28 febrero, 2011

Fastvínic

Logo de Fastvínic

Digamos que el diseño y las marcas, per se, no me dicen nada. Digamos (aunque alguno no se lo crea) que antes de entender de verdad qué significaba Monvínic tardé unos cuantos meses. Me echaban para atrás, casi me intimidaban, los uniformes, la decoración, cierto tipo de gente que solía encontrar allí...hasta que descubrí el alma del local: los que lo han hecho, los que trabajan en él y su pasion por el vino y por la gastronomía. A partir de ese momento, me siento y me hacen sentir allí como en casa. Digamos que con Fastvínic me ha pasado algo muy parecido pero con un desencuentro mayor. Estuve cuando abrió y me colapsé: por la gran cantidad de gente, por el ambiente casi claustrofóbico (yo lo soy...) que supone la circulación por el local, por la iluminación nocturna, por los vasos en que se servía el vino...

Ensalada de lentejas en Fastvínic

Me dije: "hay que darle tiempo al local, tú tienes que darte tiempo para entender de qué va". La segunda ocasión en que estuve, salí casi igual. Cometí el error de ir solo y casi tengo que hacer un curso de especialización para entender el mecanismo del servicio, el del pago de la comida, el del vino y su propia tarjeta de pago. Por no decir que no me hacía a la idea de los vasos, todavía. Y que, además, tenía casi que dislocarme el cuello para intentar combinar los bocadillos que se me ofrecían (o explicaban) en una pantalla y los vinos, que se mostraban en otra pantalla, 90º oeste. El local, con todo, mostraba ya una de sus grandes bazas: lo que se sirve, aunque todavía algo desigual, empezaba a gustarme bastante o mucho, siempre con productos muy cercanos y de exacta trazabilidad. Pongamos esta ensalada de lentejas como ejemplo, deliciosa, bien aliñada, con contraste de fruta y de verduras y un tomate (en invierno...) convincente. Pongamos otro ejemplo, que no me convenció tanto: un bocadillo de pies de cerdo con espinacas baby, que falla en el tipo de vinagreta que, en mi opinión, tendría que ensamblar el conjunto.

Bocadillo de perdiz en vinagreta de Fastvínic

Me repetí: "vamos a darle una tercera y última oportunidad". Esta vez con la familia y en horario sabatino. Tranquilidad y bonita luz en la ciudad que se transmitía, no sé cómo, al local. Entramos, pedimos, nos sentamos, esperamos nuestros bocadillos y ensaladas. Había poca gente hasta que entraron otras dos familias con niños pequeños. Sin apensas darme cuenta, empecé a sentirme cómodo en el local. La selección musical es extraordinaria y por primera vez podía oirla con calma y en esplendor. Me repanchingué en el asiento, mi espalda tocó la pared, mi nariz se asomó a un La Lluna La pruna 2008 (samsó y monastrell del Penedès, de Alemany y Corrió) y el vaso, por primera vez, me dejó entrever los matices de este buen vino (fresco, con aceitunas negras tipo Kalamata, ciruelas, muy agradable). Una niña cogió uno de los rotuladores que cuelga de una larga pared-pizarra y empezó a dibujar en ella. Llegó un extraordinario bocadillo de tibia perdiz en escabeche, envuelta en crujiente pan rústico (en la foto). Mordisco, vino, música, conversación relajada. De golpe percibí la amabilidad del local, la caricia y naturalidad de sus materiales (te envuelven), la sensibilidad de quien ha pensado los bocadillos (el susurro de la tierra cercana en ellos), la preparación de quien ha escogido los vinos y la inteligencia de quien se dedica, con tesón, a contar cuantos cochecitos con niños pequeños pasan por Fastvínic. Y, por primera vez, me sentí cálido, confortable, cómodo, bien acogido en él, comiendo y bebiendo a gusto.

La lluna i els vins a Fastvínic

Que nadie busque en Fastvínic un alterego decorativo, más barato y alternativo de Monvínic. En Monvínic se puede comer un platillo y una copa de gran vino por 20€. Y en Fastvínic, ese último día, comimos por 15€ por cabeza. La diferencia no está en el precio. Está en el tipo de sensaciones que te transmite el local. Vibras con cosas distintas, con otro tipo de comida, con otro tipo de utensilios, con otro tipo de compañía y otro concepto de local. Lo más importante: vibras porque sintonizas. Eso me pasó a mí. Por supuesto: hay cosas que mejorar y arreglar. No todos los panes están a un mismo nivel. La idea del vaso, si fuera un "impitoyable", sería genial. Los postres suenan todos demasiado igual y, sinceramente, les falta "un hervor". La carta de los vinos tiene que poder leerse en el mismo momento en que estás eligiendo la comida. Y el proceso por el que lo que has pedido llega a tu mesa, con el vino que has elegido y te has puesto tú mismo, es algo complejo. Ahora sé que funciona bien con poca gente, pero no estoy tan seguro de que aguante cierta aglomeración.

Todo esto no me preocupa. Sé que el hombre que cuenta cochecitos y su gente piensan constantemente en cómo mejorar lo que han empezado. Y yo sé ya por qué he empezado, también en Fastvínic, a sentirme como en casa. Cuando marchábamos, miré a los ojos de la sumiller que nos había presentado los vinos (ese sábado, ella y su compañero, a los que no conocía de nada ni ellos a mí, lo hicieron con paciencia con todo el mundo) y le pregunté, casi a bocajarro (aunque con una sonrisa...), para que no pudiera meditar la respuesta: "¿te sientes a gusto trabajando aquí?" Sonrió y asintió. Yo también salí con una sonrisa de satisfacción.

22 febrero, 2011

Beberás el vino de tus sueños

Los Cipreses de Usaldon 2010

Los Cipreses de Usaldón 2010. Viñedos Culturales. Rafa Bernabé, de Bodegas Bernabé Navarro (Beryna, Casa Balaguer) con una nueva idea en su cabeza. Nace (son sus propias palabras) "de lo mas profundo de su amor por la tierra, nace con más corazón que cabeza. La apuesta es bien fácil: tierras, viñedos hambrientos de agua y comida pero deseosos de cariño, de cuidado. Y un pacto con ellos, un gran pacto entre caballeros: 'dame y te devolveré'". Cuando uno lee una declaración de principios como ésta, se le pone la piel de gallina. Uno ya ha disfrutado con los vinos de Rafa y conoce más o menos al tipo. De una pieza. Amante de lo suyo. Conocedor del territorio y de sus uvas. Tozudo. Soñador.

Finca Usaldón, en Villena (DO Alicante). Suelo calcáreo, cubierto de gran cantidad de piedras y guijarros. Cepas en vaso, de 46 años. 700-730 metros sobre el nivel del mar. Cultivo de secano riguroso, diferentes exposiciones, terruño originado en roca de granito, pobre en materia orgánica. Garnacha peluda vendimiada entre el 27 y el 28 de octubre de 2010. 15 días de encubado con los racimos enteros sin despalillar: 500 litros de mosto en el fondo de la cuba formados por el propio peso de la uva (maceración semicarbónica, vamos, pero con la estructura vegetal), entre 15º y 18º naturales (sin frío artificial). 10 días de fermentación, entre 16º y 19º (sin camisas de frío). Maloláctica completa en barricas de roble francés de cuarto año. Vinificado sin adición de SO2 y sólo con levaduras autóctonas del propio viñedo. No clarificado ni filtrado.

Los cipreses de Usaldón

A Rafa le gusta llamar a este vino NO: NO se presentará a ningún concurso; NO viene de cepas de 200 años; NO es bio; NO es dinámico; NO ha llevado viruta; NO ha estado en roble nuevo; NO ha sido catado por Parker; NO entiende de fases lunares; NO ha sido microoxigenado; NO es un Selección; NO es un Selección Especial; NO es un Selección Personal; NO es un Selección de la Familia; NO es Show; NO entiende de modas; NO es un vino de autor...se lo concedo todo, por la sencilla razón de que éste es un VINO como la copa de un ciprés. Sé que a él le gustará esta comparación porque la lleva en la cabeza y en el corazón: imaginaos a Marcel Lapierre (epd) haciendo vino en Villena y no en Morgon. Ésto es Los Cipreses de Usaldón 2010. No digo más. O sí (aunque me ahorre detalles que no todos, ni Rafa!, comparten, sobre cuándo y cómo me he bebido las dos botellas que me mandó):

cárdeno vivísimo. Zumo de fermentación. Intenso olor de la bodega cuando el mosto está en plena transformación. Voluble. Sedoso. Fresco. Muy fresco. Amplísimo en boca. Te abre el paladar de forma asombrosa. Sin aristas. Huele a antiguo este vino. Huele a buqué garni este vino. A guiso de antes. A vermú con fórmulas secretas de hierbas silvestres. Huele a matorral al fresco veraniego del anochecer. Huele a ortigas y a zarzamora este vino. Huele a vino y a grosella negra. A inquietud. Huele a la cocina de mi abuela y a la bodega donde se guardaban las cosas importantes. Huele a caldo de Navidad. A infancia y a tinta azul huele este vino. No sé cuándo ni a qué precio lo sacará Rafa. Pero desde ya os digo: atentos a lo que proceda de estos Viñedos Culturales porque el sueño de Rafa se ha hecho botella, su intuición se ha hecho vino y este vino formaba parte de mis sueños: uno de esos vinos que llevo en la cabeza y que jamás haré. Rafa lo ha hecho por mí.

Rafa Bernabé, cosecha del 59

17 febrero, 2011

El valor de la diferència

El Periódico de Catalunya estrena nova pàgina web de gastronomia i vins. La seva base, allà d'on pren la saba, és el seu suplement gastronòmic Gourmet's on, de tant en tant, em fan un forat per publicar-hi un article. El darrer ha coincidit amb aquesta estrena, i em venia de gust explicar la feliç trobada. La pàgina web és rica de continguts, amable pel lector, té un bon cercador per no perdre-s'hi i, al final, obre un petit "quiosc" on el lector podrà agafar el darrer suplement Gourmet's. "El valor de la diferència" és el que avui hi proposo (p.14).

Portada Gourmet's febrer 2011

No sé si us vindrà de gust fer aquest debat (d'altra banda, molt clarament encetat i exposat a les dues darreres introduccions de la Guia de Vins de Catalunya), però el que intento és contestar preguntes com: és possible identificar un vi català? Què és millor, potenciar el valor d'un xarel.lo, un trepat, un samsó o un picapoll (per posar uns quants noms de raïm) o intentar vendre merlot català a Europa? Quin paper hi juguen les DO? No hauríem de fer un pas endavant i potenciar el viatge gastronòmic (fins i tot sense moure'ns de casa) vinculat a les peculiaritats de la història, el receptari i els raïms de cada territori, també a Catalunya? Què hi trobem a les cartes dels restaurants de casa nostra? I els que parlem de vins, sigui quina sigui la nostra tribuna, quina actitud hem de mostrar? I els que els venen? Quan em veig viatjant, parlant, llegint, comprant contesto amb rapidesa aquestes preguntes. Jo busco un valor en la diferència, en identificar allò que és bo i peculiar de cada territori, sigui el que sigui. M'interessa menys el riesling de la Rioja, per entendre'ns, que el del Rheingau (que m'apassiona). Però no sé si tothom ho veu de la mateixa manera...

La fotografia és de Fernando Bagué. No du títol però podria dir-se "Nature morte aux sardines".

12 febrero, 2011

Grandes Pagos y pequeños placeres

La semana pasada ha sido de aquellas que no se olvidan fácilmente: muy intensa, con cambio de trabajo incluído (dentro de la misma empresa, pero cambo radical, vamos) y un doble remate que me hizo llegar al mediodía del sábado "à bout de souffle"...Fue todo tan de contraste, tan de día y noche, tanto me hizo pensar, que no os libráis de que os lo cuente. Quien no esté para monsergas, que lo deje aquí, porque esto va para largo...Viernes por la tarde: presentación en Monvínic de Grandes Pagos de España. Grandes y no tan grandes bodegas, grandes nombres y señores de la viticultura de este país junto con gentes menos conocidas (algunos, grandes amigos también), que se asocian, tengan o no tengan denominación de origen de pago. Para algunos esto puede significar cierta confusión (nombre de la asociación, DO de Pago cuando la mayoría no lo son...). Para mí se trata de una divisa más, de una imagen que les permite mejorar precios en grandes presentaciones, viajes, etc. Los títulos y nombres me impresionan poco y lo que me interesa es probar los vinos. Una cata multitudinaria en Monvínic...hummm: cierta dificultad por el espacio, sin duda, pero muy bien resuelta por la gran diligencia de los sumilleres de la casa.

Grandes Pagos de España

En esa tarde-noche probé muchos vinos pero pocos, muy pocos me llegaron y emocionaron. Me quedé algo perplejo: ¿cansancio mío, época del año, muchas botellas recién embotelladas, mis gustos se están apartando de lo que hacen estos productores? Todavía no tengo una respuesta, pero en la mayoría de tintos (mayoría, además, en los vinos presentes), empiezo a tener claro que mi paladar va por un sitio y muchos productores españoles siguen todavía tras la estela de Miller y Parker: los vinos que mejor puntúan siguen respondiendo, en general, a un patrón determinado en la vinificación y a mí, ese patrón cada vez me atrae menos. Pero es obvio que ellos tienen razón: quienes ayudan a vender de verdad son ellos, no yo. Ellos tienen millones de lectores. Por aquí suelen pasar unos doce mil al mes (¡y muy orgulloso que me siento de ello!). Pese a ser consciente de mi "debilidad", no evito escribir lo que siento: de lo probado esa tarde-noche, me gustaron de veras bien pocas cosas.

Fueron, por ejemplo, el Fino Inocente de Valdespino, uno de los pocos finos de pago (Macharnudo) de Jerez, con crianza biológica y un atisbo de oxidativa (10 años en las botas), con una intensidad aromática de vértigo pero una boca sencilla, de trago agradable y fácil, mantequilla salada, almendras crudas. Un todo terreno para la comida y a cualquier hora. El Reserva Particular de Recaredo 2001, con 7,5 años de crianza, fue un cava con una boca esplendorosa pero una nariz todavía marcada por un degüelle demasiado reciente. Fíjense Ustedes en el dato (que Recaredo siempre pone en sus botellas), dénle dos meses por lo menos y tendrán uno de los mejores cavas de España. El albariño de Fillaboa Selección Montealto 2009, que se hace sólo con nueve meses de acero, fue el blanco tranquilo más interesante de la velada, con una franqueza grande de su fruta (cítricos, sobre todo, pero frescos, poco ácidos) y una nariz de flor blanca notable (tilo en primavera). Su boca es muy atractiva y compleja. Hay que dejar que evolucione. De entre los tintos, me quedo con bien poca cosa: el Enrique Mendoza Santa Rosa (caramba, no anoté el año...) 2006 ó 2007 (?), destacó (a pesar de su ensamblaje (CS 70% y resto, merlot y syrah, y de 17 meses en roble) por un frescor brutal, impactante en boca. El Finca Sandoval 2007 de Víctor de la Serna (79% syrah), tiene un paladar muy goloso, que llena todos tus poros, pero tiene que evolucionar todavía mucho en botella para sacar su verdadera alma y perfil olfativo. Tres fueron los que más me impresionaron, literalmente (sólo en catas de muchos vinos, y para aclarar después mis notas, puntúo y los que citaré ahora están en la parte alta de mi escala inverosímil de cruces y de flechas arriba y abajo).

Can Ràfols dels Caus Caus Lubis 2001, un monovarietal de merlot del Garraf (DO Penedès), que me sigue enamorando botella tras botella: hay que darle mucho tiempo a este merlot (18 meses de roble Allier), pero cuando encuentras su punto de madurez, te lleva directo a la austeridad y rigor de la mejor merlot del Médoc, fresca, persistente, con los terciarios muy bien armonizados. En segundo lugar, me quedó el Salanques 2006 de Mas Doix. Soy muy amigo de esta bodega (algunos lo sabéis), pero si no me hubiera encantado este Salanques, no hubiera escrito de él. Sin más. Es el mejor Salanques que he probado junto con el 2003. Y está, ahora mismo, en un punto óptimo de consumo porque en mi larga experiencia con él, en efecto, suele llegar a su mejor momento entre el cuarto y sexto año tras la cosecha. Estamos en el quinto y estas garnacha (mayoritaria) y samsó (con un pequeño apoyo de syrah, que le da mucho, mucho) dan un vino muy fino y persistente, una imagen del Priorat que cada vez me gusta más. La madera ya no pesa nada, el cuerpo es liviano y su verticalidad enorme. Está muy bien delineado y esa cereza de la syrah con el buqué del sotobosque de las uvas nuestras hacen de él uno de los mejores compañeros para cualquier plato de cuchara o cualquier caza del momento. El vino que más me emocionó, el que me llenó y sorprendió esa noche (tengo poca experiencia con él, pero prometo remediar eso) fue el Calzadilla Syrah 2006 (VT de Castilla, ya DO Pago de Calzadilla), de Bodega Uribes Madero. Sí, en efecto, se trata de syrah en la Alcarria conquense, a gran altitud (900 metros, en suelos de cristales calizos y subsuelo arcilloso) y con doce meses de madera, pero ya con botas de 500 litros y avanzando hacia la idea de los fudres, una agricultura que empieza a virar hacia lo ecológico y, lo más importante (no hablo del Gran Calzadilla, ¡conste!), una idea muy clara del vino que se quiere hacer. Cornas en la mente, la Alcarria en el cuerpo: nariz de gran pureza varietal, boca espléndida, ligera, llena de pimienta roja y grosella negra, con taninos pequeños, discretos y suaves. Otro gran vino para comer. Grandes Pagos, sí, pero no tantos...

Lukumas enTorrent de l'Olla 169

Tras el intenso viernes, amaneció un sábado casi de gloria: algo fresco, cielo muy azul y brillante, una mínima brisa. Mis pasos me llevaron a Gràcia, uno de los barrios preferidos en la ciudad. En los últimos tiempos, ha seguido cambiando: cada vez se abren más negocios que indican que la vida tranquila vuelve: una mirada hacia atrás, hacia un tiempo sin tantas prisas, más amable, con buenas panaderías, tiendas de ropa con agujas de ganchillo, mucho paseo y niños y padres en las plazas, al sol. Me encanta oir el barullo políglota de sus calles y comprobar que esa apropiación alegre y debida del barrio no cesa. El único "problema" es que, de vez en cuando, te topas con cosas "raras". Me habían recomendado muy vivamente una fresquísima (loza blanca en las paredes, simpatía a raudales), recién abierta, pastelería griega. Lukumas se llama. Pero al entrar en el local, vi a dos tipos con barba de algunos días, claro uniforme de agentes camuflados y actitud algo enigmática. Se miraron el uno al otro y después se giraron hacia mí (justo el momento de la foto) como diciéndo "¿¡pero quién le ha dicho a este extraño (yo...) que Lukumas existe!?" Superado el susto inicial e incorporado al terceto de agentes camuflados, se añadió al rato un cuarto hombre (nombre clave Leo), con casco antidisturbios éste..., mantuvimos una alegre charla (mi doble vida me ayudó no poco...) y terminamos en un local del barrio, llamado Enoteca d'Italia, donde los duendes nocturnos habían preparado una mesa, sin manteles pero con papel: "Degustazione amichevole di un sabato mattina (5feb2011)". ¡Qué título! Me encanta tener amigos así.

Los lectores de este cuaderno habrán ya reconocido a Alberto y Leo, de la Enoteca, y a Antonio Giuliodori, de Monvínic. Se nos añadió un hombre que iba disfrazado de sumiller de Gravin y otro que iba de Sileno. Excelente y muy documentada compañía para dar un buen repaso a unos vinos sicilianos que, ¡ojalá!, Enoteca d'Italia acabe importando. Los de Il Cantante. Que no es otro que el de Simply Red, Mick Hucknall...de Milano al Etna, ahí es nada. Hucknall lleva ya más de diez años trabajando en el volcán y ha confiado sus viñedos a I Vigneri, un mítico grupo de vignerons que se mueve por Sicilia y alrededores (sobre todo, las islas Eólias). Así también hago yo vino, claro, de la mano de Salvo Foti y secuaces. Otro grupo, con sus vinos, al que quiero traer a Barcelona...Tuvimos, además, la suerte de poder hacer una minicata vertical de Il Cantante, DOC Etna Rosso, en sus años 2001, 2002 y 2004 (creo que Hucknall está en la isla desde 1999). I Vigneri son radicales en sus métodos. Biodinámicos, amantes y profundos conocedores de los terruños y climas de Sicilia, saben encontrar el punto y el lugar a cada una de sus producciones. Sin concesiones ni gilipolleces. Aquí te estás tomando el volcán en una copa y lo estás haciendo con las uvas que más conocen su fértil y árida tierra, la nerello mascalese (80%) y la nerello cappuccio (20%). Arenas volcánicas, gran riqueza mineral, Castiglione di Sicilia está a 750 metros y en la vertiente norte del volcán. Grandes contrastes térmicos, pues, pero siempre con unas temperaturas medias más bajas de lo que la gente piensa.. Ello permite vendimiar (como pasa en La Morera del Montsant) a partir de mediados de octubre por lo menos.

Il Cantante 2001, 14%, tiene un potencial increíble, con una mineralidad espeluznante, aires de algarrobo, ciruela e higo maduro, tabaco negro algo dulce. Il Cantante 2002, 14,5%, se abre con más facilidad, su fruta (negra pero más de matorral), es poderosa en la boca, con un retro vegetal nada despreciable, aunque más austero y seco que el 2001. Puede que esta fruta madurara algo peor que la de 2001. Il Cantante 2004, 14%, me pareció (sin ver analíticas) que era el vino que tenía más capacidad de envejecimiento, más ligero en boca, más equilibrio entre acidez y ph, con una fruta más medida y unos taninos más redondos. El otro vino tinto que probamos fue Il Cantante nero d'Avola 2004, 14%. Cambio radical de tercio. Los viñedos se acercan mucho a la zona de origen de esta uva y bajamos (qué emocionante es cuando lo haces de verdad: de la cima del Etna al baño en la playa de Agrigento en una hora) hasta Pachino (en Val di Noto, Siracusa), a 30 metros sobre el nivel del mar. Terreno calcáreo con arcillas y cultivo en vaso. 7000 cepas por Ha y vendimia sobre mediados de septiembre. La vinificación se hace con larga maceración del mosto con los hollejos. En mi opinión, domina todavía mucho el trabajo con barricas de 225 litros: el vino es interesante, ligero y bastante salado, sabroso, sin duda, pero con un peso grande de terciarios (cacao dulce, café torrefacto) y cierta viscosidad y acetona, que no terminan de agradarme. Mi perfil de nero d'avola, ya sabéis, es otro. Se trata de tintos, en cualquier caso, muy interesantes pero, creo, de difícil comprensión en España. Uno tiene que amar Sicilia y tener ganas de probar a qué sabe la isla en copa para llegar a trabajos tan precisos y artesanos como los de I Vigneri en los viñedos de Hucknall.

Sin duda, el vino que mejor entraría y que más adeptos tendría es el blanco. Il Cantante bianco 2007, 13%, nos devuelve a las altitudes del Etna (850 metros, pero en la cara oriental), de nuevo en suelos arenosos y muy minerales, fértiles y los más adecuados para las grandes variedades blancas de la isla, la carricante y la grecanico (con un poco de minnella). Poda en vaso, con una densidad (sic!) de 10 mil plantas por Ha y una tierna edad (5 años). Este vino dará que hablar cuando la cepa pueda decir lo que el volcán y las uvas llevan dentro. Hay que darle tiempo para que el vino se abra. Cuando lo hace, la mezcla de limones (su corteza y, gracias a las lías, casi un cremoso helado de limón) y almendras, con un cierto aire de miel de tomillo, se juntan en un paladar que expande esos sabores, hace salivar y convierte el trago en lo mejor de la matiné. Fue el que más me gustó, claro, y me hizo pensar (en la etiqueta campea un homérico Cíclope) en los lukumas con los que habíamos empezado nuestra pequeña y sabatina odisea. Pequeños placeres, sí, pero tan importantes...

Lukumas con fresa

Extraordinarios, suaves, de pasta parecida al buñuelo de viento ligero, sin pizca de aceite, con el justo azúcar y solo o con algún relleno, los lukumas ("berlinés", "donut" en griego moderno) son una emocionante alternativa para un dulce, renovado, homérico tentempié en Gràcia.

04 febrero, 2011

Quinta da Muradella Alanda 2009

Alanda 2009

Fijaos en la parte baja de la etiqueta: Jose Luís Mateo. Viticultor, se lee. Siempre me ha sonado a ese "Mark Angeli. Paysan" de las botellas de uno de mis preferidos. No llama mucho la atención pero ahí está la palabra como declaración de intenciones. En las botellas de Mateo destaca algo más que en las de Angeli: cuerpo de letra distinto, inscripción centrada en la etiqueta, cambio de color. Significativo, claro: viticultor en Monterrei. Paco Berciano, que de esto sabe un rato más que yo, escribió ya sobre los detalles del trabajo de Jose Luís. Así que, hoy, os ahorro esos párrafos. Bebo, hace ya tiempo, sus vinos y siempre me ha gustado mucho su manera de hacer: la botella refleja el entorno y la añada. No hay más. Ya sabéis, además, de mi pasión por las variedades autóctonas de cada zona. Y un tipo que se propone ofrecer una imagen fiel del terruño a través de sus vinos y que las uvas reflejen realmente lo que son (imperfecciones, matices, características, tipicidad, todo ello por encima de los aspectos técnicos), me llama la atención.

Si además trabaja con zamarrica, verdello (tinta y no), brancellao, sousón, Dona blanca, Monstruosa de Monterrei, treixadura, etc., mi interés aumenta. Pero la cosa fue ya a mayores cuando le conocí en persona: el 24 de marzo de 2010, en Can Ràfols dels Caus. Era uno de los invitados de Carlos Esteva en su, ya clásico, "Doce autores y sus vinos". Es una manifestación donde pruebas vinos importantes pero, sobre todo, puedes hablar con cierta tranquilidad con los productores. En esta ocasión Breuer, Gauby, Huber y Mateo compusieron un conjunto casi único: pasión y conocimiento profundo de la tierra, trabajo serio, juventud, discreción, amor por las uvas de su zona. El blanco de Quinta da Muradella (el nombre de la bodega familiar de Mateo) es el Alanda y no sé de su capacidad de envejecimiento: siempre lo he tomado joven. Fruto de un ensamblaje de treixadura, verdello, Dona blanca y Monstruosa, tiene 13% y conviene tomarlo sobre los 9-10ºC. Es un vino blanco que sabe a campo y a monte bajo: romero, hinojo silvestre, hierbaluisa. Es un vino fresco y lineal, pero con cierta complejidad de las lías. No tengo detalles de la vinificación pero parece haber sido muy levemente filtrado (si lo ha sido...). Es un vino austero, sin concesiones y con el sabor de las levaduras de sus cepas y uvas. Tiene un punto de acero y de mordiente muy atractivo para pescados como el rape. Lo tomé con unas colas hechas al horno con aceite, naranja y laurel y combinó de maravilla. Se puede comprar sobre los 12 €. A no dudarlo: se trata de una bodega y de un viticultor a tener muy en cuenta.

Jose Luís Mateo en el Blog de Paco Berciano

PS. Los detalles más personales de la manera de hacer vinos de Jose Luís los recojo de su propia redacción, en el catálogo del encuentro en que le conocí. La foto de Jose Luís procede del blog de Paco Berciano.