27 febrero, 2014

Un año


Ayer hizo un año que salí de viaje por España para descubrir a las personas, los paisajes, los terruños con los que se hacían algunos de los vinos que me gustan de este país. No tengo excusas ni quiero un post melodramático. No me gusta el melodrama. Sí la tragicomedia. Pero mi viaje no fue ni lo uno ni lo otro. Los vinos fueron un pretexto. Ahora lo sé. Ahora lo veo claro. Lo importante, lo sustancial fueron las personas que encontré y que han cambiado mi vida. Sin ellas no hay vino, por supuesto: su mirada, su cabeza, sus manos se posan sobre un paisaje con cepas y la uva acaba en una botella. Este milagro de las fermentaciones, con todo, no es nada comparado con la fermentación que provoca en el espíritu de uno el encuentro. Viajar es conocer pero, sobre todo, es reconocerse en trozos de los demás. Sigo de viaje y todavía no sé dónde voy. Pero hoy se cumple un año del viaje más importante de mi vida pasada. Del futuro, no sé nada. Mañana será un buen día para pensar en voz alta sobre qué me ha pasado, cómo y por qué han sucedido las cosas. Y a lo mejor veo por dónde sigue el camino.

26 febrero, 2014

Vd'O 1.07


Alguien tendría que explicarme algún día, con calma y datos, qué es lo que pasó en la cosecha de 2007 en la DO Empordà. No me basta, lo siento, que en la página de la DO se diga "2007: excelente". Eso ya lo sabemos los que llevamos unos cuantos vinazos de esta cosecha, sobre todo en lo que a cariñenas se refiere. Alguien tendría que explicarme, también, por qué las cariñenas de 2007 son tan excepcionales. Cada una en su estilo, cada una con lo que su tierra lleva, cada una con lo que los padres de la criatura han querido darle, he bebido algunos vinos que no se me van de la cabeza, con esta variedad y en esta añada: Celler Martí Fabra Els Estanys 2007; Celler Roig Parals Camí de Cormes 2007; y ahora este Vd'0 1.07 de Vinyes d'Olivardots en Capmany, aunque los viñedos  de cariñena están en Vilamaniscle. Cariñena en tierra de pizarra, ése es el significado del número 1 para la bodega. 1.07 = cariñena en tierra de pizarra del 2007. Esa es la llamada de alerta máxima para mí cuando veo la botella. Cariñena de cepas viejas (más de 80 años) de una añada en una tierra que, a pasos casi de perdiz, se está convirtiendo en uno de mis fetiches.

Premaceración en frío. Fermentación a temperatura controlada. Remontage. Pigeage. Maceración larga. Prensado suave. Barricas de roble francés. Batonnage y fermentación maloláctica en ellas. Lías. 16 meses de silencio. Embotellado en  mayo de 2009. Estoy describiendo un perfil de trabajo en la bodega que no me llama mucho. Y a pesar de ello, esos 15% y esa acidez perfecta, contienen la esencia de los grandes vinos. Hay que decirlo y hay que reconocerlo. Reposado en botella hasta febrero de 2014. Abierto con dificultades (el corcho se rompió...), me vi obligado a decantarlo. No creo que le fuera mal. Pizarra intensa. Óxido de hierro. Mineralidad de impresión. Densidad. Cierta untuosidad. Cuerpo. Presencia. Cerezas en alcohol. Harina de algarrobo. Al mismo tiempo, fresco y cítrico. Piel de naranja confitada: fruta escarchada. Flor de eucalipto. Un vino de placer para una buena carne roja. Con 24 horas, el vino encuentra su esbeltez, gana en fragancia y seducción. Intenso y profundo. Raíces. Laurel. Coca de cerezas. Levadura y lías. Tinta china roja. Regaliz. Algarroba madura. Final de ceniza de sarmiento y poso de café torrefacto.

Recuerdo muy bien dónde lo compré pero no qué pagué por él. Qué cosas tiene la cabeza...Fuera lo que fuera, merece la pena. Uno más para mi saga mágica de cariñenas emporitanas del 2007.

23 febrero, 2014

La tiranía de los 140 caracteres

Me levanto contento y descansado. Ayer por la noche tuve un estimulante (menudo adjetivo...será que el sueño me roba inspiración adjetival...) encuentro con los amigos que organizan el Salone del Gusto de Slow Food (otoño de 2014, en Torino). Vamos a montar una buena con vinos españoles allí: "in bocca al lupo!" Ayer por la noche, en L'Ànima del vi, topé, además, con varias realidades: la de un amigo que acababa de superar (me dio esa impresión, y por eso le felicité) un complicado y duro examen que le ha llevado meses de prepararación. Supe, además, que varios otros amigos estaban implicados en esa prueba y estoy contento por ellos: ¡seguro que acaban todos con el diploma deseado! Eso sí...me dejó con la mosca tras la oreja, su despedida final: "por fin, puedo beber vino sin más".

La de una amiga que había confiado ciegamente en otro amigo para un cambio de trabajo, se queda tirada "en medio de la noche" y todavía espera una explicación... El tiempo acabará colocando a cada cual en el lugar que se merece, y quien siembra vientos, ya sabemos qué acaba recogiendo...Mi amiga ha tenido suerte y ya está trabajando de nuevo, tras el insólito plantón, en otro proyecto vínico interesante.

Ayer me fui a la cama con la impresión de que José Miguel Márquez (Bodegas Marenas) cada día trabaja más fino y acertado, con más luces y conexión con su tierra y con lo que ésta puede dar. Su Cerro Encinas 2011 (montepila) me pareció un vino soberbio. Y su 2012, con poco más de botella, creo que será un gran vino también. Ayer me fui a la cama con la sensación de que Jordi Llorens (Celler Jordi Llorens) es ya una bonita realidad: su Blankaforti 2012 (CS y garnacha) es un vino de placer, con cerezas golosas, fresco, también serio. Ambos son gentes a las que hay que tener en cuenta.

Hoy me he levantado con varias convicciones. Una. Dentro de menos de una hora, Orlando Lumbreras y Juancho Asenjo nos harán pasar un rato estupendo en R3, Placeres Mundanos. ¡Atentos, pues! (y si no, al podcast todos). Dos. No te fíes de las personas que no te aguantan una mirada limpia a los ojos. Te la acabarán pegando. Tres. Siguen sucediendo un montón de cosas interesantes en el mundo del vino en este país. Y hay que estar atento para conocerlas, beberlas y contarlas para que otros las conozcan y beban también. Cuatro. No me acabo lo que sucede en nuestra vieja  Europa vitivinícola en esta reencarnación entera. Cinco. ¿A quién le preocupan los 140 caracteres?

22 febrero, 2014

Carmen y Salvador


Carmen es hija de una de mis mejores amigas. La conozco desde los diez años y hemos crecido juntos. Es simpática, sensible, inteligente y lista, pizpireta y alegre. Representa casi un ideal para mí: la gracia y la sal de la tierra en la que ha nacido, Andalucía, junto con el tesón y la fuerza de voluntad, también la seriedad, que hacen falta para sacar adelante unos estudios complejos y hacerlo, además, muy bien. Por si fuera poco, fue deportista de gran nivel y es, a la vista está, mujer de belleza singular y despampanante. Creo que estoy ya en la edad en la que me gusta quedar con los hijos de mis amigos sin mis amigos...Tuvimos una cena estupenda ayer en Rasoterra, con Carmen y José Carlos. ¿Médicos que están en Barcelona para un congreso sobre arteriosclerosis...? Comida vegetariana de calidad y vinos que van directos al corazón, ¿no? Pues ahí estuvimos: con el excelente pan de siempre; con unas alcachofas al vino blanco y frutos secos deliciosas; con unas patatas bravas hechas al horno con su piel y romero; con un hinojo rebozado en suave cabrales y con unos sabrosos, paradójicamente ligeros, gnocchi de patata (mucha más patata que harina) en un caldo con calabaza y castañas. Había bajado la temperatura en la ciudad. De golpe. La lluvia arrasó la turistada. Y nosotros, calentitos y llenos de confort en el rincón de uno de los tavoloni más bonitos de Barcelona , veíamos las horas pasar. Con charla y buen vino. Y una selección de los mejores quesos de Rasoterra, que es mucho decir porque Daniele y Chiara saben mucho, de quesos, Y seleccionan muy bien.

Salvador, de Còsmic Celler, tanto  en la sierra del Montmell (Baix Penedès), como ahora en Agullana (Alt Empordà), es una de las personas a las que hay que seguir y de las que hay que beber. Tiene una sensibilidad muy especial hacia la tierra, hacia el cultivo de sus cepas. Tiene, además, una intuición bastante clara de cómo vinificar y embotellar terruño. Y tiene tres cosas más que hacen que le considere, sin más, uno de los espejos en que la vitivinicultura de este país tendrá que mirarse. No quiere crecer deprisa...de hecho no quiere crecer. Quiere sólo vivir de las pocas botellas que, por ahora, produce. Es joven, además. Y no hay vino suyo que no me guste. En Montmell, su sauvignon blanc 2012 es un vino de raro equlibrio entre fragancia floral e intensidad mineral. Su cabernet franc 2007 (el último que he bebido) es de una pureza perturbadora. Suena a Cahors de los buenos, de verdad...Y el último que ha llegado a mí (dos botellas, bastante parecidas además, en dos meses) es su espumoso (sin DO) Gran Reserva Brut Nature 2005. Tierra de arcilla, cepas en altura (sobre los 500 msnm), ensamblaje clásico con mayoría de xarel.lo y algo de chardonnay, 60 meses en rima y 1008 botellas... La de ayer por la noche estaba soberbia, sin apenas notas de evolución, con una frescura galopante, una burbuja fina, un sabor suave de manzanas algo maduras (no al horno), un poco de nuez recién cascada, hinojo silvestre y una promesa, todavía, de larga vida por delante. Con dos quesos, en especial, estuvo muy bien: con un formaggio di fossa de oveja de la Emilia-Romagna, muy curado, y con el excepcional Fiore Sardo, también de oveja, que no me canso de comer. Salvador no sabe quién es Carmen. Carmen no sabía quién era Salvador. Jamás han oído hablar el uno del otro. Pero ayer estuvieron compartiendo mesa conmigo, para alegría de nuestro paladar y de la tierra que nos da de comer.

Con Salvador, Iolanda Bustos y unos cuantos amigos, compartiremos mesa, charla, deliciosas recetas y vinos el próximo viernes (si los dioses lo permiten) en La Calèndula. En esta cena, habrá sorpresa muy agradable...

17 febrero, 2014

Vino friki: Vueling y Ling, febrero '14

Escribo el post desde la habitación de un hotel en Valladolid. Villanubla y el páramo estaban preciosos este atardecer y el viaje en avión ha sido casi de placer. Raquel Pardo me había mandado un pdf con su artículo para la revista Ling de Vueling (sobre un bar, en Barcelona, que ofrece "nuevas experiencias" brutales). Confieso que lo había leído demasiado rápido y el avión y la revista en papel me han dado la tranquilidad que necesitaba. Su lectura, la forma cómo iba surgiendo en mi cabeza una conversación improvisada con Raquel sobre el tema de fondo del artículo (los vinos naturales), otras charlas sobre el qué, el para qué y el cómo de los blogs y de su decadencia, de los tuits y su auge, me han llevado a este post.

Lo escribo como si fuera un tuit pero sin la tiranía de los 140 caracteres. Total, pensaba en el avión, si blogger va a llevar este escrito a todos los que sólo leen tuiter. Y tuiter hará lo propio con los que leen feisbuc. Por supuesto, tiene la inmediatez de un tuit: en cuanto le diga "publícate", saldrá de inmediato. Y, claro, si alguien quiere comentar algo, podrá hacerlo aquí mismo, en el post, o en tuiter o en feisbuc. Qué más da el formato. Lo que importa es la comunicación y su contenido. Si quiero hacer un artículo de fondo y enjundia, de investigación, novedades y fotos, lo haré. Si quiero un formato breve y sin fotos, lo haré. Si quiero escribir una columna de opinión, la escribiré. Y cada cual leerá desde donde quiera. Y contestará desde donde quiera. Si le apetece. Y puedo escribir, además, desde el dispositivo móvil o fijo que me convenga. Se acabó la tiranía de la autoimposición en esta casa editorial.

"Son raros, pero molan". ¿Vino friki = vino natural? No creo que sea ésta la idea-fuerza de Raquel, pero es la que destaca (también de forma gráfica). Los vinos que son más naturales nacen y se hacen en el campo y así termina el artículo: "con prácticas que enlazan con lo ancestral, respeto a la tierra, a las raíces, a los ciclos naturales del entorno...viticultura sostenible, transparente, responsable..." Esto es lo sustancial. El "quítame allá ese sulfito", frente a todo lo que se hace (o no se hace...) en el campo es, sólo, un detalle en la vinificación. No baladí, pero uno más. Antes tienen que pasar muchas cosas, en el campo y en la bodega. No es, tampoco, una cuestión de sabores mas o menos raros. O de perfecciones o imperfecciones. Es una cuestión de "cuantas menos intervenciones, mejor", en una gradación y con una intensidad en la que no encontrarás a dos viñerones que trabajen de la misma forma. El resultado final será el de un vino más cercano que otros (de su entorno) a la realidad de la que surge (tierra, cepas, clima, personas). Eso es lo que cuenta. Y tanto para el viticultor como para el consumidor (ambos suelen confundirse, además), no es ya una cuestión de modas o de tendencias. Es una actitud de la que no hay que vanagloriarse. Hay que ejercerla y, si se puede, hay que explicarla. 

Algunos de los mejores vinos que se hacen siguiendo esta forma de entender la vitivinicultura, no suelen llevar nada escrito en sus etiquetas. Y nosotros, como consumidores, tampoco tenemos que llevar un cartel que diga "bebedor de este y no de aquél tipo de vino". "Realmente atrayentes", ¿"extrañamente seductores"? (los signos de interrogación son míos), propone Raquel. Yo creo, con ella, que son muy atrayentes, pero no "extrañamente seductores". Son necesariamente seductores, inexorablemente seductores diría, porque nos hablan con apenas filtros de algo que forma parte de nuestro ADN como seres humanos: de la tierra y de sus aromas y sabores. 

Me ha salido un poco largo este tuit...Qué más da.

16 febrero, 2014

.g (garnacha de gredos) 2012 de Orlando


En 2011, vivían en Navarredondilla (Ávila) 270 personas. A 1133 metros sobre el nivel del mar. Tocaban a 12 habitantes por km2. Pasaba sus horas allí uno más, que quería hacer vino. Orlando Lumbreras. Un loco del mundo del vino. Sin demasiados recursos propios, no se le ocurre otra que montar una acción verkami para financiar su sueño: una garnacha de parcela en suelo granítico de altura, claro. Cuando recibí su mail casi no le hago caso...Pero la intuición no me engañó. Mi pequeña aportación me trajo como regalo, al cabo de unos meses, una caja de seis botellas de una garnacha que me apetece describir con calma. Bebida a lo largo de tres días.

.g (garnacha de Gredos). Vino de parcela. Vino de pueblo. Navarredondilla. Vino de Orlando.  631 botellas. 14%. Esta es la 143 y lleva ya unos meses de reposo. Han aposentado sus virtudes, las han hecho crecer. Las han consolidado. La bebo tal y como su padre aconseja, en su momento, con fruta y calor. Zumo de zarzamora fermentado. Frescura del granito desmoronado. Brezo y laurel. Un punto de austeridad y rusticidad. Pedernal y sílice. Vino fresco pero con cuerpo y entidad. Pasa ágil, con andar ligero: ojo de perdiz. Musgo al borde del camino. Frambuesas en su punto de acidez. Regaliz roja. Profundo. Intenso. Fragante. Con las horas,  maduro: la frescura de esa tarde de agosto en la sierra. Naranja sanguina. ¿Recuerdas la sensación cuando tu mano pasa por una madera que todavía no conoce el cepillo? Nobleza de la materia primera y poca intervención. Así me suena este vino.

El arte de la garnacha... Se resuelve  dentro un acertijo de palabras y en un mar de vinos. Un poco demiurgo o hechicero hay que ser para poder acertar ese enigma casi a las primeras de cambio. El sueño de un loco del vino hecho botella. Qué placer poder beber cosas así, amigo. Vamos a por más, ¿no?

09 febrero, 2014

René Barbier: las horas de invierno


De cómo, en un mes de noviembre de hace siete años, el azar me llevó a la inauguración de una exposición que cambió mi vida. 500 años del descubrimiento del grupo escultórico del Laocoonte en un viñedo de Felice de Fredis, cerca de Santa Maria Maggiore, en Roma. Giuliano da Sangallo y Michelangelo Buonarroti, que trabajan para el papa Julio II, identifican el extraordinario hallazgo como "Hilacoonte" al que alude Plinio el Viejo. De cómo Plinio, tras una visita a la casa de Tito, hijo de Vespasiano (antes del 79 d.C., claro), describe la estatua de Laocoonte muriendo con sus hijos ante los muros de Troya, como la más hermosa obra de arte, trabajo único hecho a partir de un solo bloque de mármol, por tres artesanos rodios, Hagesandro, Polidoro y Atenodoro. De cómo Petronio, en su Satiricón, explica bien cómo el pasaje del libro II de la Eneida de Virgilio, en que se describe la muerte atroz de Laocoonte y sus hijos, es inspiración de artistas que convierten los versos en pintura sobre tabla o escultura. De cómo la lectura atenta de esos versos no deja demasiadas dudas: los escultores rodios se inspiraron también en ellos para explicar el terror y la angustia de la muerte del sacerdote y de sus hijos. Era necesaria para que Troya cayera y para que Roma naciera. De cómo Virgilio explica con horror cómo el sacerdote Laocoonte, odiado por todos (incluso por el dios al que servía, Poseidón), es el único que alza la voz para decir a sus compatriotas que el caballo de madera que los Aqueos han dejado ante sus muros no es ni un obsequio ni un acto de buena voluntad, sino una trampa que acabará con ellos. De cómo Virgilio muestra que la razón es perversa y suele rechazar la evidencia que no le apetece entender: Laocoonte arroja con fuerza una lanza contra el costado del caballo, preñado de hombres armados y de muerte. La lanza se clava, tiembla y un gemido surge de las entrañas. Nadie lo escucha, nadie comprende...Atenea completa la labor: dos serpientes enormes surgen del mar ante la masa de gente atónita y se dirigen, directas, hacia los hijos de Laocoonte. Luchan, intentan deshacerse del terrible abrazo, pero una de las serpientes ha mordido ya y ha escupido su veneno. Ha enlazado la parte central de los cuerpos y su fuerza no admite dudas. Laocoonte, poderoso y sin su cinta de sacerdote, lucha contra ella. Lanza un grito desesperado a las estrellas mientras los cuerpos empiezan a rendirse. Laocoonte, sus hijos y Troya tienen que morir para que Eneas huya, llegue al Lacio y Roma pueda existir. La Roma mítica y la renacida con Augusto. Lo mismo sucedió con la Roma del siglo XVI y Julio II della Rovere. Lo mismo sucedió con René Barbier, cuando él e Isabelle entendieron que el Priorat era el lugar donde quedarse.

De cómo, en efecto, las miradas de Virgilio, de Petronio y de Plinio llegan al Renacimiento del papa Julio II.  De cómo las miradas de los escultores Hagesandro, Polidoro y Atenodoro sobre la Eneida de Virgilio convierten un mito en materia, una historia de versos en belleza que los ojos pueden ver y las manos tocar. De cómo las miradas de Sangallo y Buonarroti convierten al Laocoonte en la pieza clave de una nueva  cultura, basada en la recuperación y comprensión de aquello que el Mediterráneo romano fue. De cómo la mirada de René Barbier sobre un paisaje, que "de tan bonito como es, parece triste", el del Priorat, es capaz de ver aquello que todavía no existe: un espacio de paz y de libertad de belleza única, donde las personas se encuentren entre ellas y con la naturaleza de una forma distinta, y donde el mejor vino sea posible por la sencilla razón de que la tierra y el clima son, también, únicos y especiales. De cómo esa mirada contemporánea de René, como las miradas antiguas de Buonarroti o de Virgilio (miradas de gente sensible, de artesanos pacientes con alma de artistas), es capaz de captar y de explicar a la gente lo que no es evidente y hace surgir una vida nueva (con la ayuda de unos cuantos amigos) de una tierra que languidecía e iba muriendo. De por qué el renacimiento de Augusto, tras los años de hierro de las Guerras Civiles, tiene que ver con el Renacimiento de Julio II della Rovere y con el renacimiento del Priorat como tierra de privilegio, de hermosura distinta y, por eso, incomparable, en la que hombres como René Barbier son capaces de sentirla con una sensibilidad y una intuición que les permite hacer vinos como Clos Mogador o Nelin.

De cómo una historia de casualidades, en la que las mujeres han tenido un papel fundamental, convierte a un "flechazo muy grande con el paisaje" en un gran vino que, en cualquier caso, jamás fue el objetivo inicial ni principal. De cómo un espíritu rebelde y sensible, a ratos más artista que artesano, se empeña en demostrar a todo el mundo que el Priorat es un lugar para quedarse, un lugar del que enamorarse, un lugar en el que vivir de otra manera con las personas, en los pueblos y con la naturaleza en forma de cepas, un lugar, al fin, en el que también los grandes vinos siguen siendo posibles. De cómo un grupo de personas nos reunimos junto a la lumbre para pasar unas horas de invierno en el Priorat, contar historias, escuchar y vernos de otra manera y beber y comer bien. De cómo hace ahora 25 años (1989-2014, atentos), el largo debate entre Isabelle y René sobre si su vida tenía que ser nómada o "estable", termina con un "de aquí, del Priorat, cuando te enganchas ya no te vas". De cómo de esta historia de sensibilidad y de amor hacia una tierra nacen amistades, nacen hijos, nacen nietos, nacen otras historias y nacen vinos que dignifican a las personas que los hacen, dan fama a la tierra que los pare y ennoblecen a quienes los bebemos: nos ayudan a entender las cosas de otra manera.

Con unas personas, en una tierra, con un paisaje y un clima. De otra manera. Más sencilla, más feliz, sin tantas barreras ni tantas trabas. Por este orden, además. Nelin 2011. Un vino que apenas está abriendo los ojos, este 2011 será un gran vino con unos cuantos años de botella. Miel de tomillo. Romero. Cuerpo e intensidad. Ligeramente tánico. Un vino de parcela, un vino que surge de la mezcla de variedades. Un blanco de antes: con lo que la parcela daba. Profundidad. Energía. Retama y un punto salino. Vino de resistencia. Clos Mogador 2010. Humus. Cassis. Cuero tenso. Chocolate a la taza con agua. Hojarasca en el bosque de otoño. Tiene una intensidad mayor a los 2010 que he probado en la DOQ Priorat. Picota madura. Buqué garni. Pizarra desmoronada. Confitura de mora. Vino de concentración. Clos Mogador 2001. (Por si alguien se escandaliza: René y yo pensamos la secuencia de los vinos de acuerdo con lo que cenábamos). "Està massa jove, encara", dice René. Hacía mucho que no lo bebía, confiesa. Músculo y agilidad. Intensidad y poder esbelto. Olivada. Sotobosque y maquia. Pizarra azul. Un vino inmortal. Un vino especial. Tiene una fuerza y un atractivo en nariz que lo hacen único. Es de aquellos que te agarra la pituitaria y no la suelta. Sin compasión, se apodera de tu nariz y de tu cuerpo. Textura entre la seda y el aire del campo. Rusticidad ilustrada. Final casi cítrico. Vino de pasión y amor por una tierra. Nelin 2008. Estilizado pero con garra. Miel de brezo. Tomillo. Ceniza de sarmiento. Nobleza. Hidromiel. Vino para que te la den con un gran queso de oveja de leche cruda. A René le vuelve loco esa combinación, por ejemplo con un Las Valles de Samper de Calanda (Teruel).

"El Priorat és molt més gran que un negoci: se t'omplen la vista i el cor. Som al Priorat perquè la vida, aquí, és molt més".

Las horas de invierno sucedieron en Cal Compte, con Isabelle y René Barbier, Clos Mogador.

03 febrero, 2014

Noëlla Morantin Gamay 2010 Mon Cher

Isabelle Brunet ha marchado de Monvínic para poner otros colores a su vida: para redescubrir, en una tierra que no es la suya de nacimiento, las raíces de su vida en el campo. En Corbières, en La Coopérative d'Embres&Castelmaure, y junto a Vincent Pousson, en unos meses podremos disfrutar de su sensibilidad a la hora de encontrar vinos de placer, vinos sencillos como ella, vinos para satisfacer la sed más ingenua, vinos que hablan sin tapujos de las cosas del campo. Comida natural, las cosas del cerdo (qué palabra tan impresionante en francés, "cochonnailles"... aquí decimos "guarradas" y nos quedamos tan tranquilos...) y esos vinos que ella y Vincent siempre tienen en la copa. Como esta botella que me regaló antes de cerrar por última vez la puerta.

Noëlla Morantin, Pouillé, Touraine, Loire...2010, apenas su segunda cosecha con uvas que no compra y ya ofrece un vino que es puro placer...Gamay 100%, su Mon Cher, es el homenaje al afluente del Loire que hace que sus viñas respiren en verano y tengan la humedad suficiente como para aguantar hasta la buena maduración de la uva. Un vino que yo me atrevería (ya me perdonarán los puristas...) a llamar "natural", en el sentido de que Noëlla no actúa en el campo ni en la bodega ni tan siquiera para provocar la fermentación maloláctica (que, en este 2010, y sólo me puedo apoyar en mi nariz y en mi paladar, hizo casi por completo). Racimos enteros a los fudres de Mon Cher, 12%  y una gamay que da perfiles y aromas distintos a los del Beaujolais, pero siempre con la marca de la sencillez y del placer. Zumo del granado. Corazón leñoso de la fruta. Brezo. Arbusto. Rústico y ligero. Ágil y con el corazón del bosque en sus taninos. Radicalmente fresco. Cerezas en un cesto de cáñamo: hueles la fruta recién cocida tanto como el vegetal. Con las horas: el claro del bosque. Más cerezas ácidas y un punto de raso en el paladar. Taninos suaves y redondos, aunque la nariz siga siendo de campo. Pimienta roja y más volumen con 24 horas. Madroño. El bosque silencioso cuando el verano se va. Redondo. Discreto. Sencillo. Sabio. "Voilà: un vin Isabelle".