31 diciembre, 2013

Le Mont Benoit 2007 (20%) + 2008 (80%)

Este post, último de 2013 y primero de 2014, lleva un subtítulo: "Historia de dos generosidades".

En la primavera de 2012, Julien, un amigo suyo (viaja en el anonimato) y yo, tomamos un avión para pasar unos días en la Champagne. Teníamos varios objetivos reconocidos (Selosse y la recepción de exclusivos en su bodega, hotel y restaurante Les Avisés, en Avize; y Terres et Vins de Champagne: todavía no sé por qué me aceptaron...) y uno que yo desconocía, en el que Julien me embarcó. No quiero hacer un panegírico de la personalidad de Julien (La Part dels Àngels), pero forma parte de una de las dos generosidades de las que hablo hoy: siempre dispuesto a compartir todo, a explicar todo, a escuchar tus preguntas, a rellenar mis ignorancias con sus palabras medidas. Había empezado a tratar con Emmanuel Brochet pero quería conocerle mejor y pasar unas horas en su casa, en Villiers-aux-Noeuds, un poco al suroeste de Reims (primeras estribaciones norte de la Montagne).

Cuando llegamos hacía ese frío tan sano de principios de primavera en la Champagne. El pueblo, cuatro casas, estaba vacío. Junto a la iglesia, un padre jugaba con sus hijos casi en mangas de camisa. Era Emmanuel. Pasamos una tarde deliciosa con él y con su familia. El objetivo no era pisar viñedos, sino conocer cuvées, probar "vins clairs" , charlar largo y tendido, conocernos mejor y abrir las botellas que él quisiera abrir. Conocía ya sus vinos y me habían gustado mucho. Pero como suele suceder con los vinos que me enamoran, la persona me gustó mucho más. Humildad, aprendizaje constante, ofrecimiento, de nuevo enorme generosidad. Le añado sensibilidad y sentido profundo de pertenencia a un paisaje y a una cultura de vinos que está en franca minoría en su territorio. Pongamos algunos nombres: Agrapart, Laherte, Bedel, Bérèche, Doquet, Goutorbe, Demarne-Frisson, Vouette et Sorbée...pequeños productores, grandes vinos. Aunque haya quien no quiera verlo así, creo que alguno de los vinos de Emmanuel le sitúa ya entre ellos.

Yo tenía, además, un deseo que había compartido con Julien: intentar que Emmanuel viajara a Torroja del Priorat para participar en la Festa de la Verema 2012 que montaban Terroir al Límit y Trío Infernal. Lo había comentado con Dominik y a él le apetecía mucho también: sería la primera vez que un vigneron de la Champagne estaba en la fiesta. Con mucha discreción (y a la tercera botella), se lo planteé. No dijo que sí, pero el brillo en sus ojos le delató: le apetecía. No sabía yo que nunca, es decir nunca, había salido de su tierra para explicar su forma de embotellar Champagne. Y al final se decidió. Su familia no pudo acompañarle pero él tenía la gran ilusión de su vida: furgoneta, 1253 km, cuatro cajas, 24 botellas y hacia Torroja. Casi llegamos al mismo tiempo y pudimos ayudarle (con Julien y otros dos amigos con los que coincidimos) a llevar las botellas a Cal Compte, donde por la noche se hace una ya tradicional fiesta de mágnums y a la mañana siguiente, los bodegueros invitados (4 ó 5) ofrecen y explican sus vinos a todos los invitados. Todo el mundo sabe, todo el mundo, que los bodegueros invitados ofrecen sus vinos en mesas preparadas en la extraordinaria terraza de Cal Compte, al día siguiente.

Hacía frío, ese octubre de 2012 en Torroja, y decidimos (fatal error) que no era necesario llevar las botellas de Brochet a la nevera. En un rincón discreto del patio, al aire libre, pasarían (pensamos...) una fantástica noche para ser abiertas al día siguiente. Una fiesta de mágnums es lo que es y no voy a perder un segundo en describirla. Recuerdo sólo la cara de satisfacción y orgullo de Emmanuel que iba paseando entre los invitados y ofreciendo la doble botella que llevaba de su Mont Benoit. Le hacía mucha ilusión poder explicar su vino y su forma de trabajar a los profesionales que asistirían a la presentación del día siguiente.

No le dejaron. Los profesionales y los amateurs (de todo había: yo estaba, aunque me retiré a la hora de la Cenicienta y me perdí lo peor) que prolongaron la fiesta hasta que les dio la gana (nada que decir, por supuesto) no tardaron muchas horas en descubrir las cajas guardadas en ese lugar discreto del patio. Y sabiendo que Emmanuel Brochet era uno de los invitados del día siguiente (todos habían recibido un tarjetón con el nombre de las bodegas y el símbolo que se usa para la fiesta: el que ven ustedes en la imagen inferior), decidieron que con los mágnums no les bastaba y empezaron a abrir las botellas, que Emmanuel había traído de su pueblo. Por supuesto, no pertenecían a la fiesta porque no eran mágnums. Se tragaron (no creo que bebieran) 18 botellas y dejaron a Emmanuel con 5 botellas, cinco, para descorchar a la mañana siguiente.

Jamás en mi vida he pasado tanta vergüenza ajena: por la mañana temprano, me levanté para ayudar en los preparativos de la cata (Cal Compte y Terroir al Límit son amigos míos) y topé con las caras de Julien y Emmanuel. Acababan de descubrir lo que había sucedido con las botellas de Mont Benoit. No sabían qué hacer, no sabían dónde mirar. Yo no sabía qué decirles. No había consuelo posible. Pero ellos reaccionaron e hicieron lo justo, lo que su generosidad les mandaba: subir la caja que quedaba con 5, cinco, botellas a la terraza y esperar a que empezara la sesión. "The show must go always on". Emmanuel racionó tan bien como supo y pudo esas cinco botellas, pero a las 11 y algo más ya no quedaba nada. En apenas una hora había terminado su terrible primer viaje para contar su espléndido vino. Nos despedimos al cabo de un rato. Emmanuel no paraba de dar las gracias por la invitación y por la oportunidad que le habían dado. Julien y yo no quitábamos la vista del Montsant. Por primera vez no me quedé a la comida popular en la font. Lo que más me dolió: los borrachos, en su senda de destrucción, habían dejado un par de botellas abiertas y no consumidas en el camino hacia el coche. Durante mucho tiempo, meses, estuve dudando si escribiría alguna vez esta historia. Había decidido no hacerlo.

Hasta que la semana pasada entro en la tienda de Julien. Venía de beber el extraordinario Mont Benoit 2008 (20%) + 2009 (80%), etiqueta con una torre eléctrica (que Brochet nos había enseñado en boceto en su casa) y Julien me cuenta que Emmanuel había decidido sacar más tarde el cupaje que encabeza este post. Me dijo más, porque yo no daba crédito cuando vi la etiqueta. Había reconocido al instante las tijeras de vendimiar que son el icono de las tarjetas de invitación de la Festa de la Verema. Julien me dijo que Emmanuel se sentía tan agradecido, todavía, por la oportunidad que se le había dado de poder explicar su vino en Torroja, que había decidido reproducir las tijeras en ese cupaje. Yo me quedé sin palabras, la verdad. Porque les conozco y sé que no había ni ironía ni venganza en esa etiqueta. Había sinceridad, generosidad y bondad. Me llevé unas botellas  a casa. Anteayer bebí una y, aunque creo que este vino necesita más reposo en botella, lo encontré espléndido, soberbio. Y decidí que explicaba qué sentí cuando lo bebí. Decidí, además, que contaba esta larga historia de dos generosidades para que todo el mundo supiera por qué esas tijeras de vendimiar están en la etiqueta del último Mont Benoit en el mercado. Que tengan ustedes un buen 2014, lleno de salud y de cosas bonitas. Y si pueden y se les pone a mano, hagan ustedes el bien sin mirar a quien y sin esperar nada a cambio.

Mis sensaciones con Le Mont Benoit 2007 (20%) + 2008 (80%), 40% Pinot Meunier (la gran uva de Emmanuel), 35% Pinot Noir, 25% Chardonnay. 12,5%. Antes que oler, tomo un primer sorbo y noto la fuerza de este vino. Tiene una entrada en el paladar de caballo al galope. Fuerza y brío. Poder e intención. A lomos: las diosas de la acidez y la de la frescura saben dónde llevarle. Cabalgan al amanecer y recogen los aires de la ladera, la neblina, húmeda. Manzanas maduras: compromiso entre la acidez y el sabor dulzón de las lías. Pomelos: descubrimiento de una alma que es doble, cítrica y amarga. Infusión con corteza de naranja. Flor blanca en el prado de primavera. Burbuja delicada pero vino rampante, alegre y festivo. Miro mis manos y huelo los dedos manchados de tiza tras escribir en la pizarra. El poder y el vigor de este pinot meunier. Pera limonera. Energía y pasión discretas. Cultas. Sabias. Sensibles. Como es Emmanuel, así su vino.

 

29 diciembre, 2013

Rasoterra BCN

Ha sido un lento y gozoso peregrinar. Cuando conocí a Chiara Bombardi y a Daniele Rossi (junto con mis amigos de la Enoteca d'Italia, Leo y Alberto) estaban en plena preparación de Slow Vitis'07 (qué tiempos heroicos...). Me uní con muchas ganas al acontecimiento y empecé un aprendizaje con ellos que todavía sigue. Del barrio de Sant Antoni pasaron al del Poble Sec. Y desde el 3 de mayo de 2013 están en el Barri Gòtic, en Rasoterra. Cuando entré en el local (la foto de la ventana, casi como metáfora), me di cuenta de que les había llegado todo en su mejor momento: años de aprendizaje, un criterio muy bien formado, una larga y cuidada selección de productos (lo más importante, sin duda, para ellos), una buena preparación de recetas y un local que les viene como anillo al dedo. Vegetarianos son. ¿Y qué? Se come de maravilla y se bebe mejor, Déjense ustedes de prejuicios (si alguno los tiene...) y acudan a disfrutar de un ambiente muy agradable (la mesa para diez personas que preside el local, de maderas recicladas, es una maravilla), de una cocina casera (aunque no se sepa con exactitud dónde está la casa: la gracia de la mezcla de procedencias de los que trabajan allí), de una selección de vinos bien pensada y, sobre todo, de un recibimiento que hace que las cosas del cuerpo y del espíritu fluyan, allí, de una forma preciosa. Me gustó todo y no hicimos más que entrever posibilidades...

Tienen unas cuantas tapas bien ricas, tienen unos buenos platos del día y tienen especialidades. Tienen una carta de vinos que no es muy larga pero que nace del esfuerzo constante por el descubrimiento. Tienen una selección de quesos de leche cruda (su gran especialidad, quizá junto con la cerveza) que echa para atrás de rica e interesante. Y le ponen a todo cariño y buen humor. Como en casa, vamos. Tomamos unas alcachofas al vino blanco con un corazón de ajo rustido y almendras, intensas, sabrosas, al dente. Compartimos unos sabrosos rigatoni con salsa de calabaza  y queso fiore sardo, que luché uno a uno (error: ¡los compartí!): impresionante el contraste de texturas (pasta al dente, claro, con la calabaza) y de sabores (el dulzor de la calabaza con el picante,el salado, el seco pecorino fiore sardo). Proseguimos con una cocotte de huevos ecológicos con dados de patata y trufa: sabores de antes, sin más. De postre, quesos. Imprescindibles en Rasoterra. De izquierda a derecha(foto inferior): Fermío de la Vall de Llèmena (quesería Balda), un "Saint-Marcellin" excepcionalmente intenso, cremoso y sabroso, para mí uno de los mejores de la sesión. Blanc de Tòrrec, de la quesería Tòrrec, en Vilanova de Meià, uno de los de cabra más logrados del país. Un clásico. En tercer lugar, un Crisembert de Camps, cabra de Palau d'Anglesola. Sigue un Blau de l'avi Ton de la misma quesería, leche de cabras de Linyola e inoculación del Penicillium Roquefortii. Punto y aparte para este y el siguiente, sobre todo éste, con unas gotas del estratosférico Meliterrani 2010 de Sicus Terrers Mediterranis, de Bonastre (Tarragona, pero en zona Penedès). Y finaliza con una de las estrellas de la casa, uno de los mejores pecorini que haya comido en mi vida, baluarte Slow Food: el Fiore Sardo, de Barbagia (provincia de Nuoro).  El corazón de Cerdeña en un bocado, sin más.

Tuve mis problemas para elegir el vino...Dudas entre la estratosférica mencía de Barbanza Pintadoiro; entre el pujante albariño de Alberto Nanclares; Miranius; Coto de Gomariz; Clot de les Soleres; Libera Terra...Bueno, qué lista de vinos: pequeña pero enorme y llena de contrastes interesantes. Al final, ganó el comodín, un vino que apoyaría sin fisuras todo y que, solo, daría también grandes dosis de frescura y personalidad: Sicus Xarel.lo vermell 2011. 12%, vinificado con vasijas de barro. Cepas centenarias en Bonastre (sin DO) para una variedad que hay que saber tratar con mimo. No he estado en las viñas, todavía, pero me imagino todo sólo bebiendo este vino: impresionante, vertical, penetra como el filo del buen acero y recuerda el paso de la perdiz por el campo. Ligereza y agilidad, revuelo en el paladar y en el estómago. Frescura y fragancia. Profundidad y barro sin cocer. Madroño y arándanos rojos. Pomelo rojo y amargor discreto en el posgusto. Arbustos y otra perdiz que te mira sorprendida: ¿qué haces aquí? Me pregunta su ojo indiscreto...Con la comida, el vino sigue creciendo y llega hasta los quesos en plena forma, donde, prudente, se detiene y charla con la vaca de Fermió. Espléndido.  Si les digo, además, que con café (excelente), panes y agua, todo salió por 45€ y, además, que al mediodía tienen fórmulas/menú que te dejan satisfecho y con una sonrisa en la boca por 10€, estarán conmigo en que Barcelona tiene un nuevo y magnífico local y que mis amigos Chiara y Daniele han llegado a él en el mejor momento de sus vidas profesionales. Yo pienso disfrutarlo con ellos a fondo. Con este tipo de asuntos tan serios no se puede uno andar con medias tintas.

27 diciembre, 2013

DOQ Priorat, Mas Doix 2003 (mágnum)


Esa noche de agosto de 2003, las lágrimas de San Lorenzo fueron escasas. La luna llena (el 12 de agosto) hacía estragos lumínicos y Europa entera sucumbía a una de las peores olas de calor de los últimos años. En la DOQ Priorat (con datos de Mas Martinet en la mano), 2003 hizo sufrir a las cepas y a sus viticultores lo que no estaba escrito: el verano más cálido, acompañado de la humedad relativa más baja y la menor precipitación. Un año complejo para el vino que nació en él y con el que hay que tener paciencia. Desigual y acomplejado por esos datos, es una añada que hay que tomar botella a botella. No valen las calificaciones generales. No sirven casi nunca, pero en años extremos, en que la acción de las personas (con sus decisiones) acaba siendo determinante, menos.

Nosotros intentábamos sobrevivir en el Ampurdán, en Ultramort. No es mal lugar para tener una prefiguración del infierno, que fue lo que sucedió ese verano. No había noche que ayudara a respirar ni mar que aliviara las pieles abrasadas ni viento que refrescara las casas. Ese verano, a pesar de todo, tuvo algo muy especial para nosotros. La amistad con Valentí y Marian (parte clave de Mas Doix) se consolidó porque conseguimos, entre todos, sobrevivir a una noche de San Lorenzo única. Nuestro primer encuentro en la zona, una buena cena a base de foie-gras mi-cuit de L'Ànec de l'Empordà (en Serra de Daró: una de mis pasiones, recién hecho y comprado in situ) y un buen cesped junto al olivo centenario para asistir al espectáculo anual de la lluvia de meteoros. De madrugada ya, todas las luces apagadas, tumbados y expectantes, sólo rompía el silencio el grito de satisfacción de quien "cazaba" una buena pieza con sus ojos. Pero llovieron pocos...Y de golpe, se oye desde lo más profundo de la tierra, como surgido de sus entrañas, un poderoso ronquido, como de troll haíto de hobbits suculentos.  ¡Valentí se había dormido profundamente!

2004 fue un año espléndido para el Priorat. Las temperaturas se combinaron mucho mejor con la lluvia y la humedad relativa y el vino de ese año pasa por ser uno de los mejores de los últimos decenios. A mí es de los que más me gusta. Hicimos además, gracias a todo lo que os he contado, nuestra primera vendimia en Mas Doix. Y para mí, hubo un antes y un después de ese 2004. Ese año tomé conciencia de verdad de qué significaban para mí los viñedos, la viticultura y hacer vino año tras año, ¿siempre igual?, ¡siempre distinto! Empecé a beber y a elegir, a probar, a conocer, a estudiar y en 2006 nacía este cuaderno. Comprenderéis, pues, el cariño que siento por las añadas de 2003 y 2004 en general pero sobre todo en la DOQ Priorat. Son dos añadas, además, que suelen contar muy bien (por lo menos en Europa), cómo funcionan las cosas en una bodega. Dicen mucho. Tenía guardada una mágnum 2003 de Mas Doix y no he querido terminar este decenio tan particular para mí sin abrirla. 49% garnacha, 47% cariñena, 4% merlot. Fermentación a temperatura controlada en inox y maceración de 4 semanas. 14 meses de roble francés nuevo. 14,5%.

Han pasado diez años y apenas se percibe evolución, ni en el color ni en sus aromas. Entras (en silencio) en el bosque de otoño. Ha llovido hace unos días: hojarasca casi seca. Corazón del bosque mediterráneo. Cierras los ojos (¡tú no, lector!):  matas de romero. Aguja de pino. Hierro y pedernal. Pizarra y raíces. El Priorat más puro en tu copa. No necesita más de un cuarto de hora para mostrar su dinamismo y un perfil íntegro. Y no va a caer un segundo hasta la última gota. Acidez y frescura. Mucha fruta abierta y persistente: cerezas penetrantes. Arándano rojo. Profundidad e intensidad. Ligereza y armonía. Un poco de hoja de tabaco seca. Bolas de pimienta roja en el árbol. Se ha convertido en un vino fino, ágil y elegante, con todos los colores del Priorat histórico en otoño. Alas de mariposa al amanecer: hermoso, fresco y sutil. Delicado. 

En septiembre de 2004, los niños también andaban por el viñedo, sí, pero sus ocupaciones eran otras, digamos más ¡robinsonianas!

La fotografía de la Vía Láctea, con la estrella fugaz, es de nate2b.

25 diciembre, 2013

Sentarse a la mesa por Navidad


No sabemos con certeza cuándo nació. Un pequeño (era bajito...) monje escita en Roma nos propuso un cálculo unos 400 años después de su presunto nacimiento. No sabemos con certeza dónde nació. No sabemos con certeza quiénes eran sus progenitores. Si nació en un pesebre, no sabemos qué pasó en él, quizá el parto fue debido al largo viaje que un empadronamiento forzado provocó: hedores insoportables debidos a la falta de higiene; hedores insoportables debidos a la acumulación de personas y animales en un mismo recinto cerrado; hedores insoportables debidos a un parto, quizá, a altas horas de la madrugada y sin más asistencia que la de, quizá, un voluntarioso padre y una mula y un buey inútiles para esos menesteres. Tenemos a Mateo, tenemos a Lucas, tenemos a un niño al que llaman Jesús, que nace en la coincidencia con el solsticio de invierno.

¿Coincidencia? ¿He dicho coincidencia? Todo es mucho más sencillo. En la Antigüedad clásica, de la que bebe la tradición cristiana que ayer por la noche y hoy sienta al mundo occidental a la mesa, el "niño", cualquier "niño" representado en textos e imágenes, es símbolo de prosperidad, de fecundidad, de renovación del ciclo anual de las cosas en el campo. Cuando la gente vivía en y del campo; cuando las cosechas garantizaban riqueza y su falta, hambruna; cuando la gente miraba al cielo para saber qué sucedía en la tierra (y no hablo de estrellas fugaces seguidas por tres tipos montados en camellos sospechosos, deambulando de noche alrededor de un establo), cuando todas estas cosas sucedían (pongamos desde las primeras letras homéricas escritas, pasando por Egipto, y Grecia hasta la Roma tardía), la promesa de prosperidad, la renovación y fertilización de los campos para la futura cosecha, era simbolizada por un niño al que la naturaleza y las personas rendían homenaje: mieses surgían de forma espontánea; bueyes, ovejas, ocas se acercaban mansas, etc. Nada nuevo, pues: el Cristianismo (en la foto, un sarcófago del siglo IV d.C.) simboliza el solsticio de invierno y el inicio de los días cada vez más largos, de la promesa de la luz que asegurará la fotosíntesis, la lluvia y, claro, el fruto, de la misma forma que todas las civilizaciones hicieron antes. Con un niño.

¿Cambia algo? No. Antes, como ahora, nos sentamos a la mesa y celebramos. Celebramos que estamos vivos y que recordamos a nuestros muertos. Celebramos que ha nacido "un niño" que simboliza la bondad de lo que tiene que llegar con el año nuevo. Sentados a la mesa. Como siempre en el Mediterráneo, invitamos a amigos y parientes, compartimos, bebemos, reímos y lloramos. ¿Lloramos? Si no existiera el remordimiento, si no se hubiera teorizado tanto sobre él, seríamos más felices. Planeamos y preparamos nuestras cenas y comidas, seguimos la tradición o la rompemos, comemos, bebemos y disfrutamos. Y mi única preocupación, ¿cuál es? ¿Que el "niño" no rompa a llorar al final de la comida? Perdonen ustedes. Pero si el niño no existe: el niño es una entelequia que reside en nuestros corazones desde que el ser humano se asentó y empezó a sembrar y cosechar. Mi única preocupación es que las personas que se sienten conmigo disfruten, coman y beban con placer y se aseguren un tránsito agradable, tras el solsiticio de invierno,  a un ciclo de cuatro estaciones mejor. No rompamos la tradición, caramba: a un ciclo de cuatro estaciones que sea por lo menos apacible, que les asegure comida suficiente y una buena cosecha de lo que hayan sembrado. Que quien cuide sus campos (metáfora), reciba aquello que sus desvelos merecen.

Y renueven ustedes también. No sé si me atrevo a tanto, pero quiero rendir homenaje a las combinaciones imaginativas, a las apuestas arriesgadas, a las parejas complejas, casi a los antimaridajes, que pueden llenar nuestras mesas de caras de sorpresa, de alegría ante el descubrimiento, de preguntas y atractivos renovados. Estamos de fiesta porque el sol renueva su pacto anual con la tierra. Que se note. En mi casa, hoy va a ser la Navidad de las burbujas. Todo lo que comamos, será acompañado por burbujas, desde el aperitivo hasta los postres. Tengo de aperitivo un Privat Rosé 2011 Brut Nature, monovarietal de mataró (monastrell), de Alta Alella, degollado hace cinco meses (DO Cava). Tengo para la escudella y la carn d'olla una combinación que va a alucinar: Tarlant Rosé Zero Brut Nature, chardonnay (85%) y pinot noir, de la cosecha del 2006, degollado hace dos años. Con su acero y su acidez va a contarse maravillas con las gelatinas del cerdo, las verduras y los garbanzos. Tengo para la pularda rellena un Entre ciel et terre Brut de Françoise Bedel, de la cosecha de 2004, degollado hace dos años (80% pinot meunier, 20% pinot noir), con ese poco de azúcar que va a enamorar a pasas, orejones, incluso a la butifarra con sus especias.  Y tengo para los turrones, barquillos, mantecados y polvorones, un Vega de Ribes Método Ancestral de Malvasía de la cosecha de 2008, con suficiente azúcar residual como para domar a cualquier dulce navideño, y oxidación, frescura y finas burbujas para dejar que los polvorones se deslicen como por un tobogán. Y si hace falta, va a salir del banquillo para darlo todo en cualquier momento un Georges Laval, Cumières Brut Nature Rosé de la cosecha de 2011, hecho de pinot meunier y pinot noir, con un degüelle quizá demasiado reciente (apenas dos meses).

La gente que se sienta a esta mesa de Navidad come y bebe bien y si me pongo tonto (porque este post no lo van a leer), igual les cuento por qué estamos sentados y festejando qué.  La gente que se sienta a mi mesa bebe poco. Eso me beneficia, claro, pero abre la puerta a que cualquier amigo, sea rico o pobre, que quiera acercase, tenga una copa garantizada. Garantizada. De las mesas a las que yo sirvo no se levanta nadie llorando, vamos, y menos durante los solsticios. Que tengan ustedes una feliz Navidad y recuerden, por favor, por qué nos sentamos a la mesa, qué celebramos precisamente en este momento del año solar. Actúen en consecuencia. 

23 diciembre, 2013

Reto 2011: días de complejidad


Que las tierras que dan grandes vinos tintos, pueden dar grandes blancos también, lo saben las piedras que las pueblan y los viñerones que las cuidan. La historia nos enseña que el prestigio y el dinero han venido de los tintos, pero la experiencia y la buena guarda nos dicen que los blancos siempre acaban siendo esa "liebre" que hay que cazar, esa "sorpresa" que hay que perseguir. Y la Manchuela no iba a ser una excepción...Juan Antonio Ponce lo demuestra aunque para hacerlo, tenga que proponerse un reto e, incluso, darle a su vino blanco ese nombre, Reto. Reto por la albillo, única, que da contenido a este vino. Reto porque la casa y la razón social de la bodega están en Iniesta pero la bodega donde el vino se hace y crece está en Villanueva de la Jara. Reto porque este vino, como todos los de Ponce, se hace sólo con las levaduras que proceden del viñedo y de la tierra que cuidan Juan Antonio y su padre. Mejor cuidas tu tierra, menos la tratas, mejores levaduras tienes. Chauvet dixit...

Aunque a veces se tenga que sufrir y se pida a las barricas (donde el vino se hace) que ayuden a Arrancar por Dios (abreviado APD: vocabulario básico del vino natural) ¡la fermentación! Había empezado a beber los vinos de Juan Antonio gracias a la tienda que Benoît Valée tenía abierta en Gràcia, L'Ànima del vi (ahora bar de vinos naturales en el Born). Clos Lojén, La Casilla, PF...vinos que siempre me atrajeron y me gustaron. Pero en Alimentària 2012 conocí Reto...Juan Antonio andaba por la feria probando vinos y yo charlé (poco) y bebí (bastante más) con su padre, hombre discreto y tenaz que apoya a su hijo de manera ejemplar. No es tarea fácil, no. Estoy casi harto de ver (y no contar) los problemas, las trifulcas, los enfados y las riñas que los jóvenes tienen con sus mayores "por culpa" de las ideas que quieren estos introducir: que si labramos menos, que si el marco de plantación, que si no echamos herbicida ni pesticida, que si cobre y azufre el mínimo, que si levaduras las del viñedo...El Sr. Ponce está con su hijo y lo pude comprobar cuando estuve en su bodega, un año después de Alimentària. Bebí Retó 2012 de la barrica y me pareció un vino soberbio. Ya llegará.

Pero mientras tanto, toca beber y disfrutar del Reto 2011, un vino de 13,5%, monovarietal de albillo que sólo se encuentra en los viñedos de los Ponce. Un vino único que ofrece mucho sobre todo si se tiene la paciencia de no beberse la botella de una sentada. Con vinos así casi me lo impongo: los días te dan matices y te susurran complejidades de una uva, de una tierra, de un trabajo y de unas personas que hablan poco pero tienen mucho que decir. CO2 todavía en la copa y en boca, que sienta de maravilla al vino: es su mejor protección. Membrillo en sazón. Levadura de París. Frescura, arcilla y canto rodado. Hierbabuena. Agilidad. Raíces y tubérculos. Profundidad. Interés y atractivo. Ágil pero con carácter. Un año de botella le ha sentado de maravilla pero tiene para largo: un vino que vivirá años. Con las horas, se abre a la cidra, a la mazorca de maíz al horno. Campos de lavanda en flor. Jabón de Marsella. El vino crece y corre con tres y cuatro días. Es un corredor de medio fondo: buen trotón, que se cansa poco y se muestra vivo y entero hasta el final, alegre, de la botella. Un vino que da mucho más de lo que vale.

Postcriptum. No lo hago casi nunca, pero como el jefe aquí soy yo...me apetece dedicar este post a un cura, a una sumiller y a un químico que me han dado, con sus palabras, mucho más de lo que reciben de mí.

21 diciembre, 2013

El porqué de un blog

sobre vinos que lleva más de siete años de vida, casi 1200 entradas, más de 13 mil comentarios (contestados) y casi 900 mil lectores desde hace cuatro años.

1. A la gente no le gusta leer textos largos en una pantalla.
2. Aquello que más apreciaba en un blog ni tan siquiera puedo ya hacerlo con los que sigo: la interacción, el comentario. Cada vez se da menos este intercambio libre de opiniones. Esto provoca cierta frustración pero es así. Ha dejado de ser una característica fundamental del blog.
3. La gente busca el titular, la noticia breve, el formato columna, la información más concisa que le oriente en su consumo antes que la documentación profunda o la investigación atenta.
4. Parece ser que la gente aprecia más el formato de texto breve a través de Twitter o el formato de impresión breve (foto) a través de Instagram.
5. Puede que me equivoque, pero Twitter e Instagram (todavía no he aprendido a crear contenidos específicos para Facebook aunque lo intento de vez en cuando) son casi por completo opacos a los buscadores. Cuando busco información sobre un vino o un productor, nunca me sale lo publicado en Twitter o Instagram.
6. En cambio, la indexación y las etiquetas son visibles a través de Blogger (o el programa que sea) en todo el mundo. Puede que la gente no tengamos tiempo de comentar posts, pero cuando buscamos información sobre un vino concreto, lo publicado en formato blog es visible y sale.

7. En este sentido, pues, aquello que uno comparte sobre lo bebido y comido con el resto del mundo sigue siendo útil e interesante a todos si se publica en formato blog.
8. La calidad de los textos, de la compaginación con las fotos, junto con la posibilidad de no tener que pensar "140" o "118", sigue siendo un atractivo de los blogs.
9. Los blogs van a la baja porque la cultura digital se orienta hacia otros formatos de comunicación, pero la información contrastada y nueva que ofrecen sigue siendo valiosa, aunque accedan a ella menos lectores que antes.
10. Conclusión: hay que comunicar de forma más concisa sin perder la identidad y cualidades que el blog ofrece. Hay que seguir ofreciendo buenas imágenes y hay que dar información valiosa. Ya no vale eso de "blog = mi diario de consumición" y es bueno porque lo escribo yo.
11. El blog se ha convertido en un medio de comunicación como otro cualquiera, que tiene que ofrecer información que dé algún valor añadido al lector.  Si encuentra el camino para hacerlo, sobrevivirá. Si no, morirá.
12. Para mí los valores añadidos siguen siendo por lo menos tres: tu texto tiene que ser más breve, quizá, pero siempre lo más cuidado posible. Tu texto, sin mirar número de caracteres, tiene que dar volumen y palabra a los vinos que bebas. Tiene que transmitir aromas, sabores y texturas. No conozco a nadie que sea capaz de hacer eso en Twitter o Instagram. Tus imágenes tienen que tener la misma calidad que tu texto. Y, ya para acabar, aquello que se publica en formato blog es visible y, por lo tanto, detectable y útil a una cantidad mucho mayor de gente que lo que publicas en Twitter o Instagram. Por supuesto, hablo de mi experiencia y del rastro que de ella puedo seguir en la red. Twitter e Instagram son impulso que va hacia el agujero negro digital. Blogger es texto reposado, más accesible y recuperable por cualquier persona que busca información gratuita y contrastada sobre un vino o una bodega.

¡Seguimos!

17 diciembre, 2013

Bruyere-Houillon Ploussard 2012

Bruyere-Houillon Ploussard 2012 Arbois Pupillin. Ploussard de la cosecha de 2012. Viñedos en biodinámica sin certificar (ni falta que les hace) en Pupillin (Jura). Maceración semicarbónica. 30 días antes de descubar. Tienen fe en las levaduras de su viñedo: no hay otras en este vino. Embotellado sin clarificar ni filtrar. Sólo lleva los sulfitos de la fermentación alcohólica. El carbónico de esa fermentación es su única protección. No creo que le haga falta: este vino vuela en segundos una vez abierta la botella, protegida con lacre. Equilibrio entre el terruño, las condiciones de la añada, el tipo de uva y la mínima intervención del viñerón. Lo que dé la botella procederá del todo o del nada que la añada haya querido darle. Dicen Bruyere y Houillon: "el arte del vino consiste en poder transmitir 'el infinito' a quien está preparado para recibirlo". Añado un fragmento de letra de Gianna Nannini ("Contaminata"): "l'infinito vaga dentro" de botellas hechas por gente así.

Calor y fruta. Cerezas, campo, fresco del anochecer en un día de verano. Ligereza. Madroño. Prados y sus flores en primavera. Pureza. Integridad. Agua de uva. No sé si existe: sirope de granada (con sifón). Bucle en mi memoria: sirope de frambuesa con sifón. Arroz con pollo, conejo y verduras. Una buena sopa de cebolla. Invierno fuera, calor y buen ambiente en tu corazón y en tu cuerpo. Vino que tira al monte con una fuerza y una suavidad grandes. La acidez y la fruta se abren paso con las horas. Y esa ladera de monte preñado de mes de junio. Vacas. Tomme. Levadura. Mantequilla y pan. Fluidez. Más zumo de granada y el corazón de madera de la fruta: amargor y bondad. Sonrisa. Vino sencillo. Añada sin alardes. Vino bueno.

12 diciembre, 2013

Les Tosses 2011

Les Tosses
Recogimiento. Intensidad, rusticidad. No hay maquillajes en este vino. Monte alto: es un vino de monte y es un vino de altura. Los hobbits de la Comarca tuvieron que beber vinos así: raíz en el tronco del árbol. Amor por la tierra. Disfrute sin roces ni aspavientos. Hueles a piedra. Hueles a terreno umbrío. Hueles a labranza y a trabajo lento. Hombre y caballo en un paisaje sin más testigo que los pájaros. Brezo. Madera vieja. Tanino cuadrado. Vino de payés hecho por alguien con luces. Un arroz con becada… Ácido y fresco, el contraste con la caza madura y poderosa. Diálogo sereno y lúcido entre el viñatero y el cazador, vino y presa, grano de arroz mediante. Este vino, como pocos, se hace en el viñedo y allí donde lo bebes, piensas en esa tierra mágica. Es un vino de gran y sutil intensidad. El monje en su escritorio. Tinta casi negra. Apenas un hilo de luz atraviesa la rendija. Vino misterioso, nos recogemos y anochece. Lumbre en el hogar. Fruta negra. Mirto. Cantueso también. Zarzamora. Viento entre los arbustos. Cazuela con pollo, conejo y longaniza, verduras (zanahoria, cebolla, puerro, tomates enteros). Corteza del mejor pan de payés. Escanda. Violetas y picotas. El monte en otoño. Me cuelo en otra conversación, sincera, discreta, entre elfos y náyades. El corazón del bosque, el espíritu de la fuente. Fragancia y sencillez. Este vino y su viñedo tienen un poder tranquilo. Son dueños de sus actos. Son sabios. Han llegado a la madurez.

La fotografía es de Rafael López-Monné para Terroir al Límit.

07 diciembre, 2013

El guardián del jardín

Jardí i vinyes al fons
Había probado, hace ya algunos años, uno de los primeros vinos de Vins de Taller. Y no me había llamado la atención en especial. Lo aparqué en mi cabeza hasta que un amigo empezó a insistirme: "tienes que conocer a Antoni Falcón y ver cómo son sus viñedos y el trabajo que hace en Siurana d'Empordà". Yo ni caso...Pero las estrellas siguieron su curso y empezaron a alinearse. Durante el pasado verano, una amiga quiso darme una sorpresa y sin decirme dónde me llevaba, fuimos a visitar los viñedos de Vins de Taller en Siurana. Yo no sabía dónde iba. Ellos no sabían que yo iría. Y Falcón, que tiene medio corazón en Catalunya y la otra mitad en la Lombardía, estaba de viaje. Vi unos viñedos cuidados, aunque con algún pequeño problema de hongos. Me fijé en su arquitectura, en el tipo de poda, en el marco de plantación (bien pensado: 1x2), en la cubierta vegetal autóctona, en que estaban ya en certificación ecológica y, lo más importante, en que estaban aislados: no había cepas cerca.

Las estrellas encontraron por fin su camino y se alinearon, además, con Venus precisamente el día en que el planeta ofrecía su cara más luminosa y bonita a la luna que empezaba su creciente. El calor y la fruta dominaban, el día era radiante y la nieva cubría, cercana y amable, los Pirineos. Y por fin habíamos quedado con Antoni Falcón. Esta vez hicimos las cosas bien, aunque sin premeditación. Entramos por la puerta de la casa y descubrí, de golpe y sin que mediara palabra, el verdadero espíritu del jardinero que habita en este hombre: siempre constante, cuidadoso, minucioso incluso en los detalles que parecen propios de un descuido. Jamás había visto un jardín como ése. Y el jardín, ideado y cuidado por Antoni y por Patrizia (dimidium animae suae), era la antesala ineludible, el palco de privilegio sobre las primeras hileras de cepas que se plantaron allí y que, en agosto, no llegamos a ver.
Vinyes i espígol
Entendí todo y supe, desde ese momento, que quizá los grandes vinos de Vins de Taller no hayan llegado todavía (por lo menos, no los que me hagan ladear la cabeza de veras), pero están muy cerca. Los del 2013, sin duda, prefiguran ya el potencial, la calidad, la sutileza y la energía que el jardinero constante y cuidadoso ha sabido imprimir a su paisaje. No se trata tan sólo de un viñedo: es un paisaje en el que los rosales, los membrillos, los granados, el espliego, los perales y los manzanos  conviven con cepas y abejas en una armonía que me recordó no poco la de Federico Schatz. Quien cuida así la tierra, quien ha sabido crear un paisaje como el que vi y guardarlo, acabará sacando grandes uvas de sus cepas y trasladando ese entorno a una botella. Cuestión de un poco de tiempo y de paciencia, aunque las botellas de muestras que probamos, monovarietales del 2013, prefiguran un salto de calidad importante en la bodega. Me impresionaron de veras su marsanne 2013: frescura, cuerpo y volumen, pomelos, acidez, levaduras naturales (aunque todavía no indígenas: poco a poco), posgusto amargoso, flor de cassis. También su chardonnay 2013, que me llevó, directo, a Roquetaillade y al Domaine de Mouscaillo: una expresión tremenda del varietal, caballo casi desbocado en estos momentos, de nuevo agua del manantial y frescura sin límites, amplio en boca, más "bourgeon de cassis", pureza pirenaica mas de la cara norte que de la sur.

Su roussanne estaba mucho más interesante en barrica que en inox, en cualquier caso, finura y terpenos, mandarina y corteza de límón que serán un gran complemento para la marsanne. Su viognier 2013 fue el que se mostró más cerrado y, también, reducido, con algo de jazmín y de membrillo maduro. En cambio, el que ya me giró por completo los esquemas fue su monovarietal de marselan rosado, que saldrá tal cual: su Gris 2013 será algo estratosférico, para beber por palés vamos, si lo encontráis en las tiendas: una maceración pelicular mínima de apenas dos horas y en la misma prensa donde será sangrado y algo prensado, dan un vino de bellísimo color piel de cebolla (primeras capas, eh?), con mucha violeta en nariz, fresas salvajes, jalea real, membrillo fresco y algo ácido, carnoso en boca, enérgico y fresco, rampante casi. Sin duda, muy gastronómico. No creo que se arrugue ante nada.
Crema de nyàmeres amb tòfona i parmesà
La cosa no terminó aquí...Si en el jardín con viñedo y en la bodega pasamos un buen rato, la comida, en el Motel de Figueres fue digna de la fama, nombre, renombre, bondad y sabiduría gastronómicas de uno de los grandes y más humildes chef de este país, el Señor Jaume Subirós. El Motel y el Sr. Subirós siguen en una forma espléndida y fieles, tanto en cocina como en sala, a los principios inmutables de esa estrella en el cielo gastroanímico que es el Sr. Josep Mercader. Son y serán, siempre, una referencia ineludible. Tomamos un portento de delicadeza para poner al estómago en posición de "hoy tienes un día importante": (foto superior) una crema de tupinambos, fina y sabrosa, que combinaba con un corazón (invisible) de parmesano fundido y láminas de trufa de Siurana. Impresionante, fino y delicado y bien combinado con un Baseia 2012, 100% viognier. La fruta del vino (cítricos, albaricoque) y su ligera untuosidad (madera y lías) encontraron su punto con el tubérculo. Y el suave ahumado se enamoró con rapidez de los hidrocarburos de la trufa. Muy bien. Siguió un risotto de calamarcitos, que estaba en su punto y culminamos con media becada (a lo que parece iban para Mallorca...) con su tostada de higadillos.

Punto y aparte para los sabores intensos, maduros, únicos que el Sr. Subirós sabe sacar de las presas que llegan a su cocina. No hay foto que haga honor a la intensidad de sabores de, con perdón, sale de esa cabeza chupada con intenciones directamente aviesas, y el sabor profundo de bosque que tiene la pechuga del ave. Combinamos con unos de los mejores vinos que, por ahora, han salido de la bodega de Falcón y Asociados: un Siurà 2010. Una gran añada, fresca y equilibrada, donde la habitual (y no positiva para mí) pujanza del merlot, queda perfectamente equilibrada por el poco de malbec del vino y, sobre todo, queda a la altura de la becada, con el 44% de marselan, que aporta rusticidad, seriedad y empaque. Su fruta (arándanos rojos) y frescura se complementaron de maravilla con la decocción salsificada de la becada. El "plateau frommages" sigue siendo rito de paso ineludible en el Motel para llegar al cielo y no olvidaré con facilidad el curadísimo Tomme que elegí. Un prodigio. Con él y con un fragante, aunque ya contenido Bas Armagnac del 76 (en magnum, por favor), llegó la anécodota del día: resultó que fue el Sr. Subirós quien convenció en su día a Antoni Falcón para que algunos de sus vinos adoptaran nombres comprensibles y fáciles de retener, ¡topónimos por ejemplo! Así surgieron Baseia y Siurà.

Cuando salimos al fresco del atardecer, Véspero/Venus anunciaba ya la caída del sol y, en efecto, sonreía como nunca a la luna que luchaba por abrazarla. En el cielo, intuí el guiño del Sr. Mercader ("Ha quedat satisfet, oi?") y en la tierra supe que un trocito de paraíso (hablamos del jardín del Edén) se había instalado en Siurana d'Empordà para alegría y regocijo de los que gustamos de las cosas buenas y hermosas.
Mitja becada que anava a Mallorca

02 diciembre, 2013

Vall-Llach 1998

El Priorat des de Mas de la Rosa
El Priorat desde Mas de la Rosa de Vall-llach (foto mía, de primavera de 2013).

1998 fue un año de calor y poca lluvia. Arrancó con un invierno seco que provocó un ciclo vegetativo de las cepas poco vigoroso, lento, casi miedoso. La sequía prosiguió durante el verano y las plantas fueron frenando el crecimiento del fruto para favorecer su maduración. Producción baja, pues, pero con uvas maduras, concentradas y un grado alcohólico alto. 1998 es considerado como añada excelente por la DOQ y yo creo que sí, que lo es. Con 2001 y 2004 en perspectiva, son de lo mejor que el Priorat ha visto en tiempos recientes. 2009 y 2010 quedan demasiado cerca como para saber realmente cómo andarán en diez o quince años. Creo que 2009 llegará. Tengo mis dudas sobre 2010, pero hay que esperar.

Vall-Llach es una bodega que, en este vino, siempre ha combinado uvas de cepas jóvenes con otras de mayor longevidad. En 1998 mezcló un 45% de merlot de Mas del Porrerà con otro 45% de cariñena de Mas de la Rosa, Sentiu i Finca Cabacés, más un 10% de cabernet sauvignon de la Devesa. Su proceso de vinificación pide largos años de afinado en botella (este 1998 reposa en las que queden desde la primavera del 2000, de las 4000 embotelladas), que suele dar grandes resultados. Cada vez que he hecho una horizontal de priorats de nombres muy reconocidos, Vall-Llach ha estado siempre entre mis preferidos. Despalillado completo, FAL en depósitos de acero inoxidable de 2500L, con remontados suaves durante los primeros siete días (temperatura controlada entre los 25ºC y los 29ºC) y un poco de bazuqueo manual. A los 40 días de maceración, descubado y prensado en horizontal. La FML la hizo, también, en los depósitos de inoxidable. El vino pasó a barricas Dargaud&Jaegle de madera nueva de grano fino y tostado ligero y medio. Durante los 17 meses de crianza se hicieron dos trasiegas.

No decanté el vino. Lo abrí una hora antes de empezar a beber (el tapón se rompió...) y sus inicios fueron malos, con un peso bastante grande del alcohol (¡todavía! Tampoco era tan mala noticia ésa) y un punto de acetatos no pequeño. Anoté en mi cuaderno: "bajada de la escuela de pequeño. Parada obligada en Editorial Bruguera: el olor de la cola mezclada con la del papel"...Pero ese no es aroma de vino...Tomé una decisión drástica. Retapé y esperé 24 horas. El vino encontró su equilibrio y aunque no acabó siendo uno de los mejores Vall-Llach con cierta edad que yo he tomado, sí empezó a dar lo que todavía llevaba dentro, sobre todo en aromas terciarios: el corazón del bosque en otoño. Neblina en el monte, de madrugada. El taller del ebanista: virutas de madera en el aire y en el suelo. Palo de regaliz justo cuando empiezas a chupar la madera. Hoja de tabaco madura. Aceituna negra muerta. Vino recio. Vino todavía entero. Vino con taninos muy serios y secantes. Guindas.

28 noviembre, 2013

Dos muertos y un resfriado

dan para mucho, si todo sucede en cuatro días. Uno de los muertos era amigo íntimo y, aunque persona ya algo mayor y enferma desde hacía años, la relación que manteníamos deja un hueco que, sin más, ahí quedará, no se puede rellenar. El segundo muerto era, no puedo decir otra cosa, una buena persona y todos pensábamos que lo era. Su hueco es de otro tipo para mí, pero su ejemplo y las cosas que hoy se han dicho de él, me hacen pensar: hay que intentar hacer siempre el bien tanto como huir de hablar mal de las personas o prejuzgarlas en función de gustos propios.  Oye, Joan, ¿pero esto no es un cuaderno sobre vinos y comidas? ¿Qué haces divagando sobre cosas que no tienen nada que ver? Es sencillo: los Romanos nos lo cuentan precisamente desde sus tumbas: 1. Pásalo lo mejor que puedas porque acabarás viniendo donde todos (los muertos) ya estamos. 2, y como consecuencia de 1 y aplicable sólo a los que estamos en el asunto del vino por vocación y pasión, no por negocio o mercadeo: Come bien, bebe mejor, diviértete cuanto puedas, porque acabarás viniendo a nosotros. Horacio, siempre Horacio, lo resume mejor que nadie: cuando te encuentras ante situaciones como las que yo he vivido esta semana (pero todos vivimos con frecuencia), no queda otra que fijar el horizonte de expectativas en la hora siguiente, como mucho, pensar que en la sencillez de las cosas se encuentran la elegancia y la belleza supremas y aprender, cada día más y mejor, a compartir las cosas bonitas que te suceden. Sin perjudicar a nadie. Intentando beneficiar a quien puedas. Sin más objetivo que ése. Sin esperar nada a cambio.

El resfriado...afonía, catarro, falta de sintonía con lo que comes y bebes porque tus sentidos no están para alegrías...la cruz de los que amamos comer y beber bien. Empecé con él en el primer entierro, siguió el bruto trabajando un par de días y cuando, a mitad de semana, planteamos una cata que prometía mucho, yo ya no estaba en forma. Y ahora lo noto, lo veo y lo entiendo. No me gustaba nada, nada me parecía bien. Puede que, en parte, fuera culpa de los vinos (no pocos pensaban como yo) , pero otra parte, sin duda, fue debida al factor humano. A cómo me sentía yo y cómo percibía yo las cosas. Y esa sensación, de cata frustrada y de mal estado personal, junto con una conversación sobre cómo vemos y sentimos cada persona aquello que comemos y bebemos en función de nuestra  propia experiencia, me llevó a una segunda pequeña reflexión sobre qué hago yo ahora mismo en este cuaderno de vinos, para qué, para quién, por qué lo hago. No, por favor, Joan...¿No habíamos quedado hace ya por lo menos dos años que nunca jamás escribirías otra metarreflexión bloguera? Menudo peñazo...Pues sí, es cierto, pero he sentido la necesidad hoy mismo y ahí va, no me privo de ella. Por qué. ¿Sigo queriendo compartir experiencias con quién quiera leerlas? Sí. Para qué. ¿Te sigue gustando que la inmensa mayoría de lectores anónimos puedan tener información para disfrutar de buenos momentos parecidos a los que tú vives? Sí. Para quién. ¿No te estás desviando un poco de uno de tus objetivos claros: que los vinos de los que hablaras pudieran comprarse y beberse con cierta facilidad?

Aquí topo con una piedra. Porque de la conversación que tuve me quedó claro que algunos de los vinos que salen aquí no son fáciles de encontrar. Que la gente lee, la gente tiene ganas de beber esto o aquello quizá porque ha encontrado la referencia en este cuaderno y, en fin, la distribución no es mi fuerte y las cosas no siempre se encuentran en la tienda de la esquina...No debo olvidar mis principios y siempre tengo que decir cómo y dónde he conseguido este o aquél vino. O quizá, también, husmear en internet y proponer a los lectores de este cuaderno dónde encontrar (sin moverse de casa y usando la red) los vinos de los que hablo. Qué hago. Hay momentos en que ya no lo sé. Tengo que volver a recordarme que escribo por placer, porque me gusta. Y si tengo días y momentos en que no me apetece hacerlo o no tengo nada que decir, pues no escribo. ¿No habíamos quedado en eso, Joan? No lo olvides, pues. Compartir es un placer, explicar y que la gente pueda llegar a disfrutar con algo que propones, también. ¿Por qué te preocupas, pues, si sabes que alguien se beneficia de tu esfuerzo sin, presuntamente, sacar tú nada a cambio? Último grave error, Joan, a evitar y para tener siempre bien presente: tú siempre sacas algo a cambio de lo que escribes. Los buenos vinos que bebes, los buenos ratos que compartes con los amigos. Y lo más importante: las personas que hacen el vino en sus tierras y cada cual a su manera. Tienes que recordar, amigo: te gustará más esto que aquello pero conviene ser respetuoso con todos los que se ganan la vida con el vino. Con todos. Las personas estamos al principio y al final de todo y seguimos siendo la medida de todas las cosas, también en el viñedo y en la bodega. Esfuérzate por conocerlas y por respetarlas. Habla de lo que quieras, defiende incluso tus puntos de vista, pero no pierdas de vista que, al final, siempre estamos hablando de lo mismo. Personas. Son lo más importante: las que se fueron. Las que seguimos. Historias de personas, historias de vinos. Ahí estamos. Seguimos pensando lo mismo. Aquí seguiremos. Sin olvidar por qué, para qué, para quién, qué.

Vaya, hombre:  ¿te acaba de salir un post sin foto ni ilustración? ¿Pero no habías dicho también que una de las cosas más importantes de un blog era la buena compaginación de texto e imagen? Pues mira, hoy ha salido así. Y si al jefe de redacción no le sabe muy mal, así se publicará.

24 noviembre, 2013

Bodegas Nanclares

detalle brote  albariño
Alberto Nanclares jamás pensó en ser viticultor y, mucho menos, en montar una bodega. Economista de formación y trabajando para una multinacional, se ganaba muy bien la vida. Pero se hartó y, a lo que parece…, ¡la cabra tiró al monte! Porque Alberto nació a 20 km de Haro (La Rioja), zona en la que todo el mundo, desde el nacimiento, mama poco o mucho viñedos, uva y vino. Buscaba casa y topó con una, en Castrelo-Cambados, que se vendía. Tenía una sola peculiaridad: ¡se vendía con viñedo de casi una Ha…! Eso cambió su vida. Alberto, a lo que intuí cuando le conocí hace unos pocos meses, es hombre siempre atento a los detalles. Pocas veces he visto yo una bodega tan meticulosamente ordenada, con los rastrillos en formación, pulcra, con cada depósito o tino con su última analítica colgada de él. Impresionante. Pero él sabe dónde está lo más importante, y su minuciosidad y atención se concentran sobre todo en las cosas del campo: sus cepas comen de un suelo francoarenoso con muy poca arcilla (tiene un solo viñedo con un 15% de ella; el resto, menos), a cierta altura pero cerca del mar. Ese suelo tiene mucha vida y no necesita gran cosa: casi es ya autosuficiente.  Hace tiempo que no lo laborea, sólo abona con las algas que él mismo recoge en la playa (¡hace compost con estas algas!: el detalle me encantó) y con el raspón de su propia uva, y no usa ni insecticidas ni herbicidas. No retoca el vino en la bodega, sus levaduras son las del viñedo y en cuanto a técnicas, pues usa de todo en función de lo que le pide cada cosecha. 

No hay un manual escrito que siga sobre su tipo de vino porque es hombre inquieto y cambia en función de la uva vendimiada: a veces trabaja con hollejos, a veces, no; a veces usa raspón, otras no; en algunos casos (para el vino que vende más joven, el Tempus uiuendi, que no se filtra ni clarifica aunque sí se estabiliza el tartárico con frío) fermenta en inoxidable; otras veces en tino de madera de 2000L y con lías en reposo. El Tempus uiuendi que probé directo del depósito (está ya a la venta desde hace unos meses, supongo, y estará ideal a finales de este 2013) tiene aromas de manzana Golden, pera limonera, muy del varietal albariño, con una acidez grande y un posgusto algo amargo, hinojo. Es un vino franco y muy directo en nariz. A la que baje el nivel de sulfitos (andará sobre los 90 de total), este vino irá para arriba. A medida que sube su trabajo con las lías (en el vino que lleva su nombre, Alberto Nanclares) y, sobre todo, con lías y madera (el Soverribas de Nanclares, con 100% de lías completas en fudre y un removido semanal) aumentan el volumen y la estructura, los aromas de flor de manzanilla, de membrillo algo verde y un punto cítrico amable. Alberto anda definiendo todavía dónde estarán sus vinos y creo, con sinceridad, que todavía no ha llegado a su modelo. Pero avanza rápido y sobre unos fundamentos seguros (la sensibilidad y la observación y, cada vez más, la mínima intervención). Lo que vi y bebí promete, y mucho. Saldrán grandes albariños de sus tierras. Porque el mejor vino nace de las mejores uvas y éstas del trabajo más concienzudo y atento en el campo. Y en ese trabajo, Alberto es muy bueno.
viñedo praeiraCuando estuve, con unos queridos amigos, en casa de Alberto, apenas había ya luz...Las fotos de este post me las ha proporcionado Alberto. La superior, es un detalle hermoso de brote de albariño. La inferior, muestra su  Viñedo Praeira.

21 noviembre, 2013

Château Paquita 2012

Château Paquita 2012

Hace unos meses publicaba una nota en la que, quizá de modo demasiado sigiloso, hablaba de un vino que me gustó y me gusta mucho. El vino lo hace Sistema Vinari de Eloi Cedó Perelló, en Felanitx aunque ciudadano del mundo nacido en Tivissa. Digamos que en Felanitx y alrededores, ha encontrado Eloi uno de los centros del mundo. Y ahí, por lo que llevo visto, se siente cómodo y hace un vino que, sin más y a las puertas de la invasión de vinos nuevos y de Beaujolais en especial que nos llega ya, merece un punto de atención. Por favor, que alguien lo traiga ya a la Península y que las masas sedientas lo bebamos y podamos disfrutar de la manera en que Eloi afronta esto del vino auténtico, a lo Chauvet vamos. Ha tardado un poco, cierto, pero Château Paquita tiene ya etiqueta (sí, sí, la postal que muestra la foto superior) y está a punto para atrapar de una forma tan sencilla como eficaz nuestros paladares y narices. Decía la nota: 

"8 de agosto. Hoy he dormido con Château Paquita 2012 por primera vez en mi cuerpo. El nombre del vino lo puso Eloi en honor a su madre. 2010 le gusta mucho (monovarietal de cariñena), pero yo no lo he probado. Lo haré pronto..." Interrumpo: todavía no lo he hecho... "2012 no tiene nada que ver, pero lo disfruté mucho. Fue una sorpresa y así la viví: 40% callet, 40% mantonegro, 15% monastrell y 5% syrah, estas dos últimas vinificadas con maceración carbónica. 9 meses de fudre. Sin filtrar, sin más estabilización que unos días en inox, y embotellado en la primera semana de junio de 2013. La mejor descripción que se me ocurre: fue como tener el Regnié de Charly Thévenet en la copa, pero hecho en el sur de Mallorca y con mayoría de uva de aquí en vez de gamais del Beaujolais. En breve, esto quiere decir que me gustó mucho: es un vino fragante pero sin grandes discursos, fresco y ligero, directo, oscuro y de trago fácil, con mirto, frambuesa y corazón vegetal, restos mínimos de carbónico. No sé cuantas botellas saldrán a la venta, pero el hacedor del Cantamanyanes en su Tivissa natal, ha dado con una buena receta en su Felanitx de adopción." 

Por favor, ¿alguien querría alegrarme un poco más este otoño que ya viene, por cierto, bastante distraído y dicharachero? ¡Gracias!

18 noviembre, 2013

Viñerón 2013

logo_viñeron_2013 
El próximo gran acontecimiento vínico en España va a suceder en Galícia, el 30 de noviembre de 2013. Algunos me consideráis hiperbólico. Y lleváis razón: lo soy. Pero siempre con fundamento, si me permitís la libertad de hablar de mí. Porque cuando pienso qué fue y el éxito que tuvo la primera edición de Viñerón 2.0, sé con seguridad que esta segunda edición, que ya se bautiza a partir del año en que se celebra, Viñerón 2013, va a ser mejor que la anterior. Y lo sé porque conozco mucho mejor a quienes lo organizan (Xoan Cannas y la gente del Instituto Galego do Viño) y porque estoy viendo cómo remueven tierras, cepas y bodegas, amigos, personas y contactos, para perfilar una selección de veinte viñerones que sea tan o más interesante que la del año pasado.

Fácil no lo tendrán, cierto. Pero el "señuelo" del nuevo lugar de celebración de Viñerón 2013 (A Cidade da Cultura de Santiago) y esa primera selección que ya tienen cerrada, tienen que animar a la gente a considerar la cita como algo muy parecido a "Terres et Vins de Champagne" pero en España: pequeños productores de España y Portugal (sobre todo) a los que guía su respeto y amor por la tierra, su vocación de embotellar paisajes y añadas con los menores filtros posibles y, en fin, su objetivo de emocionarnos con una copa de sus vinos en la mano. Algunos de los que han confirmado su asistencia están entre mis imprescindibles: Cámbrico, por ejemplo (Alberto Martín); o Albamar (Xurxo Alba Padín); o Dominio del Urogallo (Nicolás Marcos). Y otros muchos a los que conozco menos, pero de los que he bebido grandes botellas: Casta Diva, Zárate, Xosé Luis Aristegui, etc. Serán veinte al final y la tarde y la noche se cerrará y se nos hará corta para poder charlar con todos, para conocer los detalles de su trabajo, para beber y conocerse y, al fin, para conseguir el gran objetivo de un acontecimiento como Viñerón 2013: reconocerse a uno mismo en el trago de un vino auténtico y en la charla con quien lo ha hecho.

13 noviembre, 2013

Bodega Cauzón de Ramón Saavedra

Cauzón
Ramón Saavedra Saavedra es hijo de la emigración. Sus padres fueron a trabajar a Girona y él creció allí. Cuando la querencia por la tierra (la Sierra Norte de Granada) y por su pueblo (Cortes y Graena, en la parte de Graena) pudieron con su padre, Ramón tuvo suerte. Tenía ya una edad en la que podía decidir si se quedaba o volvía. Ramón ha entrado en el mundo del vino casi como yo, aunque la gran diferencia entre nosotros es que Ramón hace algunos vinos muy interesantes en su Bodega Cauzón. Yo…¡sólo me los bebo! Pero ambos entramos en la pasión por el vino a través de la gastronomía. Ramón empezó trabajando en una cocina como lavaplatos, en uno de los grandes restaurantes del Empordà de los años 70 y 80, el Big Rock de Palamós. Un buen día se puso enfermo un cocinero y el jefe lo tuvo claro: quien tenía que entrar en la cadena del aprendizaje de la cocina tenía que ser Ramón. Le había visto ya entre cazuelas en sus ratos libres y sabía de su pasión. No la ha olvidado: es de los que siempre anda preocupado por la pureza del producto, siempre pregunta de dónde viene esto, cómo se hace lo otro, tiene muy claros los puntos de cocción y de mejor sabor de las cosas…

Pero en su pueblo, y con una rambla impresionante que da cobijo a las aguas a veces desenfrenadas del desagüe de Sierra Nevada en su cara norte (eso intenta mostrar la foto), lo que tocaba eran viñedos. Con una tierra arcillosa y calcárea y plantas a más de 1000 msnm, Ramón cambió su vida en 1996 y empezó a cuidar de cepas muy viejas de torrontés en esa rambla. Y plantó pinot noir, que tan bien se da en esa sierra granadina, y trempranillo y merlot entre las tintas. Y un pupurrí de blancas, entre las cuales la sauvignon blanc, la chardonnay y la viognier, que le dan el que es, para mí, su vino más redondo y de mayor placer: el Cauzón Blanco. En su 2011 (con todas las uvas blancas que he citado) manda la acidez de la sauvignon blanc, el volumen de la viognier y la raíz y la tierra de la torrontés. De todo lo que probamos el día que comimos en el bar de Pili (en Graena: un pollo campero, con patatas, cebolla, romero y tocino de ibérico, que recordaré por el sabor intenso del animal tanto como por la compañía de Jose y de Antonio, amigos de Ramón que saben de esa tierra lo que no está escrito), me quedo también con un ensamblaje de syrah y merlot, el Lozano 2011, con apenas cuatro meses de barrica y una fruta en boca que invita a muchos tragos. Y su Cauzón Pinot Noir 2010, con apenas 13,5%, y un paladar impresionante con posgusto de violetas y tomillo. Los vinos de Ramón son tan francos, limpios y sinceros como él, como su tierra y como el Mulhacén que todo lo preside.
Pollo campero de Pili

10 noviembre, 2013

Vinos naturales en mésDvi

mesDvi
Este próximo jueves, 14 de noviembre, de 19:30 a 21:30 horas, el bar de vinos mésDvi va a organizar la primera presentación pública de mi libro sobre vinos naturales en España. Es libre y abierta para todos los amigos que se quieran acercar al bar, un local muy cuidado, con una carta de vinos bien pensada y unos cuantos platos para acompañar, que lleva gente joven y con muchas ganas de hacer actividades para promocionar el consumo de vino. No lo dije en su momento, pero decidí, cuando salió el libro, que yo no provocaría ni organizaría ningún acto especial. Y, en cambio, decidí que acudiría a todo aquello que tiendas, bares de vinos y otros lugares de buen beber y mejor vivir quisieran montar, siempre que me fuera posible hacerlo, sin discriminar. De forma natural y espontánea, porque les apetecía sin más y sin necesidad de forzar nada ni de quedar bien con nadie. Lo iré comentando en el blog, si surgen nuevas convocatorias.

Queremos hablar de la tierra, queremos hablar de su cultivo responsable, de las vides en él, de los viñateros que hacen sus vinos con esas uvas. De las características, siempre diferentes, de cada añada. Y queremos comentarlo con las copas delante, no sólo con el libro. Y siempre que sea posible, con algún viticultor presente. De ahí que esté tan contento porque creo que hemos montando una buena sesión en mésDvi, el próximo jueves. Voy a hablar un poco de qué he intentado buscar con la redacción del libro, poco...Y vamos a beber y comentar cuatro vinos, dos de ellos (para nuestra suerte) con quienes los hacen. Josep Mª Pujol-Busquets, de Alta Alella, nos va a presentar uno de los nuevos vinos espumosos, Bruel,  de su bodega de vinos naturales, un proyecto en verdad excitante. Enric Soler, de Cal Raspallet Viticultors, nos va a hablar de su Improvisació (todavía por determinar la añada). Y yo mismo hablaré de dos otros vinos que me gustan mucho: del hombre que representa la fuerza tranquila del Empordà y trabaja la tierra con el cuidado de los abuelos, Joan Fabra, del Celler Martí Fabra, el Oratori 2010. Y de dos de las fuerzas más atractivas y activas del Priorat y del Montsant, Sara Perez y René Barbier Jr., su Dido 2011, de Venus La Universal. O cómo capturar en el gesto de un encuentro el espíritu de la mujer más hermosa de África.

Hay que estar atentos a este enlace de mésDvi porque desde allí explicarán cómo acudir. Creo que el programa es interesante. ¡Intentaremos pasar un buen rato!
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05 noviembre, 2013

Occhipinti e COS: Pithos Rosso 2011

Giusto Occhipinti
Un hombre, un vino, una isla. Cuántas paradojas. Giusto Occhipinti no nació en Sicilia. No es enólogo. Y en cambio, unas horas de charla con él bastan para entender todas las cosas importantes que determinan la Sicilia agraria, la Sicilia del cereal, de las cepas, de las olivas, de los rebaños de ovejas refugiándose del sol abrasador, de la esencia de la mediterraneidad. Sicilia entendida como continente vitivinícola: tantas variedades de terreno, tantas de uvas autóctonas, tantos climas y alturas de maduración, tanta gente distinta haciendo vino en ella desde tiempos púnicos. Sicilia es un continente, es un mundo, como todas las islas grandes de nuestro mar. Occhipinti (la O de COS, su bodega, de la que quedan, para nuestra suerte la C de Cilia, mientras que la S ya cayó) se me presenta siempre igual: como una isla, que es un continente, al que siempre me apetece llegar. Si es en persona, mucho mejor, por supuesto. Pero sus vinos también me sirven porque hablan de su tierra, de Ragusa, de Vittoria, del viento que sopla del suroeste, del mar, del suelo pobre pero bueno para las cepas (arena, calcáreo, sílice). Y lo hacen con claridad y frescura, sin tapujos y con alegría. La suerte estuvo de mi parte en esta ocasión. Hacía un año que no le veía y la Enoteca d'Italia (que distribuye sus vinos) nos invitaba a escuchar la presentación de alguno de sus vinos. ¡Hecha por Giusto! Quién se resiste a eso...Una fuente de sabiduría, de placer, de saber estar, de todo y sin mesura. Sicilia en un abrazo.

Una de sus máximas: "occorre bere senza pregiudici". Hay que beber sin prejuicios. Tanto como "hay que hacer vinos libres". Quizá esté COS practicando la primera vitivinicultura cuántica de la historia de la humanidad. No solo atiende a los principios de la biodinámica, también tiene bajo protección musical a todos sus viñedos y bodega 365 días al año. Cada cual piense lo que quiera, pero a mí me gusta la idea. Giusto confesó "he dejado ya hace tiempo la idea de cambiar al mundo. Intento solo cambiarme a mí mismo poco a poco". Aquí nos encontramos. En un proyecto de vino que se quiere lo más natural posible y sin apoyo alguno de insumos enológicos, lo suyo es una vinificación sin madera. ¿Qué quieres? ¿Fruta, territorio, clima y uvas? Que la fermentación arranque cuando quiera, que pare cuando quiera y que lo haga en maceraciones con pieles y en vasijas de barro semienterradas. Nadie piense que se trata de un esoterismo más: la vasija de barro hace trabajar al vino con mucha mayor rapidez que la madera. Si se cubren sus poros parcialmente, bajo tierra, el ritmo es mejor. Pithos Rosso 2011, un Cerasuolo di Vittoria en pureza (60% nero d'Avola, 40% frappato), que no es admitido por la DOCG porque se hace exclusivamente en tinajas (las de Juan Padilla, en Villarrobledo). Es un vino que me tiene el corazón robado: de suave extracción, grado medido (12%), envolvente y fragante, 2011 me atrae mucho más que 2010. Sabor de atardecer, de cerezas, frescor de agua del manantial. Tiene un punto vegetal alegre y amable (entre la zarza de la mora y la regaliz de palo apenas chupada). Es un vino perfumado y delicado, un vino que habla de abejas en un susurro, de monte bajo, de tierra calcárea. Me gusta mucho Sicilia. Me gusta mucho el sur de ese sur. Me gusta mucho COS. Y escuchar y beber un rato con Giusto Occhipinti fue un regalo de los dioses que viven en la Enoteca d'Italia.
Pithos Rosso 2011

31 octubre, 2013

Ancient Rioja Tasting en DWCC

DWCC 2013 Moments
He tardado en reaccionar a tanto acontecimiento vivido estos últimos diez días. Casi diría que lo siento por haber desatendido al blog de esta forma...pero no, no lo siento. Ha venido como ha venido y he disfrutado de todo con intensidad y no pocas emociones. Por primera vez, podía ir al DWCC (procedente del EWBC, que vi nacer como proyecto en una mesa de La Teca, en Barcelona), gracias a la generosa invitación de Gabriella y Ryan (Catavino). Por primera vez, ofrecía una cata comentada a un público que no sabía quiénes serían (aunque algunos amigos me acompañaron y se lo agradezco de corazón). Por primera vez lo hacía en inglés, con la ayuda y colaboración inestimables del gran Tom Perry (Inside Rioja), que puede que no sea MW ni MS, pero es Maestro de Vinos y de Vida a espuertas, vamos. Por primera vez, presentaba a la prensa un libro sobre vinos que había escrito yo. Muchas primeras veces acumuladas en muy pocos días. Mezcladas, además, con reencuentros emocionantes (Juan B. Chavarri, en La Grajera; Roberto Oliván, en Tentenublo, Viñaspre) o conocimientos previstos e imprevistos (que Pedro Balda, Majuelo de La Rad, fuera vecino pared con pared de Abel Mendoza en San Vicente de la Sonsierra, se convirtió en una ocasión de charla única).

Pero no puedo olvidar lo que nos tuvo, a Tom y a mi, ocupados no pocas semanas: la selección de añadas, bodegas y vinos para nuestra cata inaugural del DWCC, Ancient Rioja Tasting. Tom y yo nos contamos entre los amantes sin tapujos de los riojas de viejas añadas, compartimos pasión por los viejos paisajes con viñedos de La Rioja y por la manera cómo, antes de la masiva industrialización del campo en España, los agricultores desarrollaban su trabajo en los viñedos y hacían sus vinos. Lo más importante: sabíamos (como tantos otros, porque este es un club con muchos "socios...") que los riojas pueden envejecer con una gracia y una sutileza que nos apetecía compartir con los asistentes al congreso. Muchos de ellos no estaban familiarizados con este tipo de vinos y, con la ayuda e imprescindible colaboración de las bodegas, hicimos la selección. Propusimos los datos básicos de cada vino y pedimos a la gente que se concentrara en las copas. Alguno protestó: "¿no hay fotos ni PPT?" No. No las había. Estos vinos piden tiempo y silencio. Lo primero apenas pudimos dárselo...50 minutos. Lo segundo, sí. Pocas palabras y esenciales. Y vino y copa. Tom y yo nos repartimos los vinos. Os ofrezco ahora los que yo comenté, aunque también propongo el orden completo en que catamos todo. Fue un acierto, en mi opinión.
Cata_general_OK
Viña Tondonia reserva tinto 2001 (en magnum). Añada excelente. 75% tempranillo, 15% garnacha, 10% entre mazuelo y graciano. 12,5%. Seis años en viejas barricas. Sin filtrar. Profundo, brillante rubí. Ribete de ladrillo antes de la cocción. Fresco en nariz. Tostados sutiles, avellanas, vainilla, mermelada de naranja. Fino y persistente. Seco, redondo, llena todo. Largo posgusto. Para comprar en magnum y guardar 20 años. Contino. Viña del Olivo 1996. CVNE Imperial Gran Reserva 1995. Añada excelente. 85% tempranillo. 10% graciano. 5% mazuelo. 13,7%. Técnicas habituales en la Rioja moderna (despalillado completo; maceración prefermentativa; maceración durante la FAL; FML en barrica de 225L; clarificado con claras de huevo). Picota de buena coloración. Mirto. Pergamino. Fina evolución, especiado (pimienta negra, cuero refinado), algo de roble en nariz. Eucalipto. Buena estructura. Acidez bien viva. Buena expresión de la fruta. Largo y persistente. Barón de Chirel 1995. Roda I 1994. Añada excelente. 83% tempranillo, 17% garnacha. 13,5%. FAL en roble. Envejecimiento en 1/3 de barricas francesas de primer año, 1/3 de segundo pasaje, 1/3 de cuatro y más años. Estabilizado de forma natural. Color de la cereza roja con un ribete más tenue, anaranjado, fino. Nariz muy equilibrada. Cerezas en alcohol. Vainilla. Aromas de hogar, humo y cenizas. Algo de grafito. La parte oscura y húmeda del bosque en un atardecer de otoño. Buena frescura en boca, elegante y evolucionando de forma tranquila. Un poco de pan de payés tostado. Humo de nuevo.

Beronia Gran Reserva 1982. La Rioja Alta Gran Reserva 904 1982. 85% tempranillo. 15% entre graciano y mazuelo. 12,5. Tras la FAL, el vino se estabilizó  e hizo la FML en tinos de madera de más de 100 años. Después envejeció durante cinco años en barricas de roble americanas. Dos trasvases por año, diez en total. Cereza roja madura con tonos violetas. Brillante y con una luz inusitada. Complejo y especiado. Clavo. Pimienta negra. Hojas marchitas en el corazón del frío hayedo. Setas en el tronco del árbol seco. Paladar de perfecta estructura, pero poderoso: llena todo. Larguísimo posgusto. Es un vino que se encuentra en la frontera del estilo, entre la modernidad y la Rioja premoderna y preindustrial. Carlos Serres Gran Reserva 1970. Marqués de Murrieta, Castillo de Ygay 1970. Añada muy buena. 75% tempranillo. 10% garnacha, 12% mazuelo, 3% graciano. 13%. FAL en tinos de madera viejos de 18 mil litros durante 15 días. Casi el fin de una manera de hacer las cosas...Después del descube y prensado, 312 meses en barricas de roble americanas nuevas y viejas. Embotellado en septiembre de 1998. Brillante color del ámbar oscuro con dejes violáceos. Sutileza de los sabores de la madera vieja. Chocolate a la taza con agua y un poco de naranja. Canela en rama. Cuero repujado. Aguja de pino. En boca es un vino sensual, voluptuoso, con volúmenes y complejidad, de extraordinaria frescura y, al mismo tiempo, marcada acidez y profundidad. Largo y persistente. Un vino muy fino, de paso silencioso, para tomar en la complicidad de las buenas compañías. Bodegas Franco-Españolas. Viña Soledad Blanco 1959.

Joan&TomPerry Las fotos primera y tercera de este post han sido hechas por Paladar y tomar. La foto de las botellas es de Mihai Tudor Oprea, que me ha llegado gracias a las pesquisas de Fernando Paredes (Paladar y tomar). Le agradezco mucho su esfuerzo y generosidad.

25 octubre, 2013

Digital Wine Communications Conference

Darrer EWBC ara DWCC
Cuando vosotros estéis leyendo esta entrada, andaré yo de lleno en la mayor locura de mi vida enófila: Digital Wine Communications Conference! En mi vida había organizado ni montado una cata en público. Y por primera vez, y con la inestimable ayuda de Tom Perry, Catavino me convence para que la dé. Y en inglés...La idea se merece cualquier esfuerzo, sin duda: la reivindicación, sincera y sutil, de la capacidad de envejecimiento de los riojas de añadas más bien antiguas. Nada nuevo, por supuesto, entre los que amamos el vino de La Rioja. Pero es la primera vez que se monta una sesión de cata con este tema, Ancient Rioja Tasting, en la reunión de comunicadores digitales del vino (antes European Wine Bloggers Conference).

Poca broma porque van a salir piezas importantes, tipo Barón de Chirel del 95; Gran Reserva 904 del 82 o Viña Soledad del 59. Junto con otros siete vinos muy interesantes, que van a demostrar dos cosas. Una ya la tenemos clara: los riojas envejecen bien y con finura. Otra, quizá, no tanto: ¿cómo influyen los estilos de vinificación, diacrónicamente observados, en la conservación de un vino? Hoy mismo, cuando leáis esto, intentaremos encontrar algunas respuestas. Mi locura no va a terminar aquí. La organización y Doug Frost MW/MS me convencen, además (¿en qué andaría yo esos días...?) para que participe, todavía con Viña Soledad en mi paladar, en una conversación a tres bandas (también con Jenny Siddall) sobre Rioja - Tradition and Innovation at the Frontiers of Flavor, para hablar más bien de los sabores culturales de mi experiencia  de años en la Rioja. La idea me pareció muy interesante. Y allá voy a intentar decir algo también.

En pocas palabras: va a sufrir mi querido blog unos días de cierto parón y la actividad en Twitter, Facebook e Instagram va a crecer. Ya sabéis: bajando esta misma página a mano izquierda, tenéis los enlaces por si os apetece seguir la evolución de mi batacazo.


19 octubre, 2013

Manuel Vázquez Montalbán: 10 años

MVM 10 anys
18 de octubre de 2003: los pájaros de Bangkok dejaron de cantar. Las rosas de Alejandría se cerraron. El delantero centro se levantó como si nada. Biscuter dejó de ir a la Boquería. Manuel Vázquez Montalbán moría en Bangkok al pie del cañón, que es tanto como decir de un avión, viajando. En la cultura mediterránea no hay otra manera de estar con los muertos: los amigos se reúnen alrededor de la mesa, beben, comen (si es posible cosas que gustaran al muerto), cuentan detalles y anécdotas que vivieron en primera persona, se inventan cosillas, reconstruyen. Acaban recreando una figura que quizá no sea con exactitud aquello que fue en vida Manolo Vázquez Montalbán, pero que cumple con precisión el objetivo básico: MVM no ha muerto del todo. Seguimos leyendo sus obras. Seguimos recordando sus historias. Seguimos hablando, leyendo, comiendo, bebiendo, cocinando con él.

Ayer el Conuiuium de Slow Food que lleva su nombre, el de Barcelona, se reunió en el Matamala (km 0) con el conuiuium  de Colli Superiori de Valdarno (Toscana), del que MVM fue socio durante unos años. Tomamos el embutido que más gustaba a MVM (finochiona o salame sbriciolona e Fegatello), que fue de largo lo más interesante de la cena: curado con muy poca sal, con hinojo y semillas de matalahúva, con carne de cerdo muy seleccionada, un poco de pan con tomate y un buen Chianti Riserva Campo del Monte 2008 (Az. Agricola Campo del Monte), me hizo recordar detalles de mis pocos momentos pasados con el muerto al que estábamos convocando para charlar con él y resucitarlo por unas horas. Los Spaghetti alla Checco (mucho menos picantes de lo que, en los buenos tiempos, le habrían gustado a MVM: Asesinato en el Comité Central), de buena factura, y unas  excelentes costillas de cerdo con frutos secos y cítricos (Historias de fantasmas), completaron un menú que sólo pretendía una cosa: el reencuentro con Manolo a los diez años exactos de su muerte. Lo conseguimos. Salí pensando "desde los 15 años estoy contigo, desde que un profesor me hizo leer, ¡en la escuela! (bendito hombre), Informe sobre la Información, estoy contigo." Y no te voy a dejar. Siempre vas conmigo, cuando como, cuando paseo, cuando escribo, cuando cocino, cuando bebo. A veces paro y pienso "míralo con los ojos de Manolo". Y me divierto un montón. Seguimos, maestro.

15 octubre, 2013

Qué es una emoción: Turó d'en Mota

Tomo la primera parte del título de este post de un libro de mi amigo David Casacuberta, uno de los genios escondidos de este país: Qué es una emoción. Dice David que "sin las emociones no podríamos plantearnos ninguna actividad por simple y racional que nos pareciera. Y las decisiones a las que nos conducen son tan racionales, correctas y ajustadas a la realidad como a las que nos llevaría un pensamiento racional puro".

Turó d'en Mota de Recaredo. Cinco de la tarde de un domingo de octubre. Un grupo de privilegiados hemos decidido, de forma por completo racional, darnos una emoción. Veremos cómo se pone el sol tras unas cepas que representaron la mejor esperanza de futuro para quien las plantó. 1940. Fin de la Guerra Civil. Hambre. Frío. Terror. Cepas de xarel.lo: lo mejor de la tierra del Penedès. Casi una hectárea. ¿Tres mil, cuatro mil botellas? Hace quince años quien las plantó había ya olvidado por qué lo hizo y los Mata tuvieron una visión. Recuperar las cepas. Devolver la vida a la tierra que había dejado de alimentarlas. Pensar en el vino que devolviera una dignidad casi perdida. El mejor cuidado, la paciencia más exquisita, el menor susurro para un vino que nace para no dejarnos morir.
Vertica de Turó d'en Mota per Anna Vicens
Por primera vez (que yo sepa), con la complicidad de los Mata y de quien (junto con Astrid) ha ideado la emoción, bebemos una tras otra las cuatro añadas que Recaredo ha elaborado de ese vino, uno de los que más me gusta del país: Turó d'en Mota 1999, 2000, 2002 y 2001. En el mismo orden en que ellos decidieron en su momento que tenían que ser bebidos. Apenas tomo notas. Bebo, siento, callo, escucho, me emociono. Decido escribir sólo dos, tres palabras para cada vino. 1999 (degüelle de 28 de octubre de 2008): Sutileza radical. 2000 (degüelle de 16 de octubre de 2009): Vigor sin contemplaciones. 2002 (degüelle de 27 de septiembre de 2012): Oscura integridad. 2001 (degüelle de 15 de marzo de 2013): Trueno desde el mirador. Jugamos con los amigos a buscar un dios protector para cada vino: 1999 es para Apolo (alguien apunta Venus...no digo que no). 2000 es para Marte. 2002 es para Plutón. 2001...empiezo pensando que es para Mercurio alado pero al final me quedo con ese trueno, el de Júpiter Tonante.

Hoy he sabido qué es una emoción. Estar sentado junto a un viñedo muy especial. Beber el vino que las cepas que acaricias han dado hace tres semanas (el vino base que será, dentro de más de 100 meses, Turó d'en Mota 2013). Comer cuatro pasas que quedaron. Callar. Escucharte y escuchar. Beber el vino más antiguo de ese viñedo (1999). Sentir cómo la Tierra se desliza dentro de ti. Con amigos.  Gente que te quiere contigo. Entender, sin necesidad de palabras, el porqué de las cosas, qué es este vino, qué representa, por qué es como es. El valor del trabajo bien hecho, lento, silencioso. Para siempre dentro de nosotros. ¿Quién me va a seguir preguntando por qué estoy en el mundo del vino? Leerá este post y buscará, por favor, a cuatro amigos para compartir una botella. Lo entenderán. ¿Verdad?

El collage de fotos de este post ha sido hecho por Anna Vicens. Lo publico con su permiso.

11 octubre, 2013

Nuevos albariños de Xurxo

69 arrobas 2012
Descubrir nuevos vinos que te gustan es grande. Descubrir a las personas que están detrás de ellos es mejor. Reconocer que, con el paso del tiempo, esas personas se convierten en tus amigos, es lo más. Y ver, cómo al final de ese proceso, las charlas que los amigos tienen sobre los vinos acaban en una botella cuyo contenido también te gusta mucho, es felicidad. Cuento el proceso porque ha sucedido recientemente. Hace unos meses probaba de unos pequeños depósitos un nuevo albariño, en la bodega de Xurxo Alba (Albamar) junto a Adri (Viñoteca Bagos, en Pontevedra). Ambos, muy amigos, se me quedaron mirando con esos ojillos traviesos que comparten, como diciendo: "y bien, ¿qué te parece?" Les dije lo que pensaba: la habitual radicalidad de las propuestas de Xurxo (acideces de impacto, sabores auténticos y matices gracias al trabajo con lías en inox) se mostraba con mayor verticalidad y transparencia si cabe. El vino, que unos amigos (Adri y Fernando de Bagos) habían pedido a su amigo Xurxo ya está en la calle o quizás tras la barra de Bagos! Se llama Sesenta e nove arrobas 2012 y es una quintaesencia de albariño, que lleva incorporado el ADN de la tierra cercana al océano. Acero. Estilete. Corteza de limón. Sin concesiones. Alma de Xurxo, alma de Albamar. Mar a borbotones. Brisas atlánticas. A pesar de su mirada azul, casi asesina, el vino tiene cuerpo en la boca, tiene entidad y cierta untuosidad. Se entretiene y ramonea en el paladar antes de alegrarte el día, paladar abajo. Recuerdo del patio con limonero. El niño termina sus deberes, se acerca al árbol. Busca. Escoge. El olor de las hojas del limón arrancado. Aromas del desgarro. Exprime con la mano encima del vaso el salvaje limón. Cerca del mar del verano. Agua. Frescor. Sed aliviada. Ajedrea. Sal. Astringencia y carácter.

Era ya noche cerrada. Íbamos en el coche de Xurxo (que es metáfora de su alma, no digo más) hacia una fiesta de la que no sabía nada. Me fueron contando después, pero antes de llegar a eso (que no es tema para este post), Xurxo me interrogó sobre cómo veía las etiquetas de sus vinos. Y le dije, de nuevo, qué pensaba: que me faltaba un poco de congruencia entre los vinos que bebía y aquello que me transmitía el diseño de las etiquetas. También hablamos de las formas de algunas botellas. Por la tarde habíamos estado en el viñedo que más me gusta de los que trabaja, O Pereiro se llama, junto al campo de fútbol de Castrelo, en la desembocadura del Umía. Un sitio especial. Con el tiempo entendí el por qué de la charla: Xurxo tenía en la cabeza su primer albariño de finca y quería darle, no sólo un contenido único sino un nuevo envoltorio y una imagen renovada. Es la que tenéis en la foto interior, presidida por un mazarico. De nuevo la frescura, la brisa marina, la raspadura de limón. Pera limonera y salinidad, matizada por una fermentación maloláctica que se nota más en boca. Y por un trabajo cuidadoso con las lías. Consistencia, solidez y, al mismo tiempo, paso ágil en el trago. Ese perfil de acero de los vinos de Xurxo, matizado por la brisa del mar y la finura de las lías, se ofrece con generosidad en este Finca O Pereiro 2012, ya uno de los mejores vinos de mi amigo.
Finca O Pereiro 2012 de Albamar

07 octubre, 2013

Vinos naturales en España

Vinos naturales en España Portada jpg Esta semana pasada, el jueves sin ir más lejos, he tenido una sorpresa muy agradable. Llego a casa y encuentro un paquete de RBA que me espera en el rellano, tranquilo, sin prisas ni nervios. No puede ser, me digo...¿Será el libro? ¿Quince días antes de la fecha de salida prevista? ¡¡¡Y sí!!! El libro ha salido de la editorial con dos semanas de antelación, y RBA integral (el sello de RBA en que aparece) me lo ha mandado. Casi no me lo creo: en el catálogo de la editorial todavía no existo, pero un querido amigo me hace notar que, si quiero, puedo ya comprar el libro en la red. Los datos están algo equivocados (número de páginas: son 283) y sale sin portada en ese tienda telemática. Pero ahí está.

Estamos preparando una presentación para la prensa en Barcelona y, si fuera posible, otra en Madrid, para cuando termine la Digital Wine Communications Conference 2013, en la que me he implicado hasta las retrancas. Y después, me gustaría hablar de las personas y los vinos, de las tierras y las maneras de acercarse a ellas, que son las auténticas protagonistas del libro. Y hacerlo allí donde a la gente le apetezca hablar de ello. En los últimos siete años, mi manera de entender la naturaleza, y la viticultura dentro de ella, ha cambiado mucho, ha evolucionado. Mi manera de beber, de buscar, de entender, de disfrutar los vinos, también ha cambiado. Y he intentado explicarlo en estas páginas. He hablado en ellas de por qué me acerqué al mundo del vino desde el estudio de la antigüedad clásica. De cuál es, en mi opinión, la manera más respetuosa, natural y menos ruidosa de acercarse al viñedo para cuidarlo, para preservar su entorno y para embotellar su paisaje. He recorrido todos los pasos, desde qué tipos de cepa en qué terruño hasta el embotellado final, para explicar mi manera de ver las cosas. He intentado hacerlo sin tapujos pero con cordialidad y mucho respeto hacia los que piensan y hacen de manera distinta las cosas.

He querido comprometerme también explicando dónde y por qué encuentro algunos de esos vinos en España. Las páginas que me dieron para escribir eran finitas...y hubiera querido poner bastantes más ejemplos de cómo son los vinos y las personas que los hacen desde la óptica que he querido explicar en mi libro. Pero los que hay son, por lo menos, significativos: treinta y seis ejemplos de bodegas en las que he estado, charlando sin prisas ni reloj con las personas que hacen los vinos, bebiéndolos mientras estábamos en los viñedos o muy cerca de ellos, pisando el campo, oliendo el paisaje e intentando entender, en cada caso, qué hacían en la bodega, qué les hacía especiales, qué les hacía más próximos a esa tierra que otros. Siempre me acerqué a vinos que me interesaban, que me gustaban a priori, y siempre encontré a personas que me atraparon, que me contaron historias de su relación con la tierra a través de las cepas y del vino, que yo quería contar. Vinos y personas me ofrecen un placer sin filtros ni intermediarios: el de ver, oler y sentir un paisaje desde una copa y, si me apetece, sin salir de casa.

Siento que se cierra una etapa muy intensa de mi vida con la publicación de este libro. Me ofrece emociones tan grandes como las que me han llevado a escribirlo. Siento que ahora se abren nuevos círculos, que voy a andar con las mismas ganas, pero por otros senderos. Siento, con todo, que dos cosas no van a cambiar tras estos años, sobre todo, tras este último año, dos cosas que me acompañarán siempre y que voy a intentar explicar, si encuentro a alguien dispuesto a escuchar con el corazón más que con la cabeza: beber vino siempre será una de las formas más naturales, espontáneas y lúcidas de volver a un paisaje, a un territorio, a una cultura. Y acercarse a la naturaleza, defenderla y conservarla para poder transmitirla en buen estado a quienes nos sigan se puede hacer, también, a través del vino y de su consumo.  Por este camino voy a seguir andando, buscando y descubriendo, bebiendo, charlando y emocionándome. Y ojalá encuentre en él a alguno de vosotros. Sea en público o en privado. Pero dejándonos atrapar por los vinos auténticos.