19 agosto, 2012

Quintas impresiones

Hostal Playa en la Colònia de Sant Jordi
El Hostal Playa (C/ Major, 25, Colònia de Sant Jordi, telf. 971655256) representa la tradición y la esencia de la hostelería en Mallorca. Fue el primer hotel de la Colònia de Sant Jordi. Hoy, la localidad (que depende de Ses Salines), se ha convertido en un infumable pastiche de cemento, ruido y constantes agresiones al mar que mira a Cabrera. Pero el Hostal Playa y su terraza se mantienen como si nada hubiera pasado a su alrededor. Los booms inmobiliarios y las hordas de turistas, han respetado el lugar y lo han convertido, de hecho, en la esencia de aquello que fue en Mallorca y ya no es. Puede que su alter ego en el norte sea El Guía (Ca's Pentinadó), en Sóller, no por casualidad restaurante de otro hostal.

El secreto está en que desde 1934 se encuentra en manos de la misma familia, que lo renovó en su momento pero con discreción y conservando los elementos que, hoy, convierten al Hostal en un punto de referencia. Su terraza (foto inferior) es la mejor de las que conozco en el sur de Mallorca: orientada a Cabrera y con vistas impresionantes sobre la zona, puede hacer uno en ella casi la abstracción de que las cosas no han cambiado. Si uno no se mueve de la terraza, claro...La atención, aunque haya algún despiste de servicio (hay gente joven y, quizás, temporal en la sala), es muy buena y el dueño joven está en todo. Amable y con una experiencia del pescado de Cabrera que tumba. El problema, como siempre con ese material extraordinario, es el precio...
Gall de Sant Pere antes
Pero cuando te ponen un gallo de San Pedro ante tus narices de casi dos kg, aunque vaya a más de 60€/kg, acabas "picando". Es uno de los pescados que más aprecio y poder tomarlo con esa envergadura y con verduritas a la brasa, como el mismo pescado, es un lujo que pagamos. Casi diría que a gusto. La textura del pescado era de frescura extrema, la solidez y suavidad de sus carnes, impresionante, y el punto de cocción en la brasa, sublime. Antes, habíamos tomado de entrante unos sabrosos (aunque no extraordinariamente tiernos) calamares fritos a la andaluza (demasiado caros para lo que era la ración: 16,5€) y un trempó suculento, al que habían renovado con tropezones de pera, mango y alcaparras. Me gustó. Antes todavía, había tenido que lidiar, con el consiguiente disgusto, con la carta de vinos. De largo, se trata de lo peor del restaurante. En mi opinión, alguien tendría que hacerles una reflexión sobre qué vinos interesantes se hacen hoy en Mallorca porque no basta con tener algunos vinos mallorquines. En un sitio así hay que tener calidad. Y de eso, había poco.

Tan poco que contraviniendo todas mis reglas (allí donde vas, bebe el vino de la tierra), tuvimos que terminar con un Raventós i Blanc. Los lectores de este cuaderno saben que no tengo nada en contra de esta empresa, al contrario. Me considero amigo de la casa y disfruto con muchos de sus cavas. Pero no era de recibo quer tuviéramos que acabar con un Raventós i Blanc Reserva Brut del 2009. Estuvo rico y acompañó bien, pero no era lo que yo quería para el gallo, ni de largo. Las copas para el vino son algo que tienen también que revisar. Y el apartado de champagnes, es un grito apologético al boom del ladrillo: mal gusto y poco criterio. Eso sí: botellas por encima de 50€ para que quienes las pagan, se sientan más "a gusto" con lo que identifican como buen champagne. Sin duda, esta parte fue la peor. El dueño proclamaba, en una mesa vecina, que su local "es una casa de comidas". Es posible que, en un menú de mediodía y en invierno, eso sea así. Pero cuando hacen la temporada (que no será, en total, de más de dos meses en verano, y en días alternos), sus precios y el tipo de cosas que sirven son algo bien distinto. Y el objetivo que buscan es, turista o no, un cliente pudiente que no mira demasiado la cuenta. Nosotros sí la miramos. Y mucho. Y como decía, si recibimos en reciprocidad por lo que pagamos, nos vamos contentos. Del Hostal Playa nos fuimos contentos, lo confieso, porque tienen una terraza excepcional, porque nos trataron bien, porque el género era de extrema calidad (incluyo aquí unas patatas fritas que comió uno de nuestros hijos, de Es  Llombards: extraordinarias) y lo cocinan todo sin secretos y en su punto.

Si hubiéramos pagado 40€ por cabeza en vez de 55€  (tres primeros, cuatro segundos, tres postres, refrescos y una botella de cava; las aceitunas te las cobran aparte) y hubiéramos bebido en copas correctas algún buen vino mallorquín, me hubiera ido más contento todavía. La gente tiene que saber los pros y contras de un hostal que, con todo, es uno de los lugares que uno tiene que conocer en el sur de Mallorca. Sobre todo si no le importa cuánto paga y que le sirvan un espumoso (aunque sea de una célebre viuda...) con una minicopa de comunión salida del congelador.
La mejor terraza del sur de Mallorca Hostal Playa Colònia de Sant Jordi

10 comentarios:

SIBARITASTUR dijo...

60 € kilo un sampedro?, buuuf. No entro en comparaciones pero entre 15 € kilo que lo compro aquí en una pescadería hasta los 60 de un restaurante..., eso si, no son de 2 kilos.
Y este es el tipo de cosas que te comentaba en entradas anteriores, lo de profesionalidad. Si eres un profesional estricto, tienes las copas decentes y una carta de vino equilibrada, entre otras cosas..

Joan Gómez Pallarès dijo...

Como todo en la vida, Jorge: he ahí un buen ejemplo de qué cuesta vivir en un sitio u otro...En Barcelona sale por unos 30-35€/kg normalmente, ellos lo comprarán en la lonja de la Colònia o en la de Palma más barato, seguro. Y lo ponen al precio que lo ponen por lo de los dos meses de campaña estival...y algunos imbéciles, una vez cada verano, solemos picar, aquí o allá...Conste que nadie intentó engañarnos. Me supieron peor otros detalles del restaurante que el del precio del gallo, en efecto.
Saludos,
Joan

Toni dijo...

¡Qué casualidad! Pasé hace un par de meses por delante.
Por cierto, tienes razón, que fea encontré a la Colònia de Sant Jordi. Tenía mejores recuerdos de hace veintipico años cuando pasé una temporada trabajando en Mallorca.

Joan Gómez Pallarès dijo...

Hoy hemos estado en Es Trenc, Toni, en la parte centra, y cuando miras a tu izquierda en dirección al mar te das cuenta de la desgracia que hicieron en la Colònia de Sant Jordi y en la que podrían perpetrar en el otro extremo, en la Ràpita. Yo también tengo recuerdos de hace muchos años y, por suerte, muchos sitios siguen casi igual, gracias a la lucha de mucha gente. Este, no...

Anónimo dijo...

Una cosa hay que admitir... ese gallo tiene una pinta increible!!
Y la foto de la mesa, me resulta muy evocadora. Parece un sitio muy bonito, supongo que, como dices, corrigiendo algunos detalles...

Joan Gómez Pallarès dijo...

El gallo y la terraza fueron lo mejor, sin duda. Llámame pejiguero pero para mí lo del menaje no es detalle menor aunque sí facilmente solucionable. Lo de la lista de vinos, por desgracia, depende ya de otros compromisos del restaurador...ahí sí hace falta real voluntad del propietario y que si público se lo demande, claro! A veces me temo que el tema está muy allí: si no hay 'presión', tampoco hay esmero en pulir 'detalles'.

Laura dijo...

Este año ha sido el primero Joan que no hemos pisado el Hostal Playa. Desde que lo descubrimos hemos intentado ir cada verano, incluso algun año hemos repetido pero este no pudo ser. Aún tenía muy reciente en la memoria la cuenta de la última vez . No solo es por el importe de la factura global sino porque siempre me ha dado la sensación de que el margen estaba/está un poco inflado. Aunque estoy de acuerdo contigo en todo: la materia prima es excepcional (igual que recuerdo la cuenta recuerdo el homenaje que nos dimos con un suculento mero que comimos), el servicio tambien lo encontramos muy bueno, los acompañamientos de los platos eran sencillos pero caseros y de calidad y la terraza no puede ser más apetecible.
Pero la sensación de estar pagando de más venció al placer de comer uno de los mejores pescados de Cabrera y este año no repetimos y eso que aún recuerdo además del sabor del mero los escuetos comentarios de mi hijo de 3 años entonces. "Més peix aquest" después de haberse comido él solito un exquisito lenguado de dimensiones muy generosas.

Carlos dijo...

Hola Joan!

Como dices por ahí, falta también algo más de conciencia geográfica en el cliente, para que exija algo más, que como dices, es fácilmente solucionable. Me parecería alucinante que en un lugar donde se sirva un producto, una materia prima, de calidad, como puede ser ese gallo de Cabrera, se descuide un detalle que acaba influyendo tanto en la percepción organoléptica de otro producto que también se ofrece (un vino) como las copas de vino. Pero por desgracia no me sorprende, por habitual. Cada día más sitios lo corrigen, pero sobre todo en estos ámbitos "vacacionales" es más difícil convencer a los responsables. Todo llegará. Y volviendo al tema de la demanda, pues si, falta más de nuestra parte, de los clientes. No conozco muchos blancos de Mallorca, pero al menos un Quibía de Anima Negra, con la textura grasa que le aporta la prensal, podría haber acompañado el pescado, para no tener que pedir un albariño o cualquier otro blanco. (Nada que decir si te apetecía espumoso). Lo que intento decir es que si pagamos por un producto autóctono, deberíamos tener esta misma conciencia geográfica de producto y del valor añadido de consumirlo en origen, y pedir un vino de la zona. Si no lo tienen, yo lo que hago a veces es pedirlo, para que me digan que no, pero al menos se le queda en la memoria a alguien que un cliente pidió un vino de la zona. Si al final somos muchos, fantaseo con pensar que igual incorporan alguno… Creo que de a poco, entre todos, restauradores y clientes, podemos hacer mucho por tener un hostelería mejor.
Un saludo!!

Joan Gómez Pallarès dijo...

Es exactamente como dices, Laura, estás pagando un sobreprecio que es el de una temporada desgraciadamente (para ellos) corta. Este año, quizás, especialmente corta: hoy me comentaba una vendedora de confianza del mercado de Santanyí (que se conoce muy bien el percal porque hace ni más ni menos que cinco mercados semanales!) que lo que suele ser una temporada de Pascua a octubre, ha empezado realmente fuerte a finales de julio. Así, claro, los números no les cuadran y así pasan cosas como las que pasan: una ración de calamares a la andaluza por 16€. Ellos tienen que saber donde está su límite, pero a lo que se ve, el tuyo y el mío lo han encontrado ya. Eso no quita, claro, para que se diga bien claro que el pescado es excepcional y los dueños, muy amables y profesionales. Pero por 55€ por cabeza hay un montón de sitios en España que te dan mucho más. Quitando la terraza, también...
Salut!
Joan

Joan Gómez Pallarès dijo...

Buenas, Carlos, había un montón de posibilidades. Yo quería contrastar la textura entera y penetrante del gallo con una malvasia de Banyalbufar seca. Nada. Una buensa prensal, o prensal y moscatel, por ejemplo. Nada. Una giró. Nada. Incluso piensas: si tienen un buen rosado, a por él. Tampoco. Parece que la cuota de la carta de vinos se la reparten en pequeños intereses por bodegas de las más importantes de la isla y, supongo (porque eso ya no lo conozco tanto aquí), entre distribuidores. Cuando estoy en sitios que conozco bien, puedo diseccionar la carta y saber las cuotas de influencia de cada gran distribuidor. También si una carta está exclusivamente dominada por un distribuidor o no. Aquí en Mallorca no controlo tanto, pero supongo que tienen que pagar, los restaurantes, peajes a algunos distribuidores y a algunas grandes bodegas. Muy mal me parece porque le birlan al cliente la posibilidad de la buena combinación. No que decir tiene que el blanco de moda esa noche, incluso entre los mallorquines, era un albariño...Quienes me leen saben de mi amor por esa una y las DOs que la contemplan, pero mirando al mar de Cabrera, yo quiero otras cosas. En el sentido que tú apuntas, mis experiencias en la isla son más bien nefastas: la gente de aquí no se preocupa demasiado por pedir las cosas de aquí (en muchos casos ni de conocerlas) y tragan con el vino de la casa. Ayer por la noche estuvimos en un chiringuito bastante digno, que no conocíamos todavía, junto a la casa de los Godó en la punta del far de Portocolom. Un sitio precioso. Pido qué vinos blancos tenían (lo típico: chipirones, boquerones...) y me miura con vara como de disculpa el señor y me dice "un riueda...". Joder, pensé. Y me tiré a la cerveza.
En el Hostal Playa los tipos que se estaban gastando más de 50€ por botella de un nefando champagne, se lo bebían con copas de juguete, de esas mínimas, aunque más altas que anchas y recién salidas de una nevera/congelador.
En fin...esas son las cosas que me hacen pensar que los que nos dedicamos a escribir sobre estas cosas y a recomendar lo que más nos gusta, estamos fracasando: la mayor parte de la gente va a su bola y pasa de todo. También son las cosas que me hacen pensar que jamás tendré un restaurante o un bar de vinos, porque jamás dejaré de hacer lo que creo más conveniente. Cuando la camarera del Hostal Playa intentó servirnos el cava con esas copas, le pedí que, por favor, nos trajera copas de vino tinto de respeto, que eran las únicas que se parecían a copas de vino de verdad y no agredieron a las burbujas de Raventós i Blanc.
Sic transit gloria mundi...
Saludos,
Joan

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