Arándano negro. Concentración. Intención. Algo de madera...Nuez moscada. Goloso y zalamero. Pimienta roja. Acidez de fruta roja ya de huerta: frambuesas. Infusión de picotas. Es goloso (ciruela pasa) pero de tanino recto, sin concesiones. Cierta austeridad incluso. Frescura. Placer del interior de Galicia, que rezuma océano por los dos costados. Vino de paso muy ágil y agradable en boca. Sutileza del corazón del Ribeiro. Valor y pasión por el polivarietal de los ancestros. Alas de mariposa, flecha de elfo, sabiduría de los habitantes de La Comarca." Bernardo Estévez se compenetra con la naturaleza del viñedo y la transmite como pocos. Hay que beber estos vinos.

07 julio, 2014

La música del universo: Turó d'en Mota 2001


Twitter no tiene memoria y rastrear entre el sonido de los pájaros información útil se hace muy complicado. Su limitación de caracteres da para lo que da.

Facebook: estamos igual, con el agravante, en mi caso, de que no me gusta escribir contenidos ad hoc para él porque no consigo todavía entender para qué sirve, más allá de la comunicación que permite a quienes quieren hacerla sólo con él. No tiene limitación de espacio y la gente aprovecha el detalle. Uno se pierde en él.

Instagram: un medio bonito para cuatro locos amantes de la comunicación visual más que de la textual. No tiene limitación de caracteres tampoco, pero la gente no lo usa para escribir.

Blogs: siguen siendo el único medio visible para los navegadores. La información sobre vinos y experiencias que publicas en él, está siempre a disposición del lector interesado. Tampoco tiene limitación de caracteres, pero cada vez lo lee menos gente. Así es.

Una amiga me dice: escribes demasiado y la gente no tiene, no tenemos, tanto tiempo para leer. Es triste pero cierto. Lleva razón. Pero yo nunca me fijo una cantidad de caracteres o X espacio para escribir un post cuando empiezo. Empiezo como empiezo y nunca sé cómo acabo.

Quería que éste fuera breve. No lo será... Quería explicar en él,  y darle una mínima ligazón, al contenido de cuatro tuits que publiqué hace poco (para eso sirve un blog: para darle el contenido que quieras. Incluso, por ejemplo, ampliar información de twitter!) y que la gente no entiende por una sencilla razón. Mientras publico el /1 y el /2 se cuelan, entre ellos, otros 28 tuits. Por otra: quien lee el tuit /2 no tiene por qué fijarse en que lleva ese número y en que, quizá, siga un /3 y un /4.

Un desastre, vamos.

Y todo esto viene a cuento de que quería explicar que Plinio el Viejo, como observador atentísimo de la naturaleza que era, tenía un sentido estético del cosmos. Amaba la belleza del Universo que estaba a su alcance visual e intentaba explicarlo a partir de las teorías que conocía de primera mano.

Una de las cosas que le fascinó (y dedicó un capítulo de su Historia Natural a describir el fenómeno) fue lo que se conocía como "armonía de las esferas", "la música del universo", aquella música que, supuestamente, el sol, los planetas y sus satélites producen cuando se mueven entre sus espacios.
Todo esto me venía a la cabeza porque (primer tuit):

"Hoy he leído un trabajo muy hermoso que habla de la armonía en el cosmos y de la música que produce el movimiento de los planetas en él. /1"

Teorías sobre el porqué de esta música y cómo suena había no pocas en la Antigüedad anterior a Plinio, sobre todo de inspiración platónica y pitagórica. De aquí el segundo tuit:

"Explica la información que Plinio el Viejo ofrece en su Historia Natural sobre esa sobrenatural, maravillosa armonía, música que los /2"

La importancia de Plinio es que, en Roma, es el primero en plantearse la cuestión (algo antes que él, Cicerón en el Somnium Scipionis había expuesto otra teoría también) y todos los que van a escribir sobre el tema, lo harán siguiendo su huella. Lo bonito del trabajo que leo es que muestra con claridad que no se trata, aquí, de que Plinio el Viejo mezcle teorías o que se equivoque en sus planteamientos descriptivos. Lo bonito del trabajo es que describe a la perfección la admiración del científico por la belleza del cosmos; entiende y nos hace entender cuál es la Cosmogonía de Plinio ("el sol, que rige no sólo las estaciones y las tierras, sino los propios astros e incluso el cielo, el sol que es el alma, la mente, que da vida y regula el universo entero, el que todo lo ve y todo lo oye, es decir, Dios") y concluye de una forma perfecta presentando la única idea posible derivada de su estudio. Por más que Plinio se admire ante las teorías de la música que producen los astros con su movimiento, ¡Plinio es un científico! Y en esa condición, no puede más que afirmar (tercer y cuarto tuits) que:

"humanos no somos capaces de percibir. Termina: nobis qui intus agimus iuxta diebus noctibusque tacitus labitur mundus. Cuánto nos perdemos/3"

"Para quienes andamos en él, el mundo se desliza en silencio por los días y sus noches". Plin., NH, 2,6. No comprendió, qué bien describió./4"

Por mucho que digan, por muy bellas que sean todas las teorías que calculan qué diferencia tonal y, por lo tanto, qué música global produce la distancia entre los cuerpos que se mueven por el universo, humamos somos, incapaces de percibir físicamente esa música. Y en esa condición, no podemos hacer otra cosa que constatar, casi con pena, que el mundo se desliza silencioso por sus días y sus noches. No podemos oír la música del universo con el sentido físico del oído. Aunque...Plinio (a mí me lo parece) deja una puerta abierta: hay otro tipo de percepciones, que permiten captar otro tipo de bellezas. Me pareció muy hermoso el conjunto. Por eso escribí los cuatro tuits.

Y por eso imaginé: ¿qué vino tomarías, ahora mismo, para sentir en tu interior esa belleza? ¿Qué vino, por su equilibrio interno, por el silencio que genera entre quienes lo beben, podría producir una sensación parecida a la belleza incomprensible que describe Plinio? Todos los que hayáis llegado hasta aquí en la lectura: muchas gracias, ¡en primer lugar! En segundo lugar: seguro que cada uno de vosotros tiene una o varias respuestas: ¿en qué botella de vino podéis escuchar la música del universo?

La mía, la última, porque tenía la suerte de guardar una que me habían regalado, fue clara: Turó d'en Mota 2001. Un vino excepcional en una añada excepcional. Un vino que te hace comprender una tierra, una fruta, una manera de sentir y trabajar las cosas. Un vino que contiene en sí mismo una cosmogonía propia: el movimiento de sus elementos irradia serenidad, equilibrio, placer, frescura, amabilidad, paz, belleza. Un vino que se desliza en silencio entre quienes lo beben y transmite todo en pocas palabras. Turó d'en Mota 2001 le ha dado, hoy, sentido estético a mi mundo del vino.

El trabajo, el artículo del que hablo se titula "Plinio, nat., II 20 (84): De sideribus musica". Se publicará en la Revista de Estudios Latinos y no sé quién es su autor.


03 julio, 2014

Tarlant La Vigne d'Antan 2000


La familia Tarlant hace alguno de mis champagnes preferidos, entre ellos el Zéro Dosage y el Rosé Zéro Dosage. Pero si me tuviera que quedar con qué representa la tradición de la familia en ese territorio privilegiado de placer que es el valle del Marne, sin duda elegiría La Vigne d'Antan. El chardonnay de este vino procede de un viñedo prefiloxérico (plantado, pues, en pie franco sobre un suelo arenoso, el viñedo, en Oeully, se llama "Les sables"!) hace más de 100 años, fue vendimiado el 29 de septiembre de 2000 y fermentó en barricas de cuarto año de roble francés durante cuatro semanas, en las que permaneció hasta mayo de 2001. La toma de espuma posterior (se trata de un Extra-Brut que apenas tiene 2 gr/L de azúcar residual, imperceptibles en mi opinión) y el posterior envejecimiento del champagne en la bodega llevó a un primer degüelle manual en septiembre de 2007 y a un segundo degüelle, el de mi botella, el 1 de marzo de 2010. Desconozco si hay más degüelles. Para un champagne de tan largo envejecimiento, que no ha hecho la fermentación maloláctica (hablamos de dos, pero muchos champagnes tienen tres fermentaciones...), un largo reposo tras el degüelle es conveniente. En mi práctica, a partir de dos años puedes encontrar ya un vino en estado óptimo.

Con cuatro años largos (esta botella fue mi segundo vino el día de Sant Joan) te la puedes jugar un poco si no has controlado las condiciones de guarda. Compré la botella a un buen precio con unos buenos profesionales. Y acerté. Vaya si acerté. Es uno de los champagnes que más placer me ha dado en los últimos tiempos. Servido a una temperatura sobre los 8-10ºC y abierta la botella una hora antes de empezar a beberla (sin decantación), los primeros aromas son de manzana al horno y de mantequilla algo salada. Increíble profundidad ya en nariz. Se me antoja único incluso antes de empezar a beber. Levaduras de Paris, frescas y recién estrujadas. Fruta escarchada (naranja). Flor de camomila seca. Brioche de la Bretaña, fresco y esponjoso. Corteza de lima-limón. Perfecta combinación entre madurez, frescura y acidez. Un vino profundo, intenso, que llena todo y llega hasta el fondo de tus sensaciones. Un vino que, sin más, justificaría (si hiciera falta...) la existencia de un apellido y la tradición de una gran casa de vinos, Tarlant. Con esta generación seguimos en muy buenas manos.