21 febrero, 2013

Las cosas no son lo que parecen

Olmo centenario en Bodega Vitis natura, Casas de Santa Cruz CU
Lo mejor de moverse es que pasan cosas. Sentado en casa o en una mesa de cata, también pueden pasar, por supuesto. Pero si te mueves, ésa es mi experiencia, pasan muchas más. La mayoría no son lo que parecen. Por ejemplo, el bocadillo de orza (ya no me atreví a pedir vino, lo tomé con una cerveza que me salvó en parte) que comí en el Hogar del Jubilado de Casas de Moya fue tremendo: seco, basto, rancio, disgustado y desabrido. Hecho con cariño, sí, servido con unas aceitunas, pero tremendo. Y en cambio, a la gente que lo vio en Twitter le pareció de escándalo, qué buena pinta. ¡Joan València casi se pone, vaya! Pero no...no era lo que parecía. Tendemos a despreciar o a minusvalorar aquello que se aleja mucho de nuestros gustos o de lo que consideramos nuestros estándares de calidad. Hacemos mal. Hay que ir a conocer las cosas y saber el valor que tienen para muchas personas. Me di cuenta el día que fui, por primera vez, a la lectura teatralizada con vinos, que hace la DOCat en colaboración con el Teatre Lliure. (Ya de paso: buscad la información en la web de la DO o en la del Teatre porque merece la pena la experiencia).

Asistía gente que estaba interesada en el hecho cultural de la mezcla de lecturas y el comentario de vinos. Pero que no sabía de vinos. Día peligroso, el de San Valentín, con alta probabilidad de ñoñería en el ambiente, Nada más lejos. Se arrancaron con una lectura salvaje de Fool of Love de Sam Shepard combinada con una chardonnay que me sorprendió, la de Joanne Cox (Celler Ronadelles en Cornudella de Montsant.) Pues aquella gente sensible, pero no preparada para descifrar el porqué de sus gustos vínicos, tenía muy claros cuáles eran esos gustos, Y estaban en las antípodas de los míos. Buena reflexión tuve que hacer. Como la que me propició el director general de la Unión Campesina Iniestense, Diego Paños, que me atendió una tarde para explicarme qué hacían y por qué lo hacían. Más de 6000 Ha, más de 1000 Ha en ecológico certificado (la mayor superficie de España en tinto), más de 1 millón de botellas vendidas el año pasado y con dos vocaciones claras: dar valor a los socios de la cooperativa; y atender a los gustos del mercado. Que no son los míos, joder, pero son aplastantemente superiores a lo que me gusta. A por ellos, pues: sauvignon blanc en ecológico a miles para Holanda, con tapón de rosca de alta calidad, etiqueta rústica pero amable ad hoc, y adelante. ¿China? Un desastre. En dos días ya harán allí el vino bueno y barato que nosotros hacemos y es mercado solo para los precios más altos, vino para millonarios. ¿El futuro? Los vinos ecológicos a buen precio y hechos al gusto del consumidor, por una parte. La gente ya no quiere maderazos, todos lo sabemos. Ellos arreglaron una nave histórica para 6000 barricas, que ahora sirve de almacén...poca, muy poca madera, y no de primer año. Y Estados Unidos, por supuesto. Pero no en botellas, no no...en ¡bag-in-box! Y ni de 3L, de 20L, para que los bares por copas puedan servir dosis con dignidad y calidad. Los americanos no son tan remilgados en según qué cosas. Su futuro también pasa por los mostos (auténticos maestros) y, por supuesto, trabajan tanto para los niños como para los adultos, tanto para los bares y restaurantes como para los supermercados.

Que sus vinos no me gustan? Cierto, no hablaré de ellos porque en ecológico prefiero otros perfiles de los que sí hablaré. Y uno no ha bebido en vano y tiene en la cabeza los sauvignon blanc que más le gustan en el mundo. Pero, caray, también me gustó un rosado de bobal ecológico de 2011, que estaba algo oxidado pero tenía una entidad sorprendente, y era goloso. No sé si venderán más del de 2012, pero merecería la pena. Pagué por él 2,48€ y, decían ellos, esa era la causa de por qué no se vendía: era caro! Pero me dieron una buena lección de cómo situarse en el mercado y hacer lo que éste pide, no lo que los gurus de la preceptoría aconsejan...Tampoco es lo que parece Vitis Natura, la bodega de Antonio Soler en Casas de Santa Cruz (en el territorio de la Manchuela, pero VT Castilla). Pequeña (apenas 5 Ha en ecológico), perdida en el llano entre Iniesta y La Jara (suyo es el roble centenario que adorna el viñedo y embellece el horizonte frente a la casa y este post), con una voluntad de sacar buen rendimiento a una tierra generosa que nada sabía de cabernets franc y sauvignon, petit verdot, merlot...Creo que llegarán, aunque les falta un largo trecho todavía: la bodega es de 2003 y todo es de plantación reciente. Creo que llegarán porque Antonio es un hombre sensible, sabe reconocer errores (la syrah en zona que era de cereales...mejor olvidarse de ella) y tiene como empleado a Andrés Kovinya, otro que es lo que no parece. Enfundado en su mono de trabajo en el campo, Andrés es el hombre de confianza de Antonio en el día a día del campo y de la bodega. Charlando charlando un par de buenas horas salió todo: ingeniero agrónomo y forestal en Ucrania, mecánico, enólogo a fuerza de aprender del maestro Antonio, carpintero, apicultor...En fin...solo digo una cosa: lo que sabe este hombre de maderas en relación con los vinos no lo había oído nunca. Porque se acerca a ellas desde la agronomía y sabe perfectamente qué madera que ha crecido en qué sitio y en qué condiciones puede dar qué resultados con sus vinos. Impresionante. Aprendí un montón con él y salí con dos firmes convicciones. Hay que trabajar mucho más para poder conocer la trazabilidad y vida exactas de las maderas que usamos. De otra forma, siempre daremos palos de ciego con nuestros vinos. Quien lo haga, enhorabuena. Pero la gente que yo conozco confía en los productores y en los resultados, pero no tiene certezas sobre los árboles con los que sus vinos van a convivir...La segunda convicción: probé un vino, Souvenir New Roots 2011, con cabernet franc, sauvignon y algo de merlot, que me gustó mucho: volumen, fruta, rusticidad. Será bueno. Y probé, sin etiqueta todavía, un espumoso brut hecho con bobal que me entusiasmó. Ahí me di cuenta del potencial de la bodega y de lo que puede llegar a hacer. También me di cuenta de que La Manchuela parece enormemente grande y vacía, pero no lo está, no. Las cosas se esconden, se camuflan, viven con discreción, pero son y en esta zona, con seguridad, seguirán siendo y cada vez mejor. Las cosas, sobre todo en sitios tan grandes, no suelen ser lo que parecen.

10 comentarios:

José Luis Louzán dijo...

Es imposible, seguro, entender el porqué de ciertas cosas pero tu te acercas mucho a hacerme entender algunas...

Fulanos como ese que comentas, ese ingeniero agrónomo ucraniano capaz de entender que la madera no sirve solo por "lo que es" sino también "por quien es"...

Da gusto leerte amigo. Un diez ;-)

Joan Gómez Pallarès dijo...

A ratos, querido amigo, se me hace amargo tanto entender y no sé si tendré la capacidad de transmitir esa simbiosis entre amargura honda y brillo en los ojos que estoy viendo sin parar estos días. Se me está haciendo tan fácil distinguir a quien lleva el paisaje, el viñedo y el vino en su DNA y quien está de paso en esto, que casi me da miedo...
Hay mucha gente que lo está pasando mal pero cuando te llevan a su viñedo del alma y te dan a probar el vino que sale de él, se te pone la piel de gallina.
Mucho estoy aprendiendo y no sé si todo lo que veo y oigo quiero verlo, oirlo y entenderlo. Y menos, a ratos, transmitirlo.
Habrá que hilar fino...
Y muchas gracias por estar ahí y leer. A ratos se me hace necesario, ya me entiendes, que alguien me lo diga.
Un abrazo,
Joan

antonio lozano dijo...

Yo también te quiero felicitar, pues percibo en tus crónicas una sensibilidad extraordinaria, poniendo una porción de realidad a este mundo del vino, necesaria y obligatoria. Gracias

Valentinto

Mariano dijo...

Suscribo todo lo que dice J.L..

Tambien me pregunto ¿es posible tener 1000 ha en ecológico con tantos vecinos echando porquerías en el suelo??

Joan Gómez Pallarès dijo...

Pues muchas gracias, Antonio, y un saludo muy cordial. En la medida de que siga disponiendo de un poco de tiempo libre (vaya, libre lo es todo...libre de otro tipo, digo!), algún otro post escribiré.
Saludos!
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Pues no lo sé a ciencia cierta, Mariano. Me he paseado mucno por allí y porquería en el campo se ve, pero como en todas partes...
Y certificado sí está.
Un abrazo,
Joan

Anónimo dijo...

Hola Joan i a todos aqui presente, lo que levanta Mariano es un punto crucial de l'absurdo que me parece la certificacion desde mi punto de vista .
imagino que la filas que tocan el vecino seran destinadas a otro vino no calificado pero aun con eso, cuando ves los vientos levantarse i llevar los productos phytosanitarios de tus vecinos en tus fincas, cuando supones que las napas freaticas no tienen frontera de parcela, dudas mucho.
pero aun mas en zonas como Borgoña o en Suiza donde trabajas un minisculo parchet de viña en Bio i que ves tu vecino vestido como un astronauta pasar sus tratamientos apenas a 2m de ti !
saludos i muchas gracias Joan por el relato que nos offreces, bon voyage mon ami.

Fredi

Joan Gómez Pallarès dijo...

Por supuesto tienes toda la razón, Fredi! Las certificaciones, si no conoces los viñedos, las poersonas que hacen los vinos y el lugar donde los hacen, no sirven de mucho (por lo menos a mí no). De la misma forma, las no certificaciones, tampoco.
Muchas gracias por tus deseos y por leer!!!
Una abraçada i fins ben aviat!
Joan
PS. I a veure què fem amb aquests 225L de carinyena, eh!!!??? Que aquesta setmana ja he parlat amb el Victor de la Swerna i, avui, amb el Rafa Bernabé!

Anónimo dijo...

Esto se avisa, Joan:
Resulta que soy de La Jara, y me he 'quedao pasmao' cuando he leído que andabas por mi tierra. Lo que has visto (en Vitis Natura) creo que es de lo mejor que se hace en La Manchuela, pero no lo único.
Es curioso pensar que hemos cruzado un tanto nuestros caminos: este verano anduve por el Priorat (muy bien aconsejado por ti), y tú has andado por mi tierra.
Cuando estuvimos charlando en Enofusión tras tu ponencia con Torres, no traslució que fueras a transitar por estos andurriales.
En fin, otra vez será.

Cura ut ualeas!
Donatus

Joan Gómez Pallarès dijo...

Por supuesto, no tenía la menir idea que fueras de La Jara...porque de hecho, es un viaje largamente meditado como concepto, aunque no en sus etapas concretas. De todos moddos, La Manchuela sí estaba prevista desde siempre, por Víctor de la Serna y sus Finca Sandova y por los vinos de los Ponce.
Aunque tampoco es que estés siempre por aquó, no??? O sí??? Pensaba que vivías en Madrid y por ahí pasé entre semana...
En fin, sea lo que tú dices, oara la próxima vez!

Un abrazo,
Joan

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