01 septiembre, 2013

24 horas con Nistal 2008 de J.L. Mateo

Nistal 2008
He escrito ya sobre José Luis Mateo y su bodega Quinta da Muradella (DO Monterrei, Verin, Ourense) más de una vez en este cuaderno. Es de los pocos que repite con cierta asiduidad. Y eso lo dice ya todo para mí. Todo sobre cómo son sus vinos, pero también sobre cuál es su sensibilidad hacia la tierra y sus gentes y, lo más importante, sobre cómo es él como persona. Superó los corsés de la formación y dedica, ahora, toda su intuición y pasión a entender qué pasa cada año en sus viñedos, cómo debe ir modificando su laboreo y sus técnicas de vinificación. Cada año se pone él mismo y pone todo en duda. Las horas que pasamos juntos en mi último viaje son de las más intensas que he vivido en él.

Uno de los ejemplos más notables de su inquietud es este vino único, rosado (bastardo, garnacha y mencía, por sangrado, 13%), Nistal 2008, del que no sabemos si habrá segunda edición...Un caso para reflexionar porque sin someter al vino (no, por lo menos, que yo lo huela o sienta) a una vinificación específicamente pensada para el envejecimiento (como podría pasar con los rosados de Viña Tondonia o de Tobía), el vino lleva ya cinco años en botella y esta, mi tercera botella, está en una forma todavía espléndida que dice, sin más, que la cosa sigue. Sabéis de mi pasión por los rosados que andan al otro lado de la línea del tiempo. Suelo encontrarlos más en Francia (Champaña sobre todo) que en España o Italia. Sin duda, Nistal 2008 es uno de ellos. En las botellas que queden, es uno de ellos.

Rosado con alma y andares divinos: en el color, cuando cae en la copa y cuando deambula por ella. Púrpura. Enterísimo y con un cuerpo redondo. Endrinas. Cerezas. Brezo. Mora madura en la zarza. Espliego. Cinco años y está en pleno vigor este vino. Un rosado más allá de los tópicos y las marcas. Poderoso y sugerente en nariz, aromático y fragante. Ligero y ágil en boca. Vegetal que me hace pensar en humedad y frescor: musgo y líquenes. Es un vino radical y profundo. Arcilla húmeda. Flor de mirto. Es un vino azul. Con las horas, cada vez hunde más sus raíces en la tierra. Mirto y más brezo. ¿Se acabó ya? Apenas me ha durado 24 horas. Con Zweig, 24 horas en la vida de este vino son una gran experiencia.
Viñedo en Castrillón 100 años de JL Mateo

4 comentarios:

Carlos Persini dijo...

Buenas Joan!!

Los vinos de Jose Luis paracen tocados por una varita mágica... pero quienes le conocemos sabemos que no; Su pasion por el trabajo, por la tierra, les brindan ese alma que parece les insufla vida.

Espero poder volver a probar un Nistal.... o cualquiera de sus vinos, cada día mejores.

Un saludo!!

Joan Gómez Pallarès dijo...

Yo no entendí bien de qué iba el asunto, lo confieso, hasta que no comí con él y con su padre, Alfonso, en A Canteira, el bar familiar. Y vi que el vino de mesa era de Quinta da Muradella hecho para el bar. Y conocí la profesión del padre y su pasión por la tierra y por el vino y las aficiones del hermano.
Más que nunca, además de pisar viñedos, de probar todo en la bodega, de someterme a las pícaras pruebas y miradas de José Luis cada vez que me daba a probar especial, conocerle a él en su ambiente me sirvió para entender unos vinos.
Saludos,
Joan

SIBARITASTUR dijo...

Como te comenté en la otra red yo tengo la otra cara de la moneda. Una botella fallida, había nariz pero en boca solo acidez, no publiqué la cata. Y otra bodetlla de un amigo que me dijo que directamente estaba oxidada.
Tengo un gran recuerdo de este vino en una prueba en 2010, me encantó y me sorprendió y cuando por fin pude coger una botela tuve esa mala suerte

Joan Gómez Pallarès dijo...

En fin, Jorge, es lo que tienen las botellas de un artesano...no todas salen igual! Yo habré tenido mejor suerte, sin duda. porque las que he bebido quedan con un muy buen recuerdo, las tres.
La acidez de esta última estaba clara, pero iba acompañada con otros aspectos positivos, que he intentado describir.
Saludos,
Joan

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