02 diciembre, 2013

Vall-Llach 1998

El Priorat des de Mas de la Rosa
El Priorat desde Mas de la Rosa de Vall-llach (foto mía, de primavera de 2013).

1998 fue un año de calor y poca lluvia. Arrancó con un invierno seco que provocó un ciclo vegetativo de las cepas poco vigoroso, lento, casi miedoso. La sequía prosiguió durante el verano y las plantas fueron frenando el crecimiento del fruto para favorecer su maduración. Producción baja, pues, pero con uvas maduras, concentradas y un grado alcohólico alto. 1998 es considerado como añada excelente por la DOQ y yo creo que sí, que lo es. Con 2001 y 2004 en perspectiva, son de lo mejor que el Priorat ha visto en tiempos recientes. 2009 y 2010 quedan demasiado cerca como para saber realmente cómo andarán en diez o quince años. Creo que 2009 llegará. Tengo mis dudas sobre 2010, pero hay que esperar.

Vall-Llach es una bodega que, en este vino, siempre ha combinado uvas de cepas jóvenes con otras de mayor longevidad. En 1998 mezcló un 45% de merlot de Mas del Porrerà con otro 45% de cariñena de Mas de la Rosa, Sentiu i Finca Cabacés, más un 10% de cabernet sauvignon de la Devesa. Su proceso de vinificación pide largos años de afinado en botella (este 1998 reposa en las que queden desde la primavera del 2000, de las 4000 embotelladas), que suele dar grandes resultados. Cada vez que he hecho una horizontal de priorats de nombres muy reconocidos, Vall-Llach ha estado siempre entre mis preferidos. Despalillado completo, FAL en depósitos de acero inoxidable de 2500L, con remontados suaves durante los primeros siete días (temperatura controlada entre los 25ºC y los 29ºC) y un poco de bazuqueo manual. A los 40 días de maceración, descubado y prensado en horizontal. La FML la hizo, también, en los depósitos de inoxidable. El vino pasó a barricas Dargaud&Jaegle de madera nueva de grano fino y tostado ligero y medio. Durante los 17 meses de crianza se hicieron dos trasiegas.

No decanté el vino. Lo abrí una hora antes de empezar a beber (el tapón se rompió...) y sus inicios fueron malos, con un peso bastante grande del alcohol (¡todavía! Tampoco era tan mala noticia ésa) y un punto de acetatos no pequeño. Anoté en mi cuaderno: "bajada de la escuela de pequeño. Parada obligada en Editorial Bruguera: el olor de la cola mezclada con la del papel"...Pero ese no es aroma de vino...Tomé una decisión drástica. Retapé y esperé 24 horas. El vino encontró su equilibrio y aunque no acabó siendo uno de los mejores Vall-Llach con cierta edad que yo he tomado, sí empezó a dar lo que todavía llevaba dentro, sobre todo en aromas terciarios: el corazón del bosque en otoño. Neblina en el monte, de madrugada. El taller del ebanista: virutas de madera en el aire y en el suelo. Palo de regaliz justo cuando empiezas a chupar la madera. Hoja de tabaco madura. Aceituna negra muerta. Vino recio. Vino todavía entero. Vino con taninos muy serios y secantes. Guindas.

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