19 septiembre, 2013

Ramblís del Arco 2012

Ramblís Del Arco 2012
Parece que las curvas de nivel de la finca de los Pagos de Usaldón (en Villena, a más de 700 msnm) estén gobernadas por una horca manchada de sangre...Yo he tenido la suerte de estar y sé que no es así. No puedo mostraros ninguna foto porque cuando estuvimos en Usaldón nevaba mansamente (no me atreví a sacar la cámara...). Pero pude sentir cómo ese paisaje calcáreo, cubierto de piedras y guijarros y sin más riego que el que el cielo le quiera dar, está presidido por cipreses, no por horcas. La cepa, que eso es lo que muestra el dibujo de la etiqueta, sí parece una "horca". Pero está impregnada de roja uva forcayat. De ahí su nombre, documentado desde 1791: "forcallada" y, también (¡vamos allá!), "aforcallat", "forcayat", "forcallat tinta", "tinta horquillada", "forcella", "forcelluta" y "vinha de enforcado". Los sarmientos presentan sus ramas como si de una horca (< forca < furca lat.) se tratara. Y de ahí el nombre, con el permiso de Joan Coromines, que no llegó a él. Uva que crece en las altitudes de la DO Alicante, que ama ese clima riguroso y ese suelo calizo pobre, que Rafa trata con esmero pero sin compasión: sólo abono orgánico. Lucha biológica. Nada más.

Este vino es un tesoro, humilde, pero tesoro para los que amamos conocer las variedades en pureza: poquísimos forcayats vinificados como tinto hay y menos, único diría, que se ofrezca a tus sentidos con la pureza del varietal a tu plena disposición. Se usa un 20% de raspón en la fermentación en inox y después, el vino reposa en madera de tercer y cuarto año de roble francés y nueva de acacia. Durante seis meses. El impacto de la madera sobre el vino es mínimo y bueno, y el hecho de que llegue a tu copa sólo con las levaduras del viñedo, sin filtrar ni clarificar, sin sulfitos añadidos, añade interés y emoción al asunto. Este, como dice Rafa, es un vino de viñedo. Ni más ni menos. Atrevido carmesí, elegante zumo de granado. Corazón de la madera de esa fruta. Mínimo carbónico. Alma agreste. Corazón de campo, rústico. Taninos pequeños y cuadrados. Amable, agradable de beber y, al mismo tiempo, exigente, complejo. Arcilla mojada: mineral de la tierra. Tinta azul. Goloso y resultón (es decir, "golosón" le llamaría Rafa), a ratos  me lleva a Morgon...Algarroba partida. Amargor en posgusto de la variedad. Arrayán. Vino de campo para los que gustan beberse una tierra sin complejos ni interferencias.

9 comentarios:

Toni dijo...

Se me hace difícil imaginar que pueda nevar por esa zona. Siempre que he estado he pasado un calor. ;-)

Joan Gómez Pallarès dijo...

Si vas a finales de febrero, Toni, esa altitud puede dar más de una sopresa...A mí me la dio!
Joan

Jose dijo...

Algo así decía yo de Los Cipreses de Usaldon hace un par de años. Pensaba en la torre de la iglesia de Moguer al beber y escribir que Los Cipreses bebido de cerca es como algún Morgon bebido de lejos.

Tengo pendiente descorchar este Ramblis, pero todavía no hay ninguna botella de Viñedos Culturales que no me haya gustado entre mucho y una jartá ;-)

Saludos,

Jose

Guillermo Manuel de Villena dijo...

Lo hemos catado aquí en El Puerto de Santa María hace poco más de un mes, junto con algunos de sus "hermanos culturales". !Qué gran trabajo de Rafa! no ya solo con esta variedad o la Merseguera, auténticas desconocidas, sino incluso con las típicas levantinas como la Monastrell o la Moscatel de Alejandría, creando vinos fuera de todo patrón o arquetipo. Un aplauso.
Saludos

sommplanet dijo...

Excelente cata de un vino singular de una de las variedades más desheredadas de nuestra tierra. El trabajo de Rafa como bien apuntas es único y lo comparo con la ansiada recuperación del patrimonio histórico de nuestras tierras.
Rafa recupera estas variedades pobres y las equipara en un lenguaje de pureza a otras hermanas de otras latitudes.
Por cierto Toni, en Villena las nevadas son comunes al igual que un frío afilado que junto al viento son los mejores aliados del viñedo natural.
Gracias Joan por contar tan bien nuestra historia.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Tu expresión es perfecta, Jose: entre mucho y una jartá!!! Ayer por la noche cenaba con el Ramblís Monastrell 2012 y estábamos flipando en casa, disfrutando un vino con un poder que se basa en el susurro, en la discreción, en el trabajo de la tierra, en una vinificación nada agresiva. Impresionante. Tu idea de que los cipreses, además de a Dios, llevan a Morgon, es bonita!
Un abrazo,
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

En efecto, Manuel, uno podría pensar que la sorpresa con una poco habitual (para muchos) merseguera o (para más) forcallat/forcayat no es difícil de conseguir. Pero es lo que tú dices: cuando uno se mete en el mundo de sus monastrells o de sus moscateles vinificados en seco (uno hay, dulce, allá por 2004 también,q ue no está nada nada mal!!!), se da cuenta de lo bien y sensiblemente que hace las cosas este hombre.
Saludos al Puerto!
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Creo que tu comparación es muy buena, Sommpl. Hay cosas que vertebran, que hacen territorio,que identifican a las personas con él: lo que comemos y bebemos es un tipo de patrimonio qu también hay que preservar y difundir. Esta es una manera hermosa de hablar de cómo se trabajan ciertas variedades en ciertas zonas, sin duda.
El patrimonio histórico de cualquier lugar está hecho de bienes tangibles y de intangibles. Tangibles son la arquitectura, el paisaje, los cultivos, las masías y los productos de la tierra, uvas y vino incluídos, claro. Intangibles son el placer y la correa de transmisión entre personas que beber y comer esos productos genera.
Saludos y gracias a vosotros!
Joan

Anónimo dijo...

Llevo tres botellas de 2013 compradas y las 3 me han salido picadas. Parece como si la fermentación continuara en la botella.

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