30 septiembre, 2011

¿Quién le pondrá un vino a ese rabo?

Ultimo cartel Monumental MBarceló
De pequeño me fascinaba una parada de la Boquería, la primera que uno encontraba cuando llegaba al mercado desde la Rambla: "Carne de toro de lidia", voceaba el letrero. ¡Cómo han cambiado las cosas en esta ciudad! Conste que no quiero provocar ningún tipo de debate pero todo lo que ha sucedido el pasado fin de semana en Barcelona, me ha llenado de recuerdos. De pequeño, por aquello de las afinidades, pasaba horas con mi abuela mirando corridas de toros en una tele en blanco y negro. De pequeño descubrí que ese toro se comía...Y de mayor, me enamoré de los estofados de rabo de toro. Una de las mayores celebraciones de mi vida tuvo lugar en el restaurante Pitarra, de Barcelona (¡todavía sigue en pie ese monumento de la Barcelona que ya no es!). Y ese joven que tampoco es no tuvo mejor idea que invitar a un selecto grupo de académicos a un suculento estofado de rabo de toro. ¡Qué caras pusieron! Y ahora me pregunto: ¿alguien, en esta ciudad, habrá guisado los rabos de esos últimos toros lidiados en Barcelona? ¿O eso ya no se permite...? Por puro sentimentalismo, le hubiera puesto yo a esos rabos un vino de altura. Se me ocurrieron algunos, mientras pasaba frente a la Monumental y veía entrar ríos de gente como nunca había visto antes...

26 septiembre, 2011

Kosher: la flor del flor de primavera 2007

La flor del flor de primavera 2007
Una de las cosas que más me gusta del mundo del vino es que está lleno de primeras ocasiones. No tengo la menor duda: podría pasar toda esta reencarnación bebiendo vino sin repetirme jamás. Y no terminaría de repasar todo lo que quiero probar...Ésta es una primera ocasión que no había buscado y que surgió, como tantas otras, por casualidad...No será porque no haya bebido yo pocos vinos de una de mis cooperativas de referencia, el Celler de Capçanes. No será porque no haya leído yo no sé cuantas veces que el Celler es pionero en España en la elaboración de vino kosher. Pues resulta que jamás había probado una botella kosher del Montsant. En una pausa de mi trabajo, paseaba por el barrio medieval de Barcelona (dicho sea de paso, uno de los mejor conservados de Europa), en su zona judía (el "call") y de golpe topé con una tienda íntegramente dedicada a productos judíos. Call Barcelona Wines & Books se llama. Y es bastante nueva. No hace falta decir que me faltó tiempo para entrar...Husmée, pregunté y cogí algunas botellas de vino bajo la atenta y discreta mirada de un rabino. Al final, el hombre no pudo aguantarse y me preguntó, muy amable "¿le interesa el vino?" A bodas me convidas, ¡pensé! Resultó que el hombre era ni más ni menos que David Libersohn, el rabino encargado de las certificaciones kosher y hombre profundamente interesado en el Priorat y en el Montsant.

Charlamos un rato, intercambiamos datos e informaciones y nos propusimos para algún, quizás, proyecto futuro del rabino. Por el camino se fue un correcto (sólo eso) vino rosado Galil Mountain Rosé 2010 a base de barbera, sangiovese y pinot noir y un extraordinario la flor del flor de primavera 2007 del Celler de Capçanes (36€). Los amigos de Directo al Paladar describieron bien qué es un vino kosher. No me detengo, pues, en eso. Digamos que era mi primera vez y que no he notado especiales diferencias. Sé que el control de la producción, desde la cepa hasta el embotellado, está en manos de Libersohn y que si él no da el certificado, el vino no se venderá como kosher. No hace falta decir que eso no ha influido para nada en mi percepción del vino. La fruta es una garnacha muy vieja (cepas a 500 metros entre 80 y 95 años, en suelo de arcilla y granito), con 28 días de maceración, 12 meses en barricas nuevas francesas de tostado medio y tres meses de reposo posterior en inox, más otro año de reposo en botella. 14,5% para ser tomados algo frescos y, en mi opinión, sin decantación. De un rojo rubí intenso y brillante, el vino destaca por su frescor, delicadeza y perfecta asimilación de la madera. Aporta aromas de la humedad del bosque en otoño: oscuridad de la hojarasca perdida entre musgo. Es un vino elegante, profundo y complejo que, sin embargo, no le pierde la cara a sus orígenes: monte y arcilla, cierta rusticidad, tomillo, madera de boj, acidez de las primeras cerezas y tabaco maduro. Un vino que disfruté largamente. Kosher, sí, pero por encima de todo, un gran vino.

22 septiembre, 2011

Barcelona: ¡dos citas con el vino!

VinoArtesano
Para todos los que estén de paso. Para todos los que vivan en la ciudad. Para todos los que estén pensando si vienen o no. Para todos los amantes de probar vinos que, quizás, no habían probado antes. Dos citas en Barcelona este fin de semana. Si no sabéis qué hacer. Si os da el ataque del "¿qué pasó con mi verano?". Si queréis pasar un buen rato. Dos citas en Barcelona este fin de semana. La primera es la de los debutantes absolutos. Amor por el buen vino. Pasión por una manera de entenderlo y de venderlo. Amigos enófilos en acción: allí estaremos. La segunda es la consolidación absoluta, tras el éxito de la 30 edición. Junto al mar y en el puerto viejo, con un gran despliegue de vinos catalanes y de medios. Muchas bodegas amigas: no faltaremos. Dos citas radicalmente distintas. Dos citas que se complementan. Dos citas que ofrecerán perspectivas y variaciones sobre un mismo tema: la pasión por el vino en momento de fermentación. ¡Es tiempo de fiesta!
mostra_vinscaves2011

19 septiembre, 2011

Sevilla y el vino

plano_olavide_Sevilla
No quisiera que se me enfadara nadie en Sevilla. Me gusta la ciudad, me pierdo por alguno de sus lugares (sobre todo, qué poco original, en Triana y Santa Cruz) y, sobre todo, tengo a no pocos amigos entre sus habitantes. Estoy en la ciudad (no me gusta decir "voy y vengo": mi presencia es más o menos permanente desde el exilio interior que les tocó vivir a mis abuelos, allá a finales de los 50 del siglo pasado y primeros sesenta) desde los tres años y sus texturas, aromas y sabores forman parte de mi DNA emocional. De una forma más intensa, estoy y trabajo en la ciudad en los últimos diez años. Y caramba, tras mis dos últimas estancias (en junio y en septiembre de 2011), si no lo digo, reviento: ¿qué le pasa a la hostelería de esta ciudad con el vino? ¿Es un problema de la clientela? ¿Somos tontos, insensibles a buenos vinos servidos en buenas copas? ¿No pedimos jamás los vinos de la tierra? ¿Les trae al pairo a los hosteleros qué sirven y cómo lo sirven porque la gente bebe lo que se les pone y punto?

No consigo entenderlo, de verdad. Todos sabemos que es una ciudad donde se come bien o muy bien a ratos. Y el vino debiera formar parte del alma de cualquier gastromía. En estos meses, enumero, he comido en lugares muy interesantes: pongamos por caso dos establecimientos de tapas creativo-recreativas. Cádiz Nueve es uno de ellos (una morcilla espléndida; unas albóndigas de humus con cuscús muy ricas; un pionono con galleta María...). Pura Tasca es el otro (quesos bosqueño y pajarete, de delirio; morcón Sánchez, espléndido; arroz meloso con magret como tomado en Doñana, muy sabroso). He comido también en lugares correctos tirando a buenos en algunas de sus propuestas. Pongamos por caso, el Bar Giralda (con una fritura de verduras muy rica); o Modesto, el restaurante de toda la vida (en Cano y Cueto 5, junto a la Puerta de la Carne), con una fritura de pescado más que correcta; o el San Marco (el de la C/ Mesón del Moro), con un salmorejo en verdad delicioso. Nunca hemos pedido grandes vinos (presupuesto manda..) y siempre me he fijado en los que se servían como vinos de la casa, en las copas que tenían pensadas para esos vinos.

Un desastre sin paliativos. Sólo se salva (con buena nota, de veras) el Ocnos Rosado 2009 (tomado en Cádiz Nueve) de Colonias de Galeón (Sierra Norte de Sevilla), un rosado por sangrado de syrah, con frescura (hierbabuena) y estructura, con aires de especia delicada (pimienta roja madura). Las copas, con todo, no estaban por la labor.  Y a cierta distancia, un Montsant, del que no diré nada porque no es un vino de la tierra. Quiero destacar sobre todo ese detalle: cada vez que pido vinos tranquilos de Andalucía (no hablo de velos en flor, aunque, vaya, el discurso no es muy distinto...), sean blancos o tintos (rosados hay pocos) o, directamente, de Sevilla, me miran como si fuera marciano. Cada vez que me fijo en las copas, se me cae el alma a los pies. Generalizar es malo y ya sabéis: sólo escribo de primera mano y a partir de mi experiencia (seguro que hay sitios que no conozco que van por otro camino...). Mi experiencia es mala, sin más, y sólo puede hablar de una pésima y muy falta de calidad "riojitis" (ni "riberitis" galopante, vaya) y de un notable poco amor por el servicio adecuado del vino. Que se pongan las pilas, por favor, porque si siguen así, flaco favor le hacen a la gastronomía y a la viticultura de Andalucía. Que no sólo de vender cualquier cosa vive la restauración. También hay que saber vender bien y de la tierra.

11 septiembre, 2011

Collita Roja 2008 de Pardas

He tingut la temptació d'escriure un post hiperbòlic, per dues raons: m'agrada molt com són i què representen en Ramon Parera i en Jordi Arnan (els creadors, el 1996, del celler) al Penedès; i m'agraden molt els vins que surten del Celler Pardas. Però no. Aquest text ha de ser contingut i intens. Com ho són ells: pagesos dedicats en cos i ànima a les seves vinyes i al seu vi. I només això, pagesos de ceps, que fan vi. Seriosos i, fins que no en coneixes aquell punt de complicitat i sornegueria (si més no, en Ramon, que és amb qui em faig jo més, és així), matisat per certa timidesa, sorruts. Una mica, se m'acut, com és també el sumoll:  ceps més aviat barroers, que agafen no poques malures i donen un fruit potser excessiu i amb el que costa treballar. El cep i aquests dos pagesos són aliats des de fa anys en una aventura que surt de les arrels profundes de la història del Penedès: reivindicar altre cop el sumoll, entendre que s'hi poden fer moltes més coses que una aportació a un rosat o un rosat complet (que també); proposar que a les vinyes d'on surt el Collita Roja només hi ha terra i treball manual: ni herbicides, ni pesticides, ni productes de síntesi; parlar amb els ceps ja vells, ferits per mil topades amb la natura que els envolta, sense fer-hi res: ells practiquen el no-cultiu, no llauren la terra i treballen amb les cobertes vegetals que en surten, espontànies i sense cap tria voluntària. Allò que la terra  va donar entre els dies 1 i 8 d'octubre de 2008, és el que trobem al Collita Roja 2008.
Collita Roja 2008 de Pardas
15% de marselan (vinyes de 5 anys el 2008) i resta de sumoll. El per què de la barreja és cosa dels pagesos. Aquest bevedor només pot dir que el caràcter de la marselan (raïm robust, vins profunds, rics en tanins més rodons que els de sumoll i amb una fruita més vermella i perfumada que la que dona el sumoll) s'adiu no poc amb la varietat penedesenca. El sumoll  procedeix de vinyes que són un tresor pel Penedès, vinyes plantades pels avis, ceps patidors i cargolats que estan donant la millor fuita de la seva ja llarga vida. De la Vinya del Pont Nou (St. Llorenç d'Hortons, de l'any 1949), de la del Vinyet (a la Llacuna, plantada el 1962) i de la d'El Coster (a Piera, plantada el 1957), totes elles amb un sòl semblant, argilo-calcari, surt el sumoll d'aquest vi. 2225 ampolles. Uns 16€ cada una. El fruit de cada vinya va macerar aïllat dels altres i va fermentar també així, en una combinació d'acer inoxidable  i bocois de castanyer, en un promig d'entre 20 i 24 dies. La malolàctica del sumoll es feu en acer inoxidable i la del marselan en bóta. També la criança es va fer separada. El sumoll va passar 3 mesos en inox i després a bótes de roure francès (només un 15% de bóta nova i la resta de segon i tercer any). Després va tornar altres 4 mesos a l'acer. El marselan va anar directe a la bóta fins al març de 2010 i després, a inox. La decisió sobre l'ensamblatge  i l'embotellar les van prendre a primers de juliol de 2010.

És un vi de 14% en etiqueta i un PH baix (3,05). Aquesta acidesa marca, sens dubte, el que ha de ser una llarga vida. Begut ara deixa percebre que el seu recorregut està tot just començant. No vull deixar de dir que l'SO2 lliure és de 22 (el total, de 60). És un vi que alguns anomenarien "natural".  El vaig obrir el 6 de setembre, hora baixa. Un dia de fruita i de calor, amb la lluna en quart creixent. Algú pensarà que m'he sonat, però m'és ben igual. Les primeres olors que hi he sentit m'han recordat quan, de petit, pastava fang: argila amb una mica d'aigua a les mans. Perfil de marcada acidesa i de mineralitat concentrada. Lleugeresa en el glop. Pàmpols verds. És un vi profund, per passar-s'hi hores, però el seu perfil és prim. M'ocupa tots els sentits amb rotunditat però no és estrident. És un vi pur, límpid, precís. Té una càrrega d'envelliment que impressiona. Recorda no poc el xiprer i l'aranyó negre. N'he anat guardant a l'ampolla fins ahir mateix, 10 de setembre. El vi segueix sencer, perfecte, però ha guanyat en cos i  és més gustós, més ample. Queda un regust com de bruc i és més fresc. Em recorda la frescor, densa i intensa, de la tinta blava. Una certa olor d'antigor retrobada fa aquest vi, sí. Al final, s'hi percep un lleu regust de fusta no habitual (ara sé per què...les notes les prenc abans de llegir res!), com d'olivera o castanyer.  El deix final és el del taní agreste i el del pebrot vermell a la brasa i confitat. Aquest suc roig de sumoll (el primer que fa com a vi negre el Celler Pardas) és un bon vi ara. D'aquí a uns anys serà un gran vi.

05 septiembre, 2011

Priorat 3.0

Sucede de vez en cuando: lo menos planificado, lo más inesperado y casual es lo que acaba saliendo mejor y dándome más satisfacciones. Cuando me dejo llevar por las sensaciones, por el instinto, suelen suceder cosas...Lo más o menos planeado, tras mi vuelta de Mallorca y antes de volver al "duro banco del remero", era pasar por lo menos un día en el Priorat. Mi objetivo, hablado con alguno de los queridos amigos que allí tengo, era vendimiar por la mañana, trabajar en la bodega por la tarde y cenar con otros amigos por la noche. Pero cuando me levanté, resultó que en ese día, finalmente, no se vendimiaba. No me habían mandado ningún mensaje de "madrugón" y me encontré divagando sobre qué hacer mientras conducía hacia el sur. Todas las elecciones que tomé desde ese momento dieron como resultado final el fruto de este post. Así de sencillo. Que suelo entrar (en los últimos dos años casi siempre ha sido así) por el Coll de la Teixeta y Porrera. Pues no: por el Coll de l'Alforja. Que si entro por l'Alforja, suelo torcer, en la Venta, hacia Ciurana para subir a La Morera por ahí. Pues tampoco: hacia Poboleda. Que si lo que hago siempre es parar en Poboleda, pues menos. ¡Hacia Escaladei! En ese momento ya tenía claro que hasta la cita de la tarde, lo que me apetecía era andar por el Montsant y comer en el Rebost de la Cartoixa de Escaladei. Y lo normal es que hubiera torcido a la derecha en Escaladei, hubiera aparcado el coche ante las ruinas de la cartuja y, tras la caminata, me hubiera quedado en El rebost. Pues no. Me fui a la izquierda, hacia la plaza de Escaladei. Paro mi coche y me topo con una reunión de queridos amigos que, lo juro, para nada había sido preparada. Al rato se unió al grupo Ricard Rofes (enólogo dels Cellers Scala Dei). Nunca habíamos hablado más de diez minutos y siempre sobre los vinos que había estado haciendo en el Portal del Montsant. La charla se alargó al tiempo que mi excursión se iba acortando. Al final decidí que me despedía y que me ponía a andar. Pedí que me guardaran una mesa bajos los extraordinarios plátanos que hay en la rambla de la Cartoixa, en el Rebost. Y mis pasos me llevaron (juro que tampoco estaba meditado) hacia uno de los lugares más atractivos de la comarca: la Font Pregona.
Blanc Prior  de Scala Dei 1997
Diré poco de ella. Sólo que es una excursión que se puede hacer en dos horas (ida y vuelta), más lo que uno quiera reposar en la font.  Diré que queda en la vertical de las ruinas modernas de la cartuja y diré que, en mi humilde y para nada documentada opinión, si alguien quiere entender qué es el Priorat, tiene que mirar y sentir esa tierra desde las alturas de la Font Pregona y de los viñedos que la acompañan. Tiene que percibir, además, que los primeros monjes que se establecieron (ochocientos años allá...) en esta tierra, tuvieron que beber de esa agua y tuvieron que dormir en las cuevas naturales (Coves Roges), que se abren a la derecha de la Font. Y tiene que tocar la tierra que se extiende a los alrededores de la Font, en los viñedos de garnacha que hay plantados frente a ella y en los que hay sobre ella, a mano izquierda, hacia el noroeste. Son las tierras que estaban en lo más profundo del mar y que acabaron en lo más alto. Son tierras que nada tienen que ver con las distintas pizarras con las que siempre identificamos al Priorat. Son tierras de gravas, arcillas y arenisca en superficie. Son tierras con distintas cantidades de hierro, pero con hierro. Son tierras veteadas de cal y pobladas, a distintas profundidades hasta la superficie, de bloques de cantos rodados con fósiles marinos y vegetales a mansalva. Son tierras que pertenecen al Priorat y son las que descubrieron los monjes cartujos. Son las tierras en las que primero plantaron. Comí, de alguno de esos viñedos, unos pocos granos de garnacha. Juro que no fueron más que tres, de tres viñedos distintos. Y quedé alucinado con la tersura de la pulpa, con el frescor del zumo, con la rotundidad y fortaleza del hollejo. Cogí un poco de agua de la fuente (por la noche la necesitaba para una ceremonia que no viene al caso) y bajé casi corriendo porque mi mesa estaba a punto de "caducar".

Justo en el momento en que iba a sentarme, veo a Ricard Rofes bajando por la rambla de la Cartoixa con una botella en la mano. Lo dicho: habíamos cruzado cuatro palabras. Me propuso comer juntos y ésa ha sido una de las ocasiones más felices de mis últimos tiempos en el Priorat. Ricard lleva dos años y pico en els Cellers Scala Dei S.A., es persona con una sólida formación pero, sobre todo, con gran inquietud. Y aunque sabe que su celler se debe a la venta de las más de 100 mil botellas que tienen que salir de él (eso obliga), es muy consciente de la historia de la DOQ, sabe bien de dónde viene y, lo más importante, tiene claro dónde quiere llegar. Eso no pasará con todas las botellas de la bodega, sin duda, pero ya aviso: estén Ustedes muy atentos a lo que vaya saliendo a partir de principios de 2011 de la añada 2009 dels Cellers Scala Dei en lo que a garnachas monovarietales se refiere, porque llegan grandes y sabrosas sorpresas. La espoleta que me llevó a escribir este post fue una frase que Ricard repitió varias veces: "bebamos los vinos del pasado para conocer los vinos del futuro". Se fue para la bodega y salió con la botella de la primera foto. Jamás había tomado ese blanco prioratino, Blanc Prior 1997: mitad garnacha blanca, mitad chenin blanc, fermentadas en roble y de 1997. El blanco más antiguo que yo había probado de la DOQ. La botella salió perfecta, el contenido íntegro, su color de plena madurez pero con atisbos de que esa maduración no había llegado todavía al cénit. Un blanco de corte muy "tondoniano", que había ido perdiendo la opulencia de la chenin  y un poco de alcohol para ganar en acero, en navaja, en estilete, en perfil mucho más delgado, pero sin perder su personalidad ni su fruta. Me quedé bastante alucinado, la verdad. Y entonces me propuso el primer "ejercicio". Ricard había hecho su (quiero decir que es suyo y todas las botellas las comercializa él) primer Rar. Vins Singulars 1. Garnatxa blanca 2008. Caramba, pensé, "en una sola comida en Escaladei, y ya llevo dos vinos que jamás he bebido...¡es mi día de suerte!" Ricard había hecho, 11 años más tarde, un vino blanco con los mismos elementos que en 1997, la misma fruta, procedente de los mismos viñedos, aunque con una cantidad mucho menor de chenin blanc (15%): los vinos del pasado se proyectan en el presente para lanzarnos hacia el futuro. Y ese blanco de garnacha es un vino del 2008, pero con gran futuro (para quien se agencie con las pocas botellas que quedan): un vino en el que hizo un batonnage muy discreto (casi dos al mes tan sólo), un vino en el que las prefermentaciones en frío dejaron la fruta con todo su potencial, un vino que mostraba una opulencia fruto de la tierra y de la combinación de las variedades. Con un color amarillo membrillo con atisbos de verdor que augura largos años de vida. Con una boca sedosa, equilibrada en que la acidez de la garnacha blanca se aliaba de maravilla con la opulencia de la chenin blanc. Con unos aromas de tomillo y orégano, de hierbaluisa y menta que invitaban a beber y a beber. Con un vino que evolucionaba y no moría en copa.
Rar 1 2008 de garnacha blanca
La segunda enseñanza que saqué de esa comida sorpresa es la que empieza con la foto inferior y enlaza con las tierras que he descrito antes y con las uvas que comí en las cercanías de la Font Pregona. La charla iba viento en popa, el intercambio de opiniones, de sensaciones, de realidades vividas era intenso y Ricard se "echó al monte". Se fue de nuevo a la bodega y, ¡sí!, volvió con otra botella que había tomado una sola vez y hacía casi treinta años...Otra gran sorpresa para mí y un triple salto mortal porque cuando uno abre un priorat de 36 años, puede pasar de todo...pasó lo mejor. Ese Cartoixa de Scala Dei Priorat 1975 dels Cellers Scala Dei estaba extraordinario. Le dimos un golpe de frío, Ricard luchó un poco con el corcho pero acabó sacándolo íntegro. Y tras su buena ventilación, el vino nos dio dos horas de alegrías y de lecciones. Un vino evolucionado, sin duda, con un color de teja oscura y unos primeros aromas muy de ceniza, de hogar apagado hace horas, de hojarasca seca, que fueron dando paso a una boca perfilada, persistente, amable, ligera y al cabo del tiempo en copa, a todas esas cosas que había ido oliendo y rozando en el camino a la Font Pregona. Porque la mayor parte de viñedos de los que salía esa fruta están plantados, precisamente, de las ruinas de la cartoixa para arriba. Madroños, tomillo, óxido de hierro, hinojo salvaje, zarzamora, cierta salinidad. Y con 36 años, frescor, elegancia, persistencia. Era la segunda lección del día, sí, otro vino que venía de un pasado poco recordado ya hoy, que nos enseñaba qué pueden dar de si estas tierras y estas cepas si las tratamos con las técnicas de hoy, pero teniendo en la cabeza cómo se hacían las cosas antes. En cualquier caso, un vinazo.

Empezaba a asentarse en mi cabeza una manera de entender lo que Ricard me estaba mostrando, que terminó de perfilarse cuando hicimos la digestión en la bodega mismo y probando aquellas diez barricas. Por lo menos...Garnachas de altura (sobre los 500 metros de altitud y más); garnachas procedentes de los terruños que he descrito antes, garnachas que un amigo mío llama "frescas";  garnachas con una buena maceración prefermentativa y una fermentación alcohólica en grandes "cups" abiertos, que dura menos; garnachas a las que no se rompe el sombrero ni se las somete a duros ejercicios de remontaje; garnachas que hacen la maloláctica en maderas viejas y algo más grandes, más adecuadas a la presión atmosférica del lugar donde se encuentran; garnachas que maduran bajo una bóveda de vuelta catalana de seis metros de altura, que es del siglo XVII (la más antigua del Priorat: la sala en la que los monjes cobraban en vino la renta de sus tierras), a  temperatura ambiente que es, casi, la ideal (Ricard dice que hay que bajar un par de grados en verano...yo no metería ningún aparato ahi porque la sala es única en la comarca); garnachas que te dan un perfil absolutamente renovado del Priorat, con un vino mucho más ágil, con la fruta (y no la madera o los procesos fermentativos) como gran protagonista, explosiva, fresca sí. En fin, los vinos que van a salir de los viñedos de Sant Antoni, del Masdèu y dels Artigots van a ser vinos que, en su conjunto y si los pongo en relación con algunos otros que se hacen en terruños geológicamente diversos de estos (pienso en amigos que trabajan en Gratallops, en Torroja y en Porrera), están dando ya un nuevo perfil de vino en el Priorat. Digamos que los vinos más antiguos que probamos en esa comida serían los Priorat 1.0 de la historia moderna de la DOQ. Digamos que los vinos, sobre todo tintos, que han supuesto el Renacimiento del Priorat y que, poco o mucho, han respondido hasta hace bien poco a un perfil más o menos parecido (fuera cual fuera el terruño del que procediera la uva) representarían el Priorat 2.0. Los vinos que ponen encima de la mesa los Magníficos son, además, los vinos que vuelven a situar a la comarca en el mapa. Son vinos muy valorados y son vinos muy apreciados. Y (otra lección que me dio Ricard) en la gama de vinos que representan, son grandes vinos, que conviene tratar y beber con mucho respeto. Y siguen representando un escalón muy alto de calidad.
Cartoixa Scala Dei 1975
Digamos, con todo, que la calidad no es, hoy, el tema. Estoy hablando de maneras de entender el vino y de poner un terruño en la copa. Esos vinos, se quiera o no, marcaron una tendencia que no todos supieron imitar o copiar. Pero casi todo el Priorat se puso a hacer vinos con un perfil más o menos parecido. Podríamos llamarles los Priorat 2.0 porque conocemos y bebemos todavía los priorats que esos "padres" refundadores bebieron cuando se instalaron en la comarca (los Priorat 1.0).  Digamos que las garnachas del noroeste de Escaladei, que probé en las barricas dels Cellers Scala Dei con Ricard Rofes; digamos que las garnachas y cariñenas que probé esa misma noche en una cena en Torroja (procedentes de Torroja y de Porrera: las últimas procedentes de Les Manyes, por ejemplo; o las que van al Planetes de Nin, por ejemplo); digamos que las que he probado en Gratallops (Escurçons o Partida Bellvisos, de Sara Pérez y René Barbier; el Planassos, de Fredi Torres, por ejemplo), y algunas otras (incluso, seguro, algunas que desconozco), están empezando a conformar un estado de cosas vínicas que son, sin más, una revolución. Esto es, una nueva evolución del Priorat 2.0. Nos guste más o menos (¡a mí me encanta, vamos!), creo que estamos asistiendo ya al nacimiento del Priorat 3.0.  Y la  grandeza de esta variedad de tierras que ofrece la DOQ Priorat, junto con el enorme tesoro que significa, también, la variedad de personas y sensibilidades que conviven en las bodegas, es que en estos precisos momentos todos los priorats que yo conozco (1.0; 2.0; 3.0) siguen conviviendo bajo el mismo cielo, se complementan los unos a los otros y, todos juntos, nos hacen entender la historia completa (bebamos lo de ayer para saber qué beberemos en el futuro). Además, siguen dándonos grandes momentos de placer y de recogimiento y, lo que es mejor, seguirán haciéndolo por muchos años. El nacimiento de este Priorat 3.0. así me lo hace ver.

01 septiembre, 2011

Portocolom: una apostilla

Tras una dura jornada de trabajo
No me resisto a escribir esta breve apostilla a la nota sobre Portocolom. Hablaba de uno de los locales Poulidor (ya sabéis, esos que parecen eternos segundones, pero en los que se come bueno o muy bueno, puede que no muy bonito y, seguro, barato): Sa Cova dets Ases. En nuestra última noche repetimos. No sólo me llevé esta (para mí) preciosa foto de los tres chavales que, tras un duro día de trabajo en el puerto, habían sentido la tremenda emoción de un tensísimo sedal  y mostraban, con orgullo y satisfacción, los 70 cm de presa. (Nota: intentaron vendérnosla...). También descubrí que la cocina de Sa Cova es mucho más de lo que había intuído: buenos "pa amb olis". Para prueba, el menú que se cantaba entre mesas esa noche (en el interior del local, no en la terraza...): pinchos, codornices, lengua de ternera, conejo encebollado, pulpo, callos, pies de cerdo, llampuga en adobo, morro de cerdo...un auténtico alucine, de veras. Y también tengo que corregir porque el amigo que nos invitaba pidió vino y, aunque no vi en realidad qué tenían (carta no, por supuesto), nos tomamos un ÀN/2 2008 que estaba realmente espléndido. Y con copas que eran de vino. Estaba algo evolucionado pero se mostró goloso y ligero al mismo tiempo, con mucho terciario bien puesto: madera vieja, hoja de tabaco, y buena fruta (mora) bien madura. Con la llengo que yo tomé, estuvo superior. Las cosas en su sitio y quede Sa Cova dets Ases como nuevo referente ya en categoría superior, tanto para el comer como para el beber y el estar.
La carta de Sa Cova dets Ases