04 septiembre, 2012

En Gran Canaria

Esto va a ser un experimento. Estoy un poco harto de estos días de impasse tecnológico, en que no puedo publicar todo lo que tengo en notas porque me faltan medios: cuando no es la cobertura o el programa en el portátil para las fotos de la nueva cámara (Mallorca), es la falta del cable adecuado y la ausencia de programa en el portátil que tengo en Las Palmas de Gran Canaria. Mañana, ya en Barcelona, espero poder publicar alguna foto interesante de los extraordinarios paisajes de Gran Canaria. Pero no quería dejar de comentar algo sobre ese paisaje, gastronomía, vinos y actitudes en esta isla, que es una de mis predilectas en la Macaronesia. Haré un pequeño "experimento": puesto que lo único que me funciona bien para publicar imágenes es el iPhone, publicaré alguna foto alusiva a este post en Twitter y, así, ustedes no tendrán más que mirar en la parte inferior del blog para acompañar este texto con un poco de "salsa gráfica"!

Tengo una ventaja en Gran Canaria: no estoy como turista ni tengo por qué ejercer como tal. Mis intereses y mi punto de vista, pues, son "solo" los de alguien que quiere conocer a fondo la isla, pero pisando poca playa y la menor zona turística posible. Sé que viven de ello y lo respeto mucho, pero la Playa del Inglés, Maspalomas, Puerto Rico y todos los complejos hoteleros de lujo que hay ahí, me interesan mucho menos que la Vega de San Mateo, el barranco de Santa Brígida, Tejeda o la Aldea de San Nicolás. No sé si me equivoco pero percibo una "isla de interior", una isla más agrícola que marinera, más dedicada a las labores del campo que a las artes de la pesca. Cierto: tengo que concentrarme más en el litoral, pero en lo poco que llevo visto, apenas he descubierto puertos pescadores en Mogán (y, en parte, remozado como si fuera una pequeña Venecia), el Puerto de las Nieves, el Puerto de Sardina y un trocito de, Puerto Rico. Por supuesto, hay riqueza de pescado atlántico en los restaurantes, pero mi primera sensación es más de papas, tomates, pimientos, garbanzos, cerdo, cordero, cabra y, por supuesto, uvas y vino. Los parajes naturales que se ven desde Tejeda (la parte más alta de la isla) y que salen de allí (sobre todo el Parque Natural de Tamadaba) te dejan literalmente sin habla: son, casi, de otro galaxia. Distintos y muy impactantes para uno que vive el Mediterráneo. Pero los paisajes humanos son, también, muy atractivos: los de los mercados, las tiendas de aperos y un campo (desde Monte Lentiscal hasta la Cueva Grande) al que el ser humano se ha adaptado pero para sacarle todo el jugo posible. Sobre un fondo de matiz volcánico mezclado con hierro, pizarras y basalto, desde Las Palmas hasta Tejeda destacan los palmerales, los huertos, los viñedos, estampados en buganvilias de mil colores y en chumberas que revientan de fruto. Aquí y allá algún drago y, ay!, la plaga omnipresente del eucaliptus, que ha colonizado la mayor parte de la carretera.

Dice la fama (quizás difundida por tinerfeños...) que en Tenerife se come mejor y más barato que en Gran Canaria, que hay allí mucha más oferta y a mejor precio. Es posible, aunque sólo sea por la proporcionalidad que viene de la población y del territorio y sus actividades. Pero yo siempre he comido bien en Gran Canaria, tanto si han sido verduras y legumbres, como carnes o pescados. Y todavía no he tenido la sensación de que me hayan "levantado" la camisa. Cierto, tampoco he tenido ninguna sensación de haber tocado el cielo gastronómico. ¡Todo se andará! Pero las papas arrugás de El Herreño (junto al mercado de Vegueta, en Las Palmas), el chorizo parrillero de la Cumbre (a 5 km de Tejeda en dirección a La Degollada), el pulpo con papas o los longorones en La Marinera (la Puntilla de Las Palmas) y la sama roquera o el atún rojo del norte de la isla (en el mismo local: primera foto publicada en Twitter, en la parte inferior del blog), han sido platos de nivel, sencillos pero muy sabrosos y todos ellos cocinados con productos locales. En cuanto a los vinos grancanarios (no he bebido otra cosa), de lo que he probado y visto sorprende la poca tendencia a guardar añadas "viejas". Tienen los restaurantes un atávico miedo (sobre todo en blancos) de que la cosa tiene que rotar; y que ofrecer o tener un 2010 ó un 2009 es malo. Más de un camarero me lo ha comentado. Yo quería probar alguna malvasía o algún listán blanco (las variedades blancas que suelen ofrecerse como monovarietales) con años. Y ha sido imposible. De lo probado (foto segunda en Twitter) el que más me ha gustado ha sido la malvasía de las Tirajanas, 12,5%, de la bodega homónima en San Bartolomé de Tirajana (el municipio que ocupa el centro sur de la isla, con una tierra que es bastante distinta de la que va del este al centro, mucho más seca, azotada por el viento y con menor contenido orgánico aquella). Es una malvasía fragante, golosa y con volumen en boca, aunque con cierta marca de acero en posgusto. No sé con cuál de las más de 30 variedades de malvasía existentes trabajan. Sobre cierta monotonía que he percibido en las vinificaciones, ya hablaré en otro momento...

14 comentarios:

Jose dijo...

Piensa Joan que esa carencia de medios tecnológicos son una oportunidad. Tienes la posibilidad de prescindir de la inmediatez y de la prisa, de poder escribir muy tranquilo, meditando y colocando toda palabra en su sitio y de utilizar cuantas palabras quieras. Puedes escribir "a la antigua" y eso es casi más un regalo, que un problema.

Y ¡ay los peces canarios! Cada pez que como no me es más que añoranza de los sabores de las samas, chernes, viejas y algún drachenkopf (sic) que allí comí.

Saludos,

Jose

Toni dijo...

Debe de haber algo de verdad en lo de comer mejor en Tenerife. Hace años que no voy por las Canarias, pero la oferta "popular" me pareció mejor considerablemente en Tenerife que en Gran Canaria. ¡Esos magníficos pesacados con papas y mojo!. Uhmmmmm...

Toni dijo...

Y que a muchos restaurantes les de urticaria si les queda algún blanco de hace 2 años es un mal generalizado.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Así lo he hecho, Jose, pero confieso que prefiero poder elegir...Cuando hago las cosas forzado por las circunstancias, no suelo hacerlas tan a gusto. Pero por fin,esta mañana tenía un par de horas libres y ganas de escribiralgo.Un blog sin imágenes es, un poco, como el pan sin el vino...pero ahí ha quedado el invento! Y confieso que no he visto este pescado de nombre alemán en carta alguna:¿con cara de dragón? ¿Será muy feo y de roca...? En mi próximo viaje,prometo buscarlo!
Saludos,
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

En los últimos años he venido bastante, Toni,sobre todo Tenerife y Gran Canaria. Y es cierto que en Tenerife he comido bien en cualquier bar.Pero no puedo comparar porque el tipo de sitios que he frecuentado en las dos islas no son comparables. No sería justo que lo hiciera.Pero decirlo, lo dicen incluso algunos grancanarios amigos que se mueven bastante entre islas.
Lo que me ha gustado es ese invento del pulpo con papas y mojo!
Saludos,
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Y lo de los blancos con algunos años, es que se lo toman casi con suspicacia,como didiendo "¿qué se ha pensado usted, que aquí no renovamos y tenemos sólo vino de la añada anterior?"
No ha habido manera, como tampoco la ha habido de poder beber algo de los Bermejo, de Lanzarote, que me gustan mucho.Parece que tuvieron problemas con una cosecha o una partida,no sé bien, pero siempre que he pedidome han dicho que imposible...con las ganas que tenía devolver a tomar su espumoso...

Jose dijo...

Tampoco yo sabía a que se refería el plurilingüe cocinero cuando con acento isleño me decía que tenía drachenkopf fresquito de esa misma mañana... y no atinaba con el nombre castellano. Le pedí que si tenía una pieza entera me lo mostrara. Resulto ser el rape ;-)

Saludos,

Jose

Joan Gómez Pallarès dijo...

El cocinero isleño debía hablar el dialecto de Michael Ende...jamás había oído que al rape se le llamara así en alemán. Lophius sí, pero "cabeza de dragón"...hay que reconocer que está bien pusto el nombre!
Saludos,
Joan

biodinamicos del sur dijo...

Hola Joan.
Grata sorpresa, Gran Canaria.
Estuve por allí cuando el Puerto de Mogán eran cuatro casas y un bar donde iban los pescadores y los que nos quedábamos en Taurito, una playita cercana.
Me gustan los pueblos del interior, los que miran al sur: Fataga, San Bartolomé, Temisas y especialmente Santa Lucía de Tirajana. Son más áridos pero tienen más fuerza.
Saludos
Antonio Sánchez

Joan Gómez Pallarès dijo...

Se intuye, Antonio, ese aire en el Puerto de Mogán en las casas que quedan en la parte derecha, a la entrada del puerto, según bajas. Es una pena que el resto se haya contaminado de una homogeneización turística mal entendida. Era un sitio para hacer las cosas con gusto: sin duda es el trozo de puerto del suroeste que más me gusta. Sentarse a la sombra de esas casas que miran a poniente es una gozada. Yo no sé decir todavía qué me gusta más, la verdad, aunque entiendo perfectamente tu sentimiento hacia ese tipo de tierra y esos pueblos. Por ahora, mi coche me lleva siempre a las vegas de Santa Brígida y de San Mateo, hasta Tejeda. Ese paisaje, quizás por el contraste con el sur que comentas tú, me atrae mucho. La combinación de buganvilia, palmera, huerta, vid, frescor inconcebible para una isla como Gran Canaria, me pueden...
Saludos,
Joan

biodinamicos del sur dijo...

Joan, seguramente habrás ido al Barranco de Guayadeque pero si no has ido, la próxima vez no te lo pierdas. Era otro de mis lugares favoritos.
A disfrutar de todo el tiempo del mundo.
Antonio S.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Lo más notable en esta ocasión, A., fue la carretera que va de Tejeda a la Aldea de San Nicolás, que bordea por el sur Tamadaba, siguiendo el recorrido de los embalses. Impresionante la dimensión multidimensional del paisaje: parece que estás viendo lo mismo pero en siete planos de lejanía distintos. Y esas cuestas son tremendas. Creo que ese barranco no está por allí, ¿no?
Saludos,
Joan

biodinamicos del sur dijo...

No sé si esa carretera estaba en aquella época. Fui a la Aldea desde Agaete y caminé por aquellos pechos subiendo desde la Aldea, todo eso es muy fuerte, vivir por allí, en las presas, era la opción más radical. Mogan, Santa Lucía o el Valle de Gran Rey (Gomera)eran más sueves aunque había conexión entre las personas (hippis) que habían venido de muchos lugares a vivir por allí en los setenta.
El barranco de Guayadeque es algo más doméstico, mira al sur y se sube desde Agüimes. Justo arriba hay un bar excavado en la roca donde ponen esa comida canaria tan sabrosa.
Saludos

Joan Gómez Pallarès dijo...

Sí, nosotros también pasamos por Agaete y la Aldea y esos acantilados sobre el mar son, casi, como los de Ravello. Mi segunda foto fue tomada a contraluz y no hace los honores a lo que ese paisaje es. En Guadayaque no he estado seguro. Tiempo habrá para todo!
Saludos,
Joan

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