30 junio, 2014

Dodevi


Hay un único lugar en el que habitan el consciente y el inconsciente: el cerebro. Un territorio que apenas usamos pero que nos conecta con todo aquello que somos, que seremos, que recordamos, que recordaremos. Esa antena, ese ordenador cuántico casi de bolsillo, siempre portátil, es la puerta que tenemos que abrir sin cesar para sentir, para experimentar, para buscar la frontera de nuestros sentimientos, de nuestras sensaciones, de nuestra memoria, de aquello que podemos identificar y, sobre todo, de aquello que no sabemos que tenemos pero que reside en nosotros.

Helena y Alba, Dodevi, nos proponen experimentar en esa frontera entre el consciente y el inconsciente. Nos piden que perdamos complejos, que abracemos el desconocimiento y que avancemos hacia otra forma de ver y aprehender las cosas. Con toda la modestia del mundo, yo os aconsejaría que siguierais esa pista, que buscarais ese contacto con ellas, que participarais en ese juego que Goethe, Schopenhauer y Nietszche ya propusieron y que ellas, de una forma generosa, honesta e intensa, quieren ahora seguir. Colores, sensibilidad, percepción, música, vino y sabores, otra forma de entender con unos ojos que no son los del cerebro consciente. Merece la pena: por la juventud, por el atrevimiento, por la necesidad de avanzar, por el reconocimiento de nuestros límites. Porque en la frontera están las respuestas.

28 junio, 2014

Roc d'Aubaga 2013


Fue uno de mis vinos de Sant Joan de este 2014. Abrí dos botellas, lo confieso: una, para los amigos en la verbena. Otra, para la familia durante la comida. No sé la razón, pero de la primera botella pude conservar un tercio que he terminado hoy, cinco días más tarde. No tenía decidido que fuera a escribir sobre este vino porque se me puede criticar con facilidad. Pero en realidad me da igual...y decido hacer lo mismo que hago con todos los vinos que me gustan  de verdad (sí, me gusta...) y conozco a fondo. Escribir con algo de detalle sobre cómo se hizo el vino y transcribir con literalidad mis notas mientras lo he ido bebiendo.

Este vino nace de la amistad entre Dominik Huber y yo. Si no fuéramos amigos, él no habría intuído que una de mis mayores ilusiones era poder hacer el vino que tenía en la cabeza y no me habría dejado hacerlo en su casa. Este vino nace de mi amor por el Priorat. Si no llevara más de treinta años dando vueltas por la comarca, puede que no hubiera imaginado el vino (uno de ellos, vaya: en 2014 me preparo para las sorpresas) que me hubiera gustado beber en ella. Este vino, por fin, nace de mi pasión por los vinos rosados, con y sin burbuja. Si unimos todo, nace Roc d'Aubaga 2013 (en 2012, Rosat). Es y no es un rosado. Lo es por el azar de las uvas que se encuentran, todas ellas juntas, en dos viñedos en una de las zonas umbrías y frescas (no de las más altas pero casi), en La Morera, cerca del antiguo monasterio de Nuestra Señora de La Serra. Cepas en ecológico entre 16 y 30 años, en suelos de arcilla y grava, unos algo más arenosos que los otros, algunos con sedimento marino, guijas y cantos rodados. Orientados al norte y con la activa presencia del espadado del Montsant muy cerca. El vino recibe el nombre del sustantivo catalán para las zonas donde toca poco o nada el sol ("obaga, aubaga" en el Priorat), que es además un topónimo de la zona (la Serra d'Aubaga) y de las piedras ("roc, rocs") que, en semicírculo, están cerca del monasterio.

Tres de los cuatro tipos de garnacha más frecuentes en el Priorat forman parte de este vino. En ese viñedo no hay garnacha peluda. Vendimiados el mismo día (7 de octubre de 2014) de buena mañana y llevados a la bodega, donde entraron por la tarde, con la temperatura y todo lo que llevaban del viñedo. Las dispuse en una "vasija" de plástico de la forma que la intuición me dictó pero teniendo bien presente qué tipo de color quería para mi vino. Seleccioné sobre la marcha y quité los pocos racimos que no estaban sanos y las hojas y las tijeras que se colaron. Con raspón entero. Sin posibilidad de oxígeno entre los racimos, enteros, y sin otra acción que un mínimo pisado para que la parte más baja del plástico soltara algo de mosto. No hay pie de cuba. Se tapa con un plástico y se deja a su aire. La fermentación arranca espontánea a las 48 horas y con una temperatura de 20,3ºC. No hay control alguno. No hay sulfitado más que el que proporciona al mosto la fermentación alcohólica.

Control a diario del color del vino en esa vasija de plástico que no tiene ni grifo. Al quinto día la cosa se pone muy cerca de lo que llevo en la cabeza. La densidad está sobre los 1020. Lukas, Yuki, Jaume y yo descubamos a mano (brazadas, vaya) y prensamos en una prensa de madera vertical de 9 a 11 de la mañana. El quasi-vino pasa a otra vasija de plástico idéntica, prensado a 1 Bar de presión. Y una segunda prensada, que no saldrá a la venta (y que es la joya de la corona), a 1,5 Bar va a damajuanas (que no tienen contacto alguno con la luz), en las que todavía sigue su evolución. El 24 de octubre el vino está ya seco por completo y pasa a depósito de inox (su único movimiento) donde reposa durante el invierno. Embotellamos el 25 de febrero y decidimos que el vino termine de hacerse en botella por lo menos tres meses más. Que empiece a circular en junio. El alcohol final roza el 13% y los niveles de sulfitos están por debajo de 20 mg/L.

Abrí las botellas media hora antes de empezar a beber y un amigo (de unos 50 años), a primer golpe de nariz y sin saber qué bebía, dijo "huele a las prensas de mi casa, cuando hacíamos vino de pequeño". Pensé que ese comentario me gustaba. "Fruta, fruta y más fruta. Zumo de granada. Brezo y espino. Amabilidad y rusticidad. Muchos secundarios. El corazón de la fruta fermentando ha llegado a la botella. Frambuesas y fresas del bosque. Goloso en nariz. Seco y austero en boca. madroño y la frescura del bosque tras la lluvia de verano. Naranja sanguina. Se nota la presencia del raspón, aunque las horas y los días redondean y apoyan su presencia. Vino amable que acaricia cuando lo tomas, pero cuando es debido. No hay empalago. Sigue la fruta: ahora cereza de secano de tierra adentro. Largo y zalamero en boca. Huele a huerto. Huele a tomate fresco. Mucha infancia y recuerdos de aromas hay en este vino. Pan, levaduras. Más fresas y grosella. Fruta intacta a los cinco días. Más amable y redondo. La penumbra del bar cuando entras a ver cómo lo mayores toman su vermú. El sol de mediodía, abrasador, queda tras la cortina. Frescura y penumbra en el interior. Aromas de vermú en los vasos de los mayores. Sirope de grosella y sifón en el mío." Así es este vino y estoy contento y muy agradecido de haber podido hacerlo. Me he acercado bastante a lo que tenía en la cabeza...

22 junio, 2014

Edetària: algo más que diez años


Haber nacido en uno de los pueblos de referencia de una DO (la de Terra Alta, en este caso) no te da ventajas especiales. Haber mamado desde los primeros dientes esto del vino, tampoco. Puedes encontrar tu camino con mayor o menor dificultad, los dioses tienen que darte talento, sensibilidad, suerte y buenos compañeros de viaje. Y, además, en términos de algo tan complejo como es embotellar el espíritu de tu tierra con las variedades que le son más naturales, diez años suena casi a diez millones de años para la adaptación de la lámpara de la luciérnaga (que muestra una eficiencia del 95%: todo un cuerpo dedicado a dar luz casi sin consumo...). Edetària, Joan Àngel Llaberia y sus socios, empezaron a hacer vino en 2003 en Gandesa y embotellaron su primera cosecha en 2004. Este viernes celebramos, con unos amigos, su décimo cumpleaños. Lo dicho: en términos veterotestamentarios o en términos darwinianos, diez años es un mínimo guiño de ojos de Baco que parece estar diciendo "estoy empezando a pensar si les doy algo a estos..."

Les ha dado, vaya si les ha dado...La Terra Alta es, en mi humilde opinión, una zona de Catalunya que tiene que despojarse del mal sueño que significan sus hermanos (DO y DOQ) del norte y el este; es una DO que tiene que encontrar sus señas de identidad, no tanto en uvas que sean muy minoritarias y de las que existan pocas Ha (así es fácil ganar un poco de notoriedad entre los locos del asunto), sino en uvas que sean, realmente, las que dieron forma a la conciencia vitivinícola de la zona, uvas mayoritarias y plantadas en los diferentes terruños de la zona, en las zonas de panal, en las zonas más de arcilla, en las canteras calcáreas...Ahí es, precisamente, donde el trabajo de Joan Àngel y Edetària está dando un salto exponencial. Si los primeros Edetària selecció blanco ofrecían una selección y variedad de uvas (y hay que confesar que el 2005 y el 2011 me parecen soberbios vinos, con una capacidad de envejecimiento impresionante), el Edetària Selecció Blanc 2012 ya es monovarietal de garnacha blanca, que es lo que hay que saber trabajar bien en la zona.

Maderas de mayor capacidad, mucha mayor reflexión en los tostados y en cómo se hacen, menos cantidad de fermentaciones agresivas, más libertad y volumen para la fruta...este 2012, que todavía es un vino que tiene que pulirse en botella, muestra el nuevo camino de Edetària, no tanto una evolución, cuanto una "retrovolución " (y que me perdone José Manuel Blecua): volver a la esencia de las uvas de la zona con métodos más de la zona y mayor comprensión de la capacidad de esas uvas. Miel de romero, acidez y tensión en camino de redondearse con el reposo, mineralidad suave, frescura natural a pesar del grado, intensidad matizada, flor de tilo, membrillo crudo.

El nuevo Via Edetana Negre 2012 es el otro ejemplo que quería proponer del "menos es más" y de la retrovolución: garnachas peluda y fina, con cariñena, este vino potencia la fruta negra que está en su corazón (moras en su punto), tanto como la roja (arándanos), menos madera, volúmenes mayores de madera también, y una sutil y muy bien trenzada reflexión sobre el trabajo que las lías tienen que jugar en la pervivencia y disfrute de una garnacha. Algo que los viejos del lugar quizá recuerden: lías que dan volumen y profundidad y complejidad a un mosto que no va sobrado de según qué cosas...taninos que procedían más del raspón que de la madera donde maduraba el vino. Vino para un disfrute cercano, quizá, vino que otorga a esas extraordinarias garnachas la luz, el volumen y la frutosidad que merecen.

Podría haber dedicado este texto a hablar de vinos que todo el mundo conoce y ha disfrutado (Edetària Selecció Blanc 2005 ó 2011, que son, sin más, dos de los mejores vinos blancos del Levante) o de vinos que casi nadie va a conocer ni disfrutar (1100 botellas de una cariñena monovarietal salida de un viñedo en una cantera, de 80 años: algo para beber y callar este Les Pedrisses 2011, realmente un vino muy especial). Me ha parecido de mayor interés intentar describir (con dos vinos) la evolución de Edetària en estos diez años (ocho de los cuales, pasados por Joan Àngel en compañía de su ángel comunicador, en la foto inferior: un homenaje a una historia que, también, está haciendo que la bodega vaya siendo otra cosa). En ellos, el contador de historias amable y de probada bonhomía, educado y seductor, hospitalario y campechano, Joan Àngel Llaberia, está reencontrando el origen de sus raíces, está expresando cada vez mejor la esencia de su tierra. Es muy buena noticia: Joan Àngel sigue en movimiento, siempre inquieto y progresando,  buscando y pensando, es consciente de los pasos que da y está ya encontrando la forma de contarnos una nueva historia de la Terra Alta en sus botellas.

20 junio, 2014

Occhipinti SP68 Bianco 2012


Conocí a Ariannna Occhipinti hace cinco años en Génova y desde un año antes (no hay una relación directa con haberla conocido) bebo sus vinos con interés y con gusto.  Sicilia es una tierra que me apasiona (como todas las islas grandes que conservan sus tradiciones agrícolas con empeño de superviviente) y sus productos, tierras y personas, también. La tierra de Occhipinti, entre Vittoria y Ragusa, con los recuerdos cercanos de Agrigento, Caltagirone y Siracusa, es de mis preferidas. Y si ya llama poderosamente la atención la frescura, sutileza y elegancia de sus vinos tintos, lo que consigue con su blanco supera expectativas. IGT Sicilia, con plantas jóvenes (10 años) casi a 300 msnm, suelo franco-arenoso, agricultura biológica sin ningún insumo químico, vendimia a primeros de octubre, diez días de maceración con pieles y resto de FAL en acero inoxidable con un mes posterior de botella, levaduras del viñedo, sin filtrar ni clarificar. Albanelllo y moscato di Alessandria.

Es un vino precioso, lleno de energía, luz y poder, llamativamente fresco y que te atrapa de inmediato. Recuerda no poco (islas volcánicas...) al Trenzado 2012 de Suertes del Marqués (hay ahí una conexión entre los azufres de las dos tierras, aunque el albanello es más sutil, menos directo que el listán blanco; y la presencia del moscatel de Alejandría marca más que el resto de variedades canarias): piedras de fuego, yesca. Corteza de limón. Rosas frescas. Vino de tierra y de fuego. Sol del membrillo. 12% apenas...Tiene una enorme riqueza de fruta de secano con hueso. Impresiona la variedad de su buqué. Albaricoque, también en orejones: la acidez de la fruta deshidratada y, también, su punto de golosina. Se nota el sabor de las pieles de la uva. Aromas secundarios. Il dolce fresco del deserto, che diría Dalla...Patio con la fuente y el limonero. Corteza de naranja en infusión. Ligera astringencia y tanicidad. Posgusto vegetal y amargoso. Retama. Flor de azahar y toque salino. Agua de berberechos. Es un vino precioso del que casi lamentas la última copa. Pagué por él, muy a gusto, 18€ en La Vinoteque de Terrassa.

15 junio, 2014

Ocho botellas para una reflexión


Unos queridos amigos, que hacen vino, me pidieron que preparara una selección de botellas para explicar cómo veía yo el estado del vino español actual, hacia dónde va, quién hace algunas de las cosas que más me interesan. Digamos que, en el fondo, se trataba de poner en una cata el concepto de "vino natural" que uso en mi libro, que poco tiene que ver con el uso más habitual de ese adjetivo y su, a ratos, absurda asociación con la palabra "sulfitos". Podía haber hecho muchas selecciones porque creo que en España hay muchas bodegas, muchas, que trabajan de distintas formas todas ellas y todas hacen cosas que me interesan y me hablan con franqueza de aquello que yo busco: de la mano y criterios de personas que conocen a fondo sus parcelas, la expresión más genuina de la uva en cada añada y en el viñedo y tierra donde ha crecido.

Fueron ocho vinos y me decanté por los blancos (también en blanc en noir), aunque a la vista de las copas, una de las cosas que hay que asegurar es que el color cada vez tiene menos importancia en España. Yo era de los que se preocupaba por describirlo a conciencia. Ya casi no lo hago porque decir "vino blanco" y hablar de Aire en el patio 2013, por ejemplo, de Samuel Cano, no tiene demasiado sentido. Lo mismo diría de Benimaquía.Tinajas 2012 de Rafa Bernabé. Y etc. Digamos, pues, que las uvas base de estos vinos son blancas, menos las del primero, el Taïka 2011 de Raül Bobet para Castell d'Encús, que son de pinot noir (con pequeños aportes de semillon y de riesling).  Método ancestral de uvas en biodinámica sometidas al clima extremo de Talarn, con un suelo que provoca ph bajos y acideces altas. Larga vida para un vino que, ahora, empieza a aparecer más amable en boca. Buen aroma de pinot, casi atlántico, casi más côteaux Champenois...Arándanos rojos. Punto goloso pero con esa acidez que pronostica larga vida. Seco y rampante. Burbuja fina y delicada.

Aire en el patio 2013 de Samuel Cano. Creo que es el mejor Patio de Samuel, 100% airén  de Los Hinojosos, a 800 msnm, de suelo arcillo-calcáreo y roca madre, calcárea, a 60 cm. Otro clima extremo para unas cepas cuyas raíces conviven en policultivo con los ajos manchegos. Buena maceración con pieles pero no excesiva. Mosto que fermenta en barrica cuadrada de 1000 litros de segundo año. Albaricoques, miel de brezo. Muy seco y eléctrico aunque con aires de madurez y de fruta de hueso veraniega, nísperos sobre todo. Una buena forma de reconocer a este vino es recordando el Ageno de la gran Pantaleoni, aunque el airén no es tan aromático como la malvasia de candia. Suertes del Marqués Trenzado 2012. El vino blanco polivarietal de Roberto Santana y Alfonso Torrente en la Orotova (dos viñedos entre los 450 y los 600 msnm) es uno de los grandes blancos que he bebido del 2012, sin más. 90% de listán blanco, con aportes de vidueño, marmajuelo, gual, vijariego blanco, verdello, baboso blanco, con un arranque de fermentación espontánea (tienen fe en las levaduras de esas cepas en pie franco, prefiloxéricas y en doble cordón trenzado; años ha había patatas bajo la parra) y el poder de esa tierra volcánica de orientación noroeste, más un leve paso por barrica de 500L, producen un vino que es terrruño en estado puro. Imaginen ustedes todos los matices del volcán y de su azufre (sin pizca para nada de reducción, conste!), yesca, pedernal, cerillas Garibaldi. Brumas y frescura. Mango y una mineralidad que perturba todos los sentidos. Imagínense ustedes la entereza y sobriedad de una piedra pómez y la suavidad del tacto de la piel tras su paso. Así es este vino, en nariz y en boca. Buqué infinito.

Issué 2010 de Bernardo Estévez. Un año especial, con graves problemas de provocan que la carga por cepa, al final del proceso, sea apenas del 40 % de lo previsto. El alma de Arnoia, el espíritu del Ribeiro, liderado por la uva lado que nadie que manda quiere tener en cuenta, más silveiriña, verdello antiguo, treixadura, albariño, caíno, godello. Polivarietal en estado puro el del Ribeiro, terruño de descomposición granítica en cada poro del vino. Me imagino este vino como es Bernardo: discreción e inquietud de la abeja. Concentración y paciencia en la copa. La abeja aporta su miel (acacia, mil flores) y aquello que sus patas van recogiendo, espliego, tomillo, partículas de pirita, arenisca granítica, agua del arroyo cercano, frescura, un poco de salvaje própolis. Un vino que te atrapa como la observación de la vida en el panal, sin cuya presencia el vino no existiría. Uno de los grandes. Vinya Selva del mar 2012 de Mas Estela. La pureza, la frescura, la tierra virgen del interior del Cap de Creus. Viñedos de pizarra orientados al norte y en altura (de 120 a 380 msnm, pero muy cerca del agua), con un 95% de garnacha gris y resto de muscat de Alejandria. 5 meses en barrica de acacia, para uno de mis blancos catalanes de vértigo. Con la discreción por bandera (como son Didier y Laura), la botella te da certezas de longevidad pero en su juventud se disfruta ese suave perfume de las aceitunas recién prensadas, el calor de la pizarra, la frescura del valle, la humedad del mar, la flor de la retama, la discreta tanicidad de esa garnacha única...Nunca le damos la oportunidad de envejecer...

"K" de Akilia 2012. Uno de los vinos de Mario Rovira en el Bierzo, a los pies de los Montes Aquilianos, su blanco de Valdesacia, con orientación este y suelos franco-arenosos, con cuarcitas y pizarra. 70 años de cepa berciana de palomino fino y un 10% de Doña Blanca, para un vino que me tiene enamorado: huele a monte bajo, huele a jara, huele a mantequilla salada, aires de sedimento marino en un monte fresco. Acidez descarnada en boca y sorpresa atlántica en el posgusto. Pizarra y arenisca. Membrillo crudo. Sensaciones del monte reventando con la mimosa en flor. Benimaquía. Tinajas 2012 de Rafa Bernabé. Quise terminar con dos expresiones iguales y distintas al mismo tiempo de la más pura mediterraneidad: moscatel de Alejandría sin y con burbuja, de viñedos  casi a 300 msnm en la Marina Alta y de viñedos casi de navazos en la Mata. Benimaquía es la moscatel de altura, de suelo rojo de la Marina, con limos, arcillas y arenas, sedimento marino pero matizado. La expresión de la fruta en ese clima y suelo es de impresión, golpea con fuerza todos tus sentidos y apenas deja respiro: flor de azahar, pétalos de rosa, infusión de esos pétalos, rosas marchitas, lichis, clavo, nuez moscada, pimienta roja, salinidad, frescura y austeridad en boca. Tienes la sensación de sumergirte en la más salvaje kasbah de tu vida, sección especias y fruta fresca juntas. Estás bajo el parasol, las calles son umbrías, el calor aprieta encima de las casas bajas y el mundo de aromas de la moscatel revienta en tus narices. Acequión 2013 tendría que ser algo parecido pero las uvas son de la Mata. No hay tantos matices, aquí todo es más descarnado. Las cepas son de 80 años, de Los Calistros, y lo que tienen como apoyo son dunas fósiles marinas. No hay más que eso y el mistral que refresca con firmeza. Digamos que tenemos sensaciones parecidas al Benimaquía pero matizadas por el método ancestral. La burbuja y los sabores que se obtienen con la finalización de la FAL en botella ofrecen el lado más amable de la uva y del terruño en la frontera de lo que puede sobrevivir en un secarral. Todos los matices del cítrico y sus flores, las pieles de la uva y las pieles arañadas de los cítricos, entran en la boca y empujan con suavidad con una sequedad y un amargor que sorprenden a quien no está acostumbrado. Quizá es un vino menos radical que Benimaquía pero es tan sorprendente y complejo como su primo hermano. La mejor manera para mostrar, en un mismo territorio y uva, cómo el método ancestral aporta matices a un vino tranquilo.

¿Qué intenté explicar con esta selección a mis amigos? Pocas cosas porque desde hace cierto tiempo, intento seguir (en la distancia enorme que nos separa) aquello que hace Josep Roca. Habla poco Pitu, pero te pone una copa, te presenta una botella y te mira. Suele decir poco, pero lo que te transmite con su selección es tanto...: bebe, aprende y reflexiona. Eso intenté: un momento de reflexión para gente que sabe mucho y que hace vinos con uvas blancas, a partir de realidades de la Península y de las Islas muy distintas entre si: por las personas que hacen esos vinos, por las características de las uvas y del suelo en el que se hacen, por las añadas y sus condicionantes. Ellos pasaron un buen rato. Yo lo pasé en grande y la mejor conclusión (de otro amigo que asistía a la cata) fue "qué suerte que nos sigan quedando tantas cosas interesantes y buenas por conocer!"! ¡Y tanto! ¡A por ellas!

Postscriptum. Podéis leer una visión complementaria y muy generosa en palabras para un servidor en el blog de Ramon Francàs, Vi-franc.

08 junio, 2014

Las horas de la primavera: la luz


Las Horas de la Primavera transcurrieron amables en Cal Compte. Parecía como si el cielo del Priorat conociera aquellos versos de Lucrecio en los que el poeta describe el cielo de primavera. Se los leímos de nuevo y nos regaló un atardecer que nos hizo comprender de otra manera cómo es la naturaleza de las cosas en su íntimo contacto con ellas.

...tibi rident aequora ponti
placatumque nitet diffuso lumine caelum. 

...para ti, Venus, sonríen las aguas del mar
y brilla el cielo amable con una luz que se alarga.

Venus tenía que ser nuestra introductora, la protectora que, como ya sentían y escribían los Romanos, favorece la creación de cuanto surge de la tierra. Se funden las nieves en lo más alto de los montes, los ríos sienten cómo el agua vuelve a bajar alegre por su cauce, los árboles visten de nuevo sus hojas y Venus, la patrona virgo de Catulo, asegura que todo pueda ser disfrutado por más de una generación de mortales. Porque la belleza del espectáculo de la primavera se abre ante nuestros ojos con la nueva luz y la diosa, favorecida por el viento que sopla amable y cada vez más cálido, hace crecer de nuevo todo aquello que había sido sembrado. Agua, luz, calor, Venus, capturan al hombre con su suave encanto y lo llevan de nuevo allí donde sucede todo: a la naturaleza.

Los animales se mueven inquietos en el establo, las aves llegan de nuevo siguiendo su impulso seminal y las personas no podemos dejar de escuchar esa llamada. La pálida Muerte pisa con la misma fuerza la taberna del pobre y la torre del rico, nos cuenta Horacio, y la suma de breves momentos felices nos impide pensar en una esperanza que vaya más allá del día que vivimos. Hay que huir de preguntarse qué nos traerá el día de mañana, hay que poner el bienestar económico en su justo sitio y hay que perseguir al dulce amor. Es el momento de escuchar al campo, es el momento del trabajo en las eras, es el momento en que los suaves susurros que surgen de la oscuridad delatan la cita pactada.

El suceder de las estaciones nos enseña que no hay que esperar cosas propias de inmortales. El día nos alimenta y las horas marchan con rapidez. Los fríos del invierno pierden fuerza gracias al Céfiro, el verano acabará pisando a la primavera y todas acabarán cediendo su paso al otoño que trae los mejores frutos, las uvas del viñedo. No nos daremos cuenta y el invierno, que adormece todo, volverá enseguida.

Supimos, pues, de la mano de Sara Pérez, de Dominik Huber y de René Barbier qué es lo que hace que la tierra sea más feliz, qué es lo que hay que hacer para que la fruta de la cepa crezca, suba, explote en nuestras bocas en forma de vino. Con la protección de Venus y la ayuda de Ceres y de Baco, comprendimos por qué los Romanos celebraban la Fiesta de las Flores, el momento en que las fuerzas de la tierra, tras el reposo del invierno, se concentran en el nacimiento de la flor que será fruto que será mosto que será vino. Celebramos y bebimos, charlamos y escuchamos, mientras otra Venus (Héspero) empezaba, discreta, a asomar por el horizonte y nos regalaba su tenue luz. Vesper adest...

Sara nos esperaba con una explicación inspirada directamente por la diosa. Poseída por esa energía única que saca, entre otros lugares, de su finca Els Escurçons, contó la naturaleza expansiva, amable, llena de matices, aérea y poderosa de la garnacha. Y explicó en qué momento se dio cuenta de que, además del cultivo del viñedo, esa fruta le pedía a gritos un barro que la elevara de la tierra, más que hundirla en ella. La cariñena pide lo contrario: concentración, austeridad, profundidad, encerrarse en si misma y desarrollar otras cualidades. Las que le permite, precisamente, la madera. Pero la garnacha dels Escurçons 2013 de Sara, que probamos a medio hacer..., fue un momento de iluminación, de explosión de fruta en la boca, de cerezas, de flor de violeta, de pimienta roja...Un cultivo, desde 2013, que cambió su vida. Un vino, cuando podamos beberlo todos, que nos dará otra dimensión de la relación seminal de esta mujer con la garnacha y con la tierra que la vio crecer.

Dominik y René no habían hablado entre ellos pero coincidieron en proponer dos blancos. La coincidencia fue al azar? Me lo pregunto porque las cosas no suelen suceder porque sí...Ellos nos mostraron de nuevo, casi sin buscarlo, que el Priorat es la tierra de los grandes blancos que ya están llegando, Partida Bellvisos blanc 2011, uno de los monovarietales (garnacha blanca) que nace de un viñedo que René se empeñó en comprar. Apenas 300 botellas de la parte más alta de la partida, que él ya entiende y trabaja, sin más, como a él le gusta el vino: 2011, añada complicada y compleja, sequía y miedo. Da un blanco que, con 14 meses de madera, muestra una frescura sin complejidades y todos los matices de la almendra, desde que nace, verde e inmadura, hasta que se tuesta. Un vino para muchos años...quien encuentre una botella. Dominik mostró la otra cara del 2011, con uno de los grandes polivarietales del Priorat: Pedra de Guix 2011. Un vino que combina la frescura de la parte más alta de Poboleda (garnacha blanca de extraordinaria calidad) con la inquietud y calor del Lloar y la textura amable de Torroja (PX y macabeo). Un vino que gana lo que no está escrito en mágnum, un vino con todos los aromas de la garriga, de la flor del tilo, con cierta oxidación que hace que evolucione horas y días en copa y en botella abierta.

Fueron tres lecciones de vida. Tres momentos de humildad de tres personas únicas que sienten la fuerza de esta tierra y, tras muchos años observándola y trabajando en ella, están empezando a comprender cómo embotellarla. Tres maneras, tres vinos, tres momentos para una primavera que, por unas horas, acudió a la cita del epigrama de Marcial: Si conoces el dulce homenaje a Flora, juguetona, y conoces las fiestas y el divertimento y la frescura del pueblo, por qué has entrado a este teatro de la vida, Catón severo? O quizá tan sólo lo has hecho para volver a salir?

No queremos rostros severos en la celebración de la primavera, en las horas de la flor que será fruto que será vino. Queremos a Venus, queremos a su fuerza protectora para que la semilla fructifique de nuevo y nos permita, con las pequeñas cosas compartidas de cada día, ser mejores y hacer un poco más felices a quienes nos rodean. Eso aprendimos ayer. Con la tierra y desde la tierra del Priorat y con los vinos y las historias de Sara, René y Dominik.

04 junio, 2014

Las horas de la primavera: presentación


Pasaron las horas del invierno...junto al hogar, con buenos amigos y vinos nobles, René Barbier y un servidor repasamos historias y vivencias que explicaban el por qué del renacimiento del Priorat a partir de la narración del Laocoonte, desde Virgilio hasta Julio II. Llegan las horas de la primavera y la tierra vuelve a llamar con fuerza a sus cultivadores: terminó hace ya días el reposo y conviene estar ahora atento. Nosotros también lo estamos. En  Cal Compte vamos a proponer este próximo sábado, a las 19 horas, algunos textos que nos expliquen cómo se vivían en Roma estos momentos del año: Catulo, Lucrecio, Horacio, Virgilio y Marcial nos ofrecen sus versos para entender qué era la inmortalidad para un Romano. Y vamos a oir cómo se cuida a la tierra, cómo se la protege, cómo son llamadas a la fruta de la uva sus fuerzas más sinceras. Con los vinos de Sara Pérez y René Barbier. Con los vinos también de Dominik Huber. Vamos a proponer, en la hora más amable del anochecer del Priorat, otra manera de entender la celebración de la fiesta dedicada a Flora. Ella es la que rompe, con su energía y la luz, el reposo y nos llama de nuevo, como cada año, como siempre, al inicio de una nueva fecundación, la de la tierra que nos da de comer y nos hace entender por qué y para qué estamos aquí.

01 junio, 2014

Ocho años, un post y una cata


Hoy se cumplen ocho años exactos de la publicación de mi primer post en este cuaderno de anotaciones. 1161 posts han pasado, casi 13000 comentarios se han publicado (todos contestados, salvo error u omisión...), 900 mil visualizaciones ha tenido la publicación. España es el país donde más se leen mis anotaciones, seguida de los Estados Unidos de América (segundo, muy destacado), Francia, Alemania, países escandinavos, China y México. Y etc.

No sé ya qué significan esos números ni qué valor tienen. Con el tiempo he aprendido que esto del blog no es una cuestión de tamaño: quién te lee, cómo recibe esa persona tu comentario, cómo lo utiliza después, es mucho más importante que cuántas personas te leen. Saber, de vez en cuando, quién es ese lector y poder charlar con él es mucho más importante que cualquier cifra. Que tus datos, tus "descubrimientos", tus opiniones ayuden y creen algo positivo (para quien hace el vino, para quien lo vende o para quien lo bebe) es mucho más importante que cualquier cifra. Es una cuestión de percepción cualitativa, no cuantitativa. Por desgracia (o no, quién sabe...), esa parte cualitativa de mi trabajo en el blog no tiene estadísticas y me llega sólo a través de pequeños fogonazos, muy personales, que producen sensaciones de placer y de pensamiento positivo: sea para quien sea, estás haciendo algo que ayuda a alguien. Esta idea me gusta y me ayuda a seguir adelante.

También he aprendido que no es una cuestión de periodicidad. Para los noveles: es falso que sea imprescindible publicar un post cada tres o cuatro días. Si te creas una obligación con un blog que pretende ser amateur al cien por cien, cometes un grave error. Hay que publicar sólo cuando se tiene algo que contar y se tienen ganas de hacerlo. Así de sencillo. Más bien creo, a ocho años vista y tras no menos de tres intentos de "suicidio bloguero", que se trata de una cuestión de estilo. En ocho años he entendido algunas cosas, he aprendido muchas más, he modificado, filtrado, corregido...He llegado a unas pocas conclusiones que definen, más o menos, mis contenidos y ese estilo:

1. Ya no tengo prisa en publicar. Un blog no es un periódico y lo más importante no es llegar antes que el resto de "competidores" (grave error considerar que los otros blogueros lo son), sino llegar bien, con textos meditados, reposados, corregidos y bien escritos.

2. No publico cualquier cosa porque toca y porque hace muchos días que no lo he hecho. Menos y mejor es más en casi todos los órdenes de la vida. En este, también.

3. Puedo escribir sobre vinos cuyos productores no conozco y sobre viñedos que no he pisado. He aprendido a hacerlo, cierto. Por razones obvias, al no ser un profesional del asunto, mi tiempo y mi presupuesto para viajes y visitas es limitado. Pero sé que mis posts ganan peso, sustancia e interés si hablo de personas con las que he charlado en sus bodegas y en sus tierras, de vinos que conozco de primera mano porque he tocado las cepas y el terruño donde se hacen. Conocer de primera mano las cosas mejora tu comprensión de las mismas y, en consecuencia, te permite explicarlas mejor.

4. Cuido mi redacción hasta donde llega mi competencia (tengo la suerte de que algunos amigos cazan con rapidez mis errores y me advierten) y la selección de las fotografías tanto como me es posible. Respeto los derechos de autor tanto como las citas. Si tomo prestado algo, lo identifico en el post con claridad. Cuido también la presentación y la compaginación. Un blog tiene que ser de lectura fácil y de visión agradable.

5. Sin un viñedo sano y bien cuidado no tendrás la mejor uva posible para hacer un buen vino. Hay que preocuparse por saber dónde nacen los vinos que quieres comentar. Pero mucho más importantes son las personas que los hacen. Cuando entiendes a las personas, entiendes sus vinos y el por qué de las cosas, en el viñedo y en la bodega. Eso intento transmitir desde hace ya tiempo. Cuando las empresas o las marcas ocultan el trabajo de las personas en los viñedos y en bodega, me cuesta más entender y, en consecuencia, tiendo a explicar menos.

Y no quiero aburriros más, Con estas pocas ideas (hace años, llegué a pegar auténticos palizones sobre metabloguerismo), me manejo bien ahora. Así voy a seguir, como no puede ser de otra manera, hasta que me canse y deje de encontrar motivaciones como las que he explicado al  principio: con mi actitud y mis escritos, intento transmitir pasión por el vino, algo de conocimiento, sensaciones y muchas ganas de compartir. Andaba yo barruntando con qué vinazo me regalaba hoy en el cumpleaños del blog, cuando Jose Gallego (Marejol, en Vilanova i la Geltrú), su generosidad y amabilidad sin fronteras se cruzaron en mi camino. Me proponía (¡a mí y a otros 80 afortunados!) una cata vertical de Reserva Particular de Recaredo en el ambiente festivo y de amor por el vino de Temps de Vi.  No voy a hablar de Caves Recaredo y de lo que las personas que llevan la bodega representan para mí: ya lo hice en su momento. He aprendido y disfrutado con ellos, con su sabiduría, humildad y grandes resultados como con pocas bodegas en el mundo. El vino del cumpleaños me encontró, pues, a mí, no yo a él.

Por este orden: 2004 degollado al instante por uno de los grandes, Jordi Mata, digno heredero de su padre. 2003 degollado al momento. 2003 degollado en noviembre de 2013. 2002 degollado hace dos años (de la Enoteca de la familia: no está a la venta). 2002 degollado al instante. 1998 degollado al instante (de la Enoteca de la familia: no está a la venta). Presentación a cargo del gran Ramon Francàs. Comentarios y anotaciones, técnicas y no, a cargo de Ton Mata (en la foto), digno heredero de su padre. Las sensaciones que regalan los grandes vinos de la casa siempre estuvieron presentes, aunque el trabajo por sacar el vino cada añada sea, necesariamente, distinto. Finura, sensibilidad, profundidad, emoción, tierra, elegancia, integración, evolución y envejecimiento que conservan y mantienen vivos los fundamentos de cada vino.

2004. Sigue sonando a añada excepcional. Pronto saldrá al mercado con el cupaje más o menos habitual (40% xarel.lo, 60% macabeo de viñedos plantados en los primeros años 50 del siglo XX). En las añadas más recientes, el degüelle al instante penaliza algo al vino: hay que tener paciencia. Con el 1998, por ejemplo, pasó mucho menos y se mostró con grandes cualidades ya de entrada. Con este 2004, hay que esperar, pero cuando se hace, muestra una acidez y una frescura que auguran largos, largos años de vida. Intenso, calcáreo y floral: retama y coca de Sant Joan. Goloso aunque su posgusto sea amargo y de nobleza vegetal. Talco. Piel de naranja. Amable y fino. 2003. El degollado al instante muestra el drama de la añada, la lucha intensa, el orgullo por salir adelante con un vino complicado que es más profundo y tiene una entidad única. No siempre salen igual las botellas...pero las de ayer mostraban en plenitud (sobre todo la degollada hacía seis meses) el valor del 2003: más levaduras, más sensación compotada, más mieles. Con los minutos y el oxígeno, los vinos ganan en frescura y en agilidad.

2002 degollado al instante fue el vino que más cerrado se mostró durante la noche. Con claridad (para mí...), comparándolo con el 2002 degollado hacía dos años, el ejercicio de anoche muestra cómo los grandes vinos de largo envejecimiento de Recaredo agradecen mucho un buen período de reposo tras el degüelle (de ahí, la importancia de esa fecha en la contraetiqueta de cada botella) antes de ser bebidos. Éste mostró una preciosa mineralidad de talco, calcárea; una intensidad enorme; una fragancia de tilo y, a ratos, de hinojo silvestre y sutiles trazas de miel de romero. Amable y aromático. 1998, el otro vino de Enoteca que sólo se puede beber cuando la familia así lo decide (de ahí, lo tremendamente afortunados que los presentes nos sentíamos: tres enotecas en una sola cata...), degollado al instante, muestra cómo los años perjudican cada vez menos ese bellísimo ejercicio del degüelle in situ. 1998 muestra una madurez excepcional, roscón de Reyes, mazapán, fruta escarchada tanto como frutos secos, miel de caña, hidrocarburos, infusión de manzanilla. Un enorme equilibrio y mucha elegancia. El gran vino gastronómico de la noche, un vino para todo.

Nadie lo sabía, pero me hicieron el mejor regalo de octavo cumpleaños del blog. Aunque sea de esta forma, la única que puedo utilizar, quería compartirlo con vosotros. Mil gracias por seguir ahí.
Joan