31 diciembre, 2013

Le Mont Benoit 2007 (20%) + 2008 (80%)

Este post, último de 2013 y primero de 2014, lleva un subtítulo: "Historia de dos generosidades".

En la primavera de 2012, Julien, un amigo suyo (viaja en el anonimato) y yo, tomamos un avión para pasar unos días en la Champagne. Teníamos varios objetivos reconocidos (Selosse y la recepción de exclusivos en su bodega, hotel y restaurante Les Avisés, en Avize; y Terres et Vins de Champagne: todavía no sé por qué me aceptaron...) y uno que yo desconocía, en el que Julien me embarcó. No quiero hacer un panegírico de la personalidad de Julien (La Part dels Àngels), pero forma parte de una de las dos generosidades de las que hablo hoy: siempre dispuesto a compartir todo, a explicar todo, a escuchar tus preguntas, a rellenar mis ignorancias con sus palabras medidas. Había empezado a tratar con Emmanuel Brochet pero quería conocerle mejor y pasar unas horas en su casa, en Villiers-aux-Noeuds, un poco al suroeste de Reims (primeras estribaciones norte de la Montagne).

Cuando llegamos hacía ese frío tan sano de principios de primavera en la Champagne. El pueblo, cuatro casas, estaba vacío. Junto a la iglesia, un padre jugaba con sus hijos casi en mangas de camisa. Era Emmanuel. Pasamos una tarde deliciosa con él y con su familia. El objetivo no era pisar viñedos, sino conocer cuvées, probar "vins clairs" , charlar largo y tendido, conocernos mejor y abrir las botellas que él quisiera abrir. Conocía ya sus vinos y me habían gustado mucho. Pero como suele suceder con los vinos que me enamoran, la persona me gustó mucho más. Humildad, aprendizaje constante, ofrecimiento, de nuevo enorme generosidad. Le añado sensibilidad y sentido profundo de pertenencia a un paisaje y a una cultura de vinos que está en franca minoría en su territorio. Pongamos algunos nombres: Agrapart, Laherte, Bedel, Bérèche, Doquet, Goutorbe, Demarne-Frisson, Vouette et Sorbée...pequeños productores, grandes vinos. Aunque haya quien no quiera verlo así, creo que alguno de los vinos de Emmanuel le sitúa ya entre ellos.

Yo tenía, además, un deseo que había compartido con Julien: intentar que Emmanuel viajara a Torroja del Priorat para participar en la Festa de la Verema 2012 que montaban Terroir al Límit y Trío Infernal. Lo había comentado con Dominik y a él le apetecía mucho también: sería la primera vez que un vigneron de la Champagne estaba en la fiesta. Con mucha discreción (y a la tercera botella), se lo planteé. No dijo que sí, pero el brillo en sus ojos le delató: le apetecía. No sabía yo que nunca, es decir nunca, había salido de su tierra para explicar su forma de embotellar Champagne. Y al final se decidió. Su familia no pudo acompañarle pero él tenía la gran ilusión de su vida: furgoneta, 1253 km, cuatro cajas, 24 botellas y hacia Torroja. Casi llegamos al mismo tiempo y pudimos ayudarle (con Julien y otros dos amigos con los que coincidimos) a llevar las botellas a Cal Compte, donde por la noche se hace una ya tradicional fiesta de mágnums y a la mañana siguiente, los bodegueros invitados (4 ó 5) ofrecen y explican sus vinos a todos los invitados. Todo el mundo sabe, todo el mundo, que los bodegueros invitados ofrecen sus vinos en mesas preparadas en la extraordinaria terraza de Cal Compte, al día siguiente.

Hacía frío, ese octubre de 2012 en Torroja, y decidimos (fatal error) que no era necesario llevar las botellas de Brochet a la nevera. En un rincón discreto del patio, al aire libre, pasarían (pensamos...) una fantástica noche para ser abiertas al día siguiente. Una fiesta de mágnums es lo que es y no voy a perder un segundo en describirla. Recuerdo sólo la cara de satisfacción y orgullo de Emmanuel que iba paseando entre los invitados y ofreciendo la doble botella que llevaba de su Mont Benoit. Le hacía mucha ilusión poder explicar su vino y su forma de trabajar a los profesionales que asistirían a la presentación del día siguiente.

No le dejaron. Los profesionales y los amateurs (de todo había: yo estaba, aunque me retiré a la hora de la Cenicienta y me perdí lo peor) que prolongaron la fiesta hasta que les dio la gana (nada que decir, por supuesto) no tardaron muchas horas en descubrir las cajas guardadas en ese lugar discreto del patio. Y sabiendo que Emmanuel Brochet era uno de los invitados del día siguiente (todos habían recibido un tarjetón con el nombre de las bodegas y el símbolo que se usa para la fiesta: el que ven ustedes en la imagen inferior), decidieron que con los mágnums no les bastaba y empezaron a abrir las botellas, que Emmanuel había traído de su pueblo. Por supuesto, no pertenecían a la fiesta porque no eran mágnums. Se tragaron (no creo que bebieran) 18 botellas y dejaron a Emmanuel con 5 botellas, cinco, para descorchar a la mañana siguiente.

Jamás en mi vida he pasado tanta vergüenza ajena: por la mañana temprano, me levanté para ayudar en los preparativos de la cata (Cal Compte y Terroir al Límit son amigos míos) y topé con las caras de Julien y Emmanuel. Acababan de descubrir lo que había sucedido con las botellas de Mont Benoit. No sabían qué hacer, no sabían dónde mirar. Yo no sabía qué decirles. No había consuelo posible. Pero ellos reaccionaron e hicieron lo justo, lo que su generosidad les mandaba: subir la caja que quedaba con 5, cinco, botellas a la terraza y esperar a que empezara la sesión. "The show must go always on". Emmanuel racionó tan bien como supo y pudo esas cinco botellas, pero a las 11 y algo más ya no quedaba nada. En apenas una hora había terminado su terrible primer viaje para contar su espléndido vino. Nos despedimos al cabo de un rato. Emmanuel no paraba de dar las gracias por la invitación y por la oportunidad que le habían dado. Julien y yo no quitábamos la vista del Montsant. Por primera vez no me quedé a la comida popular en la font. Lo que más me dolió: los borrachos, en su senda de destrucción, habían dejado un par de botellas abiertas y no consumidas en el camino hacia el coche. Durante mucho tiempo, meses, estuve dudando si escribiría alguna vez esta historia. Había decidido no hacerlo.

Hasta que la semana pasada entro en la tienda de Julien. Venía de beber el extraordinario Mont Benoit 2008 (20%) + 2009 (80%), etiqueta con una torre eléctrica (que Brochet nos había enseñado en boceto en su casa) y Julien me cuenta que Emmanuel había decidido sacar más tarde el cupaje que encabeza este post. Me dijo más, porque yo no daba crédito cuando vi la etiqueta. Había reconocido al instante las tijeras de vendimiar que son el icono de las tarjetas de invitación de la Festa de la Verema. Julien me dijo que Emmanuel se sentía tan agradecido, todavía, por la oportunidad que se le había dado de poder explicar su vino en Torroja, que había decidido reproducir las tijeras en ese cupaje. Yo me quedé sin palabras, la verdad. Porque les conozco y sé que no había ni ironía ni venganza en esa etiqueta. Había sinceridad, generosidad y bondad. Me llevé unas botellas  a casa. Anteayer bebí una y, aunque creo que este vino necesita más reposo en botella, lo encontré espléndido, soberbio. Y decidí que explicaba qué sentí cuando lo bebí. Decidí, además, que contaba esta larga historia de dos generosidades para que todo el mundo supiera por qué esas tijeras de vendimiar están en la etiqueta del último Mont Benoit en el mercado. Que tengan ustedes un buen 2014, lleno de salud y de cosas bonitas. Y si pueden y se les pone a mano, hagan ustedes el bien sin mirar a quien y sin esperar nada a cambio.

Mis sensaciones con Le Mont Benoit 2007 (20%) + 2008 (80%), 40% Pinot Meunier (la gran uva de Emmanuel), 35% Pinot Noir, 25% Chardonnay. 12,5%. Antes que oler, tomo un primer sorbo y noto la fuerza de este vino. Tiene una entrada en el paladar de caballo al galope. Fuerza y brío. Poder e intención. A lomos: las diosas de la acidez y la de la frescura saben dónde llevarle. Cabalgan al amanecer y recogen los aires de la ladera, la neblina, húmeda. Manzanas maduras: compromiso entre la acidez y el sabor dulzón de las lías. Pomelos: descubrimiento de una alma que es doble, cítrica y amarga. Infusión con corteza de naranja. Flor blanca en el prado de primavera. Burbuja delicada pero vino rampante, alegre y festivo. Miro mis manos y huelo los dedos manchados de tiza tras escribir en la pizarra. El poder y el vigor de este pinot meunier. Pera limonera. Energía y pasión discretas. Cultas. Sabias. Sensibles. Como es Emmanuel, así su vino.

 

29 diciembre, 2013

Rasoterra BCN

Ha sido un lento y gozoso peregrinar. Cuando conocí a Chiara Bombardi y a Daniele Rossi (junto con mis amigos de la Enoteca d'Italia, Leo y Alberto) estaban en plena preparación de Slow Vitis'07 (qué tiempos heroicos...). Me uní con muchas ganas al acontecimiento y empecé un aprendizaje con ellos que todavía sigue. Del barrio de Sant Antoni pasaron al del Poble Sec. Y desde el 3 de mayo de 2013 están en el Barri Gòtic, en Rasoterra. Cuando entré en el local (la foto de la ventana, casi como metáfora), me di cuenta de que les había llegado todo en su mejor momento: años de aprendizaje, un criterio muy bien formado, una larga y cuidada selección de productos (lo más importante, sin duda, para ellos), una buena preparación de recetas y un local que les viene como anillo al dedo. Vegetarianos son. ¿Y qué? Se come de maravilla y se bebe mejor, Déjense ustedes de prejuicios (si alguno los tiene...) y acudan a disfrutar de un ambiente muy agradable (la mesa para diez personas que preside el local, de maderas recicladas, es una maravilla), de una cocina casera (aunque no se sepa con exactitud dónde está la casa: la gracia de la mezcla de procedencias de los que trabajan allí), de una selección de vinos bien pensada y, sobre todo, de un recibimiento que hace que las cosas del cuerpo y del espíritu fluyan, allí, de una forma preciosa. Me gustó todo y no hicimos más que entrever posibilidades...

Tienen unas cuantas tapas bien ricas, tienen unos buenos platos del día y tienen especialidades. Tienen una carta de vinos que no es muy larga pero que nace del esfuerzo constante por el descubrimiento. Tienen una selección de quesos de leche cruda (su gran especialidad, quizá junto con la cerveza) que echa para atrás de rica e interesante. Y le ponen a todo cariño y buen humor. Como en casa, vamos. Tomamos unas alcachofas al vino blanco con un corazón de ajo rustido y almendras, intensas, sabrosas, al dente. Compartimos unos sabrosos rigatoni con salsa de calabaza  y queso fiore sardo, que luché uno a uno (error: ¡los compartí!): impresionante el contraste de texturas (pasta al dente, claro, con la calabaza) y de sabores (el dulzor de la calabaza con el picante,el salado, el seco pecorino fiore sardo). Proseguimos con una cocotte de huevos ecológicos con dados de patata y trufa: sabores de antes, sin más. De postre, quesos. Imprescindibles en Rasoterra. De izquierda a derecha(foto inferior): Fermío de la Vall de Llèmena (quesería Balda), un "Saint-Marcellin" excepcionalmente intenso, cremoso y sabroso, para mí uno de los mejores de la sesión. Blanc de Tòrrec, de la quesería Tòrrec, en Vilanova de Meià, uno de los de cabra más logrados del país. Un clásico. En tercer lugar, un Crisembert de Camps, cabra de Palau d'Anglesola. Sigue un Blau de l'avi Ton de la misma quesería, leche de cabras de Linyola e inoculación del Penicillium Roquefortii. Punto y aparte para este y el siguiente, sobre todo éste, con unas gotas del estratosférico Meliterrani 2010 de Sicus Terrers Mediterranis, de Bonastre (Tarragona, pero en zona Penedès). Y finaliza con una de las estrellas de la casa, uno de los mejores pecorini que haya comido en mi vida, baluarte Slow Food: el Fiore Sardo, de Barbagia (provincia de Nuoro).  El corazón de Cerdeña en un bocado, sin más.

Tuve mis problemas para elegir el vino...Dudas entre la estratosférica mencía de Barbanza Pintadoiro; entre el pujante albariño de Alberto Nanclares; Miranius; Coto de Gomariz; Clot de les Soleres; Libera Terra...Bueno, qué lista de vinos: pequeña pero enorme y llena de contrastes interesantes. Al final, ganó el comodín, un vino que apoyaría sin fisuras todo y que, solo, daría también grandes dosis de frescura y personalidad: Sicus Xarel.lo vermell 2011. 12%, vinificado con vasijas de barro. Cepas centenarias en Bonastre (sin DO) para una variedad que hay que saber tratar con mimo. No he estado en las viñas, todavía, pero me imagino todo sólo bebiendo este vino: impresionante, vertical, penetra como el filo del buen acero y recuerda el paso de la perdiz por el campo. Ligereza y agilidad, revuelo en el paladar y en el estómago. Frescura y fragancia. Profundidad y barro sin cocer. Madroño y arándanos rojos. Pomelo rojo y amargor discreto en el posgusto. Arbustos y otra perdiz que te mira sorprendida: ¿qué haces aquí? Me pregunta su ojo indiscreto...Con la comida, el vino sigue creciendo y llega hasta los quesos en plena forma, donde, prudente, se detiene y charla con la vaca de Fermió. Espléndido.  Si les digo, además, que con café (excelente), panes y agua, todo salió por 45€ y, además, que al mediodía tienen fórmulas/menú que te dejan satisfecho y con una sonrisa en la boca por 10€, estarán conmigo en que Barcelona tiene un nuevo y magnífico local y que mis amigos Chiara y Daniele han llegado a él en el mejor momento de sus vidas profesionales. Yo pienso disfrutarlo con ellos a fondo. Con este tipo de asuntos tan serios no se puede uno andar con medias tintas.

27 diciembre, 2013

DOQ Priorat, Mas Doix 2003 (mágnum)


Esa noche de agosto de 2003, las lágrimas de San Lorenzo fueron escasas. La luna llena (el 12 de agosto) hacía estragos lumínicos y Europa entera sucumbía a una de las peores olas de calor de los últimos años. En la DOQ Priorat (con datos de Mas Martinet en la mano), 2003 hizo sufrir a las cepas y a sus viticultores lo que no estaba escrito: el verano más cálido, acompañado de la humedad relativa más baja y la menor precipitación. Un año complejo para el vino que nació en él y con el que hay que tener paciencia. Desigual y acomplejado por esos datos, es una añada que hay que tomar botella a botella. No valen las calificaciones generales. No sirven casi nunca, pero en años extremos, en que la acción de las personas (con sus decisiones) acaba siendo determinante, menos.

Nosotros intentábamos sobrevivir en el Ampurdán, en Ultramort. No es mal lugar para tener una prefiguración del infierno, que fue lo que sucedió ese verano. No había noche que ayudara a respirar ni mar que aliviara las pieles abrasadas ni viento que refrescara las casas. Ese verano, a pesar de todo, tuvo algo muy especial para nosotros. La amistad con Valentí y Marian (parte clave de Mas Doix) se consolidó porque conseguimos, entre todos, sobrevivir a una noche de San Lorenzo única. Nuestro primer encuentro en la zona, una buena cena a base de foie-gras mi-cuit de L'Ànec de l'Empordà (en Serra de Daró: una de mis pasiones, recién hecho y comprado in situ) y un buen cesped junto al olivo centenario para asistir al espectáculo anual de la lluvia de meteoros. De madrugada ya, todas las luces apagadas, tumbados y expectantes, sólo rompía el silencio el grito de satisfacción de quien "cazaba" una buena pieza con sus ojos. Pero llovieron pocos...Y de golpe, se oye desde lo más profundo de la tierra, como surgido de sus entrañas, un poderoso ronquido, como de troll haíto de hobbits suculentos.  ¡Valentí se había dormido profundamente!

2004 fue un año espléndido para el Priorat. Las temperaturas se combinaron mucho mejor con la lluvia y la humedad relativa y el vino de ese año pasa por ser uno de los mejores de los últimos decenios. A mí es de los que más me gusta. Hicimos además, gracias a todo lo que os he contado, nuestra primera vendimia en Mas Doix. Y para mí, hubo un antes y un después de ese 2004. Ese año tomé conciencia de verdad de qué significaban para mí los viñedos, la viticultura y hacer vino año tras año, ¿siempre igual?, ¡siempre distinto! Empecé a beber y a elegir, a probar, a conocer, a estudiar y en 2006 nacía este cuaderno. Comprenderéis, pues, el cariño que siento por las añadas de 2003 y 2004 en general pero sobre todo en la DOQ Priorat. Son dos añadas, además, que suelen contar muy bien (por lo menos en Europa), cómo funcionan las cosas en una bodega. Dicen mucho. Tenía guardada una mágnum 2003 de Mas Doix y no he querido terminar este decenio tan particular para mí sin abrirla. 49% garnacha, 47% cariñena, 4% merlot. Fermentación a temperatura controlada en inox y maceración de 4 semanas. 14 meses de roble francés nuevo. 14,5%.

Han pasado diez años y apenas se percibe evolución, ni en el color ni en sus aromas. Entras (en silencio) en el bosque de otoño. Ha llovido hace unos días: hojarasca casi seca. Corazón del bosque mediterráneo. Cierras los ojos (¡tú no, lector!):  matas de romero. Aguja de pino. Hierro y pedernal. Pizarra y raíces. El Priorat más puro en tu copa. No necesita más de un cuarto de hora para mostrar su dinamismo y un perfil íntegro. Y no va a caer un segundo hasta la última gota. Acidez y frescura. Mucha fruta abierta y persistente: cerezas penetrantes. Arándano rojo. Profundidad e intensidad. Ligereza y armonía. Un poco de hoja de tabaco seca. Bolas de pimienta roja en el árbol. Se ha convertido en un vino fino, ágil y elegante, con todos los colores del Priorat histórico en otoño. Alas de mariposa al amanecer: hermoso, fresco y sutil. Delicado. 

En septiembre de 2004, los niños también andaban por el viñedo, sí, pero sus ocupaciones eran otras, digamos más ¡robinsonianas!

La fotografía de la Vía Láctea, con la estrella fugaz, es de nate2b.

25 diciembre, 2013

Sentarse a la mesa por Navidad


No sabemos con certeza cuándo nació. Un pequeño (era bajito...) monje escita en Roma nos propuso un cálculo unos 400 años después de su presunto nacimiento. No sabemos con certeza dónde nació. No sabemos con certeza quiénes eran sus progenitores. Si nació en un pesebre, no sabemos qué pasó en él, quizá el parto fue debido al largo viaje que un empadronamiento forzado provocó: hedores insoportables debidos a la falta de higiene; hedores insoportables debidos a la acumulación de personas y animales en un mismo recinto cerrado; hedores insoportables debidos a un parto, quizá, a altas horas de la madrugada y sin más asistencia que la de, quizá, un voluntarioso padre y una mula y un buey inútiles para esos menesteres. Tenemos a Mateo, tenemos a Lucas, tenemos a un niño al que llaman Jesús, que nace en la coincidencia con el solsticio de invierno.

¿Coincidencia? ¿He dicho coincidencia? Todo es mucho más sencillo. En la Antigüedad clásica, de la que bebe la tradición cristiana que ayer por la noche y hoy sienta al mundo occidental a la mesa, el "niño", cualquier "niño" representado en textos e imágenes, es símbolo de prosperidad, de fecundidad, de renovación del ciclo anual de las cosas en el campo. Cuando la gente vivía en y del campo; cuando las cosechas garantizaban riqueza y su falta, hambruna; cuando la gente miraba al cielo para saber qué sucedía en la tierra (y no hablo de estrellas fugaces seguidas por tres tipos montados en camellos sospechosos, deambulando de noche alrededor de un establo), cuando todas estas cosas sucedían (pongamos desde las primeras letras homéricas escritas, pasando por Egipto, y Grecia hasta la Roma tardía), la promesa de prosperidad, la renovación y fertilización de los campos para la futura cosecha, era simbolizada por un niño al que la naturaleza y las personas rendían homenaje: mieses surgían de forma espontánea; bueyes, ovejas, ocas se acercaban mansas, etc. Nada nuevo, pues: el Cristianismo (en la foto, un sarcófago del siglo IV d.C.) simboliza el solsticio de invierno y el inicio de los días cada vez más largos, de la promesa de la luz que asegurará la fotosíntesis, la lluvia y, claro, el fruto, de la misma forma que todas las civilizaciones hicieron antes. Con un niño.

¿Cambia algo? No. Antes, como ahora, nos sentamos a la mesa y celebramos. Celebramos que estamos vivos y que recordamos a nuestros muertos. Celebramos que ha nacido "un niño" que simboliza la bondad de lo que tiene que llegar con el año nuevo. Sentados a la mesa. Como siempre en el Mediterráneo, invitamos a amigos y parientes, compartimos, bebemos, reímos y lloramos. ¿Lloramos? Si no existiera el remordimiento, si no se hubiera teorizado tanto sobre él, seríamos más felices. Planeamos y preparamos nuestras cenas y comidas, seguimos la tradición o la rompemos, comemos, bebemos y disfrutamos. Y mi única preocupación, ¿cuál es? ¿Que el "niño" no rompa a llorar al final de la comida? Perdonen ustedes. Pero si el niño no existe: el niño es una entelequia que reside en nuestros corazones desde que el ser humano se asentó y empezó a sembrar y cosechar. Mi única preocupación es que las personas que se sienten conmigo disfruten, coman y beban con placer y se aseguren un tránsito agradable, tras el solsiticio de invierno,  a un ciclo de cuatro estaciones mejor. No rompamos la tradición, caramba: a un ciclo de cuatro estaciones que sea por lo menos apacible, que les asegure comida suficiente y una buena cosecha de lo que hayan sembrado. Que quien cuide sus campos (metáfora), reciba aquello que sus desvelos merecen.

Y renueven ustedes también. No sé si me atrevo a tanto, pero quiero rendir homenaje a las combinaciones imaginativas, a las apuestas arriesgadas, a las parejas complejas, casi a los antimaridajes, que pueden llenar nuestras mesas de caras de sorpresa, de alegría ante el descubrimiento, de preguntas y atractivos renovados. Estamos de fiesta porque el sol renueva su pacto anual con la tierra. Que se note. En mi casa, hoy va a ser la Navidad de las burbujas. Todo lo que comamos, será acompañado por burbujas, desde el aperitivo hasta los postres. Tengo de aperitivo un Privat Rosé 2011 Brut Nature, monovarietal de mataró (monastrell), de Alta Alella, degollado hace cinco meses (DO Cava). Tengo para la escudella y la carn d'olla una combinación que va a alucinar: Tarlant Rosé Zero Brut Nature, chardonnay (85%) y pinot noir, de la cosecha del 2006, degollado hace dos años. Con su acero y su acidez va a contarse maravillas con las gelatinas del cerdo, las verduras y los garbanzos. Tengo para la pularda rellena un Entre ciel et terre Brut de Françoise Bedel, de la cosecha de 2004, degollado hace dos años (80% pinot meunier, 20% pinot noir), con ese poco de azúcar que va a enamorar a pasas, orejones, incluso a la butifarra con sus especias.  Y tengo para los turrones, barquillos, mantecados y polvorones, un Vega de Ribes Método Ancestral de Malvasía de la cosecha de 2008, con suficiente azúcar residual como para domar a cualquier dulce navideño, y oxidación, frescura y finas burbujas para dejar que los polvorones se deslicen como por un tobogán. Y si hace falta, va a salir del banquillo para darlo todo en cualquier momento un Georges Laval, Cumières Brut Nature Rosé de la cosecha de 2011, hecho de pinot meunier y pinot noir, con un degüelle quizá demasiado reciente (apenas dos meses).

La gente que se sienta a esta mesa de Navidad come y bebe bien y si me pongo tonto (porque este post no lo van a leer), igual les cuento por qué estamos sentados y festejando qué.  La gente que se sienta a mi mesa bebe poco. Eso me beneficia, claro, pero abre la puerta a que cualquier amigo, sea rico o pobre, que quiera acercase, tenga una copa garantizada. Garantizada. De las mesas a las que yo sirvo no se levanta nadie llorando, vamos, y menos durante los solsticios. Que tengan ustedes una feliz Navidad y recuerden, por favor, por qué nos sentamos a la mesa, qué celebramos precisamente en este momento del año solar. Actúen en consecuencia. 

23 diciembre, 2013

Reto 2011: días de complejidad


Que las tierras que dan grandes vinos tintos, pueden dar grandes blancos también, lo saben las piedras que las pueblan y los viñerones que las cuidan. La historia nos enseña que el prestigio y el dinero han venido de los tintos, pero la experiencia y la buena guarda nos dicen que los blancos siempre acaban siendo esa "liebre" que hay que cazar, esa "sorpresa" que hay que perseguir. Y la Manchuela no iba a ser una excepción...Juan Antonio Ponce lo demuestra aunque para hacerlo, tenga que proponerse un reto e, incluso, darle a su vino blanco ese nombre, Reto. Reto por la albillo, única, que da contenido a este vino. Reto porque la casa y la razón social de la bodega están en Iniesta pero la bodega donde el vino se hace y crece está en Villanueva de la Jara. Reto porque este vino, como todos los de Ponce, se hace sólo con las levaduras que proceden del viñedo y de la tierra que cuidan Juan Antonio y su padre. Mejor cuidas tu tierra, menos la tratas, mejores levaduras tienes. Chauvet dixit...

Aunque a veces se tenga que sufrir y se pida a las barricas (donde el vino se hace) que ayuden a Arrancar por Dios (abreviado APD: vocabulario básico del vino natural) ¡la fermentación! Había empezado a beber los vinos de Juan Antonio gracias a la tienda que Benoît Valée tenía abierta en Gràcia, L'Ànima del vi (ahora bar de vinos naturales en el Born). Clos Lojén, La Casilla, PF...vinos que siempre me atrajeron y me gustaron. Pero en Alimentària 2012 conocí Reto...Juan Antonio andaba por la feria probando vinos y yo charlé (poco) y bebí (bastante más) con su padre, hombre discreto y tenaz que apoya a su hijo de manera ejemplar. No es tarea fácil, no. Estoy casi harto de ver (y no contar) los problemas, las trifulcas, los enfados y las riñas que los jóvenes tienen con sus mayores "por culpa" de las ideas que quieren estos introducir: que si labramos menos, que si el marco de plantación, que si no echamos herbicida ni pesticida, que si cobre y azufre el mínimo, que si levaduras las del viñedo...El Sr. Ponce está con su hijo y lo pude comprobar cuando estuve en su bodega, un año después de Alimentària. Bebí Retó 2012 de la barrica y me pareció un vino soberbio. Ya llegará.

Pero mientras tanto, toca beber y disfrutar del Reto 2011, un vino de 13,5%, monovarietal de albillo que sólo se encuentra en los viñedos de los Ponce. Un vino único que ofrece mucho sobre todo si se tiene la paciencia de no beberse la botella de una sentada. Con vinos así casi me lo impongo: los días te dan matices y te susurran complejidades de una uva, de una tierra, de un trabajo y de unas personas que hablan poco pero tienen mucho que decir. CO2 todavía en la copa y en boca, que sienta de maravilla al vino: es su mejor protección. Membrillo en sazón. Levadura de París. Frescura, arcilla y canto rodado. Hierbabuena. Agilidad. Raíces y tubérculos. Profundidad. Interés y atractivo. Ágil pero con carácter. Un año de botella le ha sentado de maravilla pero tiene para largo: un vino que vivirá años. Con las horas, se abre a la cidra, a la mazorca de maíz al horno. Campos de lavanda en flor. Jabón de Marsella. El vino crece y corre con tres y cuatro días. Es un corredor de medio fondo: buen trotón, que se cansa poco y se muestra vivo y entero hasta el final, alegre, de la botella. Un vino que da mucho más de lo que vale.

Postcriptum. No lo hago casi nunca, pero como el jefe aquí soy yo...me apetece dedicar este post a un cura, a una sumiller y a un químico que me han dado, con sus palabras, mucho más de lo que reciben de mí.

21 diciembre, 2013

El porqué de un blog

sobre vinos que lleva más de siete años de vida, casi 1200 entradas, más de 13 mil comentarios (contestados) y casi 900 mil lectores desde hace cuatro años.

1. A la gente no le gusta leer textos largos en una pantalla.
2. Aquello que más apreciaba en un blog ni tan siquiera puedo ya hacerlo con los que sigo: la interacción, el comentario. Cada vez se da menos este intercambio libre de opiniones. Esto provoca cierta frustración pero es así. Ha dejado de ser una característica fundamental del blog.
3. La gente busca el titular, la noticia breve, el formato columna, la información más concisa que le oriente en su consumo antes que la documentación profunda o la investigación atenta.
4. Parece ser que la gente aprecia más el formato de texto breve a través de Twitter o el formato de impresión breve (foto) a través de Instagram.
5. Puede que me equivoque, pero Twitter e Instagram (todavía no he aprendido a crear contenidos específicos para Facebook aunque lo intento de vez en cuando) son casi por completo opacos a los buscadores. Cuando busco información sobre un vino o un productor, nunca me sale lo publicado en Twitter o Instagram.
6. En cambio, la indexación y las etiquetas son visibles a través de Blogger (o el programa que sea) en todo el mundo. Puede que la gente no tengamos tiempo de comentar posts, pero cuando buscamos información sobre un vino concreto, lo publicado en formato blog es visible y sale.

7. En este sentido, pues, aquello que uno comparte sobre lo bebido y comido con el resto del mundo sigue siendo útil e interesante a todos si se publica en formato blog.
8. La calidad de los textos, de la compaginación con las fotos, junto con la posibilidad de no tener que pensar "140" o "118", sigue siendo un atractivo de los blogs.
9. Los blogs van a la baja porque la cultura digital se orienta hacia otros formatos de comunicación, pero la información contrastada y nueva que ofrecen sigue siendo valiosa, aunque accedan a ella menos lectores que antes.
10. Conclusión: hay que comunicar de forma más concisa sin perder la identidad y cualidades que el blog ofrece. Hay que seguir ofreciendo buenas imágenes y hay que dar información valiosa. Ya no vale eso de "blog = mi diario de consumición" y es bueno porque lo escribo yo.
11. El blog se ha convertido en un medio de comunicación como otro cualquiera, que tiene que ofrecer información que dé algún valor añadido al lector.  Si encuentra el camino para hacerlo, sobrevivirá. Si no, morirá.
12. Para mí los valores añadidos siguen siendo por lo menos tres: tu texto tiene que ser más breve, quizá, pero siempre lo más cuidado posible. Tu texto, sin mirar número de caracteres, tiene que dar volumen y palabra a los vinos que bebas. Tiene que transmitir aromas, sabores y texturas. No conozco a nadie que sea capaz de hacer eso en Twitter o Instagram. Tus imágenes tienen que tener la misma calidad que tu texto. Y, ya para acabar, aquello que se publica en formato blog es visible y, por lo tanto, detectable y útil a una cantidad mucho mayor de gente que lo que publicas en Twitter o Instagram. Por supuesto, hablo de mi experiencia y del rastro que de ella puedo seguir en la red. Twitter e Instagram son impulso que va hacia el agujero negro digital. Blogger es texto reposado, más accesible y recuperable por cualquier persona que busca información gratuita y contrastada sobre un vino o una bodega.

¡Seguimos!

17 diciembre, 2013

Bruyere-Houillon Ploussard 2012

Bruyere-Houillon Ploussard 2012 Arbois Pupillin. Ploussard de la cosecha de 2012. Viñedos en biodinámica sin certificar (ni falta que les hace) en Pupillin (Jura). Maceración semicarbónica. 30 días antes de descubar. Tienen fe en las levaduras de su viñedo: no hay otras en este vino. Embotellado sin clarificar ni filtrar. Sólo lleva los sulfitos de la fermentación alcohólica. El carbónico de esa fermentación es su única protección. No creo que le haga falta: este vino vuela en segundos una vez abierta la botella, protegida con lacre. Equilibrio entre el terruño, las condiciones de la añada, el tipo de uva y la mínima intervención del viñerón. Lo que dé la botella procederá del todo o del nada que la añada haya querido darle. Dicen Bruyere y Houillon: "el arte del vino consiste en poder transmitir 'el infinito' a quien está preparado para recibirlo". Añado un fragmento de letra de Gianna Nannini ("Contaminata"): "l'infinito vaga dentro" de botellas hechas por gente así.

Calor y fruta. Cerezas, campo, fresco del anochecer en un día de verano. Ligereza. Madroño. Prados y sus flores en primavera. Pureza. Integridad. Agua de uva. No sé si existe: sirope de granada (con sifón). Bucle en mi memoria: sirope de frambuesa con sifón. Arroz con pollo, conejo y verduras. Una buena sopa de cebolla. Invierno fuera, calor y buen ambiente en tu corazón y en tu cuerpo. Vino que tira al monte con una fuerza y una suavidad grandes. La acidez y la fruta se abren paso con las horas. Y esa ladera de monte preñado de mes de junio. Vacas. Tomme. Levadura. Mantequilla y pan. Fluidez. Más zumo de granada y el corazón de madera de la fruta: amargor y bondad. Sonrisa. Vino sencillo. Añada sin alardes. Vino bueno.

12 diciembre, 2013

Les Tosses 2011

Les Tosses
Recogimiento. Intensidad, rusticidad. No hay maquillajes en este vino. Monte alto: es un vino de monte y es un vino de altura. Los hobbits de la Comarca tuvieron que beber vinos así: raíz en el tronco del árbol. Amor por la tierra. Disfrute sin roces ni aspavientos. Hueles a piedra. Hueles a terreno umbrío. Hueles a labranza y a trabajo lento. Hombre y caballo en un paisaje sin más testigo que los pájaros. Brezo. Madera vieja. Tanino cuadrado. Vino de payés hecho por alguien con luces. Un arroz con becada… Ácido y fresco, el contraste con la caza madura y poderosa. Diálogo sereno y lúcido entre el viñatero y el cazador, vino y presa, grano de arroz mediante. Este vino, como pocos, se hace en el viñedo y allí donde lo bebes, piensas en esa tierra mágica. Es un vino de gran y sutil intensidad. El monje en su escritorio. Tinta casi negra. Apenas un hilo de luz atraviesa la rendija. Vino misterioso, nos recogemos y anochece. Lumbre en el hogar. Fruta negra. Mirto. Cantueso también. Zarzamora. Viento entre los arbustos. Cazuela con pollo, conejo y longaniza, verduras (zanahoria, cebolla, puerro, tomates enteros). Corteza del mejor pan de payés. Escanda. Violetas y picotas. El monte en otoño. Me cuelo en otra conversación, sincera, discreta, entre elfos y náyades. El corazón del bosque, el espíritu de la fuente. Fragancia y sencillez. Este vino y su viñedo tienen un poder tranquilo. Son dueños de sus actos. Son sabios. Han llegado a la madurez.

La fotografía es de Rafael López-Monné para Terroir al Límit.

07 diciembre, 2013

El guardián del jardín

Jardí i vinyes al fons
Había probado, hace ya algunos años, uno de los primeros vinos de Vins de Taller. Y no me había llamado la atención en especial. Lo aparqué en mi cabeza hasta que un amigo empezó a insistirme: "tienes que conocer a Antoni Falcón y ver cómo son sus viñedos y el trabajo que hace en Siurana d'Empordà". Yo ni caso...Pero las estrellas siguieron su curso y empezaron a alinearse. Durante el pasado verano, una amiga quiso darme una sorpresa y sin decirme dónde me llevaba, fuimos a visitar los viñedos de Vins de Taller en Siurana. Yo no sabía dónde iba. Ellos no sabían que yo iría. Y Falcón, que tiene medio corazón en Catalunya y la otra mitad en la Lombardía, estaba de viaje. Vi unos viñedos cuidados, aunque con algún pequeño problema de hongos. Me fijé en su arquitectura, en el tipo de poda, en el marco de plantación (bien pensado: 1x2), en la cubierta vegetal autóctona, en que estaban ya en certificación ecológica y, lo más importante, en que estaban aislados: no había cepas cerca.

Las estrellas encontraron por fin su camino y se alinearon, además, con Venus precisamente el día en que el planeta ofrecía su cara más luminosa y bonita a la luna que empezaba su creciente. El calor y la fruta dominaban, el día era radiante y la nieva cubría, cercana y amable, los Pirineos. Y por fin habíamos quedado con Antoni Falcón. Esta vez hicimos las cosas bien, aunque sin premeditación. Entramos por la puerta de la casa y descubrí, de golpe y sin que mediara palabra, el verdadero espíritu del jardinero que habita en este hombre: siempre constante, cuidadoso, minucioso incluso en los detalles que parecen propios de un descuido. Jamás había visto un jardín como ése. Y el jardín, ideado y cuidado por Antoni y por Patrizia (dimidium animae suae), era la antesala ineludible, el palco de privilegio sobre las primeras hileras de cepas que se plantaron allí y que, en agosto, no llegamos a ver.
Vinyes i espígol
Entendí todo y supe, desde ese momento, que quizá los grandes vinos de Vins de Taller no hayan llegado todavía (por lo menos, no los que me hagan ladear la cabeza de veras), pero están muy cerca. Los del 2013, sin duda, prefiguran ya el potencial, la calidad, la sutileza y la energía que el jardinero constante y cuidadoso ha sabido imprimir a su paisaje. No se trata tan sólo de un viñedo: es un paisaje en el que los rosales, los membrillos, los granados, el espliego, los perales y los manzanos  conviven con cepas y abejas en una armonía que me recordó no poco la de Federico Schatz. Quien cuida así la tierra, quien ha sabido crear un paisaje como el que vi y guardarlo, acabará sacando grandes uvas de sus cepas y trasladando ese entorno a una botella. Cuestión de un poco de tiempo y de paciencia, aunque las botellas de muestras que probamos, monovarietales del 2013, prefiguran un salto de calidad importante en la bodega. Me impresionaron de veras su marsanne 2013: frescura, cuerpo y volumen, pomelos, acidez, levaduras naturales (aunque todavía no indígenas: poco a poco), posgusto amargoso, flor de cassis. También su chardonnay 2013, que me llevó, directo, a Roquetaillade y al Domaine de Mouscaillo: una expresión tremenda del varietal, caballo casi desbocado en estos momentos, de nuevo agua del manantial y frescura sin límites, amplio en boca, más "bourgeon de cassis", pureza pirenaica mas de la cara norte que de la sur.

Su roussanne estaba mucho más interesante en barrica que en inox, en cualquier caso, finura y terpenos, mandarina y corteza de límón que serán un gran complemento para la marsanne. Su viognier 2013 fue el que se mostró más cerrado y, también, reducido, con algo de jazmín y de membrillo maduro. En cambio, el que ya me giró por completo los esquemas fue su monovarietal de marselan rosado, que saldrá tal cual: su Gris 2013 será algo estratosférico, para beber por palés vamos, si lo encontráis en las tiendas: una maceración pelicular mínima de apenas dos horas y en la misma prensa donde será sangrado y algo prensado, dan un vino de bellísimo color piel de cebolla (primeras capas, eh?), con mucha violeta en nariz, fresas salvajes, jalea real, membrillo fresco y algo ácido, carnoso en boca, enérgico y fresco, rampante casi. Sin duda, muy gastronómico. No creo que se arrugue ante nada.
Crema de nyàmeres amb tòfona i parmesà
La cosa no terminó aquí...Si en el jardín con viñedo y en la bodega pasamos un buen rato, la comida, en el Motel de Figueres fue digna de la fama, nombre, renombre, bondad y sabiduría gastronómicas de uno de los grandes y más humildes chef de este país, el Señor Jaume Subirós. El Motel y el Sr. Subirós siguen en una forma espléndida y fieles, tanto en cocina como en sala, a los principios inmutables de esa estrella en el cielo gastroanímico que es el Sr. Josep Mercader. Son y serán, siempre, una referencia ineludible. Tomamos un portento de delicadeza para poner al estómago en posición de "hoy tienes un día importante": (foto superior) una crema de tupinambos, fina y sabrosa, que combinaba con un corazón (invisible) de parmesano fundido y láminas de trufa de Siurana. Impresionante, fino y delicado y bien combinado con un Baseia 2012, 100% viognier. La fruta del vino (cítricos, albaricoque) y su ligera untuosidad (madera y lías) encontraron su punto con el tubérculo. Y el suave ahumado se enamoró con rapidez de los hidrocarburos de la trufa. Muy bien. Siguió un risotto de calamarcitos, que estaba en su punto y culminamos con media becada (a lo que parece iban para Mallorca...) con su tostada de higadillos.

Punto y aparte para los sabores intensos, maduros, únicos que el Sr. Subirós sabe sacar de las presas que llegan a su cocina. No hay foto que haga honor a la intensidad de sabores de, con perdón, sale de esa cabeza chupada con intenciones directamente aviesas, y el sabor profundo de bosque que tiene la pechuga del ave. Combinamos con unos de los mejores vinos que, por ahora, han salido de la bodega de Falcón y Asociados: un Siurà 2010. Una gran añada, fresca y equilibrada, donde la habitual (y no positiva para mí) pujanza del merlot, queda perfectamente equilibrada por el poco de malbec del vino y, sobre todo, queda a la altura de la becada, con el 44% de marselan, que aporta rusticidad, seriedad y empaque. Su fruta (arándanos rojos) y frescura se complementaron de maravilla con la decocción salsificada de la becada. El "plateau frommages" sigue siendo rito de paso ineludible en el Motel para llegar al cielo y no olvidaré con facilidad el curadísimo Tomme que elegí. Un prodigio. Con él y con un fragante, aunque ya contenido Bas Armagnac del 76 (en magnum, por favor), llegó la anécodota del día: resultó que fue el Sr. Subirós quien convenció en su día a Antoni Falcón para que algunos de sus vinos adoptaran nombres comprensibles y fáciles de retener, ¡topónimos por ejemplo! Así surgieron Baseia y Siurà.

Cuando salimos al fresco del atardecer, Véspero/Venus anunciaba ya la caída del sol y, en efecto, sonreía como nunca a la luna que luchaba por abrazarla. En el cielo, intuí el guiño del Sr. Mercader ("Ha quedat satisfet, oi?") y en la tierra supe que un trocito de paraíso (hablamos del jardín del Edén) se había instalado en Siurana d'Empordà para alegría y regocijo de los que gustamos de las cosas buenas y hermosas.
Mitja becada que anava a Mallorca

02 diciembre, 2013

Vall-Llach 1998

El Priorat des de Mas de la Rosa
El Priorat desde Mas de la Rosa de Vall-llach (foto mía, de primavera de 2013).

1998 fue un año de calor y poca lluvia. Arrancó con un invierno seco que provocó un ciclo vegetativo de las cepas poco vigoroso, lento, casi miedoso. La sequía prosiguió durante el verano y las plantas fueron frenando el crecimiento del fruto para favorecer su maduración. Producción baja, pues, pero con uvas maduras, concentradas y un grado alcohólico alto. 1998 es considerado como añada excelente por la DOQ y yo creo que sí, que lo es. Con 2001 y 2004 en perspectiva, son de lo mejor que el Priorat ha visto en tiempos recientes. 2009 y 2010 quedan demasiado cerca como para saber realmente cómo andarán en diez o quince años. Creo que 2009 llegará. Tengo mis dudas sobre 2010, pero hay que esperar.

Vall-Llach es una bodega que, en este vino, siempre ha combinado uvas de cepas jóvenes con otras de mayor longevidad. En 1998 mezcló un 45% de merlot de Mas del Porrerà con otro 45% de cariñena de Mas de la Rosa, Sentiu i Finca Cabacés, más un 10% de cabernet sauvignon de la Devesa. Su proceso de vinificación pide largos años de afinado en botella (este 1998 reposa en las que queden desde la primavera del 2000, de las 4000 embotelladas), que suele dar grandes resultados. Cada vez que he hecho una horizontal de priorats de nombres muy reconocidos, Vall-Llach ha estado siempre entre mis preferidos. Despalillado completo, FAL en depósitos de acero inoxidable de 2500L, con remontados suaves durante los primeros siete días (temperatura controlada entre los 25ºC y los 29ºC) y un poco de bazuqueo manual. A los 40 días de maceración, descubado y prensado en horizontal. La FML la hizo, también, en los depósitos de inoxidable. El vino pasó a barricas Dargaud&Jaegle de madera nueva de grano fino y tostado ligero y medio. Durante los 17 meses de crianza se hicieron dos trasiegas.

No decanté el vino. Lo abrí una hora antes de empezar a beber (el tapón se rompió...) y sus inicios fueron malos, con un peso bastante grande del alcohol (¡todavía! Tampoco era tan mala noticia ésa) y un punto de acetatos no pequeño. Anoté en mi cuaderno: "bajada de la escuela de pequeño. Parada obligada en Editorial Bruguera: el olor de la cola mezclada con la del papel"...Pero ese no es aroma de vino...Tomé una decisión drástica. Retapé y esperé 24 horas. El vino encontró su equilibrio y aunque no acabó siendo uno de los mejores Vall-Llach con cierta edad que yo he tomado, sí empezó a dar lo que todavía llevaba dentro, sobre todo en aromas terciarios: el corazón del bosque en otoño. Neblina en el monte, de madrugada. El taller del ebanista: virutas de madera en el aire y en el suelo. Palo de regaliz justo cuando empiezas a chupar la madera. Hoja de tabaco madura. Aceituna negra muerta. Vino recio. Vino todavía entero. Vino con taninos muy serios y secantes. Guindas.