25 agosto, 2012

Y una digresión, final

Kardamyli 2
La foto superior es de la costa de Kardamyli, al sur de la península del Peloponeso, en Laconia. Pertenece a Flickriver. La inferior es del Cap Ferrutx desde la ermita de Betlem, en la costa noreste de Mallorca. Un Mediterráneo las separa, el mismo mar las une. Paso los veranos leyendo o releyendo (según Joan Fuster, ésa es la única forma seria de leer) a Patrick Leigh Fermor, el más grande escritor sobre viajes que haya existido en el siglo XX inglés. Fermor empezó su viaje de niño, con las primeras letras griegas. Tanto le fascinó el alfabeto y la cultura que transmite, que no los abandonó hasta morir. Si es que ha muerto...Formalizó la pasión por la narración de sus viajes muchos años después de haber hecho el primero: a los 18, de Londres a Constantinopla (1933), en dos libros extraordinarios, A Time of Gifts (mi preferido: parece que no pasa nada pero se ponen los cimientos de todo) y Between the Woods and the River. Desde ese momento hasta el de la escritura de Mani. Viajes por el sur del Peoloponeso (Acantilado, Barcelona, 2010, ISBN 978-84-92649-67-9), en la isla de Hidra, en 1958, muchos otros viajes se sucedieron, desde la capital del Imperio de Oriente hasta Creta, la isla en la que aterrizó en paracaídas como capitán del ejército inglés (II Guerra Mundial), para raptar al comandante nazi de la isla, Kreipe, y convertirse (quizás a su pesar) en leyenda.

Fermor solucionaba las cosas caminando (soluitur ambulando!) y su libro sobre la región de Mani (Mani Externo, Mani Profundo) es un ejemplo vivo de ello. Los senderos y las cuestas de la región, el calor, el sudor y el cansancio extremos son tan importantes para la lectura como el descubrimiento de los caminos hacia ese mar plagado de nereidas y de Venus, con una de las entradas reconocidas al Hades incluída (en el fin de Europa). Es un libro emocionante porque nos descubre su enamoramiento de Kardamyli, la Bizancio restaurada, el pueblo que se iba a convertir en su hogar para siempre (alternando con Inglaterra y el resto del mundo, por supuesto): "el quedo encanto de Kardamyli crecía con cada hora que pasaba...el mismo sosegado encanto domina la totalidad de este pequeño y lejano pueblo. Refrescado en verano por la brisa proveniente del golfo, la gran pantalla del Taigeto impide el paso de importunos  vientos del norte y del este...es como esos elíseos confines del mundo donde, según Homero, la vida es más sencilla para los hombres: allí no nieva, no soplan los vientos fuertes ni cae la lluvia, solo el melodioso viento del oeste corre perpetuamente desde el mar para traer frescor a los habitantes del lugar. Me vi muy tentado de convertirme en uno de ellos..." (pp. 48-9). Lo hizo.

En la zona de Mallorca donde vivo el viento sopla del este pero la Serra de Tramuntana oficia de Taigeto y el paisaje de rocas desnudas, vegetación rala, olivos, almendros, mar transparente y cielos brillantes es muy parecido. Mani y Kardamyli de mi admirado Fermor me han hecho mirar de otra forma a Mallorca. Es cierto que aquí cada rincón, cada piedra no esconde una historia que contar (como sucede en el Peloponeso), pero la forma en que se viven las cosas más sencillas y el entorno son bastante, si no muy parecidos: "una compensación de este tipo de viajes es el ocio sin planes ni reglas entre los rigores del desplazamiento...las semanas pasan; el mudo clamor de las misivas se apaga sin respuestas...esta vacua y olímpica molicie se vuelve aún más preciosa ante la evidencia, manifiesta en todas partes, de trabajo arduo y tedioso...de cuando en cuando uno se encuentra a sí mismo...colaborando en alguna agradable e imprecisa tarea" (p. 212). Es así: leo y escribo sin demasiado orden, hago lo que me apetece, publico y apenas nadie atiende. Nado y me sumerjo a todas horas. El silencio y la serenidad del mar interior me sobrecogen. El mundo padece un sopor que conviene no romper. Esa olímpica, casi me atrevería a apostillar "homérica", molicie de Odiseo, que ha llegado a la playa de los Feacios y dormita sin saber si su mundo es todavía éste o ya aquél. La gente andará desgañitándose por ahí, pero la falta casi absoluta de respuesta a mis acciones y la prohibición, autoimpuesta, de contacto mínimo con las noticias del mundo exterior, me permiten vivir como Fermor, sin planes muy concretos y prestando la debida atención a la lectura, tanto como a la escritura o a la charla o a Sirio o a las Pléyades o a los tomates o a las cepas o a lo que me apetezca en cada momento.

¿Que esto puede suceder en Suecia tanto como aquí? Para mí, no. Para un tipo como yo que, con todo el respeto y las debidas distancias con Fermor, ha bebido de fuentes parecidas, aunque su agua no resulte ni tan fresca ni tan agradable, hay tres sitios donde se puede vivir una experiencia parecida. Los tres en el Mediterráneo, cómo no, los tres de características físicas y espirituales parecidas: el sur de Mallorca. La costa Amalfitana (Ravello y Paestum, sobre todo). El sur del Peloponeso, desde Kardamyli hasta el Ténaro (el cabo de Matapán). Asnos. Hinojo silvestre. Rocas cayendo sobre el mar. Limoneros. Almendros. Olivos. Viñedos. Algarrobos. Trigo. Higueras. Ovejas. Alguna vaca. Cernícalos. Mar. Sol. Cielos estrellados. Agua como una joya. Desde que Paris raptó a Helena e inició "aquella crucial e incendiaria luna de miel, entre los susurrantes hinojos" (p. 390) hasta hoy. Y Fermor descubrió, justo al final del libro, que eso había sucedido en la isla de Marathonisi (la homérica Cránae), en el instante en que "todo pareció desvanecerse, excepto la oscura silueta de la isla" (p. 390), que se había convertido ya en su siguiente aventura. Por eso siempre viajamos. Por eso siempre volvemos. A Kardamyli, a Ravello, a Mallorca, a cualquier elíseo rincón de este mundo donde la vida nos sea más sencilla y el ocio sin planes ni reglas, norma.
Cap Ferrutx 2

21 comentarios:

El Gaitero del Cabo La Muerte dijo...

Un post muy guapu, maestro, yes un crak.
Un abrazo,
Carlos,

Jose dijo...

El Mediterráneo no es sólo un mar. Para comprenderlo hay que comprender a los almendrucos, al sol que rompe las piedras y, sobretodo, oler los algarrobos a media tarde.

Saludos,

Jose

Joan Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias, Carlos! Acabo de llegar del barco hace un ratillo. Tenía la idea de escribir una apostilla a este post, pero no me ha dejado un mar que, a ratos, parece casi muerto...plásticos, millones; medusas, cientos; peces y aves, poquísimas; mamíferos: cero.
En fin...
Un abrazo,
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Nosotros vivimos rodeados de algarrobos centenarios, Jose, y mis hijos me preguntaban, casi con desdén, que para que servían esos colgajos...Aparte de hablarles de la posguerra y más y de que todo quisque en el campo comía de ellos, y del pienso del ganado, se me ocurrió lo de la harina...y claro, cada día comían algarrobo porque su ahrina se utiliza en los helados de Mallorca...
Partir una algarroba madura y oler es cosa seria. Cuando hablo del olor de la algarroba en un vino pienso que no todos tendrán en la cabeza ese olor...
Saludos,
Joan

Jose dijo...

Es un olor muy intenso si además han sido calentadas por el sol de agosto. Algún monastrell me ha sacado de la memoria ese aroma.

Saludos,

Jose

Joan Gómez Pallarès dijo...

Una algarroba partida al atardecer, tras un día de sol intenso, es algo especial.
Cuesta de definir, verdad? Tiene un dulzor concentrado, casi agrio, y un punto como de piel de berenjena morada recién cortada. Yo he encontrado ese aroma en varios vinos tintos, no solo de monastrell, y creo que la cosa debe ser más debida a efectos terciarios de las maderas que no a aromas propios de la fruta. Voy a ver si encuentro información, aunque sobre lo que se suele escribir es sobre las propiedades de la harina de algarroba, la goma garrofín.
Saludos,
Joan

Jose dijo...

Es un olor realmente denso.

Oler las algarrobas.... y saltar alguna valla de piedra para coger algunos almendrucos y algunos higos con los que echar la tarde... Cosas de infancia mediterránea :-)

Saludos,

Jose

Joan Gómez Pallarès dijo...

Rn Mallorca son más pillos. Los que no tienen higueras o almendros en propiedad (en los algarrobos ya nadie repara, aunque a mí es un árbol que me gusta mucho: tiene unos troncos con unas formas increíbles y sus hojas son frescas y densas como una lechuga) van por las carreteras y todas aquellas ramas que salen de la propiedad y "caen" en el camino o carretera, son depredadas! Saltar un muro de piedra seca no es difícil (aunque hay que calcular bien, porque si te la pegas, las heridas de esas rocas con tanta arista son duras...), pero tiene un punto de "delito" grande...Y aunque todo parezca abandonado, no sé por qué pero siempre acaba habiendo alguien...
El campo en Mallorca ha cambiado muy poco. Han entrado los tractores, claro, pero incluso sigue habiendo un montón de carros que van y vienen con sus machos. Y la pasión por los animales, sobre todo gatos, perros, asnos y caballos, sigue siendo muy alta. Y todos tienen su utilidad, incluso los trotones! Y ese culto por la caza, que sigue tan vivo, incluso la caza sin escopetas, con perros, exactamente como se hacía en el Imperio Romano en el siglo II d.C.
Hay muchas cosas de la Mallorca de hoy que me siguen recordando mi infancia y mi primera juventud, también en la costa y en los pueblos agricultores de cereales del interior de Catalunya.

Anónimo dijo...

Leigh Fermor va ser, realment, el darrer d'una espècie extinta, un d'aquells homes que sembla que només la cultura anglesa és -o, millor dit, era- capaç de produir. En un dels seus moments de clarividència, Ortega va dir que l'Imperi britànic descansava, misteriosament, sobre dos pilars que semblen contradictoris: el pragmatisme anglès, i la rigurosa instrucció en cultura clàssica que rebien els qui després s'enfrontaven al món amb la mateixa audàcia que els herois clàssics -i, cal dir-ho, amb la mateixa violència, en molts casos-. En fi, reflexions de final d'estiu, abans que la realitat ens caigui a sobre amb tot el seu pes. Només una cosa: a aquests tres indrets que esmentes, no se li hauria d'afegir Sicília? Al meu entedre, cap lloc, ni tan sols Grècia, acumula la seva densitat, la seva força i la seva bellesa. És el veritable òmfalos del Mediterrani, i encara més ara que Foradori, Occhipinti et alii elaboren uns vins que fan somiar. Salutacions, Joan. Albert Farràs.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Bon dia, Albert, i moltes gràcies pel teu comentari, valuós i interessant. Conec alguns d'aquests grans homes del segle XX anglès i s'ha de dir que els que es van quedar "només" (amb unes grans, enormes cometes!) amb el desenvolupament de la cultura clàssica, no tenen (si més no en mi) l'impacte d'un Fermor: Michael Winterbottom, Bob Nisbet, Bob Courtney (aquest irlandès...), etc. Els falta la capacitat d'ultrapassar el sentit de l'aventura intelectual més enllà del manuscrit. Fermor ho va fer per un sentit d'apropament a la natura que és, gairebé, el del Gerald Durrell. Crec que el que realment distingeix aquests grans personatges és la seva relació, perdó per la figura etimològica, tan natural amb la natura, potser fins i tot més que el pragmatisme. Que hi és, és clar, perquè si repasses les seves biografies i veus com es van haver de resoldre les coses durant la seva educació primera,lluny de la mà protectora dels pares, entens què vol dir senzillesa en la resolució dels problemes.
Sicília. Intento erxplicar-me sense escriure un altre post, que és el que escauria a la qüestió! Els tres llocs que he citat tenen una cosa que jo no he sabut trobar a Sicília: una mena de síntesi d'espiritualitat que navega entre les rocas que formen el paisatge, en la seva unió amb el mar (i quins tres mars, els que cito) i, indefugible tríada, amb coses que em recordin més o menys poderosament el món del que venim. Paestum-Ravello és senzill d'explicar. Kardamyli i el sud profund de Mani i del Peloponès ho és menys, potser: si bé l'arqueologia que hi ha és, sobretot, bizantina i posterior, les històries que "amaga", arriben sovint fins a Homer. El sud de Mallorca potser encara és més difícil de justificar: les seves restes gregues o romanes són, pràcticament, inexistents, tot i que la petjada de la civilizació, des de la talaiòtica, es pot seguir sense problemes. Aquí la relació amb elmar i el paisatge és més intensa per a mi. I la recent descoberta que a Cabrera hi va haver un monestir bizantí datable entre els segles V i VI d.C., m'ha fet mirar tot plegat d'una altra manera.
Sicília ho hauria de tenir tot, oi? Però jo no hi he trobat mai, en els camins y km que hi he fet, aquesta conjunció. Diries, potser, la majestat impressionant del teatre de Taormina amb l'Etna com a atrezzo...però quan s'acostes a la platja i a l'aigua, et voldries fondre. Diries Segesta (Selinunte i Agrigento em criden molt menys). Segesta és un lloc impressionant, probablement el que més per a mi de Sicília, però segueix faltant-m'hi el mar... Enlloc de Sicília (no parlo d'illes menors, eh?) m'hi he pogut banyar com als altres llocs.
Potser és per això que no hi és en aquesta mínima nòmina de tres. Ara, ben cert, a l'Occhipinti que no me la toquin. I a la tradició de fer vi, que és gairebé tan antiga com la de Grècia (actual), tampoc. L'Elisabetta Foradori, que jo sàpiga, no fa vins a la illa.
Salutacions!
Joan

Anónimo dijo...

És interessant el plantejament que fas, Joan. Tanmateix, t'he de confessar que, a Mallorca, amb totes les seves belleses, i malgrat haver-hi viscut moments d'epifania, m'envaeix molt sovint la sensació -tan freqüent, per desgràcia, en aquest país- de possibilitat no realitzada. Penso sovint: si això no s'hagués fet, si això altre s'hagués preservat... I, quan parlem de vins, la meva nostàlgia de Sicília -i d'Itàlia!-, es fa encara més gran -per cert, és veritat que se m'ha colat la Foradori-. Sens dubte, a Mallorca hi ha coses interessants, però, a la vegada, em sembla que hi ha inèrcies molt discutibles profundament arrelades: per què, en termes generals, abusen tant de la fusta? I, per què tants Merlots i Cabernets? Sí, les circumstàncies, la història, ja ho sé. Tanmateix, això no em consola de la pèrdua irreparable de riquesa varietal esdevinguda durant durant la segona meitat del s. XX. I no segueixo perquè començo a semblar l'apreciat Jordi Alcover, el qual, no cal dir-ho, d'aquestes coses en sap un munt més que jo. Força i salut. A. F.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Cert, Albert, en general abusen una mica de la fusta i, amb blancs, de lies. I cert, també, hi ha hagut un moment que em semblava sengtir el Jordi!!! Però aquest que descrius és un mal que afecta tant a Mallorca com a Sicília, on hi ha nero d'avola, sí, i g¡frappato, també, però molt més merlot i cabernet sauvignon i, fins i tot, tempranillo (en diuen, vaja). A Mallorca ha passat el mateix, però també hi ha molt callet (cada cop més) i manto negro i gorgollassa i premsal i giró. En la idea que tenía a partir de la lectura de Fermor les varietats de raïm i el vi que s'hi fes no eren una variable que tingués en compte. Posats: tant de gust em ve el Giusto Occhipinto com el Toni Gelabert, per dir dos dels noms que més respecto a les dues illes. I que van començar a fer vi en un moment semblant. La cosa anava més de paisatges, de roques vora mar, d'aigües on banyar-se molt de gust, i de tradició cultural. Una barreja de Segesta, Erice, Villa del Casale, Prizzi i l'aigua de la vora d'Agrigento estarien molt bé, ho reconec! I podria passar de la triada a la tetrarquia sense cap problema.
Salut!
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Em deixava Caltanissetta, és clar...I Monreale, per completar el tema bizantí...Monreale i els seus mosacis són una cosa realment única.
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Ya sé que es culpa mía, Jose...

Jose dijo...

... me debió pillar en el cambio de guardia ;)

Saludotes,

Jose

Joan Gómez Pallarès dijo...

Tienes todas las gracias y todos los perdones concedidos de antemano! Es que rompí el ritmo contestando dos veces a Albert...¿Cómo iba a dejar en el tintero a Monreale, donde, además, se hacen los mejores cornetti con marmelata de la isla?
Vamos...
Un abrazo,
Joan

Vicente Vida Lanzas dijo...

Hola Joan
Bonitas tierras las que describes. ¡Que buenos recuerdos!
Es curioso como ligamos nuestra memoria olfativa con ciertas situaciones vividas. A mi el olor de las algarrobas me recuerda mi niñez. Cerca de la casa de mis padres hay un parque en que plantaron algunos algarrobos. El olor de las vainas maduras, que caían al suelo, cuando las partíamos es muy característico. Sin embargo no lo he encontrado nunca en un vino, y no se si me gustaría encontrar esa madurez en un aroma.
Saludos
Vicente

Joan Gómez Pallarès dijo...

Nuestra vida son olores, Vicente y es de las cosas que, por lo menos yo, mejor recuerdo. Supongo que irá a tipos de memoria, no sé de eso, pero en mi caso es claro. Ese olor de la vaina partida, si está recién caída y no ha empezado a fermentar, a mí me gusta bastante. Pero, como bien apuntas, es un aroma muy especial y que te dé placer encontrarla en un vino, es ya algo muy personal. Yo lo he encontrado en vinos de uvas que quizás llamaríamos algo rústicas, desde un foja tonda italiano hasta la bobal o la monastrell. Pero tampoco tengo claro que sea una cosa de las uvas. Más bien tiendo a pensar en una combinación de aromas primarios y terciarios que me lleva a ese recuerdo. Vaya, más que recuerdo...es una sensación viva! Llevo en el coche, como recuerdo de los días pasados, una ramita de olivo y un par de algarrobas!
Saludos,
Joan

Joan Franquet dijo...

En Cerdeña también hay parajes parecidos, buenos vinos sobre todo blancos(gran vermentino) y dulces tipo pasitos. Recuerdo una cata con 3 amigos en la cantina "comunale dil vermentino"...bebimos como 100 vinos dulces y blancos. Cerca del Alguero con las cuevas de Neptuno. En fin la leche, el queso pecorino y otros...en fin el mediterráneo. Siempre fuera de la época turística.
En Córcega gran ruta la belleza de Bonifacio en barco a un tiro de piedra de Cerdeña.
Corcega es una isla llena parajes , comida y grandes vinos. Después de curvas y curvas llegar al final del mundo en el " CAP DU CORSE" ..todavía tengo muchas botellas del "Muscat cap du Corse" de varias bodegas muy pequeñas. Embellece muy bien y coge complexidad año tras año.
No nos dejemos una excursión desde la Sicilia ( ya comentada) a la Isla de Panteleria , que pasitos más buenos. En fin que la variedad del mediterráneo es imposible de conocerlo todo. En fin que voy a comentar a todos no gustaría tener todo el tiempo del mundo para poder viajar y conocer cultura gastronómica, viticultura... Joan bravo por tus crónicas que sigo desde hace años...pero escribir no es lo mío por lo que admiro tu dedicación, capacidad de transmitir y entusiasmar a todos los lectores y seguidores. Sigue espero leerte muchos años más !
Joan Franquet

Joan Gómez Pallarès dijo...

Benvolgut Joan,
tus palabras y tu espléndida contribución dan sentido a mi blog, sin más. Te las agradezco de corazón. Por desgracia hoy no puedo ponerme a contestarlas con calma y cariño, que es lo que merecen (día muy ajetreado hoy), pero mañana lo haré sin falta.
Salut!
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Buenos días, Joan, y muchas gracias de nuevo por tu comentario y por las descripciones que haces de Cerdeña y de Córcega.
Yo he tenido la suerte de estar algunas veces en Cerdeña y también es isla que llevo en el corazón. Incluso una vez la hice de norte a sur en el único tren que hay (de Sassari a Cagliari) y es uno de los recorridos más fascinantes que he hecho jamás.
Es posible que sus tintos sean vinos con los que ya no me siento tan cómodo ahora mismo (ya mi perfil se ha decantado un poco...), pero los vermentinos sardos, más de la costa oeste, son vinos que dan juego.
De Córcega conozco poco, m´s de vinos que de paisajes...uno de los hombres y bodegas que más admito es corso de pura raíz: Antoine Arena, en la zona del Cap Corse. Sin palabras para él.
Y Sicilia es otra bomba de esencia mediterránea, con una tradición tan dilatada que se hace difícil, por más veces que estés, asimilar todo lo que te ofrece: desde la Grecia clásica más intensa hasta el Novecento, es que lo tiene todo. Y sobre todo, paisaje, personas y producto. Pocas veces he comido y bebido con tanta pasión y placer como en Sicilia, desde los mejores cruasanes rellenos de mermelada hasta cualquier pescado de roca, pulpo, pez espada, terminando por el enorme crecimiento cualitativo de los vinos en la isla en los últimso años, mucho más interesantes, como conjunto, que los que ofrece Cerdeña ahora mismo, desde mi punto de vista, claro.
En cualquier caso y en cualquier isla del Mediterráneo, seguir la huella de lo que fuimos para seguir reencontrándonos hoy es un ejercicio sentimental de primer orden. Y da un enorme placer, físico y moral.
Abrazo,
Joan

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