31 enero, 2014

Las horas de invierno en Cal Compte


Anna, Joaquín (Cal Compte) y yo queremos escribir un pequeño libro de horas a lo largo de las cuatro estaciones del año. Cada estación, en el Priorat o allí donde esté tu viñedo preferido, encuentra su lugar y su momento para explicar historias. Teníamos claro que las mejores horas del invierno suceden alrededor del hogar. Y cuando les propuse la idea, tenía en la cabeza contar un poco cómo había sucedido el renacimiento de la comarca de la mano de uno de sus protagonistas.

Llevaba en el corazón las imágenes de la inauguración (en los Museos Vaticanos) de la exposición de su 500 aniversario: ni más ni menos que su obra más emblemática era la protagonista. No sólo porque sea la más atractiva y cautivadora. También porque con ella Julio II inauguró la colección arqueológica del Vaticano. Pero sobre todo porque la historia de su descubrimiento, la de la inspiración que tuvieron quienes la hicieron y la de quien escribió el texto que les sirvió para esa inspiración, me llevaban, sin remedio, a relacionar todo eso con el Priorat y su historia contemporánea.

René Barbier (Clos Mogador) aceptó entusiasmado, como hace él todas las cosas. Cada vez le gusta más sentirse involucrado en más proyectos. Y sus ojillos nos dijeron que empezar éste, cerca del hogar de Cal Compte y mientras bebemos alguno de sus vinos (los que él elija, los que él considere más atractivos para explicar su participación en el renacimiento del Priorat), le gusta: cómo el conocimiento del pasado, de cómo y por qué sucedieron las cosas, nos da claves para entender nuestro presente y entrever un camino de futuro. De Virgilio a Petronio, de Plinio el Viejo a Julio II, de Miguel Ángel y Felice de Fredis a René Barbier. Junto a las brasas y con un buen vino, sentiremos de nuevo cómo Laoocohontis diuinum quod in Vaticanum cernis fere respirans simulacrum, "la estatua de Laocoonte, que ves en el Vaticano, parece casi respirar". Y cómo nació Roma. Y cómo renació el Priorat.

29 enero, 2014

-SO2 2012 de Castell d'Encús


Soy de los que tiene la suerte de ir probando los ensayos de Raül Bobet en su "laboratorio" al aire libre en Talarn, Castell d'Encús. Cuando se habla de "viticultura heroica", se alude casi siempre a las vertiginosas terrazas de la Ribeira Sacra, el Mosela o algunas del Priorat. Pero hay otro tipo de viticultura heroica: la que imponen los viñedos de alta montaña. Exigencias térmicas tremendas en verano (paradoja, ¿verdad?, porque lo que se busca es la frescura del clima...), riesgo enorme de granizo y de tormentas justo antes de la vendimia, y un catálogo de animales salvajes que va mucho más allá del jabalí. Castell d'Encús tiene que trabajar con todo eso, sí, pero tiene la ventaja de unas Ha bajo un cielo puro y libre de cualquier contaminación, de un cultivo sobre una tierra que había conocido el viñedo desde el siglo XII pero que esperaba, intacta y reposada, la llegada de Castell d'Encús. Y de un patrón, Raül Bobet, que tiene una inquietud a prueba de añadas y contratiempos.

Con las cepas que más le interesaban (por sus gustos y por las características del suelo), las clásicas del Bordelais más el pinot noir y el syrah, y la Diva junto con el albariño, Bobet se lanza a los ensamblajes clásicos desde el primer momento (sauvignon blanc y semillon; por un lado; cabernet sauvignon, cabernet franc, petit verdot y merlot, por el otro; y los monovarietales de pinot noir y de syrah; más una mezcla de riesling con un toque de albariño), pero su cabeza siempre está en movimiento y sus inquietudes se mueven en tres frentes básicos: qué hago con el frío y con un riesling sobremadurado en la planta; qué hago con las burbujas; qué hago con los sulfitos. Sobre las dos primeras líneas, ya hay una realidad de la que hablaré en otro lugar: Taïka, un ancestral de pinot noir. Y me da en la nariz que habrá sorpresas de gran interés con la Diva. Lo que más me interesaba, con todo, desde un punto de vista técnico tanto como del conceptual, era qué sacaría por fin al mercado sin más sulfitos que los propios de la fermentación alcohólica.  ¡Y ya está aquí! Se llama -SO2 2012 y está hecho con sauvignon blanc y semillon. El viñedo, en biodinámica, es el que véis en la foto superior bajo la última nevada que cayó sobre él.

El vino ha fermentado sólo con las levaduras de ese viñedo y, parcialmente, lo ha hecho en los lagares troglodíticos del siglo XII. Una parte ha fermentado en barricas de roble y otra en inoxidable. El ensamblaje final ha hecho una crianza en roble de 10 meses. Y el vino no lleva más que eso. No ha sido clarificado, no ha hecho la fermentación maloláctica (alguna barrica la hizo espontánea pero el conjunto no lo nota) y si se conserva debidamente, vivirá muchos años y dará alegrías en ellos. Pomelo, cidra, manzana ácida, lima-limón. Tiene una acidez tremenda este vino, y una frescura apabullante. A ratos, la saliva se queda casi atrás en el paladar, pero cuando los líquidos se encuentran, el resultado es de gran placer. Con las horas y un poco de temperatura (ideal beberlo sobre los 10-12ºC para notar su potencial aromático y sápido), revela un cuerpo de satén y un alma de fresco raso. No lacera, no hiere, no castiga esa acidez. Membrillo casi maduro. Prado con el rocío de la mañana. Miel de romero y un poco de evolución. Con esa temperatura, la semillon toma el control: pera limonera en su punto. Sin atisbos de reducción, maravilla que esa frescura frutal y de aromas primarios (se notan mínimamente tanto la madera como el lagar) sea de una añada como 2012. Acompaña y deslumbra el nuevo camino, que es el de siempre, pisado por uno de los grandes, Raül Bobet. Emocionante.



25 enero, 2014

Sicus: mirada nueva sobre un mar antiguo


El búho observa. Uno de los símbolos del Mediterráneo preside las etiquetas de Sicus de Eduard Pié (Bonastre, en la sierra prelitoral, macizo del mismo nombre, Baix Penedès) y no es una casualidad. Cuando nos conocimos y cogimos un poco de confianza le solté el siguiente rollo: me gustaba mucho el nombre pero no lo entendía...hablaba el filólogo...Si se trataba del adjetivo latino para "seco, árido", faltaba una -c-: Siccus. ¿Podia ser que se tratara de una mezcla intencionada de lo siguiente?: ¿una posible transcripción latina de las palabras que, en griego antiguo, designan al alma y a la persona al mismo tiempo ("psiqué"), mezclada con la que denomina al higo (árbol, fruto y sexo de la mujer, todo al mismo tiempo en griego antiguo: cuánto sabían...), "sikon" y, de ahí, la falta intencionada de la -c-, que nos habla de la tierra seca bajo el sol de nuestro mar? Se me quedó mirando por unos segundos como pensando "¿¿¿!!!a quién he metido en mi casa!!!???". pero reaccionó rápido y muy bien. No entendía en absoluto de qué le hablaba pero le encantaba lo que estaba escuchando y me pedía si se lo podía poner por escrito.

Hecho, aunque no tenga nada que ver con la realidad del nombre: faltaba una -c-, y punto. Eduard piensa en Mediterráneo en estado puro. Piensa en las variedades de uva que son más propias de su pedazo de tierra (monastrell y xarel.lo). Piensa en sinceridad y respeto absolutos por las características de cada añada (monocrus, monovarietales y hechos, cada vez más, a pie de viña y con los elementos que la tierra reconoce como suyos: las uvas con lo que llevan del viñedo; el barro y la madera). Y piensa en los sabores y sonidos de esa tierra. Pocas veces me ha sucedido en Catalunya con tanta intensidad como en Sicus: estar en la viña con Eduard, callar, oler y sentir, escuchar y ver, probar el vino que fermenta y se hace en vasijas de barro enterradas allí mismo. De golpe, comprender, entender, saborear paisaje y viñedo, variedad y clima, sensibilidad de Eduard y amor absoluto por su tierra en una copa. Una experiencia única.

Tiene mucho mérito la cosa. Larga tradición familiar (desde el siglo XVIII) pero con cargas a cuestas. Asumidas con una sonrisa pero cargas al fin y al cabo, que hacen que Eduard empiece de cero, mental y, casi, materialmente. Con un abuelo que usaba el viñedo como un patio trastero y un padre que basaba su trabajo en la producción masiva, Eduard se aleja del viñedo y de esa tradición. Y cuando vuelve (con estudios en Camp Joliu y en Espiells y sumillería y máster en enología) empieza de cero: 5 Ha desperdigadas en el macizo de Bonastre (xarel.lo, xarel.lo roig y monastrell) suelos calcáreos de muy poca profundidad sin labrar ni abonar (siete años ya), sin tratar de ninguna manera más que con azufre y con cola de caballo, cubierta vegetal sin sembrar, que permite ya una buena oxigenación del suelo y competencia con las raíces de las cepas. Abejas cercanas y la fauna propia de la sierra completan la labor que Eduard, más que dirigir (aunque su concentración en Sicus es absoluta), parece contemplar. Su norma es clara: no hay normas, se deja llevar por el instinto. Y le funciona.

Los resultados de este trabajo, su proceso de reflexión, su mirada sobre unas tierras que hace más de dos mil años ven cómo se produce vino en ellas, me tienen admirado y sorprendido. No hay vino suyo que no me guste, de veras. Son, por ahora, apenas 15 mil botellas en total. Y me gustaría, me encantaría y casi le pido en público, que sepa llegar a ese número mágico que le permita vivir bien y con dignidad pero profundizando mejor en lo que ya está haciendo bien, y no  en producir mucho más de lo necesario. Así lo siento, así lo digo. Tenemos aquí un capital cultural para el mundo del vino (me atrevería a proponer: junto al que representa, ahora ya en el Alt Empordà, Salvador Batlle con su Còsmic en Agullana) que hay que ayudar a preservar.
2012 ha sido una añada muy seca en que las plantas vienen de otra añada seca. La concentración de sabores en la fruta es mayor y los vinos de Eduard lo demuestran a las claras. El Sicus Xarel.lo Vermell 2012 es un vino más cálido que el 2011 (que había bebido hace apenas unas semanas), más largo e intenso, con flores de jazmín, pétalos de rosa y un carácter mucho más vinoso y gastronómico. Es un vino más goloso. El Sicus Xarel.lo 2012 lleva ya la marca de las ánforas del maestro Padilla (incluso en eso acierta Eduard, aunque las sorpresas futuras en materia de barros y tierras y formas para sus recipientes de fermentación serán grandes), un mínimo batonnage y una presencia en boca impresionante. Es un vino glicérico, telúrico pero con matices a desarrollar, muy intenso, hinojo salvaje de los campos cercanos, herbáceo. El barro aporta intensidad al vino de Eduard pero no sabores. Eso es clave para él: lograr que los recipientes que utiliza para vinificar no enmascaren los sabores de la tierra, de la uva y del vino.

Me hizo un regalo que me ilusionó. Probé por primera vez lo que se va a llamar Cru Marí 2009, un espumoso (segunda fermentación en botella) de xarel.lo, como siempre de parcela única (raíces lamiendo la roca madre calcárea), larga crianza, vino base en inox. Lo va a degollar ahora y en tres meses a la calle. A ver quién corre más...Su obsesión: la finura de la burbuja. Extraordinaria. Añado una textura en boca de gran frescura pero muy matizada y aromas de avellana tostada, ligera autólisis, levaduras y pan, acidez con tamiz pero de impacto. Y de nuevo esa burbuja y esa frescura. Anís estrellado, manzana reineta. Una estrella va a nacer y se va a situar arriba arriba en el horizonte de las burbujas. Sus vinos con nombre Sons son los que fermentan y se hacen en las tinajas de Padilla enterradas en el viñedo. Yo era escéptico, lo confieso: no entendía cómo el aporte de oxígeno que las paredes de barro tienen que permitir (como las de la madera) se realizaba bajo tierra...hasta que vi esa tierra, noté su esponjosidad y supe que, gracias a la flora autóctona y al trabajo de sus raíces, el oxígeno penetra también ahí. El Sons Xarel.lo 2012 tiene, de nuevo, una intensidad que deslumbra, con la brisa ligeramente oxidada, raíces y suelo. El Sicus Monastrell 2012 es el vino que van a beber sus hijos dentro de 20 años. La cepa de monastrell aguanta todo pero la concentración de la añada da matices muy profundos y rústicos, con cerezas ácidas también, frambuesa, algarrobo y chocolate a la francesa. Los Sons 2013, que probamos directamente en el viñedo, son vinos ya casi hechos. 2013 es más ligero, más fresco, con una evolución más rápida. Al xarel.lo puede que le falte un poco, pero la tensión, la autenticidad, la frescura y el carácter fenólico, ya asentado, del monastrell, me hicieron pensar si cargaba con la ánfora y me la llevaba directamente a casa...

Eduard Pié y Sicus me demuestran que sabiendo de dónde venimos y cuáles son nuestras tradiciones, reflexionando y progresando a partir de ellas, proponiendo una mirada fresca, inteligente, sensible y en  constante renovación (¡no para de darle vueltas a todo!) sobre unos viñedos y unas variedades profundamente mediterráneas, tenemos un largo y gozoso camino por delante. Juntos, por supuesto.

24 enero, 2014

Presentació i sopar entre les flors


El proper divendres 31 de gener de 2014 viuré una experiència singular. D'entre les moltes coses bones que m'ha regalat la publicació del llibre, n'hi ha dues que duc ja sempre amb mi. La primera, és òbvia: vaig passar uns mesos extraordinaris escrivint-lo. Ha sortit un llibre, cert, però les llibretes i més llibretes i fotos i més fotos i km i més km i experiències i més experiències viscudes van sempre amb mi. La segona, ni la intuïa...: el llibre té una vida, després del part, extraordinària. No tinc la menor idea de si es ven molt o poc i m'és igual. Qui el coneix, qui el llegeix, li agradi més o menys, passa una bona estona. I aquestes bones estones acaben creant ocasions per a la trobada.

És com si anys de trobades a les vinyes i als cellers amb la gent que fa els vins que més m'agraden i que van dur al llibre, tinguessin ara una rèplica d'alegria amb trobades i més trobades amb la gent que els bevem, després de la publicació. Compartim el descobriment de nous vins, descobrim emocions, obrim camins. El sopar de La Calèndula em fa especial il.lusió. Perquè podria dur un subtítol tan suggeridor con el del post d'avui: la xef Iolanda Bustos viu i levita, suggereix i acarona, menja i far menjar, cuina i sorprèn amb unes receptes molt de cada estació on, sempre, les flors i el món vegetal hi són presents. Alta Alella, Clot de les Soleres, Còsmic a l'Empordà, Escoda-Sanahuja i Vega de Ribes ens donaran molt bones "excuses" per obrir-nos a un "nou" món, que és el de sempre: borraines, ravenisses, favetes, malves, boixacs, violetes, llenegues, ginebrons, romaní, gavarreres i garrofes. Amb bacallà, amb pèsols, amb foie, amb porc... Serà una experiència que anirà molt més enllà de la combinació de menjars i vins i on, a més, beurem una cosa molt especial i per primera vegada. Una festa dels sentits en companyia de bons amics. Un regal més que em fan el llibre i les persones que van tenir la pensada d'una trobada entre les flors. 

19 enero, 2014

A Pita Cega 2011: cosechando sabores


Mi relación con Pilar es muy reciente (10 de enero de 2014, a las 21:19 empezó) y puedo decir que casi no nos conocemos. No he pisado sus tierras, no conozco su viñedo ni su casa. No he visto sus manos ni su sonrisa. Pero ahora ya sé, pequeños detalles que ella misma me ha contado o he leído, que lo que encuentre el día que vaya a San Amaro (Ourense) me gustará. La cosa empezó mal: una botella en una cata a ciegas (cada vez las soporto menos...) estuvo a punto de mandar al garete todo. Yo había leído cosas de A Pita Cega (quién no...aunque ahora ya creo que a Pilar no le gusta nada esta parte de su nueva vida, es así: se habla de ella y de su vino) y la botella salió mal, con una reducción importante y el vino casi roto...Por poco la borro de mi lista mental porque pensé "un blufff...". Nunca te fies de tu primera impresión, sobre todo si viene de una cata a ciegas. Nunca. Esa lección he aprendido con los años. Da a los vinos que crees (por lo que sea) que te pueden decir algo, una segunda oportunidad.

El cartero siempre llama dos veces y casi siempre tiene que ver la cosa con fermentaciones varias y levaduras, del tipo que sea...El 10 de enero a la hora apuntada, Pilar me escribe "Muchas gracias por aceptar desde las viñas de A Pita Cega (organic wine)". Hablaba de "la amistad" en feisbuc y yo, que uso poco ese programa para "charlar", me enganché...que si "me estoy bebiendo tu libro"; que si "¿has bebido A Pita Cega?"; que si "sí, pero la botella salió mal"; que si "tienes que darle otra oportunidad"; que si "la jodimos si me la mandas porque no escribo de los vinos que me mandan, a no ser que sean amigos"; que si "yo no quiero que escribas sino que le des otra oportunidad"; que si "¿cómo te llamas" (porque con tanta canela andaba yo ya mosca); que si "yo te mando la botella y si la disfrutas, bien; y si te parece muy perra, pues al estofado o con la ensalada"; que si "¿la ensalada, perra?"; que si "no...perra la botella"; que si "soy yo la que trabaja en la viña, en el gallinero y en el corral"; que si "el vino se hace solo; una enóloga hace las analíticas"; que si "yo estudié pero aprendí lo que no le haría jamás a mi tierra y lo dejé"; que si "yo aprendo poco, dejo que la viña viva como quiera y que el vino fermente cuando quiera. Los respeto: ellos saben más que yo"; que si "mi paisaje de viña es un lugar mágico"; que si "los viticultores ofrecemos nuestro vino como parte de nosotros mismos".

Y aquí paro. Lo que he transcrito entre comillas, lo reproduzco con permiso de Pilar. Cuando alguien se identifica así con un paisaje con cepas y hace vino como parte fundamental de su manera de ser ante ese paisaje, me interesa. Cuando alguien escribe (en la etiqueta del vino) que "cultivamos de forma orgánica biodinámica para lograr el equilibrio de este organismo vivo (i.e. la tierra), tratamos las cepas con infusiones de hierbas del propio terreno y de forma homeopática", me interesa. Cuando alguien considera que su masa madre (con la que hornea pan de aire desde hace muchos años), sus gallinas y sus ovejas, forman parte de su viñedo tanto como sus cepas, me interesa.  Cuando alguien escribe que "en bodega somos meros observadores de un proceso natural y dejamos que la naturaleza se exprese, no necesitamos reparar errores", me interesa. Cuando alguien afirma que "elaboramos el vino desde el viñedo y actuando con sutileza, entregamos al vino la personalidad de la tierra que lo alberga", me interesa. Cuando mis amigos de Elmundovino consideran que un vino blanco nacido de un viñedo cultivado de esta forma (¡homeopatía!) es su mejor vino blanco de España en 2013, me interesa.

Albariño, treixadura (cada vez me llama más esta uva...) y otras...13,7%. Para los detalles, vayan ustedes al blog y verán, sin más, que estamos ante una tierra feliz, que habitan personas, animales, cepas, insectos, árboles y flores que se sienten cómodos en ella. Esta tierra, estas personas, tienen que dar un vino feliz, que provoque sonrisas, que coseche y ofrezca los sabores de la tierra en forma de vino. Ni más ni menos. En copa de respeto (Borgoña) y bebido a lo largo de varios días. Escribo sin haber leído ninguna nota de cata. Esto es la descripción de varios momentos de felicidad presentidos, la crónica de una segunda oportunidad bien aprovechada: monte, musgo, cuerpo. Paseo señor por la copa. Graso en nariz y en el paladar. El prado al amanecer. Verdor y salud. Frescura con empaque. Zumbido de abejas en el campo. Polinización y alegría. Albaricoque. Pureza y profundidad. Anchura y vastedad. Nísperos maduros. Vino de matices que va contando cosas desde un carácter aparentemente sencillo. Casi goloso. Frutales y cepas. Sol de atardecer. Entre rapaces andan las bestas. Membrillo casi maduro. Merienda, pan y levadura. Cera de abeja. Hierbabuena y verbena. Ajedrea y lavanda. Hinojo salvaje y romero. Las cosas del campo. Gracias, Pilar, por esta segunda oportunidad y por la celofana violeta que cubría con delicadeza los huevos que se rompieron (no todos) junto a la botella que llegó sana. Nos veremos pronto.

12 enero, 2014

¿Mi condición? Escribidor de emociones

Subtítulo: A tiempo parcial.

Con el título de este post despedía hace poco nuestra primera conversación a distancia (he descubierto que el chat de feisbuc también sirve para comunicarse con la gente. De hecho, cualquier cosa sirve: bastan dos personas dispuestas a charlar para conocerse) Pilar, de A Pita Cega. Aunque mis amigos del DRAE piensen que la palabra (casi sinónima de "escritor") tiene un matiz entre irónico y peyorativo, Pilar lo escribió como elogio y, creo, con mucho cariño. Me gustó. me encantó, vamos. Ella embotella sueños e ilusiones a muy pequeñas dosis, casi como jugando (A pita cega...) y de forma por completo artesanal y yo, tras más de seis años de romperme los sesos, acabo de encontrar mi auténtica condición: soy un escribidor de emociones vínicas a tiempo parcial.



Esto último es importante. A tiempo parcial. Parte de mi "sufrimiento", de mi "romperme los sesos" pensando que no daba lo que la gente buscaba en este  cuaderno partía de la idea, falsa (teóricos del bloguerismo: al carajo todos), de que era imprescindible publicar cada tres o cuatro días. Es imprescindible si quieres mantener e incrementar tu número de lectores, pero por una sencilla razón estadística: cuantos más posts publiques, más te localizarán los navegadores y más caerá la gente en tu blog, sin saber qué haces ni quién eres ni sobre qué escribes. A tiempo parcial: uno escribe cuando puede y la gente pasa por aquí cuando quiere porque sabe que va a encontrar, de vez en cuando, algo que le distraiga. Punto. ¿Bajará el número de lectores? Sí. ¿Y? Se quedarán los mejores, los más conscientes de qué tipo de cosas hago. Vosotros. Me gusta la idea: con vosotros estoy contento y me siento bien.

Echaba cuentas de los días de vacaciones en que el escribidor de emociones ha dedicado casi todos sus ocios al mundo del vino (diversas facetas, ¿eh?): desde el solsticio de invierno, en que me devanaba los sesos ante vosotros por última vez (lo juro) haciendo metabloguismo, tuve tiempo y ganas de escribir sobre el vinazo El Reto 2011, sobre cómo y por qué nos sentamos a la mesa por Navidad, sobre otro vinazo, Mas Doix 2003 en mágnum, sobre Rasoterra, sobre un tercer vinazo, Le Mont Benoit y sobre un proyecto muy bonito, el Viver de Celleristes. En esto llegaron los Reyes con sus rebajas y la peste provocada por meses sin bañarse y a lomos de camellos (¿para qué pensáis que eran el incienso y la mirra?). Y volví al trabajo a tiempo completo...En dieciséis días había publicado seis posts que me habían dejado satisfecho. En una semana de escribidor de emociones a tiempo parcial, he acumulado un montón de sensaciones y de cosas interesantes, pero este es el único post que voy a publicar en siete días. De A Pita Cega a Las 7 Fuentes (del bueno vino y de la inspiración nacida del tiempo a tu disposición).

Así son las cosas, así es la vida del escribidor de emociones a tiempo parcial. Escribe cuando puede pero lo hace muy a gusto y sobre los temas de siempre. Casi le ronda por la cabeza, me ronda (perdón: recupero la primera persona del singular: hablarme en tercera no me va...) que este cuaderno se va a convertir en el suplemento de fin de semana de las vidas enogastronómicas de quienes pasen por aquí. Me es más fácil encontrar momentos de paz para escribir entre el sábado y el domingo. Iremos viendo. La semana ha tenido momentos muy atractivos. Después de un buen primer día de trabajo, hambriento y sediento, mis pasos me llevan al Lola Tapes, en Tarragona: es un sitio muy recomendable. Allí me quedo con sus platillos y paso de los gins. Hay tantos vinos interesantes que no conozco...Tuve la suerte de encontrar a unos queridos amigos y entre tapas de Torta del Casar sobre pan con tomate y una anchoa (delirante y exquisita combinación: os lo prometo), espardenyes y una sabrosa cazuela de sepia con albóndigas, circuló el que, para mí, es uno de los mejores vinos alsacianos: el Nature 2012 de Julien Meyer, vigneron en Nothalten. Biodinámico, cupaje de sylvaner y pinot gris, este blanco es un vino pura fruta, con gran estructura en boca, empaque y seriedad y, al mismo tiempo, fresco. Acompañó un Les Petites Fleurs 2012 de los Tricot, en Orcet, pueblo de gran tradición, donde la gamay es una de las reinas de lugar. Ligereza, flor de violeta, acidez, agua en forma de vino: peligrosamente adictivo.

El segundo momento culminante de la semana lo he vivido en Hisop. Oriol Ivern está en una gran forma y sus platos convergen, cada vez más, hacia una fórmula mágica: pureza y sinceridad de sabores siembre combinada con pequeños trampantojos que equilibran el conjunto. Una ensalada de pularda ligeramente ahumada, por ejemplo, con una vinagreta de trufa y un toque acídulo. O un escandaloso, delicioso, gran cochinillo crujiente con cardamomo negro y daditos de manzana ácida. Muy bueno. Todos los vinos de la cosecha 2011 de Orto Vins son destacables y sus tintos me parecen sobresalientes. Incluso el que podría parecer más sencillo, el Orto 2011 (el que bebimos), está en un momento grande: poca crianza, con madera de cuarto año, mucha garnacha y cariñena, es un vino fragante y que se deshace en boca. Pasa de maravilla. Completamos con uno de los cavas que nunca me fallan: el Huguet Gran Reserva Brut Nature de Can Feixes, 2007. Pillamos una botella con ocho meses de degüelle y estaba estupenda: mucha parellada y macabeo pero con un toque importante de pinot noir, que le da una vinosidad y un juego gastronómico grandes.



Semana intensa, dirán ustedes...pues lo mejor estaba por llegar, vaya. Sábado y comida sorpresa, en casa, con un amigo viñatero. Rigati rellenos de alcachofa y me lanzo al vacío: pienso sólo en el acero de las alcachofas y busco acero, aunque bien perfilado por lías. Sesenta e nove arrobas 2012 de Xurxo Alba (Bodegas Albamar) para Enoteca Filgueira-Guerra en Pontevedra, es una nueva dimensión de albariño, con un corazón casi metálico pero unos ropajes delicados y sutiles. Perfecto con las alcachofas si lo que buscas no es compensar el óxido sino realzar la parte metálica. Siguieron unas supremas de rodaballo salvaje con patata y cebolla y Tarlant Rosé Zero Dosage. No tengo palabras. Y por si todo esto fuera poco, aprovechamos la cerrada noche que caía sobre la ciudad, nubes, llovizna, calles vacías y todos viendo en televisión a unos tipos en calzón corto corriendo tras una pelota. L'Ànima del vi era la respuesta final a nuestra inquietud de descubridores de vinos emocionantes. Buen pan con tomate (del Baluard el pan...), excelente jamón de Trevélez, correctas anchoas, muy buenos quesos y embutidos y lo más importante, un ambiente convivial y de sana confraternización vínica difícil de encontrar en Barcelona. Cayó, en honor al asunto que llevábamos entre manos, un Amistad 2012 de Rafa Bernabé, un vino de rojal que fluye como las olas del mar cuando sopla el garbí. Me encanta. Y vaya, que la noche (de ayer para ser exactos) no podía cerrarse sin alguna de las sorpresas que un local canalla y bebedor como éste suele darte, en forma de nuevos amigos: llegaron, nos vimos, nos abrazamos, nos besamos, bebimos. Claro...Dos sorpresas para mí y una confirmación. Un ligero, atractivo, suave, floral Bourgogne Épineuil (al norte, tocando a Chablis) de Clos de Baccarat 2012 y un sorprendente, ligeramente musculoso, intenso, muy varietal y puro, me atrevería a decir que único por varias razones (no toca hoy desarrollar este tema), Clos Cristal, Les Murs 2011, un Saumur Champigny alucinante. La confirmación: Les Rachais 2006 de Francis Boulard. Chardonnay de una única parcela en biodinámica, ligera evolución, algo de oxidación, pureza, levaduras, limones, frescura. Un gran champagne para cerrar una semana normal. ¿Cerrar? Pero si estoy escribiendo esto en domingo por la mañana y ¡faltan la comida, la merienda y la cena!

Digo yo que tendré semanas en que un solo vino o un única comida llenen este post. Como tantas otras veces ha sucedido. Pero hoy me apetecía alargarme y escribir un post desmedido, muy dominical. Y contarles, contarles todas las cosas emocionantes que suceden cuando estamos atentos a nuestro entorno. Atentos y con ganas de atrapar y disfrutar cada momento. Y la verdad: tampoco creo que me sintiera mejor siendo escribidor a tiempo completo. Puede que la vida me permita hacerlo algún día, pero mientras tanto, voy a disfrutar al máximo de mis dobles, triples, cuádruples pequeñas vidas...Hay tantas vidas en una, que cuantas más descubramos y más las disfrutemos, mejor nos sentiremos. O así lo creo yo.

05 enero, 2014

Viver de Celleristes de la Conca de Barberà


En una vida anterior que, de hecho, ha sucedido hace bien poco, me ocupaba y preocupaba de lo que llamábamos "incubadoras de empresas", "viveros de empresas". Dos palabras usadas por transferencia de significado que tienen intensa relación con la "vida joven que hay que proteger", sea de manera natural o artificial. Cuando las condiciones en "el exterior" son duras, cuando la vida nueva encuentra dificultades para crecer y remontar las corrientes adversas, suele haber una mano amiga que ayuda a que el porcentaje que se lleva M.Darwin (de cualquier proceso de selección natural) sea algo menor. ¿Que estamos jugando un poco a ser Dios? Puede...pero los resultados suelen merecer mucho la pena. Cuando hay convencimiento, cuando hay pasión, cuando hay proyecto, cuando hay ilusión y ganas de emprender, hay que ayudar. Cuanto acabo de describir sucede muy a menudo en cualquier tipo de proyecto de empresa, pero nunca, que yo sepa, había sucedido de forma premeditada y organizada en el mundo del vino. Nuestras empresas nacientes, nuestros proyectos se llaman bodegas.

Aquí nace todo. Y si una zona que quiere crecer y recuperar su tradición (quizá demasiado vinculada a otra DO...), pongamos la Conca de Barberà, territorio y DO, no encuentra la manera de impulsar algunos proyectos jóvenes (no siempre impulsados por personas jóvenes, cierto, pero sí por gente muy ilusionada: y eso es lo que cuenta), está casi muerta y condenada a seguir haciendo lo que venía haciendo: vender uva anónima para que otros hagan sus cosas. No digo que eso sea malo, por favor: todo el mundo tiene la libertad de ganarse la vida con sus manos y con sus cepas como pueda y quiera hacer. Pero sí digo que una zona como la Conca, que tiene una riqueza de viñedos antiguos impresionante; que tiene una variedad de suelos, de climas y de terruños grande; que tiene, además, el tesoro de unas variedades de uva muy identificadas con ella (el trepat, por supuesto; pero también el garrut o el macabeo o la parellada) y, además, tiene un territorio casi incontaminado (aunque sea por efecto de sucesivas crisis industriales y económicas a lo largo del siglo XX)...una zona así tiene casi la obligación moral de encontrar ese camino, ese vivero para que las bodegas jóvenes empiecen a repoblar el territorio con nuevos vinos y nuevas sensibilidades.

La idea primera de Jordi París y Ramon Ribas encontró el apoyo de la DO Conca de Barberà, del Consell Comarcal de la Conca de Barberà, de la Diputación de Tarragona y de los Fondos Europeos necesarios para reconstruir la historia y proyectarla hacia el futuro. Porque eso es el Viver de Celleristes: retomar el edificio y el espíritu de la Societat Cooperativa Agrícola de Barberà de la Conca y darles forma. Espacios reformados en 2007 y finalmente rematados por una segunda nave en 2011. Capacidad para albergar a ocho jóvenes bodegas que no tenían ni posibilidad ni capacidad de instalarse por su cuenta. Contrato por seis años (no estrictos). ¡Y a trabajar! Hay espacios comunes para entrar la uva, para seleccionar, para embotellar, para analizar, para envejecer el vino, para conservar las botellas, pero cada cual tiene, además, su propio espacio interior, no sólo físico...Porque lo más atractivo y apasionante, que pude comprobar cuando estuve, es que la gente, los impulsores de cada proyecto, tienen sus ideas, su formación, su experiencia, su camino hacia el tipo de vino que llevan en la cabeza (o que no llevan y todavía buscan: hay gente maravillosamente joven allí). Pero además, todos comparten experiencias, conocimiento, técnicas y sensibilidades. Cada bodega (ahora mismo están a tope de capacidad y creo que con lista de espera: ¿no es genial?) va a lo suyo pero cuando estuvimos catando y conociendo la realidad de la cosecha del 2013 (y algunas botellas muy interesantes del 2011 y el 2012), lo hicimos todos juntos, probando todo de todos e intercambiando impresiones de una forma abierta y sincera.

Me fui con una gratísima impresión. Es un proyecto que nace de una apuesta tremenda de los responsables de la zona por su futuro y que está funcionando. ¿La mejor prueba? La "tasa de bajas" es mínima y ya hay una bodega que se ha instalado por su cuenta fuera del Viver y que hace vinos que me encantan. Y, vaya, que en este post no toca personalizar, pero probé cosas allí dentro que me gustaron mucho. Y vi actitudes y maneras de trabajar en el campo y en la bodega que van a calar en el territorio. Y todo esto es muy bueno. Por el ejemplo que están dando a otras zonas vitivinícolas que quieran hacer una apuesta de futuro a partir de una realidad de viñedos y terruños importante, aunque quizá algo perdida en su historia. Y porque, y en el fondo esto es lo más importante, algunos de los vinos que están saliendo ya del Viver de Celleristes son interesantes y atractivas realidades que nos proyectan a un futuro mucho mejor. Vayan ustedes y compruébenlo. Sé que lo agradecerán. Por mi parte, les digo que con esa visita, con lo que sucedió ese día y con lo mucho que aprendí de esos emprendedores del vino, me hice un estupendo regalo anticipado de Reyes.