27 junio, 2013

Celler Martí Fabra

Els estanys de Martí Fabra
Digamos que, de forma documentada (con notas que conserve), bebo vinos del Celler Martí Fabra (Masia Carreras, en Sant Climent Sescebes, DO Empordà) desde 2007. Si husmean un poco en la pestaña de "búsqueda" de este blog, verán que algunos de sus vinos son una constante entre mis preferencias: el Flor d'Albera, entre sus blancos; su rosado Lladoner; y el Masia Carreras tanto en su versión blanca como en la tinta. Había conocido a Martí Fabra y a su hijo Joan en un par de presentaciones, habíamos charlado con discreción pero no sabía realmente cómo eran. No lo sabía porque no había estado en su bodega ni había pisado sus viñas. No había charlado con ellos, no había olido esa bodega ni conocía su historia familiar. No había escuchado su historia en su tierra. Hace bien poco pude remediar ese agujero de mi educación sentimental y, ahora, puedo escribir con fundamento de causa: esta familia, sus tierras, su bodega, sus vinos y, más que ninguna otra cosa, su forma de ser y de estar hoy, en el mundo del vino se me convierten en referencia ineludible.

Joan Fabra es muy joven pero ha heredado la paciencia, el temple, la pausa y, a ratos, la retranca y la mirada pícara y burlona de muchos siglos de familia de payés en el Empordà (desde el siglo XIV...). Pasear por las viñas con él (algunas de más de 100 años, otras inmediatamente postfiloxéricas, plantadas en pies híbridos; algunas más jóvenes) y beber después sus vinos es una experiencia grande.  No le interesa hacer alarde de nada, las palabras justas, medidas siempre y, al final, una mirada casi de soslayo y como buscando tu aprobación. ¡Pero si soy yo quién tiene que aprender de él! Trabajar la tierra: tal y como lo hacían los abuelos, sólo con algo de azufre y sulfato de cobre. Arar lo imprescindible, pero de forma que cada cepa (algunos auténticos árboles...) reciba su dosis de aireación en las raíces. Después, cuando apriete el calor, el surco entre cepas será tapado y la planta recuperará su equilibrio. La vegetación entre calles se respeta, se desbroza y allí queda. El abono es el del rebaño de ovejas de un vecino. En la bodega, las maderas viejas y los antiguos depósitos de cemento siguen encontrando (tras más de 50 años) su razón de ser. La arquitectura y el aprovechamiento racional y muy meditado de la roca madre convierten a su bodega, semienterrada, en un lugar ideal (temperatura y humedad naturales)  para el envejecimiento de algunos de sus vinos.

Joan lo tiene claro: 25 Ha (todas alrededor de Sant Climent) y un máximo de unas 100 mil botellas (subirá la cifra, o bajará, en función de la añada, claro), les permiten llegar a ese punto de equilibrio en que controlan todos los procesos personalmente; sus instalaciones ofrecen espacio y herramientas para trabajar la fruta que les llega de sus viñedos en condiciones óptimas; y tienen lo necesario para vivir bien. ¿Para qué más?  ¿Crecer? No, por supuesto. Tienen lo que necesitan. Es el momento de seguir haciendo mejor las cosas, pero no de crecer. Podría hablarles de los vinos que bebí y más me gustaron (su Flor d'Albera 2011, con 70% de moscatel de grano grueso y 30% de Frontignan, zalamero, enérgico, fresco, terpénico y balsámico, como siempre cielo del Empordà en una botella tras la tramontana; o su Masia Carreras blanc 2011, con un cupaje que es el del viñedo, garnachas y cariñenas blancas y tintas, picapoll, que tiene lo mejor de cada una de ellas y la frescura del suelo de arena granítica; o su Masia Carreras tinto 2008, ahora mismo, uno de los grandes del Empordà, con cariñena y merlot; y etc.). Pero no. No sería justo con mis sentimientos ni con las sensaciones de lo que bebí ese día.

Porque ese día bebí por primera vez Els Estanys 2007. Pensaba que conocía ya todas las grandes cariñenas catalanas. Venía de probar,en los últimos meses, Camí de Cormes, Mans de Samsó, 1902, Vall-llach, Ferrer-Bobet vinyes velles selecció especial (todas entre el 2007 y el 2011). Y alguna más, aunque no tan monovarietal. Pero me faltaba la de Joan Fabra...Intensidad feroz, finura exuberante, frescura cítrica, buqué garni, arena granítica, mineralidad tan bien perfilada, ligera rusticidad...tan profunda y, al mismo tiempo, tan accesible...Bebía esa copa y volvía al viñedo ("estanys", dos pequeñas lagunas al norte y al sur del viñedo que, junto con el viento, la tierra y la exposición sin paliativos al sol, informan y educan a esas cepas viejísimas). Soplaba una suave tramontana, susurraban las hojas, mis pies se hundían en la arena junto a las cepas. Cerraba los ojos y me sentía hijo de esa tierra. Mis pies se confundían con sus raíces. Vino y sensibilidad. Amor y terruño. Fruta y autenticidad. Cuando salgan esas 700 botellas, corran ustedes. Corran. En Joan de Martí Fabra

20 junio, 2013

Altaroses 2011 de Cellers Joan d'Anguera

Vinya La cova de Joan d'Anguera Siempre me habían gustado algunos de los vinos de Cellers Joan d'Anguera (el que más, sin duda, el Joan d'Anguera, su vino más joven, fragante, fresco y de paso ágil). Pero tenía la sensación, que confirmé el día que estuve en casa de Joan y Josep d'Anguera, en Darmós (DO Montsant, en la zona suroeste de la DO), que se encontraban en una especie de callejón sin salida, un "cul de sac". Tengo muy buena relación con ellos y sé que me corregirán si mi apreciación es equivocada. Pero paseando por los viñedos, subiendo a Los Argatans, paseando por la viña de La Cova (extraordinaria riqueza, en la foto), oliendo el campo, viendo olivos y almendros entre cepas, también albaricoqueros, viviendo Les Trosses, el Pla de Pere Anton, me di cuenta de que habían, por fin, encontrado una respuesta, una salida a un camino que había llegado a su fin. Sus ojos brillaban de nuevo, su conversación ha dejado atrás cualquier traza de aburrimiento y sus cepas y vinos están encontrando un camino nuevo. Se llama Tierra.

Han pasado los años y su conclusión es clara: nosotros somos payeses, nosotros trabajamos la tierra de la forma más respetuosa y, después, la cepa ya responderá. Y está empezando a hablar de nuevo, la cepa. Vaya si lo hace. Tener la certificación ecológica y biodinámica (Deméter) era una condición necesaria para ellos  (para que los mercados les identifiquen correctamente), pero no era suficiente. Su reflexión necesitaba elementos variados. Los que pertenecen a la tierra, los primeros. Sin ellos nada nuevo ni auténtico existe: compost de oveja y vegetal preparado por ellos con la ayuda de Jordi Querol (también los distintos preparados biodinámicos); arar sólo lo imprescindible; azufre en polvo ecológico. Buscan la esencia de sus terruños, bien distintos, terrenos muy sedimentarios, con PH neutros, lechos de rio, cantos rodados, mucha arena, poca arcilla, zonas con óxido de hierro. Vendimian cada parcela para vinificarla por separado. Replantan y se concentran en las variedades mejor adaptadas a la tierra, además.

Y también, claro, las cosas que pertenecen al trabajo en bodega: menos madera, más usada, más cemento (en 2012 casi al 50%), empiezan con el raspón, con otro tipo de maceraciones. Altaroses 2011 es, para mí, el anuncio de que las cosas están cambiando: no han llegado donde quieren, entre otras cosas (buenas) porque no saben dónde está ese lugar. Pero esta garnacha fina, del viñedo del mismo nombre, suelo de aluvión y cantos rodados, orientado al norte, nos habla (con 14% en 2011) de fermentaciones malolácticas en hormigón, de estabilizaciones naturales (mínima parte en maderas de tercer año), sin filtraciones, habla de los aromas de la fermentación, de la emoción de esos olores en la bodega, de mucha fruta y volúmenes, esfericidad y agilidad, frescura pero con cuerpo, mucha mora madura recién cogida (ese aroma de la zarza todavía en las manos), cereza picota, brezo. Es un vino con curvas, meandros del Ebro hechos fruta hechos vino. Pero hay más, ya en 2012: Bugader 2012, sin syrah, con garnacha del Pla de Pere Anton, se me antojó agua perfumada de uva y tierra, una delicia, fragancia muy agradable y buqué de primavera. Esto no es un vino, son grosellas, violetas y tierra arenosa, cristalino y limpio, en una botella. Sin más. La carinyena del Hostal. Veremos dónde va, pero estad atentos: es un vino antiguo, el viñedo lo da todo y no hacen falta extracciones. Pedernal puro y duro, mineral que enamora, concentración natural, estilete del fondo de la tierra, con el punto de brezo y locura que le gustaban a Baco- Posgusto que te deja catatónico.

La voz y los ojos de Joan y Josep d'Anguera brillan, sí, de otra manera. 2012 es la vendimia de la inflexión: han empezado a desaprender con rapidez, a deshacer camino para empezar otro nuevo, siguiendo la intuición, es decir, la observación. Son valientes y lo tienen claro: sus nuevos vinos están empezando a seguirles. Yo, disfrutando de nuevo con ellos y esperando con ilusión ver dónde me llevarán.  Y vaya, me salió algo largo el texto, pero estos jóvenes se lo merecen, caramba.

16 junio, 2013

Siete años y uno más

La viña de Juan Manuel Vetas bajo na nieve
Noche en blanco, como la que pasó el bello viñedo de Juan Manuel Vetas (en Ronda) el día que tuve la fortuna de pisarlo. Siete años en la vida de un blog son muchos. Mi amigo Manolo Gago (la única vez que he podido estar en el Fòrum Gastronòmic de Girona, hace ya cinco años) pronosticaba un máximo de cinco años de vida para un blog que hubiera sido cuidado y bien trabajado por su creador. Manolo sigue con su Capítulo Cero, como yo con este De uinis. Y, por supuesto, algunos otros amigos siguen ahí también. No nombro a nadie, así no me dejo a nadie: no me apetece hoy buscar las fechas de primer post de cada cual. Vamos contra la corriente efímera que, parecía, iba a dominar la blogosfera enogastronómica. Y aquí seguimos.

1 de junio de 2006 a 16 de junio de 2013.
1070 posts publicados (con éste)
12087 comentarios a los posts publicados y siempre contestados (salvo error, omisión o insulto)
Más de un millón de visualizaciones de esta página, con más de la mitad de lectores que son reincidentes.
40% de lectores en España; 8% en Estados Unidos de América; 3% en Francia; y el resto, repartidos en todo el mundo, pero sobre todo en la vieja Europa (Alemania, Portugal, Italia, Reino Unido), América del Sur (Argentina y Chile) y Asia (sobre todo, China). Muy pocos lectores africanos...

Vengo de un viaje de tres meses que me ha cambiado como persona y como bebedor de vinos. Más que nunca, necesito entender al vino en un paisaje y con las personas que lo hacen dentro de él. Y más que nunca, quiero hacerlo con el menor número de interferencias posible. Con la mayor naturalidad posible. Si yo he cambiado, me parece de Perogrullo que el blog cambie conmigo. Aunque mi amigo (todavía no sustanciado en carne), Jesús Melitón, proponía ayer un estrabismo vínico, con un ojo en la viña y otro en el inevitable mantel (que tiene que volver en forma de catas de "guante blanco" y  del que, por supuesto, no reniego), no me veo yo en eso.

Constato, por otra parte, que no critico, que las formas y los fondos de los blogs hace mucho que no cambian. Las formas...parece que se haya inventado todo pero veo, con admiración hacia este medio, que el microblogging (140 caracteres en forma de tuit) no se ha cargado a nuestro macroblogging (di lo que quieras con los caracteres que consideres necesarios). El resto, son aderezos y maquillaje  (videoblogs; photoblogs, etc.) de una realidad difícil de ocultar: escribir un blog significa, en primer lugar, querer escribir: no basta con decir "me toca hacerlo" o "tengo que estar". En segundo lugar, hay que saber escribir. Y en tercer lugar, significa tener algo que decir y con un punto de vista concreto, el que sea pero uno. No todo el mundo cumple con esos tres requisitos básicos. Se trate del tema que se trate.

El contenido de mi blog. Aquí no puedo hablar ya del resto porque cada cual va por donde cree oportuno y los temas y sus aproximaciones son infinitos. Sigo teniendo ganas de escribir sobre gastronomía, es decir, sobre vinos y sus comidas. Pero necesito renovarme. Si la forma sigue pareciéndome correcta en lo básico (y lo básico, en un blog, es que te lean y reaccionen, en forma de comentarios a tus escritos, que tú siempre contestas), aunque pueda proponer algún cambio estético (que también me apetece), lo que corresponde es tocar el fondo, el contenido, lo que un periodista llamaría, quizás, la "línea editorial". Tengo claro (o me parece claro, vaya...) que si algo se aprecia en este blog es el comentario de proximidad: sobre las personas, paisajes y vinos que conozco más de primera mano, porque he estado en sus campos, porque he hablado de sus vinos en sus bodegas y los he bebido entre sus cepas.

Ése va a ser el primer cambio radical. Si hago algo, lo hago a fondo. A partir del próximo post voy a escribir sólo de personas que conozca personalmente, y de sus vinos. En la medida de lo posible, además (rico no soy y mi tiempo, dentro de muy poco, volverá a ser limitado), que sea de vinos cuyas cepas haya visto también en persona y sepa cómo trabajan ellos sus campos y cómo sus mostos se convierten en vino en sus bodegas. Eso, sin duda, va a restringir el radio de acción de mis posts: sobre todo Catalunya y España; por supuesto, algo de Francia y de Italia (los países que más he visitado y donde puedo ir con más facilidad) y, menos, Alemania, Suiza, etc. Creo que escribir sobre cualquier vino del mundo que pase por mi garganta, por más que me guste, no aporta nada especial al blog. Habrá vinos, pues, que quedarán en mi estricta intimidad de consumidor.

Voy a intentar que mis posts sean más breves (¡menos éste!) y, en la medida de lo posible, que hablen de un solo vino. Estos últimos meses han sido excepcionales en contenidos, pero lo habitual no es que yo tenga tantos datos de una sola bodega, de las últimas cosechas, etc., como para que en un post hable de diez vinos...De nuevo, me propongo que el otro cambio mayor que se perciba sea en la forma escrita: en cómo digo las cosas, con qué palabras, sintaxis y estilo las digo.

Sigo dando la razón a Jamie Goode, aunque él, con su propio ejemplo, se contradiga: con esto de los blogs del vino, uno no se hace rico en este mundo. Ni tan siquiera se profesionaliza o saca suficiente dinero como para pagarse viajes y botellas. Yo no, por lo menos. Ni tampoco busco ninguna de las dos cosas. Quede claro, pues, que este es un blog amateur y radicalmente independiente, que no recibe un euro por publicar ningún tipo de contenido. En los últimos años, muchas empresas se han acercado a mí pidiéndome precio para escribirles posts patrocinados por ellas en mi blog. Menos UNA persona, UNA repito, nadie contestó a mis requerimientos: el producto tiene que gustarme mucho. Si no me gusta, no escribo sobre él. Tengo que poder escribir lo que pienso sobre él, además. Tengo que poder decir que escribo un post pagado, si no, la gente dejará de confiar en mí. Voy a cobrar en función de lo que la empresa que me pida un post patrocinado, facture: si la empresa factura 1000 millones €, pongamos por caso, pediré en proporción; si factura 100 mil €, igual, etc. Nadie, nadie ha contestado jamás a mis peticiones, cuando ellos eran los que se habían puesto en contacto conmigo. Mala educación, sin duda, acompañada de un sentimiento (mío, por lo menos) de que "a los que escribimos en un medio que se llama blog nos toman por imbéciles". Si quieren publicidad gratuita, que escriban ellos sus contenidos y los publiquen donde les parezca oportuno. La publicidad que es gratuita en mi blog, que es toda, la decido yo.

Hay otro tipo de publicidad, claro. Lo he dicho en varias ocasiones, pero no hay manera. Y el recibidor de casa se ha convertido en un almacén porque todas las botellas que recibo no caben ya en bodegas, armarios y neveras. Sólo escribo sobre las botellas que yo compro o las que me regalan mis amigos. No escribo jamás sobre botellas que me mandan las bodegas como parte de sus campañas de publicidad. Las respeto profundamente, las leo, las sigo y, por supuesto, decido si compro una botella. Si la compro y me dice algo, en positivo o en negativo, escribo. No hay más. Por favor, dejen de mandarme eso que, de manera casi ofensiva para el vino que contiene, suelen llamar muestras. Esto se va a complicar ahora, claro, porque lo que manda en el blog a partir de hoy, es el criterio de proximidad. Aunque sea un viticultor alemán, vamos: si no le conozco y no sé cómo trabaja, no voy a publicar sobre él.

Mucho se ha hablado en las redes últimamente de según qué cosas. Nunca con el menor fundamento real: ni tengo jefe ni lo busco. Y creo, con sinceridad, que me siento mucho mejor sin nadie que me vaya diciendo "tienes que escribir sobre esto" o "hay que catar el sureste español" o "sobre éste, mejor que no digas nada malo, ¿eh?". Queridos amigos míos han tomado ese camino en los últimos meses y espero con ganas y ansiedad sus primeras publicaciones. Y, sobre todo, que les vaya muy bien. Pero tengo claro que lo mío es trabajar en la promoción y difusión de la cultura del vino solo y sin jefe que me diga qué y cómo tengo que escribir.

Creo que he dicho ya todo lo que la noche blanca me ha susurrado. No hacen falta resúmenes. Este, por lo demás, no es un post de auto-ayuda: qué mal me siento, lo dejo, por favor convencedme de que siga, decidme cuánto os gusto, etc. Pasé por ese ridículo una vez. Y ya está. Estas últimas semanas he tenido alguna conversación con amigos sobre el tema. Me han ayudado mucho, sin duda. Y creo que he podido concentrar, ahora, mi sentimiento sobre la continuidad del blog en este texto. El día que piense que no me da lo que necesito y le pido (me pido, vamos), ese día lo diré. Y se acabará. Ese día no ha llegado todavía. Un abrazo grande a todos los que seguís al otro lado. ¿Un año más? ¡Vamos!
Barranco Oscuro bona
Esta foto es de un viñedo de Barranco Oscuro, en Cádiar.

12 junio, 2013

Nin-Ortiz

Mas del Caçador de Nin-Ortiz
Ester Nin es una enóloga de prestigio merecido. Ha trabajado en algunas bodegas importantes y conoce sus viñedos al dedillo. Labró su fama (me la juego escribiendo esto porque, por su manera de ser, no le gustará verse asociada a esta palabra: pero ella es una de las mujeres importantes en el mundo del vino) con uno de los Priorats de referencia: Clos Erasmus y Laurel, de Daphne Glorian. Pero es en el proyecto común que tiene con su compañero, Carles Ortiz  (escalador de vocación, que cambió el respeto atávico de los escaladores hacia la montaña por otro igual de intenso, el del agricultor ante la tierra que cultiva) en Porrera, donde puedo percibir en profundidad el auténtico potencial de la pareja y de su pequeña bodega: apenas 12 mil botellas de sus dos vinos prioratinos, Planetes de Nin y Nit de Nin (también existe un prometedor blanco del Pla de Manlleu, donde están las raíces de Ester, Selma de Nin, apenas 300 botellas en la añada 2009, con marsanne, roussanne y viognier).

Son gente especial, muy sensible y  dedicada por completo a sus tierras y a sus vinos. No hay tantos como ellos. Todos se dedican, por supuesto, pero yo veo concentración, de cuerpo y alma, puestas al servicio de lo que hacen con sus viñedos, sus vinos y sus pocas botellas. Tienen, además, una vocación por completo biodinámica. Ellos hacen su compost, ellos (con la ayuda de Jordi Querol, que es el especialista que está detrás de algunas interesantes bodegas biodinámicas del país: visitad esta web y os daréis cuenta del potencial que aporta Jordi a sus proyectos) hacen todos los tratamientos, ellos labran con dos machos sus tierras, ellos están encima del cuidado que unos viñedos así cultivados requiere. Cuando alguno de sus más o menos cercanos vecinos de apenas ha hecho una pasada por la viña, ellos ya llevan cuatro y están al quite de si el viento, que ha soplado fuerte los últimos días, ha provocado mucho roce entre las hojas; de si los primeros hongos aparecerán a la que suba dos días seguidos la temperatura, etc. ¿Todo el mundo hace lo mismo? Sí, pero yo veo una actitud especial en ellos.

Porque tienen un tesoro, además del talento para hacer vino y de la predisposición a escuchar a la tierra y saber qué les pide en cada momento. Son sus cepas, que están en alguno de los viñedos de mayor prestigio y fama de la DOQ Priorat: su cariñena (que es el armazón con que se construye el Nit de Nin) procede desde 2011 del Mas del Caçador (foto superior), en el límite entre Porrera y Gratallops, con una orientación noreste y noroeste. Mas del Caçador es, sin más, una de las esencias del sabor del vino del Priorat.  Y el Nit de Nin 2011 de esta bodega es uno de los vinos más finos, directos, amables y, al tiempo, concentrados, que he probado yo en el Priorat. El Planetes de Nin 2011 (de garnacha y cariñena de un viñedo joven que plantaron ellos mismos hace apenas seis años, foto inferior: lo que darán estas cepas con los años…) es más fragante, más voluptuoso y atrevido, fresco y arrogante, llamativo. Diría que el Planetes es más báquico mientras que el Nit es más apolíneo y misterioso: Delfos coronado de violetas al habla. Mucho placer en sus nuevos vinos del 2011: entraron grandes tinos de madera en la bodega, se vendimió por primera vez para ellos Mas del Caçador, la viña joven del Planetes está muy bien planteada y orientada en cada variedad… Y lo mejor está por venir: en el momento en que puedan ensamblar la fruta que ya tienen con la del viñedo de la Coma d’en Romeu (nada que ver con la marca de otro vino prioratino), un viñedo de garnacha de 70 años entre Porrera y Torroja (orientación más suroeste), que acaban de arrendar por 20 años, Nin-Ortiz estarán en lo más alto de la DOQ Priorat. Planetes de Nin de Nin-Ortiz

07 junio, 2013

Bodegas Puiggròs

Será la Vinya del vent de Bodegas Puigròs Alta Anoia
La historia no pasa en vano y la de la aparcería parece, casi, un residuo medieval. Hasta que te topas con los Puiggròs. Primos hermanos, Josep (en la parte comercial de la bodega, pero echando todas las manos que hagan falta en el campo) y Vicenç (el auténtico y, en el mejor sentido, payés de la familia, el hombre de campo que todo lo conoce y domina, verduras, legumbres, cepas, abejas, maquinaria agrícola...) son la cuarta generación de aparceros que perpetúan contratos y cultivos de viña en el Alto Anoia, encima de Òdena. Son tan distintos el uno del otro, tan complementarios y, al mismo tiempo, tienen ambos tan la misma ilusión, que creo con sinceridad que su joven bodega tiene que funcionar bien. Porque lo que es trabajar, la familia Puiggròs trabaja en la viticultura desde 1843, en Can Pau Palomas. Los campos que hay en la Sierra de Rubió (entre Òdena, Perafita, Maians…) fueron viñedos. La filoxera, la crisis pre- y posindustrial los dejó, con suerte, en campos de cereales. Pero quedaron algunas cepas y los Puiggròs heredaron la aparcería de algunas de las mejores (Molins, Les Malloles, la del Mestre Vilavell: foto central): garnacha blanca de 70-80 años y sumoll de grano menudo (quizás el sumoll más peculiar), en suelos francoarenosos y calizos, pobres y de buen drenaje. En 2008 dieron el gran paso: dejamos de vender uva y hacemos nuestro vino. Esa tierra, que tan de viñedo había sido, quedaba ahora fuera del territorio de cualquier DO, menos una, la Catalunya. La DO Catalunya nació, precisamente, para albergar a gente como los Puiggròs: viñedos en zonas de tradición centenaria, ganas de hacer vino en su casa y la historia que les dejaba fuera de las otras DO territoriales. Las cepas de Òdena, gracias a la DOCat, forman parte de nuevo del mapa vitivinícola catalán. Vinya Mestre Vilavell de Bodegas Puiggròs Alta Anoia Las primeras botellas de su marca emblemática, Sentits Blancs (garnacha blanca de cepas viejas en pureza), son de 2008, y las de su sumoll de grano menudo (vino de un único viñedo, el del Mestre Vilavell), de 2009. Vinos que hablan de altura (más de 600 msnm), que tienen frescura (no sólo hay una gran diferencia térmica día/noche; el viento es otro factor muy determinante en la viticultura de la zona: sopla fuerte y fresco) y que proclaman la pureza de las variedades de uva. No es nada sencillo, en mi opinión, encontrar una garnacha blanca en Catalunya que tenga las características de la de los Puiggròs: con un paso ligero por madera francesa de 300L (todas sus barricas son iguales), esa garnacha es ácida, se come los taninos de la madera con rapidez y, aunque tenga ese carácter meloso del varietal, palpas la energía y el vigor, la frescura y la acidez de la tierra. 2012, que probé recién embotellada en mayo de 2013, va a ser una gran añada para este vino. Como lo ha sido su Signes 2010, el tinto de ensamblaje que hacen con garnacha negra y sumoll mayoritario (plantas de 60 años y sumoll, 60%), que muestra lo mejor del clima de ese año: un vino alegre, con una gran acidez, sencillo y muy agradable de beber. 2011, en cambio, es un vino mucho más fragante, con zarzamora, brezo, ciprés. Qué bueno es que estos vinos, cuyas cepas reciben sólo el mínimo azufre y cobre (nada más), sepan reflejar tan bien qué pasó en cada cosecha. Su monovarietal de garnacha, Sentits Negres, sigue la línea de la casa: 2010 es más fresco, floral (violeta deliciosa) y amable, mientras que 2011 (también lo bebí recién embotellado) es más denso, concentrado y carnoso. Ganará mucho con la botella (finales de 2013, inicios de 2014; ahí empezará a beberse bien). Punto y aparte merece ese vino de viñedo único, el ya citado Mestre Vilavell, un sumoll de grano menudo, de un sitio especial: uno de los dos viñedos donde trabajan las abejas de Vicenç, junto a la riera de Ódena, con un durísimo tiempo en invierno y claro riesgo de heladas primaverales, las plantas sobreviven en ese mínimo altiplano rodeadas de laderas boscosas.

Tuve la suerte de probar la añada 2011 en el mismo momento en que lo hacían por primera vez Josep y Vicens, tras el embotellado. Menudas caras de placer pusimos los tres (hay que reconocerlo: también gracias al extraordinario jamón de jabalí que cura Vicenç en la masía): muy honesto el vino, muy varietal, más salvaje, algo más rústico que el 2009 (último que había probado), más concentrado, más limpio y fragante. Será un gran vino para comer carnes de caza, discreto pero firme acompañante. El futuro se abre espléndido para los Puiggròs. Han encontrado un camino que les gusta, que les une, que devuelve, además, a su comarca la tradición de los grandes vinos catalanes de interior. La aparcería…ahí sigue, pero estos dos no paran. Acaban de comprar (sí, por primera vez propietarios) 1,3 Ha de un campo de cereal, en el que antes hubo viñedo (foto inferior). Puede que se acabe llamando La Vinya del Vent. Plantarán en ella, tras la última cosecha de cereal, garnacha blanca con madera de sus mejores cepas. Caminando los tres por ella, mientras mis manos acariciaban la cebada que llegaba hasta las rodillas, la cabeza se me fue a la niñez, cuando no muy lejos de allí, hacía exactamente lo mismo. Y pensaba en lo valientes que son Josep y Vicenç, cuánto arriesgan con todo lo que están haciendo (por amor a su tierra, a su tradición y a sus cepas) y lo mucho que me gustaría que les fuera bien.Ilusión en Bodegas Puiggròs

03 junio, 2013

Celler Escoda-Sanahuja

Els Bassots d'Escoda-SanahujaJoan-Ramon Escoda se muestra tal y como son sus vinos: sin dobleces, francos y sinceros, con los matices que la tierra de la Conca de Barberà (DO Conca de Barberà) y las características de la añada quieran dar a sus uvas, y sin tapujos. Es de los que dice lo que hace y hace lo que dice. Su manera de trabajar la tierra (en suelos muy calcáreos, con variada profundidad de arcilla y bastante canto rodado, 9 Ha en la zona de su bodega, en Prenafeta; y 4 Ha en la de la viña La Llopetera, todas de propiedad, más la uva con certificación ecológica que compra en Blancafort) es la de la biodinámica: hace su propio compost con boñiga de oveja y de los caballos percherones que tiene en la propiedad (aprenden a labrar los viñedos, pero ése es un oficio complicado y su tierra la trabajan, todavía, las máquinas, aunque poco: una de sus viñas emblemáticas, Els Bassots, de chenin blanc, llevaba cinco años sin haber sido labrada hasta que tuvo que darle una ventilación a principios de 2013); aplica, con unas maravillosas mochilas metálicas que le hicieron ex profeso en Alemania, las dinamizaciones de los preparados 500, 501 y Maria Thun; no utiliza cobre y sus cepas reciben sólo azufre (una mano). Es de los que se atreve a trabajar sin sulfitos en todo el proceso de vinificación y de embotellado, aunque no atiende de manera especial al cuidado de una atmósfera anaerobia y superreductora. Obviamente, sus vinos saben a ese concepto, como saben a lo que más importa a Joan-Ramon: la añada. Para él, y eso es en lo que más insiste, lo único que cuenta es la añada, la añada y…sí, ¡la añada!

Su bodega está llena de depósitos de acero inoxidable y de barricas con la excepción de la pequeña tinaja de barro en la que elabora, junto a la otra mitad de su alma (Laureano Serres, de Celler Laureano Serres Montagut, en Pinell de Brai), el vino ¿Vamos? ¡Vamos!, del que se siente muy orgulloso de su cosecha 2012. Laure aporta el 50% de los mostos con que se hace este vino único, de cariñena y macabeo, mientras que Joan-Ramon propone el otro 50%, con cabernet sauvignon y sumoll blanco. El resultado, con fermentación alcohólica en tinaja de barro y algo de velo en flor, es un vino muy atractivo, con aromas a tierra mojada tras la lluvia de agosto, con aires de ceniza de sarmiento (¡y no ha tocado la madera!) y de cerezas. También probé lo que va a ser el Brutal 2012, es decir la parte de Joan-Ramon embotellada sola pero hecha de la misma forma y con el añadido de algo de sumoll tinto. Incisivo, vertical, eléctrico…Y en el patio están ya, reposando, dos enormes vasijas de barro de Miravet de 2000L, ¡hechas en 1904! Los vinos de Escoda-Sanahuja tienen otra característica: sus fermentaciones alcohólicas arrancan cuando quieren y paran, claro, cuando quieren. Normalmente son muy largas. Eso le da un plus de complejidad al vino y a sus sabores. Cuando probé lo que va a ser Els Bassots 2012 (100% chenin blanc), el trabajo de las lías estaba muy presente (aromas a levaduras prensadas), pero el vino te llenaba todos los poros: flor de tilo, complejidad muy grande, carnosidad e intensidad. Va a ser una gran añada para uno de sus vinos emblemáticos. El otro vino que más me gusta de Joan-Ramon, La Llopetera, es un monovarietal de pinot noir y 2012 va a ser, de nuevo, una añada especial, para seguir de cerca. Con apenas una maceración de cuatro días, prensado y fermentación alcohólica en inox, será un vino casi sin barrica, que va a devolvernos la esencia del puro zumo de fruta (uva, se llama uva) fermentado. Creo que va a ser de las mejores que he probado jamás de esa finca, con una floralidad grande y un sabor a picota desbordante. ¡Aires del sur de la Borgoña en la Conca de Barberà!

Me fui contento de Prenafeta. Escoda-Sanahuja sigue progresando y pronto vamos a ver allí un edificio que va a integrar un pequeño restaurante y la nueva bodega: en la foto, Joan-Ramon me muestra el trabajo hecho con las paredes subterráneas, increíble. El comedor de ese restaurante será una atalaya de privilegio sobre la llanura de Montblanc. Desde allí, un programa de cocineros de todo el mundo, que Joan-Ramon ya tiene apalabrados (secreto, secreto…), hará nuestras delicias en períodos de por lo menos seis meses. Comer allí y beber vinos de Escoda-Sanahuja y de los viñerones que trabajan como él va a ser delicioso. Y una realidad dentro de no mucho tiempo.
Tu es Petrus