31 mayo, 2013

L'explosió de la primavera

cartell_vijuny_rgb
L'explosió de la primavera, freda i plujosa a Catalunya, es concreta en un vigor extraordinari de les plantes i en una càrrega de fruits no habitual. La pluja, però, no sempre és sinònim de bona collita...Les temperatures baixes, tampoc. Dos dies de calor fort et fan pujar els fongs de manera descontrolada. Una forta ventada, tira a terra els botons tendres. I etc. Cada vegada m'agrada menys la metàfora i prefereixo parlar d'una manera directa i concisa: al darrer dia de maig, avui!, i durant el primer cap de setmana de juny es concentren tantes activitats i fires del vi a Catalunya, noves i ja conegudes, que el bon i curiós aficionat no donarà l'abast.

O ens encomanem a l'Esperit Sant i al seu do (per altra banda, únic) de la ubiqüitat o estem perduts. Vijuny a Barcelona. Espai de Gastronomia i vi a Sant Cugat. 1ª Fira Divins de vins i Caves a Martorell. Temps de vi a Vilanova i la Geltrú.  Segur que me'n deixo alguna... I a més, un munt d'activitats paralel.les organitzades de forma més particular per alguns cellers. És la primavera, sí. És un gran moment per tothom per presentar vins i collites, també. No podrem anar a tot el que ens interessaria? Segur. Hi hauria alguna manera de coordinar les fires que es fan per facilitar una miqueta el plaer i la recerca del bon aficionat? Potser.

La primavera té aquestes coses. Arribarà un cop de vent fort i algun botó caurà a terra. I a mi no m'agradarà veure que no es tracta d'una acció intencionada del vinyater, sinó l'efecte no desitjat sobre un munt de brots no controlats. Però...m'agrada com afecta la primavera!

29 mayo, 2013

DOQ Priorat: una perspectiva en 2013

Sortida de sol sobre el Priorat BY Rafael López-Monné Venimos del post anterior. En fechas muy cercanas, he tenido la oportunidad de hacer algunas visitas que me apetecían a bodegas de la DOQ Priorat, por una parte. Siempre quedan cosas que me interesan, ¡por fortuna!, pero voy avanzando. Y por la otra, la organización del habitual Tast Professional de la Fira del vi de Falset, del Tast del Decenni (VITec y DOQ abren algunas botellas con 10 años de antigüedad: ¡2003 tocaba!) y del Espai Priorat, me han permitido probar bastante y, de forma más o menos intuitiva, hacerme una idea de por donde van las cosas en la DOQ Priorat. O por lo menos, de por donde creo yo que van, a qué saben, cómo huelen los vinos en mayo de 2013. Inevitablemente (quiero decir: no lo voy a evitar) voy a hablar de algunos nombres y de bodegas. Es una obviedad decirlo, pero es imposible (para mí lo es, vaya) probar todo lo que uno tiene delante. Y además, en los sitios en los que he podido estar (ha habido una oferta impresionante en mayo de 2013), se presentaban algo menos del 50% de todas las bodegas inscritas en la DOQ. Así que lo que aquí opinó procede de un "muestreo" significativo pero no completo. Por regla general, además, acabo hablando de lo que más me ha llamado la atención, casi siempre en positivo. Al final de estos días, alguna idea transversal a varias bodegas y zonas del Priorat ha empezado también a asomar por el horizonte. No diré nada nuevo porque está en las conversaciones que he tenido. Pero lo escribiré. El mayor esfuerzo de las bodegas durante esos actos se concentró en presentar vinos de las añadas 2010, 2011 y 2012, con alguna cosa importante de 2009. A ellos dedico, pues, estos párrafos, no a añadas anteriores. La DOQ presenta en su web los datos de clima de la estación de Torroja, desde 2004. Es peligroso generalizar, por supuesto (los que conocen el territorio lo saben bien), pero son datos que orientan en la dirección correcta para entender qué pasa con una vendimia.

2010 fue un año con bastante más agua que 2009, en junio, agosto y septiembre; con temperaturas más frescas (menos de lo que la gente dice) y humedades relativas más bajas. 2011 es bastante más seco que 2010, pero con unos agosto y septiembre mucho más secos y una temperatura media dos grados superior (en septiembre, no en agosto). En general, se suele comparar 2011 con 2009, pero 2011 fue de mayor humedad relativa pero menor precipitación que 2009. 2012 ofrece solo datos hasta septiembre (por eso no voy más allá en los otros años): la sequedad en mayo, junio y agosto fue muy grande y la temperatura media de agosto fue casi dos grados superior a la de 2011. Pero en septiembre de 2012 cayeron 48L (¡en 2011, 0,6L!) y la temperatura media bajó casi dos grados (20,84 ºC frente a 22,53 ºC de 2011): la maduración pudo completarse (para quien no había vendimiado) de forma más relajada. 2009 y 2012 son bastante parecidos, en cuanto a clima, pero los efectos sobre las cepas, en 2012, se multiplicaron por venir de un 2011 ya seco y cálido; 2010 es algo más fresco y húmedo. Las producciones y características de los vinos van, como nunca, muy de acuerdo con el momento de la vendimia y mi percepción general es, también como nunca, que 2010 es un año bueno para la mayor parte de las zonas de la DOQ; 2011 y 2012 (sobre todo éste último) serán años muy buenos para las zonas más frescas y menos castigadas por los meteoros y 2012 será, quizás, un año extraordinario para quien supo vendimiar en su momento y le dio a la uva el mínimo "castigo" que la cepa estresada pedía. 2009 y 2011 son años para los que hay que tener más paciencia con las botellas (sobre todo 2009 porque en 2011 las plantas venían más relajadas); 2010 es un año que da vinos para disfrutar ya y para guardar algo menos. Y 2012, por lo bebido, va a ser (en las botellas que salgan, que serán menos de lo habitual)  un año extraordinario para quien sepa medir las fuerzas de su vinificación y crianza sobre las uvas. 2011 y 2012, además, van a ser grandes años de vinos blancos en el Priorat, sobre todo 2012. Que los dioses me confundan si me equivoco, pero así lo veo yo.

De lo que probé durante estos días, lo que más llamó mi atención fue: Viticultors Mas d'en Gil, Clos Fontà 2011 (garnacha  y cariñena) un vino de mucha fruta, fragante y tanino algo rústico pero muy agradable. Ferrer Bobet Selecció Especial Vinyes Velles 2011 (solo cariñena), le han dado la medida exacta de madera: paciencia pero será grande. Cellers Scala Dei, Negre 2012 (vino por debajo de los 10€), la garnacha de las tres F, F(rescura) F(ruta) F(acilidad) (su enólogo, R. Rofes, le añade una cuarta, F(estivo)), sin madera, fermentado en depósitos abiertos con algo de raspón: festival, en efecto, de sabores y aromas a precio imbatible; de la misma bodega, su Garnacha del viñedo de Sant Antoni 2010: cuando salga al mercado (dentro de muy poco), habrá bofetadas, porque contiene lo que muy pocos en esta añada, el DNA completo del Priorat garnachero. Su fragancia y finura (y en suelos de arcilla...) impresionan y catapultan a dimensiones casi olvidadas de esta tierra. Mas Martinet, Els Escurçons 2010 (garnacha) el primer vino de la edad madura de Sara Pérez, profundo, intenso, flor de violeta, zarzamora, Con ella, justo ahora empieza lo mejor. Clos del Portal, Somni 2010 (cariñena y syrah), zumo de violetas, cardamomo, fresco y cítrico, pimienta roja, romero en flor, Alfredo Arribas se está acercando a su sueño, sin duda. Celler Mas Doix, 1902 (solo cariñena) 2009, uva centenaria (¡plantada el 1902!) en el coster de la Salanca más baja, una de las más puras, escasas (600 botellas...) y emotivas expresiones de la cariñena prioratina. Clos Mogador, Nelín 2010 (garnacha blanca y macabeo), con una frescura, una fragancia y una energía que había casi olvidado en el blanco emblemático de René Barbier, uno de los dos mejores que probé estos días. Prefigura lo que vendrá.

Celler de l'Encastell, Roquers de Porrera 2010 (garnacha y cariñena con algo de merlot y syrah),  con carácter y frescura, habla quedo (todavía) de una de las mejores tierras de la DOQ y de un trabajo silencioso y humilde. Irán mejorando. Celler Ripoll Sans-Cal Batllet, Torroja Ronçavall 2011 (cariñena), una de las bombas de estos días, con una mineralidad y una fragancia de fresa silvestre apabullantes, intensidad de la grosella negra y, además, un vino fino, elegante. Álvaro Palacios, Dofí 2011 (muy mayoritaria garnacha) es uno de los mejores Dofins de la historia y L'Ermita 2011 me dejó pasmado, con la nariz en la copa y catatónico, hasta que Oriol Castells (enólogo de la bodega) me puso en la copa L'Ermita 2012. Este vino me tuvo un cuarto de hora en el claustro menor de Scala Dei, bebiendo, oliendo sin pensar. Al final, intenté conectar con el espíritu de los Cartujos para decirles "tranquilos, estamos en el camino, seguimos subiendo peldaños". El más fino de todos, el más puro y delicado, el más emocionante. Jamás había probado un Ermita como éste. De Terroir al Límit podría destacar más de una cosa, pero si con algo me quedo es con uno de los dos grandes blancos de estos días: el Muscat 2012, de enorme encanto y energía, con los aromas del matorral y la frescura de la marinada. Celler Vall Llach, Vall Llach 2010  (cariñena del Mas de la Rosa), es un vino azul, mineral, de enigmática oscuridad, fresco al mismo tiempo, ágil y muy agradable. Familia Nin-Ortiz, tanto con su Planetes de Nin (garnacha y cariñena de viñedos muy jóvenes) como con su Nit de Nin 2011 (garnacha y cariñena de Mas del Caçador) han hecho su mejor vino, de una fragancia enorme ambos, más báquico el Planetes (fresco, casi arrogante, atractivo y llamativo), más apolíneo y misterioso el Nit: Delfos coronado de violetas al habla. Mucho placer. Y lo mejor, también con ellos, está por venir (un perro con forma de viña ha empezado a correr...).

Además de lo relativo al clima, todos estos vinos (más otros cuantos de los que no hablo aquí porque sus bodegas no estuvieron en mi copa estos días, pero que también bebo y sigo) me llevan a otra conclusión. Es cierto que no todos se hacen de la misma forma, ni proceden de suelos parecidos ni llevan las mismas uvas. La mano de las personas que los hacen y la añada se notan, por supuesto (¡y eso es muy bueno! Hace cinco años no era tan evidente). Pero la mayoría tienen algo que empieza a intuirse como hilo conductor, sobre todo en 2011 y, más, en 2012, años complejos y exigentes, años en los que uno temía encontrar superextracciones, compotas, maduraciones excesivas, vinos que escupen la madera. No. Estos vinos se están afinando, son más elegantes y esbeltos, saben, cada vez más, a vino y menos a madera. Son más frescos. Las esencias del Priorat, de sus aromas, de su vegetación, de sus suelos, de sus vientos, están volviendo. Los vinos son más profundos, más intensos, van más al fondo de la cuestión. No gritan tanto. Empiezan a hablar al oído, susurran. Y a cada añada que pasa, son más. Ese susurro me gusta. Me hechiza y conecta con la esencia de un orden distinto de las cosas.  Ese orden es nuevo ahora pero sé que existió. Hace muchos años ya estuvo con nosotros. No sé si me explico.
Llaurant a Les Tosses by R. Lopez-Monné Las dos fotos son de Rafael López-Monné: para mí es un privilegio poder colaborar con él y disponer de sus fotos para alguno de mis textos. La primera muestra la salida del sol desde la Serra Major. La segunda es para Terroir al Límit: Les Tosses labradas por Frida de la mano de Jaume Sabater, con su hijo Jaume de aprendiz. Las publico con permiso de sus propietarios.

26 mayo, 2013

Espai Priorat 2.0

Mas de la Rosa de Vall-llach 2
Del 13 al 15 de mayo se ha celebrado la segunda edición del Espai Priorat (II Mostra internacional dels vins de la DOQ Priorat). Me atrevo a llamarla 2.0 porque, aún no habiendo sido testigo de la primera, me han hablado lo suficiente de ella, y he leído además, como para haberme formado una opinión. No se trata, pues, de una evolución o de pequeñas mejoras introducidas sobre la 1.0. No se ha tratado de una edición 1.1, vamos, sino de una clara revisión del modelo y, según lo he vivido (ésta sí, de primera mano), de una clara mejora del mismo. Se han atacado los puntos débiles mayores de la 1.0 y se ha conseguido aquello que se perseguía: que algunos de los que tienen una mayor capacidad de comunicación sobre el vino en América, Europa y Asia se lleven una idea precisa de qué es la DOQ Priorat, de cómo son sus viñedos, de qué hacen sus bodegas y cómo son sus cosechas más recientes (grandes protagonistas fueron, en efecto, 2010 , 2011 y algo de 2012 "en primeur"). Todo el mundo durmió en el Priorat: puede parecer una tontería, pero despertarse en la tierra donde se hace el vino que quieres explicar es importante. Todo el mundo visitó no menos de dos viñedos: no los vio desde un autocar. La gente pisó la tierra, se escucharon explicaciones de quienes hacen el vino en ella y, lo más importante, se bebieron esos vinos in situ.

Se visitaron no menos de tres bodegas. Y no se hizo una cata de mantel y punto. Los bodegueros (36 bodegas de la DOQ participaron en esta ocasión: aquí me pierdo un poco y no sé por qué no hubo más...) explicaron todos los detalles de su trabajo, en viñedo y en bodega. Y los vinos se bebieron junto a las barricas y, por lo menos en mi caso, no sólo de botellas ya en comercialización, sino de las propias barricas. Ejercicio arriesgado, sí, pero imprescindible para dar la imagen que se quería dar: aquí estamos, abiertos a todo y a todos y para mostrar cuanto hacemos con nuestros vinos, sin tapujos. Más: las dos cenas que compartimos fueron intensas e interesantes. Jamás nos sentamos ni con los mismos compañeros de Espai Priorat ni con las mismas bodegas. Cada bodeguero ponía los vinos que le parecían para la cena y los explicaba. Nadie repitió un solo vino con lo que, además de las visitas a viñedos y bodegas, no menos de otros ocho vinos pasaron ante los participantes explicados de primera mano por quienes los hacen. Se comió cocina de la tierra (Quinoa y Celler de l'Aspic), calidad y compromiso con sus productos, al mismo nivel conceptual que las uvas y sus vinos. Y se inauguró un espacio que va a marcar el futuro (en mi opinión) de muchas de las cosas que se hagan en la DOQ Priorat. Si no fuera así, se estaría desaprovechando una oportunidad de oro. La restauración del claustro menor de la cartuja de Scala Dei (en Escaladei) y la sala que era refectorio de los cartujanos ofrecen esa ocasión única.

En el recinto de la cartuja renacentista, a los pies del Montsant, allí donde empezó todo (bien...un poco más abajo), el espacio del refectorio se convirtió en el último de los escalones que nos faltaba para llegar a ese dios que todos buscamos en una botella de buen vino. Restauración cuidada al mínimo detalle, suelo original emotivo, paredes que rezuman silencio y techo muy hábilmente resuelto, y todas las bodegas participantes ofreciendo y explicando más de 100 vinos. La complejísima logística (más de 40 personas colaborando para que unos 70 participantes pudiéramos cumplir con el calendario de trabajo: casi parecía la ratio del Celler de Can Roca...) funcionó muy bien en todo lo que yo pude percibir. Y las mejoras que se proponían consiguieron realmente sus objetivos. La gente se empapó de DOQ Priorat, de primera mano y con los auténticos protagonistas. Quien no se enteró de cómo y por qué funcionan las cosas en esta tierra de privilegio para el vino es porque no quiso. Mis compañeros, todos con los que compartí momentos de visita, estuvieron siempre al quite y muy atentos, activos y preguntando tanto a los bodegueros como a los que conocíamos algo de esta tierra. Ésa fue también una buena mejora: mezclar gentes de todos los continentes, de todas las sensibilidades e idiomas, de todas las culturas con los que podríamos considerarnos locales (a mí en el Priorat ya me llaman algunos "mira, lo Joan". Y yo, ¡feliz!). La información circulaba con mayor agilidad y las dudas y preguntas se resolvían sobre la marcha, porque todos estábamos dispuestos a ayudar en esa labor de explicación. Mis compañeros y yo salimos satisfechos.

¿Qué mejoraría? Me supo mal no saber quiénes éramos realmente. Una lista de participantes que todos tengan antes de empezar me parece imprescindible, así como un contacto eficaz de cada uno de ellos. Las bodegas lo tenían (incluso una breve semblanza), nosotros no. Me hubiera ahorrado el bochorno de comprobar, el último día, que había estado explicando cosas a un MW...Y evita tener que ir coleccionando tarjetas de visita. Creo que el número de participantes es un punto crítico. Sé que hay que darle el máximo rendimiento al mucho dinero invertido por la DOQ y las bodegas y eso implica el mayor número de gente posible en una convocatoria. Pero quizás hacer dos (en el año en que se quiera celebrar), una de proximidad (viajes y gente que cueste menos traer) y otra de lejanía, una en primavera, otra después de la vendimia, permitiría grupos menores y más proximidad entre todos. También permitiría no tener que hacer las cenas en el local social del ayuntamiento de La Morera, ideal para los guateques de la fiesta mayor, pero muy limitado y pobre para el trabajo de los cocineros, por ejemplo. Y si los grupos son menores es más fácil atender, también, alguna petición concreta y, por ejemplo, echarle imaginación a lo de las cenas: que en cada plato, la gente vaya cambiando de mesa y, por lo tanto, de vinos. Para más de 100 personas, eso es imposible...Y puesto que se ofreció negocio a los hosteleros locales (lo cual me parece genial), también me gustaría que una de las comidas o cenas fuera libre: que se diera a los participantes un listado de los restaurantes de la comarca y que la gente se busque la vida para conocer otras cocinas, además de las invitadas para trabajar en el Espai. Así, todavía se daría más vidilla a la comarca.

¿Y de los vinos, qué? ¿No te estás dejando lo más importante? Confieso que he necesitado tiempo para asimilar tanta información porque se juntó todo: algunas visitas que quería hacer llegaron justo antes del Tast Professional de la 18 Fira del vi de Falset, el  6 de mayo (añada 2011 fundamentalmente, de la DOQ Priorat y la DO Montsant). Y una semana después, el Espai Priorat donde bebí, sobre todo, 2010, 2011 y 2012, con apuntes de 2009. Tendré que escribir otro post...
Els Escurçons de Mas Martinet 2 La foto superior es del viñedo de Mas de la Rosa de Vall-llach, de donde sale una de las cariñenas más bonitas de la DOQ. La foto inferior es del viñedo de Els Escurçons, de Mas Martinet, donde se hace una de las garnachas más sutiles. Fueron dos de las visitas que tuve la fortuna de poder hacer.

21 mayo, 2013

Orto Vins con Joan Asens

El Palell d'Orto Vins Son cuatro payeses de El Masroig con una larguísima tradición cooperativista en sus familias. Dos hermanos, los Beltran, y dos primos hermanos, Asens y Jové, que se conocen desde que nacieron, aunque después cada cual siguiera un poco su camino. Quizás el más conocido sea Joan Asens, sobre cuyos conocimientos increíbles , sensibilidad y experiencia en el Priorat sentó Álvaro Palacios durante años las bases del éxito de su Ermita. Pero ésta es una bodega en la que todos, con sus tierras y su trabajo, son imprescindibles. Cada cual es importante en las cosas que sabe hacer mejor, sea en el campo o en la bodega o en la venta de vinos. Se reencuentran gracias al destino. En el lapso de unos dos años, mueren los padres de algunos y les dejan en herencia viñedos. Si el lapso hubiera sido mayor, a saber hacia dónde habría tirado cada cual. Pero ese tiempo fue suficientemente corto como para que cuajara en ellos la idea: vamos a hacer por primera vez vino de nuestros viñedos y con nuestra propia marca. Esto sucedía (sic) el 18 de julio de 2008, día en que nacía Orto Vins, en la DO Montsant. No tienen bodega propia (elaboran en la cooperativa de El Molar) pero no les hace la más mínima falta para sacar al mercado una colección de vinos que, sin más, me parece de lo más interesante, atractivo, bien hecho y respetuoso con su tierra que he bebido estos últimos años en España.

Se llaman Orto por dos razones: porque aluden a ese momento en que todo astro atraviesa la línea del horizonte para hacérsenos visible (así sucedió con ellos y sus viñedos, que pasaron años trabajando para otros o llevando esas uvas a la cooperativa) y porque es el prefijo que, en griego, significa “rectitud, trabajo bien hecho, belleza”. Eso son sus vinos: rectos, honestos, bien hechos, bellos. En tierras de limo (panal, muy característico de la zona), arcillas y cantos rodados, que se extienden siguiendo la línea de monte y valles abierta en pendiente hacia el Ebro cercano, estos hombres se consideran, ante todo, payeses, gente que ama su tierra y que, por lo tanto (pero ojo, la consecuencia no es, ni mucho menos, automática porque hay montones de payeses que actúan de otra manera, la mayoría para ser claro), la conoce a fondo, la cuida y le da sólo lo que necesita (ellos, sobre todo con prácticas biodinámicas y un seguimiento escrupuloso de todas las operaciones, tanto en el campo como en bodega, con un ojo puesto en los ciclos de la luna). En segundo lugar, se consideran “vendedores de paisaje”. Embotellan las bondades de sus fincas, te hacen disfrutar con las características de la añada y te ofrecen los sabores de las uvas más emblemáticas: la garnacha, tinta y peluda, la cariñena, la tempranillo, la picapoll negre, entre las tintas; la garnacha blanca, para sus blancos; y la planta, la tripó de gat, la mamella de monja, la picapoll blanca, la trobat y el cep de sant Jaume, como blancas para su dulce. El dulce tinto lo hacen con las garnachas. Los dulces son naturalmente dulces (sin corte de la fermentación con ningún tipo de alcohol) y la vendimia de sus uvas les hace únicos: dura desde el primer día que van a vendimiar hasta el último porque de cada cepa separan, siempre, siempre, todas las uvas pasas que encuentran. Todas. Y éstas son las que van al dulce. De paso, alejan la sombra de la sobremaduración del resto de sus vinos.

Todos ellos muestran aspectos interesantes. Los Blanc d’Orto se ofrecen, por ejemplo, como Flor (con una maceración sólo de 24 horas, mosto flor, levaduras autóctonas y fermentación espontánea en inox, más 7 meses con sus lías: el 2012, por ejemplo, fermentó durante más de 4 meses y muestra, ya ahora, una intensidad y una fuerza espectaculares) o como Brisat (las pastas de la garnacha blanca, una vez liberado el mosto flor, retienen todavía líquido y empiezan a fermentar con esas pieles, más concentradas y con menos mosto; unos tres días después, esa brisa es prensada y termina la fermentación en botas de 500L, con sus madres y durante unos siete meses). Sus tintos fermentan lo que dura un mes lunar (28 días, de luna a luna) en inox (el Orto, con cariñena mayoritaria, menor garnacha tinta y pequeños aportes de cabernet sauvignon y tempranillo; posterior crianza de seis meses en roble francés de tercer o cuarto uso) o en botas de 500L (el Comes d’Orto, con equilibrio entre garnacha y cariñena y una crianza de 12 meses en barricas de 225L, también de tercer o cuarto vino). Sus Singularitats son vinos muy especiales, monovarietales hechos con la uva de la que cada uno de ellos considera su mejor y más expresivo viñedo. Su nombre es el del viñedo: La Carrerada, de Josep Mª Jové, una cariñena penetrante y cautivadora; Les Pujoles, de Jordi Beltran, una tempranillo de gran frescura y concentración; El Palell, un viñedo mágico de garnacha peluda de 1950, envolvente y tan sencillo de beber como el agua; y mi preferido por distinto, por único y porque se hace con una uva de la que queda poquísimo en la DO, Les Tallades de Cal Nicolau (el bisabuelo de Joan, que emigró de Serós al Masroig para construir el puente que une al pueblo con el Molar y gracias al cual su bisnieto hace ahora el vino allí), de picapoll negro, vino de concentración, suave rusticidad, flor de violeta, tanino algo rústico.

2012 fue año de gran sequía en la zona, tras un 2011 ya tremendo. Bajó mucho la producción por cepa pero la uva consiguió concentrar sus sabores de forma muy intensa. Y llegó sana: las pasas quedaron ya para un récord histórico. Habrá menos botellas (no del dulce), pero atentos a cuando salgan los vinos tranquilos porque serán, todas ellos, experiencias realmente únicas. Probamos con Joan todas las Singularitats: las cosas llamativas que tienen siempre, las mantienen pero más expresivas y concentradas.  2013...Con Joan (¡ésa es su pierna!), me he hecho ya una primera idea de cómo están reaccionando las cepas a tanto sufrimiento. Estaremos con ellas, viendo cómo crecen sus frutos. Como siempre, será emocionante e intenso encontrar cómo fue esa añada, en esa tierra, en unas botellas. Con Orto Vins eso está asegurado. La primera garnatxa peluda del Palell Orto Vins

18 mayo, 2013

El fin del viaje: un nuevo principio

Foto amb barba del 18 de febrer …miseri, quibus 
 intemptata nites. 
me tabula sacer 
votiva paries indicat uvida 
suspendisse potenti 
vestimenta maris deo. 

 …desgraciados, aquellos para quienes brillas,
sin posibilidad de que te conozcan.
Una pared del templo donde colgué la tablilla
votiva explica que he ofrecido mi mojada
ropa al poderoso dios del mar.

He sobrevivido, en palabras de Horacio (Carm., 1, 5, estrofa final). Uno de mis poetas habla de cómo sobrevivió él a un naufragio de amor. Sustituyamos "amor" (que brilló para él sin posibilidad alguna de ser alcanzado) por "viaje", por "conocimiento", por "pasión" hacia los paisajes, las culturas y las personas que hacen vino en España. Es la mejor descripción que se me ocurre de este viaje.

18 de febrero de 2013 a 18 de mayo de 2013 (con alguna interrupción el último mes)
11.400 km
6 libretas de 19x15 cm
12 libretas de 9x14 cm
5 rotuladores V7 de Pilot
188 cm (sigo igual)
86 kg (1 kg de más)
1 tinajero y
68 bodegas después,

vuelvo a casa ayer por la noche con la sensación de que las personas que no viven su pasión, la que sea, de una forma intensa son dignos de compasión (miseri). Porque creo que ésta es la mejor manera de conocer en profundidad (en mi caso) cómo son los vinos, porqué nacen en éste y no en aquél viñedo, cómo son las personas que los hacen, qué te cuentan sobre ellos allí donde los hacen. Y lo más importante, a qué saben estos vinos tras haber escuchado, visto y olido sus paisajes, tras haber paseado por sus viñedos, tras haber hablado con sus creadores. La naturaleza se comunica también a través de los vinos. A veces, incluso, a pesar de quienes los hacen. Mucha gente disfrutará del vino de otras formas. Y todas son buenas y respetables. La mía es ésta. Ya lo sé.

El campo, el viñedo, el paisaje en una botella de vino y de la forma más sincera y con menor intermediación posible. Eso he buscado y tantas veces, la inmensa mayoría, lo he encontrado. Vosotros sabéis quiénes sois: me habéis abierto las puertas de vuestras casas, de vuestras bodegas, de vuestros campos. Me habéis dado mucho más de lo que yo jamás podré devolveros. Me habéis hecho vivir el vino de otra forma. He escuchado mucho, he hablado poco, he preguntado menos. He visto y observado, he olido y me he maravillado. He escrito mucho, mucho más de lo que ha salido en el blog. En este mar revuelto y lleno de corrientes traidoras y ruidos ensordecedores, que es el mundo del vino, existen muchas pequeñas islas donde se encuentra la paz, la tranquilidad y una forma más amable y natural de entender las cosas. La gente que he conocido en este viaje. Muchas veces, lo he comprobado, no existía más comunicación física entre vosotros que la conversación que yo iba teniendo con todos sobre todos. Siempre procuraba que la gente supiera de dónde venía, a dónde iba, qué hacía.

Pero también es cierto que, aún no siendo conscientes de ello, todas esas islas, todas esas personas que tienen una sensibilidad especial hacia su tierra, sus cepas y sus vinos, están conectadas por un mismo hilo que he intentado seguir a lo largo del viaje. Pocas veces me he perdido aunque, ahora lo sé, no he podido parar en todas las "islas" que existen. Algunas se me escaparon y quedan para momentos futuros. ¡Pero quedan! Ahí están. Horacio sobrevivió a ese viaje de amor. Yo he sobrevivido a mi viaje, más excéntrico (me han tomado por todo) y por eso, hoy, ofrezco los ropajes de esa travesía al poderoso dios del mar. Y os digo, a todos los que me habéis podido recibir, a todos los que queríais pero algo lo ha impedido y a todos los que ahora sé que estáis pero todavía no he podido beberos ni veros, os digo que no estáis solos. Que en vuestras islas de heterodoxia y, no pocas veces, de marginación (cuántas historias de este tipo no me habréis contado), cada día habrá más gente (en este y en otros países), que buscará vuestros vinos y que los disfrutará porque son la manera más sencilla, intensa y transparente de ver y beber paisajes con cepas.

Yo pienso seguir: buscando, conociendo, pisando, charlando, bebiendo y compartiendo paisajes, vinos y experiencias. No concibo otra forma de vivir el mundo del vino que no sea ésta: la más convival, amable, sincera y bien informada que me sea posible ofrecer. En el camino nos encontraremos. Foto sense barba el 18 de maig

14 mayo, 2013

Carlos Alonso y Carriel dels Vilars

Carlos Alonso, alias David Crosby, de Carriel dels Vilars
Carlos Alonso es uno de los mejores ejemplos de productor NO (definición acuñada por el gran Rafa Bernabé): no hace nada, en el campo o en la bodega, que favorezca el vigor productivo de la cepa o que enmascare los aromas y sabores de sus uvas. No labra, no ara, no hace poda en verde, no aclarea, no abona, no riega, no clarifica, no estabiliza, no filtra, no abrillanta, no sulfita. Nada, es decir, NO. Sus cepas son lo más parecido a un estadio inicial de adaptación de la uitis siluestris a la uitis uinifera que me haya sido dado conocer en España. Y sus vinos saben de otra manera, sin duda alguna. Sus mostos puros, nacidos de suelos vírgenes e íntegros, de gran acidez, áridos y con pizarra, en cierta altura y con buenas exposiciones al sol y a los vientos, fermentan en tinos de cerámica vidriada que él mismo construyó en el interior de la bodega. Lo que pretendía no pasaba por la puerta y él se ganaba la vida arreglando casas: la piedra y la obra son, también, cosa suya, y él hizo sus depósitos. Por supuesto, fermentan con las levaduras que traen del viñedo. De la fermentación alcohólica parcial, con azúcar todavía por convertir en alcohol, pasan a botellas de cava recicladas, donde terminarán esa fermentación. Método ancestral, sin más. Un método que encaja con el carácter de Carlos y con la mejor expresión de sus uvas. Primer tapón, crianza en botella (este vino jamás toca la madera y cuanto aroma terciario desarrolla es por el trabajo que las lías siguen haciendo en botella), reposo. Degüelle en “frío” (esto quiere decir: neverita junto al lavamanos donde degüella y punto) y relleno de la botella con exactamente el mismo vino base. Envejecimiento en rima apelotonada (nuevo concepto que conocimos en la bodega con el ángel que me guió). El tiempo que haga falta, aunque no menos de doce meses. De aquí para adelante, lo que el mercado le pida. Un aviso al “mercado”: el mercado tiene que ir a Carlos porque Carlos no va al mercado. Su espumoso ancestral se vende en Carriel dels Vilars (Espolla). Y punto. Y os aseguro que la excursión merece mucho la pena. Aunque si uno no puede llegar... (leed más abajo).

Cuanto acabo de describir produce un vino espumoso natural (en las analíticas de los dos últimos años, este tipo de trabajo da, ya directamente, 0  sulfitos, tal y como se lee) que es una de las expresiones más genuinas, puras, ricas, poderosas y complejas de esta parte de paraíso que se llama Alt Empordà. En sólo 2,5 Ha. No hay más... Macabeo, xarel.lo, parellada, garnacha tinta y garnacha blanca para su rosado; y las mismas variedades, sin la garnacha tinta, para su blanco espumoso. Éste último, brut nature del que probamos una botella del 2011 (14,7%) a finales de abril de 2013, me pareció excepcional, salvaje, vegetal, con final amargoso, el vivo aroma de la levadura prensada y con una frescura y viveza que le auguran largos años de vida. Los que sigue mostrando su 2001, del que tuve la enorme suerte de beber también una botella. Los águilas de la Guía Peñín le dieron 93 puntos en su momento y Roger Viusà (somelier reputadísimo a nivel mundial y que tiene uno de los bistrós más interesantes de Catalunya y, me atrevo a decir, de España, en Plaça del Vi, 7, de Girona) dedicó grandes palabras de elogio a este 2001. Y lo tiene en su carta. Apunté una sola palabra en mi libreta (con perdón): “Collons!” Ni traduzco. Un vino espumoso ("xampany" para Carlos) del 2001 que ha llegado al 2013 en perfecto estado, con una alma de vino dulce (una residual de azúcar tenía, a lo Mark Angeli, vamos, y su Rosé d’un Jour) y un corazón seco. Sonaba casi a Sekt hecho con un Auslese. Miel, romero, tomillo, avellanas, orejones de albaricoque, flor de manzanilla seca, retama. Impresionante. No se quedó atrás el Rosado espumoso del 2007 (esta bodega, que pasa de DOs y se ofrece como vino de mesa por constricción administrativa, sólo produce espumosos de añada), también con un mínimo azúcar natural que le convierte en Brut, vinoso y con gran carácter, con aromas del fruto del madroño y del bosque en plena primavera. Carriel dels Vilars (que también hace un vino tranquilo de garnacha, cabernet sauvignon, syrah y cariñena, en un 2007 que se deja beber muy y muy bien) es la pequeña bodega de un hombre grande, Carlos Alonso, indómito y fuerte aunque su espalda empiece a doblarse tras tanto exceso, generoso, con criterio e ideas claras. Merecería que todo el mundo que aprecia un vino con buena burbuja pegado a un territorio le conociera y bebiera. Sin más y de veras.
El Ninot d'en Carriel
Esta foto es del vaciado de un petroglifo grabado en una roca de la finca de Carlos. Carlos ha ayudado mucho en la recuperación de menhires y dólmenes. Y en el trabajo con los arqueólogos prehistoriadores, descubrió esa imagen grabada en una roca, al aire libre. Le dicen que se trata de una imagen ginecomórfica, de mujer preñada que representaría a la Madre Tierra, a Gea, en su fecundidad. Es una imagen bien conocida en Europa y creo que tiene poco que ver con lo que la nuestra muestra. Más bien creo que se trata de una persona o de un animal en acción, corriendo. Miren la fotografía inferior del enlace y comparen. Es el nuevo símbolo de Carriel dels Vilars, su icono y logo, y a mí me gusta pensar que se trata de alguien en permanente movimiento, en acción y atento. Como Carlos. En la misma tierra, pero unos miles de años atrás.

09 mayo, 2013

Mas Estela

Vall de Sant Romà a Mas Estela
Didier Soto y Núria Dalmau (Mas Estela) llegaron a la Vall de Sant Romà en 1989. No eran los primeros…ya uno de los condes de Empúries, Gaufred, había decidido que ese pequeño, fértil y recóndito valle situado (hoy) en el parque natural del Cap de Creus (emparrado en las laderas del pueblo de La Selva de Mar), iba a ser su coto particular de caza. Corría el año 974 de Nuestro Señor. Llegaron, siglos después, los agricultores con el cultivo en terrazas, bancales hechos con muros de piedra seca que cubrían la montaña entera hasta su cima (el valle para el cereal) y doblaban al otro lado, mirando ya al noroeste. Estuvimos mirando, con Núria, una de las primeras fotos aéreas de la zona, cuando ellos empezaron a plantar, y sus 16 Ha no eran más que una pequeña mancha en comparación con la cantidad total de terrazas abandonadas desde principios del siglo XX, que mostraba la foto con precisa claridad. Ellos supieron reencontrar, en este pequeño valle, la tranquilidad perdida. Ellos supieron ver que su aislamiento y la falta absoluta de vecinos (si exceptuamos un rebaño de vacas que baja del Pirineo para pasar el invierno en el monte frente a sus viñedos) eran la mejor oportunidad para retomar en pureza el cultiva de la vid en la zona.

Son biodinámicos convencidos porque todo les llevó de una manera natural a entender la relación con la tierra de la forma más directa posible. Los viñedos, la bodega, ellos mismos, todo está en absoluta simbiosis con el entorno natural que les rodea. Me impresionó ver cómo su bodega tiene siempre rendijas, ventanas y, a veces, todas las puertas abiertas para que las golondrinas, cuando llegan de África a pasar el buen tiempo con nosotros, puedan hacer sus nidos en ella. Mas Estela podría llamarse también “la bodega de las golondrinas”. ¡Todo lo que forma parte del entorno es bienvenido! También el viento, que suele soplar fuerte de tramuntana y es uno de los mejores fungicidas y fitosanitarios que existe, es invitado a entrar al semisótano donde sus vinos realizan la crianza. Didier es viticultor, ingeniero y arquitecto y sabe cómo resolver los problemas que el día a día le plantea, con sus manos, con su cabeza, con el ingenio. Ha sabido canalizar la tramuntana para que, a través de unos ojos de buey que mueven ventiladores, entre en la cava, circule por ella y, de forma por completo natural, mantenga la mejor sanidad y temperatura en el ambiente de la crianza. Energía y ahorro, mínimo impacto y resultados. Cuántos tendrían que pasar unos días en esta bodega para aprender unas pocas cosas, también de sensibilidad. Que es la que muestra Núria cuando te habla de las complicidades que han ido tejiendo con su entorno para integrarse y reconocerse mutuamente: tienes que tratar a la tierra como tratas a la gente y a a los animales, te dice, como te gustaría que te trataran a ti, añado.

Mas Estela es, sin más y en un territorio que conoció las primeras civilizaciones que produjeron y comercializaron el vino en la Península, un viñedo civilizado, culto. Gracias a esta actitud, la fruta llega siempre con una sanidad espectacular a la bodega, es derrapada y en todo el proceso no se utilizan más que elementos naturales. Incluso (ahí sí hay energía eléctrica) la bomba que hace el remontado para remojar a diario el sombrero de hollejos durante la maceración, la inventó Didier: eficacia para una suave y húmeda extracción, máximo ahorro de esfuerzos. Sus vinos realizan la crianza en botas de 225 y 300L y éstas nunca tienen que abrirse para hacer el removido de las lías: Didier se ha inventado otro sistema de cierre de las barricas, por una parte, y de volteo, por la otra, que permite un ligero pero homogéneo contacto de las lías con el vino. Verlo para creerlo. Entre Leonardo y el Dr. Franz de Cophenague, dicho con todo el cariño y admiración. Uno de mis blancos preferidos (de España entera) es su Vinya Selva de Mar, hecho con un 60% de garnacha roja (también llamada gris, de piel muy fina y mínima materia colorante: uno de los portaestandartes vínicos de la zona) y un 40 de muscat de Alejandría. Con siete meses en barricas de acacia y ese tipo de removido de lías, es un vino seco de enorme fragancia, bello y delicado poderío y, detalle interesante, de los blancos que mejor envejecen.

Quindals es, quizás, su vino tinto que mejor expresa la fuerza de esta tierra de pizarra gris desmoronada, con la roca madre bastante cerca de la superficie (las herramientas de labranza tienen que trabajar duro aquí): casi monovarietal de la otra uva emblemática de la zona, la garnacha tinta, y doce meses de barrica, tiene una expresión mineral notable, arándanos negros y, al mismo tiempo, unos taninos suaves y muy persistentes. De nuevo con garnacha negra, hacen el que, para mí, es la quintaesencia de Mas Estela: su Garnacha de l’Empordà Estela Solera. Se trata de una solera que iniciaron con garnacha sobremadurada, dulce por lo tanto, en una bota de 1500L y con vino que pasó sus meses a sol y serena en damajuanas, de la cosecha de 1989, cuando llegaron. Siguieron con el sistema de soleras y ahora mismo tienen 10 botas numeradas, con la solera madre en la 1 (la del 89) y el vino que sale cada año de la número 10 (¡de donde Núria me sacó un vibrante aperitivo!). 1500 botellas, producto del transvase de esa cantidad de vino anual de bota en bota. Este vino dulce natural (15,5%) tiene un color delicado de caoba recién pulida, huele a madera, pero es fresco y vivo al mismo tiempo. Pan de higos, nueces, más frescura, pasas. Un vino que hace honor a la tradición de su tierra, la que ellos preservan y embotellan con su trabajo diario desde hace más de veinte años.
La Núria Dalmau destil.lant gotes del nèctar de garnatxa

05 mayo, 2013

Vega de Ribes

La clau del celler nou de Vega de Ribes La existencia de la masía donde vive, cultiva y elabora vino la familia Bartra i Roig (guiada por el trabajo cotidiano, en el campo y en la bodega, de Carles Bartra, con la ayuda de Enric Bartra, alguien que sabe mucho y que, además, es humilde) está documentada desde el siglo XII. Su estructura arquitectónica, además, es de las que emocionan porque, aunque tiene no pocas refecciones modernas, conserva de manera privilegiada lo que tenía que haber sido una distribución de uilla romana en la Antigüedad tardía. Es de aquellos sitios donde, además de por el paisaje del Garraf, tiene uno que ir para conocer y sentir la perfecta integración entre ser humano, animales, territorio y paisaje. Y hablo de Roma, pero el paraje está habitado desde el Neolítico (la Venus de Gavà…). Sólo os cuento un detalle, para que veáis la importancia de la tradición en un sitio que, hoy, pocos asocian con el vino (qué paradoja): la bodega que ellos llaman “nueva” conserva la puerta original y en ella, puesta en la cerradura y funcionando a diario, su llave. Lleva grabado el año de su primer uso: ¡1766! 

El macizo del Garraf es, desde un punto de vista geológico, fascinante. Pero Vega de Ribes se encuentra ya en sus últimas estribaciones, hacia el sur y mirando a poniente. A los pies de la sierra del Montgròs (uno de sus vinos que más me gusta se llama Sasserra, con el artículo salado, “sa”, que antes se usaba en la zona, como hoy se hace en Mallorca y en la Costa Brava, y que determinaba a la “sierra” que les protege: “sa serra –del Mongròs- > “sasserra”), la bodega asienta sus viñedos (los más antiguos que he visto, en vaso, de unos 80 años; aunque fueron los primeros de la zona en conducir las plantas en espaldera: ¡las hay de 40 años!) sobre dos tipos de suelo que dan, también, vinos bien distintos: tierra calcárea, por una parte; y arenas de sedimento marino con abundante sílice, por la otra. Respetan la flora autóctona, labran sólo cuando es imprescindible (como mucho una vez al año y cuando estuve, que fue en abril de 2012, todavía no lo habían hecho) y utilizan como abono y como segadora natural, el rebaño de ovejas ripollesas de su vecino. Muy respetuosos y buenos conocedores de la historia y las tradiciones de su paisaje, delimitan y separan sus viñedos de los bosques de pinos vecinos con algarrobos. Las raíces del algarrobo no son tan voraces como las de los pinos y ya se sabe, los pinos más bonitos (y las cepas más raquíticas) se encuentran junto a los viñedos. Trabajan las variedades más propias de su tierra y lo hacen de una forma que, con brevedad, tiene que ser conocida. Porque lo suyo de toda la vida son la malvasía y la xarel.lo. De esta segunda variedad, en el Penedès se viene hablando ya mucho en los últimos años. Y hay bastantes ejemplos de buenos vinos tranquilos que se hacen con ella. 

Pero es que en Vega de Ribes, el mejor xarel.lo es el que va a un vino espumoso monovarietal de gran calidad. Para mí es de los mejores métodos ancestrales que se hacen, no sólo en España sino (de lo que conozco…) en el mundo entero (incluyo Francia en mi hipérbole, claro). El método ancestral es distinto del tradicional (“champenoise”) de la DO Cava y de no pocos espumosos de la DO Penedès. Ellos lo practican así: la fermentación alcohólica se hace a baja temperatura. El vino, cuando todavía las levaduras no se han comido todo su azúcar, es trasvasado a la botella y tapado con una chapa. El resto de esa primera fermentación alcohólica ocurre, pues, en la botella: el ancestral, aunque lleve burbujas, no tiene una segunda fermentación alcohólica en botella. Lo que hace es completar la primera en ella. Y conserva allí el CO2 que ha liberado el proceso. En Vega de Ribes, además, dejan en rima y sin remover esas botellas tapadas con chapa por lo menos dos años. Degüellan, rellenan la merma (esas levaduras han tenido una buena actividad dentro de la botella y cuando se hace saltar la chapa, hay vino que se pierde) con vino del mismo tipo, encorchan, reposan y comercializan. Es un espumoso ancestral que emociona, de veras: ese xarel.lo del Garraf lleva todas las esencias del mar y del monte bajo, de la tierra seca y del olivo silvestre, reposado y con una mínima oxidación, ¡y todo con fina burbuja! Delicioso. Hacen también un rosado ancestral con garnacha blanca y sumoll y otra estrella, un blanco de malvasía (la otra gran seña de identidad de la bodega y de la zona) con un poco de azúcar residual, casi un semidulce. Adictivo. Vega de Ribes produce, además, la mejor (para mí, claro) malvasía seca de la zona, el citado Sasserra, que también sacan al mercado con años de reposo (ahora andan con el 2007) y que recoge las mejores esencias aromáticas y gustativas del Garraf marítimo: aires de mar, fresco pero seco y con el punto de la madera vieja, maquia (orégano, tomillo), olivos y retama. Un vino que, como pocos, permite oler y beberte un paisaje.
Ancestral Garnatxa-Sumoll 2008