13 julio, 2014

Mai 2012


He tenido la suerte de estar en las parcelas de Bernardo Estévez en Ribeiro en marzo de 2013. He podido charlar con él por lo menos otras dos veces y nos hemos escrito unas cuantas más. Creo que acumulo ya "evidencias" como para poder decir que Bernardo es una persona apasionada, apasionada tanto como tranquila, contenida y reflexiva. Vive con gran intensidad y concentración las cosas que suceden alrededor de su vino y tiene claro (me parece) que las más importantes suceden en la tierra. Recordaba hace poco una hermosa conversación con  Éric Texier, quien calculaba que alrededor del 90% de su tiempo lo dedica a la tierra, a tenerla más sana, viva y pletórica para que pueda transmitir a las cepas y a la fruta todas sus características y bondades. Bernardo debe andar en un porcentaje parecido y me parece que, de las personas que conozco dedicadas a hacer vino, es de las que más se concentra en esa tierra. En su actitud y en sus vinos se nota.

Ya expliqué en su momento, además, que es de los que ha interiorizado las enseñanzas de Masanobu Fukuoka en España (¡también eso le une a Texier!), la permacultura, algo que él transmite como persona cuando te habla de sus cepas en sus viñedos y que sus vinos transmiten por él cuando los tienes en la copa. No se trata, como tantos piensan, de mirar y no hacer. Se trata de mirar atentamente y hacer sólo lo que sea necesario, en el momento oportuno. Y mucho mejor si es para prevenir, antes que para curar. No hay aquí normas fijas (más allá de la imprescindible poda) y a elementos de la biodinámica (preparado Maria Thun, por ejemplo), Bernardo añade otros que nacen, sin más, del conocimiento de las propiedades esenciales de elementos de la propia naturaleza. Si Roberto Oliván (Tentenublo Wines, DOC Rioja), por ejemplo, sabe que el mejor síntoma de regeneración y salud de un viñedo que está recuperando es la aparición de ajos silvestres, Bernardo tiene claro que las infusiones de alcohol y ajos le sirven para prevenir las enfermedades criptogámicas.

Su vida se ha hecho campo, su reflexión muestra los ojos de la naturaleza a su alrededor con una pureza y un sosiego difíciles de encontrar. Quizá sea más conocido por su blanco polivarietal Issué, pero a mí me gusta también mucho (tanto como el blanco, vamos), su tinto Mai. "Mai" significa "madre" en gallego y yo veo el nombre de este vino no sólo como el homenaje a su madre, sino también como un símbolo de la relación de Bernardo con la madre tierra, que es la de Arnoia (DO Ribeiro). Es un vino tinto (13%) hecho con uvas despalilladas a mano (375 botellas han salido de la cosecha de 2012...),  infusión muy ligera, maceración semicarbónica de las variedades brancellao, sousón, tinta amarella, caramuñeira, caíño da terra, ferrol y tinta roriz. De nuevo la historia sale a nuestro encuentro: los grandes vinos de las grandes zonas de la historia vitivinícola (Ribeiro, Rioja: hablo del siglo XII. Jerez va por otro camino) nacen de la necesaria mezcla de todo lo que se plantaba. Probé Mai 2012 de la barrica el 20 de marzo de 2013 y anoté: "un vino serio y con empaque, grosella negra, tinta azul, mirto y eucalipto, muy redondo en boca, tanino muy amable. Pasa como agua de río en el deshielo."

He vuelto a beberlo, ya en botella y en el mercado, el 12 de julio de 2014 y he anotado (sin leer lo que escribí en 2013): "Tensión. Energía. Violetas. Mirto. Arándano negro. Concentración. Intención. Algo de madera...Nuez moscada. Goloso y zalamero. Pimienta roja. Acidez de fruta roja ya de huerta: frambuesas. Infusión de picotas. Es goloso (ciruela pasa) pero de tanino recto, sin concesiones. Cierta austeridad incluso. Frescura. Placer del interior de Galicia, que rezuma océano por los dos costados. Vino de paso muy ágil y agradable en boca. Sutileza del corazón del Ribeiro. Valor y pasión por el polivarietal de los ancestros. Alas de mariposa, flecha de elfo, sabiduría de los habitantes de La Comarca." Bernardo Estévez se compenetra con la naturaleza del viñedo y la transmite como pocos. Hay que beber estos vinos.

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