12 febrero, 2011

Grandes Pagos y pequeños placeres

La semana pasada ha sido de aquellas que no se olvidan fácilmente: muy intensa, con cambio de trabajo incluído (dentro de la misma empresa, pero cambo radical, vamos) y un doble remate que me hizo llegar al mediodía del sábado "à bout de souffle"...Fue todo tan de contraste, tan de día y noche, tanto me hizo pensar, que no os libráis de que os lo cuente. Quien no esté para monsergas, que lo deje aquí, porque esto va para largo...Viernes por la tarde: presentación en Monvínic de Grandes Pagos de España. Grandes y no tan grandes bodegas, grandes nombres y señores de la viticultura de este país junto con gentes menos conocidas (algunos, grandes amigos también), que se asocian, tengan o no tengan denominación de origen de pago. Para algunos esto puede significar cierta confusión (nombre de la asociación, DO de Pago cuando la mayoría no lo son...). Para mí se trata de una divisa más, de una imagen que les permite mejorar precios en grandes presentaciones, viajes, etc. Los títulos y nombres me impresionan poco y lo que me interesa es probar los vinos. Una cata multitudinaria en Monvínic...hummm: cierta dificultad por el espacio, sin duda, pero muy bien resuelta por la gran diligencia de los sumilleres de la casa.

Grandes Pagos de España

En esa tarde-noche probé muchos vinos pero pocos, muy pocos me llegaron y emocionaron. Me quedé algo perplejo: ¿cansancio mío, época del año, muchas botellas recién embotelladas, mis gustos se están apartando de lo que hacen estos productores? Todavía no tengo una respuesta, pero en la mayoría de tintos (mayoría, además, en los vinos presentes), empiezo a tener claro que mi paladar va por un sitio y muchos productores españoles siguen todavía tras la estela de Miller y Parker: los vinos que mejor puntúan siguen respondiendo, en general, a un patrón determinado en la vinificación y a mí, ese patrón cada vez me atrae menos. Pero es obvio que ellos tienen razón: quienes ayudan a vender de verdad son ellos, no yo. Ellos tienen millones de lectores. Por aquí suelen pasar unos doce mil al mes (¡y muy orgulloso que me siento de ello!). Pese a ser consciente de mi "debilidad", no evito escribir lo que siento: de lo probado esa tarde-noche, me gustaron de veras bien pocas cosas.

Fueron, por ejemplo, el Fino Inocente de Valdespino, uno de los pocos finos de pago (Macharnudo) de Jerez, con crianza biológica y un atisbo de oxidativa (10 años en las botas), con una intensidad aromática de vértigo pero una boca sencilla, de trago agradable y fácil, mantequilla salada, almendras crudas. Un todo terreno para la comida y a cualquier hora. El Reserva Particular de Recaredo 2001, con 7,5 años de crianza, fue un cava con una boca esplendorosa pero una nariz todavía marcada por un degüelle demasiado reciente. Fíjense Ustedes en el dato (que Recaredo siempre pone en sus botellas), dénle dos meses por lo menos y tendrán uno de los mejores cavas de España. El albariño de Fillaboa Selección Montealto 2009, que se hace sólo con nueve meses de acero, fue el blanco tranquilo más interesante de la velada, con una franqueza grande de su fruta (cítricos, sobre todo, pero frescos, poco ácidos) y una nariz de flor blanca notable (tilo en primavera). Su boca es muy atractiva y compleja. Hay que dejar que evolucione. De entre los tintos, me quedo con bien poca cosa: el Enrique Mendoza Santa Rosa (caramba, no anoté el año...) 2006 ó 2007 (?), destacó (a pesar de su ensamblaje (CS 70% y resto, merlot y syrah, y de 17 meses en roble) por un frescor brutal, impactante en boca. El Finca Sandoval 2007 de Víctor de la Serna (79% syrah), tiene un paladar muy goloso, que llena todos tus poros, pero tiene que evolucionar todavía mucho en botella para sacar su verdadera alma y perfil olfativo. Tres fueron los que más me impresionaron, literalmente (sólo en catas de muchos vinos, y para aclarar después mis notas, puntúo y los que citaré ahora están en la parte alta de mi escala inverosímil de cruces y de flechas arriba y abajo).

Can Ràfols dels Caus Caus Lubis 2001, un monovarietal de merlot del Garraf (DO Penedès), que me sigue enamorando botella tras botella: hay que darle mucho tiempo a este merlot (18 meses de roble Allier), pero cuando encuentras su punto de madurez, te lleva directo a la austeridad y rigor de la mejor merlot del Médoc, fresca, persistente, con los terciarios muy bien armonizados. En segundo lugar, me quedó el Salanques 2006 de Mas Doix. Soy muy amigo de esta bodega (algunos lo sabéis), pero si no me hubiera encantado este Salanques, no hubiera escrito de él. Sin más. Es el mejor Salanques que he probado junto con el 2003. Y está, ahora mismo, en un punto óptimo de consumo porque en mi larga experiencia con él, en efecto, suele llegar a su mejor momento entre el cuarto y sexto año tras la cosecha. Estamos en el quinto y estas garnacha (mayoritaria) y samsó (con un pequeño apoyo de syrah, que le da mucho, mucho) dan un vino muy fino y persistente, una imagen del Priorat que cada vez me gusta más. La madera ya no pesa nada, el cuerpo es liviano y su verticalidad enorme. Está muy bien delineado y esa cereza de la syrah con el buqué del sotobosque de las uvas nuestras hacen de él uno de los mejores compañeros para cualquier plato de cuchara o cualquier caza del momento. El vino que más me emocionó, el que me llenó y sorprendió esa noche (tengo poca experiencia con él, pero prometo remediar eso) fue el Calzadilla Syrah 2006 (VT de Castilla, ya DO Pago de Calzadilla), de Bodega Uribes Madero. Sí, en efecto, se trata de syrah en la Alcarria conquense, a gran altitud (900 metros, en suelos de cristales calizos y subsuelo arcilloso) y con doce meses de madera, pero ya con botas de 500 litros y avanzando hacia la idea de los fudres, una agricultura que empieza a virar hacia lo ecológico y, lo más importante (no hablo del Gran Calzadilla, ¡conste!), una idea muy clara del vino que se quiere hacer. Cornas en la mente, la Alcarria en el cuerpo: nariz de gran pureza varietal, boca espléndida, ligera, llena de pimienta roja y grosella negra, con taninos pequeños, discretos y suaves. Otro gran vino para comer. Grandes Pagos, sí, pero no tantos...

Lukumas enTorrent de l'Olla 169

Tras el intenso viernes, amaneció un sábado casi de gloria: algo fresco, cielo muy azul y brillante, una mínima brisa. Mis pasos me llevaron a Gràcia, uno de los barrios preferidos en la ciudad. En los últimos tiempos, ha seguido cambiando: cada vez se abren más negocios que indican que la vida tranquila vuelve: una mirada hacia atrás, hacia un tiempo sin tantas prisas, más amable, con buenas panaderías, tiendas de ropa con agujas de ganchillo, mucho paseo y niños y padres en las plazas, al sol. Me encanta oir el barullo políglota de sus calles y comprobar que esa apropiación alegre y debida del barrio no cesa. El único "problema" es que, de vez en cuando, te topas con cosas "raras". Me habían recomendado muy vivamente una fresquísima (loza blanca en las paredes, simpatía a raudales), recién abierta, pastelería griega. Lukumas se llama. Pero al entrar en el local, vi a dos tipos con barba de algunos días, claro uniforme de agentes camuflados y actitud algo enigmática. Se miraron el uno al otro y después se giraron hacia mí (justo el momento de la foto) como diciéndo "¿¡pero quién le ha dicho a este extraño (yo...) que Lukumas existe!?" Superado el susto inicial e incorporado al terceto de agentes camuflados, se añadió al rato un cuarto hombre (nombre clave Leo), con casco antidisturbios éste..., mantuvimos una alegre charla (mi doble vida me ayudó no poco...) y terminamos en un local del barrio, llamado Enoteca d'Italia, donde los duendes nocturnos habían preparado una mesa, sin manteles pero con papel: "Degustazione amichevole di un sabato mattina (5feb2011)". ¡Qué título! Me encanta tener amigos así.

Los lectores de este cuaderno habrán ya reconocido a Alberto y Leo, de la Enoteca, y a Antonio Giuliodori, de Monvínic. Se nos añadió un hombre que iba disfrazado de sumiller de Gravin y otro que iba de Sileno. Excelente y muy documentada compañía para dar un buen repaso a unos vinos sicilianos que, ¡ojalá!, Enoteca d'Italia acabe importando. Los de Il Cantante. Que no es otro que el de Simply Red, Mick Hucknall...de Milano al Etna, ahí es nada. Hucknall lleva ya más de diez años trabajando en el volcán y ha confiado sus viñedos a I Vigneri, un mítico grupo de vignerons que se mueve por Sicilia y alrededores (sobre todo, las islas Eólias). Así también hago yo vino, claro, de la mano de Salvo Foti y secuaces. Otro grupo, con sus vinos, al que quiero traer a Barcelona...Tuvimos, además, la suerte de poder hacer una minicata vertical de Il Cantante, DOC Etna Rosso, en sus años 2001, 2002 y 2004 (creo que Hucknall está en la isla desde 1999). I Vigneri son radicales en sus métodos. Biodinámicos, amantes y profundos conocedores de los terruños y climas de Sicilia, saben encontrar el punto y el lugar a cada una de sus producciones. Sin concesiones ni gilipolleces. Aquí te estás tomando el volcán en una copa y lo estás haciendo con las uvas que más conocen su fértil y árida tierra, la nerello mascalese (80%) y la nerello cappuccio (20%). Arenas volcánicas, gran riqueza mineral, Castiglione di Sicilia está a 750 metros y en la vertiente norte del volcán. Grandes contrastes térmicos, pues, pero siempre con unas temperaturas medias más bajas de lo que la gente piensa.. Ello permite vendimiar (como pasa en La Morera del Montsant) a partir de mediados de octubre por lo menos.

Il Cantante 2001, 14%, tiene un potencial increíble, con una mineralidad espeluznante, aires de algarrobo, ciruela e higo maduro, tabaco negro algo dulce. Il Cantante 2002, 14,5%, se abre con más facilidad, su fruta (negra pero más de matorral), es poderosa en la boca, con un retro vegetal nada despreciable, aunque más austero y seco que el 2001. Puede que esta fruta madurara algo peor que la de 2001. Il Cantante 2004, 14%, me pareció (sin ver analíticas) que era el vino que tenía más capacidad de envejecimiento, más ligero en boca, más equilibrio entre acidez y ph, con una fruta más medida y unos taninos más redondos. El otro vino tinto que probamos fue Il Cantante nero d'Avola 2004, 14%. Cambio radical de tercio. Los viñedos se acercan mucho a la zona de origen de esta uva y bajamos (qué emocionante es cuando lo haces de verdad: de la cima del Etna al baño en la playa de Agrigento en una hora) hasta Pachino (en Val di Noto, Siracusa), a 30 metros sobre el nivel del mar. Terreno calcáreo con arcillas y cultivo en vaso. 7000 cepas por Ha y vendimia sobre mediados de septiembre. La vinificación se hace con larga maceración del mosto con los hollejos. En mi opinión, domina todavía mucho el trabajo con barricas de 225 litros: el vino es interesante, ligero y bastante salado, sabroso, sin duda, pero con un peso grande de terciarios (cacao dulce, café torrefacto) y cierta viscosidad y acetona, que no terminan de agradarme. Mi perfil de nero d'avola, ya sabéis, es otro. Se trata de tintos, en cualquier caso, muy interesantes pero, creo, de difícil comprensión en España. Uno tiene que amar Sicilia y tener ganas de probar a qué sabe la isla en copa para llegar a trabajos tan precisos y artesanos como los de I Vigneri en los viñedos de Hucknall.

Sin duda, el vino que mejor entraría y que más adeptos tendría es el blanco. Il Cantante bianco 2007, 13%, nos devuelve a las altitudes del Etna (850 metros, pero en la cara oriental), de nuevo en suelos arenosos y muy minerales, fértiles y los más adecuados para las grandes variedades blancas de la isla, la carricante y la grecanico (con un poco de minnella). Poda en vaso, con una densidad (sic!) de 10 mil plantas por Ha y una tierna edad (5 años). Este vino dará que hablar cuando la cepa pueda decir lo que el volcán y las uvas llevan dentro. Hay que darle tiempo para que el vino se abra. Cuando lo hace, la mezcla de limones (su corteza y, gracias a las lías, casi un cremoso helado de limón) y almendras, con un cierto aire de miel de tomillo, se juntan en un paladar que expande esos sabores, hace salivar y convierte el trago en lo mejor de la matiné. Fue el que más me gustó, claro, y me hizo pensar (en la etiqueta campea un homérico Cíclope) en los lukumas con los que habíamos empezado nuestra pequeña y sabatina odisea. Pequeños placeres, sí, pero tan importantes...

Lukumas con fresa

Extraordinarios, suaves, de pasta parecida al buñuelo de viento ligero, sin pizca de aceite, con el justo azúcar y solo o con algún relleno, los lukumas ("berlinés", "donut" en griego moderno) son una emocionante alternativa para un dulce, renovado, homérico tentempié en Gràcia.

22 comentarios:

Jordán Cortés dijo...

Gran post Joan. Muy interesante e instructivo.

Un saludo.

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias, Jordán! Nunca acabas sabiendo qué leerá con más gusto la gente y por qué se interesará más...una semana escribiendo el post, pensando, sí, "demasiado largo"...pero en fin...por lo menos alguien le ha encontrado algo útil!
Saludos,
Joan

Orly dijo...

que ricos esos doce mil admirables lectores, amigo Joan!!
No quiero ni uno de esos millones que dice tener el Sr. Parker, si no tienen juicio propio, si solo son borreguitos entregados a seguir la vara de su "pastor" en busca de la verdad.
Yo sólo busco disfrute, goce, placer en el vino.
Un abrazo

J. Gómez Pallarès dijo...

Como decía el ínclito Smeagoll, "mi tesoro...". Quien tiene un lector, tiene un tesoro (sobre todo si se dedica a escribir!). Y sí, yo tengo esa enorme suerte. También la disfruto, claro. Lo de este post no deja de ser un pequeño golpe sobre la mesa para decir que Miller es muy importante para que algunos vendan más y mejor (aunque tampoco todo el monte es orégano: yo no he catado con él jamás, pero no es precisamente su método de trabajo el mejor camino para aprehender lo que un vino te puede dar. Colapso es la palabra, y de él no pueden salir muchas cosas buenas...), pero que hay mucha vida fuera de esa "galaxia", y esa vida es, cada vez más, la que me interesa de veras en el mundo del vino. Respeto a todo el mundo, pero lo que olí y bebí ese fin de semana me ha hecho recapacitar definitivamente.
Saludos,
Joan

Jose dijo...

¿Gilipo... what? Cada día estás más bio (8-D
Y ¿catar como Miller? ¿pa'qué? Prefiero beber como moi que catar como otro. ¡Mejor beber de pie, que catar de rodillas!

Saludotes,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

Así me gusta, Jose: esto de "mejor beber de pie que catar de rodillas" pasará a los anales de la enoblogosfera!!! Aunque, pensándolo bien, mejor sentados, ¿no?
Un abrazo,
Joan

Jose dijo...

Lo cortés no quita lo caliente... mejor sentados, sí ;-)

Saludotes,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

Eres un crack!!!
Joan

Smiorgan dijo...

De todo lo que comentas, he probado cosas de Fillaboa y Can Ràfols dels Caus, pero no esos vinos, y el Santa Rosa de Mendoza.
Interesantes reflexiones, Joan. En alguna ocasión, he vuelto de una degustación con la sensación de haberme aburrido mucho.
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Y la mayor parte de vinos, Smiorgan, se han quedado en el tintero de los apuntes porque no me convencieron demasiado o nada...A mí el otro día me pasño algo todavía peor (o así lo sentí yo...): sin entrar en el Golgota central de los vinos carísimos (donde lo compraría, si pudiera, casi todo...), pasé una hora en Lavinia Barcelona y salí SIN haber comprado una sola botella y con una gran sensación de "déjà vu" y, también, de aburrimiento. En fin, creo que es el momento de seguir explorando nuevos horizontes para las emociones vínicas!!! Demasiada gente haciendo cosas demasiado parecidas en todo el mundo: el poder del futuro está en la diversidad y en el caracter identitario de las uvas y cepas de cada territorio!
Joan

Orly dijo...

Hemos de reconocer, amigos, que casi siempre podemos encontrar alguna cosilla, algún vino, cuando vamos a una cata, que algo positivo le podemos sacar; tu mismo, Joan, sacaste alguna conclusión decente de la cata de Gandes PAgos.
Pero no es menos cierto, y es el camino para el futuro, que a la hora d eelaborar vino, no debemos hacer clones, sino expresar nuestra personalidad. Y cuando topas con un vino que trasmite ese espíritu, esa fuerza, esa singularidad, es cuando dices: ¡ostias, todavía hay margen para la sorpresa!!
Y, no me digáis, ese día eres el niño más feliz del planeta.

J. Gómez Pallarès dijo...

Por supuesto, llevas razón, Orly. Pero el tema es la proporción: ¿cuántos vinos tienes que probar para que salte esa cosa que te interese de veras, que te atrape, que te llame...? Mi repaso a Lavinia dio, claro, la posibilidad de que comprara cosas pero el % de hastío y de "déja vu" fue notable...Mi comentario iba por ahí. Margen para conocer un montón de cosas que todavía no sabemos que conoceremos, y que nos gustarán yu emopcionarán, seguro que lo hay!!! Si no, no estaría aquí, vamos, sino explorando las simas marinas, que es donde van a saltar las grandes sorpresas en el futuro, con algún vino incluído...
Joan

Jose dijo...

Realmente ¿cuántos vinos nos quedan por beber? Desde que nacemos tenemos los días contados. ¿Cuántos vinos más le quedan a nuestro cuerpo? ¿Vamos a malgastarlos con abulia vínica? Ná... No tenemos tiempo enopático (ni del otro) para malgastarlo en aburrimiento fermentado.

Saludos,

Jose

Jose dijo...

... vamos a saltarnos algún número que otro en el natural devenir de los mismos...

Saludos,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

Realmente, Jose, estás sembrao, como se dice por el sur!!! Nadie sabe, claro, hasta que las Parcas cogen la tijera, qué nos quedará por beber. El sábado me explicaban la dulce muerte de un antiguo colega, en Roma y recibiendo como se de un santo padre se tratara, comentando con sus hijos los detalles de la lápida, de la música, etc. Y pensaba "qué suerte, llegar a esa paz interior que te permita afrontar casi con dulzura ese momento...". Hasta que llegue, con todo, vamos a pasarlo bien, caramba, y bebamos y comamos y vivamos como todos nuestros antepasados han hecho. Yo ya sólo bebo y escribo de lo que me apetece. Y vivo como mejor puedo!!!
Muy buena esa apostasía del aburrimiento fermentado!!! La tomo prestada!!!
Saludos!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Ya me extrañana que te saltaras tú eso!!! siendo precisamente el "causante" del desaguisado...
Pasa que a veces los comentarios este blogger me los deriva al correo electrónico y a veces al cuadro de diálogo dentro de blogger...y se me despista alguno a ratos.
En fin...que necesito unos días y cuatro perras para cambiar de servidor, de programa y encarar la primavera en condiciones!!!
Joan

Anónimo dijo...

Hola, Joan, prometo ir a Lukumas.
Uno de mis pequeños placeres gastronómicos consiste en comprarme la merienda en sitios nuevos... ultimamente alterno entre Cup&Cake (Enrique Granados-Diagonal): me muero con sus cupcakes, sobre todo el red velvet y el browni..... y Hänsel (Provenza-Rambla de Catalunya, es una panadería muy especial donde, además puedes comer cualquier cosa. A mí me encantan sus magdalenas.

P.D: Que me perdonen los de Turris porque les compro el pan a ellos.

Un saludo

Por cierto, ya sé la nota de Hispanoamericana: ¡he sacado Excelente siguiendo tus consejos!

Núria González

J. Gómez Pallarès dijo...

También en eso eres buena, Núria!!! Y coincidimos, además de en nuestro fondo "mediterráne antiguo", en que nos encanta regalarnos con buenas meriendas. Cuando hay hambre, un buen cruasán de Ochiai, unos buenos buñuelos (cuando es temporada, por supuesto) o un buen lukumas!!! Anoto lo del cupcake!!! He pasado alguna vez por allí pero no he parado nunca!
Petons!
Joan

recetasverocava dijo...

Acabo de conocer tu blog de casualidad y me ha encantado asi que masa menudo pondre mi nariz en tu blog, espero verte pronto besos

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias, recetasverocava! Pasaré por su sitio también!
Saludos,
Joan

Pep & Mya dijo...

Hola Juan, estoy completamente de acuerdo con lo que dices de las bodegas que para vender su producto, lo prostituyen.
Si asi lo veo yo, lo prostituyen en el viñedo (si lo tienen) o hacen que lo prostituya el agricultor que les vende la uva. Lo prostituyen en bodega para que su comite de elaboracion y cata logre un "mil mezclas" que se acerque a lo que los Gurus y sus papila$ puntuan alto.

Digamos que todo tiene que existir incluso la prostitucion, pero es bueno saber que existe el amor verdadero, el que te hace vibrar y sentir sin encorsetamientos.

Salut!

J. Gómez Pallarès dijo...

Bueno, Pep y Mia, yo no soy tan radical en cómo digo las cosas. Digamos que me gusta distinguir entre aquella bodega que trabaja de una forma industrial, atendiendo a cierto tipo de criterios que no comparto, y otras bodegas, que trabajan de forma artesana y con otra aproximación, tanto a la cepa como al vino.
Hay cosas que te hacen vibrar y sentir y otras, la mayoría, que no te dicen nada.
Hay que trabajar para que la gente tenga inquietudes y busque y no se conforme...
Salut!
Joan

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