30 septiembre, 2010

Lindt en el Palace

Vichysoise en cubo de hielo por Teo Tarras

La apuesta era doblemente arriesgada. Sólo una empresa que se siente muy segura de qué hace, cómo y por qué lo hace, se atreve a algo así. Lindt, sin duda, es de éstas. En primer lugar, organizan una presentación de sus productos en un lugar (el Palace), con un restaurante y un chef (Romain Fornell y su renovado y exclusivo Caelis) que se podían haber "comido", sin más, cuanto bombón les pusieran por delante. Ese Hotel, aunque haya cambiado de nombre, es mucho hotel en la ciudad de Barcelona. Y Romain Fornell y su nuevo restaurante están, también, a un nivel alto alto. En segundo lugar, no se les ocurre otra cosa que invitar a un bloguero independiente que no se debe a otra cosa que a su nariz, a su paladar y a describir las cosas tal cual las vive.

Confieso que entre tanto medio importante y reconocido, con gente con mucha experiencia en esto que llaman "eventos" (no me gusta nada la palabra), me sentí más bien raro (un poco a lo Tim Burton con sus marcianos). Pero gracias a la amabilidad de mis anfitriones y a la empresa de un amigo (que era quien organizaba todo: ¡buen "rebaño" tiene!), la cosa se superó con nota y acabamos brindando repetidas veces, ya no sé si por la Reina, por los que cumplían o habían cumplido años (excelso BIC cristal incluído, que anda ahora mismo celebrando su 60 cumpleaños!) o por la calidad de la cena y de los chocolates que tomamos. Por la parte del chocolate, a mí me tenían ya convencido de antemano: llevo comiendo Lindt hace muchos años y si bien prefiero las tabletas a los bombones (me gustan más los chocolates amargos y puros que las combinaciones con leche), reconozco que los que tomé estaban muy ricos. Por lo demás, sería ridículo pensar que Lindt va a vender más porque este blog hable así o asá de ellos.

Así es que me voy a concentrar en lo que me pareció más relevante de la noche: la presentación de Romain Fornell, de su comida y de su bodega y su relación creativa con Lindor. Hubo detalles que me gustaron mucho. Su vichyssoise servida en cubo de hielo y caviar es algo muy logrado y que impacta. La sopa tiene una textura etérea, muy delicada y más cercana a la espuma que al líquido. Me gustó de veras. El rodaballo asado con rebozuelos, vinagreta tibia con berberechos y navajas y emulsión de champagne, estuvo a gran altura, sobre todo en la combinación entre marisco y setas. Y el cochinillo ibérico destacó, de nuevo, por el contraste de sabores, entre una cocción contundente y una tatín de manzana (con un sorbete de la misma manzana). No estuvieron a la altura, en mi humilde opinión, los vinos. Con los primeros, un Amarre Cepas Viejas de Vidal Soblechero 2009 (DO Rueda), estuvo flojo en boca y con una nariz de levadura seleccionada poco atractiva. Quedó a bastantes leguas de un buen ensamblaje con la vichyssoise y no digo ya nada de un foie gras al que tuvo que lidiar. Con el rodaballo, salió un Terrasses 2007 de Álvaro Palacios (DOQ Priorat), que empezó muy atractivo, con una nariz de impacto y la garnacha sobresaliendo del conjunto. Pero de golpe trocó en petit suïsse de arándanos y en 15 minutos, el vino había muerto en copa. Me temo que le falta todavía bastante en botella porque la maloláctica se lo acaba comiendo todo.

Lo mejor llegó con los postres. Romain Fornell había ideado una metamorfosis del bombón más emblemático de Lindt, el Lindor: un "Bombón Lindor según su inspiración" consiste en una delicada mousse de crema inglesa, chocolate Lindor y crema montada sobre una base crujiente de galleta (harina, fécula de patata, almendras, mantequilla y huevo). La gracia de la interpretación de este famoso bombón (además del impacto visual, que no es poco: mirad la foto inferior), está en que el crujiente se escondía en los laterales y en la base, no en la envoltura. Me costó entender el asunto pero al final lo vi claro (e se non è vero è ben trovato!): se trataba de un trampantojo, de un guiño. En Lindor (¡qué bien lo explicó su jefa de marketing!) a las dos texturas se llega rompiendo en la boca esa deliciosa costra para llegar a la explosión de sabor del chocolate interior. En el bombón de Romain (que no sé si tendrá continuidad en la carta o fue flor de una noche casi de otoño), uno piensa que la cosa sucederá igual, pero acaba pasando al revés. A las dos texturas se llega primero por la blanda de la mousse de chocolate y es la galleta base la que aporta el crujiente. Con los postres llegó un Pommery Brut Royal que como alguno de mis amigos sabe bien, es un champán limpio y fresco, de burbuja delicada pero más bien neutro y poco emocionante. Como aperitivo, solo, en la merienda, delicioso. Con esa bomba de chocolate, estuvo discreto aunque sus pequeñas notas de autolisis acompañaron bien a la galleta.

Fue una buena experiencia, ésa del Lindt en el Palace, pero cuando sonaron las campanadas de medianoche, me esfumé casi con sigilo. Confirmo que no me he convertido ni en ratón ni en calabaza. Al Caelis del Palace volveré un día para concentrarme en sus recetas y en sus vinos. Quiero entender mejor qué quieren hacer los dos Romain (el sumiller también se llama Romain, creo...) porque esa noche no dejaron de estar condicionados (sobre todo el sumiller, que tiene una dilatada experiencia y saber) por el entorno de un cliente que marca un precio final. A Lindt vuelvo casi cada día, ¡sobre todo si la jornada ha sido dura!

Las dos fotos del post son de Teo Tarras, un artistazo de la luz, a quien agradezco mucho su generosidad y su talento, así como a todas las personas que hicieron mi noche más agradable, sobre todo a Kike, a sus compañeras de empresa y a las personas con las que compartí mesa.

Bombón Lindor según la interpretación del Chef por Teo Tarras

28 septiembre, 2010

Fira de vins de Torrelles de Llobregat

Fira del Vi de Torrelles de Llobregat

Adictos a la Lujuria colabora muy activamente en la organización de la Fira de Vins de Torrelles de Llobregat. Será los próximos 16 y 17 de octubre y hay un montón de actividades programadas. !Adictos es el contacto!

25 septiembre, 2010

Vivanda

Presa ibérica con puré en Vivanda

Vivanda (gracias, de nuevo, a las pistas de E.) en Barcelona. Restaurante de menús y comidas de trabajo en el corazón de Sarrià. Muy cerca de su mercado. Jordi Vilà y parte de si equipo de Alkimia reinventan el lugar. Redecoran (¿quizás las mesas están demasiado pegadas?) y proponen un local para el tapeo de clase, para las medias raciones compartidas. Para la relación desenfadada y abierta. Todo el equipo comparte esa idea y cuesta un poco amoldarse al protocolo cero que practican. Pero no lo critico. Son simpáticos, tienen información, explican las cosas y te hacen sentir cómodo.

Para picar: buñuelos de bacalao de muy buena consistencia, aunque algo aceitosos. Con cierto deje "a brandada". Verduras en wok, muy al dente pero con una salsa que las ahoga en demasía. Bien el toque sutil del gengibre. Delicioso el canelón de pollo, sutil pero lleno de sabor. Tataki de atún con salsa de soja: muy en su punto. Huevo poché estrellado: si las patatas en mandolina no quedaran tan tiesas (cortadas al milímetro y fritas al segundo, otra vez demasiado aceitosas) y se pudiera perpetrar el deseado revuelto in situ, el plato sería genial. El huevo, per se, superior. Cava Valldolina brut nature (11,5%) de Olesa de Bonesvalls. Macizo del Garraf de nuevo. Que le den ya la sub DO, por favor. O que se vayan de la DO Penedès. Cuerpo. Consistencia. Burbuja deliciosa. Las tres variedades clásicas y un poco de chardonnay: estructura y sapidez en boca. Fresco. Manzana ácida. Levadura. Un descubrimiento ecológico por 11,90 € en el restaurante.

Platillos (casi medias raciones, pero completas, suficientes para una cena: uno se queda perfecto): Suquet de rape: algo pasado de cocción. Carpaccio de buey con parmesano y rúcula: entre los destacados. Lo mejor: la presa ibérica con puré de patatas (foto superior). Jugosa presa, muy sabrosa, cocción a la brasa ideal, qué mejor acompañante que un gran puré. La disfruté de veras. El vino no estuvo a la altura. Dominio de Tares Cepas Viejas 2007. Tenía en la cabeza el 2006 y a este 2007 le pesa demasiado en boca el roble de Missouri. Su nariz es agradable (moras, yogurt de frambuesa), pero cuando gana temperatura en copa, su boca acaba haciéndose pesada. No sé qué pasará con el paso del tiempo en botella, pero ahora mismo la fruta acaba muriendo en el grano de la madera americana. La francesa debiera ir sola aquí.

Postres: Coulant de chocolate con helado de avellana y babá al ron no levantaron pasiones. Tatin de manzana: gustó bastante, aunque dio la sensación de cierta industrialización (me quedé con la duda de si la masa es suya), aunque su sabor era rico y la manzana (sin crema inglesa, ¡bién!), en su punto de caramelo. Lo mejor para mí (foto inferior): el ganache de chocolate con naranja. La carta dice eso, pero miente. Es mucho más: es pan con chocolate, aceite y sal y el toque de la naranja en el corazón del chocolate. Merienda de niños, sin más. Pura delicia. Muy logrado. Las copas (Riedl) y el servicio del vino, muy bien, aunque la carta ofrece pocas emociones. Los vinos dulces: su gran asignatura pendiente. Un desierto donde sólo te pueden ofrecer PX de Lustau (a mí no me emociona esa PX) y ese tremendo PAR de naranja...El sitio es agradable y, diría, tiene que ser muy agradable si no está lleno. No hablo de la terraza (que es lo que todo el mundo pondera) porque había llovido y no se usó esa noche. Pero con el buen tiempo, hay que tener en cuenta esa opción, sin duda.

Salimos a 40 € por cabeza habiendo tomado 10 entrantes, seis platillos, seis postres, cava, un Botani 2009 (ni hablo de él), el Dominio de Tares, aguas y un cortado. Volveré, sin duda, pero espero que le echen ganas a las cosas que pueden mejorar. Son jóvenes. Trabajan mucho y con ganas. Que se pongan a ello y no se conformen. La fórmula, parece, funciona también al mediodía con nuevos menús a un precio muy adecuado (he leído que sobre los 11 €).

Ganache de chocolate con naranja en Vivanda

20 septiembre, 2010

Escribir el vino, ¿para qué? ¿Por qué? ¿Cómo?

Llevo días dándole vueltas a esas preguntas. Tengo la sensación de que estamos tocando fondo, como colectivo, en este asunto de escribir sobre vinos y comidas a través del apoyo técnico de un blog. Tengo la certeza de que las cosas seguirán sucediendo en la red y que lo que, ahora, se llaman "ventanas de oportunidad", seguirán dándose también en la red. Esto seguirá afectando al vino y a su comunicación, a la información y a su jerarquización: cómo se distribuye la información, quién la ofrece, desde donde, qué credibilidad le da el consumidor, qué credibilidad le da el intermediario vendedor, cual el productor. El resumen es, para mí, sencillo: el centro de la comunicación, el poder que ejercía sobre ella quien (¡todavía!) la hace, ha dejado de existir en un lugar fijo para convertirse en un árbol de comunicaciones, en una maraña de raíces donde nadie tiene el control de la savia que sube a la parte alta de la planta. El control, ahora, es de quien reconstruye las informaciones recibidas para hacerlas suyas, no de quien las emite.

Arcos por Soledad Felloza

Ahí los blogs tuvimos una oportunidad desde la perspectiva del consumidor que, por fin, opina. Y la usamos en exclusiva (o casi: hay muy pocos ejemplos de bloggers que sean viticultores profesionales, bodegueros o distribuidores/vendedores; menos todavía de sumilleres), pero hemos entrado ya en una fase colectiva de declive. No hay renovación en las formas y en los contenidos, no hay formación, no hay aire nuevo. Todo el mundo está haciendo cosas muy parecidas en todo el mundo. Esto produce exceso de información no diferenciada y, por lo tanto, hastío, aburrimiento, pérdida de credibilidad.

He pensado en ello porque dos personas que tienen, en mi opinión, criterios muy fundamentados sobre el mundo del vino, han soltado algunas frases contundentes en los últimos tiempos. Cuando opina según quién, no puedes dejar de atender. El uno lo ha hecho desde la parte pública del asunto. Todos le conocéis: Manuel Camblor. Es cierto que sus opiniones, como él reconoce, han quedado algo mediatizadas por su intenso trabajo personal en los últimos tiempos; por una dieta que da poco juego en la combinación de vinos y comidas y, "last but not least", por la modorra que sufre uno de sus principales divertimentos (el "Dossier Pancho Campo MW"). Pero no se ha cortado en decir, en las últimas semanas, cosas como: "La internet del vino últimamente como que anda algo parca en general. Poco de interesante se ve. Y para andar escribiendo más de lo mismo, pues…". O "de nuevo estoy pensando en poner un restaurante. Me he maravillado de lo increiblemente aburrida que ha estado la cultureta del vino en el par de meses que llevo sin escribir aquí". O "He estado ocupadísimo en el trabajo de verdad, sin tiempo ni particulares ganas de bloguear sobre vino y mucho menos sobre su (en estos momentos aburridísima) cultureta."

Mi otro personaje opinador va a permanecer en el anonimato porque sus escritos pertenecen a la esfera de lo privado. Pero tengo su permiso para resumir alguna de sus ideas, que son muy fundamentadas y proceden de la experiencia de muchos años en el mundo profesional del vino. Por ejemplo, le "horroriza esa carrera de fondo en que se ha convertido el asunto de catar vinos. Me horrorizan todos esos comentarios de aficionados, profesionales o blogueros, que les da por presumir de los miles de vinos que catan en un año, eso de tratar de demostrar que cato más que tu...". Por ejemplo, le "horrorizan los comentarios sobre los vinos. A nivel profesional y aficionado, no puedo con las metáforas, menos aún con la pseudopoesía de gente que no ha leído ni siquiera las rimas de Becker o sus leyendas...no soporto que todos los vinos tintos huelan a frutas rojas del bosque y no soporto a los que no toleran que mi opinión pueda ser tan buena o respetable como la suya".

En cambio, le gusta "saber cómo, quién, dónde y por qué se ha elaborado ese vino. No me gusta que se hable del vino para encontrarle solamente los defectos que buscamos todos los enteradillos para demostrar que descubrimos más defectos que los demás y somos más listos y mejores catadores. Las puntuaciones son tan subjetivas que no acabo de entenderlas. Me gusta aprender todos los días cuando leo un blog, pero aprender con conocimiento de causa. Me gustan los post útiles, no solo tienen porque hablar de vinos en concreto, me gustan también aquellos de los que aprendo". También le "gusta la humildad y dar a entender que uno nunca sabe de todo, esto es un continuo aprendizaje. También tengo claro que sé lo que me gusta sin que tenga que venir nadie a imponerme sus criterios. Igual que no me gustan las críticas rotundas y dañinas sin una base aparente (el criticar por criticar) tampoco me gusta la perpetua coba." Hasta aquí las opiniones de mis amigos que más me han llamado la atención.

Raio de Luz por Soledad Felloza

Mi respuesta, tras unos días, ha sido el post de Thalarn 2008. Aunque estoy seguro de que puede haber otras muchas a ese genérico para qué, por qué, cómo del título. En primer lugar, me planteo de nuevo: ¿sigo? Sí. Me apetece y lo paso bien. Cuando no sea así, lo dejaré. Sin más. En segundo lugar: ¿Por qué, para qué? Creo que una opinión estrictamente libre e independiente, que no esté a sueldo de nada ni de nadie, sigue siendo necesaria. Los bloggers y las páginas web de aficionados al vino ofrecíamos eso. Pero no todo el mundo ha seguido el mismo camino y los cambios de intereses se notan. Todos muy legítimos, no lo critico, pero se notan. Y no todos los lectores los agradecen...Y no basta ya con escribir como si esto fuera el "diario de...", a corazón abierto, a tripas descubiertas y siendo muy sincero. Esto enlaza, en tercer lugar, con el cómo. Hay que formarse más, hay que prepararse más, hay que documentarse mejor, hay que fundamentar también mejor lo que uno dice. No tenemos el apoyo de los grandes periódicos o revistas que "transmiten" credibilidad a sus firmas, sea ésta merecida o no. Aquí estás solo ante el lector, tú eres tu única empresa y el aval te lo das o te lo quitas a base de años y de posts. La credibilidad la ganas o la pierdes tú solo. Una cosa más: ha dejado de interesar el medio per se. Todo el mundo sabe qué es un blog. Todo el mundo tiene un blog. Y la gente se comunica, también y con intensidad, a través de otros medios sociales. Los focos que ofrecen información para que cada cual se haga su "dossier" de un vino siguen desplazándose y cada vez hay más. Si alguien tiene interés en mantener o atraer lectores (ésa es una de las razones por las que estoy aquí: me gusta compartir experiencias, sensaciones e información sobre el vino y sus comidas con alguien más que conmigo mismo), tiene que repensar contenidos, tiene que buscar cómo potencia sus características propias, tiene que decidir qué ofrece su blog que no ofrezcan los otros. Si no lo hace, tampoco pasará nada, claro. Añadirá más hastío y hartazgo al que ya existe. Y ya se sabe: mucho de lo mismo acaba provocando deserción y desafección.

Hacía mucho que no "metablogueaba" (con perdón) y, con sinceridad, es la última vez que lo hago. Mis amigos, cuyas reflexiones me han dado el impulso, ¡son los "culpables"! Seguiré buscando esos caminos que me hagan sentir cómodo con mi blog: las fotos, cómo tratarlas y buscar las más idóneas compañeras de los textos; la imagen en movimiento: cómo incorporarla sin añadirme a la legión sinfín de "yutuberos" que vocean, histriónicos, imitando a Gary (se ha vendido con tal intensidad el tipo que le quedan dos telediarios); el texto (para mí, la parte más importante): cómo mimarlo, cómo darle vida, cómo hacer que transmita eso tan personal que es tomar una copa de vino y beberla con quien te lee, ¡precisamente en su ausencia! Para qué y por qué: todavía lo tengo claro. El día que dejen de tener respuesta estas preguntas, este blog morirá con languidez y un gran vino a su lado, ¡eso sí! Y yo buscaré otras formas de seguir alimentando mi pasión.

Las fotos de este post son de Soledad Felloza: la primera, "Arcos". La segunda, "Raio de luz".

16 septiembre, 2010

Thalarn 2008

Thalarn 2008

Castell d'Encús. DO Costers del Segre. 900 metros de altitud. 14%. Syrah. Alta densidad de plantación. Gran contraste térmico entre el día y la noche. 3 Ha rodeadas de bosque. Raül Bobet. Acero inoxidable. Tinos de madera. Lagares de piedra. Monjes guerreros del Hospital. Una visión. Una misión. En el siglo XII. Ahora. Sigue la tradición. Profundidad. Madurez. Acidez. Consistencia. Arándanos negros. Pimienta roja. Frescura. Oscuridad del bosque. Humedad. Bayas. Endrinas. ¿Vino de Elfos? Arcilla antes de cocer. Esférico. Con rotundidad. Sedoso. ¿El mejor elogio? Me ha venido a la cabeza Domaine du Coulet. Matthieu Barret. Brise Cailloux. Cornas: una de mis syrahs preferidas. La d'Encús cuesta 22 €. ¡Qué bien pagados!

Símbolo de los Monjes-Soldado Hospitalarios

12 septiembre, 2010

En casa, de nuevo

Una de las cosas grandes que tiene mi casa es que está muy cerca de Monvínic. No digo más. Me siento un privilegiado cuando aparco y en un suave paseo de 10 minutos puedo llegar a, quizás, uno de los mejores bares (restaurante diría yo) de vino por copas del mundo. Tras las vacaciones, en un mediodía muy tranquilo, soleado y con esas nubes en el cielo que tanto me gustan, recortadas por la tijera de la lluvia y del fresco de la noche anterior, volví. Para saludar a los amigos que trabajan allí; para charlar con ellos en la distensión que da un servicio siempre exigente pero ese día escaso; para comer muy a gusto y para elegir los vinos que mejor casaran con lo que me apetecía. Por supuesto, también para dejarme sorprender por esas medias copas que, con total complicidad y aquella media sonrisa, te van pasando como diciendo "verás cómo te sorprende esto". El ambiente de trabajo sigue siendo formidable y el trato e intercambio de informaciones, ideas, últimas noticias sobre descubrimientos o cosas que han sorprendido, el de siempre: extraordinario. Es un proceso de constante aprendizaje. Me gusta.

Esqueixada de bacalao de Monvínic

A ratos, parece como si la gente, en Barcelona, no hubiera entrado todavía en esa fantástica mezcla que son (en las mesas de entrada del, propiamente, bar de vinos) los platillos acompañados de un par de medias copas. Es una fórmula imbatible en la ciudad, por calidad y por precio. Tomarte, por ejemplo, un conejo de Baldomar con alcaparras y bogavante con una media copa del Nuits-St-George, Clos de la Marechàle 2005, de J.-F.Mugnier te sale por 16 euros. A mí, eso me impresiona y cuando puedo hacer una "escapada" de estas al mediodía, (trabajo fuera de Barcelona), acabo como en Babia. De todas formas, abrí mi temporada en Monvínic con algún argumento más. Empecé con lo que, vagamente, describe la foto: una impresionante esqueixada de bacalao, de tersura y volumen vibrantes, fresca, con garbanzos de mi tierra (Alta Anòia), pequeños y contundentes de sabor, y una mezcla de albahaca, salvia y menta, delirante. Acompañó un Mersault de Les Tillets, 2006, del Domaine Roulot. Estuvo bastante tímido y cerrado, aunque con gran entereza y frescor en boca. Necesita tiempo. La primera sorpresa, que idearon entre Antonio y Ramiro, se comió el Roulot a pedacitos: un Fiano d'Avellino 2004 de Villa Diamante. Es un fiano enorme, quizás el más profundo que haya probado jamás, con una gran capacidad para envejecer. Está, ahora mismo, entre los grandes blancos de Italia, sin duda. Mineralidad de yesca, todos los aromas del monte en su interior, castañas recién cogidas. Enorme y con una evolución en copa de más de una hora.

De segundo, pasó el conejo que os he comentado, hecho como si Sergi de Meià fuera mi abuela, con cariño, muy poco a poco, con ese toque de contraste entre el dulzor del jugo del bogavante, la amabilidad de la carne del conejo y la acidez y frescura de las alcaparras. El otro representante de la Borgoña estuvo muy superior al mersault. El Clos de la Marechàle de Jacques-Frédéric Mugnier es una caricia, es un beso, es la flor de la violeta cogida al amanecer. Con ese marymontaña formaron una pareja de baile algo entrada en años, de paso cadencioso, quizás, pero con gran sentido del ritmo. Terminé con una combinación de fresas del Maresme y fresitas del bosque con una quenelle de helado de vainilla. Superior. Faltaba la segunda sorpresa...restos de una botella abierta hacía unos días, completaban mi "vuelta a casa": de Valentini, el Montepulciano d'Abruzzo 2002. Una de las haciendas grandes de los Abruzzi, con un vino casi hecho a la antigua, con la uva muy madura, taninos más bien cuadrados, pero una capacidad de agradarse en el paladar que casi daba miedo. Esa mezcla de rusticidad del Montepulciano con la amabilidad de la vainilla y la sombra fresca de las fresas me llevaron a la calle con una sonrisa de bobo que todavía llevo. "¡Qué bien", pensé, "en casa de nuevo!"

07 septiembre, 2010

Bernabeleva Carril del Rey 2007

Voy a ser breve y pondré un solo ejemplo, el más reciente, ocurrido con el vino que titula el post. Había leído no pocas cosas sobre él y firmadas por gente que me merece respeto, por su pasión por el vino más allá de los intereses creados (que, por muy respetables que sean, siempre acaban distorsionando la percepción y opinión libres sobre lo que bebes), por su formación y por su posición. Pongamos por caso:

"Puntuación: 14.00/20. Rubí granate intenso. Aroma de buena intensidad, con recuerdos de fruta roja bien madura (mermelada de cerezas), bien amparada por la madera, sin molestar. En boca es de cuerpo medio, con acidez correcta, fresco, con fruta suficiente y un final correcto. Fecha de cata: 22/05/2009. Catado por : Jens Riis, Mario García, Manuel Puerto". Es decir, El Mundo Vino, uno de los portales (de El Mundo) más respetados y en el que tengo, incluso, algún amigo colaborando.

Logo de Bernabeleva

Ellos probaron este vino el 22 de mayo de 2009, no sé a qué hora. Yo lo probé entre los días 2, 3 y 4 de septiembre de 2010, siempre entre las 20 y las 22 horas. No creía lo que mi nariz y mi paladar me decían y le di varias oportunidades, tanto comiendo como en ayunas, tanto a temperatura ambiente como a 14-15ºC. Se trata de una garnacha de San Martín de Valdeiglesias (DO Vinos de Madrid), que hacen entre Marc Isart y Raúl Pérez y de la que no tengo detalles de la vinificación. Parece ser que usan grandes fudres troncocónicos (en una foto que publicaba Amaya Cervera, podría parecer que son incluso de 3000 litros), aunque no sé si para este vino en concreto.

El hecho podría ser relevante (conocer los detalles de la vinificación) porque lo que olí y bebí nada tenía que ver con lo que había leído. Mi perplejidad, claro, es absoluta: ¿tanto ha cambiado este vino en un año? ¿No se suponía que su consumo ideal podía ir de 2009 a 2012? ¿Es posible que la nariz y el paladar de un simple aficionado perciba cosas tan distintas a las que perciben los profesionales de la prescripción? Había tenido experiencias parecidas (la más sonada con los Flor de Pingus de P. Sissek, para los que no he encontrado, todavía, ni momento ni paladar que me adapten a sus "exigencias"). Me vuelve a suceder ahora con este Bernabeleva Carril del Rey 2007: mucha madera, más bien decapada antes de barnizar, al cabo de tres días regaliz de palo y un gran peso del alcohol. La fruta, básicamente garnacha, no la olí en los tres días en que mantuve la botella en la fresquera. En boca la cosa empeora: es un vino roto ahora mismo, deslabazado, acuoso, sin estructura y con unos taninos que se funden en serrín. A las 24 horas nada mejora y la madera, en boca, casi se mastica. A las 48 horas, la cosa sigue igual y cuando lo intento a temperatura ambiente, claro, nada mejora. Si alguien me lo explica, se lo agradeceré. Pagué por él 25 €.

03 septiembre, 2010

Septiembre

Está resultando un inicio de septiembre atípico en la ciudad. Cuando en casa decimos "fa setembre, setembreja", hablamos de un cambio de temperatura en el ambiente, sentimos una transparencia en el aire, vemos una luz que acompaña y recoge pero no quema, notamos y disfrutamos de una atmósfera que convierte a tu piel en algo agradable, suave, ligero. Me gusta septiembre: tiempo de cambios suaves, de luces amables, de vendimia, de exaltación y de renovación al mismo tiempo. El verano empieza a mudar su piel.

Descubrí hace tiempo el libro de Henri Brunel, El año zen, J.J. de Olañeta Editor, Palma, 2004, que releo por puro placer, a modo de dietario. Coincidimos por completo en nuestra percepción de este mes (p.137): "siempre me ha gustado el mes de septiembre. Las mañanas iluminadas por tiernos soles, con algo de cristal en el aire. Septiembre, esa primavera sin impaciencia. Los hijos de septiembre conocen la gracia del silencio y la lentitud de las estaciones".

BlancBlau per Carlos Pons

Llevaba días dándole vueltas a este texto pero no encontraba la foto que recogiera mi estado de ánimo, que reflejara, además, cómo es el cielo y la luz de mi septiembre. Hasta que di con Carlos Pons, y respiré. ¡Por fin! Aquí está la textura de mi cielo, la amabilidad de la luz, el cristal en el aire. Quería saborear estos días (¡volverá el calor!) con un vino que me sugiriera, que me diera esa descripción en mis ojos, en mi piel, pero también en el paladar y en la nariz. Más vueltas (¡cómo me gusta "perder el tiempo" en estas cosas, siempre a solas, sin comentar nada a nadie!), hasta que di con una conclusión que me pareció feliz: un Riesling Kabinett.

Aunque alguno pueda pensar que un Kabinett está en la parte baja en la consideración de la clasificación de vinos alemanes, nada más lejos de la realidad. Esa clasificación habla de características técnicas, habla de niveles de azúcar y habla de selección de la uva. Pero la calidad, o la falta de ella, tanto se puede encontrar en un Kabinett como en un TBA. Precisamente el origen de la palabra, "gabinete cerrado", designaba el lugar donde se guardaban y protegían algunos de los mejores vinos de las uvas maduras cosechadas en septiembre. Uva madura, bastante azúcar residual (53 gr/L, aunque no lo parezca: me acaba de pasar el dato el Herr!!!), una fermentación detenida en los 8,5% de alcohol y uno de los mejores, si no el mejor, productor del Nahe adornan mi botella de presentación del septiembre.

Dönnhoff Oberhäuser Leistenberg Riesling Kabinett 2008 es mi vino. ¡Que nadie se asuste! No es tan complicado de encontrar y, en cambio, es muy sencillo y agradable de disfrutar: basta la percepción de que el septiembre climático que aquí describo ha llegado. Propusimos, mi santa y yo, unas verduras y unas patatas (últimos restos del desembarco tras Mallorca) en tumbet, unos tacos de atún a la pancha, sencillamente sellados y servidos con sal de cocó y aceite de Caimari. Y el riesling Kabinett de Dönnhoff. Sobre los 10ºC, limpio y fresco como ese aire que respirábamos y ese cielo que veíamos. Cálido en su color pero sin abrasar: amarillo discreto con vetas del limón en envero. Algo goloso y muy agradable. Tiene una gran acidez este 2008 y se bebe como agua con un punto, todavía, de aguja. Lima-limón. Caramelo ácido de hierbas medicinales con limón. Mentuccia. Ágil y con nervio. Brioso pero sin locuras. Madurará muy bien en botella, como este septiembre que pronto se nos convertirá en otoño.