30 diciembre, 2014

Recaredo - Vouette&Sorbée - Navazos

Nadal 2014 anverso
Recaredo Brut de Brut 2006. Finca Serral del Vell. Brut Nature Gran Reserva.
Degollado el 15 de septiembre de 2014. Bebido el día de Navidad de 2014. 53% xarel.lo y 47% macabeo. Añada compleja de grandes fríos en invierno, grandes calores en verano y floración temprana. Suelo calcáreo en biodinámica. Lluvias irregulares pero compensadas. La casa está contenta con esta añada por su excepcional frescura y acidez, que va a permitir que las botellas envejezcan largos años en buenas condiciones. También yo estoy contento de poder tener botellas como ésta a un precio que ronda los 24€. Esta fecha de degüelle tiene por delante bastantes meses de gran vida. Es muy recomendable abrir la botella una hora antes de beber, no hace falta decantar y si no se sirve muy fría (más o menos 10ºC), mejor para todos, sobre todo para los sabores y la expresividad del vino. Ideal, pero muy ideal, para "escudelles" y "carn d'olla". Manzana reineta: la vibrante acidez de este tipo de manzana y de su carne, junto a la madurez y sabor de su piel. Un vino que impresiona: vivo y tenaz, rampante y comunicativo, sin llegar a dicharachero. Seco y con sabor a levaduras. Manzanilla seca y retama. Es un vino brillante. Con un poco de tiempo y oxígeno, encontramos la misma reineta saliendo del horno, con un ligero recuerdo de la fruta en sazón que fue. No hay caramelo ni azúcar, sólo un breve aroma de autólisis y de levaduras (de Paris, frescas). Un vino para cualquier ocasión.

Vouette&Sorbée, Cuvée Rosé Saignée de Sorbée. Cosecha 2011.
Degollado el 5 de diciembre de 2013. Bebido el día de Navidad de 2014. 100% pinot noir sobre suelos de arcilla roja profunda en biodinámica (el "lieux dit Sorbée"). La cosecha de 2011 fue la segunda más temprana en la historia documentada de la Champagne con problemas de grandes calores y, también, de lluvia y frío intermedios. Lo que entró en bodega fue de gran calidad y se está revelando como una añada importante. Los Gautherot trabajan sin chaptalizar ni filtrar ni estabilizar. Fermentan en barricas de roble. Permiten la maloláctica. Las fermentaciones alcohólicas las hacen sólo con levaduras indígenas y sulfitan mínimamente sólo con la primera fermentación. Hay que abrir la botella una hora antes y servir sobre los 10ºC también. Larga maceración carbónica del pinot noir: expresión pura y alegre de una tisana, infusión de frutos rojos. No es exuberante, es hermosa y discreta, persistente y única. Estoy ante un rosado muy especial, uno de los grandes. Arándanos rojos, su parte salvaje. Frutos del madroño: su parte agreste. Grosella madura: su parte amable. Ligereza de perdiz. Sutil y esférico vino. Aromas de mosto en fermentación. Alegría de la bodega con el mosto en danza. Levaduras salvajes. Plum cake con fresas del bosque. Un vino rosado para callar y notar la diferencia.

Casa del Inca 2011. Vino de pasas asoleás de Pérez Barquero seleccionado por Equipo Navazos para Coalla Gourmet. Bebido el día de Navidad de 2014. Desde 2005, son ya varias las cosechas de este pedro ximénez de añada que Navazos viene ofreciendo. Uvas de PX de Montilla-Moriles vendimiadas con un punto de deshidratación que termina su proceso en las paseras (vuelta y vuelta). Distintos niveles de presión y un encabezado con alcohol vínico de gran calidad, más un año de reposo mínimo en las tinajas de la zona, acaban dando el perfil a este vino de 15%. Conserva todos los matices de la PX madura y toda la riqueza y frescura (sí, frescura) del clima de la zona y del sistema de elaboración. Es un extraordinario vino de postre cuando se toma joven (tres años de reposo en este caso me parecieron ideales para el mozo) y sale de la fresquera a sus 10-11ºC. Tiene el fondo del azúcar quemado que irá al flan. Huele y sabe a higos pajareros con su harina, también a pan de higos. Glicérico pero fresco. Uva pasa que revienta en tu boca tras una buena hidratación. Luna llena bajo una palmera de dátiles maduros. Plenitud y juventud. Miel y piñones. Caramelo sobre vainilla. Los viejos 57 de La Menorquina, con un punto de refrescante corteza de naranja y licor Gran Marnier. El trotamundos de los postres.
Nadal 2014 reverso

28 diciembre, 2014

SIS Garnacha tinta 2014

Projecte Sis garnatxa negra 2014
Projectes SIS Edició Hostal Empúries Garnatxa negra 2014. 13,5% Vi sense DO

Dos amics es troben i es reconeixen en els vins que més els agraden. Podria ser qualsevol parella d’amics i aquí acabaria la història. Però resulta que els amics són Ferran Centelles i Rafa Peña. El primer és un dels grans i més sensibles sommeliers de l’escola catalana. El segon, un dels més interessants i joves cuiners del país (Gresca). A més, és dels que cuina tenint sempre presents els vins de la seva carta. Es troben de fa anys, beuen, es reconeixen i disfruten amb vins semblants.

Acaben fent els seus vins. Amb la complicitat de les vinyes, els raïms i les instal.lacions de Celler Espelt, posen ara sobre la taula un vi de garnatxa negra del 2014. Un vi novell. Un vi de terres de vent i de mar, de fruita que ha crescut entre el sauló i l’argila, de most que no ha conegut la fusta, que ha macerat poc amb les pells i ha fermentat amb els llevats de la vinya, sense remuntats ni pressions innecessàries. Potser hi ha anat a parar fins i tot algun gra que ha començat a fer-se vi abans de rebentar la pell…

Volien fer un vi de set. Volien fer un vi que corregués ràpid i àgil pel paladar. Volien fer un vi amb les bondats bàsiques de la garnatxa (un vi amb volum però directe; un vi de cireres madures, de mores i lleugerament rodó). Volien fer un vi que et fes pujar en un globus i et mostrés les meravelles de la terra de l’Empordà on neix i es beu (a l’Hostal Empúries només, on ara també cuina Rafa Peña). Volien fer un vi fresc i amable. Se n’han sortit, us aviso, se n’han sortit. Volien fer, a més, un vi de consum ràpid: també ho han aconseguit! Obres l’ampolla i vola com el vi que du dins!

Projectes SIS Edició Hostal Empúries Garnacha tinta 2014. 13,5% Vino sin DO

Dos amigos se encuentran y se reconocen en los vinos que más les gustan. Podría ser cualquier pareja de amigos y aquí terminaría la historia. Pero resulta que los amigos son Ferran Centelles y Rafa Peña. El primero es uno de los más grandes y sensibles sumilleres de la escuela catalana. El segundo, uno de los más interesantes y jóvenes cocineros del país (Gresca). Además, es de los que cocina teniendo siempre en cuenta los vinos de su carta. Desde hace años se encuentran, beben, se reconocen y disfrutan de vinos parecidos.

Acaban haciendo sus propios vinos. Con la complicidad de los viñedos, de las uvas y de las instalaciones de Celler Espelt, proponen ahora un vino de garnacha tinta del 2014. Un vino primero. Un vino de tierras de viento y de mar, de fruta que ha crecido entre el sablón y la arcilla, de mosto que no ha conocido la madera, que ha macerado poco con sus pieles y que ha fermentado con las levaduras del viñedo, sin remontes ni presiones innecesarias. Puede, incluso, que haya ido a parar a él alguna uva que empezó a hacerse vino antes de que su piel reventara.

Querían hacer un vino de sed. Querían hacer un vino que corriera rápido y ágil por el paladar. Querían hacer un vino con las bondades básicas de la garnacha (un vino con volumen pero directo; un vino de cerezas maduras, de moras y ligeramente redondo). Querían hacer un vino que te montara en un globo y te mostrara las maravillas del Ampurdán donde nace y se bebe (sólo en el Hostal Empúries, donde ahora también cocina Rafa Peña). Querían hacer un vino fresco y amable. Se han salido con la suya, os aviso, lo han conseguido. Querían hacer, además, un vino de consumo rápido: ¡también lo han conseguido! Abres la botella y ¡vuela como el vino que lleva dentro!

Postscriptum. ¡Acabo de darme cuenta de que esta entrada es la número 1200 del cuaderno!
Projecte Sis garnatxa negra 2014dos

25 diciembre, 2014

Mi cuento de Navidad

from static.thecia.com.au
Yo no tengo aquello que se suele llamar "espíritu navideño". Dicho en pocas palabras: me parece una memez. Procuro (no siempre lo consigo...) hacer el bien durante todo el año y no espero recibir a cambio más que los efectos de ese bien en las personas con las que estoy. Personalizar, enfocar, mediatizar, segmentar, distribuir en unos pocos días ese "voy a  ser bueno, voy a ir con una sonrisa y voy a portarme bien" me parece casi sombrío. Y la cara que me queda, lo confieso, durante estas fiestas y con ese espíritu campando a sus anchas, suele ser la de la imagen superior...

Mi mejor antídoto para superar algunos de estos días suele estar en las mesas y en las copas. Rodearse de personas (tampoco todas, claro...) que te transmiten energía y alegría. Cocinar cosas bonitas. Beber vinos (a ser posible de amigos o de conocidos) atractivos y de los que puedes contar historias, son cosas que me llenan. Este año es especial y quiero contar por qué. Algunos me llamarán ingenuo, otros pensarán que estoy desinformado y que no vivo en la realidad de la calle y del día a día del mundo del vino. Puede que tengan razón. Pero sí vivo mi realidad y sí vivo, veo, leo, charlo sobre mi mundo del vino día a día. Y detecto que esa realidad está cambiando en los últimos tiempos.

Lo escribí (casi más como un deseo) en un post que Vila Viniteca me pidió. Por qué no bebían vino los jóvenes, me preguntaba. Y hubo muchos comentarios interesantes que apuntaban hacia lo mismo y coincidían con una de mis ideas: cada época de la vida tiene sus vinos. Y si acertamos en qué hacemos, en el precio que le ponemos y en quién pensamos para beber según qué vinos, ya no tengo la menor duda: los jóvenes cada vez beben más vino y se interesan más por saber qué beben. Lo comenté hace poco en twitter: comprobar cómo los amigos de mi hijo menor consideran que "beber vino mola", que "saber qué bebes y poder entrar en un restaurante y pedir con fundamento mola", me dejó con el cuerpo contento y pensando que algo se estaba moviendo.

En los últimos días he hecho varias pruebas sin decir que las hacía. Para un grupo de unas 40 personas, algunas de las cuales apenas bebían vino, propuse varios ancestrales de graduaciones alcohólicas entre los 10,5% y los 14%, de variedades más tánicas y vinosas (monastrell) hasta variedades más sutiles y delicadas pero con fuertes aromas de tierra (xarel.lo rojo). Los más jóvenes, aquellos que confesaban que tomaban cerveza o apenas nada, bebieron con alegría y se lo pasaron de primera. No dejaron ni una botella viva y casi todos prefirieron un grado alcohólico más amable y fragancias más sutiles. Pero insisto: en ninguno de los casos, no quedó una botella sin abrir ni consumir. ¡Para mi alegría!

Ayer por la noche, mi hijo mayor (21) me dio la última sorpresa: nunca había manifestado especial interés por el vino, ni tan siquiera en la mesa de casa. De vez en cuando bebía alguna copa pero me daba a mí que era más por las ganas de alcohol que por otra cosa. Me equivocaba...Muchos jóvenes a la mesa también, desde los 18 hasta los 29 años. Propuse de todo: desde uno de los grandes de la DOQ Priorat (cosecha 2006), pasando por burbujas ancestrales y de segunda fermentación en botella (DO Cava y Champagne del Aube) y terminando por un vino dulce de solera de 1954, de garnachas y licoroso. Yo casi pasaba de él...pobre!!! Hasta que se me queda mirando y me dice: "no quiero beber mucho pero quiero probar todo y quiero entender todo". Y: "quiero poder entrar en una tienda de vino y saber qué elijo".

No hace falta que os diga que la cara que llevo desde ayer por la noche y con estas últimas experiencias y comentarios, ha cambiado radicalmente de la de la imagen superior a la inferior. No soy iluso, no soy ingenuo. Sé de dónde venimos y, casi, dónde estamos a nivel de consumo del vino en este país. Pero intuyo, por lo menos desde mi experiencia personal, que algo está empezando a cambiar. Que, como decía mi amigo Juancho Asenjo no hace mucho en Facebook, no podemos permitirnos el lujo de perder a otra generación para el vino. Ahora es el momento de entender qué quiere beber la gente joven. Ahora es el momento de estar dispuestos a llevar cualquier botella, a dar cualquier explicación, a estar en cualquier sitio donde se nos pida que hablemos de vino para hacer que esta realidad, que apenas intuyo, se convierta en algo sólido.

Con los más jóvenes, sepan mucho o poco. Quieran ser profesionales o buenos aficionados. Que no quede una pregunta sin respuesta ni una inquietud sin resolver. Que no deje de abrirse ninguna botella que llame su atención. Ese es mi cuento de Navidad, ésta mi ilusión: estar en la calle y ver el interior de un local hermoso y acogedor, con una mesa alegre y llena de jóvenes, con (pongamos) tres o cuatro botellas de una misma variedad de vino de distintos lugares, comentando y bebiendo, gozando y entendiendo. Lo he visto en otros países: ¿por qué no hacemos que, entre todos, ésa sea una nueva realidad? Puede que sea un cuento de Navidad pero yo quiero seguir contándolo todo el año. Y voy a hacerlo.
from Holidayswishes.net

23 diciembre, 2014

Château Paquita 2013

Chateau Paquita 2013
Los lectores de este cuaderno saben que apenas repito vinos. Nunca bebo dos veces el mismo vino en casa y casi nunca publico sobre dos añadas distintas de un "mismo" vino. Y entrecomillo el adjetivo porque va a ser evidente para todos los que gozaron de Château Paquita 2012, que la versión 2013 tiene poco que ver con la añada anterior. Buena señal, por supuesto: Eloi Cedó (Sistema Vinari), que es quien lo hace, no es el mismo; la añada, el clima, la proporción de uvas, no es la misma; la vinificación no es la misma. Ergo, si hubiera que justificarse (no siento la menor necesidad de hacerlo), podría decir con tranquilidad y aposento que Château Paquita 2013 no es el mismo que el 2012, y ello me permite escribir con franqueza y pachorra sobre él.

La etiqueta es distinta (fruto de las desparramantes sinapsis de Marc O'Callaghan). No es detalle baladí. Con 2012, Eloi mandaba una postal a todo el mundo: "escribid en mi vino, escribid con él. Decid cosas a vuestros amigos con él. Estoy aquí y no soy ya el cantamañanas que salió de Tivissa". Fue un vino que me encantó...pero tiene poco que ver con 2013. El imaginario bestial de O'Callaghan es el protagonista de la etiqueta del 13: los dragones de Obsèquies se apoderan del lienzo. En vez de escupir fuego y comer princesas, beben vino y se comen los unos a los otros. Dragones sensatos, aunque alados. Horror uacui y madurez de líneas. Rotundidad del concepto y dominio del rojo: vamos a por todas, que lo sepáis, parecen estar diciendo.

Así es el vino. Callet y mantonegro macerados y fermentados en acero: 75%. Monastrell en maceración carbónica completa: 25%. Todo pasa después a botas de 500L (6 meses), inox para la estabilización (3 meses), botella para la afinación (5 meses). El resultado final tiene tanto de vino serio y con entidad como de vino de añada y divertimento. Es un vino goloso y serio al mismo tiempo, con más empaque y cuerpo que el 2012. Crecemos y hacemos vinos con mayor entidad y presencia en boca. Sombra amable y deseo. Cereza picota y mora en su zarza. Calor de septiembre bajo la protección de un buen árbol. Es un vino zumoso y con espíritu. Arándanos negros y espíritu de campo. Bolas de pimienta roja: las arrancas del pimentero y las estrujas en tu mano. Ciprés y brezo. Agua fresca cerca del viñedo. Arcilla roja y raíces profundas. La oscuridad y la humedad y la frescura del interior de la isla, que siente la presencia del mar y de la sal pero no las ve.

Eloi Cedó ha conseguido una especie de cuadratura del círculo: ha hecho un "vin de soif" con hechuras de vino de guarda. Menudo crack...qué suerte tenemos de poder disfrutar de sus vinos y de la combinación de libres talentos que se da en 4kilos vinícola, donde Eloi también trabaja. Ad multos annos!

20 diciembre, 2014

Partida Creus SP ancestral 2013

Parrida Creus SP ancestral natural 2013
Antonella y Massimo, Partida Creus (sur del Penedès, sierra de Bonastre), artesanos del buen vivir, filósofos avant-la-lettre del sencillo y gran comer y beber, ejercen con discreción desde su cella de Bonastre. Tienen muchos vinos interesantes y que expresan, con libertad y soltura, las bondades de su tierra y de las uvas que cultivan en ella. Una de sus especialidades es el vino con burbuja nacida (mejor, conservada) en la botella con el método ancestral. Un buen vino ancestral (una única fermentación, la alcohólica, que empieza fuera de la botella y termina en ella, conservando el CO2 liberado) merece su tiempo de reposo y tengo la convicción de que si se ha hecho con levaduras del viñedo y de la bodega (aunque en esa bodega pocas habrá...limpieza superescrupulosa...) y no ha sido ni filtrado ni estabilizado con sistemas ajenos al vino, el tiempo en botella le sienta de maravilla. Ahí están los ejemplos extraordinarios de los Bartra en Vega de Ribes para demostrarlo.

Abrir este Subirat Parent de Partida Creus, 2013 y 11,5%, un año largo después de su embotellamiento, es un regalo para los sentidos (no demasiado frío, por favor: unos 10ºC...). Olerlo y notar la viveza y frescura de su presencia en boca, hace pensar que tiene, todavía, un largo recorrido. Subirat Parent (o subirat) es uno de los nombres que recibe la uva malvasía en el Penedès, el Baix Camp y la Conca de Barberà. Tipos de malvasía hay más de 30 en el Mediterráneo  pero el clasificado por el European Vitis Database con el número 213 es el que se encuentra en esta zona. Quizá su principal característica sea la de una fragancia más atenuada, menos "rosácea" y terpénica que la de otras malvasías. Es un vino perfecto para alegrar los corazones de los que se atreven a buscar combinaciones nuevas de recetas y vinos. Muestra la sequedad y aromas de la maquia del sur del Penedès (no nos atrevamos, es lo único que sugiero, a ponerlo con los postres navideños...). Regala con la fragancia contenida del subirat parent, que se mueve entre la retama y la aguja de pino. Gusta por el encanto y la frescura de la burbuja ancestral. Atrae por el recuerdo del sol, del viento y del mar azul tan presentes en Bonastre. Es un vino comodín, un vino de alegría y de sed. Muy recomendable tener alguna botella a mano para los días que se avecinan...

17 diciembre, 2014

Táganan blanco/white 2013

Táganan blanco 2013
El Teide soñó un día que quería ser el Etna. Flor de manzanilla. Pedernal. Sapidez y madurez. En el corazón del volcán dormido: fuego antiguo y humedad latente. Aromas a tierra y a grava, a basalto y a magma. Perturba la intensidad susurrante de este vino. Sequedad y poder. El Teide soñó un día que quería ser el Etna pero pronto cayó en la cuenta de que no le hacía falta: ¡poesía otros poderes!...mayor concentración, mayor competencia, menor memoria y raíces echadas en la conciencia del volcán y no en una tradición de miles de años. Retama. Pan prieto, pan antiguo: levaduras en pan de kamut (Trade Mark) y de centeno. Pan ácido, pan con sal. (A ratos, casi parece un vino hecho por Pierre Overnoy cuando era más joven). Posgusto exquisito y amargo, largo, intenso pero con volares de elfo: corre con ligereza y precisión. Zumo de pomelo. Yesca y pedernal infinitos, siempre ahí. Vino de tierra profunda, vino de raíces, vino sin concesiones. Vino de una tierra, no de unas u otras uvas. Vino de una sensibilidad. Táganan blanco 2013: el sueño de un volcán que está despertando y se está convirtiendo en realidad. Un vino a un precio ridículo para lo que es, para lo que representa: ni más ni menos que el despertar de la conciencia de personas y cepas junto al volcán...

11 diciembre, 2014

Wine & People:Wine & Fun:Drink & Enjoy

Wineandpeople es una plataforma que facilita el encuentro entre personas que buscan compartir buenas botellas y mejores momentos. Monvínic es mi lugar de vinos de referencia, uno de los mejores del mundo. El pasado día 3 de diciembre tuve la suerte de poder compartir con unos cuantos amigos la presentación de Wineandpeople en Monvínic. La combinación fue mágica y las personas que vinieron, pusieron el resto. Me pidieron que eligiera las botellas que me apetecieran de entre una selección hecha por Fernando Angulo, qué privilegio... Y que las contara a mi manera. Eso hice. Lo pasé de primera y creo que los que me acompañaron no lo pasaron mal. Aunque en ese momento di mucha información sobre cada bodega y vino, centré mi atención en las personas. Ellas son las que, con su actitud, con su punto de vista y con sus gustos, interpretan al viñedo y lo convierten en material sensible que puede ser olido y bebido en una copa. Las personas. Ellas hablan de sus vinos tanto como los propios vinos. Intenté entrar en su corazón y en sus vinos a través de una foto. Así fue.
Pierre Clavel a punto de vendimiar
Domaine Clavel. Coteaux du Languedoc. Les Garrigues 2011. 60% syrah, 8% carinyena, 32% garnatxa. 14%. El antihéroe, el hombre con alma y sonrisa permanentes, el hombre hecho a si mismo y que ha sabido superar todas las dificultades, sonríe como su vino, es fresco y ágil pero con carácter. Tiene una nariz poderosa, de laurel y romero, de tomillo y, casi, de buqué garni, de aceitunas negras muertas y de aguja de pino en el suelo. Es un vino alegre y redondo, sencillo pero con una personalidad que no decae. Pasa como si nada...Un vino muy de su tierra, con frescura de arcilla roja y aires de hormigón.
Valérie Frison de Marne
Demarne-Frison NV (pero es 2011) Goustan BN. 100% Pinot noir. 12,5%. Degollado en noviembre de 2013. En esta época, Thierry de Marne y Valérie Frison hacían este champagne juntos. No sé qué es de quién en él, pero en el retrato de Valérie (desde 2015 estén ustedes muy atentos a la etiqueta Val'Frison!) veo algunas cosas que me gustan. Veo alegría y un perfil claro, veo también carácter y naturalidad. Veo estructura y agilidad. Goustan 2011 es un vino estructurado y sápido, con buena tanicidad y el perfil mineral de la tierra de cal y sedimentos marinos tanto como el de la fruta negra que lo integra. Un champagne vinoso y de muchas posibilidades de combinación. Con perfume de zarzamora y de violetas, íntegro y poderoso  tanto como fino en su evolución. Un vino que llena todo con persistencia e interés.
Françoise Bedel en su viñedo
Françoise Bedel, Dis, “Vin secret” NV, pero mayoritario de 2005. 80% Meunier, 15% Chardonnay, 5% Pinot noir. 12%. Degollado en diciembre de 2012. Françoise Bedel es una mujer discreta y firme, de profundas convicciones nacidas de crisis personales. Sabe qué hace y por qué lo hace. Con delicadeza y determinación. Su cuvée Dis, "vin secret"  de 2005 es un vino delicado. Hay que acertar con el día y las horas de descanso de la botella abierta (ella lo decanta, nosotros no lo hicimos...) pero es un vino fino. A pesar del poder del meunier dominante, la añada, el reposo y el largo degüelle ofrecen un perfil de finura, de manzana reineta madura, de ralladura de piel de limón, de galletas de mantequilla con ese limón. Tiene una burbuja delicada. Un vino que entra con suavidad y que no para de decirte cosas.
Laval, Vincent
Georges Laval, Cumières premier cru BN NV, pero 2011 (90%) y 2010 (10%). Chardonnay 50%, Pinot noir 30%, Meunier 20%. 12%. Degollado el 7 de abril de 2014. Vincent Laval es un hombre de la tierra. Cayó dentro de la "marmita" del champagne y la barrica de pequeño y ahí se ha quedado. Austero y firme en sus convicciones, sutil y delicado en su trabajo en el viñedo y en bodega. Serio pero con la complicidad a flor de piel. De todos los bebidos ese día, quizá sea este Cumières el que se muestra más tierno y, casi, todavía por ensamblar en botella. Los meses de barrica por separado, el degüelle reciente, hacen que el trabajo en botella se sienta, todavía, necesario. Con las horas, el vino acaba revelando la pureza de su terroir, su alma clásica, la belleza del equilibrio (que ya se intuye) entre las variedades y el ligero, persistente, dominio de las tintas.
David Leclapart bebiendo
David Léclapart, L’amateur NV pero es cosecha 2010. Blanc de Blancs pas dosé. 12,5%. Degollado en mayo de 2014. Léclapart es otra persona de convicciones, un alma sensible y con espíritu de artista tanto como de artesano. Su Amateur muestra esa sensibilidad puesta al servicio de la expresión radical de la tierra de sus cepas. Aromas de hinojo silvestre, aires de caliza, recuerdos de hierbaluisa,  acompañan a una boca llena de energía  y de fuerza. Es un vino que agradece las horas de botella abierta y en copa. Con ellas, acaba mostrando el perfil más íntimo y fresco de un chardonnay que nació, casi, con alma de tinto.
Joan veremant Arbossar 2013
Terroir al Límit, Roc d’Aubaga 2013, DOQ Priorat. 60% garnatxa blanca, 30% garnatxa negra, 10% garnatxa gris. 13%. Es el regalo de un amigo, Dominik Huber, que me permite hacer el vino que tengo en la cabeza en el Priorat. Viñedos en La Morera, orientados al norte en tierra de arcilla fresca y franca, de cantos rodados y sedimentos marinos. Un vino que sólo busca fruta y volumen en boca, aunque empiece con una reducción que pide a gritos una decantación. La fruta llega con el tiempo. No hablo por mí, faltaría más. Intento transcribir lo que escuché alrededor de la mesa. Emociona por su color. Cuesta entrar en él por esa reducción evidente. Recompensa con las horas por la intensa, sin filtros, carga frutal que esconde. Frambuesa (caramelo de palo Kojak), jarabe de fresas, zarzamora (con el recuerdo vivo de la vegetación) y frescura. En boca, se eleva y se hincha como un globo de garnachas, llena todo y acaba dando momentos de satisfacción a quienes tuvieron paciencia con él en la copa. Los meses van mostrando que, sin pretenderlo, hice un clarete de guarda...

El Bolli en la Mahina
Alba Viticultores, Alba sobre tabla 2013/2. Palomino fino de los pagos de Mahina y Miraflores, en Sanlúcar de Barrameda. 11,2%. La imagen es del Bolli. Él encarna el espíritu de la gran aventura de Alba Viticultores, con Fernando Angulo como ideólogo. La dignidad de la tierra pertenece a quien sabe escucharla. Las personas le dan lo mejor, la tierra lo agradece. Aunque haya otras personas que se emperren en hacer el mal y en acabar con esa vinculación personal, Alba Viticultores lucha por devolver la dignidad del trabajo, del esfuerzo a los viticultores de talento natural y fruta única, como el Bolli. Hablamos de la tierra albariza, hablamos de la expresión sin filtros ni máscaras del palomino fino con apenas un paso ligero por barrica sanluqueña muy vieja (manzanillera ella), de generoso velo en flor (la número 2 de 2013). Sal y cal. Hollejos y tierra. Levaduras y pan. Alegría de una buena idea y de un trabajo bien hecho. Frescura y alimento. Dignidad que viene del reconocimiento.

Los siete vinos evolucionaron positivamente a lo largo de las cinco horas en que convivimos con ellos. Descansan ahora en paz en nuestros corazones y forman ya parte de los cuerpos que han de volver a la tierra de la que salieron las uvas. Sensación de plenitud y de que, en ocasiones como ésta, el círculo se completa.

06 diciembre, 2014

Andorra y sus vinos

Viñedo de Casa Beal Andorra en otoño 2
El II Encuentro de Microproductores de vino en Andorra me ha ofrecido algunas oportunidades preciosas: conocer a mucha gente interesante de la que había oído hablar pero con la que no había coincidido; recuperar viejas amistades y renovar amistades recientes; descubrir bodegas y gentes nuevas para mí en el mundo del vino; y, de hecho, la más importante y que me llevaba al país pirenaico: hacer un repaso exhaustivo de las bodegas y los vinos de Andorra. Por primera vez para mí, poder entrar en contacto con quienes están liderando la apertura agrícola de Andorra ha sido valioso. El encuentro tiene una gracia especial, además de por el lugar en que se hace (Sant Julià de Lòria): es multivarietal (si me permitís), diverso, polifacético. Es una muy buena idea que merece prosperar y conocer nuevas ediciones. Te permite asistir a debates (las mesas mal llamadas redondas) con protagonistas que están a pie de cepa: sobre el concepto de microproducción y el valor real de las uvas casi siempre mal llamadas autóctonas; sobre la biodinámica, etc. Te permite probar vinos de más de 50 bodegas (en esta ocasión, andorranos, españoles y franceses) y te permite, en fin, conocer el territorio, pisar viñedos y probar los vinos en las bodegas de quienes los hacen en el lugar en que los hacen.
Viñedo de Celler Mas Berenguer Andorra en otoño
Sobre los vinos de fuera de Andorra, diré poco. No era ése mi objetivo en esta ocasión y probé bien poco. El que más me gustó de lo bebido, de largo fue el Barco del Corneta, el verdejo de Bea Herranz del paraje Cantarranas (La Seca): en 2013 Bea alcanza una comprensión profunda de la relación entre tierra, uva, mosto, vino y madera y ofrece su primer clásico. Impresionante la riqueza, texturas, finura e intensidad de este vino. El que más me sorprendió, pero del que poco puedo decir (apenas conozco al, me atrevo a llamarle así, personaje Gaby Ameztoy), es el V/S 01 (Vinos Subterráneos 2012), un rioja de San Vicente de la Sonsierra (con uvas de Elciego), de tempranillo, graciano y viura en MC que ya da que hablar y que, en el futuro, puede que diga todavía mucho más: en cuanto manejen sus propios viñedos sabremos en verdad de qué va la cosa.

Sobre los vinos de Andorra diré más. Me atrae mucho el hilo conductor que parece unir a todos los bodegueros, que no es, como malpensaba yo, el del cambio climático y el de la necesidad de subir metros en una latitud adecuada para combatir la subida de temperaturas, la escasa lluvia y la desertización. Las cuatro bodegas que trabajan en Andorra son propiedad de andorranos y suya es la ideología fundamental que les une: vamos a volver a nuestros orígenes; vamos a dar un paseo por nuestras raíces; vamos a redescubrir valles que, hace muchos años, tenían ya viñedos;  vamos a darle a estos valles y montes puros, una agricultura que sea muy respetuosa con el medio ambiente y que contribuya a la riqueza, también paisajística, del país (desde el viñedo: qué bonito...no hay más que ver las pocos fotos que hice para darse cuenta del potencial de esta idea-tractor); vamos a romper el discurso monolítico en Andorra de turismo de montaña y de esquí y vamos a hablar, también, de enoturismo vinculado a la gastronomía del país (de una riqueza desbordante); vamos, en fin, a romper los monocultivos dominantes (de patata y de tabaco) y vamos a reintroducir el elemento diferencial que nos devuelva el policultivo y la riqueza medioambiental a los valles: la cepa (con sus abejas).
Viñedo de Casa Beal Andorra en otoño
Hay que dejarlo claro: el renacimiento del vino en Andorra no es, pues, un efecto (positivo) del cambio climático: trabajar estas tierras, convivir con el clima de la zona, acertar con las variedades que mejor se van a adaptar a la geología variante, es tarea hercúlea y nada sencilla. La primera bodega contemporánea, Casa Beal, justo empieza a estudiar su implantación en 1987. Todo es muy reciente y hay que tener paciencia con los resultados: la viticultura es una cosa de sosiego, de tranquilidad, de observación pausada y de mucho ensayo-error/ensayo-acierto cuando estás reconstruyendo una tradición de la que apenas quedan vestigios. Las variedades pirenaicas no se han recuperado todavía (entiendo por locales las que servían para producir hace más de 100 años) y las bodegas y sus asesores han mirado muy intensamente (quizá demasiado y no siempre en la correcta dirección...) hacia las montañas del Alto Adige (gewürztraminer: los monovarietales de Casa Beal con esta uva, sobre todo el vino de hielo, me parecen de lo más destacado del panorama, y serán grandes vinos en el momento en que el concepto de trabajo en el viñedo se traslade a la bodega) de Suiza (cornalin, chasselas...) y de los Alpes (mondeuse) y cercanas al Ródano medio y superior (syrah, chardonnay, pinot gris y pinot noir). Por supuesto, hay otras variedades (albariño, viognier...) pero dominan las que proceden de tierras con condiciones climáticas parecidas a Andorra.

Por lo demás, me quedó claro el trabajo de estudio concienzudo que todos han hecho con el clima de cada zona (fundamentalmente en los dos márgenes del río, en la latitud de Sant Julià de Lòria, que es, más o menos, donde están las cuatro bodegas) y con los suelos. Pero me quedó menos claro que todo el mundo sea consciente de dónde procede la madera que han plantado en sus viñedos. Por decirlo fácil: me da que todo el pinot noir que está plantado en Andorra procede de clones borgoñones de origen, cuando creo que los clones que, desde hace muchos años, dan extraordinarios vinos en Roquetaillade (Aude, al otro lado de las montañas...un poco más al este) darían un juego mayor (aunque, hace muchos años, procedieran también de la Borgoña...). Lo mismo pienso para los chardonnay bebidos (de nuevo con los viñedos de las Corbières en la cabeza), con la excepción del GC BdB 902DC 2012 de Celler Mas Berenguer, que me pareció un extraordinario espumoso méthode champenoise, complejo y rico, con una boca espéndida y aromas de musgo, líquenes, hinojo, brioche, miel de castaño... Del Celler Casa Auvinyà (con una historia humana detràs para no olvidar) me atrajo poderosamente la fragancia y viveza de su Imagine 2013, un blanco seco con albariño, pinot gris y dominante viognier (pomelo, mango, peras limoneras) y el futuro que se intuye a su monovarietal de syrah, el Evolució 2012. De Borda Sabaté 1944 creo que el Escol 2013 (riesling) es el que mayores alegrías les va a dar, sobre todo si lo vinifican con uno de los tres caminos que, intuyo, mayor proyección pueden tener en el Principado: en forma de burbujas.

La última comida la tuvimos en un lugar muy a tener en cuenta: Cal Bou, en Fontaneda. Con una cocina muy sencilla pero cuidada, productos de la tierra, máxima sensibilidad y sabores, Albert Casal ha dado con la propuesta ideal: la gastronomía de la zona (buñuelos de verdura, croquetas de carn d'olla, extraordinario arroz de montaña...), con los vinos de Andorra (el arroz con el Evolució 2012 syrah de Casa Auvinyà estuvo a gran nivel) en un lugar único y espectacular. Como dirían aquellos..."ça mérite un détour..."

Me fui contento: vi proyectos y caras nuevas en una tierra de promisión, pura y de gran belleza. Vi ideas y muchas ganas. Vi ilusión y competencia. Vi respeto y energía por darle a Andorra, con calidad y exigencia, sin prisas y con tenacidad, una nueva cara a su versatilidad: las cepas. Los viñedos y los vinos de Andorra están llegando, nos están dando ya alguna espléndida realidad y nos van a dar mayores alegrías en el futuro. Voy a estar atento.

Las fotos primera y tercera son de viñedos de Casa Beal, en Nagol (Sant Julià). La central corresponde al viñedo BdB de Casa Berenguer, en Fontaneda (Sant Julià).

25 noviembre, 2014

El microscopi 2013

El Microscopi 2013 de Irene Alemay, un vino solidario para luchar contra el cáncer de mama
Ando pensando en los pececillos de David Foster Wallace. Acaba de publicarse su único discurso académico (Esto es agua, Random House), seis años después de su suicidio. En él se pueden leer algunas cosas inspiradoras, una de las cuales enlaza, vía corazón y vísceras, con lo que Irene Alemany busca con su El Microscopio 2013. Dijo Foster Wallace (p.126): "el tipo realmente importante de libertad implica atención, y conciencia, y disciplina, y esfuerzo, y ser capaz de preocuparse de verdad por otras personas y sacrificarse por ellas, una y otra vez, en una infinidad de pequeñas y nada apetecibles formas, día tras día".

Irene Alemany (Alemany&Corrio) superó un cáncer de mama gracias al trabajo y a la investigación que se desarrollan y aplican en el Institut Universitari de la Vall d'Hebrón y en el Institut Oncològic Basselga. Y quiso mostrarse agradecida. Desarrollando un concepto que me encanta: ser solidario no significa dar algo sólo si te sobra. Ser solidario significa compartir todo lo que tienes. Ser solidario, añadiría, implica preocuparse de verdad (en los detalles de cada día) por los demás. Ser solidario, en el caso de Irene, significa hacer un vino, El Microscopi 2013, de merlot, cariñena y cabernet sauvignon (agricultura sostenible, levaduras de los viñedos, sin filtrar) y ponerlo a la venta por 8€ (gracias a la ayuda de Vila Viniteca, donde se puede comprar). El 100% de las ventas de este vino irán a la compra de un microscopio que los del Vall d'Hebrón necesitan.

Vamos a decidir cómo queremos ver las cosas, ¿no?, pedía Foster Wallace. La de Irene es una manera hermosa de verlas. Y la comparto. Yo voy a comprar el vino y creo que no hace ni falta que hable de él. Me sabrá a gloria. 

19 noviembre, 2014

Josep Ll. Pérez: las horas del otoño


Con las Hores de la tardor (del otoño), se completa el ciclo de las estaciones en Cal Compte. La uva reposa ya en las bodegas y las texturas del rojo y del ocre ocupan tierras y espíritus. Es el momento de combinar alegrías y decepciones, energía y reposo, efervescencia y bondad. Lenta pero tercamente tierra, cepas y personas adaptamos nuestro ritmo  a una luz menos intensa y a una temperatura más baja, que invitan al reposo. Es el momento, también, de la reflexión que lleva a la renovación constante. Nadie como Josep Lluis Pérez y Montse Ovejero para compartir, con los afortunados que pudimos estar con ellos, estas horas de otoño. Nadie como ellos para mostrarnos, con el pretexto (si así se le puede llamar porque es mucho más que eso) de los nuevos vinos naturales que han hecho en 2012 y 2013, su camino de experiencia, su manera de aprender, de comprender que para vivir hay que reflexionar y prosperar, hay que observar y escuchar, hay que comprender, proponer y avanzar. La renovación, la idea de que nada muere sino que todo se transforma, está en la base de su trabajo en el campo como lo estaba en la de nuestros antepasados, que centraban su vida en una discreta relación con la naturaleza y en la comprensión de lo que sucedía en ella a lo largo de las estaciones del año.

Los cuatro elementos fundacionales de cualquier civilización (aire, agua, fuego y tierra. Añadiría la luz, sin la que nada puede existir) servían para que un grupo de arriesgados se estableciera en un nuevo lugar, servían para crecer y para alimentarse de lo que la tierra quisiera ofrecer a través del cultivo. Existía un pacto entre dioses y hombres. Gracias a él, quien se establece por primera vez en una tierra, la habita en paz; por él, se obtiene la necesaria protección a cambio de ofrendas con las cosechas; y gracias a él, realizando con respeto y cuidado estas acciones, no sólo se cultiva la tierra para poder comer. El cultivo proporciona, también, alimento para el espíritu. De aquí procede la palabra "cultura". El alimento físico que proporcionan los elementos seminales de una civilización se convierte, a través del culto a las cuatro estaciones, en alimento espiritual, en camino que los hombres tienen que recorrer para superar la muerte física que saben que ha de llegar. La transformación de las uvas en mosto y del mosto en vino gracias a la metamorfosis de las levaduras te devuelve la tierra, el paisaje, el clima del año y la mano del hombre en una copa y es el símbolo que utilizaron nuestros antepasados para formular su deseo de inmortalidad.
Sortida de sol sobre el Priorat BY Rafael López-Monné
El invierno (cuanto más frío y duro, mejor) garantiza el reposo que anuncia una mejor cosecha. Todo parece muerto, pero no es así, todo reposa para renacer en forma de primavera. Las flores, la luz cada vez más intensa, el calor llaman a la naturaleza al renacimiento anual. La semilla crece, algunas se convierten en frutos que serán recogidos en verano o en otoño. Las que nuestros antepasados identificaron más intensamente con su relación con la tierra y con su deseo de pervivencia se recogen a finales de verano y en otoño. Las uvas. Baco preside, Baco es la simiente que todo lo puede, fertiliza y se convierte en fruta. Baco es la levadura que convierte al mosto en vino para decirnos: nada muere, todo se consume y transforma. Nada muere, todo renace.

Séneca lo explica tan bien como toda la iconografía de las cuatro estaciones vinculada a la muerte en la Antigüedad, que repasamos en Cal Compte.  Ad Lucil. 36, 9-12,  "La muerte no representa incomodidad alguna....Porque si tanto deseo tienes de prolongar tu vida, piensa que todas las cosas que desaparecen de tu vista y vuelven a la naturaleza de su ser, de la que salieron y a la que retornan, se reciclan: dejan de ser pero no mueren, y la muerte, que tememos más que nada y a la que rechazamos, interrumpe la vida pero no la quita. Fíjate cómo el mundo está formado por elementos cíclicos: verás cómo en él nada se extingue sino que desciende y asciende alternativamente. El verano marchará, pero el año siguiente nos traerá otro; el invierno ha muerto, pero los meses correspondientes nos traerán otro..."
Homo Vitruuianus
Josep Lluís Pérez es un hombre vitruviano en el siglo XXI. Él representa la medida de todas las cosas y de su observación atenta de la naturaleza y del trabajo con su fruto más emblemático, la uva, nace una visión y una reflexión que los demás vemos gracias a él. Vitruvio, en su libro III del tratado de arquitectura, decribe en qué consisten la proporción, la belleza, el equilibrio y la armonía de un templo. Lo hace, pero tuvimos que esperar a Leonardo da Vinci para comprender de verdad, gracias a ese Homo Vitruuianus de 1490, que lo que Vitruvio nos explicaba era algo tan sencillo como “el hombre es la medida de todas las cosas”. Se trata de que el hombre (algunos hombres...), con sus decisiones sobre las cosas que ve, con su actitud, con su reflexión sobre ellas, interpreta y ofrece una perspectiva renovada de las mismas. Josep Lluís Pérez y Montse Ovejero, en el mejor momento de sus vidas, recogen no sólo el fruto de sus viñedos sino, sobre todo, el fruto de su aprendizaje con un “nuevo” tipo de vinos…Diez años de observación y de trabajo, diez años que les permiten llegar a la conclusión de que trabajar la naturaleza no es intervenir en ella. Es observar y entenderla. Es actuar lo menos posible y cuando la acción se hace necesaria, es aplicarla de la forma menos intervencionista posible. Ellos hablan de agricultura regenerativa, otros usarán otras palabras...Se trata de que los viñedos reciban los ingredientes que la propia naturaleza proporciona para curar sus enfermedades, sólo si las hay. Se trata de que aquello que la propia naturaleza produce, consume y degrada (vegetación espontánea, cubiertas vegetales...) no se mueva de ella y dé su retorno en el mismo sitio en el que ha nacido. Se llama humus...Lo más importante sucede bajo tierra. Se trata de que actuemos lo menos posible porque hemos entendido lo más posible.

De ese trabajo fundamental en el viñedo y de un proceso tan complejo como lógico en la bodega (parten de la menor inversión en dinero y de la máxima invención posibles: de ahí que vea a Josep Lluís como a uno de nuestros leonardos contemporáneos) nacen vinos extraordinarios y, en apariencia, inverosímiles: el trabajo de la química ajena es radicalmente sustituido por el de la física del movimiento de las partículas (la enología de la cinética, me atrevería a llamarla). Nacen vinos por completo naturales que harían palidecer a los portaestandartes de las catas con analítica en la mesa. Nacen vinos que expresan como pocos las características de la añada, de las uvas en su combinación (garnacha, cariñena y syrah), de la tierra y del vigor de las cepas. Y que hablan como pocos de las personas que los hacen. 22 afortunados pudimos beber esa síntesis en sus añadas 2012 y 2013, tanto hechos en volúmenes grandes de madera o de inox como en barricas de 225L. Soy consciente de que me dejo en el tintero la mayor parte de detalles técnicos (Josep Lluís mismo los explica constantemente y me consta que piensa publicarlos en breve) pero hoy no son lo más importante. Lo que es importante (por lo menos, creo, para los que no pudieron estar en esa sesión) es que sea capaz de transmitir el valor que tienen este trabajo y estos vinos. Que sea capaz de deciros que nunca, como en esta ocasión, había sentido cómo puede llegar a cambiar el equilibrio de sabores un ensamblaje u otro de variedades de uva: en estas condiciones de máxima expresión de la fruta y nula intervención química en la bodega, la cariñena potencia los sabores de la syrah de forma increíble...y la combinación de garnacha, cariñena y algo de syrah transmite como pocas el sabor de las tierras de Mas Martinet. Que sea capaz de contaros que nunca como en esta ocasión había sido capaz de notar y describir el alma de un vino en su añada: sin la menor duda, los vinos que bebimos del 2013, con garnacha, cariñena y syrah, eran báquicos. Fijaos en la pompa triunfal del hijo de Zeus en la penúltima foto del post: eran vinos llenos de energía, de insultante alegría, de voluminosa y explosiva fruta, de abigarrada composición, llenos de música y de triunfo. Llega la tierra y nos anuncia, con el fruto de su fermentación más espontánea, que podemos llevárnosla al corazón con una copa. Rojo de Príapo, morado de Sileno. En cambio, los que nacieron de la cosecha de 2012, con garnacha y syrah, eran rotundamente apolíneos: ved la estatua de Apolo, llena de majestuosa serenidad, de clásica belleza, de equilibrio constante, sin perturbación alguna. Vinos rectos, serios, casi azules. Así fueron las añadas. Así supieron transmitirlas Josep Lluís y Montse. Así se mostraron esa noche los vinos.
Apollo of Belvedere by Dennis Jarvis
Todo esto vivimos en las Horas de otoño de Cal Compte. Todo esto aprendimos. Todo esto sabemos ahora: estamos en constante observación de la naturaleza y de nosotros mismos dentro de ella. Nada muere, todo se renueva y de la observación, aprendizaje y progreso que generan nuestro conocimiento, vivimos para no morir. De la íntima necesidad de compartir cuanto aprendemos y sabemos nace, en verdad, nuestra superación de la mortalidad. Hacerlo en la naturaleza del Priorat, entenderlo con los elementos clave que la Antigüedad nos legó, beberlo y asimilarlo en nuestros cuerpos y almas gracias a los vinos que hacen ahora Josep Lluís Pérez y Montse Ovejero en Mas Martinet, fue la mejor manera de completar un ciclo de cuatro estaciones que, no puede ser de otra forma, renacerá con otra apariencia. ¿Muere un ciclo? No: nace uno nuevo. Esperemos con expectación y alegría: a ver dónde nos lleva.
Thyasos báquico con 4 estaciones
La foto del Apolo del Belvedere es de Dennis Jarvis.
Josep Lluís Pérez i jo contents

15 noviembre, 2014

José Aristegui godello 2011 y 2012

Aristegui Godello 2011 y 2012
Hace casi dos años, mi amigo Marc Lecha me habló de José Aristegui. Yo había terminado ya la parte importante de mi viaje por la España vitivinícola que más me interesaba conocer y Marc estaba a medio camino de la suya. Yo iba en coche y él en bicicleta...Me habló de Aristegui, en A Rua (DO Valdeorras), con una mezcla de curiosidad y de llamada de atención. Como diciéndome: no dejes que te pase de largo...Tomé mis notas y en la libreta quedó esa página por escribir. Han tenido que pasar dos cosechas (2013 y 2014) para que José y yo trabáramos contacto a través de la red, charláramos y, gracias a su generosidad, pudiera yo beber con calma sus vinos. Hoy quiero hablar de su godello. Es cierto que esa zona de Galicia (como toda ella, como la vecina del Bierzo y etc) tiene gran variedad de uvas tintas (garnacha tintorera, mencía, gran negro, mourantón, brancellao, arauxa...) y puede que sean éstas las que llamen ahora más la atención. Pero es el godello aquello por lo que es conocida la DO Valdeorras, donce laborea José, y es en el godello donde yo quería intentar conocer, a través de una comparación entre las botellas de 2011 y de 2012, en qué andan los vinos de Aristegui. Por decirlo claro y fácil: si el estilo, la marca, la impronta, el tipo de vino son el mismo en dos añadas distintas como ésas, mal vamos...En mi opinión, por lo menos. Y los vinos son distintos, tienen su carácter y su personalidad diferenciadas. Puedo describirlos a partir de una base común, porque los viñedos y la forma de vinificar son los mismos, pero al mismo tiempo noto claras diferencias entre ambas añadas.

Eso dice ya mucho del respeto que José tiene por la tierra y por preservar en botella las características anuales de su godello. 2012 muestra una mayor concentración y requiere mayor concentración, mientras que 2011 es más ligero y zalamero. 2012 es más intenso, huele a brezo y a musgo, a miel de tomillo y en su evolución a lo largo de las horas y los días, muestra la complejidad de los grandes blancos. 2011 es más ágil y huele a hinojo silvestre y hierbaluisa. Ambos comparten un mismo corazón hecho de buena acidez y de trabajo equilibrado con las lías, de sustancia y de armonía, de textura redonda y solidez, de aromas de pera limonera y de citronela, de manojos de hierbabuena y de la piel de reineta en su punto. A ratos, este godello tiene aires, aromas y hechuras de gran riesling de añada: un vino blanco de calidad y enormes posibilidades de futuro.

José me regaló, además,  el bien más preciado; su historia. Una historia hecha a base de tesón, de abuelos, padres e hijos dedicados a cepas que plantaron los primeros. Viticultura tradicional, que le da la cepa aquello que necesita sólo cuando lo necesita...si se puede y se llega....Viticultura que deviene, por esa escasa pero atenta mano de obra, en viticultura del caos: llego donde puedo y si no llego, una tierra puede quedar sin labrar unos pocos años...Atiendes lo necesario, a veces lo mínimo, y el resto sobrevive. Podar, desbrozar, observar, mantener la cubierta vegetal. La tierra y el cuerpo que acaba bebiendo ese vino, lo agradecen... Cepas viejas, que no conocen ya herbicidas ni pesticidas ni sistémicos. Godello despalillado, enfriado, prensado en vertical y fermentado con las levaduras del viñedo, un poco de roble, un poco de inox y, sobre todo, un trabajo lento y sabio de meses con las lías. Este vino se clarifica, se filtra con sutileza y se sulfita lo imprescindible. José Aristegui está en el camino. Nació en el mundo del vino, se hartó y ha vuelto a él por convicción. Es la mejor manera. Ahora tiene claro su norte: ser capaz de obtener un retorno digno a su trabajo de viticultor y de transmitir la nobleza de aquello que empezaron su abuelo y su padre. José no va a parar en su evolución, en su lento retorno a la pureza y a la autenticidad de las uvas de su tierra. Acabará dándonos ese vino que su abuelo ya bebía y hacía beber en su cantina y por el que la familia era conocida y respetada en la comarca. Habían estudiado poco o nada esos abuelos pero sabían dónde nacía el mejor vino. Por ahí está ya andando José Aristegui y en ese camino nos encontraremos.

09 noviembre, 2014

Ratafía: el corazón del bosque

Llar de foc
La ratafía se puede beber a lo largo de todo el año, por supuesto, pero se me antoja, por aromas y sensaciones que despierta en mí, una bebida de otoño-invierno. La ratafía (imposible acogerse a una definición o a una receta: la de los diccionarios es muy incompleta; y tantas personas o empresas existen que hacen ratafía, tantas recetas hay...) es una bebida que simboliza como pocas (por supuesto, la primera es el vino) la esencia del bosque y del campo mediterráneos. Aguardientes infusionados con hierbas los encontramos en muchas culturas y civilizaciones pero la terca voluntad de quienes hacen ratafía hoy me ha mostrado una realidad que no conocía...Cuando voy por el bosque o por el campo, y no estoy en suelo vitícola, suelo concentrarme en pájaros y árboles. Iolanda Bustos o Andoni Luis Aduriz (en Francia, hay otros grandes nombres dedicados de hace años a eso...), hicieron que me diera cuenta del poder de las flores en la cocina.

Y la gente de la Confraria de la Ratafia, con su generosidad en acogerme y enseñarme los secretos de esta bebida, han hecho que me dé cuenta del poder de las flores y de las cosas del campo y del monte en su alianza con el alcohol. El resultado final suele ser variado y complejo en extremo, pero la culminación, a la que asistí la semana pasada, de la 33 Fiesta y Concurso de la Ratafía, me ha abierto un universo de sabores, un mundo y una cultura del que no era consciente. El mejor momento para cada planta y arbusto, la combinación de sabores para amalgamar un resultado final, la capacidad de transmitir, también, sentimiento y terruño a través de algo que tiene una graduación alcohólica a la que no estoy en absoluto acostumbrado, me han gustado mucho. El conocimiento personal de cada recolector y artesano de la ratafía, que se transite secularmente, tanto de palabra como por escritos, me ha encantado y ha abierto un universo gustativo y, sobre todo, de aromas, que quiero compartir con todos. Mientras olía y bebía las 10 ratafías caseras que habían sido seleccionadas para la gran final de ese 33 Concurso iba anotando:

corteza de naranja infusionada. Canela. Perfume de rosas. Rosas mustias. Azúcar de caña. Coca de pan con azúcar y matalahúva. Frescura de colonia de hierbaluisa. Clavo. Ras el Hanout. Delicadeza y profundidad. Musgo abierto. Naturaleza profunda. Flor de azahar. Alcohol incisivo. Pétalos de rosa secos. Flan. Crema catalana quemada. Anís estrellado. Queimada. Miel de caña. Miel de castaño. Granos de café torrefacto. Cardamomo. Éclair de crema de café. Ceniza de sarmiento. Cigarro habano...

Mil historias te susurra la ratafía cerca de la lumbre, que te invitan a entrar en el corazón de un bosque iluminado por personas, aromas y sabores muy variados. Merece la pena pasear por él con calma y casi en silencio.

02 noviembre, 2014

Terroir al Límit Les Manyes 2011

Les Manyes 2011
Qué mas da la DO o la DOQ: garnachas de altura en los viñedos sobre Escaladei, en las estribaciones ya occidentales de la Serra Major, entre 700 y 800 msnm. Suelos de arcilla roja y cantos rodados, suelos muy viejos del Montsant, los que proceden de lo más profundo del mar. Altura, frescura, temperatura, raíces. No todas las grandes garnachas tienen por qué dar cosas hermosas en las mismas condiciones, cierto, pero éstas de la parte alta de Escaladei tienen algo especial...Masdeu, L'Espectacle, Les Manyes... Como explicaba en las Horas de la Primavera Sara Pérez, la garnacha de esta zona (y, por supuesto, algunas otras como su Escurçons), tienen una "naturaleza expansiva, amable, llena de matices, aérea y poderosa". Les Manyes 2011 es un vino que empieza así: con fruta, mucha fruta, expansiva, aérea, parece que un globo de esa fruta roja y oscura esté elevándose por momentos ante tu paladar. Amplitud y seriedad en boca. Tanino jugoso y rústico a la vez, algo cuadrado. Sin florituras y con empaque. Mirto. Humedad al amanecer en la altura del Priorat. Frescura sin límites.

Al mismo tiempo, profundidad de sabores. Pastel de cerezas. Compota de ciruelas. Pimienta roja. Buqué garni: laurel y tomillo sobre todo. Con las horas, orégano: el monte bajo cercano a los viñedos se hace presente en la copa. Se me antoja un buen fricandó de llata de ternera con llenegas negras. La melosidad de la seta, la delicadeza de la carne, la fruta y la frescura de Les Manyes…Es un vino más ancho que afilado, más amplio que recto, invade con suavidad el paladar en toda su amplitud. Arcilla fresca antes de empezar a amasarla con tus manos de niño. Tinta china azul. Brezo. Con las horas, el tanino se vuelve más oscuro, más serio y rústico. Con los días (sí, lo confieso...a pesar de todo, quise conservar la botella un par de días), el vino se alarga, gana en esbeltez y ligereza, aunque mantiene su seriedad y empaque. Este es un vino para grandes platos de caza: sangre y menudillos, bosque y frío. Invierno y aves de paso. Un arroz de becada me viene de nuevo a la cabeza. O una liebre cómo sea. Este vino me recuerda el placer, antiguo, del trago largo y fresco del Priorat que salía de los pellejos de cuero que llevábamos en las excursiones. Esfuerzo. Trabajo. Placer de otros tiempos. Vino de siempre. Mediterráneo en estado puro… Felicidad del banquete homérico tras la larga y dura travesía.

Mares y océanos de dos continentes, en apariencia ajenos y lejanos, se reúnen en este vino. Bajo la majestad del Montsant y con la serenidad del monte Fuji. La intensidad, la belleza, la frescura escondida de las calas bajo los pinos del Mediterráneo que, por azares de la historia no escrita, se han convertido en monte alto, se reúnen con la fragancia, serenidad y, también, belleza e intensidad del jardín de cerezos en flor. Así veo y bebo Les Manyes 2011 ahora mismo. Así lo siento.

26 octubre, 2014

Domaines Lupier El Terroir 2009

Domaines Lupier El Terroir 2009
A veces sucede...pero sólo cuando merece mucho la pena. Ellos lo merecen todo, ellos lo dan todo, ellos entienden la tierra y sus cepas de garnacha como nadie. Ellos, Elisa y Enrique, Domaines Lupier, me gustan cada día más. Y sus vinos primeros (2008 en el recuerdo y este 2009, que me tiene enamorado) siguen dando grandes momentos. Casi nunca repito en el blog. Y esta vez lo hago. Viene un amigo a cenar  a casa y quiero que beba sólo cosas que me gustan mucho de otros amigos. Y doy vueltas y vueltas a mis botellas hasta que encuentro las dos últimas que tengo de El Terroir 2009. Una desaparece hoy: es una de las garnachas preferidas de quien firma, que se confiesa garnachero hasta los tuétanos. Ya describí en su momento cómo trabajan la tierra y sus cepas los Lupier, pero si alguien quiere tener más datos, puede consultar aquí, aunque sea para la añada 2008. O mi post anterior, sobre el Dominio de los Lobos. De las cosas fundamentales, poco cambió de 2008 a 2009, la que más quizá, la lluvia de agosto que convirtió a El Terroir en un vino azul y fresco.

Cinco años han pasado y vuelvo a él para brindar con el amigo y para comer un delicioso pan con tomate, jamón y sobrasada de la buena (de Obrador, en Santanyí). El vino empieza casi opulento, con volumen y formas redondas, amplias, y con las horas (no muchas, tampoco...lo confieso: cayó rápido esta botella) gana en esbeltez y ligereza. La madera acompaña, muy discreta (leves recuerdos de ceniza de sarmiento: cepas viejas y nobles y buena madera para la vinificación), la presencia de los aromas de la fruta, la gran protagonista de El Terroir 2009: picotas oscuras y crujientes, algo ácidas, y arrayán. También tomillo y brezo. Austeridad y expansión en boca. Rusticidad y frescura. Tanino serio y firme. Las horas afinan y hacen más profundo y vertical al vino. Con los años, se confunde más y más con el monte donde nace, pierde aromas de fruta roja y mantiene los de su alma azul, trota veloz y feliz y sabe que, para suerte de quien tenga botellas, su carrera está muy lejos de ver el final. Mi amigo se fue feliz a la cama. Ha dormido como un niño. La sobrasada, todo hay que decirlo, "murió" también encantada con su vino.

19 octubre, 2014

La Perdida 2013 (tinto)

La perdida tinto 2013
No conozco a Nacho González más que a través de facebook. Pero he seguido sus andanzas con atención y curiosidad desde hace cierto tiempo. Al final, charlamos, congeniamos (creo!) y me mandó dos botellas de las que no sabía nada más que las fotos que había visto en su perfil. Me las mandó con una condición: que le dijera sin tapujos qué pensaba de ellas. Ahí va, pues, mi compromiso con Nacho, con una breve introducción para que tengáis una idea más precisa de qué es esto de La Perdida. Sus viñedos están en Larouco (Valdeorras, Ourense) y apenas gestiona tres Ha repartidas en  distintas parcelas, alguna de ellas (El Trancado), heredada de su abuela. Garnacha, mencía y godello en viñedos que tiene un promedio de 70 años. Vegetación espontánea entre las cepas y cuidados que podríamos llamar (no hace falta poner etiquetas si quien hace el vino no se siente especialmente identificado con ellas) ancestrales y naturales. Sus viñedos no tienen el DNA del policultivo que, en esencia, es bueno para la protección de las cepas, para la competencia entre raíces y, claro, para la polinización Pues él planta veza y centeno en invierno y mantiene la cubierta vegetal durante todo el año. Su trabajo en la viña sigue el ciclo de la luna (también en eso hace como su abuela) y aplica tratamientos que la propia naturaleza le ofrece para solucionar los problemas puntuales de hongos que pueda tener: ortiga, milenrama, cola de caballo y, único tratamiento sintético, polisulfuro cálcico (permitido en ecológico).

Su único deseo es preservar al máximo la pureza de la fruta en la planta para llevarla a la botella. A fe que lo consigue...Fermentación alcohólica en tinajas de barro con raspón y hollejo y maloláctica en barricas usadas de roble francés hasta que la nariz de Nacho le dice "esto ya está". No hay más trasiegas. No se filtra, no se clarifica, no se estabiliza. No hay sulfuroso durante las fermentaciones y sólo lo hay en mínima dosis (hasta 20 mg/L, como Federico Schatz hace) para el embotellado, cuando el vino está ya hecho. 13%. 70% de garnacha y resto de mencía. Los vinos tintos gallegos me pueden, lo confieso, vengan del interior o de la costa. Este La Perdida 2013 (existe un blanco de godello con el mismo nombre y etiqueta distinta) es el vino de las paradojas. No tiene DO pero muestra todas las caras, sutilezas y poder de su tierra. Es austero pero ofrece una fruta transparente y nítida. Es oscuro a primera vista pero tiene un trasluz cardenalicio. Brillante. Zarzamora y arrayán. Es un vino granítico pero tiene volumen y esfericidad. Es un vino rústico pero muestra una cultura y un respeto enorme por las tradiciones. Es un vino de tierra adentro pero es fresco y ligero. Buena tanicidad, aromas de monte. Cerezas y jara. Más granito y arcilla mojada. Volumen y redondez. Pureza y tierra. Pequeño globo de fruta delicadamente atado con un hilo de arcilla y granito a las raíces de la cepa y a la tierra. Qué felicidad descubrir y beber vinos así.

Ésta es mi opinión, Nacho, y me apetece que la leas tú al mismo tiempo que todos los que quieran pasar por aquí: tu vino me gusta mucho, tu actitud me gusta más. Sabes qué necesitan tus cepas y tu tierra y creo que sabes hacia dónde vas. Será un placer acompañarte y beber contigo ese aprendizaje que has empezado con tanta ilusión y acierto. Y me queda el godello...¡¡¡Albricias!!!
Nacho González La Perdida en Larouco
PS. La foto de Nacho procede de su perfil de facebook. No sé quién es el autor.

12 octubre, 2014

Barranco Oscuro Vino Costa 2010

Vino Costa de Barranco Oscuro 2010
El auténtico y genuino  "vino costa" de Barranco oscuro es el vino de la Contraviesa, un vino hecho de la mezcla de distintas variedades; un vino envejecido más o menos en función de las necesidades de consumo; un vino que, por la mezcla de mostos y de métodos de envejecimiento (en la era contemporánea, tanto madera como inox), suele tener cierto grado y una presencia en nariz y en boca que no pasa desapercibida. El vino costa de los Valenzuela es el vino homenaje a su tierra, el vino que hay que hacer si uno está en la Contraviesa. 2010: 90% de listán negro, y aporte de otras variedades, entre las que marca e insinúa no poco el moscatel morisco. Un clarete, sin lugar a dudas, que tiene la gracia de un vino añejo (con todo lo que el adjetivo significa) y la frescura de los vinos de altura de la bodega.

Su color recuerda bastante al Ageno de La Stoppa o a algunos de los vinos de Fabio Bartolomei pero no es un "orange wine". Ese color es fruto de la poca coloración de la listán negro y de las uvas blancas que forman parte del cupaje. Aporta no poco a él el proceso de envejecimiento: es un clarete con cuatro años. Huele a vino de monte, jara, orégano, tomillo. Zumo de pomelo blanco también. Una mezcla de sobriedad, de carácter, de vino antiguo y de compostura de otro tiempo. Brezo. Flor de manzanilla seca. Piel de naranja infusionada. Retama. Sol amable de otoño, rojizo, en un atardecer de viento poniente. Hierbas de San Juan secadas en el interior: entras en la habitación, así huele el Vino Costa de Barranco Oscuro. Un punto de madera vieja, otro de frescura. Espíritu de las soleras. Fruto del madroño. Es un clarete de otoño. El otoño amable y cálido, del patriarca. De Manolo.
Barranco Oscuro 023

06 octubre, 2014

Brezo 2013 de Grégory Pérez

Brezo 2013 de Grégory Perez
En mi cuaderno de viaje había anotado varias direcciones, nombres y bodegas en los alrededores de Ponferrada: Mario Rovira, Ricardo Pérez Palacios, Nacho León, Grégory Pérez. Entre el 14 y el 17 de marzo de 2013. Después conocería otros nombres muy interesantes pero esto ya es otra historia que todavía está por escribir. Cuando te mueves con un margen corto de días como colchón pasan dos cosas: o encuentras a la gente o no la encuentras...Con poco margen y largas distancias lejos de casa, te acomodas 200 km arriba o abajo y dos días más o menos. Pero Grégory no estaba. No pude, pues, parar en Sorribas ni conocerle a él y a sus viñedos. La fecha escrita era la del 16 de marzo. A sus vinos sí los he ido bebiendo en estos años y he visto cómo iban evolucionando y cómo (a través de fotos y comentarios que él mismo va publicando en las redes de vez en cuando: la página web está en construcción)  sus herramientas de vinificador ("vinificateur", ¡me gusta!) han ido creciendo. No tengo más información, pues, que mi nariz y mi paladar. Estos me dicen, tras beber con gran placer un  Brezo 2013, que se trata de uno de esos vinos que vale mucho más de lo que cuesta: 8,8€ pagué en Vins&Teca. Impresionante.

Un vino joven, un vino de 12,5% de godello y Doña Blanca, con un carácter muy marcado por la explosión de tierra y fruta que lleva dentro. Abro la botella, acerco la nariz al tapón y huele a uva. Qué gozada. Copa y nariz de nuevo: la cabeza se llena de una primera sensación: el campo estaba verde, huele a primavera. Heno cortado. Ristras de brezo tras la lluvia (qué bien lleva el nombre este vino). Alegría y alborozo. Un punto de especia oriental: raíz de jengibre. Ligero amargor en el posgusto, aunque su fuerte es el equilibrio entre amargor y acidez: zumo de pomelo. Expresión festiva de la fruta: lima-limón, pera limonera. Musgo y, de nuevo, brezo entre las manos. Manantial  de agua fresca para sátiros y ninfas, en el monte cubierto de helechos y líquenes. El vino no tiene crianza pero se le nota un cierto trabajo con lías. Tiene presencia en boca y matices, no pocos. Esencia de monte y de frutas con aires ultramarinos. Un vino sin complicaciones y para todos los gustos, públicos, paladares y bolsillos. Por palets...

29 septiembre, 2014

Cornelissen, Frank. Ideas. Sensaciones

Cornelissen, Frank
Con una persona como Franck Cornelissen, dos hora de charla y degustación de sus vinos dan para mucho. Tuve la sensación, tras el fecundo encuentro que Vila Viniteca organizó en Barcelona hace pocos días, que salía de un posgrado intensivo, de un curso de muchas horas que, gracias a la combinación de descripciones, sensaciones, técnicas, ideas y reflexiones pausadas de Franck, entendidas junto a la gama completa de sus vinos, me situaba de una manera más firme en algunas de mis convicciones. Más firme y con ideas y argumentos para compartir, que fueron los que Franck, con sus maneras amables y lentas, aunque fecundas y de un aliento vital tremendo, expuso con claridad, con sus palabras tanto como con sus vinos. Como siempre me sucede cuando una charla de este tipo me impresiona, intento transcribir con la mayor literalidad posible las notas que tomo. Sin filtros, vamos. Frank Cornelissen quiere que todos los aromas de la uva  se encuentren en su vino. Parecerá una perogrullada, pero se trata de algo más bien complicado de encontrar hoy en día...Las intervenciones suelen ser múltiples, en el campo y en la bodega y Franck, en cambio, aplica una sola ley: la técnica del minimalismo. De una gran tierra saldrá una gran uva. De una gran uva, saldra un gran vino siempre con la menor intervención posible. Un gran vino, en fin, nace de la conjunción de detalles cada vez más pequeños, mínimos, ínfimos. Su suma es la que acaba dándonos el placer que Franck busca transmitir: la tierra líquida, la mineralidad de unos viñedos, como base del carácter y personalidad de sus vinos.

El volcán en la copa. Las uvas, su mosto y sus pieles, en la botella. Las variedades de la uva son vehículos, jamás objetivos porque la clave siempre es la tierra, el viñedo. Franck es capaz de proponer vinos cuyas variedades ni nombra: no lo considera lo más importante. Franck escoge el Etna (ladera norte y a alturas muy destacadas, de 600 a 1000 msmn) porque le permite utilizar los elementos que él considera importantes: 1. La complejidad de la policultura y de la biodiversidad en un ambiente atmosférico lo más puro posible. 2. La sanidad y calidad, gracias a ese ambiente no contaminado, de la fotosíntesis en esos viñedos: la limpidez y pureza de la luz, como elementos clave para tener mejores plantas y uvas más intensas. 3. El lugar que uno escoge tiene que tener una larga tradición e historia vitivinícolas: todo está inventado y nuestros antepasados remotos sabían ya a la perfección dónde se encontraban las grandes tierras para las grandes uvas. Sicilia...no hace falta decir más. 4. En la medida de lo posible, suelos pobres de arena (en este caso, volcánica), para poder encontrar viñedos en pie franco (da igual si son prefiloxéricos realmente o no) y para poder plantar, hoy, en pie franco también. Su viñedo más joven tiene 50 años y el más viejo es de 1910. Cuando se pueden probar uvas y vinos de viñedos viejos en PF (con muy bajos rendimientos además), uno se da cuenta del valor y poder organoléptico de ese tipo de vinos.

Tuvimos la suerte de beber (en mi caso, por primera vez alguno de ellos) y comentar todos sus vinos, aunque a Franck (extraordinario catador y conocedor de todos los grandes vinos que en el mundo son, de veras impresionante) no le entusiasma describir las copas que se van sirviendo. Él charla de lo que os he contado en el párrafo anterior. Y mientras lo hace, yo voy oliendo, bebiendo, saltando y volviendo para atrás, para entender y poder describir cada uno de los vinos. Es esto. Susucaru Rosé 2013. Cítrico, zumo de mandarina. Granada. Puro y fresco. Perfume de rosa con tanino firme. Nerello mascalese, moscato nero, malvasia, inzolia. Crece y crece. Largo y refrescante. Uno de mis rosados preferidos. Munjebel blanco 2013. Carricante, grecanico dorato, coda di volpe. Aceite con perfume de nueces verdes. Raíces. Densidad y lentitud. Cítrico también: piel de limón. Pedernal. De nuevo, la frescura y la tanicidad en un blanco que enamora por su carácter. Contadino 2012. La tradición hecha vino. Trece variedades de uva, bancas y tintas, juntas, aunque con base de nerello mascalese. Cofermentación. Ciruela pasa. Higos maduros. Cerezas en alcohol. Postres de músico. Un punto de carbónico y algo de volátil. Para mesa de manteles a cuadros y verduras sicilianas. Munjebel 2012. Un vino más relajado. Me recordó la Nochebuena. Calor. Rescoldos de fuego entre los restos de ceniza. Austeridad. Nobleza. Sequedad y tanicidad. Le sienta bien la botella a este blanco.

Munjebel Vigne Alte 2013. Por primera vez bebo los tres pagos diferenciados de nerello mascalese de Cornelissen. Entre 800 y 1000 msnm.  Elegante y fino. Fruta con todas las mayúsculas que le queráis poner. Sirope de frambuesa con su refrescante tonicidad. Zumo de granada. Zarzamora. Munjebel Monte Colla 2013. Viñedo más bajo y mas de orientación sur. Noto lo mismo que en el Vigne Alte pero atenuado, más suave y redondo. Me gusta más el Vigne Alte... Munjebel Chiusa Spagnolo 2013. Tiene los mismos aromas del Vigne Alte pero gana en frescura en relación al Monte Colla. Mayor densidad y concentración. Sequedad y calidez. Magma 2012 (Barbabecchi). El viñedo que hace que Franck se emocione. Su viñedo. 1910. Pie franco. 900 msnm. Nerello mascalese. Elegancia y finura. Etna en su perfil más clásico. Regaliz de palo. Tradición. Cacao y corteza de naranja. Agua fresca. Suave tanicidad. Profundidad. Tomo buena nota: Franck comenta, como de pasada, que Magma 2011 es, de todos los vinos que ha hecho en Solicchiata, el que más le gusta. Si 2012 me parece ya un vino muy bueno, ¡me impongo encontrar una botella de ese 2011!
Susucaru 13 Munjebel 12 y 13 Contadino 12

23 septiembre, 2014

Ca' Viola Dolcetto d'Alba Vilot 2008

Ca'Viola Dolcetto d'Alba Vilot 2008
Gracias a mis amigos de la Enoteca d'Italia he conocido muchas bodegas y vinos interesantes estos últimos años, muchos...Las circunstancias y un cambio de localización, me han alejado algo, pero mi corazón y mi amistad siguen, intactos, con ellos. De mi última visita me llevé algunos tesoros. Me interesan en especial las pequeñas bodegas que miman en sus lugares de origen uvas autóctonas que, paradoja o no, se encuentran plantadas en los lugares más inverosímiles: la emigración italiana por el mundo tiene un peso enorme en la cultura enogastronómica del planeta. De entre ellas, dos he descubierto en la Enoteca, de las que bebo botellas siempre con placer. Hilberg Pasquero, que trabaja como nadie (para mi gusto) la barbera d'Alba. Y Ca' Viola, que ofrece unos vinos de dolcetto d'Alba que expresan como pocos ese terruño y esa uva. Ambas bodegas están en el Piemonte y aunque no trabajan de la misma forma, ambas ofrecen sin maquillajes la fuerza y la pureza de esta tierra única y de esos dos tipos de uva, con frecuencia algo despreciados.

Vilot está en Montelupo Albese, en viñedos más jóvenes de dolcetto d'Alba. Jóvenes en relación con Barturot, pero ya con 20 años, una buena edad para que ofrezcan su espléndida realidad. A 400 msnm, sobre suelos arcillo-calcáreos y arenosos, pobres, la uva de Vilot macera y fermenta en inox a temperatura controlada, reposa en inox también durante diez meses, todo lo hace con las levaduras del viñedo y no sufre filtración. En una agricultura tradicional, que no utiliza sistémicos, este tipo de vinificación ofrece un dolcetto d'Alba en pureza de una añada muy buena, 2008. En estos momentos, con 6 años de botella, está llegando a un momento óptimo. Abro la botella media hora antes y asisto, encantado, al milagro del despliegue de sabores y complejidad de este Vilot 2008 (13,5%): humo, cenizas y ciruelas pasas. Pimienta negra y clavo. Austeridad y tanicidad en boca. Humus. Cerezas picotas negras. Mientras lo bebo, vuelve a salir el sol en Barcelona, pero es ya un sol, y un vino, que huele a primer otoño. Frescura y acidez moderada que invitan a la meditación del buen envejecimiento. Tiene una boca espectacular y un trago que no ofrece concesiones ni empalagos. El dolcetto d'Alba tiene un carácter que en nada apunta a su etimología...Sequedad, tanicidad, acidez contenida. Algarroba y almendra algo amarga. Es un vino que pide cierto recogimiento para cogerte de la mano y llevarte a las zonas más intensas y poco transitadas del dolcetto d'Alba.

17 septiembre, 2014

Cahier de Champagne (iii et fin)

Jérôme Viard Artisan Tonnelier
La segunda experiencia singular, de la que hablaba en el post anterior, tiene también algo que ver con el "esprit de Vrigny" de Eric Coulon. Una de las cosas que más me impresionó de la Tonnellerie Artisanal de Champagne-Ardènne (Entreprise du Patrimoine Vivant, ni más ni menos: cuidan hasta el último detalle de la vida del bosque, desde la producción hasta el reciclaje de cualquier producto suyo), nos la explicó uno de sus socios fundadores, Jérôme Viard (en la foto, dibujando cómo y por qué se corta un roble). Sucedió al ver los ordenados montones de tablas (de las que cortarán las duelas) madurando y envejeciendo en el patio de la tonelería. Cada montón llevaba el nombre del bosque y del pueblo de la Champagne del que procedía la madera...Ellos trabajan, fabrican y reparan para todos los productores que se lo piden (desde las más reputadas grandes maisons hasta todos los pequeños productores que más admiro...), pero algunos les piden que sus "pieces champenoises" (205L) o sus "démi-muids" (600L) o sus fudres de mayor capacidad, sean de los bosques más cercanos a sus viñedos.

Ahí está una parte del secreto de la singularidad de un Coulon, de un Léclapart, de un Brochet, de un Jacquesson, etc. La producción por completo artesanal, el cuidado y tiempo que se pone en el tostado, el montaje manual, el conocimiento profundo que Viard tiene de esa "lucha" de que Eric hablaba entre el vino y la madera (Viard es, también, enólogo, no digo más...), hacen que esta toneleria, la última que queda en la Champagne, sea algo excepcional y merezca, sin duda, estar en la agenda de todos los que amamos los vinos de la zona. Aprendí más en una hora de charla relajada con Jérôme que con montones de catas inútiles, que nada te hacen entender del vino que estás bebiendo. Quedó para el próximo viaje una cata que Viard propone ahora: la comparación de champagnes con distintos tipos de vinificación y maderas de las que él trabaja. Humildad, simpatía, conocimiento profundo, trabajo intenso y de concentración. Una empresa a conocer, unas personas con las que disfrutar del champagne desde un punto de vista complementario. Imprescindible.

29 de agosto. Como escribió Jorge Drexler en esa fabulosa canción, Todo se transforma: cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma. Termina el viaje y volvemos como vinimos. En tren, con tiempo para pensar, para ordenar anotaciones, para entender letras tomadas con demasiada rapidez...yo vuelvo agradecido. A Selectuswines por haberme dado esta oportunidad. Y a toda la gente con la que me he encontrado por ofrecerme puntos de vista distintos a los míos y por ayudarme a entender dónde, cómo y por qué unos champagnes, unos viñedos y unas personas me gustan más que otros.

13 septiembre, 2014

Cahier de Champagne (ii)

Les Chiquet à Dizy
27 de agosto. Empezamos la mañana de nuevo en Reims (si os digo que dormíamos en plena campiña cerca de Épernay, ya podéis ir contando las veces que atravesamos la Montagne...), con una visita a Champagne Lanson. La casa está en silenciosa pero revolucionaria (si este adjetivo se puede permitir en las maisons, donde el estilo de la casa -el que sea-, es lo mas sagrado que hay que preservar) transición. El chef de cave desde 1986, Jean-Paul Gandon, está en el camino de la jubilación y las manos (agricultor, hijo de agricultores de la Champagne) de Hervé Dantan están tomando las riendas. Ya sabemos que no habrá grandes cambios pero Dantan me dio muy buena impresión. Seguirán con las levaduras recomendadas por el CIVC, habrá mucho inox (pero en 2014 empezarán a trabajar con fudres también), no habrá maloláctica y la mezcla de añadas seguirá siendo la divisa, a la búsqueda de un estilo con mucha fruta, frescura y predominio de la pinot noir (Verzenay, Bouzy, Ambonay) y de la meunier del valle del Marne. De todos los bases sin añada de maisons que bebimos en este viaje, creo que Black Label Brut fue el que más me gustó. Muy fresco (con base 2010 más diez añadas distintas de las reservas de la casa), pero con aires de brioche con helado de limón, manzana, pera, fuerza del pinot noir, boca tonificante y compleja, galletas de jengibre. Un vino fresco y tónico.

La tarde pedía a gritos un tiempo de descanso porque nos esperaban los Chiquet, Jean-Hervé y Laurent, propietarios de Champagne Jacquesson y auténticas fuerzas de la naturaleza champenoise, en ideas claras, en talento, en simpatía, en humanidad. Llegamos sin él, pero daba igual: de nuevo en el campo, de nuevo ante el viñedo, de nuevo oliendo y conociendo de primera mano los secretos del mejor vino a pie de planta. Porque los Chiquet tienen sólo dos objetivos: el primero, hacer la mejor uva posible en los viñedos más sanos posibles. El segundo, mostrarte de forma palpable y directa lo afortunados que se sienten por haber nacido en Dizy. Tardaron años en convencer a su padre de cuál era el camino. Lo hicieron hacia 1998 y entre 2000 y 2002 cambiaron por completo su gama de vinos y su manera de trabajar, en el campo y en la bodega. Justo ahora, sus ojos y su pensamiento delatan que las grandes líneas están ya fijadas y quedan claras para todos, sobre todo para los que disfrutamos con sus vinos. Ahora, pues, se pueden permitir el lujo (no había sucedido hasta las botellas que saldrán próximamente: Cuvée n.738 y Cuvée n.733 Dégorgement Tardif) de poner el nombre de la familia Chiquet en las etiquetas y de cambiar notablemente su diseño.

El estilo de Jacquesson es fácil de definir: se basa en el gusto de los dos hermanos. su pasión por la fruta de su tierra y su profunda admiración por la Borgoña. Ésa es su escuela y a eso responden sus vinos. Del mejor "vin clair" saldrán los mejores aromas. Moderación en los rendimientos (no muchos racimos pero bien maduros), no hay vendimias en verde, estrés en el viñedo por la competencia que provocan con la vegetación, confusión sexual con los insectos (75% de los viñedos; ¿25% restante?: "on croise les doigts!"), trabajo (casi todo en biodinámica en la viña) del suelo y a esperar el mejor momento del sol. Recetas: Suelo y Sol, por una parte. Suelo-viticultura-viticultura-viticultura-vinificación, por la otra. Fermentación alcohólica en fudres, fermentación maloláctica casi siempre (aunque a veces se bloquea: siempre a base de degustación, no hay receta fija aquí). Trabajan con las lías, no se filtra ni se clarifica, no se estabiliza ni hay control de temperatura. Suprimieron el concepto de vinos de reserva parcelarios para hacer ensamblajes con 10 o más vinos y trabajan con vinos de añada y pequeños porcentajes de las añadas más cercanas.
Roger Coulon à Vrigny
Bebimos, en una sala muy cómoda y abierta a los jardines de la casa, los tres Cuvées que andan en danza: el inicial 736 (base de cosecha 2008); el que ahora está en el mercado, 737 (base 2009); y el que saldrá en unos meses, 738 (base 2010). Éste último estrena etiquetas y subraya la importancia, en Jacquesson, de la contraetiqueta: degollado en abril de este año, con 2,5 gr/L de dosaje y un 61% de chardonnay, un 18% de pinot noir y un 21% de meunier, es ya un vino muy vivo y vinoso, con frescura y un discreto apunte calcáreo. Hay que esperar pero será un gran vino. El que se muestra en su plenitud es el Cuvée 733 (base 2005), que ha sido guardado todos estos años en la bodega y degollado en septiembre de 2013. Ahora está en el mercado: que una  bodega como Jacquesson pueda hacer cosas como ésta con sus botellas es, sin más, un lujo extraordinario para los amantes del champagne. Este 733 expresa algo único: la madurez sin evolución con un degüelle que ha podido esperar cinco años. Un vino extraordinario.

28 de agosto. Siguen los contrastes. Tras la sesión inolvidable en casa de los Chiquet, pasaré discretamente por esa mañana y me iré, con rapidez, con recuerdo de nuevo vivo y mucho cariño para con los artífices del milagro, a la Épicerie Au bon manger, de Reims, donde comimos. Su lema lo dice todo: "in good we trust". Embutidos, quesos, salmones, encurtidos, buen pan, extraordinaria selección (con gran precio) de champañas y vinos tranquilos. Sin más, es uno de mis lugares preferidos. Pocas mesas, trato muy convivial, un Brochet Mont Benoît base 2010 que cada día me gusta más (presencia elegante de la meunier, mi preferida aquí) y un Doquet Horizon BdB, de finura impactante. No hace falta que diga que salimos algo "tocados" por la gracia de una comida tan amable. Pero como buenos amantes del vino, nos fuimos alegres y pizpiretos a Champagne Taittinger.

La humedad y frescura de las cavas históricas de esta maison (bajo la abadía de San Nicasio, donde los Galorromanos ya excavaban y extraían su yeso en el siglo III d.C.) nos puso a tono con rapidez. Un nuevo contraste: en esta casa, cuantos más visitantes reciban, mejor. Nos cruzamos con unos cuantos grupos de intrépidos turistas del vino mientras visitábamos unos túneles emocionantes, con casi dos mil años de actividad humana documentada arqueológicamente. El Brut Réserve no milesimado es el alma de la casa (de todas las maisons, vaya: el núcleo de su negocio), con un 60% de chardonnay y un 40% entre pinot noir y meunier. Su envejecimiento (más de 3 años) le da unas notas agradables de mantequilla salada, de levaduras, de manzana al horno, un vino señor, con un "dosage" importante (9 gr/L).
Épicerie Au bon manger à Reims La Place

La jornada y el viaje terminaron con dos experiencias singulares y muy hermosas. La primera se llama Eric Coulon (foto central), alma mater de Champagne Roger Coulon en Vrigny. Ya era hora que subiéramos un poco y llegáramos a una de las zonas frescas y de privilegio para el meunier y, quizá algo menos, para el pinot noir. Al noroeste de Reims y al sur del Massif de Saint Thierry, Vrigny ofrece todavía parcelaciones de viñedo que remontan al siglo XII. Ya sabían dónde estaba la calidad...Y no tengo demasiadas dudas: su bonhomía, su saber hacer, la calidad de su trabajo en la tierra y en la bodega, convierten a Eric en una de las personas que mejor encarna el espíritu del lugar. Su lema lo dice, también, todo: "mon vignoble, mon bureau". Tiene un 80% de viñedos en biodinámica, trabaja la madera como pocos (en el siguiente post os explico por qué pero su descripción de la batalla entre vino y madera dentro de un fudre fue algo especial), mide mucho el punto de alcohol potencial en sus vinos y procura que la presión en sus botellas sea algo menor de lo habitual (4,5 Bar), con lo que sus champañas son menos efervescentes. Persigue un sueño: "la elegancia nunca se impone, siempre se sugiere".

Sus vinos son como él: amables, frescos, con una acidez (léase simpatía) que se ensambla con el sabor y con un envejecimiento largo pero medido, para ofrecernos vinos auténticos, vinos libres, de largas y jugosas caudalías, vinos "esprit Coulon". Todos me gustan pero puede que su Blanc de noirs sea el que más. Con un meunier de viñedos en pie franco de los años 40, la arenisca, la arcilla y la tierra caliza se funden en la boca con los aromas salvajes de los bosques de Vrigny. Un gran vino gastronómico del que, en 2006 (la añada que bebimos juntos) sólo se puede decir una cosa: "plus le vin est compliqué, plus on l'aime". Hablaba de hijos tanto como de vinos. Palabra de Eric.

À suivre (pour la dernière fois).