28 abril, 2014

Acequión 2013


Todavía recuerdo el comentario de Rafa Bernabé (Viñedos Culturales) a finales de julio, primeros de 2013: "¡estamos vendimiando moscatel en La Mata!" Me sorprendió porque en los viñedos del parque natural de La Mata (en Torrevieja, Alicante), la vendimia es de las primeras de la DO, pero tanto...No sabía yo que Rafa tenía en la cabeza algo como Acequión 2013...Si en Benimaquía. Tinajas podemos beber, oler, zambullirnos casi, en la manera más tradicional de hacer vino tranquilo en La Mata (con tinajas de barro, larga maceración con pieles, levaduras del viñedo y basta), con esa misma moscatel de Alejandría da ahora Rafa un triple salto mortal sin red. Y cae, como siempre desde que yo le bebo los vinos, de pie. Acequión es, por así decirlo, el complemento de Benimaquía. Sin tanto contacto con las pieles (prensa bastante antes), pero con fermentación también en tinajas y la misma filosofía de no añadir nada que el viñedo y la tierra de La Mata en cada añada no ofrezcan, tenemos ahora en la copa, un método ancestral. Una de las mejores y más naturales formas de proteger y conservar un vino es hacer que el CO2, el carbónico que libera la fermentación espontánea del mosto, actúe de forma inmediata y prolongada.

Eso se puede hacer con lo que se llama "método ancestral": el mosto que todavía no se ha convertido del todo en vino, se embotella (con azúcares, pues, que siguen siendo "comidos" por las levaduras del viñedo y convertidos en alcohol). Y en la botella finaliza la fermentación alcohólica conservando normalmente una buena burbuja y, a veces, algo de azúcar. Este Acequión 2013 está seco por completo y ha hecho, además, la fermentación maloláctica en botella. Conserva de forma íntegra y muy atractiva la fuerza y el encanto de la tierra donde se ha hecho la uva, junto con las cualidades de un espumoso: los sabores, los aromas con carbónico y sin más sulfito que el de la fermentación, te llegan con una nitidez enorme. Es un vino de una dualidad que sorprende y enamora: en la nariz, la moscatel de Alejandría se abre y te embriaga como la flor de azahar, como la rosa primera, como la retama. La piel de la uva se percibe al instante y su poder aromático enamora (por lo menos a mí, que soy loco de los moscateles...). En boca, la sequedad del lugar te aprisiona, la salinidad, la acidez, la astringencia y cierta nota caliza te dicen su secreto sin ambages: ¡soy de La Mata, en Torrevieja! Con una hora y un poco de oxígeno, el vino (que para nada se mostró reducido), se abre al brezo, a la mandarina de primavera, a la miel de las abejas que zumban junto al mar cerrado que refresca las cepas. Un vino que, aunque no haya nacido para eso, podrá envejecer muy bien. Un vino, sin duda, que es de placer y que se puede tomar, además, a cualquier hora y en cualquier proceso, pre- o postoperatorio.

22 abril, 2014

Para Sant Jordi 2014: el suplemento


El 14 de junio de 2013 entregué a la editorial mi libro sobre vinos naturales en España. Sus páginas contenían la descripción de una utopía, es decir, un " 1. f. plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación." En realidad, no era un libro sobre vinos, sino de viajes, y una autobiografía, que mezclaba lecturas con experiencias, viajes con vinos vividos, bebidos y charlados, comprensiones y voluntades para describir un plan optimista y, por supuesto, utópico: en un mundo ideal, el vino que me gustaría hacer era el que describía en la primera parte del libro. Y en el mundo real de la España vitivinícola que he vivido desde 2006 hasta 2013, algunas de las personas, paisajes, viñedos, cepas y bodegas que hacían vinos que se acercaban a esa utopía, eran descritos en la segunda parte del libro.

La tesis era clara y en los últimos días ha sido rabiosamente actualizada por la muerte de García Márquez: José Lezama Lima, "la naturaleza termina engullendo el paisaje formado por Macondo y la casa. En algún momento se rompió el diálogo del hombre con la naturaleza y la estirpe fue condenada a la soledad". En algún momento entre el final de la Guerra Civil y algún Plan de Desarrollo, se rompió en buena parte de España el diálogo entre el hombre y sus paisajes con viñedo. Antonio Saborido lo definió mejor que nadie: "los agros perdidos". Cepas abandonadas o cultivo subordinado a la producción y a la tutela de la industria química y a la maquinaria que permitía pasar menos horas en el campo, abandono de las variedades propias de cada lugar. Pérdida, pues, de parte importante de una cultura vitivinícola centenaria.

El libro quería explicar las historias de algunas de las personas que se resisten (da igual la edad que tengan, cuál sea su condición, el lugar de España en el que hagan su vino, las uvas con las que lo elaboren...) al avance de la monotonía industrial, perseverando en su polisemia artesanal: como decía, Jules Chauvet, el vino, cuanto menos lo toques, mejor. Y en el campo, cuantas menos cosas tengas que hacer, mejor también. No hay añada que se parezca a otra, no hay dos tierras plantadas con un mismo clon que den la misma uva, no hay dos personas que se planteen hacer el vino exactamente de la misma forma. Beberse un paisaje con la menor intervención posible. Eso quería explicar a través de algunas de las personas que lo hacen hoy posible.

Pero han pasado los meses...Han llegado caras nuevas, nuevos viajes, experiencias, nuevos vinos vividos y bebidos. También quedaron personas y bodegas con los que no pude concertar una cita: vinos que ya me gustaban  y llamaban la atención antes de entregar el libro pero sobre los que no pude escribir porque no había pisado sus viñedos. Con todos estos momentos, que no pudieron entrar en el libro, he garabateado una libreta. Creo que no voy a escribir otro libro y me parece bonito (sean las bodegas más o menos conocidas: de todo habrá para quien decida pasar por aquí y leer) que en el primer Sant Jordi que el mío va a vivir en la tranquilidad y sin presentaciones, con los amigos que decidieron tenerlo en sus casas, comparta las notas de esa libreta. Aquí van, pues, las personas, bodegas y vinos, que formarían parte de un primer suplemento del libro, con una mínima opinión sobre cada uno de ellos. Como en el libro, se trata de una selección.

Aquellas bodegas que podían haber salido en el libro porque las conocía antes del 14 de junio de 2013, he bebido y disfrutado sus vinos pero no pude visitar por mil razones distintas: Bodegas Dagón, de Miguel Márquez Sahuquillo: él es como su uva, bobal. Bodegas Naranjuez, de Antonio Vílchez: hombre libre con enorme talento. Comando G, de Fernando García, Daniel G. Jiménez-Landi y Marc Isart. Bodega Marañones, de Fernando García y J. Fernando Cornejo: los corazones de la garnacha de Gredos. Bodega y Viñedos Mengoba, de Gregory Pérez: alma borgoñona para la godello. Descendientes de J. Palacios, de Álvaro Palacios y Ricardo P. Palacios: la mencía puede ser, también, suprema y austera delicadeza. Bodega Dominio del Urogallo, de Nicolás Marco: orgullo de terruño y de variedades autóctonas. Azul y Garanza Bodegas, de María y Fernando Barrena y Dani Sánchez Noguè: dominio del desierto, donde también hay frescura. Loxarel Vitivinicultors, de Josep Mitjans: pureza y sabiduría. Casa Pardet, de Josep Torres: el sabor de la tierra. Celler Laureano Serres Montagut, de Laureano Serres: torrente indomable. Bodegas y Viñedos Alfredo Maestro, de Alfredo Maestro: otro torrente indomable. Marenas. Viñedo y Bodega, de José Miguel Márquez: la reflexión y la fidelidad, la perseverancia y la pausa, sabiduría antigua. Ton Rimbau, de Ton Rimbau: la visión y la autenticidad.

Aquellas bodegas que no podían haber salido en el libro porque las he conocido mejor después del 14 de junio de 2013. He bebido sus vinos y he pisado ya alguno de sus viñedos, pero no todos. No les conozco tanto...: Bodega Couto Mixto, de Francisco Pérez Diéguez: en Mandín vive un duende. Ulibarri Artzaiak, de Iker y Asier Ulibarri: la fuerza de la integridad. Mas Candí, de Ramon Galimany, Toni Carbó, Mercè Cuscó y Ramon Jané: creen y llegarán. Celler Jordi Llorens, de Jordi Llorens: su fruta lo dice todo. Clot de les Soleres, de Carles Mora: creo en ellos, sus cepas crecerán y ellos también. Celler Partida Creus, de Massimo Marchiori y Antonella Gerosa: Leonardo son dos, trabajan en el viñedo y en la cocina. Succés Vinícola, de Albert Canela y Mariona Vendrell: el trepat es poliédrico y viene más. Celler Còsmic Vinyaters, de Salvador Batlle: todo. Sedella Vinos, de Lauren Rosillo: otra Axarquía es posible. Almaroja, de Charlotte Allen: Puck en Fermoselle. Sexto Elemento, de Rafa López: esto de Venta del Moro es para estudiarlo con calma. Finca Llano Rubio, Viña Enebro, de Juan Pascual López Céspedes: piedras y cascajo, torrente y cordialidad, tranquilidad.

Adega José Aristegui, de José Luis Aristegui: yo siempre hago caso de Marc Lecha. Quinta Milú, de Germán R. Blanco: qué gozada de fruta y de hombre. Sicus Terrers mediterranis, de Eduard Pié: a la pureza por la reflexión. Celler Vinya Oculta, de Amós Bañeres: sorpresa y encanto. Alemany i Corrió, de Irene Alemany y Laurent Corrió: su camino es largo, su llegada, mágica. Lagar de Sabariz, de Pilar Higuero: poco pero intenso. Bodegas Cueva, de Mariano Taberner: a la chita callando. Celler Finca Parera, de Rubén Parera: calentando motores. Laboratorio Rupestre, de Eric Rosdahl: procede de una época en que no había separación entre continentes. The Wine Love, de Gonzalo Gonzalo y Mar Cambero: ¡qué bien suena esta Rioja! Clar de Castanyer, de Rafael Sala: discreción e intensidad. Cava Vendrell Olivella, de Joan Manel Vendrell: alegría y reencuentro. Daniel Ramos Wines, de Daniel V. Ramos: talento desbordante. Infraganti Tierra y Vino, de Pablo Parro y Ricardo López: el campanazo que está llegando.

Aquellas bodegas sobre las que, aunque no están en el libro, he escrito en el blog y podrían salir en cualquier sitio...Por supuesto, he bebido y disfrutado sus vinos no pocas veces: Clos Mogador, de René Barbier y Isabelle Meyer: esencia, pureza, libertad, con ellos las cosas tienen un sentido. Mas Martinet Viticultors, de Josep Lluis Pérez: el Leonardo da Vinci del Priorat, su reflexión y su experiencia nos devuelven la esencia. Venus La Universal, de René Barbier y Sara Pérez: con ellos podría cerrarse el círculo en el Priorat. Quiero estar dentro cuando eso suceda. Cellers Joan d'Anguera, de Josep y Joan Anguera: valientes, sabios, raíces profundas, hay que beber su cambio. Castell d'Encús, de Raül Bobet: el que más sabe tenía que llegar a una conclusión así. Bodegas Nanclares, de Alberto Nanclares: bondad, comprensión intuitiva, identificación completa con su viñedo. Adega As Furnias, de Juan González Arjones: emoción, recuperación, alegría de la vida junto al río que fue mar.

Sobre intuiciones no puedo escribir ni recomendar. Primero hay que beber los vinos. Pero tengo anotaciones para seguir buscando. Y creo que se confirma algo que comentaba en el libro: lo que sucede en España, como ya  pasara en Francia hace casi 40 años, no es una moda pasajera debida a la crisis económica y sistémica, sino un cambio de actitud: en estas personas, con sus viñedos y paisajes, con sus uvas y vinos, en sus bodegas, la relación entre hombre y naturaleza con cepas se ha recompuesto. Si habláramos del tanto por ciento de botellas en el mercado que esto representa, seguro que sería una cifra muy baja. Pero lo que interesa ahora es destacar la calidad y significado de lo que está sucediendo, no la cantidad. Y está sucediendo. Y está empezando a suceder bien.

¡Muchos libros y muchos vinos para todos!

La primera fotografía es de un viñedo de Barranco Oscuro, en la Contraviesa. La segunda, de Les Tosses, de Terroir al Límit, en el Priorat (de Rafel López-Monné). La tercera, del viñedo de Olivier Rivière en Navaridas, la Rioja. La cuarta, de un viñedo de Bernardo Estévez, en Arnoia. La quinta,  de Finca Sanguijuela de Federico Schatz, en Ronda y la sexta, de La Casilla de Juan Antonio Ponce, en Iniesta. Hermosos viñedos, todos ellos. Grandes vinos. Mejores personas.

16 abril, 2014

Un postfacio: presentación en Vins&Teca

Todo preludio, prólogo, prefacio tiene su postfacio, epílogo, postludio (J.M.Blecua me matará...). La Música del vi y Alimentaria-Intervin no podían ser menos. Y los posts que he dedicado a comentar algunos de los vinos que más me gustaron en esos eventos, encontraron un eco inesperado el jueves 3 de abril por la noche. Un eco lleno de sonrisas, de abrazos, de caras amigas, de buenos vinos. El mejor broche para una semana tan agitada como ésa. Quién iba a decirlo pero resultó que todos los caminos a Villa Favorita y a Vini Veri pasaban por la tienda de Gumer en Sant Andreu, Vins&Teca.

Porque resultó que Samuel Cano (Patio, La Mancha), Ramón Saavedra (Cauzón, Cortes y Graena), Friedrich Schatz (Bodega Schatz, Ronda), Luis Duritz (Marenas, con José Miguel Márquez, Montilla), Joan Carles y Barbara (Can Torres, Sant Climent Sescebes), Juan Pascual López Céspedes (Viña Enebro en la Finca Llano Rubio, Bullas) y Miguel J. Márquez (Dagón Bodegas, Venta del Moro) paraban en Barcelona camino de Italia. Yo pensaba que iba a probar alguna botella y a conocer la tienda de Gumer (¡que ya me apetecía mucho!) y resulta que me encuentro a toda la tropa a pie de tonel y de copas, con una sonrisa de oreja a oreja y dispuestos a todo. Horas estupendas en las que probé nuevas añadas y descubrí cosas que no conocia y que me agradaron mucho. Qué más puedo pedir...

Me llamó mucho la atención (y ganas enormes me quedaron de pisar sus viñedos en Bullas) el trabajo de Juan Pascual López Céspedes. Había probado hace años sus vinos, una sola vez, y no había retenido nada en especial. Pero su método ancestral con monastrell, Viña Enebro Rosado Vino natural de aguja 2013...bufff...Por palés lo tomaba ya con estos primeros calores. Frescura a raudales en un clima secano radical y con caliza por todas partes, ligera tanicidad, color hermoso y burbuja amable. Las mismas cualidades, sin burbuja, encontré en su Viña Enebro Joven 2013, otro monastrell que se toma como agua del botijo, zarzamoras maduras y bien negras, mirto. Me sorprendió el Demontre 2013 de Can Torres. Conozco el paisaje de privilegio en el que crecen sus uvas, sé de la tenacidad e ilusión enormes de Barbara y Joan Carles pero me faltaba ese vino que me dijera "vamos ya para arriba!". Es el Demontre 2013, sin duda. Con más garnacha que cariñena y vinificación exclusiva en lagar, este vino es una hermosa expresión del amor por la tierra (no hay otra cosa en la botella) emporitana que mira al Pirineo, fresco y fragante, con una pizca de carbónico todavía, con garra y profundidad. Yo no me lo perdía.

Federico Schatz estaba de duelo por la muerte reciente de su padre (esa imagen sigue sin marchar de mi retina...) y mi pena estuvo con la suya. A pesar de eso, el abrazo y la sonrisa no faltaron. Y de sus vinos, que siempre están a una altura grande (ese microcosmos que es Finca Sanguijuela no suele fallar), me quedo ahora mismo con su rosado, Z Rosado 2013, uno de los que más me gustan de España, hecho con la variedad de su tierra nativa Muskatröllinger (la que Joan Milà plantara también en el Penedès)  y que huele a todos los jarabes de frambuesa que tomé cuando era niño, pero con una naturalidad y una textura en boca que apabullan. A su nivel habitual están, aunque subiendo peldaños hacia la excelencia añada tras añada, el Cauzón blanco 2013 de Ramón Saavedra y el Aire en el patio 2013 de Samuel Cano. Este último me cautivó, con una energía y una tensión que no recordaba en las añadas anteriores. Me faltó el Montepila 2013 de Marenas (tengo la tranquilidad de saber que algunas cajas están ya en L'Ànima del vi...), el vino con el que José Miguel y Luís han dado un giro copernicano. Y me llenó lo que no está escrito la bobal joven de Dagón Bodegas, Miquelius. 

11 abril, 2014

Miércoles de exaltación

La segunda acepción del DRAE es la mía: "Exaltación. 2. f. Gloria que resulta de una acción muy notable." Notables de verdad fueron las cosas que sucedieron en mi segundo día en Alimentaria y ése es el título del post. Notables por la calidad de lo que bebí, por la bondad de las personas con las que charlé y por la novedad (para mí, claro) de algunos de los vinos y bodegas que conocí. La gloria de este miércoles procedía de la exaltación. Que empezó en el pabellón 2, no el 3 (Intervin). En un rincón de la zona de productos ecológicos (qué cosas) algunos viticultores esperaban...no era su zona, claro, y había que ir adrede. Acerté, vaya si acerté. Ton Rimbau puede parecer excéntrico. No lo es. Es heterodoxo. Pero no porque haga cosas que no debe, sino porque hace cosas a las que la gente debiera atender y sólo él y algún otro, que comparte sensibilidades con él, hace. Lo suyo es el trabajo en el viñedo y la manutención de las botellas y las cajas donde se guardan. Trabajos todos ellos que hace con excepcional atención, calidad y sensibilidad. No se queden en su caparazón, charlen con él y aprendan. Merece la pena.

Su ecología en el viñedo (permacultura: el viñedo tiene que encontrar per se su equilibrio), sus prácticas biodinámicas, el uso terapéutico de los colores, la elección de los recipientes para sus vinos, cómo y dónde los guarda. Y su alianza con Manel Aviñó (Can Ramon), en la que Manel trabaja la vinificación con una sola condición (no puede alterar con nada la fruta que sale del viñedo), hacen que el proyecto de Ton sea único en este país. El tiempo le está dando ya la razón, aunque sólo el paso de los años por estas botellas de 2011 (las que bebí) pondrá a cada cual en su sitio. Ese miércoles, el Porcellànic Vino Xarel.lo 2011  (botella negra) estaba excepcional. Llevaba 24 horas abierto y mostraba, sin red alguna, la autenticidad del xarel.lo: salinidad (de una tierra con arcilla y mucha cal...yeso), astringencia, cierto amargor en posgusto, fósforo, manzana, hollejos...Con doce meses más de reposo (lo había probado en botella pequeña en Villa Más), su Porcellànic Brut Natural con lías será un espumoso (doble fermentación en botella, sin degüelle previsto: el degollador eres tú abriendo la botella cuando la consumas) de reflexión cuando llegue al mercado: cómo, por qué hace Rimbau todo esto. Cómo llega a un resultado tan excepcional desde su heterodoxia, se preguntará la gente. Con un perlaje delicado en extremo (como el hilo de las telarañas que tanto le ayudan en el campo), este espumoso huele a tierra, huele a lías, huele a la hierba que protege la tierra de la que nace, huele a gran vino, en dos palabras. Finura, frescura, autenticidad, mineralidad extraordinarias. No dejemos que este heterodoxo se convierta en marginado: sus vinos y su reflexión merecen todas las atenciones.

Amós Bañeres es una de las fuerzas tranquilas del Penedès. Tranquila y oculta. Llega a las cepas y al vino por caminos no convencionales y su bodega no podía tener otro nombre que la Vinya Oculta. Un pequeño viñedo de xarel.lo (también tiene algo de sumoll y macabeo) de menos de 2 Ha al sur de Vilafranca del Penedès, en un alto desde el que se ve el mar. En ecológico con prácticas biodinámicas, busca el momento de vendimia y sabe qué parte de su viñedo irá a qué vino en función de esa maduración perfecta. Su monovarietal V.O. 2011 recoge la parte central y más madura del viñedo, derrapada a mano, con una fermentación que arranca espontánea (cuatro días de prefermentación) en botas de 300L de roble francés. Sin clarificar ni estabilizar y con la madera todavía bien presente, es un vino de buqué muy delicado y complejo, largo, con flor de retama, calcáreo y muy salino. Punto y aparte para su extraordinario V.O. Diables 2012 que recoge xarel.lo tardío, desraspado, prensado y hervido, reducido en un 50%. La FAL dura lo que no está escrito (250 gr/L de azúcar residual...) y el resultado final es un caramelo líquido de hierbaluisa, frescor de impresión, ligera volátil, manzana al horno, azúcar cande, higos secos con harina y fruta, mucha fruta. Un nombre y una bodega que no hay que olvidar...Pero hubo más, mucho más, ya en Intervin.

Por ejemplo, los Flower and the Bee 2012 ó 2013 de Sebio, con un blanco monovarietal de treixadura 2013 (ay...ese TBA carbónico que no saldrá al mercado...) que dará un placer enorme en un par de meses, redondo a pesar del 2013, con fósforo, con flor de tilo en su momento de máxima expresión; o el tinto 2012, monovarietal de sousón, con una fragancia descomunal y sólo tres mesese de barrica, brezo, caramelo ácido de violetas, tipicidad del varietal de impacto. Conocí a  Infraganti Tierra y Vino, el proyecto de Pablo Parra y Ricardo F. López con la ayuda y apoyo del kapi, con algún vino de impresión de variedades de la Sierra de Salamanca (en El Tornadizo). El que más, quizá, Majal Peral 2012, 100% rufete, de un viñedo a 900 msnm y orientación este en el que no se practica cultivo alguno más que la poda. En bodega se despalilla a mano, no se estabiliza, no se filtra, mínimo sulfitado sólo al embotellar. Estos tipos son unos vagos, lo saben y lo reconocen, y sus vinos se hacen solos. Primer golpe de nariz: el tinerfeño El Ciruelo...Tremendo Majal Peral 2012, ligero, ágil, tomillo, lavanda, frambuesas salvajes, ciprés, bosque al atardecer, algo de hojarasca...Como ellos muy bien dicen (porque no podré aquí escribir de todo lo que probé...), "no todo el que vaga está perdido". Ellos seguro que no: grandes.

Como grande es Daniel V. Ramos, Zerberos Finca, el "kapi" (el terror australiano de El Tiemblo y de Cebreros, pura energía y alegría, que hace los vinos que le da la gana porque "si no los vendo, por lo menos bebo a gusto". Ojo con la Cooperativa de El Tiemblo, auténtico vivero de talento vitivinícola en estos momentos: Zerberos Finca, Ambiz, Maldivinas, 4 Monos trabajan allí...En el reino de las garnachas de altura, uno de los que mejor entiende las cosas es Daniel Ramos, sin duda. Probé todo, disfruté con casi todo, pero me quedé con dos vinos y con una sensibilidad. Ésta es: en un momento en que todavía hay mucha moda y poca reflexión sobre el barro en la vinificación del vino, Dani y los de El Tiemblo están de suerte. El pueblo conserva un alfar y sus ánforas proceden de una tierra que es la misma que alimenta a sus cepas. Y los vinos. Dos. La garnacha que más me gustó, la que me recordó ya a primer golpe de nariz Cornella's Vineyard Grenache de Jasper Hill (una de mis cumbres garnacheras), Del Tiemblo "Los Chorrancos" 2011. Viñedo cara norte, cerca del Alberche, pinos , jaras, tomillo, laurel, monte, más jara, muy fragante. El vino es la finca. Con un 30% de raspón y un pinchazo final de sal (en esas alturas se replegó el mar), es uno de los grandes vinos que descubrí en esta feria. Como lo fue, también, aunque un peldaño y medio por debajo, su Zerberos Vino Precioso 2010, un blanco 100% albillo en arena de descomposición granítica, 14,5%, racimo entero, estrujado y prensado, 9 meses de barrica de roble francés. En efecto: precioso, con presencia de lágrima, casi licoroso y un buqué lleno de primor, levaduras, hollejos, hinojo salvaje, lavanda, flor de tilo, castaño. Todavía algo pesado en boca, cuando termine de digerir la madera, este vino será un vinazo. Como lo será su rosado kapi Rosé (24 horas de maceración y 15 meses en barrica) un vino por el que, algún día (unos pocos años), haré una tontería.

Y me dejo un montón de cosas. Y me olvido de otro montón. Y me pasó por alto (ahora sé algunas de ellas...) un tercer montón. ¿Alguien dijo que en Alimentaria-Intervin no pasaban cosas? Hay que hacer lo de constumbre, cuando se habla de cosas de la naturaleza: mirar con atención. Y si no, busquen ustedes y lean En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza (desde la misma piedra en el mismo bosque) de David George Haskell (Turner  Publicaciones, Madrid, 2014).

06 abril, 2014

Martes de gloria

Al final, tomé una decisión drástica. Pido disculpas a la gente que me esperaba en actividades off-Alimentaria, pero decidí concentrar todo mi tiempo y atención a lo que pudiera suceder en la feria, tanto en Intervin como en algún otro pabellón. Tenía suficientes indicios como para pensar que había un montón de gente interesante, que había hecho un gran esfuerzo por estar allí (todos lo hacen, por supuesto, pero la proporción es algo que hay que tener en cuenta). Y había que charlar con ellos y beber con calma sus vinos. Calma relativa, claro...el martes se pudo pasear por la feria con relativa tranquilidad (el off vació quizá más de lo deseado), pero el miércoles el lleno fue de bandera. Hablemos ahora del martes.

El estand en el que, de antemano, sabía que se concentraba mayor talento era el A143 de Intervin. Roca Madre Viña y Vino (Tentenublo, Saó del Coster, Akilia, Maldivinas, Dominio del Urogallo y Almaroja). No lo probé todo porque algunas cosas las tenía más frescas que otras, pero de mis notas me quedo con el albillo real de Cadalso de los Vidrios de Maldivinas, Combate 2013, sobre granito descompuesto, cepas, olivos e higueras. 70 años. Maceración con pieles, arranque de fermentacion espontáneo, pisado, desfangado natural, madera de cinco vinos, batonnage decreciente: mucha suavidad en todo el proceso para un vino que es pura miel, hinojo, orejones y frescura. Un vino para el futuro pero que muestra ya el camino del placer. Doble Punta 2011, garnacha, pertenece a uno de los viñedos más bonitos de España, lleno de cristales de cuarzo de doble punta que le dan una entidad y una energía únicas. Mineralidad, tierra a tope. Abejas y abejorros revolotean. Moras y vida. Cerezas y tomillo. 100% de raspón en esta añada. Una de mis garnachas de referencia.

Dominio del Urogallo tiene una máxima: "cuando llegamos con las cajas de uva a la bodega, el vino ya está hecho". En tierra de Cangas, en bancales y laderas de vértigo, las variedades de la tierra están encontrando el camino de su máxima expresión. Creo que les falta algo de tiempo, pero arrieros somos y en el camino andamos. Puede que no fuera el mejor día para los vinos de Nicolás Marco y Paco Asencio (nerviosos algunos, recién embotellados, intranquilos, cerrados...) pero su Retortoiro 2011 llamó poderosamente la atención: 90% de verdejo tinto, 13%, suelo de alta montaña cuajado de pizarra, cuarzo y antracita, 50% de raspón, sin pie de cuba. Sin filtrar ni estabilizar. Muy fino, finísimo grafito. Es un vino azul. Mirto. Tanino pequeño, jugoso. Posgusto muy largo. Almaroja, Charlotte Allen (en transcripción fonológica de Samuel Cano, la "charlat-ana"), inglesa de pura cepa en tierras de Fermoselle. Empapada de la tradición atlántica de los polivarietales, sus vinos son su tierra, su tierra (en sus manos se ve con claridad) empieza a ser ella. En viñedos graníticos llenos de piritas nace, claro, su Pirita blanco 2012. Donablanca, godello, albillo de cepas de más de 70 años, cultivo ecológico con algunas prácticas biodinámicas. 13,2%, sin maloláctica, es un vino salino, vino de campo, rústico y con entidad, muy fresco y de poderosa fragancia, pieles, levaduras, membrillo, muy para comer y beber. Su Pirita tinto 2012 recoge con mayor decisión todavía la tradición noroeste que mana del Ribeiro: 17 variedades de uva contiene, entre las que la Juan García domina con un 65%. Brezo, alta mineralidad, muy atlántico, cierta volátil, astringente, violetas. Vinos que hay que beber, sin más.

Quinta Milú, de German R. Blanco, es la nueva dimensión de la Ribera del Duero, que no nace en Valladolid, sinó en Burgos. Goyo García Viadero, Kirios de Adrada y, ahora, Milú. La Aguilera, pueblo a 900 msnm, mínima intervención en el viñedo y ninguna en la bodega. El PH de la tierra se encarga de todo. Trabaja con pie de cuba del viñedo, no filtra, no clarifica, no estabiliza, sulfitado mínimo antes del embotellado. El goce, la alegría grande de reencontrar los sabores de la tinta del país, con fermentaciones en barricas abiertas de 500L, sin despalillar, y de 15 meses de barricas de 225 y 500L. Eso es La Cometa 2012. Rico y fácil de beber, pero al mismo tiempo con el empaque de un vino de guarda. Violetas, frescura, aires de monte. Este vino realmente vuela...Vinos buenos, vinos de pueblo, vinos artesanos hechos por un cachondo mental que sabe muy bien qué se lleva entre manos. ...La Maldición. Tinto para beber de Marc Isart... 2013, DO Vinos de Madrid, 13,5%, tempranillo con un 15% de malvar. Marc está harto de explicar gilipolleces sobre sus vinos. Lo acepto. Háganme ustedes caso, por favor, y beban este vino: el nuevo hit de esta primavera-verano. Lo tiene todo.

Un párrafo único, breve, contundente para el mejor vino que he bebido en esta edición de Alimentaria, en Intervin. Reserva Particular de Recaredo 2004, degollado al instante. Imagínense ustedes con unos meses de reposo. Una añada excepcional, un vino único. Finura y complejidad sin límites. Uno de mis vinos para siempre.

Josep Foraster (DO Conca de Barberà) me encantó con dos botellas. La primera fue su Macabeu Brisat 2013. De las laderas de la sierra de Prades, en tierras de aluvión, calcáreas con pizarra superficial, cepas de macabeo de 45 años. 15 días (quince) con las brisas y no es un vino naranja ni nada que se le parezca. A 16ºC. Sin clarificar ni estabilizar, sulfitado solo al embotellar a niveles mínimos, levaduras indígenas. Sabor de esas levaduras, de las pieles, de manzana madura, con una acidez  brutal y una sapidez enorme. Un vino banco con alma de negro, suave tanicidad, jazmín, bourgeon de cassis. Muy gastronómico. Una sorpresa agradable. Su Foraster Rosat Trepat 2013 también me gustó. Soy de rosados, qué se le va a hacer...De viñas más jóvenes, tiene un sangrado tras 6/7 horas de maceración. Muchas fresitas salvajes del bosque, pieles, levadura de Paris, pimienta roja estrujada. Muy trepat pero con suavidad y buena entidad. Lo han clavado en este 2013.

El día terminó en la gloria, con dos vinos de entidad muy distinta, uno del norte, otro del sur. "Yo soy del sur, tú eres del norte...haremos que no importe, que no importe..." A mí me dio alas para volar tras una jornada entera de pie y sorbiendo vinos, pasiones, historias, anhelos y sensaciones. De Volvoreta (María Alonso, en Sanzoles, DO Toro) procede la reivindicación del carácter alegre y festivo, sin perder ápice de su identidad, de la tinta de Toro. Las suaves laderas de su pueblo, con viñedos a los que María da sólo suero de oveja y en bodega ni eso (levaduras autóctonas con pie de cuba en el viñedo, y punto, ni más ni menos), regalan un Vino Volvoreta 2011, con 14,5%, que tiene una fragancia de impresión, enorme concentración, río de cerezas picotas, violetas recién cogidas, con un punto de densidad, de acidez y de frescura que auguran largos años de vida, con 5 mg/L de sulfitos...De Montilla-Moriles, Toro Albalá en el estand de Vinum Nostrum, bebí por la generosidad de unos amigos, una copa de ese tipo de vino que da sentido a cualquier tradición vinícola: Don PX 1946 de Toro Albalá. Un vino inmortal al que no le pasará lo que a Disney: tiene tanto azúcar que no se puede congelar...Todos los aromas del humo, todos los sabores de los frutos secos, todas las gracias del sol embotellado y de la uva pasa, todos los aires del campo en septiembre tras un cálido agosto, las higueras, los rastrojos. Pero a la sombra de un buen árbol...Porque también conserva frescura y acidez. Otro vino que lo tiene todo para rematar un gran día. ¿Quién pensó que en Alimentaria no pasaban cosas interesantes? En el próximo post, más...


01 abril, 2014

Un preludio: La Música del Vi

Se trata de una de esas contraprogramaciones que acaban formando parte habitual y natural de la programación al amparo de la que nacen. Sin La Música del Vi de Vila Viniteca, Alimentaria e Intervin no serían lo mismo. Suena casi a paradoja pero así lo veo ahora. Más de 3500 personas habían solicitado y obtenido la acreditación y el octavo movimiento de Vila reunía a más de 120 bodegas en la Casa de la Llotja de Mar. Una cohabitación muy compleja, a pesar de la extraordinaria sala gótica de contratación de la Llotja y del desahogo que representa su patio. Ni a primera hora parecía posible beber con calma los vinos y charlar con sus productores.

A pesar de todo, mi pequeña crónica de vinos de esta semana encontró algunas cosas que destacaron sobremanera. Vaya por delante: me pareció imposible probarlo todo, por una parte. Y no soporto dar o recibir codazos por una copa de vino. Así las cosas, este año he elegido en función de algunas bodegas que me apetecía mucho seguir en su evolución y, también, en función de los huecos que se iban abriendo alrededor de las mesas. Por orden alfabético, mi breve lista de ayer anotó: nunca había probado un 4Kilos de 4Kilos Vinícola (VdT de Mallorca, Felanitx) tan fresco y generoso como este 2012. Y digo, sin rubor, que uno de los mejores vinos que he bebido en esta sesión es el Motor 13, un fogoneu monovarietal (tal como lo leen) del que hay pocas, muy pocas botellas, que me ha parecido de una fragancia casi borgoñona y una facilidad en el beber desbordantes. Impresionado quedé.

Alemany i Corrió, en la DO Penedès...andaba detrás de su Despullat 2012 pero hoy he estado de suerte: Laurent había sacado una muestra de barrica del Despullat 2013. Una cariñena monovarietal del Garraf de cepas de 70 años que me ha dejado sin respiración. Violetas, frambuesas, tensión y potencial enorme junto con fruta, mucha fruta para un vino hecho con un 75% de raspón y sin sulfitos añadidos. Sigan ustedes a esta pareja... De Álvaro Palacios (DOQ Priorat), me ha encantado su Finca Dofí 2012, un vino para muchos años, casi monovarietal de garnacha, que es puro caramelo (como decía Oriol) de fruta madura y concentrada, fresca y, sí, ácida. De Cal Raspallet Viticultors, (DO Penedès), Improvisació 2012: como muy bien apunta Enric, no es la segunda marca de la casa, es otro vino y en 2012 un vinazo de xarel.lo, con maderas de tres años distintos, algo de cemento, ya sin mareo de lías (la fruta del 2012 es muy intensa y no le hace falta más) y mucha flor de tilo y calidez en boca, no exenta de un grato posgusto herbáceo.

Una de las gratas sorpresas del 2011 en la DOQ Priorat: De Clos Erasmus, Laurel 2011. Para Daphne no fue año de Erasmus y la fruta que estaba en grandes condiciones (a mí, digan lo que digan, 2011 me parece un año de gran interés en la DOQ) fue al Laurel. El mejor de su historia. Sin más. No se lo pierdan, por favor. Otro de los grandes, con toda la música y la sencillez de Elisa y Enrique: de Domaines Lupier, El Terroir 2010. Si La Dama 2010 es volumen, curvas, raso, sensualidad y dulzura, El Terroir (uno de mis preferidos entre todos) es tierra, frescura, limpieza, verticalidad, austeridad, buqué único. Un vino para comprar ahora y para disfrutar ahora mismo y en muchos años. Una gran garnacha. Por palés.

Y para terminar, dos tesoros bien conocidos de los amantes del buen vino. Pero no por ello menos tesoros...: de Roberto Voerzio, su Barolo La Morra 2004; y de Château Tertre-Rotebeuf (Saint-Émilion), su Tertre-Rotebeuf 2006 (80% merlot, 20% cabernet franc), dos clásicos en dos grandes añadas (sobre todo el primero), máxima expresión (aunque no se lo crean los detractores del merlot) de seriedad, austeridad, longevidad y tipicidad, rústica y amablemente agreste. Mañana o pasado, más, ya desde Alimentaria.

Vaya, otro post sin fotos...