22 febrero, 2014

Carmen y Salvador


Carmen es hija de una de mis mejores amigas. La conozco desde los diez años y hemos crecido juntos. Es simpática, sensible, inteligente y lista, pizpireta y alegre. Representa casi un ideal para mí: la gracia y la sal de la tierra en la que ha nacido, Andalucía, junto con el tesón y la fuerza de voluntad, también la seriedad, que hacen falta para sacar adelante unos estudios complejos y hacerlo, además, muy bien. Por si fuera poco, fue deportista de gran nivel y es, a la vista está, mujer de belleza singular y despampanante. Creo que estoy ya en la edad en la que me gusta quedar con los hijos de mis amigos sin mis amigos...Tuvimos una cena estupenda ayer en Rasoterra, con Carmen y José Carlos. ¿Médicos que están en Barcelona para un congreso sobre arteriosclerosis...? Comida vegetariana de calidad y vinos que van directos al corazón, ¿no? Pues ahí estuvimos: con el excelente pan de siempre; con unas alcachofas al vino blanco y frutos secos deliciosas; con unas patatas bravas hechas al horno con su piel y romero; con un hinojo rebozado en suave cabrales y con unos sabrosos, paradójicamente ligeros, gnocchi de patata (mucha más patata que harina) en un caldo con calabaza y castañas. Había bajado la temperatura en la ciudad. De golpe. La lluvia arrasó la turistada. Y nosotros, calentitos y llenos de confort en el rincón de uno de los tavoloni más bonitos de Barcelona , veíamos las horas pasar. Con charla y buen vino. Y una selección de los mejores quesos de Rasoterra, que es mucho decir porque Daniele y Chiara saben mucho, de quesos, Y seleccionan muy bien.

Salvador, de Còsmic Celler, tanto  en la sierra del Montmell (Baix Penedès), como ahora en Agullana (Alt Empordà), es una de las personas a las que hay que seguir y de las que hay que beber. Tiene una sensibilidad muy especial hacia la tierra, hacia el cultivo de sus cepas. Tiene, además, una intuición bastante clara de cómo vinificar y embotellar terruño. Y tiene tres cosas más que hacen que le considere, sin más, uno de los espejos en que la vitivinicultura de este país tendrá que mirarse. No quiere crecer deprisa...de hecho no quiere crecer. Quiere sólo vivir de las pocas botellas que, por ahora, produce. Es joven, además. Y no hay vino suyo que no me guste. En Montmell, su sauvignon blanc 2012 es un vino de raro equlibrio entre fragancia floral e intensidad mineral. Su cabernet franc 2007 (el último que he bebido) es de una pureza perturbadora. Suena a Cahors de los buenos, de verdad...Y el último que ha llegado a mí (dos botellas, bastante parecidas además, en dos meses) es su espumoso (sin DO) Gran Reserva Brut Nature 2005. Tierra de arcilla, cepas en altura (sobre los 500 msnm), ensamblaje clásico con mayoría de xarel.lo y algo de chardonnay, 60 meses en rima y 1008 botellas... La de ayer por la noche estaba soberbia, sin apenas notas de evolución, con una frescura galopante, una burbuja fina, un sabor suave de manzanas algo maduras (no al horno), un poco de nuez recién cascada, hinojo silvestre y una promesa, todavía, de larga vida por delante. Con dos quesos, en especial, estuvo muy bien: con un formaggio di fossa de oveja de la Emilia-Romagna, muy curado, y con el excepcional Fiore Sardo, también de oveja, que no me canso de comer. Salvador no sabe quién es Carmen. Carmen no sabía quién era Salvador. Jamás han oído hablar el uno del otro. Pero ayer estuvieron compartiendo mesa conmigo, para alegría de nuestro paladar y de la tierra que nos da de comer.

Con Salvador, Iolanda Bustos y unos cuantos amigos, compartiremos mesa, charla, deliciosas recetas y vinos el próximo viernes (si los dioses lo permiten) en La Calèndula. En esta cena, habrá sorpresa muy agradable...

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