04 marzo, 2013

La historia, como un río

El jardín de Schatz La Finca Sanguijuela debe su nombre al arroyo que baja de la Sierra Sanguijuela, en cuyas suaves laderas se posan las cepas, la bodega y la casa de Schatz (me gusta el verbo: las tierras de Federico no se imponen al paisaje, conviven en paz y armonía con él). Los médicos acudían a recoger las abundantes sanguijuelas que poblaban el río para sus sangrías. Y de allí el nombre. En la Sanguijuela Baja está la finca: una casa entre los viñedos, con un jardín en la parte delantera (que da al sur), que es el orgullo de Federico. “Mi jardín es mi protección”, dice. Los pájaros se entretienen antes con él que con las cepas (aunque por si acaso tiene también uva de mesa entre las viníferas) y los aromas de sus plantas protegen, desde una ligera elevación, la parte principal del viñedo que se extiende en ladera a sus pies. Proporciona, además, descanso a sus habitantes en los soleados días de verano. El viñedo tiene justo tres Ha, que rodean la casa, la bodega y el almacén de aperos: son las que Federico considera necesarias para que una sola familia gestione todo y pueda vivir de la vid. Así es: en Schatz trabaja la familia y todo está hecho a una escala de amable dimensión humana. Dimensión humana que se dirige, por completo y en todos los detalles de la vida, a una convivencia armoniosa con el paisaje vitícola.

En una tierra que siempre, desde los tiempos de Acinipo (que da nombre, además, a uno de sus vinos más premiados), ha sido de tradición agrícola, la llegada de Federico a principios de los 80 del siglo pasado supone una “revolución”: porque la cepa había sido abandonada casi por completo; porque algunas de las uvas con que quería trabajar eran tradicionales en la tierra en la que nació pero no en la que lo acogió, Ronda (Lemberger y Muskattröllinger, las más destacadas, del Südtirol y Würtemberg, donde los Schatz atesoran experiencia y tradición vitícola desde 1641); y porque desde el principio tiene claro que de la asociación (el corazón de lo que sería la DO actual) nace la fuerza en una zona que, en esos momentos, no representaba nada en el mundo del vino español.

Federico, además, es un biodinámico de corazón y de razón. Lo conoce todo, sí, pero antes, lo siente todo. Desde la preparación de su compost (con boñiga de animales que controla porque habitan a menos de un km de su casa), pasando por la forma en que trata a su viñedo (la cubierta verde y las hierbas aromáticas son atendidas de forma escrupulosa para potenciar sus efectos beneficiosos: aireación de la tierra; fijación de un suelo con arena negra, limo y arcilla y con tendencia a desplazarse hacia el arroyo; protección contra el sol; atracción y distracción para los insectos) y terminando en la recolección de las hierbas que forman parte de los distintos preparados. La finca, además, no tiene otros viñedos cerca y está protegida por bosques y por la vaguada del arroyo: ideal, pues, para un cultivo biodinámico. Tienen abejas también, hacen su pan, la casa se autoabastece energéticamente gracias a placas solares y al pozo. Todo, en Finca Sanguijuela, empezando por sus habitantes, respira un aire de buena convivencia con el entorno.

Por supuesto, esto es muy bonito para pasar un rato y describirlo pero crearlo y mantenerlo es, también, una tarea dura y diaria, que es todo menos idílica. En la finca, además de la Lemberger y la Muskattröllinger, tiene plantadas Federico las variedades pinot noir, petit verdot, cabernet sauvignon, merlot, tempranillo, melonera, rome, tintilla de Rota (las más propias de la tierra en muy pequeñas cantidades: ensayos para el futuro), además de la chardonnay. Sus vinos fermentan con las levaduras del viñedo y la bodega, no se han estabilizado más que con algo de bentonita y no se han filtrado ni sulfitado más allá de los 20 mg/L, justo lo que él añade a los sulfitos naturales si la fermentación no llega a esa cantidad. Así, el transporte queda garantizado. Utiliza gran variedad de maderas, controla su trazabilidad, el nivel y años de su secado y sabe jugar y combinar sus características. De todos sus vinos, uno fue el que me encantó ya desde la primera botella bebida, hace años: el Rosado monovarietal de Muskattröllinger, un vino criado durante cinco meses en barrica de roble francés de Nevers, con sus lías y con removido manual. El 2012, con 13,5%, viene intenso, floral y exuberante, con aromas de pétalos de rosa, grosellas y algo especiado (pimentón). En boca, en cambio, es seco y astringente, con aires de regaliz de palo. Un vino para disfrutar y beber en cualquier momento, sin más, por puro placer. Su otro vino que me seduce de una manera especial es el Acinipo (ahora en el mercado el 2004, pero pude probar también el vino en inox de la cosecha del 2012), monovarietal de Lemberger, con aromas rústicos, y muy agradables, de cereza silvestre, potencia y frescor cítrico (corteza de limón), mineralidad elegante (arcilla en posgusto) y una punta de chocolate con agua. Un vino muy especial hecho en un lugar especial por una persona especial. Federico se despedía diciéndome: “me crié con mi abuelo en la viña y yo quería que la naturaleza me acompañase”. No se me va de la cabeza la imagen del padre de Federico en la viña, atando cepas a los alambres con el cochecito de su nieta junto a él. Esta historia sigue y fluye como un río...
Schatz Vater und Sohn

12 comentarios:

Jorge Díez dijo...

Esto es completamente desconocido para mí: ni la persona, ni sus vinos, ni esas uvas singulares. He aprendido algo nuevo, luego es un buen día. Gracias por compartirlo.

fondillon dijo...

Excelente articulo que me trae buenos recuerdos de la primera vez que probé uno de sus vinos en el "Tercer Desafío Verema" en el 2007, por aquel entonces su "Acinipo 2002" no me acabo de convencer. Unos meses más tarde tendría ocasión de conocer a Federico y disfrutar con la mayoría de sus vinos.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Esto es un poco, Jorge, como aquel profesor de Literatura americana que oreguntaba a sus estudiantes a principio de curso que quién noi había leído todavía 100 años de Soledas. Siempre se levantaban algunas manos, algo atemorizadas, y él siempre se los quedaba mirando un momento y les decía "qué suerte tienen ustedes!".
Pues eso, qué bien que puedas conocer esos vinos.
Saludo!
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias por tus palabras, Fondillon, y por considerar que esto es un artículo. Así los piensoi, así intento escribirlos. Los llamamos "post" porque es la convención ante la herramienta "blog", cuaderno. Pero artículos són, creo. Mejores o peores, pero artículos.
El más "viejo" que he probado es 2004, de Acinipo, y estaba muy interesante. Otra cosa es que te gusten las características de la variedad que, en eefecto, es peculiar.
Saludos,
Joan

biodinamicos del sur dijo...

Hola Joan.
Cuando leo algunos de tus post en los que describes cosas de las que no tengo ni la más remota, pienso que tu capacidad de describir está por encima de lo que describes, pero las pocas ocasiones en las que conozco de lo que hablas como es el caso de Federico, su familia, su viña y sus vinos veo que no exageras, que se ajusta a la realidad.
Un abrazo.
Antonio S.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Pues no sé bien en qué te basas, Antonio, para penssar que la realidad que describo con palabras supera o no encaja cion la realidad que es real a ojos de otros...entraríamos en un debate eb el que no me apetece entrar! De hecho, mi realidad tiene sólo que ver con lo que yo percibo, aunque a veces suene a hipérbole, mi realidad es mi subjetividad. Ni exagero ni disminuyo ni hago otra cosa que no sea "traducir" a palabras lo que siento.
Lo que es raro, en efecto, es que más allá de que agrade o no lo que escribo, coincida con la realidad percibida por otros, la tuya, por ejemplo, en relación con lo que sucede en Finca Sanguijuela.
Como dice una amiga, la verdad está sobrevalorada...Y la realidad no es más que una pieza suelta de nuestra verdad.
En fin...hoy he pasado un día muy agitado, emocionalmente hablando, y me lo noto.
No hagas mucho caso.
Un abrazo,
Joan

José Luis Louzán dijo...

El viernes pasado (1 de Marzo) nos arrimamos un blanco de Schatz, el Chardonnay de 2003 que dio para largos debates sobre como es posible tener tanto desarrollo siendo blanco (neófitos en la materia me rodeaban), y como podía ser que ese vino oliese tanto a gasolinera y cosas guarras de ese tipo...

A mi me encanto, a pesar de que ya estaba un pelo evolucionado (la conservación desigual de vinos ecológicos puede reportar tristes historias)

Sigo creyendo que escribes de maravilla pero, dado que tu ya lo sabes y yo me puedo solazar en leerte no insistiré en lo evidente...
Envidia me das de pasar por esas tierras y rellenar la recamara de amor por la vida de mi alma. Un abrazo profesor...

Joan Gómez Pallarès dijo...

Querido José Luis, nunca he probado un blanco del 2003 de Schatz, pero puedo asegurar, eso sí, que el Acinipo (que es tinto de Lemberger...) "envejece" de maravilla, mejor, por ahora, que el PN. He probado varias añadas algo antiguas ya (con todas las comillas, por favor), de hace diez años, y está en una evolución muy buena y que hace pensar en una larga vida...
Y muchas gracias por tus palabras. No te ocultaré que vivo en una cierta paradoja desde que empecé el viaje y he escrito sobre algunas de las cosas que me han pasado en él. Escribo más a gusto que nunca y lee el cuaderno menos gente que nunca...Ayer miré las únicas cuentas de que dispongo (las de Blogger: del resto ya me borré hace mucho) y dicen eso.
En fin...lo de siempre. Nunca sabrás cuándo y por qué algo gusta a la gente, a quiénes y por qué razones.
Pero como decía Le Clézio, salvando los años luz que nos separan, lo importante es escribir para uno mismo. Y en eso estamos: este es el viaje de los descubrimientos pero también el del redescubrimiento.
Un abrazo!
Joan

SIBARITASTUR dijo...

El único acercamiento a sus vinos fue hace ya 3 años. Fueron el Chardonnay y rosado del 08 y el pinot Noir y Petit Verdot del 05 sino recuerdo mal.
En aquel momento no me dijeron mucho - recuerdo que me sorprendió mucho el rosado- pero también fue de forma rápida y con un montón más de vinos pero si que me llamaron la atención como para hacer una prueba más sosegada.
Más o menos tenía una idea de lo que hacía y su forma de trabajar, hoy me lo has recordado y ampliado.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Es como todo, Jorge. Cuando pruebas mucho es difícil hacerete una idea cabal de qué representa un vino. Qué es sí, es más sencillo porque poco o mucho estamos entrenados. Pero es un momento del vino, en otro momento, el tuyo, en que quizás has probado ya mucho. Todos hemos pasado por eso un montón de veces. En cierta forma, este viaje, una vez más, es para huir de eso y entender algunas de las cosas que más me interesan de otra manera. Yo estaba un poco como tú con Schatz, pero me llamaba mucho la atención. Ahora ya sé por qué.
Saludos,
Joan

SIBARITASTUR dijo...

Pero también es verdad que entre tanto vino siempre hay algunos que destacan, los muy buenos. Eso no quiere decir que los demás sean malos, no se puede ser injusto pero lo que te destaca en esas condciones, casi siempre tiene un plus.
Pruebas pausadas posteriores me confirman o me desmienten esa esa primera impresión, hay de todo.
Yo creo que en este caso se juntaron muchas cosas, mi recien estrenada boca de probador, la falta de experiencia etc, por eso soy cauteloso en mis opiniones. Desde luego como filosofía me interesa y mucho.
No se si recuerdas hará dos años que intercambiamos opiniones sobre como afrontar una feria. Tu querías y pedías ese trato cercano con elaborador para entender o saber lo que tenías en cla copa. Yo te decía que lo que quería era probar cuanto más mejor y si quería saber algo ya lo preguntaría.
Ya estoy un poco saturado y un poco aburrido e tanta prueba y ya pido otra cosa. Por poder mantener el blog pruebo más cosas por precio que por apetencia y mi nivel de aburrimiento aumenta - en general-.
Necesito dar otro paso y quizá ese sería lo que tu haces en esas ferias. Además variar los tipos de vinos que pruebo que quien no quiera engañarse sabe, que van muy relacionados con su precio.
Veremos como se puede cambiar todo esto, mientras seguimos probando. ;)

Joan Gómez Pallarès dijo...

Mi caso, Jorge, lo tengo más o menos estudiado...es un problema típico de saturación. De dos tipos: del ruido que hacen estos eventos que, sin más, me puede. Al cabo de pocas horas necesito irme...Y la saturación de tantos vinos. Llega un momento en que no sé qué estoy bebiendo ni lo entiendo. Como me parece injusto para los vinos que me firme una idea en estas condiciones, siempre que voy a un evento donde hay que probar muchas cosas, me porpongo un objetivo, en función del día, del tipo de bodegas que haya, de mi gusto personal ese día...Por ejemplo: hay días en que me propongo probar solo blancos. O depende de lo que vea, solo vinos fermentados en barrica; o solo vinos de una añada concreta, etc.
Es una forma de mantener más en forma mi atención y de hacerme una idea más clara, por lo menos, de un segmento preciso de todo lo que hay.
Saludos, y a seguir con este sacrificio!
Joan

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