02 febrero, 2012

In Quest of Lost Vignerons

In Quest of Lost Vignerons by L.Gutiérrez-I.Villalgordo, the beginning
Forman una pareja imbatible, Luis e Ignacio, en cuanto a ilusión, preparación, medios y contactos. Luis Gutiérrez tenía muchas ganas de hacer esta cata en Monvínic, "The Lost Vignerons". Y hace siete (7) meses se lo propuso a Sergi, Isabelle y César. Con la imprescindible ayuda y mano a mano de Ignacio Villalgordo (algunas de las botellas bebidas salieron de su bodega) y la pasión por este tipo de acontecimientos de Monvínic, se pergeñó esta demostración histórica. Prefiero llamarla "demostración" antes que cata, evento y etc. Y el adjetivo llega solo: lo comprobarán cuando lean la nómina de bodegas y vignerons seleccionados. (Paréntesis: propongo ya de una vez que la palabra vigneron, que se conoce en francés desde finales del siglo XII, sea adoptada por el esperanto enófilo mundial. Nos sentiremos mucho más cómodos todos y todos sabemos de qué estamos hablando cuando usamos el palabro. Sin comillas, pues)  Demostración porque Luis quería explicar la esencia del vigneron en contacto íntimo con su territorio y con las uvas más características que forman parte de su DNA. Demostración porque se trataba de conocer cómo se hacían las cosas en Francia (sobre todo: es el país que conserva, en forma de botellas y estén vivos o muertos quienes las hicieron, más vignerons por cepa), en Italia, en Portugal y en España antes de que la industria y la homogeneidad lo invadieran todo. Demostración, en fin, porque Luis (con oportunos apuntes de Ignacio) nos propuso el mejor ejemplo para conocer cualquier vino: conoced a fondo a quién lo ha hecho. Moraleja: cuando te gusta mucho un vino, te gustará la persona que lo ha hecho.

Presidió la charla el espíritu de cada vigneron a través de sus fotos (¡algunas, por lo menos dos, hechas ex profeso para la ocasión!: las de Camille Loye y Manuel das Dores Simôes) y la Alegre Compañía se puso en marcha guiada por un entusiasta y feliz Merlín (bueno, alguien lo llama Príncipe de Beukelaer, otros lo confundirán con Arturo, pero yo creo que es más Merlín que otra cosa). El camino no era fácil y más de uno (a ojos vista estaba) se quedó en el camino, entre sorprendido y desconcertado por la cantidad de especímenes únicos que la Madre Naturaleza nos mostraba. Empezamos en el Piemonte, donde el filósofo vigneron, Teobaldo Cappellano nos dio la bienvenida con una sonrisa de oreja a oreja, sombrero de paja y toscano en ristre. Murió viendo con sus ojos los viñedos de Serralunga d'Alba y con su corazón el cielo de Eritrea. Un hombre único para la restauración de una bebida única: Barolo Chinato Extra Vecchio. De la nebbiolo de Cappellano nace el Chinato más ilustrado, más sensible, más de contemplación, infusionado con quina, ajenjo, cinamomo, otras especias y azúcar de caña. Un vino de más de treinta años para un aperitivo que nos decía "el camino será largo y duro pero la búsqueda del Grial tiene esas servitudes". Pura seda, monte en la copa, el corazón del Piemonte. Un vino único. Se comentó: yo lo prefiero como digestivo, tras los postres y con horas de charla por delante. Los Italianos suelen tomarlo con un poco de hielo,  pero yo prefiero que salga fresco de la nevera, sin más. Cruzamos los Alpes entre sonrisas y chanzas y empezamos a oler a prado húmedo, a cuajo,  a pan recién horneado, a fermentación en estado puro. Pierre Overnoy nos esperaba junto a Emmanuel Houillon, en Pupillin (junto a Arbois), con su Arbois 2000. La pureza de una vinificación que hermana el Jura con el Marco, la presencia de la Saccharomyces Juratica (se propuso por allí...), que le da cuerpo y entidad a la savagnin, nos regaló un vino eternamente joven: una boca espectacular, acidez brutal, impactante, para una nariz suave y delicada. El acero se torna pan, nariz y boca se complementan en un oxímoron impecable. Nueces verdes, algo de especias exóticas, no esconden la verdad: el secreto está en la levadura.
In Quest of Lost Vignerons by L.Gutiérrez-I.Villalgordo, the right stuff
Salimos de Pupillin con la sonrisa del confirmado en las bondades del Jura y el lema que nos acompañaría ya para siempre, SIC HIS QVOS DILIGO: la divisa de Arbois preside las botellas de Overnoy y nos ilumina en la travesía de Francia, que repetiremos no menos de otras dos veces a lo largo del viaje, "Así actúo yo con los que amo". Loira, de la mano de otro jubilado de oro, Edmond Vatan. Otro vino de impresión que nace junto a otro queso (antes era el Comté, ahora el crottin de Chavignol: no es casualidad, vamos): el Clos de la Néore 2007. Las cepas de los viñedos de los Monts Damnés comen de la misma piedra caliza que los de Chablis, pero aquí la brisa del océano cercano da un perfil  único a esta sauvignon blanc. Su mineralidad es espectacular, impresionante de veras, y va acompañada de una gran pureza de líneas y de una discreta densidad en el vino. Aquí se da uno cuenta (por fin...¡tantos siglos de estudio para llegar a esta conclusión!) de que la sangre de Cristo no reposa en un solo cáliz, sinó por lo menos en una docena de ellos. ¡Y no siempre es roja! Sin duda, la copa que tomamos esa noche (quizás el último vino que haya embotellado Vatan) es una de ellas. La varita de Merlín ayudó mucho porque tuvimos que cambiar de río con cierta rapidez. Del Loira al Ródano para pasar unas horas en la cruzada colina del Hermitage. Jean-Luis Grippat Hermitage 1998 fue como el reencuentro con ese tío abuelo al que tanto quieres y tan poco ves. 1998 pilla a Grippat en plena forma todavía (se jubiló y vendió en 2001) y esta botella da fe de la capacidad y juventud del viejo Grippat. El vino está en sus primeros pasos, un hermitage con mucho aroma de lía, suavidad, miel de acacia, finura y profundidad. Ligero amargor en el posgusto y la sensación de que dentro de diez años será un vinazo.

La búsqueda de la imperfección que da la lealtad al territorio, a la historia de la cultura del vino y a las uvas del lugar, nos dio un breve respiro. Pasamos esa noche en Arbois de nuevo, en casa de Camille Loye, con su Arbois 1989. Al calor del hogar y de los rescoldos de un fuego que se está ya apagando, la Alegre Compañía se relajó con un tinto de los de antes, que mostraba ya ciertos síntomas de fatiga. De trousseau, una de las uvas tintas emblemáticas del Jura (con la poulsard y la pinot noir), este 1989 ofrecía alguna cereza del fondo del cesto, una hermosa pero ya debilitada estructura y la sensación de que quizás la trousseau no esté para dejarla envejecer tanto. Merlín se apiadó especialmente de la Compañía a la mañana siguiente. Amaneció frío y brillante el cielo y Pegaso acudió puntual a la cita para depositarnos en un periquete (por suerte, la Quimera dormía todavía...) en Chinon. Charles Joguet, Chinon Cuvée de la Cure 1989. La cabernet franc en estado puro, y desbocada. Lleva corriendo veintidós años y está todavía en fase de aceleración. Muy impactante aroma varietal (pirazinas galopantes, decía Luis), racial, con mucho carácter, imperfecto (apuntaba Ignacio), vino muy fresco y, al mismo tiempo, denso. Pongamos esos pimientos verdes al calor del hogar, démosles vueltas durante horas y bebamos el vino con una buena hogaza de pan. Ese es Joguet. La penúltima travesía de este nada llano país que es Francia, prometía una estancia más larga y jugosa, de nuevo a la vera del Ródano. La Borgoña, Cornas y Saint Joseph se abrían para unas horas más relajadas. O no...porque la probablemente última vendimia de Phillipe Engel (o quizás la penúltima, no sé la fecha exacta de su muerte en 2005) parió un René Engel Clos Vougeot 2004 no apto para paladares delicados.  Este Clos Vougeot es una de las grandes expresiones y compañías para la caza: huele a vegetal, tiene unos taninos y una rusticidad de impacto, y lleva la sangre de becada y los perdigones en su código perdido. Del muy cotizado Jacky Truchot-Martin (las manos más callosas de la velada, sin duda) y su Morey-Saint Denys Clos Sorbes 2005 nada puedo decir. No nos cuenta nada de lo que suele, se muestra cerrado por completo y nos cita de nuevo para dentro de un par de años, por lo menos.
In Quest of Lost Vignerons by L. Gutiérrez-I.Villalgordo, to follow
Nos dejamos llevar por la suave brisa del río para llegar a Cornas, otra de las tierras de promisión de los amantes del vino, donde la syrah es palabra y Noël Verset, Cornas, 1986, la máxima expresión del respeto por la vinificación más tradicional. Esta syrah rodaniana suele evolucionar bien pero la botella de Verset llega a la copa algo sucia, con mucha necesidad de oxígeno y de paseo y el poco tiempo que le damos nos demuestra la injusticia de hacer viajes como éste mirando al reloj de sol (aunque me pareció que Merlín llevaba en el talego una clepsidra). Un atisbo de brett oculta algo que saldrá al cabo de las horas: pimienta (pero muy discreta) y flores marchitas. El hombre que todo lo puede por la sencilla razón de que hace lo que quiere y cuando quiere, nos esperaba en la siguiente etapa, con su sonrisa socarrona y su gorrita de M. Hulot. Raymond Trollat, que se confunde con las paredes y toneles de su bodega en St. Jean de Muzols, me sorprende con su Saint Joseph 2005. Es un saintjoseph atípico para mí, de una explosividad apabullante. Es la máxima expresión de un bouquet garni alegrando un buen guiso de jabalí. Montebajo, sotobosque, laurel y tomillo, la mano de hierbas aromáticas silvestres que recoge Trollat me suena a la que debió regalar a su novia cuando se casó con ella. Espléndido y vibrante vino.

La búsqueda de la última puesta de sol sobre el océano nos llega con la última, la gran, travesía. Tierra de barros que recoge el sol del atardecer sobre Bairrada. Los vinos del Sr. Manuel das Dores Simôes son palabra de dios, es decir, de Dirk van der Niepoort. Y hay que prestarles la debida atención y respeto. De nuevo el Dores Simôes Quinta do Canto 1995 sorprende  por una inusual finura. La brocha gorda, bastante habitual en la zona, es sustituida aquí por la suave extracción de una fruta de cepas viejas (sobre todo de baga)  y por una buena acidez que ha permitido a este vino llegar en condiciones a nuestros días. Quizás su lugar en la demostración le perjudicó un poco (estaba demasiado tímido en mi boca tras el volcán Trollat), pero quedó el recuerdo de que los vinos de Dores Simôes son, quizás, los más espirituales y borgoñones de Portugal entero. De entre los no fortificados, claro...Aparecía ya el planeta vespertino en el horizonte cuando, justamente, llegamos a la última maravilla de la noche. Justa porque nos dejaba a las puertas del Marco, donde a pesar de todos los pesares (incluídas legiones de bebedores fantasmas, contumaces ignorantes de las maravillas que en él se siguen haciendo) la más respetuosa y longeva tradición se mantiene. Aunque hay que decir que el vino era, casi la defición sensu contrario: ¡Merlín con sus bromas! Agustín Blázquez, Jerez, Pedro Ximénez Viejísimo Carta Azul. Por supuesto, sin añada, pero con la intuición de no menos de treinta años a las espaldas de estos toneles, estamos ante un PX de Montilla que se hizo en la bodega histórica de Blázquez en Jerez. Lo especial de este vino es que no se encabezó jamas y sus azúcares se fueron consumiendo hasta llegar a los actuales 8% (¡ocho!) de alcohol. Un sirope de PX con toda la pureza de una PX virgen y todos los aromas de la antigua pastelería andaluza y marroquí en el interior de la copa: miel oscura de caña, pan de higos, café torrefacto, avellanadas tostadas, hojaldre y alfajor. Muy complejo y denso, nos abrió las puertas a la Revelación final: el Santo Grial no es una copa. Son muchas copas, en sitios muy distintos y hay que saber buscarlas siempre en la mejor compañía posible. ¡Esa fue mi suerte, la noche del pasado 27 de enero de 2012, en Monvínic!

Postscriptum. Por la foto que nos regaló Luis Gutiérrez al final de la sesión, ¡esta búsqueda incansable promete una segunda etapa! Aprovecho para agradecer a mi compañera de mesa, Elena, las fotos que me pasó. Sin ellas, este post hubiera quedado más cojo de lo que quizás esté...

Postscriptum ii. Lo siento. No me gustan los posts tan largos, pero éste tenía que ser inevitablemente así. Por el tiempo de lectura (¡de promedio!) que los lectores dedican a cada post de este blog, o leen muy rápido o se quedan a medio camino. Será una señal: !sólo algunos llegaréis a este final!

18 comentarios:

Víctor Franco dijo...

Siempre es un placer leerte Joan y más cuando uno no tiene la posibilidad de asistir a esta magnífica velada. Con la seguridad de la maestría de Luís y la buenaventura en la abertura de cada botella la sesión se convierte en memorable.

Gràcies per compartir-ho.

Una abraçada.

J. Gómez Pallarès dijo...

Fue de lo primero que me comenté Luis: "por desgracia, Victor está de viaje...". Fue una pena, sin duda y aunque el otro Víctor (el Cardona) estuvo presente e hizo aportaciones interesantes a cosas y zonas que conoce muy bien, se echó en falta tu experiencia con algunos de estos vignerons y vinos.
Gràcies a tu per llegir-ho, company! I a veure si coincidim algun dia, que la cosa ja canta!
Salut,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Donde "comenté" léase "comentó"...lo siento.
Joan

Dominique ROUJOU DE BOUBEE dijo...

Muchas gracias Joan por plasmar en tu blog la sensacional noche que tuvimos la semana pasada en Monvinic. Luís dice que lo ha pasado como un niño, la verdad es que yo también. Como un niño un 24 de diciembre, esperando a la llegada de Papa Noël. Creo que el espíritu de tu post refleja fielmente el ambiente de esta "demostración" de Luís como bien dices. Merlín estaría orgulloso ;-)
Probablemente no he bebido este día los mejores vinos del mundo (no creo que era lo que se pretendía), pero hemos compartido (más o menos) todos un aspecto fundamental de este mundo viti-vinícola, el sentimiento de artesanía con el que estos vignerons (gracias Joan por introducir oficialmente esta palabra en nuestro "real diccionario de los amantes del vino") entienden su oficio, la justificación de porque el vino lleva un poco más de 8000 años acompañando al hombre. Hemos podido tocar el lado más cultural y humano del vino. Gracias a esta dimensión, gracias a estos vignerons y gracias a gente como Luís, Ignacio o tu mismo hay gente (como yo) que quieren hacer grandes vinos (es decir vinos fieles al territorio de donde vienen) y gente (como yo) que los quieren beber.
Y luego, más allá de esta jugosa demostración, algunos tuvimos suerte de prolongar la "conversación" con una muy sabrosa cena y otros vinos de vignerons. La generosidad de Fredi Fresquito, Christophe Brunet, Luís e Ignacio y evidentemente de Sergi Ferrer Salat nos han permitido vivir otra vez la Navidad.
Vive le vin, vive les gens qui font le vin avec leur âme et vive les gens qui aiment ces vins
Un fuerte abrazo

Dominique

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Dominique. Estoy de acuerdo contigom aunque sólo en parte. Me explico. En términos absolutos (pero aquí cada cual tiene los suyos, claro), quizás se pueda decir que no bebimos esa noche (en la demostración! De la cena no hablo!) los mejores vinos de nuestras vidas. Es cierto que yo he bebido borgoñas que me han emocionado mucho más. Pero no es menos cierto que algunos de los que hemos bebido, por lo menos para mí, sí estan entre los mejores que yo jamás haya probado. Por ejemplo, el Sancerre de Vatan me ha parecido el mejor sauvignon blanc que he probado en mi vida y me ha abierto una sed tremenda de añadas anteriores, para comprobar cómo funciona el paso del tiempo sobre M. Vatan. Lo mismo me ha pasado (aunque ya lo conocía) con el Arbois de Pierre Overnoy o el Chinon de Joguet. Me parecieron los tres vinos extraordinarios y la mejor demostración de lo que sus tierras respectivas pueden ofrecer a un grano de uva. Algunos, claro, estuvieron en un mejor momento que otros (ésa es la grandeza de abrir una botella de vino: si es de verdad, nunca beberás el mismo vino dos veces) pero prevaleció, como muy bien resumes, la idea de Luis e Ignacio: vamos a explicar por qué y cómo este o aquél vigneron están en ese pedazo de tierra junto a sus cepas. Esa sensación de verdad revelada (por eso se me ocurrió la broma del Grial...), de auténtica artesanía del vino que algunos buscamos incansablemente, se mostró con todo su esplendor esa noche. Y eso fue lo mejor, sin duda. En esas pequeñas imperfecciones, en esas grandezas de cada botella, salía la pureza y la autenticidad del vino.
Y hubo otra revelación cultural profunda: qué significa un vino infusionado para las tierras donde la tertulia tras una buena comida o cena es ley. No es causalidad que Cappellano retomara la tradición de su tío y la elevara a religión. Dioses, qué barolo chinato tan exquisito nos regalaron esos dos!!!
No quiero olvidar lo de la cena: el problema que tengo es que me concentré en pasármelo bien y no tomé ni notas ni fotos. Elena me ha pasado alguna, pero sería injusto con los platillos de Sergi de Meià o con los vinos que aportaron los amigos (algo he dicho en otro lugar, con todo, de Madeira del 1900 y del blanco de viura de Rio,a del 1939) y, sin duda, con tu increíble godello del 2008. Apabullante frescura!
A tus "vives", sólo me queda añadir, "visca la mare que ens va parir!" Y que se repita, claro!
Un abrazo,
Joan

Carlos dijo...

Joan, Felicidades por la experiencia, y muchisimas gracias por compartirla en el blog. Cuando me quise apuntar ya estaban agotadas las plazas, y larga era la lista de espera, pero me parecia una cata extraordinaria. Gracias por hacerme un poco participe de la misma, y por hacer que mis papilas se humedezcan ligeramente, solo de imaginar algunos de esos vinos...
Un saludo!

J. Gómez Pallarès dijo...

Qué menos, Carlos...la verdad es que la avalancha de sensaciones fue enorme. Y pensé que me costaría mucho escribir sobre la sesión. Pero las circunstancias me permitieron unas horas de libertad hace un par de días e invertí en estos vinos!!!
Pero comentaba a un amigo de los que sí pudo estar, las palabras (en este caso más) quedan lejos de lo que queda en el recuerdo sensorial de muchos de los vinos bebidos.
Saludos!
Joan

ELENA dijo...

Joan, acabo de leerme el post mientras comía en Bun sichi y he logrado disimular la emoción con el efecto wasabi. Has hecho un excelente resumen de un extenso e inolvidable viaje. Gracias y un fuerte abrazo, Elena

Anónimo dijo...

amigas i amigos, yo no entiendo porque nos cuesta tanto tiempo para organizar mas eventos como estes, carallo !!!!
propongo sobre mi pobre i paisana alma, que no tardemos mas en reunirnos en vivo i donde sea, al rededor de unas buenas botellas para disfrutar de la vida, que sea con truffas o simplemente con un buen jamon o asta un wasabi fresco !
no solo de FB vive uno, os mando un mega abrazo fuerte a todos i espero que rapido nos veremos para compartir agradables momentos como le que pasamos el viernes pasado.

Fredi

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchísimas gracias, Elena, por tu comentario!!! Lo mejor de este "viaje" es que no termina nunca: vete tú a saber las gotas del contenido del Sabto Grial que andan sueltas por ahí, en mil botellas que vamos a abrir y descubrir!
Besos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Querido Fredi, ése sí que es un buen reto, el de combinar vinos y wasabi (no cerveza, por favor, gracias).
Tienes toda la razón y no hay más que ver tu ya mítica serie "El Vino de la Noche" para descubrir que para ti cada noche es la última. Por si las moscas, me parece una actitud muy razonable: ese Rayas...hummm...
Un abrazo fuerte y a ver cuándo nos convocamos (con los primeros brotes en tus cepas, ¿por ejemplo?) en el mejor cill-out del Priorat!!!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Joé...cómo ando de mecanografúa ultimamente...donde "cill-out", léase "chill-out"!
Joan

Anónimo dijo...

Fredi,
que buen animador haces! Y cuando hablo de animador, no te estoy imaginando con mini falda y tutti quanti, cantando letreando el nombre de tu equipo favorito :-))
Si lo organizamos en Gratallops, habrá que prever alojamiento. No pienso beber vino, hablar de la vida y volver a Barcelona !!
También se puede organizar en Barcelona. Si buscamos un ambiente cosy, puedo montar algo en casa para 6, quizás 8 personas. Si queremos ser más personas, hay sitios de sobra para montar otra demostración de "savoir vivre".
Bueno, dicho. Cuando empezamos? Porque esperar los primeros brotes, Joan?
Un abrazo fuerte a todos

Dominique ROUJOU DE BOUBEE

J. Gómez Pallarès dijo...

No, si era por aquello de la poesía...en el Priorat, sabe y huele mejor la poesía de la primera primavera. Pero aparte de eso, si hay otro encuentro previo para calentar motores, no seré yo quien se oponga, no!!!
Joan

jose castro dijo...

Joan,Edmond Vatan sigue embotellando sus vinos junto con su hija Anne Vatan que se ha hecho cargo de la bodega por que Edmond no se puede dedicar al cien por cien en la viña por su estado de salud pero sigue tomando las decisiones del viñedo cuando se vendimia cuando se embotella etc..
La ultima añada que esta en el mercado es 2010 yo tengo 2009 y 2010,este mes abrire un 2009 haber que tal esta, dicen que se puede beber ya pero tambien tiene mucha capacidad de envejecimiento.
Jose Juan

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias pot la información, José Juan. En efecto, botellas de Vatan de añadas posteriores al 2007 sí hay, pero me quedaba la duda, por la documentación que había reunido para preparar la demostración de Luis, de si realmente Vatan padre seguía tomando las decisiones tras 2008. Su hija Anne está casada con Nadi Foucault, de Clos Rougeard, ¿verdad?, en Saumur-Champigny. Luis nos mostró una estupenda foto donde salens lad os hijas, el yerno y los nietos junto con Edmond y su gorra. El hecho de que vendiera gran parte de sus viñdos tras la jubilación en 2002, junto con la duda que expresaba John Gilman sobre su continuidad, me hicieron formular la dida.
Aclarado queda, pues: las botellas que están en el mercado de 2009 y 2010 son también de Vatan, aunque con la ayuda, imprescindible ya para los trabajos del viñedo, de Anna y Nadi.
Hay que decir que este 2007 estaba ya en un punto cercano a algo realmente bonito.
Muchas gracias por tu aclaración, Jose Juan!
Joan

EuSaenz dijo...

Gran cata y mejor idea de Luis con la colaboración de Monvinic, de dar a conocer estos productores tan especiales, conozco algunos de los vinos y productores como Vatan, Versat, Overnoy, Truchot o Engel y lo cierto es que son vinos auténticos como pocos, de los que ya cada vez quedan menos.

Yo no tengo miedo a los post largos, todos los que escribo son largos. El que le interese que los lea y el que no, que se los resuma.

Saludos,
Eugenio.

J. Gómez Pallarès dijo...

Gracias, compañero! Ya somos unos cuantos que hemos llegado al final de este post. Y, en efecto, se trata de que cada cual se mida sus fuerzas!
Ahora voy a intentar, en colaboración con algún vigneron que quere montar una de bien sonada para el próximo otoño, traer a alguno de esos maestros que apoyan su trabajo en la siguiente generación, sea sanguínea o no. Vatan, por ejemplo, con su hija y con Nadi Foucault; o Overnoy con Houillon.
Vamos a ver cómo se nos da!
Y por supuesto, la idea y su realización han sido una gran cosa. Poder beber a tanta gente especial y en una sola sesión es cosa que pasa pocas veces. Los que se quejaban un poco de "no entiendo nada", me daban un poco de tristeza. O entras en este tipo de vinos y gente, que es de lo más auténtico que uno puede toparse en la viticultura europea actual, o no entras. Eso está claro. Pero qué pena si te da por no entrar o por querer entender en vez de disfrutar de la explicación y del vino, sin más.
Saludos!
Joan

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