15 enero, 2013

Experiencia Malbec

Tapón de Colomé malbec 2006
Una botella de vino, como tantas obras surgidas de la acción conjunta entre hombre y naturaleza, es una caja de sorpresas. Esa es una de las cosas que más me cautiva de este mundo: antes de abrirla, realmente, realmente, nunca sabes qué te encontrarás. Ni en qué estado...Muchas ganas tenía a esta botella, procedente de algunos viñedos en altura de Colomé en Salta (Valle Calchaquí), añada 2006, que mis amigos de Rumbovino me habían obsequiado. Hacía más de un año que no tomaba un buen malbec y la procedencia del regalo y de la uva (mi querida Argentina), añadían dosis de ilusión. En fin...sin entrar en mucho detalle: el corcho había chupado vino, estaba ya húmedo y se iba deshaciendo a medida que el sacacorchos entraba. Cuando me di cuenta, entró el de láminas en acción, pero ya era tarde. No lo salvamos. Tuvimos que hundirlo con rapidez, colar y filtrar a un decantador. El corcho no había hecho su función, pero además el vino tenía la acidez volatil muy alta y, vamos, que no estaba en condiciones. Frustración, decepción: mi homenaje a los amigos, a esa uva emblemática de la Argentina más afrancesada se iba al garete.

Pero...si algo soy es cabezón. No sería con la botella de mis amigos, pero empecé a rebuscar en mi "fondo de armario" (no piensen ustedes...tampoco es tanto: en casa no guardo más de 80-90 botellas) porque seguía teniendo muchas ganas de malbec argentino. Y topé con algo muy, muy interesante. A priori, claro. Leí cosas sobre la Bodega Noemía en mi última estancia en Buenos Aires, me interesó mucho y no paré hasta que encontré una tienda que tuviera sus botellas. Había decidido que algunas de las botellas que viajarían serían de Hans Vinding-Diers, que parece haberse tomado muy en serio al Valle Negro (en la Patagonía argentina), entre los ríos Neuquén y Limay. Biodinámico friki danés trabajando en viñedo de malbec de los años 30 del siglo pasado, con el apoyo de la Condesa Noemí Marone Cinzano y en una bodega en que la única fuerza mecánica es la de la gravedad. Todo el mundo mirando como de soslayo. Y adelante. Hubiera querido darle más años a esta botella, pero la necesitaba ese día. Y la abrimos...con 14%, unos 15ºC y copas de Priorat/Burdeos/Cahors. Las expectativas se confirmaron.

Me gustó tanto desde el primero impacto aromático que, como suelo hacer en estos casos, transcribo literalmente mis notas: "Profundidad. Corazón. Misterio. Místico. Es de una gran mineralidad. Tierra en estado puro. Arcilla. Tierra mojada. Reivindicación emocionante del malbec. Barro y lluvia, aunque ahí cae poca. Alegría del vino bien hecho y la uva bien entendida. Ciruelas negras pasas. Mirto y brezo. Es un vino azul, para la introspección y la nostalgia. Un vino profundo, para pensar y seguir amando a la tierra argentina. Es un vino intenso pero no denso. No pesa en boca. Es un vino que te envuelve por completo. Madera muy bien medida. Te sumerges en él y te vas para la Patagonia de golpe. Espacios libres, frescor, vastedad, lejanía, horizontes, profundidad." Añado que a las 24 horas el vino estaba mucho mejor, con más fruta (arándano negro, mora madura) y recuerdos de la ceniza en el hogar. He pensado en ustedes, amigos. No ha podido ser con su botella, pero la de Bodega Noemía me ha servido también para retomar el pulso a un gran malbec argentino y para compartir una íntima, intensa velada con todo lo que tengo en esa tierra. Que es mucho.
Bodega Noemía Malbec 2009

12 comentarios:

Andrés Marcaccini y Noemí López dijo...

Querido amigo, no podemos de dejar de sentir pena por ese Colomé que ha fallado... pero como bien dices en tu nota, uno nunca sabe lo que se va a encontrar dentro de una botella y, a veces, el destino nos juega una mala mano.

Vemos que con tu experiencia malbec has volado casi 3000 kms, de un extremo a otro de Argentina. De norte a sur y de sur a norte, pasaste de un malbec de altura (viñedos por sobre los 2000 mts, los más altos del mundo) nacido entre piedras y cardones en pleno Noroeste, a un malbec del llano (los viñedos más bajos de Argentina), que llevan creciendo en la indómita Patagonia desde las épocas donde el sur argentino parecía ser poseedor de nuestro futuro vitivinícola (luego decisiones políticas definieron lo contrario). Esas cosas solo las puede entregar el vino... solo a través de él uno puede saborear un paisaje y sentirlo, como si estuviese allí mismo.
La descripción que has realizado del Noemia es maravillosa y a pesar de ser un vino que no es fácil de conseguir ni económico en precio, vale cada centavo porque expresa todo el potencial de nuestra uva emblema y, hasta creemos, que encierra la historia y la evolución de nuestro vino.

Abrazo gigante y salute!

Smiorgan dijo...

Me temo que mi experiencia con la Malbec argentina es tirando a nula. Nómade Malbec 2008, Séptima Malbec 2008 y Graffigna Clásico Malbec 2009. Todo más comercial y de mucha menos profundidad que lo que tan deliciosamente nos cuentas (que gozada es leerte).
Y no se por qué, pero me has hecho recordar mi primer encuentro con la Barbera italiana (un Barbera D'Alba de Beni di Batasiolo que probé en Amsterdam) y que me gustó por su profundidad y seriedad. Y me has dado ganas de abrir el Bersano Sanguigna Barbera d'Alba 2010 que tengo por aquí.
Saludos.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Pues sí, queridos Andrés y Noemí, la botella y su realidad siempre se imponen, para bien o para mal...
La verdad es que no estaba buscado, claro, porque uno esperaba beber ese Colomé de gran altura...pero es cierto, pasé de la altura al gran llano y encontré, ¿paradoja?, un vino de grandísima altura. Caro, sin duda (vaya, ya ni me acuerdo, pero rondaría la botella los 70-80€ quizás...), pero que disfrutamos enormemente.
Da que pensar, de todas formas, cómo influye la presión de la gran altura frente al llano casi a nivel del mar. La uva no se puede formar dela misma forma, claro, ni su zumo y pepitas no pueden tener la misma relación ni simbiosis con los hollejos. Me encantaría poder probar, en exactamente una misma vinificación, los efectos de la presión atmosférica sobre esas dos frutas.
Me dio que pensar, claro, tanto lo que hacen en Colomé como lo de Noemía. En cualquier caso, y aunque esta botella saliera mal, otras han caído ya de Colomé, de viñedos más altos incluso, y grande una, grande la otra malbec, sin duda.
Fuerte abrazo!
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Es de esos vinos, S., que te deja casi catatónico: ¿pero cómo puede ser tan bueno? A las 24 horas todavía mejor que el primer día. Con una madera tan justa y bien puesta y una fruta que, incluso, sale más limpia y franca al segundo día.
Yo tampoco sé, la verdad, cómo has caído en la barbera tras pasar por la lectura de la malbec. Gracias a un par de concursos, puedo decir que he probado casi todas las barberas del mundo y buena parte de malbecs y, vaya, son uvas bien distintas, aunque muy claramente influenciables por las vinificaciones a que suelen someterlas. Son muy sensibles y suelen sucumbir a los desaguisados que cometen con ellas.
Pero cuando pillas una buena, buff....Esta de Bersano no la recuerdo, la verdad (casi todo lo que he catado ha sido a ciegas y no te mostraban las botellas después), pero si puedes hacerte con la de Hilberg-Pasquero, sabrás realmente lo que es mimar a la barbera.
Saludos!
Joan

Smiorgan dijo...

No es una cuestión de percepciones, Joan, si no de sensaciones. Aquella Barbera me provocó una serie de sensaciones que tu post me ha recordado.
Saludos.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Me gusta, sin duda, que lo que uno escribe provoque este tipo de sensaciones. El mundo del vino tiene una capacidad de conectarnos con cualquier tipo de experiencia vivida (no sólo en relación con los vinos), que nunca dejará de sorprenderme. Y por supuesto, cada cual hace después las conexiones que su propia experiencia le facilita.
Fantástico.
Saludos,
Joan

Smiorgan dijo...

Pues espero no cometer un infanticidio, pero he sacado la botella de la cava a que se vaya atemperando. No me he podido resistir.
Espero darle más tiempo al Barolo y el Amarone.
Saludos.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Leo que esta barbera de Bersano tiene unos 8-10 meses de roble. Este vino no está influenciado por las cosas de la luna y demás zarandajas en las que creo (lo digo porquehoy y mañana hay un nodo de cojons encima de nuestras cabezas) y, en fin, que lo de siempre: hay que abrir la botella y opinar. O no: ¡a pasarlo bien!
Hoy he tenido una experiencia casi mística con un Clos de la Bergerie de Nicolas Joly del 1982, que todo el mundo daba por muerto...genial. Así que a por la botella!
Buen provecho,
Joan

Smiorgan dijo...

Pues yo lo había mirado antes, y pone qui es día flor: http://blog.montrubi.com/?p=548

Ya te contaré.

Saludos.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Eso era hasta las 16 hors. Desde las 16, nodo que durará hasta el 18 a las 11 h.
Suerte y salud,
Joan

Smiorgan dijo...

Pues flor o nodo...el vino estaba delicioso! Me he bebido media botella casi sin pestañear. Y porque me he dado cuenta y le he puesto el Wine Saver, que si no cae entera.
En breve lo publico en el blog.
Saludos.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Fantástico, pues! Ya te he comentado que no era un productor ni un vino sensible a según qué cosas. Para que un calendario como el de Maria Thun (vaya, de su hijo, ahora) funcione, el vino tiene que haber sido hecho de una determinada forma y el campo trabajado también de la misma forma. No era el caso.
Saludos!
Joan

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